CAPÍTULO XV.
Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores del cristianismo. — Simon de Gitton.
Año 45
El cristianismo está ahora realmente fundado. En la historia de todas las religiones, solo se encuentran obstáculos durante los primeros años; mas cuando una creencia ha resistido las duras pruebas por que ha de pasar toda nueva fundacion, está asegurado su porvenir. Los fundadores del cristianismo, más hábiles que los otros sectarios del mismo tiempo, esenianos, baptistas y partidarios de Judas el Gaulonita, que no salieron del mundo judío y perecieron con él, se lanzaron bien pronto al mundo con la mayor resolucion y ocuparon en aquel su puesto. Las pocas citas que sobre cristianos encontramos en Josefo, en el Talmud, y en todas las obras de los autores griegos y latinos, no debe sorprendernos. Josefo ha llegado hasta nosotros por los copistas cristianos que han sabido suprimir todo lo que era contrario á su creencia; pero podemos suponer que hablaba con más extension de Jesús y de los cristianos, que la edicion que ha llegado hasta nosotros. El Talmud sufrió tambien durante la edad media[774] y despues de su primera publicacion, varias supresiones y alteraciones, pues se ejerció la censura cristiana sobre el texto con mucha severidad, y fueron quemados una multitud de desdichados judíos por haber tenido en su poder un libro conteniendo páginas consideradas como blasfematorias. No es tampoco sorprendente que los escritores griegos y latinos se preocupen poco de un movimiento que no pueden comprender y que tuvo lugar en un pequeño mundo cerrado para ellos. El cristianismo se pierde á sus ojos sobre el oscuro fondo del judaismo; esto fué una querella de familia en el fondo de una nacion abyecta; ¿á qué ocuparse de ello?
Los dos ó tres pasajes en que Tácito y Suetonio hablan de los cristianos, prueban que algo extraordinaria debia ser la secta nueva, cuando traspasó el círculo ordinario de la publicidad, y al poco tiempo, á través de las nubes de la indiferencia general, comenzó á destacarse vigorosamente.
Por lo demás, lo que contribuyó á borrar un poco las formas del cristianismo en la historia del mundo judío en el primer siglo de nuestra era, es que no fué un hecho aislado. Philon, en la hora á que hemos llegado, habia concluido su carrera, consagrada enteramente al amor del bien. La secta de Judas el Gaulonita dura todavía: el agitador tuvo como continuadores de su pensamiento á sus hijos Jacobo, Simon y Menahem: pero los dos primeros fueron crucificados por órden del procurador Tiberio Alejandro[775]. En cuanto al tercero, desempeñará en la catástrofe final de la nacion un importante papel[776]. El año 44, un entusiasta llamado Teudas[777] se presentó anunciando una próxima libertad, é invitó á la multitud á que le siguiera al desierto, prometiendo, cual otro Josué, hacerle pasar el Jordan á pié enjuto; ya que este pasaje era segun él el verdadero bautismo que debia iniciar á cada uno de sus fieles en el reino de Dios. Siguiéronle más de cuatrocientas personas; pero el procurador Fado, mandó contra él á la caballería, dispersólos y le hirió[778]. Algunos años antes se habia levantado toda la Samaria á la voz de un iluminado que pretendia haber tenido una revelacion en el lugar de Garissim, donde Moisés habia ocultado los instrumentos sagrados del culto. Pilatos habia reprimido con gran rigor este movimiento[779]. En cuanto á Jerusalem, la paz habia acabado para ella, pues á contar desde la llegada del procurador Ventidio Cumano (año 48), los trastornos no cesaron; la excitacion habia llegado á tal punto, que la vida era insufrible y las circunstancias más insignificantes producian estallidos[780]. Sentíase una extraña fermentacion, una especie de turbacion misteriosa; por todas partes se multiplicaban los impostores[781]; los terribles zelotas (Kenaïm) ó sicarios, empezaban á aparecer; y varios miserables armados de puñales se metian entre la multitud, herian á sus víctimas, y eran los primeros que gritaban al asesino. No se pasaba dia sin que se cometiera alguno de estos asesinatos; extendiéndose el terror de una manera extraordinaria. Josefo presenta los crímenes de estos sicarios como cometidos por bribones[782], pero no es dudoso que el fanatismo se mezclaba en ello[783]: para defender la ley aquellos miserables se armaron del puñal: el que faltaba segun ellos á las prescripciones legales, veia pronto pronunciada y ejecutada su sentencia. Con ello creian llevar á cabo la obra más meritoria y más agradable á Dios.
Escenas análogas á las de Teudas, renovábanse por todas partes. Varios personajes pretendiéndose inspirados sublevaban el pueblo y le arrastraban consigo al desierto, bajo el pretexto de hacerle ver por signos manifiestos que Dios iba á librarles. La autoridad romana deseaba exterminar á estos agitadores[784] que reunian las gentes á millares, en términos de que en el año 56, un judío que vino de Egipto á Jerusalem, con su prestigio consiguió atraer más de treinta mil personas, entre las que habia cuatro mil sicarios. Desde el desierto, queria llevarles al monte Olivete, para ver desde allí, segun decia, caer las murallas de Jerusalem á su solo mandato. Félix, que era entonces procurador, marchó contra él y dispersó á su gente, pero el egipcio se salvó y no pareció más[785]. Sin embargo, así como en un cuerpo enfermizo los males se suceden unos á otros, viéronse pronto partidas mandadas por mágicos y ladrones que conducian claramente al pueblo á revolucionarse contra los romanos, amenazando de muerte á los que continuaran obedeciéndoles. Bajo este pretexto maltrataban á los ricos, decomisaban sus bienes, quemaban sus casas, dejando en toda la Judea huellas de su furor[786]. Anunciábase una guerra espantosa: reinaba fuerte agitacion por do quier, y las imaginaciones se mantenian en un estado cercano á la más completa locura.
No era imposible que Teudas se inspirara en el espíritu de imitacion á la vista de Jesús y de Juan Bautista. Á lo menos esta imitacion se evidenció con Simon de Gitton, si merecen alguna fé las tradiciones cristianas acerca de este personaje[787]. Le hemos visto ya en relacion con los apóstoles á propósito de la primera mision de Felipe en Samaria. Bajo el reinado de Claudio es cuando conquistó su celebridad[788]. Sus milagros eran considerados como permanentes, y en Samaria le miraba todo el mundo como un personaje sobrenatural[789].
No eran solo sus milagros los únicos fundamentos de su reputacion. Segun parece usaba una doctrina que nos es imposible juzgar, ya que la obra intitulada La Grande Exposicion que se le atribuye, y que ha llegado hasta nosotros por extracto, no es tal vez otra cosa más que una síntesis modificada de sus ideas[790]. Simon, durante su permanencia en Alejandría[791], parece haber fomentado en sus estudios de filosofía griega un sistema de teosofía sincrética y de exégesis alegórica semejante á la de Philon. Este sistema tiene su grandeza: pues tan pronto recuerda la cábala judía, como las teorías panteistas de la filosofía indiana; y bajo cierto punto de vista parece una imitacion del budismo y del parsismo[792]. Al frente de todas las cosas está «Aquel que es, que ha sido y que será[793],» es decir el Jahveh samaritano, entendido segun la fuerza etimológica de su nombre, el Sér eterno, único engendrado por sí mismo, aumentando por sí mismo, encontrándose á sí mismo, padre, madre, hermana, esposo, é hijo de sí mismo[794]. En el seno de este infinito, todo poder existe eternamente; todo pasa á la accion y á la realidad por la conciencia del hombre, por la razon, la lengua y la ciencia[795]. El mundo se explica ya por una gerarquía de principios abstractos, análogos á los Eones del gnosticismo y al árbol sefirótico de la cábala, ya por un sistema de ángeles que parece tomado de las creencias de la Persia. Estas abstracciones se presentan algunas veces como traducciones de hechos físicos y psicológicos: otras veces, los poderes divinos, considerados como sustancias separadas, se realizan en encarnaciones sucesivas, ya masculinas, ya femeninas, cuyo fin es el libertar á los séres encadenados por los lazos de la materia. El primero de estos poderes es el que por excelencia se llama «el Grande,» y que es la inteligencia de este mundo, la Providencia universal[796]. Es masculina y se considera á Simon como su encarnacion. Al lado de ella está la syzigia femenina, «el Gran Pensamiento.» Habituado Simon á revestir sus teorías de un extraño simbolismo, imagina interpretaciones alegóricas para los antiguos textos sagrados y profanos, á los cuales el autor de la Grande Exposicion, da el nombre de Helena, significando con esto que era el objeto del deseo universal, la eterna causa de discusion entre los hombres, la que se venga de sus enemigos y les ciega, hasta el momento en que consienten cantar la palinodia[797]; teme que mal comprendido é interpretado torcidamente por los padres de la Iglesia da lugar á cuentos pueriles[798]. El conocimiento de la literatura griega que posee el autor de la Grande Exposicion, es en todo caso, muy notable. Él sostiene que cuando se saben comprender los escritos de los paganos bastan para el conocimiento de todas las cosas[799]; su eclectismo abraza todas las revelaciones y procura refundirlas en un solo órden de verdades.
En cuanto al fondo de su sistema, hay mucha analogía con el de Valentin y con las doctrinas sobre las personas divinas que se encuentran en el cuarto Evangelio, en Philon, y en los Targums[800]. Este «Metatrono[801]» es el que los judíos colocaban al lado de la Divinidad y hasta en su sentido se parece mucho al «Gran poder.» En la teología de los samaritanos se vé figurar un Gran ángel, jefe de los demás, y una especie de manifestaciones, ó virtudes divinas[802], análogas á las que la cábala judía se figuraba por su parte. Por esto parece que Simon de Gitton fué una especie de teósofo en el mismo género de Philon y de los cabalistas. Tal vez se acercó alguna vez al cristianismo, pero no se acercó á él de una manera decisiva.
Si tomó algo de los discípulos de Jesús, es muy difícil probarlo. Si la Grande Exposicion es suya, vemos que en algunos pasajes se adelanta á las ideas cristianas, y en otros se relaciona mucho con ellas[803]. Lo que parece es que ensayó un eclecticismo análogo al que practicó más tarde Mahoma, y que intentó fundar su religion aceptando la mision divina de Juan[804] y de Jesús, á fin de ponerse en mística relacion con ellos. Él sostuvo que el mismo Simon se habia aparecido á los samaritanos, como Pedro á los judíos, para la crucifixion visible del Hijo, y á los gentiles para la infusion del Santo Espíritu[805]. Segun parece, preparó tambien el terreno para la doctrina de los Docetas, pues decia que era él quien habia sufrido en Judea en la persona de Jesús, pero que este sufrimiento fué solo aparente.[806] Su pretension de ser la misma Divinidad y de hacerse adorar ha sido probablemente exagerada por los cristianos que solo han procurado hacerle odioso.
Por lo demás se vé que la doctrina de la Grande Exposicion es casi la de todos los escritos gnósticos, y si verdaderamente Simon ha profesado estas doctrinas, han tenido mucha razon los padres de la Iglesia en considerarle como un fundador del gnosticismo[807]. Nosotros creemos que la Grande Exposicion no tiene más que una autenticidad relativa, y es poco más ó menos á la doctrina de Simon, lo que el cuarto Evangelio al pensamiento de Jesús; que se refiere á los primeros años del siglo II, es decir, á la época en que las ideas teosóficas de Logos dejaron de predominar. Estas ideas que encontramos en gérmen en la Iglesia cristiana el año 60[808], pudieron ser conocidas de Simon cuya vida acaso se prolongara hasta fines del siglo.
En nuestro concepto, este enigmático personaje es una especie de plagiario del cristianismo. La imitacion parece ser una costumbre constante entre los samaritanos[809]. De la misma manera que habian imitado siempre el judaismo de Jerusalem, estos sectarios copiaron tambien del cristianismo, hicieron sus especulaciones teosóficas y su cábala. Pero Simon ¿fué un imitador respetable á quien no se pueda calificar de prestidigitador inmoral y ridículo[810], que explotaba en su favor una doctrina formada de trozos recogidos aquí y allá? Hé aquí lo que probablemente se ignorará siempre. Simon ocupaba en la historia una posicion muy falsa; marcha sobre una cuerda tirante donde no es permitida oscilacion alguna; en este punto no hay más que elegir entre una caida ridícula ó un éxito maravilloso.
Todavía nos ocuparemos más de Simon y veremos si las leyendas durante su permanencia en Roma que al mismo se refieren, tienen alguna verosimilitud. Lo cierto es que la secta simoniana duró hasta el siglo III[811]; que tuvo dos iglesias en Antioquía, y tal vez hasta en Roma mismo; que Menandro de Caparetea y Clobio[812] continuaron la doctrina de Simon, ó mejor imitaron su papel de teurgo, con un recuerdo más ó menos vivo de Jesús y de sus apóstoles. Simon y sus discípulos fueron muy estimados entre sus correligionarios. Las sectas del mismo género, paralelas al cristianismo[813], y más ó menos impregnadas de gnosticismo, no cesaron de producirse entre los samaritanos hasta su destruccion por Justiniano. El destino de este pequeño grupo fué sufrir las consecuencias de todo lo que pasaba á su alrededor, sin producir nada completamente original.
En cuanto á los cristianos, la memoria de Simon de Gitton les era aborrecible. Esos prestigios, que tanto se parecían a los suyos, les irritaban, y haber alcanzado el éxito de los apóstoles fué el más imperdonable de los crímenes. Pretendióse que los prodigios de Simon y de sus discípulos eran obra del diablo y se denigró al teósofo samaritano con el nombre de Mágico[814], que los fieles tomaban en muy mal sentido. Toda la leyenda cristiana de Simon revelaba una cólera reconcentrada: se le atribuyeron las máximas del quietismo y los excesos que se suponen ser su consecuencia[815]; se le consideró como padre de todo error, como el primer heresiarca: se contaron sus aventuras ridículas, sus hechos con referencia á Pedro[816], y se atribuyó á otro motivo distinto el impulso que le llevó hácia el cristianismo. Tan preocupados estaban con su nombre, que creian leerle al través de las páginas donde no estaba escrito[817]. El simbolismo de que ha revestido sus ideas fué interpretado de la manera más grotesca. La Helena que él identificaba con la primera inteligencia, se consideró como una mujer pública que habia comprado en el mercado de Tiro[818]: su nombre, en fin, se colocó al lado del de Judas y se tomó como sinónimo de antiapóstol[819], última injuria y palabra proverbial para designar un impostor de profesion, un adversario de la verdad que quisiera presentarse con misterio[820]. Este fué el primer enemigo del cristianismo, ó mejor dicho, el primer personaje que el cristianismo trató como enemigo, no escaseándose los piadosos fraudes ni calumnias para disfamarle[821]. La crítica no puede, en este caso, revindicarle porque le faltan los documentos auténticos y contradictorios; lo único que puede hacer es retratarle tal como aparece en las tradiciones poniendo en relieve el estilo despreciativo que en ellas se nota.
Á lo menos no debe acusarse al teurgo samaritano de una imitacion que acaso no hiciera. En una reseña del historiador Josefo, un mágico judío llamado Simon, nacido en Chipre, desempeñaba por parte del procurador Félix el papel de proxeneto[822]. Las circunstancias de esta reseña no convienen con Simon de Gitton y no debe hacérsele responsable de los hechos de un personaje que solo puede tener de comun con él su nombre, que llevaban entonces millares de hombres, ni de la pretension de hacer obras sobrenaturales que tenia entonces una multitud de sus contemporáneos.