CAPÍTULO XII.

Fundacion de la Iglesia de Antioquía.

Año 41

Poco á poco la fé nueva realizaba sorprendentes progresos. Los miembros de la Iglesia de Jerusalem que se habian dispersado despues de la muerte de Estéban, llevando sus conquistas á lo largo de la costa Fenicia, dominaron en Chipre y Antioquía: tenian entonces por principio inconcuso predicar tan solo á los judíos[636].

Antioquía, «la metrópoli del Oriente», la tercera poblacion del mundo[637] fué el centro de la cristiandad de la Syria del Norte. Esta era una poblacion de unas quinientas mil almas, casi más grande que París antes de que se le diera más extension,[638] residencia del legado imperial de Syria. Merced á los Seleúcidas que habian sabido aprovechar la ocupacion romana, Antioquía habia alcanzado el más alto grado de esplendor, pues en general los Seleúcidas estaban más adelantados que los romanos en punto á decoraciones teatrales aplicadas á las grandes poblaciones. Templos, acueductos, baños, basílicas, nada faltaba á Antioquía de lo que constituia una poblacion siria de aquella época. Adornadas las calles con columnatas y los recodos con estátuas, habia allí más simetría y regularidad que en otras partes[639]. Un Corso adornado de cuatro líneas de columnas formando dos galerías cubiertas con una larga avenida en medio, atravesaba la poblacion[640] en una línea de treinta y seis estadios (más de una legua)[641]. Pero Antioquía no tenia solamente inmensas construcciones de utilidad pública[642]; tenia tambien lo que poseian pocas poblaciones sirias, obras maestras del arte griego, admirables estátuas[643], obras clásicas de una delicadeza que el siglo no sabe todavía imitar. Desde su fundacion habia sido Antioquía una poblacion completamente helénica. Los Macedonios de Antígono y de Seleuco habian llevado á esta region del bajo Oronte los recuerdos más vivos, los cultos y los nombres de su país[644]. La mitología griega se habia entronizado allá como su segunda patria; habia en el país el afan de enseñar lugares santos relacionados con esta mitología. La poblacion se entregaba al culto de Apolo y de las ninfas. Dafne, lugar encantador á dos horas de distancia de la poblacion, recordaba á los viajeros las más risueñas ficciones.

Era una especie de imitacion de los mitos de la madre patria, análoga á esos transportes atrevidos por los cuales las tribus primitivas hacian viajar consigo su geografía mítica, su Berecinto, su Arvanda, su Ida, su Olimpo. Estas fábulas griegas constituyen una religion muy antigua y apenas más formal que las Metamórfosis de Ovidio. Las antiguas religiones del país, y especialmente la del monte Casio[645], la daban cierto carácter de gravedad; pero la ligereza siria, el charlatanismo babilónico, todas las imposturas del Asia, se confunden en este límite de los dos mundos, y prueban que era Antioquía la capital de la mentira, la sentina de todas las infamias.

Al lado de la poblacion griega que (exceptuando Alejandría) en ninguna parte del Oriente fué tan densa como allí, Antioquía contó siempre en su seno un número considerable de indígenas sirios, que hablaban el siriaco[646]. Estos indígenas que constituian la clase baja, habitaban los barrios de la gran ciudad y los pueblos populosos que formaban á su alrededor un vasto extrarradio[647], tales como Charandama, Ghisira, Gandigura y Apate (nombres sirios la mayor parte)[648]. Los matrimonios entre los sirios y griegos eran comunes, pues habiendo establecido Seleuco por una ley que el extranjero que se estableciera en la poblacion seria considerado como ciudadano, Antioquía, despues de tres siglos y medio de existencia, fué uno de los puntos donde la raza estaba más mezclada. El envilecimiento de las almas era espantoso. La propiedad de esos focos de corrupcion moral, es nivelar todas las clases. La ignominia de ciertas poblaciones tumultuosas, dominadas por la intriga y entregadas á los más viles pensamientos, apenas puede darnos una idea de la degradacion moral y de la corrupcion á que en Antioquía habia llegado la especie humana. Era una reunion de marineros, de charlatanes, de ladrones[649], de almacenistas, de embaucadores[650], de sacerdotes impostores: una poblacion que solo pensaba en carreras, en juegos, en bailes, en procesiones, en fiestas y bacanales: desplegábase un lujo desenfrenado; dábase cabida á todas las locuras del Oriente; predominaban las supersticiones más malvadas y el fanatismo de la orgía[651]. Á la vez serviles é ingratos, altivos é insolentes, eran los naturales de Antioquía el modelo completo de esas turbas adictas al cesarismo, sin patria, sin nacionalidad, sin honor de familia, sin nombre que guardar. El gran Corso que atravesaba la poblacion era una especie de teatro, donde representaban todo el dia los grupos de un populacho locuaz, variable, levantisco[652], ingenioso á veces,[653] ocupado de los cantos, de las parodias, de las diversiones, de las impertinencias de toda especie[654]. La ciudad era muy letrada[655], pero de pura literatura de retores[656]. Los espectáculos eran de lo más extraño; habia juegos en los cuales tomaban parte coros de jóvenes desnudas que llevaban solo una sencilla banda[657]; en la célebre fiesta de Maïouma, veíase una tropa de cortesanas nadando en público en unos estanques[658] llenos de agua cristalina[659]. Esto era una especie de embriaguez, un sueño de Sardanápalo, donde se desarrollaban poco á poco todas las voluptuosidades, todos los delirios, sin excluir por esto ciertas delicadezas. El torrente de lodo que, saliendo por la embocadura del Oronte, iba á inundar á Roma[660], tenia allí su foco principal. Doscientos decuriones estaban ocupados en arreglar las fiestas[661]. La municipalidad poseia vastos dominios públicos, de los cuales los duumviros compartian el usufructo con los ciudadanos pobres[662]. Antioquía, como todas las poblaciones del placer, tenia una plebe ínfima, que vivia á costa del público ó de sórdidas especulaciones.

La belleza de las obras de arte y el infinito atractivo de la naturaleza[663] hacian que este abatimiento moral degenerara en vulgaridad. La posicion de Antioquía es una de las más bellas del mundo, pues ocupa el intervalo que media entre el Oronte y las faldas del monte Silpio, uno de los agregados al monte Casio.

Nada iguala á la abundancia y á la claridad de sus aguas[664]. Rodeada á una altura considerable por una muralla de elevadas rocas que la fuerza de la arquitectura militar[665] ha cortado á pico, aparece coronada con un cerco labrado de efecto maravilloso. Esta clase de fortificaciones fué la preferida por los gobernadores de Alejandría como se vé en Seleucia, en Éfeso, en Esmirna y en Tesalónica: de esto resultan magníficas perspectivas. Antioquía tenia dentro de sus muros montes de más de setecientos piés de elevacion, peñascos escarpados, torrentes, precipicios, hondonadas y cascadas, grutas inaccesibles y en medio de todo esto, hermosos jardines[666]. Una espesura de mirtos, de bojes, de laureles, de plantas siempre verdes, de rocas tapizadas de yedra, y de jacintos, daban á estas salvajes alturas el aspecto de parterres suspendidos. La variedad de flores, la frescura de sus praderas, cubiertas de pequeñas gramíneas, la belleza de las plantas que rodean el Oronte, respiran la poesía y suave perfume con el cual se animaron los génios de Juan Crisóstomo, Libanio y Juliano. Sobre la orilla derecha del rio extiéndese una vasta llanura adornada por un lado por el Amano y otros montes, y por el otro por la llanura de la Cirréstica[667], detrás de la cual está la peligrosa poblacion de la Arabia y del desierto. El valle de Oronte, que se descubre al oeste, pone en comunicacion al lago con el mar, ó mejor dicho, con el vasto mundo, en cuyo seno el Mediterráneo ha constituido en todo tiempo una especie de camino neutral y de enlace federal.

Entre las diversas colonias á quienes las leyes liberales de los seleúcidas atraen á la capital de la Syria, la de los judíos fué la más numerosa[668]; data de Seleuco Nicator y poseia los mismos derechos que los griegos[669]. Aun cuando los judíos tenian su etnarca particular, sus relaciones con los paganos eran muy frecuentes. Allí, como en Alejandría, estas relaciones degeneraban muchas veces en riñas y en agresiones[670], y por otro lado daban lugar á una activa propaganda religiosa. Siendo cada dia más insuficiente para los espíritus graves el politeismo oficial, la filosofía griega y el judaismo atrajeron á todos aquellos á los cuales no satisfacian las vanas pompas del paganismo. El número de los prosélitos era considerable. Desde los primeros dias del cristianismo, Antioquía habia dado á la iglesia de Jerusalem uno de sus hombres más influyentes, á uno de sus diáconos, á Nicolás[671]. Allí habia gérmenes excelentes que solo esperaban un rayo de la gracia para dar los buenos frutos que hemos visto.

La iglesia de Antioquía debe su fundacion á algunos creyentes oriundos de Chipre y de Cirene que habian predicado mucho[672]. Hasta entonces solo se habian dirigido á los judíos; pero en una poblacion donde los judíos puros, los judíos prosélitos, las «gentes temerosas de Dios» ó paganos medio judíos, y los paganos puros, vivian juntos[673], las predicaciones dirigidas á un solo grupo eran imposibles. El sentimiento de la aristocracia religiosa que llenaba de orgullo á los judíos de Jerusalem, no existia en aquellas grandes ciudades donde la civilizacion era profana y estaban menos arraigadas las preocupaciones. Los misioneros chipriotas y cirineos tuvieron pues que apartarse de su regla, y predicaron indiferentemente á los griegos y á los judíos[674].

Las disposiciones recíprocas de la poblacion judía y de la pagana eran, por lo visto, muy malas en aquel entonces[675], pero circunstancias de un órden distinto favorecieron acaso las nuevas ideas. El temblor de tierra que maltrató la ciudad el 23 de marzo del año 37 daba mucho que pensar á los habitantes, y no se hablaba sino de un charlatan llamado Deborio que pretendia impedir la repeticion de semejantes accidentes, valiéndose para ello de talismanes ridículos[676]. Esta circunstancia inclinaba á muchos á creer en las cosas sobrenaturales; pero sea como fuere, ello es que la predicacion cristiana obtuvo un éxito notable, y que se fundó en poco tiempo una jóven Iglesia, ardiente, innovadora, y llena de porvenir, porque se componia de elementos muy diversos. Extendiéronse todos los dones del Espíritu Santo, y desde entonces fué fácil preveer que aquella nueva Iglesia, libre ya del estrecho mosaismo que rodeaba á Jerusalem como una barrera inespugnable, seria la segunda cuna del cristianismo. Jerusalem será siempre seguramente la capital religiosa del mundo, pero el punto de partida de la Iglesia de los gentiles, el foco primordial de las misiones cristianas, fué verdaderamente Antioquía. Allí es donde se constituye por la primera vez una Iglesia cristiana libre de los lazos del judaismo; allí es donde se establece la gran propaganda de la edad apostólica; allí donde se forma definitivamente San Pablo; Antioquía marca la segunda etapa de los progresos del cristianismo; tratándose de nobleza cristiana, ni Roma, ni Alejandría, ni Constantinopla, podrian tomarse como puntos de comparacion.

La topografía de la vieja Antioquía está ya tan confusa, que en vano se buscaria sobre aquel suelo algun vestigio de la antigüedad, algun punto donde evocar tan grandes recuerdos. Allí, como en todas partes, el cristianismo debió establecerse en los barrios más pobres, entre la gente del pueblo. La basílica que llamaban «Antigua» y «Apostólica»[677] en el siglo IV, estaba situada en la calle titulada Singon, cerca del Panteon,[678] pero no se sabe dónde se hallaba este: la tradicion y ciertas vagas analogías inducirian á buscar el barrio cristiano primitivo hácia la puerta que conserva aún hoy el nombre de Pablo, Bab Bolos[679], y al pié de la montaña que Procopio llamó Stavrin, situada hácia el sudeste de las murallas de Antioquía[680]. Era aquella una de las partes de la ciudad menos rica en monumentos paganos, y aún se ven allí los restos de santuarios antiguos dedicados á San Pedro, San Pablo y á San Juan; aquel parece haber sido el punto donde se mantuvo más tiempo el cristianismo despues de la conquista musulmana; aquel fué tambien al parecer el barrio de los «Santos,» pues se encuentran las rocas taladradas y como formando una especie de grutas que sin duda sirvieron para los anacoretas. Cuando se camina por aquellas escarpadas pendientes, desde donde en el siglo IV, los buenos stylitas, discípulos á la vez de la India y de la Galilea, de Jesús y de Çakya-Mouni, contemplaban con desden la ciudad voluptuosa al salir de sus cavernas floridas[681], de creer es que no se esté muy lejos de los sitios donde vivieron Pedro y Pablo. La Historia de la Iglesia de Antioquía es la que mejor puede estudiarse y contiene menos fábulas: la tradicion cristiana en una ciudad donde el cristianismo tuvo tan vigorosa continuidad puede ser de algun valor.

La lengua dominante de la Iglesia de Antioquía era el griego, mas no obstante es problable que los distritos que hablaban sirio diesen á la secta numerosos adeptos. En su consecuencia, Antioquía contenia ya el gérmen de dos iglesias rivales y más tarde enemigas; una que hablaba el griego, representada ahora por los griegos de Siria, ya ortodoxos ó ya católicos; y la otra cuyos representantes actuales son los maronitas, que hablaban en otro tiempo el sirio y le conservan aún como lengua sagrada. Los maronitas, que á pesar de su catolicismo moderno, tienen una remota antigüedad, son acaso los últimos descendientes de aquellos sirios anteriores á Seleuco, de aquellos pagani de Ghisira, Charandama, etc.,[682] que formaron desde los primeros siglos Iglesia á parte, y que viéndose perseguidos como herejes por los emperadores ortodoxos huyeron al Líbano[683], donde, á causa de su aversion á la Iglesia griega y por otras afinidades más profundas, hicieron alianza con los latinos.

En cuanto á los judíos convertidos de Antioquía fueron tambien muy numerosos[684], pero debe creerse que se unieron fraternalmente con los gentiles[685]. En las orillas del Oronte fué donde llegó á ser una realidad la fusion religiosa de las razas, soñada por Jesús, ó mejor dicho por seis siglos de profetas.