NOTAS
[1] El autor de las Actas no da directamente á San Pablo el título de Apóstol, que solo aplica en general á los miembros del colegio central de Jerusalem.
[2] Homilias seudo-clementinas, XVII, 13-19.
[3] Justino, Apol. I, 39. En las Actas predomina tambien la idea de que Pedro fué el Apóstol de los gentiles. Véase sobre todo el Cap. X y compárese I Petri, I, 1.
[4] I Cor., III, 6, 10; IV, 14, 15; IX, 1, 2; II Cor., XI, 2, etc.
[5] Carta de Dionisio de Corinto, en Eusebio, Hist. eccl., II, 25.
[6] Los lectores franceses que deseen obtener más ámplios detalles sobre la discusion y comparacion de las cuatro narraciones, pueden consultar los siguientes escritos: Strauss, Vie de Jésus, 3.ª sec., cap. IV y V (traduccion Littré); Nouvelle Vie de Jésus, l. I, § 46 y siguientes; l. II, § 97 y siguientes (Traduccion Nefftzer y Dollfus).
[7] La Iglesia la admite desde luego como evidente. Véase el cánon de Muratori (Antiq. Ital., III, 854), colacionado por Wieseler y restituido por Laurent (Neutestamentliche Studien, Gotha, 1866), lin. 33 y siguientes.
[8] Luc., I, 1-4, Act., I, 1.
[9] Véase sobre todo Act., XVI, 12.
[10] Sabido es que entre los escritores del Nuevo Testamento es muy pobre la manera de expresarse, si bien cada uno tiene su pequeño diccionario, y esto nos proporciona una regla precisa para determinar quién es el autor de los escritos, aun de los más cortos.
[11] El empleo de esta palabra, Act., XIV, 4, 14, es muy indirecto.
[12] Compárese por ejemplo, Act., XVII, 14-16; XVIII, 5, á I Tes., III, 1-2.
[13] I Cor., XV, 32; II Cor., I, 8; XI, 23 y siguientes. Rom., XV, 19; XVI, 3 y siguientes.
[14] Act., XVI, 6; XVIII, 22-23, comparando la epístola á los Galatas.
[15] Por ejemplo, la estancia en Cesarea queda en la oscuridad.
[16] Mabillon, Museum Italicum, I, 1.ª pars, pág 109.
[17] Col., IV, 14.
[18] Véase más arriba, [pág. XIV].
[19] Casi todas las inscripciones son latinas, así como en Neapolis (Cavala) el puerto de Filipos. Véase Heuzey, Mission de Macédoine, pág. 11 y sig. Los notables conocimientos náuticos del autor de las Actas (véase sobre todo cap. XXVII-XXVIII) dan lugar á creer que era de Neapolis.
[20] Por ejemplo, Act., X, 28.
[21] Act., V, 36-37.
[22] Los hebraismos de su estilo pueden ser resultado de una lectura asídua de las traducciones griegas del Antiguo Testamento, y sobre todo de la lectura de los escritos compuestos por sus correligionarios de Palestina, que copia con frecuencia textualmente. Sus citas del Antiguo Testamento se han hecho sin ningun conocimiento del texto original (por ejemplo, cap. XV, pág. 16 y sig.).
[23] Act., XVII, 22 y sig.
[24] Luc., I, 26; IV, 31; XXIV, 13. Compárese más abajo, [página 73, nota].
[25] Luc., I, 31, comparado con Mateo, I, 21. El nombre de Juana que solo Lucas conoce, es sospechoso, pues no parece probable que Juan tuviese entonces correspondencia femenina. Sin embargo, véase Talm. de Bab., Sota, 22 a.
[26] Act., II, 47; IV, 33; V, 13, 26.
[27] Act., IX, 22, 23; XII, 3, 11; XIII, 45, 50 y otros muchos pasajes. Lo mismo sucede con el cuarto Evangelio porque tambien fué redactado fuera de Siria.
[28] Luc., X, 33 y sig.; XVII, 16; Act., VIII, 5 y sig. y lo mismo en el cuarto Evangelio: Juan, IV, 5 y sig. Comp. Mat., X, 5-6.
[29] Act., XXVIII, 30.
[30] Véase Vida de Jesús, pág. XVII.
[31] Luc., XXIV, 50. Marc., XVI, 19, viene á decir lo mismo.
[32] Act., I, 3, 9.
[33] Véase sobre todo Luc., I, 1, la expresion τῶν πεπληροφορημένων ἐν ἡμῖν πραγμάτων.
[34] Cap. X, XXII, XXVI.
[35] El centurion Cornelio y el procónsul Sergio Paulo.
[36] Act., XIII, 7 y sig.; XVIII, 12 y sig.; XIX, 35 y sig.; XXIV, 7, 17; XXV, 9, 16, 25; XXVII, 2; XXVIII, 17-18.
[37] Ibid., XVI, 37 y sig.; XXII, 26 y sig.
[38] Semejantes precauciones no eran raras: el Apocalipsis y la epístola de Pedro designan á Roma con palabras embozadas.
[39] Luc., I, 4.
[40] Act., I, 22.
[41] Véase la Vida de Jesús, pág. XXXIX y sig.
[42] Esto se nota principalmente en la historia del Centurion Cornelio.
[43] Act., II, 47; IV, 33; V, 13, 26. Cf. Luc., XXIV, 19-20.
[44] Act., II, 44-45; IV, 34 y sig.; V, 1 y sig.
[45] I Cor., XII-XIV. Comp. Marc., XVI, 17, y Act., II, 4, 13; X, 46; XI 15; XIX, 6.
[46] Compárese Act., III, 2 y sig. á XIV, 8 y sig.; IX, 36 y sig. á XX, 9 y sig.; V, 1 y sig. á XIII, 9 y sig.; V, 15-16 á XIX, 12; XII, 7 y sig. á XVI, 26 y sig.; X, 44 á XIX, 6.
[47] En un discurso que el autor pone en boca de Gamaliel, allá por el año 36, se trata de Teudas cuya empresa se declara fijamente que fué anterior á la de Judas el Gaulonita (Act., V, 36-37). Ahora bien, la rebelion de Teudas es del año 44 (Jos., Ant., XX, V, 1), y en todo caso muy posterior á la del Gaulonita (Jos., Ant., XVIII, I, 1; B. J., II, VIII, 1).
[48] Las personas que no puedan leer sobre este punto los escritos alemanes de Baur, Schneckenburger, de Wette, Schwegler y Zeller, donde se conducen á una solucion definitiva las cuestiones críticas relativas á las Actas, pueden consultar con fruto los Études historiques et critiques sur les origines du christianisme, por A. Stap (París, Lacroix, 1864), p. 116 y sig.; Michel Nicolas, Études critiques sur la Bible. Nouveau Testament (París, Lévy, 1864), p. 223 y sig.; Reuss, Histoire de la théologie chrétienne au siècle apostolique, l. VI, ch. V; diversos trabajos de los señores Kayser, Scherer, Reuss en la Revue de théologie de Strasburgo, 1.ª serie, t. II y III; 2.ª serie, t. II y III.
[49] Para el matiz de οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι, compárese Mat., XVI, 17.
[50] Él mismo lo declara así bajo juramento: léase sobre todo los Cap. I y II de la epístola de los Galatas.
[51] Act., XII, 1.
[52] Jos., Ant., XIX, VIII, 2; B. J., II, XII, 6.
[53] La cita de Amos (XV, 16-17), hecha por Jacobo conforme á la version griega, y que está en desacuerdo con el hebreo, demuestra claramente que este discurso es una ficcion del autor.
[54] Demostraremos luego que este es el verdadero sentido: en todo caso la duda sobre la cuestion de saber si Tito se circuncidó ó no, importa poco para nuestro razonamiento.
[55] Comp. Act., XV, 1; Gal., I, 7; II, 12.
[56] I Cor., VIII, 4, 9; X, 25-29.
[57] Act., XXI, 20 y sig.
[58] Los ebionitas sobre todo. Véanse las Homilias seudo-clementinas; Ireneo, Adv. hær., I, XXVI, 2; Epifanio, Adv. hær., hær. XXX; San Gerónimo, In Matth., XII, init.
[59] Á mi parecer, sin embargo, Ananías y Safira son personajes imaginarios.
[60] De divinatione, II, 57.
[61] Prefacio de los Études d’histoire religieuse.
[62] Marc., XVI, 11; Luc., XVIII, 34; XXIV, 11; Juan, XX, 9, 24 y sig. La opinion contraria expresada en Mat., XII, 40; XVI, 4, 21; XVII, 9, 23; XX, 19; XXVI, 32; Marc., VIII, 31; IX, 9-10, 31; X, 34; Luc., IX, 22; XI, 29-30; XVIII, 31 y sig.; XXIV, 6-8; Justino, Dial. cum Tryph., 106, proviene de que á partir de cierta época, se tiene gran empeño en demostrar que Jesús anunció su resurreccion. Por lo demás, los sinópticos reconocen que si Jesús habló, los Apóstoles no comprendieron nada. (Marc., IX, 10, 32; Luc., XVIII, 34; compárese Luc., XXIV, 8, y Juan, II, 21-22.)
[63] Marc., XVI, 10; Luc., XXIV, 17, 21.
[64] Pasajes precitados, sobre todo Luc., XVII, 24-25; XVIII, 31-34.
[65] Talmud de Babilonia, Baba Bathra, 58 a, y el extracto árabe que da el abate Bargés en el Bulletin de l’Œuvre des pélerinages en terre sainte, febrero 1863.
[66] Ibn-Hischam, Sirat errasoul, edic. Wüstenfeld, pág. 1012 y sig.
[67] Luc., XXIV, 23; Act., XXV, 19; Jos., Ant., XVIII, III, 3.
[68] Salmo XVI, 10. El sentido del original es un poco diferente pero así es como las versiones recibidas traducen el pasaje.
[69] I Tes., IV, 12 y sig.; I Cor., XV entero; Apoc., XX-XXII.
[70] Mat., XVI, 21 y sig.; Marc., VIII, 31 y sig.
[71] Josefo, Ant., XVIII, III, 3.
[72] Leer con cuidado los cuatro relatos de los Evangelios y el pasaje I Cor., XV, 4-8.
[73] Mat., XXVIII, 1; Marc., XVI, 1; Luc., XXIV, 1; Juan, XX, 1.
[74] Juan, XX, 2, parece suponer que María no estaba siempre sola.
[75] Juan, XX, 1 sig., y Marc., XVI, 9 y sig. Es preciso notar que el Evangelio de Márcos tiene, en nuestros textos impresos del Nuevo Testamento, dos finales: Marc., XVI, 1-8; Marc., XVI, 9-20, sin hablar de otros dos, uno de los cuales ha sido conservado por el manuscrito L de París y el margen de la version filoxeniana (Nov. Test. edic. Griesbach-Schultz, I, pág. 291, nota), el otro por San Gerónimo, Adv. Pelag., l. II (t. IV, 2.ª parte, col. 520, edic. Martianay). El final XVI, 9 y sig. falta en el manuscrito B del Vaticano, en el Codex Sinaiticus y en los más importantes manuscritos griegos, pero es de una remota antigüedad y concuerda con el cuarto Evangelio de una manera admirable.
[76] Mat., XXVII, 60; Marc., XV, 46; Luc., XXIII, 53.
[77] Juan, XIX, 41-42.
[78] Véase Vida de Jesús, p. XXXVIII.
[79] El Evangelio de los hebreos contenia acaso algun dato análogo (en San Gerónimo, De viris illustribus, 2).
[80] M. de Vogüé, Les Églises de la terre sainte, pág. 125-126. El verbo ἀποκυλίω (Mat., XXVIII, 2; Marc., XVI, 3, 4; Luc., XXIV, 2) prueba suficientemente que tal era la disposicion del sepulcro de Jesús.
[81] El relato del cuarto Evangelio tiene en este punto una gran superioridad y nos sirve de guia principal. Segun Lucas, XXIV, 12, solo Pedro va al sepulcro. En el final de Márcos que nos da el manuscrito L y el margen de la version filoxeniana (Griesbach, l. c.), se menciona τοῖς περὶ τὸν Πέτρον. San Pablo (I Cor., XV, 5) tampoco hace figurar más que á Pedro en esta primera vision. Más lejos, Lucas (XXIV, 24) supone que varios discípulos han ido al sepulcro con lo cual se indica probablemente las visitas que se hicieron luego. Es posible que Juan, cediendo á una segunda intencion, que se revela más de una vez en su Evangelio, quisiera demostrar que desempeñó en la historia de Jesús un papel tan importante como el de Pedro. Acaso tambien las repetidas declaraciones de Juan de haber sido testigo ocular de los hechos fundamentales de la fé cristiana (Evang., I, 14; XXI, 24; I Juan, I, 1-3; IV, 14), deben aplicarse á esta visita.
[82] Juan, XX, 1-10. Compar. Luc., XXIV, 12, 34; I Cor., XV, 5 y el final de Márcos en el manuscrito L.
[83] Mat., XXVIII, 9, observando que Mateo, XXVIII, 9-10, contesta á Juan, XX, 16-17.
[84] Juan, XX, 11-17, conforme con Márcos, XVI, 9-10. Compárese el relato paralelo, aun cuando menos satisfactorio, de Mat., XXVIII, 1-10; Luc., XXIV, 1-10.
[85] Juan, XX, 18.
[86] Compárese Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
[87] Luc., XXIV, 11.
[88] Ibid., XXIV, 24.
[89] Ibid., XXIV, 34; I Cor., XV, 5; el final de Márcos en el manuscrito L. El fragmento del Evangelio de los hebreos en San Ignacio, Epist. ad Smyrn., 3, y en San Gerónimo, De viris ill., 16 parece situar la «vision de Pedro» por la noche, y la fusiona con la de los apóstoles reunidos. Pero San Pablo distingue expresamente las dos visiones.
[90] Luc., XXIV, 22-24, 34. Resulta de estos pasajes que las noticias se extendieron separadamente.
[91] Marc., XVI, 1-8.—Mat., XXVIII, 9-10 dice lo contrario, pero esto desentona con el sistema sinóptico en el cual las mujeres no ven sino un ángel. Parece que el primer Evangelio ha querido conciliar el sistema sinóptico con el cuarto, donde una sola mujer vé á Jesús.
[92] Mat., XXVIII, 2 y sig.; Marc., XVI, 5 y sig.; Luc., XXIV, 4 y sig., 23. Esta aparicion de los ángeles se ha introducido en el relato del cuarto Evangelio (XX, 12-13), trastornándolo completamente, puesto que se atribuye á María Magdalena. El autor no ha querido prescindir de este hecho referido por la tradicion.
[93] Marc., XVI, 8.
[94] Luc., XXIV, 4-7; Juan, XX, 12-13.
[95] Mat., XXVIII, 1 y sig. En el relato de Mateo es donde más se han exagerado estas circunstancias. El temblor de tierra y lo de los guardias son probablemente adiciones tardías.
[96] Los seis ó siete relatos que tenemos de la escena de la mañana, (Márcos tiene dos ó tres, y Pablo tiene tambien el suyo, sin hablar del Evangelio de los hebreos) están en completo desacuerdo unos con otros.
[97] Mat., XXVI, 31; Marc., XIV, 27; Juan, XVI, 32; Justino, Apol., I, 50; Dial. cum Tryph., 53, 106. Justino opina que en el momento de la muerte de Jesús, cundió una completa apostasía entre los discípulos.
[98] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 11; Luc., XXIV, 11.
[99] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
[100] Véase, por ejemplo, Calmeil, De la folie au point de vue pathologique, philosophique, historique et judiciaire. París, 1845, 2 volúmenes en 8.º
[101] Véanse las Lettres pastorales de Jurieu, primer año, séptima carta; tercer año, cuarta carta; Misson, Le Théâtre sacré des Cévennes (Lóndres, 1707), págs. 28, 34, 38, 102, 103, 104, 107; Memorias de Court, en Sayous, Hist. de la littér. française à l’étranger, siglo XVII, I, pág. 303; Bulletin de la Société de l’hist. du protest. franç., 1862, página 174.
[102] Mat., XIV, 26; Marc., VI, 49; Luc., XXIV, 37; Juan, IV, 19.
[103] Marc., XVI, 12-13; Luc., XXIV, 13-33.
[104] Compárese Josefo, B. J., VII, VI, 6. Lucas dice que esta aldea se hallaba á sesenta estadios de Jerusalem, y Josefo á treinta. Ἑξήκοντα, que aparece en algunos manuscritos y algunas ediciones de Josefo, es una correccion cristiana. Véase la edicion de G. Dindorf. La situacion más probable de Emmaus es Kulonié, lugar muy bonito que se halla en el fondo de un valle en el camino de Jerusalem á Jaffa. Véase Sepp, Jerusalem und das heilige Land (1863), I, p. 56; Bourquenoud, en los Études rel. hist. et litt. des PP. de la Soc. de Jésus, 1863, núm. 9, y para las distancias exactas, H. Zschokke, Das neutestamentliche Emmaus (Schaffhausen, 1865).
[105] Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 33 y sig.; Juan, XX, 19 y sig.; Evangelio de los hebreos en san Ignacio, Epist. ad Smyrn., 3, y en san Gerónimo, De viris ill., 16; I Cor., XV, 5; Justino, Dial. cum Tryph., 106.
[106] Luc., XXIV, 34.
[107] En una isla que hay frente á Rotterdam, cuya poblacion es calvinista y de las más austeras, los aldeanos están persuadidos que Jesús va á su lecho de muerte para confirmar á sus elegidos de su justificacion; muchos le ven en efecto.
[108] Para concebir la posibilidad de semejantes ilusiones, basta recordar las escenas de nuestros dias, en que varias personas reunidas reconocen unánimemente que han oido rumores imaginarios, y esto con la mejor buena fé. La expectativa, el esfuerzo de la imaginacion, la disposicion á creer, á veces bromas inocentes, explican esos fenómenos cuando no son hijos del engaño. Esas bromas provienen en lo general de personas convencidas, animadas de un sentimiento benévolo que no desean que una reunion languidezca y que tratan de sacar de apuro á los dueños de la casa. La duda y la negacion son imposibles en esa clase de reuniones, porque se disgustaria á las personas que os han invitado y creen en tales milagros. Hé aquí por qué esas experiencias que dan buen resultado en pequeños grupos, hacen fiasco por lo general ante un público que paga, y no pueden verificarse ante las comisiones científicas.
[109] Juan, XX, 22-23, que resuena en Lucas, XXIV, 49.
[110] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40.
[111] Juan, XX, 24-29; compárese Márcos, XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40, y el final de Márcos conservado por San Gerónimo, Adv. Pelag., II (véase más arriba, [p. 63]).
[112] Juan, XX, 29.
[113] Es muy notable en efecto que Juan, bajo cuyo nombre se nos ha trasmitido dicha frase, no tenga vision particular para él solo. Cf. I Cor., XV, 5-8.
[114] Juan, XX, 26. El pasaje XXI, 14, supone, es cierto, que no se produjeron en Jerusalem más que dos apariciones ante los discípulos reunidos; pero los pasajes XX, 30, y XXI, 25 dejan mucha más latitud. Compárese Act., I, 3.
[115] Luc., XXIV, 41-43; Evangelio de los hebreos, en San Gerónimo, De viris illustribus, 2; final de Márcos, en San Gerónimo, Adv. Pelag., II.
[116] Mat., XXVIII, 7; Marc., XVI, 7.
[117] Mat., XXVIII, 10.
[118] Ibid., XXVI, 32; Marc., XIV, 28.
[119] Mat., XXVIII, 16; Juan, XXI.—Luc., XXIV, 49, 50, 52 y las Actas, I, 3-4, están aquí en contradiccion manifiesta con Marc., XVI, 1-8, y Mateo. El segundo final de Márcos (XVI, 9 y sig.) y aun los dos otros que no forman parte del texto recibido (véase más arriba, [p. 63]), parecen arreglados al sistema de Lucas, pero esto no puede prevalecer contra el acuerdo de una parte de la tradicion sinóptica con el cuarto Evangelio, y aun indirectamente con lo que dice Pablo (I Cor., XV, 5-8) sobre este punto.
[120] Mat., XXVIII, 16.
[121] Ibid., XXVIII, 7; Marc., XVI, 7.
[122] Final de Márcos, en San Gerónimo, Adv. Pelag., II.
[123] Mat., XXVIII, 16.
[124] Juan, XXI, 2 y sig.
[125] El autor de las Actas, I, 14, las supone en Jerusalem desde la Ascension, pero esto depende de su plan sistemático (Luc., XXIV, 49; Actas, 1-4) de no admitir el viaje á Galilea despues de la resurreccion, (sistema opuesto al de Mateo y de Juan). Para sostener esta opinion, se vé precisado á suponer la ascension en Betania, lo cual contradicen todas las tradiciones.
[126] I Cor., XV, 5 y sig.
[127] Juan, XXI, 1 y sig. Este capítulo se adicionó al Evangelio, ya concluido, como un post-scriptum, pero tiene el mismo orígen que los demás.
[128] Juan, XXI, 9-14; comp. Luc., XXIV, 41-43. Juan reunió en una sola las dos escenas de la pesca y de la comida; pero Lucas no hace esta agrupacion. De todos modos si se estudian atentamente los versículos Juan, XXI, 14-15, podrá uno reconocer que los enlaces de Juan son aquí un poco artificiales. Las alucinaciones son aisladas en el momento que se producen; solo despues se forman anécdotas continuadas. Este sistema de unir dos hechos separados es por demás sorprendente comparando entre sí dos pasajes del mismo escritor, Lucas, Evang., XXIV, final, y Act., I, inicio. Segun el primer pasaje, Jesús subió al cielo el mismo dia de la resurreccion, pero el segundo dice que hubo un intervalo de cuarenta dias. Tomando al pié de la letra lo que refiere Marc., XVI, 9-20, la ascension hubiera tenido lugar la misma noche de la resurreccion. Nada prueba mejor que la contradiccion de Lucas en estos dos pasajes cuán poco se cuidaban de la exactitud de sus relatos los redactores de escritos evangélicos.
[129] Juan, XXI, 15 y sig.
[130] Ibid., XXI, 18 y sig.
[131] I Cor., XV, 6.
[132] Transfiguracion.
[133] Mat., XXVIII, 16-20; I Cor., XV, 6. Comp. Marc., XVI, 15 y sig.; Luc., XXIV, 44 y sig.
[134] I Cor., XV, 6.
[135] Juan no limita la duracion de la segunda vida de Jesús, pero supone que fué bastante larga. Segun Mateo, no duró sino el tiempo necesario para hacer el viaje á Galilea, é ir á la montaña indicada por Jesús. Segun el primer final no concluido de Márcos (XVI, 1-8), las cosas pasaron como dice Mateo. Segun el segundo final (XVI, 9-20), otros varios (véase p. 63, [nota 4]) y conforme al Evangelio de Lucas, parece que la segunda vida no duró más que un dia. Pablo (I Cor., XV, 5-8), de acuerdo con el cuarto Evangelio, la prolonga durante algunos años, y produce despues su vision, que tuvo lugar al menos cinco ó seis años despues de la vida de Jesús, y fué la última de las apariciones. La circunstancia de los «quinientos hermanos», induce á la misma suposicion, pues no parece verosímil que al siguiente dia de la muerte de Jesús, fuera tan considerable el grupo de sus amigos. (Act., I, 15). Varias sectas gnósticas, evaluaban la duracion de las apariciones en diez y ocho meses, fundando sobre esto teorías místicas (Ireneo, Adv. hær., I, III, 2; XXX, 14). Solo el autor de las Actas (I, 3) fija la duracion de la segunda vida de Jesús en cuarenta dias, pero es una autoridad de poco valor, sobre todo si se observa que procede de un sistema erróneo (Luc., XXIV, 49, 50, 52; Act., I, 4, 12), segun el cual toda la segunda vida se pasó en Jerusalem ó en sus alrededores. El número cuarenta es simbólico: (el pueblo pasa cuarenta dias en el desierto; Moisés cuarenta dias en el Sinaí; Elías y Jesús ayunan cuarenta dias, etc.). En cuanto á la forma del relato adoptado por el autor de los doce últimos versículos del segundo Evangelio, y por el del tercero, véase p. 84, [nota]. La autoridad de Pablo, la más antigua y la más autorizada de todas, que corroborando la del cuarto Evangelio ofrece para esta parte de la historia Evangélica más verosimilitud, nos parece ofrecer un argumento decisivo.
[136] Luc., XXIV, 31.
[137] Juan, XX, 19-26.
[138] Mat., XXVIII, 9; Luc., XXIV, 37 y sig.; Juan, XX, 27 y sig.; XXI, 5 y sig.; Evangelio de los hebreos en san Ignacio, epístola de los Esmirnos, 3, y en san Gerónimo, De viris illustribus, 16.
[139] Juan, VI, 64.
[140] Mat., XXVIII, 11-15; Justino, Dial. cum Tryph., 17, 108.
[141] Mat., XXVII, 62-66; XXVIII, 4, 11-15.
[142] Ibid., XXVIII, 2 y sig.
[143] Segun Mat., XXVII, 63, parece que los judíos sabian que Jesús habia predicho que resucitaria, pero los mismos discípulos de Jesús no tenian ninguna idea precisa sobre este punto. Véase pág. 59, [nota].
[144] En Mat., XXVI, 32; XXVIII, 7, 10; y en Marc., XIV, 28; XVI, 7 se indica vagamente esta opinion.
[145] Esto se ha visto por los milagros de la Salette y de Lourdes.—Hé aquí por qué medios se forma comunmente la leyenda milagrosa. Un santo hombre, adquiere la fama de hacer curaciones; se le trae un enfermo que á causa de la emocion se siente aliviado, y al dia siguiente se refiere en diez leguas á la redonda que se ha verificado un milagro. El enfermo muere cinco ó seis dias despues, y nadie habla de ello, mas en el momento de enterrar al difunto, se habla con asombro de su curacion en un espacio de cuarenta leguas.—La palabra atribuida al filósofo griego delante de los ex-votos de Samotracia (Diog. Laerc., VI, II, 59) es asimismo perfectamente apropiada.
[146] En Jerusalem ocurre todos los años un fenómeno de este género y de los más extraordinarios que puedan citarse. Los griegos ortodoxos pretenden que el fuego que se enciende espontáneamente en el Santo Sepulcro el sábado santo de su Pascua, borra los pecados de aquellos que se lo pasan por el semblante sin quemarse. Millares de peregrinos hacen esta prueba, pero se convencen de que aquel fuego quema (y esto lo prueban las contorsiones y gestos que hacen, así como tambien el olor que se percibe). Á pesar de esto, ninguno ha contradicho la creencia de la iglesia ortodoxa, porque esto seria confesar que no se tiene fé, que uno es indigno del milagro, y reconocer ¡oh cielos! que los latinos son la verdadera iglesia, pues los griegos suponen que este milagro es la mejor prueba de que su iglesia es la única buena.
[147] Esta causa se vió ante el tribunal de Grenoble (sentencia del 2 de Mayo de 1855 y 6 Mayo 1847) defensas de los letrados Jules Fabre y Bethmont, etc., coleccionadas por J. Sabbatier (Grenoble, Vellot, 1857).
[148] ¿No se trasluce nada de esto en Juan, XX, 15?
[149] Véase más arriba, [p. 64-65].
[150] Juan lo dice expresamente en XIX, 41-42.
[151] Juan, XX, 6-7.
[152] Involuntariamente se piensa en María de Betania, que en efecto no desempeña un papel marcado en la mañana del Domingo. Véase Vida de Jesús, p. 341 y sig.; 359 y sig.
[153] Celso hacia sobre este punto excelentes observaciones críticas (en Orígenes, Contra Celsum, II, 55).
[154] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
[155] Luc., XXIV, 47.
[156] Sobre el apelativo de «galileos» dado á los cristianos, véase más abajo, p. 252, [nota 699].
[157] Mateo es exclusivamente Galileo; Lucas y el segundo Márcos, XVI, 9-20 son exclusivamente Jerosolimitas. Juan reune ambas tradiciones. Pablo (I Cor., XV, 5-8.) admite tambien visiones llegadas de puntos muy lejanos, y es posible que la vision de los «quinientos hermanos» de Pablo, que hemos identificado por conjetura con la de la «montaña de Galilea,» de Mateo, sea una vision Jerosolimita.
[158] I Cor., XV, 7. No se explica el silencio de los cuatro Evangelios canónicos acerca de esta vision, sino suponiéndola en una época más lejana que aquella á que se refiere su relato. El órden cronológico de las visiones, sobre el cual insiste Pablo con tanta precision, induce á creer lo mismo.
[159] Evangelio de los hebreos citado por San Gerónimo, De viris illustribus, 2. Compárese Luc., XXIV, 41-43.
[160] Evangelio de los hebreos, loc. cit.
[161] Juan, VII, 5.
[162] ¿Se aludirá á este brusco cambio en Gal., II, 6?
[163] Act., I, 14 no es un testimonio muy autorizado. Se reconoce en Lucas una tendencia á engrandecer á María. Luc., cap. I y II.
[164] Juan, XIX, 25-27.
[165] La tradicion que habla de su permanencia en Éfeso es moderna y no tiene valor alguno. Véase Epifanio, Adv. hær., hær. LXXVIII, 11.
[166] Véase, Vida de Jesús, págs. 23 y sig.
[167] Evangelio segun los hebreos, véase lugar citado en la [pág. 97, nota 159].
[168] Act., VIII, 1; Galat., I, 17-19; II, 1 y sig.
[169] Luc., XXIV, 49; Act., I, 4.
[170] Es cierto que esta idea no está desarrollada sino en el cuarto Evangelio, (cap. XIV, XV, XVI), pero se indica en Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; XII, 11-12; XXIV, 49.
[171] Juan, XX, 22-23.
[172] Ibid., XVI, 7.
[173] Luc., XXIV, 49; Act., I, 4 y sig.
[174] Act., I, 5-8.
[175] I Cor., XV, 7; Luc., XXIV, 50 y sig.; Act., I, 2 y sig. Ciertamente seria muy admisible que la vision de Betania referida por Lucas fuese semejante á la de la montaña de que nos habla Mat., XXVIII, 16 y sig. Sin embargo, á la vision de que hablaba Mateo no siguió la ascension. En el segundo final de Márcos, la vision de las instrucciones finales, seguida de la ascension, tuvo lugar en Jerusalem. Finalmente, Pablo presenta la vision de todos los apóstoles como distinta de la de los quinientos hermanos.
[176] Otras tradiciones aseguran que Jesús confirió este poder en visiones anteriores (Juan, XX, 23)
[177] Luc., XXIV, 23; Act., XXV, 19.
[178] Act., I, 11.
[179] I Cor., XV, 8.
[180] Mat., XXVIII, 20.
[181] Juan, III, 13; VI, 62; XVI, 7; XX, 17; Efes., IV, 10; I Petri, III, 22. Ni Mateo ni Juan dan el relato de la ascension. Pablo (I Cor., XV, 7-8), ni siquiera incluye semejante idea.
[182] Marc., XVI, 19; Luc., XXIV, 50-52; Act., 2-12; Justino, Apol. I, 50; Ascension de Isaías, version etíope, XI, 22; version latina (Venecia, 1522), sub fin.
[183] Compárese el relato de la transfiguracion.
[184] Jos., Antiq., IV, VIII, 48.
[185] II Reg., II, 11 y sig.
[186] Luc., último capítulo del Evangelio y primero de las Actas.
[187] Luc., XXIV, 52.
[188] Mateo, XVIII, 20.
[189] Act., I, 15. La mayor parte de los «quinientos hermanos» se habian quedado en Galilea; por consiguiente, lo que dice Act., II, 41 es una exageracion ó por lo menos una anticipacion.
[190] Luc., XXIV, 53; Act., II, 46. Comp. Luc., II, 37; Hegesipo, en Eusebio, Historia eclesiástica, II, 23.
[191] Deuter., X, 18; I Tim., VI, 8.
[192] Léase la Guerra de los judíos de Josefo.
[193] Juan, XX, 22.
[194] I Reg., XIX, 11-12.
[195] Esta obra parece haber sido escrita á principios del siglo II de nuestra era.
[196] Ascension de Isaías, VI, 6 y sig. (Version etíope).
[197] Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; Act., I, 5; XI, 16; XIX, 4; I Juan, V, 6 y sig.
[198] Compárese á Misson, en su Le Théâtre sacré des Cévennes (Lóndres, 1707), pág. 103.
[199] Revue des Deux Mondes, setiembre de 1853, pág. 966 y sig.
[200] Jules Remy, Voyage au pays des Mormons, (París, 1860), libros II y III; por ejemplo, tomo I, pág. 259-260; tomo II, 470 y sig.
[201] Astié, Le Réveil religieux des États-Unis (Lausanne, 1859).
[202] Act., II, 1-3; Justino, Apol. I, 50.
[203] La expresion lengua de fuego, significa simplemente, en hebreo, una llama (Isaías V, 24). Comp. Virgilio, Æn., II, 682-84.
[204] Jámblico (De myst., sect. III, cap. 6) expone toda la teoría de esas bajadas luminosas del Espíritu.
[205] Compárese Talmud de Babilonia, Chagiga, 14 b; Midrachim, Schir hasschirin rabba, fol. 10 b; Ruth rabba, fol. 42 a; Koheleth rabba, 87, a.
[206] Mat., III, 11; Luc., III, 16.
[207] Éxodo, IV, 10; comp. Jeremías, I, 6.
[208] Isaías, VI, 5 y sig; comp. Jeremías, I, 9.
[209] Luc., XI, 12; Juan, XIV, 26.
[210] Act., II, 5 y sig. Este es el sentido más probable, aunque tambien puede significar que cada predicador hablaba uno de los diferentes idiomas.
[211] Act., II, 4. Comp. I Cor., XII, 10, 28; XIV, 21-22. Para imaginaciones análogas véase Calmeil, De la folie, I, p. 9, 262; II, p. 357 y sig.
[212] Talmud de Jerusalem, Sota, 21 b.
[213] Testamento de los doce patriarcas., Judá, 25.
[214] Act., II, 4; X, 44 y sig. XI, 15; XIX, 6; I Cor., XII-XIV.
[215] Marc., XVI, 17. Debe recordarse que en el antiguo hebreo, como en todas las lenguas antiguas, (véase mi Orig. du langage, pág. 177 y sig.) las palabras «extranjero», «lengua extranjera», se derivaban de palabras que significaban «tartamudear», «balbucear», porque los pueblos sencillos tomaban siempre un idioma desconocido por un tartamudeo indistinto. Véase Isaías, XXVIII, 11; XXXIII, 19; I Cor., XIV, 21.
[216] I Cor., XIII, 1. (Véase la nota anterior).
[217] I Cor., XII, 28, 30; XIV, 2 y sig.
[218] I Sam., XIX, 23 y sig.
[219] Plutarco, De Pythiæ oraculis, 24. Véase tambien la prediccion de Casandra en el Agamemnon de Esquilo.
[220] I Cor., XII, 3; XVI, 22; Rom., VIII, 15.
[221] Rom., VIII, 23, 26, 27.
[222] I Cor., XIII, 1; XIV, 7 y sig.
[223] Rom., VIII, 26-27.
[224] I Cor., XIV, 13, 14, 27 y sig.
[225] Jurieu, Lettres pastorales; tercer año, carta 3.ª; Misson, Le Théâtre sacré des Cévennes, p. 10, 14, 15, 18, 19, 22, 31, 32, 36, 37, 65, 66, 68, 70, 94, 104, 109, 126, 140; Brueys, Histoire du fanatisme (Montpellier, 1709), I, páginas 145 y sig.; Fléchier, Lettres choisies (Lyon 1734), I, pág. 353 y sig.
[226] Karl Hase, Hist. de l’Église, párrafo 439 y 458, 5; el periódico protestante L’Espérance, 1.º de abril de 1847.
[227] M. Hohl, Bruchstücke aus dem Leben und den Schriften Ed. Irving’s (Saint-Gall, 1839), p. 145, 149 y sig.; Karl Hase, Hist. de l’Église, párrafo 458, 4.—Respecto á los Mormones, véase Remy, Voyage, I, pág. 176-177, nota; 259-260; II, pág. 55 y sig.—En cuanto á los convulsionarios de Saint-Médard, véase sobre todo Carré de Montgeron, La Vérité des miracles, etc. (París 1737-1741), II, p. 18, 19, 49, 54, 55, 63, 64, 80, etc.
[228] Act., II, 13, 15.
[229] Marc., III, 21 y sig; Juan, X, 20 y sig; XII, 27 y sig.
[230] Act., XIX, 6; I Cor., XIV, 3 y sig.
[231] Act., X, 46; I Cor., XIV, 15, 16, 26.
[232] Col., III, 16; Efes., V, 19 (Ψαλμοί, ὕμνοί, ᾠδαὶ πνευματικαί). Véase los primeros capítulos del Evangelio de Lucas. Compárese, en particular, Luc., I, 46 á Act., X, 46.
[233] I Cor., XIV, 15; Col., III, 16; Efes., V, 19.
[234] Jeremías, I, 6.
[235] Marc., XVI, 17.
[236] I Cor., XIV, 22. Πνεῦμα, en las epístolas de San Pablo, está usado muy á menudo como δύναμις. Los fenómenos espiritistas se consideran como δυνάμεις, es decir, milagros.
[237] Ireneo, Adv. hær., V, VI, 1; Tertuliano, Adv. Marcion., V, 8; Constit. Apost., VIII, 1.
[238] Luc., II, 37; II Cor., VI, 5; XI, 27.
[239] II Cor., VII, 10.
[240] Act., VIII, 26 y sig.; X entero; XVI, 6, 7, 9 y sig. Compárese Luc., II, 27, etc.
[241] Act., XX, 19, 31; Rom., VIII, 23, 26.
[242] Act., II, 42-47; IV, 32-37; V, 1-11; VI, 1 y sig.
[243] Ibid., II, 44, 46, 47.
[244] Ibid., II, 46; XX, 7, 11.
[245] No ha habido literatura alguna que haya referido con tanta frecuencia la palabra «alegría» como la del Nuevo Testamento. Véase I Tes., I, 6; V, 16; Rom., XIV, 17; XV, 13; Galat., V, 22; Philip., I, 25; III, 1; IV, 4; I Juan, I, 4, etc.
[246] Act., XII, 12.
[247] Véase Vida de Jesús, p. XXXIX y sig.
[248] Ebionim significa «pobres.» Véase Vida de Jesús, p. 182-183.
[249] Recuérdese el año 1000. Todos los documentos encabezados con la fórmula: adventante mundi vespera, ú otras parecidas, son donaciones hechas á monasterios.
[250] Hodgson, en el Journal Asiat. Soc. of Bengal, t. V, p. 33 y sig. Eugène Burnouf, Introd. à l’histoire du buddhisme indien, I, p. 278 y sig.
[251] Luciano, Muerte de Peregrino, 13.
[252] Papiros de Turin, de Lóndres, de París, coleccionados por Brunet de Presle, Mém. sur le Sérapéum de Memphis (París, 1852); Egger, Mém. d’hist. anc. et de philologie, p. 151 y sig. y en las Notices et extraits, t. XVIII, 2.ª parte, p. 264-359. Obsérvese que la vida eremítica cristiana tuvo su orígen en Egipto.
[253] Act., XI, 29-30; XXIV, 17; Galat., II, 10; Rom., XV, 26 y sig. I Cor., XVI, 1-4; II Cor., VIII y IX.
[254] Act., V, 1-11.
[255] Ibid., II, 46; V, 12.
[256] Ibid., III, 1.
[257] Jacobo, por ejemplo, fué toda su vida judío puro.
[258] Act., II, 47, IV, 33, V, 13, 26.
[259] Ibid., II, 46.
[260] I Cor., X, 16; Justino, Apol. I, 65-67.
[261] Συνδεῖπνα. Jos., Antiq., XIV, X, 8, 12.
[262] Luc., XXII, 19; I Cor., XI, 24 y sig.; Justino, loc. cit.
[263] En el año 57 la eucaristía era ya una institucion llena de abusos (I Cor., XI, 17 y sig.) y por lo tanto antigua.
[264] Act., XX, 7; Plinio, Epist. X, 97; Justino, Apol. I, 67.
[265] Act., XX, 7, 11.
[266] Plinio, Epist. X, 97.
[267] Juan, XX, 26, no basta para probar lo contrario: los ebionitas hacian siempre fiesta el sábado. San Gerónimo, In Matth., XII, inicio.
[268] Act., I, 15-26.
[269] Véase Vida de Jesús, p. 437 y sig.
[270] Compárese Eusebio, H. E., III, 39 (segun Papias.)
[271] Justino, Apol I, 39, 50.
[272] Pseudo-Abdias, etc.
[273] Compárese I Cor., XV, 10 y Rom., XV, 19.
[274] Gal., I, 17-19.
[275] Act., VI, 4.
[276] Comp. Mat., X, 2-4; Marc., III, 16-19; Luc., VI, 14-16; Act., I, 13.
[277] Act., I, 14; Gal., I, 19; I Cor., IX, 5.
[278] Gal., II, 9.
[279] Véase Vida de Jesús, pág. 307.
[280] Véase Vida de Jesús, pág. 150. Cf. Papias, en Eusebio, H. E., III, 39; Polícrates, ibid., V, 24; Clemente de Alej., Strom., III, 6; VII, 11.
[281] Por ejemplo, ἐπίσκοπος, quizá κλῆρος. Véase Wescher, en la Revue archéol., abril 1866, y más abajo p. 352-353.
[282] Act., I, 26. Véase más abajo, p. 353.
[283] Act., XIII, 1 y sig.; Clem. de Alej., en Eusebio, H. E., III, 23.
[284] Act., V, 1-11.
[285] I Cor., V, 1 y sig.
[286] I Tim., I, 20.
[287] Gen., XVII, 14 y otros pasajes numerosos del código mosaico; Mischna, Kerithouth, I, 1; Talmud de Bab., Moëd katon, 28 a. Comp. Tertuliano, De anima, 57.
[288] Véase, en los diccionarios hebreos y rabínicos, la voz כרת. Compárese la palabra exterminare.
[289] Mischna, Sanhedrin, IX, 6; Juan, XVI, 2; Jos., B. J.; VII, VIII, 1; III Macab. (apocr.), VII, 8, 12-13.
[290] Luc., VI, 15; Act., I, 13. Comp. Mat., X, 4; Marc., III, 18.
[291] Act., V, 1-11. Comp. Act., XIII, 9-11.
[292] Act., I, 15; II, 14, 37; V, 3, 29; Gal., I, 18; II, 8.
[293] Act., III, 1 y sig.; VIII, 14; Gal., II, 9. Comp. Juan, XX, 2 y sig.; XXI, 20 y sig.
[294] Segun Mat., XXVIII, 1 y sig., los guardias fueron testigos de la bajada del ángel que levantó la piedra. Este relato, bastante confuso, quiere dar á entender tambien que las mujeres presenciaron el hecho; pero no se indica terminantemente. En todo caso, lo que los guardias y las mujeres verian, segun el mismo relato, no seria á Jesús resucitando, sino al ángel. La redaccion de tal escrito, aislada é inconsistente, es á no dudarlo la más moderna de todas.
[295] Luc., XXIV, 48; Act., I, 22; II, 32; III, 15; IV, 33; V, 32; X, 41; XIII, 30-31.
[296] Véase más arriba, pág. 59, [nota 62].
[297] Véase Vida de Jesús, p. 275 y sig.
[298] I Cor., XVI, 22. Estas dos palabras son siro-caldaicas.
[299] Mat., X, 23.
[300] Act., II, 33 y sig.; X, 42.
[301] Luc., XXIV, 19.
[302] Act., II, 22.
[303] Las enfermedades se consideraban en general como obras del demonio.
[304] Act., X, 38.
[305] Ibid., II, 36; VIII, 37; IX, 22; XVII, 3, etc.
[306] Ibid., II, 14 y sig.; III, 12 y sig.; IV, 8 y sig., 25 y sig.; VII, 2 y sig.; X, 43, y la epístola atribuida á San Bernabé, entera.
[307] Jac., I, 26-27.
[308] Más tarde la llamaron λειτουργεῖν. Act., XIII, 2.
[309] Hebr., V, 6; VI, 20; VIII, 4; X, 11.
[310] Apoc., I, 6; V, 10; XX, 6.
[311] Act., XIII, 2; Luc., II, 37.
[312] Rom., VI, 4 y sig.
[313] Act., VIII, 12, 16; X, 48.
[314] Act., VIII, 16; X, 47.
[315] Mat., IX, 18; XIX, 13, 15; Marc., V, 23; VI, 5; VII, 32; VIII, 23, 25; X, 16; Luc., IV, 40; XIII, 13.
[316] Act., VI, 6; VIII, 17, 19; IX, 12, 17; XIII, 3; XIV, 6; XXVIII, 8; I Tim., IV, 14; V, 22; II Tim., I, 6; Hebr., VI, 2; Jac., V, 13.
[317] Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; Juan, I, 26; Act., I, 5; XI, 16; XIX, 4.
[318] Mat., XXVIII, 19.
[319] Véase el Cholasté (Manuscritos Sabianos de la Biblioteca imperial, núms. 8, 10, 11, 13).
[320] Vendidad-Sadé, VIII, 296 y sig.; IX, 1-145; XVI, 18-19; Spiegel, Avesta, II, p., LXXXIII y sig.
[321] I Cor., XII, 9, 28, 30.
[322] Mat., IX, 2; Marc., II, 5; Juan, V, 14, IX, 2; Jac., V, 15; Mischna, Schabbath, II, 6; Talm. de Bab., Nedarim, fol. 41 a.
[323] Mat., IX, 33; XII, 22; Marc., IX, 16-24; Luc., XI, 14; Act., XIX, 12. Tertuliano, Apol., 22; Adv. Marc., IV, 8.
[324] Act., V, 16; XIX, 12-16.
[325] Jac., V, 14-15; Marc., VI, 13.
[326] Luc., X, 34.
[327] Marc., XVI, 18; Act., XXVIII, 8.
[328] I Tes., IV, 13 y sig.; I Cor., XV, 12 y sig.
[329] Fil., I, 23, parece ofrecer un ligero matiz algo distinto. Esto no obstante, compárese I Tes., IV, 14-17. Véase sobre todo Apoc., XX, 4-6.
[330] Pablo, obras ya citadas y Fil., III, 11; Apoc., XX entero; Papias en Eusebio, H. E., III, 39. Véase despuntar algunas veces la creencia contraria, sobre todo en Lucas (Evang., XVI, 22 y sig.; XXIII 43, 46). Empero es de poco peso su autoridad, tratándose de un punto de filosofía judía. Véase lo que precede, Introd., [pág. XIX-XX]. Los esenios habian adoptado ya el dogma griego de la inmortalidad del alma.
[331] Compárese Act., XXIV, 15 á I Tes., IV, 13 y sig.; Fil., III, 11. Cf. Apoc., XX, 5. Véase Leblant, Inscr. chrét. de la Gaule, II, pág. 81 y sig.
[332] Act., XI, 27 y sig.; XIII, 1; XV, 32; XXI, 9, 10 y sig.; I Cor., XII, 28 y sig.; XIV, 29-37. Efes., III, 5; IV, 11; Apoc., I, 3; XVI, 6; XVIII, 20, 24; XXII, 9.
[333] Luc., I, 46 y sig.; 68 y sig.; II, 29 y sig.
[334] Act., XVI, 25; I Cor., XIV, 15; Col., III, 16; Efes., V, 19; Jac., V, 13.
[335] La identidad de este canto entre comunidades religiosas separadas desde los primeros siglos, acredita que es muy antiguo.
[336] Num., V, 22; Deuter., XXVII, 15 y sig.; Salmo CVI, 48; I Paral., XVI, 36; Nehem., V, 13; VIII, 6.
[337] I Cor., XIV, 16; Justino, Apol. I, 65, 67.
[338] I Cor., XIV, 7, 8, no lo demuestra. El uso del verbo ψάλλω no lo prueba tampoco. Este verbo implicaba originariamente el uso de un instrumento de cuerdas, pero con el tiempo vino á ser sinónimo de «cantar salmos.»
[339] Col., III, 16; Efes., V, 19.
[340] Véase Du Cange, en la voz Lollardi (edic. Didot). Compárense las cantinelas de Cevenols. Avertissemens prophétiques d’Elie Marion (Lóndres 1707), págs. 10, 12, 14, etc.
[341] Jac., V, 13.
[342] Mat., XVI, 28; XXIV, 34; Marc., VIII, 39; XIII, 30; Luc., IX, 27; XXI, 32.
[343] Act., primeros capítulos.
[344] Act., V, 42.
[345] Véase, por ejemplo, Act., II, 34 y sig., y en general todos los discursos de los primeros capítulos.
[346] I Cor., I, 22; II, 4-5; II Cor., XII, 12; I Tes., I, 5; II Tes., II, 9; Gal., III, 5; Rom., XV, 18-19.
[347] Rom., XV, 19; II Cor., XII, 12; I Thess, I, 5.
[348] Act., V, 12-16. Las Act. abundan en milagros. El de Eutico (Act., XX, 7-12) lo cuenta con toda seguridad un testigo ocular. Lo mismo sucede en cuanto á Act., XXVIII. Comp. Papias, en Eusebio, H. E., III, 39.
[349] Los exorcismos judíos y cristianos fueron considerados como los más eficaces, aun por los mismos paganos. Damascio, Vida de Isidoro, 56.
[350] Act., V, 15.
[351] I Cor., XII, 9 y sig., 28 y sig.; Constit. apost., VIII, I.
[352] Ireneo, Adv. hær., II, XXXII, 4; V, VI, 1; Tertuliano, Apol., 23, 43; Ad Scapulam, 2; De corona, 11; De spectaculis, 24; De anima, 57; Constit. apost., capítulo citado, el cual parece sacado de la obra de san Hipólito sobre los Charismata.
[353] En cuanto á los Mormones, los milagros son cosa cotidiana; cada cual tiene los suyos. Jules Remy, Voy. au pays des Mormons, I, p. 140, 192, 259-260; II, 53 y sig.
[354] Act., IV, 36-37. Cf. ibid., XV, 32.
[355] Ibid., XIII, 1.
[356] Ibid., XXI, 16.
[357] Jos., Ant., XIII, X, 4; XVII, XII, 1, 2; Philon, Leg. ad Caium, párrafo 36.
[358] Esto resulta en cuanto á Bernabé de su nombre Hallévi y de Col., IV, 10-11. Mnason parece ser la traduccion de algun nombre hebreo en el que entraba la raíz zacar, como Zacarías.
[359] Col., IV, 10-11.
[360] Act., XII, 12.
[361] I Petri, V, 13; Act., XII, 12; Papias, en Eusebio, H. E., III, 39.
[362] Act., XII, 12-14. Todo este capítulo en que se cuentan tan íntimamente cuanto guarda relacion con Pedro, parece haber sido redactado por Juan Márcos ó segun sus informes.
[363] No siendo comun el nombre de Marcus entre los judíos de aquel tiempo, no parece que deban referirse á individuos distintos los pasajes en que se trata de un personaje de este nombre.
[364] Compárese Act., VIII, 2 con Act., II, 5.
[365] Act., VI, 5.
[366] Ibid.
[367] Compárese Act., XXI, 8-9 con Papias, en Eusebio, Hist. eccl. III, 39.
[368] Rom., XVI, 7. Es dudoso si Ἰουνίαν proviene de Ἰουνία ó de Ἰουνίας = Junianus.
[369] Pablo los llama sus συγγενεῖς; pero seria difícil decir si esto significa que eran judíos, ó de la tribu de Benjamin, ó de Tarso, ó realmente parientes de Pablo. La primera interpretacion parece con mucho la más probable. Comp. Rom., IX, 3; XI, 14. En todo caso esta palabra implica que eran judíos.
[370] Act., VI, 1, 5; II Cor., XI, 22; Fil., III, 5.
[371] Act., II, 9-11; VI, 9.
[372] El Talmud de Jerusalem, Megilla, fol. 73 d, hace subir el número á cuatrocientos ochenta. Comp. Midrasch Eka, 52 b, 70 d. Esta cifra no debe extrañar á los que han visto esas pequeñas mezquitas de familia que se encuentran á cada paso en las ciudades musulmanas; pero los datos talmúdicos sobre Jerusalem no merecen mucho crédito.
[373] Act., VI, 1.
[374] La epístola de Jacobo está escrita en griego bastante puro; aunque es cierto que la autenticidad de esta epístola no es segura.
[375] Los sabios escribian en hebreo antiguo, un poco modificado: trozos como se encuentran en el Talmud de Babilonia Kidduschin fol. 66 a, acaso se hayan escrito hácia aquella época.
[376] Jos., Ant., último párrafo.
[377] Esto es lo que prueban las transcripciones del griego en siriaco; yo lo he desarrollado en mis Éclaircissements tirés des langues sémitiques sur quelques points de la prononciation grecque. (París, 1849.) La lengua de las inscripciones griegas de Siria es muy mala.
[378] Jos., Ant., loc. cit.
[379] Sat., I, V, 105.
[380] Véanse los textos reunidos traducidos por Eugenio Burnouf. Introd. à l’hist. du buddhisme indien, I, p. 137 y sig. y sobre todo p. 198-199.
[381] Véase Vida de Jesús, p. 181 y 211.
[382] Act., II, 45; IV, 34, 37; V, 1.
[383] Act., V, 1 y sig.
[384] Ibid., II, 45; IV, 35.
[385] Act., VI, 1 y sig.
[386] Véase más arriba, [p. 148].
[387] Act., XXI, 8.
[388] Fil., I, 1; I Tim., III, 8 y sig.
[389] Rom., XVI, 1, 12; I Tim. III, 11; V, 9 y sig.; Plinio, Epist., X, 97. Las epístolas á Timoteo no son probablemente de San Pablo; pero tienen mucha antigüedad.
[390] Rom., XVI, 1; I Cor, IX, 5; Filem., 2.
[391] I Tim., V, 9 y sig.
[392] Constit. apost., VI, 17.
[393] Sap., II, 10; Eccli., XXXVII, 17; Mat., XXIII, 14; Marc., XII, 40; Luc., XX, 47; Jac., I, 27.
[394] Mischna, Sota, III, 4.
[395] Talm. de Bab., Sota, 22 a; comp. I Tim., V, 13; Buxtorf, Lex chald. talm. rabb., en las voces צלינית y שובבית.
[396] Act., VI, 1.
[397] Ibid., XII, 12.
[398] I Tim., V, 9 y sig. Comp. Act., IX, 39, 41.
[399] I Tim., V, 3 y sig.
[400] Eclesiastés, VII, 27; Eclesiástico, VII, 26 y sig.; IX, 1 y sig.; XXV, 22 y sig.; XXVI, 1 y sig.; XLII, 9 y sig.
[401] Véase el manuscrito griego n.º 64 de la Biblioteca imperial (fondo antiguo), fol. 11, donde se habla de los trajes de las viudas en la Iglesia oriental. El traje de las calogrías es hoy dia poco más ó menos el mismo; el tipo de la religiosa oriental es el de la viuda, mientras que el de la monja latina es el de la vírgen.
[402] Comp. el Pastor de Hermas, vis. II, ch. 4.
[403] Καλογρία, nombre de las religiosas en la Iglesia oriental. Καλός reune aquí los dos sentidos de «bello» y «bueno».
[404] Véase más arriba, p. 161, [nota 395].
[405] I Cor., XII entero.
[406] Las congregaciones pietistas de América, que son, en el protestantismo, el equivalente á los conventos católicos, recuerdan tambien por muchos rasgos las iglesias primitivas. Véase L. Bridel, Récits américains (Lausanne, 1861.)
[407] Prov., III, 27 y sig.; X, 2; XI, 4; XXII, 9; XXVIII, 27; Eccli., III, 23 y sig.; VII, 36; XII, 1 y sig.; XVIII, 14; XX, 13 y sig.; XXXI, 11; Tobías, II, 15, 22; IV, 11; XII, 9; XIV, 11; Daniel, IV, 24; Talm. de Jerus., Peah, 15 b.
[408] Mat., VI, 2; Mischna, Schekalim, V, 6; Talm. de Jerus., Demai, fol. 23 b.
[409] Act., X, 2, 4, 31.
[410] Salmo CXXXIII.
[411] Act., II, 44-47; IV, 32-35.
[412] Ibid., II, 41.
[413] Véase, más arriba, [p. 148], [158-159].
[414] Act., VI, 5; XI, 20.
[415] Act., IV, 6. Véase Vida de Jesús, p. 364 y sig.
[416] Act., IV, 1-31; V, 17-41.
[417] Véase Vida de Jesús, p. 137.
[418] Act., V, 41.
[419] Ibid., IV, 5-6; V, 17; Comp. Jac., II, 6.
[420] Γένος ἀρχιερατικόν, en las Actas, l. c.; ἀρχιερεῖς, en Josefo, Ant., XX, VIII, 8.
[421] Act., XV, 5; XXI, 20.
[422] Añadamos que la antipatía de Jesús y de los fariseos parece haber sido exagerada por los evangelistas sinópticos, tal vez á causa de los acontecimientos que causaron la huida de los cristianos al otro lado del Jordan. No puede negarse que Jacobo, hermano del Señor, no fuera casi un fariseo.
[423] Act., V, 34 y sig. Véase Vida de Jesús, p. 220-221.
[424] Act., VI, 8-VII, 59.
[425] Probablemente los descendientes de los judíos que habian sido llevados á Roma como esclavos, y fueron libertados más tarde. Philon, Leg. ad Caium, § 23; Tácito. Ann., II, 85.
[426] Véase Vida de Jesús, pág. 354, 396, 424.
[427] Mat., XV, 2 y sig.; Marc., VII, 3; Gal. I, 14.
[428] Compárese Gal., III, 19; Hebr., II, 2; Jos., Ant., XV, V, 3. Se figuraban que Dios mismo no se habia manifestado en las teofanías de la antigua ley, pero que habia colocado en su lugar una especie de intermediario el maleak Jehovah. Véase en los diccionarios hebreos la voz מלאך.
[429] Deuter., XVII, 7.
[430] Act., VII, 59; XXII, 20; XXVI, 10.
[431] Juan, XVIII, 31.
[432] Jos., Ant., XVIII, IV, 2.
[433] Jos., Ant., XV, XI, 4; XVIII, IV, 2. Comp. XX, I, 1, 2.
[434] Todo el proceso de Jesús lo demuestra. Compárese Act., XXIV, 27; XXV, 9.
[435] Suetonio, Caius, 16; Dion Casio, LIX, 8, 12; Jos., Ant., XVIII, V, 3; VI, 10; II Cor., XI, 32.
[436] Ventidius Cumanus experimentó aventuras semejantes. Es verdad que Josefo exagera las desgracias de cuantos fueron adversarios de su nacion.
[437] Madden, History of Jewish Coinage, pág. 134 y sig.
[438] Jos., Ant., XVIII, IV, 3.
[439] Ibid., XVIII, V, 3.
[440] Act., VIII, 2. Las palabras ἀνὴρ εὐλαβὴς designan un prosélito, no un judío puro. Cf. Act., II, 5.
[441] Act., VIII, 1 y sig.; XI, 19. Act., XXVI, 10, hace creer que hubo otras muertes además de la de Estéban. Pero no es necesario abusar de las palabras en las redacciones de un estilo tan variado. Comp. Act., IX, 1-2 á XXII, 5 y XXVI, 12.
[442] Compárese Act., I, 4; VIII, 1, 14; Gal., I, 17 y sig.
[443] Act., IX, 26-30 prueba que, en el pensamiento del autor, las expresiones de VIII, 1 no tienen un sentido tan absoluto como podria creerse.
[444] Lo que sucedió á los esenios.
[445] Lo que sucedió á los franciscanos.
[446] I Tes., II, 14.
[447] Act., VIII, 3; IX, 13, 14, 21, 26; XXII, 4, 19; XXVI, 9 y sig.; Gal., I, 13, 23; I Cor., XV, 9; Fil., III, 6; I Tim., I, 13.
[448] Gal., I, 14; Act., XXVI, 5; Fil., III, 5.
[449] Act., IX, 13, 21, 26.
[450] Act., VIII, 1, 4; XI, 19.
[451] Act., VIII, 5 y sig. Que no era el apóstol resulta de los pasajes Act., VIII, 1, 5, 12, 14, 40; XXI, 8 comparados entre ellos. Es verdad que el versículo Act., XXI, 9 comparado con lo que dicen Papias (en Eusebio, H. E., III, 39), Polícrates (ibid., V, 24), Clemente de Alejandría (Strom., III, 6) hacen identificar al apóstol Felipe de que hablan estos tres escritores eclesiásticos, con el Felipe que desempeña un papel importante en las Actas, pero es más natural admitir que el versículo en cuestion contiene un error y ha sido interpolado que contradecir la tradicion de las iglesias de Asia y aun de Hierápolis, donde se retiró Felipe. Los datos particulares que posee el autor del cuarto Evangelio (escrito, segun parece, en el Asia menor) acerca del apóstol Felipe se encuentran así explicados.
[452] Véase Vida de Jesús, c. XIV. La tendencia especial del autor de las Actas tambien se encuentra aquí. Véase Introd., [p. XX], [XXXVIII] y, más abajo, [p. 191], [228].
[453] Act., VIII, 5-40.
[454] Jos., Ant., XVIII, IV, 1, 2.
[455] Hoy dia Jit sobre el camino de Nablus á Jaffa, á una hora y media de Nablus y de Sebastia. Véase Robinson, Biblical researches, II, p. 308, nota; III, 134 (segunda ed.) y su mapa.
[456] Las noticias que relativas á este personaje nos dan los escritores Cristianos, son tan fabulosas, que naturalmente se han suscitado dudas sobre la realidad de su existencia; dudas tanto más de tener en cuenta, cuanto que en la literatura pseudo-clementina, Simon el Mágico, es con frecuencia un sinónimo de San Pablo. Nosotros no podemos admitir, sin embargo, que la leyenda de Simon se apoye bajo esta única base. ¿Cómo es posible que el autor de las Actas, tan favorable á San Pablo, hubiese aceptado un dato cuyo sentido hostil no podia ocultársele? La continuacion cronológica de la escuela Simoniana, los escritos que de ella nos quedan, los caractéres precisos de topografía y cronología que nos da San Justino, compatriota de nuestro taumaturgo, no se explican, por lo demás, ni aun en la hipótesis de que la persona de Simon fuera imaginaria. (Véase sobre todo Justino, Apol. II, 15, y Dial. cum. Tryph., 120.)
[457] Act., VIII, 5 y sig.
[458] Ibid., VIII, 9 y sig.
[459] Justino, Apol. I, 26, 56.
[460] Homil. pseudo-clem., XVII, 15, 17; Quadratus, en Eusebio, H. E., IV, 3.
[461] Act., VIII, 25.
[462] Ibid., VIII, 26-40.
[463] I Macab., X, 86, 89; XI, 60 y sig. Jos., Ant., XIII, XIII, 3; XV, VII, 3; XVIII, XI, 5; B. J., I, IV, 2.
[464] Robinson, Bibl. researches, II, p. 41 y 514-515 (2.ª ed.)
[465] Talm. de Bab., Erubin, 53 b y 54 a; Sota 46 b.
[466] Isaías, LIII, 7.
[467] Hoy Merawi, cerca de Gebel-Barkal (Lepsius, Denkmæler, I, pl. 1 y 2 bis.) Estrabon, XVII, I, 54.
[468] Estrabon, XVII, I, 54; Plinio, VI, XXXV, 8; Dion Casio, LIV, 5; Eusebio, H. E., II, 1.
[469] Los descendientes de estos judíos existen todavía bajo el nombre de Falasyán. Los misioneros que les convirtieron vinieron de Egipto. La version de la Biblia ha sido hecha sobre la version griega. Los Falasyán no son israelitas de sangre.
[470] Juan, XII, 20; Act., X, 2.
[471] Véase Deuter., XXIII, 1. Es verdad que εὐνοῦχος puede tomarse como calificativo designando un ayuda de cámara ó funcionario de la corte oriental; pero δυνάστης basta á dar esta idea; εὐνοῦχος debe ser tomado aquí en sentido propio.
[472] Act., VIII, 26, 29.
[473] Deducir de ahí que toda esta historia ha sido inventada por el autor de las Actas nos parece temerario. El autor de las Actas insiste sobre los hechos que apoyan sus teorías; pero no creemos introduzca en sus reseñas hechos puramente simbólicos ó imaginarios á su placer. Véase la Introd., [p. XXXVI-XXXVII].
[474] Para el estado análogo de los primeros Mormones, véase Jules Remy, Voyage au pays des Mormons (París, 1860), I, p. 195 y sig.
[475] Act., VIII, 39-40. Comp. Luc., IV, 14.
[476] Act., IX, 32, 38.
[477] Ibid., VIII, 40; XI, 11.
[478] Act., XXI, 8.
[479] Jos., B. J., III, IX, 1.
[480] Act., XXIII, 33 y sig.; XXV, 1, 5; Tácito, Hist., II, 79.
[481] Jos., B. J., III, IX, 1.
[482] Jos., Ant., XX, VIII, 7; B. J., II, XIII, 5,—XIV, 5; XVIII, 1.
[483] Talm. de Jerusalem, Sota, 21, b.
[484] Jos., Ant., XIX, VII, 3-4; VIII, 2.
[485] Act., XI, 19.
[486] Ibid., IX, 2, 10, 19.
[487] Esta fecha resulta de la comparacion de los capítulos IX, XI, XII de las Actas con Gal., I, 18; II, 1, y del sincronismo que presenta el capítulo XII de las Actas con la historia profana, sincronismo que fija al año 44 la fecha de los hechos explicados en este capítulo.
[488] Act., IX, 11; XXI, 39; XXII, 3.
[489] En la epístola á Filemon, escrita hácia el año 61, él se califica de anciano (v. 9). En Act., VII, 57 es calificado de jóven por un hecho relativo al año 37, poco más ó menos.
[490] De la misma manera que los Jesús se hacian llamar Jason; los José, Hegesipo; los Eliacim, Alcimo, etc. San Gerónimo (De viris ill., 5) supone que Pablo tomó su nombre del procónsul Sergio Paulo (Act., XIII, 9). Semejante version no parece admisible. Si las Actas no dan á Saulo el nombre de Pablo hasta que entra en relaciones con este personaje, será tal vez porque la supuesta conversion de Sergio fué el primer acto notable de Pablo como apóstol de los gentiles.
[491] Act., XIII, 9 y siguientes; la atribucion de todas las epístolas; II Petri, III, 15.
[492] Las calumnias ebionitas no deben tomarse en serio (Epifanio, Adv. hær., hær. XXX, 16 y 25).
[493] San Gerónimo, loc. cit. Inadmisible como la presenta San Gerónimo, esta tradicion parece no obstante tener algun fundamento.
[494] Rom., XI, 1; Fil., III, 5.
[495] Act., XXII, 28.
[496] Act., XXIII, 6.
[497] Fil., III, 5; Act., XXVI, 5.
[498] Act., VI, 9; Philon, Leg. ad Caium, § 36.
[499] Estrabon, XIV, X, 13.
[500] Ibid., XIV, X, 14-15; Philostrato, Vida de Apolonio, I, 7.
[501] Jos., Ant., último párrafo. Cf. Vida de Jesús, p. 33-34.
[502] Philostrato, loc. cit.
[503] Act., XXVII, 22 y sig.; XXI, 37.
[504] Gal., VI, 11; Rom., XVI, 22.
[505] II Cor., XI, 6.
[506] Act., XXI, 40. He explicado antes el sentido de la palabra ἑβραιστί. Hist. des lang. sémit., II, I, 5; III, I, 2.
[507] Act., XXVI, 14.
[508] I Cor., XV, 33. Cf. Meinecke, Menandri fragm., p. 75.
[509] Tit., I, 12; Act., XVII, 28. La autenticidad de la carta á Tito es muy dudosa. En cuanto al discurso relativo al capítulo XVII de las Actas, es obra más bien del autor de las Actas que de San Pablo.
[510] El verso citado de Arato (Phænom., 5) se encuentra efectivamente en Cleantes (Himno á Júpiter, 5.) Los dos lo tomaron sin duda de algun himno religioso anónimo.
[511] Gal., I, 14.
[512] Act., XVII, 22 y sig., teniendo en cuenta la [nota 509] de esta página.
[513] Véase Vida de Jesús, pág. 72.
[514] Act., XVIII, 3.
[515] Ibid., XVIII, 3; I Cor., IV, 12; I Tes., II, 9; II Tes., III, 8.
[516] Act., XXIII, 16.
[517] II Cor., VIII, 18, 22; XII, 18.
[518] Rom., XVI, 7, 11, 21. Sobre el sentido de συγγενής en estos pasajes, véase más arriba, p. 148, [nota 369].
[519] Véase sobre todo la epístola á Filemon.
[520] Gal., V, 12; Fil., III, 2.
[521] II Cor., X, 10.
[522] Acta Pauli et Theclæ, 3, en Tischendorf, Acta Apost. apocr. (Leipzig 1851), p. 41 y las notas (texto antiguo, aunque no debe ser el original de que habla Tertuliano); el Philopatris, 12 (obra compuesta hácia el año 363); Malala, Chonogr., p. 257, edit. por Bonn; Nicéforo, Hist. eccl., II, 37. Todos estos pasajes, sobre todo el de Philopatris, suponen bastante antigüedad en sus retratos. Esto les da cierta autoridad, á pesar de todo, Malala, Nicéforo y hasta el mismo autor de las Actas de Santa Tecla quieren hacer de Pablo un hombre bello.
[523] I Cor., II, 1 y sig.; II Cor., X, 1-2, 10; XI, 6.
[524] I Cor., II. 3; II Cor., X, 10.
[525] II Cor., XI, 30; XII, 5, 9, 10.
[526] I Cor., II, 3; II Cor., I, 8-9; X, 10; XI, 30; XII, 5, 9-10; Gal., IV, 13-14.
[527] II Cor., XII, 7-10.
[528] I Cor., VII, 7-8 y el contexto.
[529] I Cor., VII, 7-8; IX, 5. Este segundo pasaje está lejos de tener peso. Fil., IV, 3, hace suponer lo contrario. Comp. Clemente de Alejandría, Strom., III, 6, y Eusebio, Hist. eccl., III, 30. Solo el pasaje I Cor., VII 7-8 es el único que tiene aquí peso.
[530] I Cor., VII, 7-9.
[531] Act., XXII, 3; XXVI, 4.
[532] Ibid., XXII, 3. Pablo no habla de este maestro en los pasajes de sus epístolas donde seria natural que le nombrara (Fil., III, 5). No es imposible que el autor de las Actas hubiese puesto á su héroe en relacion con el más célebre doctor de Jerusalem del cual sabia el nombre. Hay absoluta contradiccion entre los principios de Gamaliel (Act., V, 34 y sig.) y la conducta de Pablo antes de su conversion.
[533] Véase la Vida de Jesús, p. 220-221.
[534] Gal., I, 13-14; Act. XXII, 3; XXVI, 5.
[535] II Cor., V, 16, no lo implica en manera alguna. Los pasajes Act., XXII, 3; XXVI, 4 inducen á creer que Pablo se encontró en Jerusalem al mismo tiempo que Jesús. Pero esto no es una razon que pruebe que los dos se vieron.
[536] Act., XXII, 4, 19; XXVI, 10-11.
[537] Ibid., XXVI, 11.
[538] Gran sacerdote de 37 á 42. Jos., Ant., XVIII, V, 3; XIX, VI, 2.
[539] Act., IX, 1-2, 14; XXII, 5; XXVI, 12.
[540] Véase Revue numismatique, nueva série, t. III (1858), p. 296 y sig., 362 y sig., Revue archéol., abril de 1864, p. 284 y sig.
[541] Jos., B. J., II, XX, 2.
[542] II Cor., XI, 32. La série de monedas romanas de Damasco ofrece una interrupcion para los reinados de Calígula y de Claudio. Eckhel, Doctrina num. vet. primera parte, vol. III, p. 330. En la moneda damasquina el tipo de «Aretas filheleno» ibid. parece ser de nuestro Hareth (comunicacion del Sr. Waddington.)
[543] Jos., Ant., XVIII, V, 1, 3.
[544] Comp. Act., XII, 3; XXIV, 27; XXV, 9.
[545] Act., V, 34 y sig.
[546] Véase un rasgo análogo en la conversion de Omar. Ibn-Hischam, Sirat errasoul, p. 226 (edicion Wüstenfeld).
[547] Act., IX, 3; XXII, 6; XXVI, 13.
[548] Act., IX, 4, 8; XXII, 7, 11; XXVI, 14, 16.
[549] Ahí es donde la tradicion de la edad media fija el lugar del milagro.
[550] Esto resulta de Act., IX, 3, 8; XXII, 6, 11.
[551] Nahr el-Awadj.
[552] Tuleil.
[553] La llanura está en efecto á más de mil setecientos metros sobre el nivel del mar.
[554] Act., XXVI, 14.
[555] De Jerusalem á Damasco hay ocho dias largos.
[556] Act., IX, 8, 9, 18; XXII, 11, 13.
[557] Véase más arriba, [p. 201], y II Cor., XII, 1 y sig.
[558] He experimentado un acceso de este género en Byblos; con otras creencias hubiera ciertamente tomado por visiones las alucinaciones que entonces tuve.
[559] Poseemos tres relatos de este episodio capital: Act., IX, 1 y sig.; XXII, 5 y sig.; XXVI, 12 y sig. Las diferencias que se notan en estos pasajes prueban que el Apóstol mismo explicaba de distinta manera su conversion. El relato Actas, IX, no es homogéneo, como lo demostraremos pronto. Compárese Gal., I, 15-17; I Cor., IX, 1; XV, 8; Act., IX, 27.
[560] Entre los Mormones y en los sueños americanos, casi todas las conversiones son tambien promovidas por una grande tension del alma, produciendo alucinaciones.
[561] La circunstancia de que los compañeros de Pablo vieron y oyeron como él puede muy bien ser puramente propia de la leyenda, tanto más en cuanto los relatos sobre este particular están en manifiesta contradiccion. Comp. Act., IX, 7; XXII, 9; XXVI, 13. La hipótesis de una caida de caballo se rechaza en todos los relatos. En cuanto á la opinion que rechaza toda la narracion de las Actas, fundándose sobre la palabra ἐν ἐμοί, de Gal., I, 16, es exagerada. Ἐν ἐμοί, en dicho pasaje, tiene el sentido de «para mí», «á mí mismo». Comp. Gal., I, 24. Seguramente tuvo Pablo en un momento dado una vision que determinó su conversion.
[562] Act., IX, 3, 7; XXII, 6, 9, 11; XXVI, 13.
[563] Esto es lo que yo experimenté en mi acceso de Byblos. Los recuerdos del dia anterior al en que caí sin conocimiento, se desvanecieron totalmente de mi espíritu.
[564] II Cor., XII, 1 y sig.
[565] Act., IX, 27; Gal., I, 16; I Cor., IX, 1; XV, 8; Homilias pseudo-clementinas, XVII, 13-19.
[566] Compárese lo que pasó á Omar Sirat errasoul, p. 226 y sig.
[567] Act., IX, 8; XXII, 11.
[568] Su antiguo nombre árabe era Tarik el-Adhwa. Aún se le llama hoy Tarik el-Mustekim, que corresponde á Ῥύμη εὐθεῖα. La puerta oriental (Bab Scharki) y algunos vestigios de las columnatas subsisten todavía. Véanse los textos árabes dados por Wüstenfeld en la Zeitschrift für vergleichende Erdkunde de Lüdde, año 1842, p. 168; Porter, Syria and Palestine, p. 477; Wilson, The Lands of the Bible, II, 345, 351-52.
[569] Act., XXII, 11.
[570] El relato del capítulo IX de las Actas parece aquí compuesta de dos textos mezclados; el uno, más original, comprende los versículos 9, 12 y 18; el otro, más desarrollado, más dialogado, más legendario, comprende los versículos 9, 10, 11, 13, 14, 15, 16, 17 y 18. El v. 12 ni se refiere á los que preceden ni á los que siguen. El relato XXII, 12-16, es más conforme con el segundo de los textos antes mencionados que con el primero.
[571] Act., IX, 12. Es necesario leer ἄνδρα ἐν ὁράματι, como lleva el manuscrito B del Vaticano. Comp. vers. 10.
[572] Act., IX, 18; comp. Tobías, II, 9; VI, 10; XI, 13.
[573] Act., IX, 18; XXII, 16.
[574] Gal., I, 1; 8-9, 11 y sig.; I Cor., IX, 1; XI, 23; XV, 8, 9; Col., I, 25; Efes., I, 19; III, 3, 7, 8; Act., XX, 24; XXII, 14-15, 21; XXVI, 16; Homiliæ pseudo-clem., XVII, 13-19.
[575] Gal., I, 17.
[576] Ἀραβία es la provincia de Arabia, teniendo por parte principal la Auranítide (Haurán).
[577] Gal., I, 17 y sig.; Act., IX, 19 y sig.; XXVI, 20. El autor de las Actas cree que su primera permanencia en Damasco fué corta y que Pablo, despues de su conversion, fué á Jerusalem donde predicó (Comp. XXII, 17). Pero el pasaje de la epístola á los Galatas es concluyente.
[578] Véanse las inscripciones descubiertas por los Sres. Waddington y de Vogüé (Revue archéol., abril de 1864, págs. 284 y sig.; Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L., 1865, págs. 106-108). Compárese más arriba, p. 174-175.
[579] Dion Casio, LIX, 12.
[580] He desarrollado esto en el Bulletin archéologique de los Sres. Longperier y de Witte, setiembre de 1856.
[581] El sentido del versículo Gal., I, 16 con los siguientes prueba que Pablo predicó inmediatamente despues de su conversion.
[582] Jos., B. J., I, II, 25; II, XX, 2.
[583] Act., IX, 21-22.
[584] Gal., I, 16. Es el sentido de οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι. Comp. Mat., XVI, 17.
[585] Act., IX, 31.
[586] Véase la confesión atrozmente ingénua de III Macab., VII, 12-13.
[587] Léase el libro III (apócrifo) de los Macabeos, entero, y compáresele con el de Ester.
[588] Suetonio, Caius, 22, 52; Dion Casio, LIX, 26-28; Philon, Legatio ad Caium, párrafo 25, etc.; Josefo, Ant., XVIII, VIII; XIX, I, 1-2; B. J., II, X.
[589] Philon, Leg. ad Caium, párrafo 30.
[590] Philon, In Flaccum, párrafo 7; Leg. ad Caium, párrafos 18, 20, 26, 43.
[591] Philon, Leg. ad Caium, § 29; Josefo, Ant., XVIII, VIII; B. J., II, X; Tácito, Ann., XII, 54; Hist., V, 9, completando el pasaje primero con el segundo.
[592] Philon, Leg. ad Caium, § 27, 30, 44 y sig.
[593] Act., IX, 31.
[594] Gal, I, 18-19; II, 9.
[595] Act., XI, 29-30. Véase, más arriba, [p. 124].
[596] Act., IX, 32.
[597] Hoy Ludd.
[598] Act., IX, 32-35.
[599] Jaffa.
[600] Jos., Ant., XIV, X, 6.
[601] Act., IX, 43; X, 6, 17, 32.
[602] Mischna, Ketuboth, VII, 10.
[603] Comp. Gruter, p. 891, 4; Reinesius, Inscript., XIV, 61; Mommsen, Inscr. regni Neap., 622, 2034, 3092, 4985; Pape, Wört. der griech. Eigenn., á esta voz. Cf. Jos., B. J., IV, III, 6.
[604] Act., IX, 36 y sig.
[605] Ibid., IX, 39. El griego dice: ὅσα ἐποίει μετ’ αὐτῶν οὖσα.
[606] Ibid., IX, 32, 41.
[607] Act., X, 9-16; XI, 5-10.
[608] Ibid., X, 1-XI, 18.
[609] Habia al menos treinta y dos (Orelli y Henzen, Inscr. lat., números 90, 512, 6756).
[610] Comp. Act., XXVII, 1 y Henzen, núm. 6709.
[611] Compárese Luc., VII, 2 y sig. Lucas se complace en esta idea de los centuriones virtuosos y judíos por el alma sin la circuncision (véase la Introd., [p. XXIII]). Pero el ejemplo de Izate (Jos., Ant., XX, II, 5) prueba que tales situaciones eran posibles. Comp. Jos., B. J., II, XXVIII, 2; Orelli, Inscr., número 2523.
[612] Act., X, 2, 7.
[613] Esto parece en contradiccion con Gal., II, 7-9. Pero la conducta de Pedro por lo que respecta á la admision de los gentiles fué siempre poco consistente. Gal., II, 12.
[614] Act., XI, 18.
[615] Ibid., XV, 1 y sig.
[616] II Cor., II, 32-33; Act., IX, 23-25.
[617] Gal., I, 18.
[618] Gal., I, 48.
[619] Ibid., I, 23.
[620] Act., IX, 26.
[621] Gal., I, 18.
[622] Act., IX, 26.
[623] Act., IX, 27. Toda esta parte de las Actas tiene poco valor histórico para poder afirmar que la generosa accion de Bernabé tuviera lugar durante los quince primeros dias que Pablo pasó en Jerusalem; pero hay sin duda, atendida la forma con que las Actas presentan el hecho, un sentimiento verdadero de las relaciones entre Pablo y Bernabé.
[624] Gal., I, 19-20.
[625] Ibid., I, 18. Por consiguiente, es imposible admitir como exactos los versículos 28-29 del c. IX de las Actas. El autor de las Actas abusa de estas emboscadas y proyectos homicidas. Las Actas difieren de la epístola á los Galatas en suponer que la primera estancia de San Pablo en Jerusalem duró más y fué más cercana á su conversion. Naturalmente la epístola merece más crédito aunque no sea más que por la cronología y las circunstancias materiales.
[626] Véase sobre todo la epístola á los Galatas.
[627] Epístola á los Galatas, I, 11-12 y casi todo el resto; I Cor., IX, 1 y sig.; XV, 1 y sig.; II Cor., XI, 21 y sig.
[628] Se encuentra el sentimiento más ó menos directo: Rom., XII, 14; I Cor., XIII, 2; II Cor., III, 6; I Tes., IV, 8; V, 2, 6.
[629] Gal., I, 22-23.
[630] Act., XXII, 17-21.
[631] Act., IX, 29-30.
[632] Gal., I, 21.
[633] Act., IX, 30; XI, 25. El dato cronológico capital de esta época de la vida de San Pablo es Gal., I, 18; II, 1.
[634] La Cilicia tenia una Iglesia en el año 51. Act., XV, 23, 41.
[635] En la epístola á los Galatas (vers. 56) es donde Pablo se coloca por primera vez en el rango de los apóstoles (I, 1 y el siguiente). Segun Gal., II, 7-10, recibiria este título en 51. Sin embargo, no lo usa aún en la firma de las dos epístolas á los Tesalonicenses, que son del año 53. I Tes., II, 6 no implica un título oficial. El autor de las Actas no da jamás á Pablo el título de apóstol. Los apóstoles para el autor de las Actas son los Doce. Act., XIV, 4, 14 es una excepcion.
[636] Act., XI, 19.
[637] Jos., B. J., III, II, 4. Roma y Alejandría eran las dos primeras. Comp. Estrabon, XVI, II, 5.
[638] C. Otfried Müller, Antiquit. Antiochenæ (Gœttingæ 1839), p. 68. Juan Crisóstomo, In sanct. Ignatium, 4 (Opp. t. II, p. 597, edic. Montfaucon); In Matth. homilia LXXXV, 4 (t. VII, p. 810) evalúa la poblacion de Antioquía en doscientas mil almas, sin contar los esclavos, los niños y los inmensos suburbios. La poblacion actual no cuenta más de siete mil habitantes.
[639] Las calles análogas de Palmira, Gerasa, Gadara, Sebastia eran probablemente imitaciones del gran Corso de Antioquía.
[640] Se encuentran algunos restos en la direccion de Bab Bolos.
[641] Dion Crisóstomo, Orat. XLVII (t. II, p. 229, edic. de Reiske); Libanio, Antiochicus, p. 337, 340, 342, 356 (edic. Reiske); Malala, p. 232 y sig., 276, 280 y sig., (edic. de Bonn). El constructor de estas grandes obras fué Antíoco Epifano.
[642] Libanio, Antioch., 342, 344.
[643] Pausanias, VI, II, 7; Malala, p. 201; Visconti, Mus. Pio-Clem., t. III, 46. Véanse sobre todo las medallas de Antíoco.
[644] Pieria, Bottia, Penea, Tempe, Castalia, juegos olímpicos, Iopolis (que se refiere á Io). La ciudad pretendia deber su celebridad á Inaco, á Orestes, á Dafne, á Triptolemo.
[645] Véase Malala, p. 199; Espartiano, Vida de Adriano, 14; Juliano, Misopogon, p. 361-362; Am. Marcelino, XXII, 14; Eckhel, Doct. num. vet., pars 1.ª, III, p. 326; Guigniaut, Religions de l’ant., planchas n.º 268.
[646] Juan Crisóstomo, Ad. pop. Antioch. homil. XIX, 1 (t. II, p. 189); De sanctis martyr., 1, (t. II, p. 651.)
[647] Libanio, Antioch., p. 348.
[648] Act. SS. Maii, V, p. 383, 409, 414, 415, 416; Assemani, Bib. Or., II, 323.
[649] Juvenal, Sat., III, 62 y sig.; Estacio, Silvas, I, VI, 72.
[650] Tácito, Ann., II, 69.
[651] Malala, p. 284, 287, y sig.; Libanio, De angariis, p. 555 y sig.; De carcere vinctis, p. 455 y sig.; Ad Timocratem, p. 385; Antioch., p. 323; Philostr., Vida de Apol., I, 16; Luciano, De saltatione, 76; Diod. Sic., frag. l. XXXIV, n.º 34 (p. 538, ed. Dindorf); Juan Cris., Homil. VII in Matth., 5 (t. VII, p. 113); LXXIII in Matth., 3 (ibid., p. 712); De consubst. contra Anom., 1 (t. I, p. 501); De Anna, 1 (t. IV, p. 730); De Dav. et Saule, III, 1 (t. IV, 768-770); Juliano, Misopogon, p. 343, 350, ed. Spanheim; Actos de Santa Tecla atribuidos á Basilio de Seleucia, publicados por P. Pantinus (Amberes, 1608.), p. 70.
[652] Philostr., Apol., III, 58; Ausonio, Clar. Urb., 2; J. Capitolin, Verus, 7; Marco Aur., 25; Herodiano, II, 10; Juan de Antioquía en las Excerpta Valesiana, p. 844; Suidas, en la voz Ἰοβιανός.
[653] Juliano, Misopogon, p. 344, 365, etc.; Eunapio, Vidas de los Sofistas, p. 496, ed. Boissonade (Didot); Amiano Marcelino, XXII, 14.
[654] Juan Cris., De Lazaro, II, 11 (t. I, p. 722-723).
[655] Cic., Pro Archia, 3, teniendo en cuenta la exageracion típica de un abogado.
[656] Philostrato, Vida de Apolonio, III, 58.
[657] Malala, p. 287-289.
[658] Juan Crisóst., Homil. VII in Matth., 5, 6 (t. VII, p. 113). Véase O. Müller, Antiquit. Antioch., p. 33, nota.
[659] Libanio, Antiochicus, p. 355-356.
[660] Juvenal, III, 62 y sig., y Forcellini, en la voz ambubaja, observando que la palabra ambuba es siriaca.
[661] Libanio, Antioch., p. 315; De carcere vinctis, p. 455, etc.; Juliano, Misopogon, p. 367, edic. Spanheim.
[662] Libanio, Pro rhetoribus, p. 211.
[663] Libanio, Antiochicus, p. 363.
[664] Libanio, Antiochicus, p. 354 y sig.
[665] La muralla actual, que es del tiempo de Justiniano, presenta las mismas particularidades.
[666] Libanio, Antioch., p. 337, 338, 339.
[667] El lago Ak-Deniz, que forma por este lado el límite actual del territorio de Antakieh, no existia, á lo que parece, en la antigüedad. Véase Ritter, Erdkunde, XVII, p. 1149, 1613 y sig.
[668] Jos., Ant., XII, III, 1; XIV, XII, 6; B. J., II, XVIII, 5; VII, III, 2-4.
[669] Jos., Contra Apion., II, 4; B. J., VII, III, 3-4; V, 2.
[670] Malala, p. 244-245; Jos., B. J., VII, V, 2.
[671] Act., VI, 5.
[672] Ibid., XI, 19 y sig.
[673] Compárese Jos., B. J., II, XVIII, 2.
[674] Act., XI, 20-21. La lectura correcta es Ἕλληνας. Ἕλληνιστάς proviene de una falsa cercanía con IX, 29.
[675] Malala, p. 245. El relato de Malala no puede ser exacto, pues Josefo no dice una palabra de la invasion de que habla el cronista.
[676] Ibid., p. 243, 265-266. Comp. Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L., sesion del 17 Agosto 1865.
[677] S. Atanasio, Tomus ad Antioch. (Opp. t. I, p. 771, edic. Montfaucon); san Juan Crisóstomo, Ad. pop. Ant. homil. I y II, inicio (t. II, p. 1 y 20); In Inscr. Act., II, inicio (t. III, 60); Chron. Pasch., p. 296 (París); Teodoreto, Hist. eccl., II, 27; III, 2, 8, 9. La aproximacion de estos pasajes no permite traducir ἐν τῇ καλουμένῃ Παλαιᾷ por «en lo que se llamaba la ciudad antigua», como han hecho alguna vez los editores.
[678] Malala, p. 242.
[679] Pococke, Descript. of the East, vol. II, parte I, p. 192 (Lóndres, 1745); Chesney, Expedition for the survey of the rivers Euphr. and Tigris, I, 425 y sig.
[680] Es decir á la parte opuesta de la ciudad antigua que todavía está habitada.
[681] Véase, más abajo, la pág. 251, [nota 690].
[682] El tipo de los Maronitas se encuentra de una manera notable en toda la region de Antakieh, de Soueidieh y de Beylan.
[683] F. Naironi, Evoplia fidei cathol. (Romæ, 1694), p. 58 y sig., y la obra de S. Em. Paul-Pierre Masad, patriarca actual de los Maronitas, titulada Kitab ed-durr el-manzoum (en árabe, impreso en el convento de Tamisch en el Kesrouan, 1863).
[684] Act., XI, 19-20; XIII, 1.
[685] Gal., II, 11 y sig. lo supone así.
[686] Act., XI, 22 y sig.
[687] Act., XI, 22-24.
[688] Act., XI, 25.
[689] Act., XI, 26.
[690] Libanio, Pro templis, p. 164 y sig.; De carcere vinctis, p. 458; Teodoreto, Hist. eccl., IV, 28; Juan Crisóst., Homil. LXXII in Matth., 3 (t. VII, p. 705); In Epist. ad Ephes. hom. VI, 4 (t. XI, p. 44); In I Tim. hom. XIV, 3 y sig. (ibid., p. 628 y sig.); Nicéforo, XII, 44; Glicas, p. 257 (ed. Paris).
[691] Act., XI, 26.
[692] Los pasajes I Petri, IV, 16, y Jac., II, 7, comparados con Suetonio Neron, 16, y con Tácito, Ann., XV, 44, confirman esta idea. Véase tambien Act., XXVI, 28.
[693] Es cierto que se encuentra Ἀσιανός (Act., XX, 4; Philon, Legatio, 36; Estrabon, etc.). Pero parece tratarse de un latinismo, al igual que Δαλδιανοί, y los nombre de secta Σιμωνιανοί, Κηρινθιανοί, Σηθιανοί, etc. La derivacion helénica de χριστός hubiera sido χρίστειος. No sirve decir que la terminacion anus es una forma dórica del griego ηνος; ya no se recordaba nada de esto en el siglo primero.
[694] Tácito (loc. cit.) lo interpreta así.
[695] Suetonio, Claudio, 25. Discutiremos este pasaje en nuestro próximo libro.
[696] Corpus inscr. gr., números 2883 d, 3857 g, 3857 p, 3865 l; Tertuliano, Apol., 3; Lactancio, Divin. Inst., IV, 7. Compárese la forma francesa chrestien.
[697] Jac., II, 7 supone que fué una costumbre momentánea é incierta.
[698] Act., XXIV, 5; Tertuliano, Adv. Marcionem, IV, 8.
[699] Nesara. Los nombres de meschihoio en siriaco, mesihi en árabe, son relativamente modernos y calcados sobre χριστιανός. El nombre de «Galileos» es mucho más reciente, y fué Juliano quien lo puso de moda y aun le declaró oficial, dándole cierto color de ironía y desprecio. Juliano, Epist., VII; Gregorio de Nacianzo, Orat. IV (invect. I), 76; S. Cirilo de Alej., Contra Juliano II, p. 39 (edic. Spanheim); Philopatris, diálogo atribuido falsamente á Luciano y que es en realidad de la época de Juliano, § 12; Teodoreto, Hist. eccl., III, 4. Yo creo que, en Epicteto (Arriano, Dissert., IV, VII, 6) y en Marco Aurelio (Pensamientos, XI, 3), no designa este nombre á los cristianos, sino que debe entenderse como sicarios ó zelotas, discípulos fanáticos de Judas el Galileo ó el Gaulonita y de Juan de Giscala.
[700] I Petri, IV, 16; Jac., II, 7.
[701] Act., XIII, 2.
[702] Ibid., XIII, 1.
[703] Véase más arriba, [p. 146-147].
[704] Act., XIII, 1.
[705] Eusebio, Chron., en el año 43; Hist. eccl., III, 22; Ignacio, Epist. ad Antioch. (apocr.), 7.
[706] I Cor., XIV entero.
[707] II Cor., XII, 1-5.
[708] Supone en efecto que tuvo lugar esta vision catorce años antes de escribir la segunda Epístola de los Corintios, que fué por el año 57, poco más ó menos. No es imposible sin embargo que estuviese aún en Tarso.
[709] Sobre las ideas que tenian los judíos acerca de los cielos superpuestos, véase Testam. de los 12 patr., Leví, 3; Ascension de Isaías, VI, 13; VII, 8 y todo el resto del libro; Talm. de Babil., Chagiga, 12 b; Midraschim, Bereschith rabba, sect. XIX, fol. 19 c; Schemoth rabba, sect. XV, fol. 115 d; Bammidbar rabba, sect. XIII, fol. 218 a; Debarim rabba, sect. II, fol. 253 a; Schir hasschirim rabba, fol. 24 d.
[710] Compárese Talmud de Babil., Chagiga, 14 b.
[711] Compárese Ascension de Isaías, VI, 15; VII, 3 y sig.
[712] II Cor., XII, 12; Rom., XV, 19.
[713] I Cor., XII entero.
[714] Act., XI, 29; XXIV, 17; Gal., II, 10; Rom., XV, 26; I Cor., XVI, 1; II Cor., VIII, 4, 14; IX, 1, 12.
[715] Jos., Ant., XVIII, VI, 3, 4; XX, V, 2.
[716] Jac., II, 5 y sig.
[717] Act., XI, 28; Jos., Ant., XX, II, 6; V, 2; Eusebio, Hist. eccl., II, 8 y 12. Compárese Act., XII, 20; Tác. Ann., XII, 43; Suetonio, Claudio, 18; Dion Casio, LX, 11. Aurelio Victor, Cæs., 4; Eusebio, Chron., años 43 y sig. El reinado de Claudio se vió afligido casi todos los años por hambres parciales en todo el Imperio.
[718] Act., XI, 27 y sig.
[719] El libro de las Actas (XI, 30; XII, 25) dice que Pablo hizo aquel viaje, pero aquel declara que entre su primera permanencia de dos semanas y su viaje para el asunto de la circuncision, no fué á Jerusalem (Gal., II 1, teniendo en cuenta la argumentacion general de Pablo sobre este punto). Véase más arriba, Introd., [p. XXXI-XXXII].
[720] Gal., I, 17-19.
[721] Act., XIII, 3; XV, 36; XVIII, 23.
[722] Ibid., XIV, 25; XVIII, 22.
[723] Las inscripciones de dichas comarcas confirman plenamente las indicaciones de Josefo (Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L., 1865, pág. 106-109).
[724] Josefo, Ant., XIX, IV; B. J., II, XI.
[725] Jos., Ant., XIX, V, 1; VI, 1; B. J., II, XI, 5; Dion Casio, LX, 8.
[726] Dion Casio, LIX, 24.
[727] Jos., Ant., XIX, IX, 1.
[728] Ibid., XIX, VI, 1, 3; VII, 3, 4; VIII, 2; IX, 1.
[729] Ibid., XIX, VII, 4.
[730] Jos., Ant., XIX, VI, 3.
[731] Juvenal, Sat. VI, 158-159; Persio, Sat. V, 180.
[732] Philon, In Flaccum, § 5 y sig.
[733] Jos., Ant., XIX, V, 2 y sig.; XX, VI, 3; B. J., II, XII, 7. Las medidas restrictivas que tomó contra los judíos de Roma (Act., XVIII, 2; Suetonio, Claudio, 25; Dion Casio, LX, 6) dependieron de circunstancias locales.
[734] Jos., Ant., XIX, VI, 3.
[735] Jos., Ant., XIX, VII, 2; B. J., II, XI, 6; V, IV, 2; Tácito, Hist., V, 12.
[736] Tácito, Ann., VI, 47.
[737] Jos., Ant., XIX, VII, 2; VIII, 1; XX, I, 1.
[738] Jos., Ant., XIX, VIII, 1.
[739] Suetonio, Caius, 22, 26, 35; Dion Casio, LIX, 24; LX, 8; Tácito, Ann., XI, 8. Como tipo de aquellos reyezuelos de Oriente, véase la carrera de Herodes Agrippa I por Josefo (Ant., XVIII y XIX). Comp. Horacio, Sat., I, VII.
[740] Véase más arriba, [p. 178-179], [203-204], [217-218].
[741] Act., XII, 3.
[742] Act., XII, 1 y sig.
[743] Efectivamente Jacobo fué decapitado y no lapidado.
[744] Act., XII, 3 y sig.
[745] Act., XII, 9-11. El relato de las Actas es tan conciso, que es difícil se encuentre lugar en ella para una elaboracion legendaria prolongada.
[746] Jos., Ant., XIX, VIII, 2; Act., XII, 18-23.
[747] Jos., Ant., XIX, VII, 4.
[748] Act., XII, 23. Comp. II Macab., IX, 9; Jos., B. J., I, XXXIII, 5; Talm. de Bab., Sota, 35 a.
[749] Jos., Ant., XIX, VI, 1; XX, I, 1, 2.
[750] Jos., Ant., XX, V, 2; B. J., II, XV, 1; XVIII, 7 y sig.; IV, X, 6; V, I, 6; Tácito, Ann., XV, 28; Hist., I, 11; II, 79; Suetonio, Vesp., 6; Corpus inscr. græc., n.º 4957 (cf. ibid., III, p. 311).
[751] Jos., Ant., XX, I, 3.
[752] Jos., Ant., XX, V, 4; B. J., II, XII, 2.
[753] Josefo, que describe con tanta minuciosidad la historia de estas agitaciones, no mezcla nunca en ellas á los cristianos.
[754] Jos., Contra Apion., II, 39; Dion Casio, LXVI, 4.
[755] Jos., B. J., IV, IV, 3; V, XIII, 6; Suet., Aug., 93; Estrabon, XVI, II, 34, 37; Tácito, Hist., V, 5.
[756] Jos., Ant., XIII, IX, 1; XI, 3; XV, 4; XV, VII, 9.
[757] Jos., B. J., II, XVII, 10; Vita, 23.
[758] Mat., XXIII, 13.
[759] Jos., Ant., XX, VII, 1, 3; Comp. XVI, VII, 6.
[760] Ibid., XX, II, 4.
[761] Ibid., XX, II, 5, 6; IV, 1.
[762] Jos., B. J., II, XX, 2.
[763] Séneca, fragm. en San Aug., De civ. Dei, VI, 11.
[764] Jos., Ant., XX, II-IV.
[765] Tácito, Ann., XII, 13, 14. La mayor parte de los nombres de esta familia son persas.
[766] El nombre de «Elena» lo prueba, á pesar de que es extraño que no figure el griego en la inscripcion bilingüe (siriaco y siro-caldaico) del sepulcro de una princesa de dicha familia, descubierto y llevado á París por el Sr. de Saulcy. Véase Journal Asiatique, Diciembre de 1855.
[767] Cf. Bereschith rabba, XLVI, 51 d.
[768] Segun todas las apariencias, es el monumento conocido en el dia con el nombre de «Sepulcros de los reyes». Véase Journal Asiatique, en el lugar citado.
[769] Jos., B. J., II, XIX, 2; VI, VI, 4.
[770] Talm. de Jerus., Peah, 15 b, en donde se atribuyen á uno de los Monobaze algunas máximas que recuerdan enteramente las del Evangelio (Mateo, VI, 19 y siguientes); Talm. de Bab., Baba Bathra, 11 a; Joma, 37 a; Nazir, 19 b; Schabbath, 68 b; Sifra, 70 a; Bereschith rabba, XLVI, fol. 51 d.
[771] Moisés de Corene, II, 35; Orosio, VII, 6.
[772] Lucas, XXI, 21.
[773] Τὰ πάτρια ἔθη, expresion muy familiar en Josefo, cuando defiende la posicion de los judíos en el mundo pagano.
[774] Se sabe que no existe ningun manuscrito del Talmud para comprobar las ediciones impresas.
[775] Jos., Ant., XX, V, 2.
[776] Jos., B. J., II, XVII, 8-10; Vita, 5.
[777] La relacion del cristianismo con los dos movimientos de Judas y de Teudas es hecho por el autor mismo de las Actas (V, 36-37.)
[778] Jos., Ant., XX, V, 1; Act., V, 36. Se notará el anacronismo cometido por el autor de las Actas.
[779] Jos., Ant., XVIII, IV, 1-2.
[780] Jos., Ant., XX, V, 3-4; B. J., II, XII, 1-2; Tácito, Ann., XII, 54.
[781] Jos., Ant., XX, VIII, 5.
[782] Jos., Ant., XX, VIII, 5; B. J., II, XIII, 3.
[783] Jos., B. J., VII, VIII, 1; Mischna, Sanhedrin, IX, 6.
[784] Jos., Ant., XX, VIII, 6, 10; B. J., II, XIII, 4.
[785] Jos., Ant., XX, VIII, 6; B. J., II, XIII, 5; Act., XXI, 38.
[786] Jos., Ant., XX, VIII, 6; B. J., II, XIII, 6.
[787] Véase más arriba, p. 186, [nota 456].
[788] Justino, Apol. I, 26, 56. Es singular que Josefo, aunque hable de las cosas samaritanas, no hable de él.
[789] Act., VIII, 9 y sig.
[790] Puede tenerse por una composicion completamente apócrifa: véase el acuerdo que existe entre el sistema anunciado en este libro y lo poco que nos enseñan las Actas sobre la doctrina de Simon y sus poderes divinos.
[791] Homil. pseudo-clem., II, 22, 24.
[792] Justino, Apol. I 26, 56; II, 15; Dial. cum Tryph., 120; Ireneo, Adv. hær., I, XXIII, 2-5; XXVII, 4; II, præf.; III, præf.; Homil. pseudo-clementinæ, I, 15; II, 22, 25, etc.; Recogn., I, 72; II, 7 y sig.; III, 47; Philosophumena, IV, VII; VI, I; X, IV; Epifanio, Adv. hær. hær. XXI; Orígenes, Contra Celsum, V, 62; VI, 11; Tertuliano, De anima, 34; Constit. apost., VI, 16; San Gerónimo, In Matth., XXIV, 5; Teodoreto, Hæret. fab., I, 1. Es en los extractos textuales que dan los Philosophumena y no en los relatos de otros padres de la Iglesia donde debe buscarse una idea de La Grande Exposicion.
[793] Philosophum., IV, VII; VI, I, 9, 12, 13, 17, 18. Compárese Apocalipsis, I, 4, 8; IV, 8; XI, 17.
[794] Philosophum., VI, I, 17.
[795] Ibid., VI, I, 16.
[796] Act., VIII, 10; Philosophum., VI, I, 18; Homil. pseudo-clemen., II. 22.
[797] Alusion á la aventura del poeta Estesícoro.
[798] Ireneo, Adv. hær., I, XXIII, 2-4; Homil. pseudo-clemen., II, 23, 25; Philosophumena, VI, I, 19.
[799] Philosophum., VI, I, 16.
[800] Véase Vida de Jesús, p. 247-249.
[801] Ibid., p. 247, nota 4.
[802] Chron. samarit., c. 10 (ed. Juynboll, Leiden, 1848). Cf. Reland, De Sam., § 7; en sus Dissertat. miscell., parte II; Gesenius, Comment. de Sam. Theol. (Halle, 1824), p. 21 y sig.
[803] En el extracto dado por los Philosophumena, VI, I, 16 sub finem, se lee una cita debida á los Evangelios sinópticos, la cual parece ser presentada como encontrándose en el texto de La Grande Exposicion: pero puede tratarse de alguna inadvertencia.
[804] Homil. pseudo-clem., II, 23-24.
[805] Ireneo, Adv. hær., I, XXIII, 3; Philosophum., VI, I, 19.
[806] Homil. pseudo-clem., II, 22; Recogn., II, 14.
[807] Ireneo, Adv. hær., II, præf.; III, præf.
[808] Véase la epístola, probablemente auténtica, de San Pablo á los Colosenses, I, 15 y sig.
[809] Epif., Adv. hær., hær. LXXX, 1.
[810] Lo que hace inclinar á esta segunda hipótesis es que la secta de Simon se cambió pronto en una escuela de prestidigitacion, fábrica de filtros y de encantamientos. Philosophumena, VI, I, 20; Tertuliano, De anima, 57.
[811] Philosophum., VI, I, 20. Cf. Orig., Contra Cels., I, 57; VI, 11.
[812] Hegesipo, en Eusebio, Hist. eccl., IV, 22; Clem. de Alej., Strom., VII, 17; Constit. apost., VI, 8, 16; XVIII, 1 y sig.; Justino, Apol. I, 26, 56; Ireneo, Adv. hær., I, XXIII, 5; Philosoph., VII, 28; Epif., Adv. hær., XXII y XXIII, init.; Teodoreto, Hær. fab., I, 1, 2; Tertuliano, De præscr., 46; De anima, 50.
[813] La más célebre es la de Dositeo.
[814] Act., VIII, 9; Ireneo, Adv. hær. I, XXIII, 1.
[815] Philosophumena, VI, I, 19, 20. El autor solo atribuye estas perversas doctrinas á los discípulos de Simon. Pero si la escuela tenia esta fisonomía, el maestro debió tambien tener algo de ello.
[816] Examinaremos más tarde lo que encierran estos relatos.
[817] La inscripcion SIMONI·DEO·SANCTO, transmitida por Justino (Apol. I, 26), como hallada en la isla del Tíber y mencionada despues de él por otros padres de la Iglesia, era una inscripcion latina del dios sabino Semo Sancus, SEMONI·DEO·SANCO. Encontróse, en efecto, bajo Gregorio XIII, en la isla de San Bartolomé, una inscripcion, guardada en el Vaticano, que tiene grabada esta dedicatoria. Véase Baronius, Ann. eccl., ad annum 44; Orelli, Inscr. lat., n.º 1860. Habia por aquella época en la isla del Tíber un colegio de bidentales en honor de Semo Sancus, conteniendo varias inscripciones del mismo género. Orelli, n.º 1861 (Mommsen, Inscr. lat. regni Neapol., n.º 6770). Comp. Orelli, n.º 1859; Henzen, n.º 6999; Mabillon, Museum Ital., I, primera parte, p. 84. El n.º 1862 de Orelli no debe tomarse en consideracion (véase Corp. inscr. lat., I, n.º 542).
[818] Este grosero malentendido no se hubiera deshecho sin descubrir antes las Philosophumena, que da extractos textuales de la Apophasis magna (véase VI, I, 19). Tiro fué célebre por sus cortesanas.
[819] Ἐχθρὸς ἄνθρωπος, ἀντικείμενος. Véanse Homil. pseudo-clem., hom. XVII toda entera.
[820] Así, en la literatura pseudo-clementina, el nombre de Simon el Mágico designa por momentos al apóstol San Pablo, á quien el autor quiere mucho.
[821] Es necesario notar que en las Actas no es todavía tratado como enemigo. Solo se le atribuye un sentimiento bajo y se deja creer se arrepentió (VIII, 24). Tal vez todavía vivia Simon cuando fueron escritas estas líneas y sus relaciones con el cristianismo no habian todavía llegado á ser malas.
[822] Jos., Ant., XX, VII, 1.
[823] Act., XII, 1, 25. Nótese toda la contextura de este capítulo.
[824] I Petri, V, 13; Papias, en Eusebio, Hist. eccl., III, 39.
[825] Act., XIII, 2.
[826] Gal., I, 15-16; Act., XXII, 15, 21; XXVI, 17-18; I Cor., I, 1; Rom., I, 1, 5; XV, 15 y sig.
[827] Act., XIII, 5.
[828] El autor de las Actas, partidario de la gerarquía y del poder de la Iglesia, ha podido introducir esta circunstancia. Pablo nada sabe de semejante ordenacion ó consagracion. Él tiene conferida su mision por Jesús y no se cree más ser el enviado por la Iglesia de Antioquía que por la de Jerusalem.
[829] Act., XIII, 3; XIV, 25.
[830] En I Petri, V, 13, Babilonia designa Roma.
[831] Ciceron, Pro Archia, 10.
[832] Jos., B. J., II, XX, 2; VII, III, 3.
[833] Act., XVIII, 24 y sig.
[834] Véase Philon, De vita contemplativa, entero.
[835] Pseudo Hermes, Asclepius, fol. 158 v., 159 r. (Florencia, Juntes 1512).
[836] Ciceron, Pro Flacco, 28; Philon, In Flaccum, § 7; Leg. ad Caium, § 36; Act., II, 5-11; VI, 9; Corp. inscr. gr., n.º 5361.
[837] Lex Wisigoth., libro XII, tít. II y III, en Walter, Corpus juris germanici antiqui, t. I, p. 630 y siguientes.
[838] Véase Vida de Jesús, p. 137.
[839] Philon, In Flacc., § 5 y 6; Jos., Ant., XVIII, VIII, 1; XIX, V, 2; B. J., II, XVIII, 7 y sig.; VII, X, 1; Papiro publicado en las Notices et extraits, XVIII, 2.ª parte, p. 383 y sig.
[840] Dion Casio, XXXVII, 17; LX, 6; Philon, Leg. ad Caium, § 23; Josefo, Ant., XIV, X, 8; XVII, XI, 1; XVIII, III, 5; Hor., Sat., I, IV, 142-143; V, 100; IX, 69 y sig.; Persio, V, 179-184; Suetonio, Tib., 36; Claud., 25; Domit., 12; Juvenal, III, 14; VI, 542 y sig.
[841] Pro Flacco, 28.
[842] Jos., Ant., XIV, X; Suetonio, Julius, 84.
[843] Suet., Tib., 36; Tác., Ann., II, 85; Jos., Ant., XVIII, III, 4, 5.
[844] Dion Casio, LX, 6.
[845] Suetonio, Claudio, 25; Act., XVIII, 2; Dion Casio, LX, 6.
[846] Josefo, B. J., VII, III, 3.
[847] Séneca, fragmento en San Agust., De civ. Dei, VI, 11; Rutilius Numatianus, I, 395 y sig.; Jos., Contra Apion., II, 39; Juvenal, Sat. VI, 544; XIV, 96 y sig.
[848] Philon, In Flacc., § 5; Tác., Hist., V, 4, 5, 8; Dion Casio, XLIX, 22; Juvenal, XIV, 103; Diod. Sic., fragm. I del libro XXXIV y III del libro XL; Philostrato, Vida de Apol., V, 33; I Tes., II, 15.
[849] Jos., Ant., XIV, X; XVI, VI; XX, VIII, 7; Philon, In Flaccum et Legatio ad Caium.
[850] Jos., Ant., XVIII, III, 4, 5; Juvenal, VI, 543 y sig.
[851] Jos., Contra Apion., entero; pasajes precitados de Tácito y de Diodoro de Sicilia; Pompeyo Trogo (Justino), XXXVI, II; Ptolomeo Hefesto ó Queno, en las Script. poet. hist. græci de Westermann, p. 194. Cf. Quintiliano III, VII, 2.
[852] Cic., Pro Flacco, 28; Tácito, Hist., V, 5; Juvenal, XIV, 103-104; Diodoro de Sicilia y Philostrato, lugares citados; Rutilius Numatianus, I, 383 y sig.
[853] Marcial, IV, 4; Am. Marcel., XXII, 5.
[854] Suetonio, Aug., 76; Horacio, Sat., I, IX, 69 y sig.; Juvenal, III, 13-16, 296; VI, 156-160, 542-547; XIV, 96-107; Marcial, Epigr., IV, 4; VII, 29, 34, 54; XI, 95; XII, 57; Rutilius Numat., l. c., y sobre todo Josefo, Contra Apion., II, 13; Philon, Leg. ad Caium, § 26-28.
[855] Marcial, Epigr., XII, 57.
[856] Juvenal, Sat., III, 14; VI, 542.
[857] Juvenal, Sat., III, 296; VI, 543 y sig.; Marcial, Epigr., I, 42; XII, 57.
[858] Marcial, Epigr., I, 42; XII, 57; Estacio, Silvas, I, VI, 73-74. Véase Forcellini, en la voz sulphuratum.
[859] Horacio, Sat., I, V, 100; Juvenal, Sat. VI, 544 y sig.; XIV, 96 y sig.; Apuleyo, Florida, I, 6.
[860] Dion Casio, LXVIII, 32.
[861] Tácito, Hist., V, 5, 9; Dion Casio, LXVII, 14.
[862] Horacio, Sat., I, IX, 70; Judæus Apella parece encerrar una broma del mismo género (véanse los escoliastas Acron y Porfirion, sobre Hor., Sat., I, V, 100; compárese el pasaje de S. Avito, Poemata, V, 364, citada por Forcellini en la voz Apella, pero que yo no encuentro ni en las ediciones de este Padre, ni en el antiguo manuscrito latino, Bibl. Imp., n.º 11320, tal como la da el sabio lexicógrafo); Juvenal, Sat., XIV, 99 y sig.; Marcial, Epigr., VII, 29, 34, 54; XI, 95.
[863] Josefo, Contra Apion., II, 39; Tác., Ann., II, 85; Hist., V, 5; Hor., Sat., I, IV, 142-143; Juvenal, XIV, 96 y sig.; Dion Casio, XXXVII, 17; LXVII, 14.
[864] Marcial, Epigr., I, 42; XVII, 57.
[865] Juvenal, Sat., VI, 546 y sig.
[866] Josefo, Ant., XVIII, III, 5; XX, II, 4; B. J., II, XX, 2; Act., XIII, 50; XVI, 14.
[867] Loc. cit.
[868] Josefo, Ant., XX, II, 5; IV, 1.
[869] Pasajes citados. Estrabon demuestran más justicia y penetracion (XVI, II, 34 y sig.). Comp. Dion Casio, XXXVII, 17 y siguientes.
[870] Tác., Hist., V, 5.
[871] Josefo, Contra Apion., II, 39.
[872] Marcial, XII, 57.
[873] Jos., Ant., XIV, X, 6, 11-14.
[874] Ecclesiástico, X, 25, 26, 27.
[875] Rom., I, 24 y sig.
[876] Zac., VIII, 23.
[877] Hor., Sat., I, IX, 69; Persio, V, 179 y sig.; Juvenal, Sat., VI, 159; XIV, 96 y sig.
[878] Contra Apion., II, 39.
[879] Aulo Persio, V, 179-184; Juvenal, VI, 157-160. La grave preocupacion del judaismo que se observa en los escritores romanos del primer siglo, sobre todo en los satíricos, proviene de esta circunstancia.
[880] Juvenal, Sat., III, 62 y sig.
[881] Cic., De prov. consul., 5.
[882] Los niños que me habian parecido bonitos en mi primer viaje los encontré, cuatro años más tarde, feos, comunes y vulgares.
[883] Πατρῴοις θεοῖς, fórmula muy frecuente en las inscripciones sirias (Corpus inscr. græc., números 4449, 4450, 4451, 4463, 4479, 4480, 6015).
[884] Corpus inscr. græc., números 4474, 4475, 5936; Mission de Phénicie, l. II, c. II, inscripcion de Abedat. Comp. Corpus, números 2271, 5853.
[885] Ζεὺς οὐράνιος, ἐπουράνιος, ὕψιστος, μέγιστος, θεὸς σατράπης. Corpus inscr. græc., números 4500, 4501, 4502, 4503, 6012; Lepsius, Denkmæler, t. XII, fol. 100, n.º 590; Mission de Phénicie, p. 103, 104 y sig.
[886] He desarrollado esto en el Journal Asiatique, febrero y marzo de 1859, p. 259 y sig., y en la Mission de Phénicie, l. II, c. II.
[887] Código sirio, en Land, Anecdota Syriaca, I, p. 152; hechos diversos de los cuales he sido testigo.
[888] Nacido en el Haurán.
[889] Véase Forcellini, en la palabra Syrus. Esta palabra designaba en general á los orientales. Leblant, Inscript. chrét. de la Gaule, I, p. 207, 328-329.
[890] Juvenal, III, 62, 63.
[891] Tal es hoy el temperamento del Sirio cristiano.
[892] Inscripciones en las Mém. de la Soc. des Antiquaires de Fr., t. XXVIII, 4 y sig.; en Leblant, Inscript. chrét. de la Gaule, I, p. CXLIV, 207, 324 y sig., 353 y sig., 375 y sig.; II, 259, 459 y sig.
[893] Los Maronitas colonizan todavía casi todo el Levante á la manera de los Judíos, de los Armenios, y de los Griegos, aunque en menor escala.
[894] Léase Ciceron, De offic., I, 42; Dionisio de Halicarnaso, II, 28; IX, 25.
[895] Véanse los tipos de esclavos en Plauto y Terencio.
[896] II Cor., XII, 9.
[897] Tácito, Ann., II, 85.
[898] Tácito, Ann., I, 2; Floro, IV, 3; Pomponio, en el Digesto, l. I, tít. II, fr. 2.
[899] Helicon, Apeles, Eucéres, etc. Los reyes de Oriente eran considerados por los romanos como los maestros en tiranía de sus malos emperadores. Dion Casio, LIX, 24.
[900] Véase la inscripcion del parásito de Antonio, en los Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L., 1864, p. 166 y sig. Compárese Tácito, Ann., IV, 55-56.
[901] Véase como ejemplo, la oracion fúnebre de Turia por su esposo Q. Lucrecio Vespillo; texto epigráfico publicado por la primera vez de una manera completa por Mommsen en las Mémoires de l’Academie de Berlin de 1863, p. 455 y sig. Compárese la oracion fúnebre de Murdia (Orelli, Inscr. lat., núm. 4860) y la de Matidia por el emperador Adriano (Mém. de l’Academie de Berlin, vol. citado, p. 483 y sig.) Suelen preocuparse muchos por los pasajes de los satíricos latinos donde se ponen en relieve los vicios de las mujeres muy severamente. Pero esto es como si se tratara el cuadro de las costumbres generales del siglo XVII, segun Mathurin Regnier y Boileau.
[902] Orelli, números 2647 y sig., sobre todo 2677, 2742, 4530, 4860. Henzen, números 7382 y sig., sobre todo núm. 7406; Renier, Inscr. de l’Algerie, núm. 1987. Estos epítetos pueden haber sido con frecuencia engañosos, pero prueban al menos la importancia que se daba á la virtud.
[903] Plinio, Epist., VII, 19; IX, 13; Apiano, Guerras civiles, IV, 36. Fannia siguió dos veces al destierro á su esposo Helvidio Prisco; y fué desterrada por tercera vez despues de su muerte.
[904] El heroismo de Arria es conocido de todos.
[905] Suetonio, Aug., 73; Oracion fúnebre de Turia, I, línea 30.
[906] Oracion fúnebre de Turia, I, línea 31.
[907] La opinion mucho más severa de San Pablo (Rom. I, 24 y sig.) se explica del mismo modo. San Pablo no conocia á la alta sociedad romana, y sus invectivas son esas de que hacen uso los predicadores y que no deben nunca tomarse al pié de la letra.
[908] Séneca, Epist., XII, XXIV, XXVI, LVIII, LXX; De ira, III, 15; De tranquillitate animi, 10.
[909] Apocal., XVII. Cf. Séneca, Epist., XCV, 16 y sig.
[910] Suetonio, Aug. 48.
[911] Los ejemplos son innumerables en las inscripciones.
[912] Plutarco, Præc. ger. reipubl., XV, 3-4; An seni sit ger. resp., entero.
[913] Jos., Ant., XIV, X, 22, 23. Comp. Tácito, Ann., IV, 55-56; Rutilius Numatianus, Itin., I, 63 y sig.
[914] «Inmensa romanæ pacis majestas.» Plinio, Hist. nat., XXVII, 1.
[915] Elio Arístides, Elogio de Roma; Plutarco, tratado de la Fortuna de los Romanos, comienzo; Philon, Leg. ad Caium, § 21, 22, 39, 40.
[916] Dionisio de Halicarnaso, Antigüedades romanas, I, principio.
[917] Plutarco, Vida de Solon, 20.
[918] Véase Ateneo, XII, 68; Eliano, Var. Hist., IX, 12; Suidas, en la voz Ἐπίκουρος.
[919] Tácito, Ann., I, 2.
[920] Estúdiese el carácter de Euthyphron, en Platon.
[921] Diog. Laercio, II, 101, 116; V, 5, 6, 37, 38; IX, 52; Ateneo XIII, 92; XV, 52; Eliano, Var. Hist., II, 23; III, 36; Plutarco, Pericles, 32; De plac. philos., I, VII, 2; Diod. Sic., XIII, VI, 7; Escol. de Aristófanes, en Aves, 1073.
[922] En particular, bajo Vespasiano; caso de Helvidio Prisco.
[923] Trataremos sin embargo de demostrar más adelante que estas persecuciones, cuando menos hasta la de Decio, se han exagerado.
[924] Los primeros cristianos son, en efecto, muy respetuosos para con la autoridad romana. Rom., XIII, 1 y sig.; I Petri, IV, 14-16. Para San Lucas, véase más arriba, Introd., [p. XXIII-XXIV].
[925] Diógenes Laercio, VII, I, 32, 33; Eusebio, Prepar. Evang. XV, 15; y, en general, el De legibus y el De officiis de Ciceron.
[926] Terencio, Heautont., I, I, 77; Cic. De finibus bon. et mal., V, 23; Partit. orat., 16, 24; Ovidio, Fastos, II, 684; Lucano, VI, 54 y sig.; Séneca, Epist., XLVIII, XCV, 51 y sig.; De ira, I, 5; III, 43; Arriano, Dissert de Epict., I, IX, 6; II, V, 26; Plutarco, De la fort. de los Rom., 2; De la fort. de Alejandro, I, 8, 9.
[927] Virgilio, Egl., IV; Séneca, Medea, 375 y sig.
[928] Tác., Ann., II, 85; Suetonio, Tib., 35; Ovidio, Fast., II, 497-514.
[929] Las inscripciones de mujeres contienen frases sublimes. «Mater omnium hominum, parens omnibus subveniens,» en Renier, Inscr. de l’Algerie n.º 1987. Comp. ibid., n.º 2756; Mommsen, Inscr. R. N., n.º 1431, «Duobus virtutis et castitatis exemplis,» Not. et mém. de la Soc. de Constantine, 1865, pág. 158. Véase la inscripcion de Urbanille, en Guérin, Voy. archéol. dans la rég. de Tunis, I, 289 y la deliciosa inscripcion, Orelli, núm. 4648. Muchos de estos textos son posteriores al primer siglo, pero no eran nuevos los sentimientos que expresaban cuando se escribieron.
[930] Propos de table, I, V, 1; Vida de Demóst., 2; el diálogo Del amor, 2; y sobre todo el Consuelo á su esposa.
[931] «Caritas generis humani,» Cic., De finibus, V, 23. «Homo sacra res homini,» Séneca, Epist.., XCV, 33.
[932] Séneca, Epist., XXXI, XLVII; De benef., III, 18 y sig.
[933] Tácito, Ann., XIV, 42 y sig.; Suetonio, Claudio, 25; Dion Casio, LX, 29; Plinio, Epist., VIII, 16; Inscrip., de Lanuvium, col. 2, líneas 1-4 (en Mommsen, De coll. et sodal. Rom., ad calcem); Séneca el Orador, Controv., III, 21; VII, 6; Séneca el Filós., Epist., XLVII; De benef., III, 18 y sig.; Columela, De re rustica, I, 8; Plutarco, Vida de Caton el Viejo, 5; De ira, 11.
[934] Epist., XLVII, 13.
[935] Caton, De re rustica, 58, 59, 104; Plutarco, Vida de Caton, 4, 5. Compárense las máximas casi tan duras del Eclesiástico, XXXIII, 25 y sig.
[936] Tácito, Ann., XIV, 60; Dion Casio, XLVII, 10; LX, 16; LXII, 13; LXVI, 14; Suetonio, Caius, 16; Apiano, Guerras civiles, IV, desde el capítulo XVII (sobre todo el cap. XXXVI y sig.) hasta el cap. LI. Juvenal, VI, 476 y sig., describe las costumbres de la peor sociedad.
[937] Horacio, Sat., I, VI, 1 y sig.; Cic., Epist., III, 7; Séneca el Orador, Controv., I, 6.
[938] Suetonio, Caius, 15, 16; Claudio, 19, 23, 25; Neron, 16; Dion Casio, LX, 25, 29.
[939] Tácito, Ann., VI, 17; comp. IV, 6.
[940] Tácito, Ann., XIII, 50-51; Suetonio, Neron, 10.
[941] Epitafio del joyero Evodio (hominis boni, misericordis, amantis pauperes), Corpus inscr. lat., n.º 1027, inscripcion del siglo de Augusto. (Cf. Egger, Mém. d’hist. anc. et de phil., p. 351 y sig.); Perrot, Exploration de la Galatie, etc., p. 118-119, πτωχοὺς φιλέοντα; Oracion fúnebre de Matidia, por Adriano (Mém. de l’Acad. de Berlin para 1863, p. 489); Mommsen, Inscr. regni Neap., n.º 1431, 2868, 4880; Séneca el Orador, Controv., I, 1; III, 19; IV, 27; VIII, 6; Séneca el Filósofo, De clem., II, 5, 6; De benef., I, 1; II, 11; IV, 14; VII, 31. Compárese Leblant, Inscr. chrét. de la Gaule, II, p. 23 y sig.; Orelli, n.º 4657; Fea, Framm. de’ fasti consol., p. 90; R. Garrucci, Cimitero degli ant. Ebrei, p. 44.
[942] Corpus inscr. græc., n.º 2758.
[943] Ibid., n.º 2194 b, 2511, 2759 b.
[944] Es preciso recordar que Corinto en la época romana era una colonia de extranjeros, establecida, en el mismo lugar que ocupaba la antigua ciudad, por César y por Augusto.
[945] Luciano, Demonax, 57.
[946] Dion Casio, LXVI, 15.
[947] Véase sobre todo Elio Arístides, tratado contra la comedia, (I, p. 751 y sig., edic. Dindorf).
[948] Es notable que en varias ciudades del Asia Menor los restos de los teatros antiguos son todavía hoy otros tantos focos de prostitucion. Comp. Ovidio, Arte de Amar, I, 89 y sig.
[949] Orelli-Henzen, núms. 1172, 3362 y sig., 6669; Guérin, Voy. en Tunisie, II, p. 59; Borghesi, Obras completas, IV, p. 269 y sig.; E. Desjardins, De tabulis alimentariis (París 1854); Aurelio Victor, Epítome, Nerva; Plinio, Epist., I, 8; VII, 18.
[950] Inscripcion en Desjardins, op. cit., parte II, cap. I.
[951] Suetonio, Aug., 41, 46; Dion Casio, LI, 21; LVIII, 2.
[952] Tácito, Ann., II, 87; VI, 13; XV, 18, 39; Suetonio, Aug., 41, 42; Claudio, 18. Comp. Dion Casio, LXII, 18; Orelli, n.º 3358 y sig.; Henzen, 6662 y sig.; Forcellini, en el artículo Tessera frumentaria.
[953] Odisea, VI, 207.
[954] Eurípides, Suppl., v. 773 y sig.; Aristóteles, Retór., II, VIII; Ética á Nicómaco, VIII, I; IX, X. Véase Estobeo, Florilegio, XXXVII y CXIII, y, en general, los fragmentos de Menandro y de los cómicos griegos.
[955] Aristóteles, Política, VI, III, 4 y 5.
[956] Ciceron, Tusculanas, IV, 7, 8; Séneca, De clem., II, 5, 6.
[957] Papiro del Louvre, n.º 37, col. 1, ligne 21, en las Notices et extraits, t. XVIII, 2.ª parte, p. 298.
[958] Véase más arriba, [p. 123].
[959] Apoc., XVII y sig.
[960] Virgilio, Egl. IV; Georg. I, 463 y sig.; Horacio, Od., I, II; Tácito, Ann., VI, 12; Suetonio, Aug., 31.
[961] Véase, por ejemplo, De republ., III, 22, citado y conservado por Lactancio, Instit. div., VI, 8.
[962] Véase, por ejemplo, la admirable carta XXXI á Lucilio.
[963] Suetonio, Vesp., 18; Dion Casio, t. VI, pág. 558 (edic. Sturz); Eusebio, Chron., en el año 89; Plinio, Epist., I, 8; Henzen, Suppl. à Orelli, p. 124, núm. 1172.
[964] Oracion fúnebre de Turia, I, líneas 30-31.
[965] Véase sobre todo el primer libro de Valerio Máximo, la obra de Julius Obsequens sobre los Prodigios y los Discursos sagrados de Elio Arístides.
[966] Augusto (Suetonio, Aug., 90-92), César mismo, segun se dice (Plinio Hist. nat., XXVIII, IV, 7, pero tengo mis dudas), participaban de ella.
[967] Manilio, Higino, traducciones de Arato.
[968] Ciceron, Pro Archia, 10.
[969] Suetonio, Claudio, 25.
[970] Josefo, Ant., XIX, V, 3.
[971] Bereschith rabba, cap. LXV, fol. 65 b; du Cange, en la voz matricularius.
[972] Ciceron, De legibus, II, 8; Vopiscus, Aureliano, 19.
[973] «Religio sine superstitione.» Oracion fúnebre de Turia, I, líneas 30-31. Véase el Tratado de la supersticion de Plutarco.
[974] Véase Meliton, Περὶ ἀληθείας, en el Spicilegium syriacum de Cureton, p. 43 ó en el Spicil. Solesmense de dom Pitra, t. II, p. XLI, para darse cuenta de la impresion que esto producia en los judíos y cristianos.
[975] Suetonio, Aug., 52; Dion Casio, LI, 20; Tácito, Ann., I, 10; Aurelio Victor, Cæs., 1; Apiano, Bell. Civ., V, 132; Jos., B. J., I, XXI, 2, 3, 4, 7; Noris, Cenotaphia Pisana, dissert. I, cap. 4; Kalendarium Cumanum, en Corpus inscr. lat., I, p. 310, Eckhel, Doctrina num. vet., parte 2.ª, vol. VI, p. 100, 124 y sig.
[976] Tácito, Ann., IV, 55-56. Comp. Valerio Máximo, pról.
[977] Corinto; la única ciudad de Grecia que contó en los primeros siglos con un cristianismo considerable, no era ya en aquella época una ciudad helénica.
[978] Heráclides, Cornutus. Comp. Cic., De natura deorum, III, 23-25, 60, 62-64.
[979] Plutarco, Consolatio ad uxorem, 10; De sera numinis vindicta, 22. Heuzey, Mission de Macédoine, p. 128; Revue archéologique, Abril 1864 p. 282.
[980] Lucrecio, I, 63 y sig.; Salustio, Catil., 52; Cic., De nat. deorum, II, 24, 28; De divinat., II, 33, 35, 57; De haruspicum responsis, casi entero; Tuscul., I, 16; Juvenal, Sat. II, 149-152; Séneca, Epist., XXIV, 17.
[981] «Sua cuique civitati religio est, nostra nobis.» Cic., Pro Flacco, 28.
[982] Cic., De nat. deorum, I, 30, 42; De divinat., II, 12, 33, 35, 72; De harusp. resp., 6, etc.; Tito Livio, I, 19; Quinto Curcio, IV, 10; Plutarco, De plac. phil., I, VII, 2; Diod. Sic., I, II, 2; Varron, en S. Agust., De civit. Dei, IV, 31, 32; VI, 6; Dionisio de Halic., II, 20; VIII, 5; Valerio Máximo, I, II.
[983] Cic., De divinat., II, 15; Juvenal, II, 149 y sig.
[984] Tác., Ann., XI, 15; Plinio, Epist., X, 97, sub fin. Estúdiese el personaje de Serapio en Plutarco, De Pythiæ oraculis. Comp. De EI apud Delphos, init. Véase sobre todo Valerio Máximo, libro I entero.
[985] Juv., Sat. VI, 489, 527 y sig.; Tácito, Ann., XI, 15. Comp. Luciano Asamblea de los dioses; Tertuliano, Apolog., 6.
[986] Jos., Ant., XVIII, III, 4; Tácito, Ann., II, 85; Le Bas, Inscrip., parte V, n.º 395.
[987] Plutarco, De Pyth. orac., 25.
[988] Véase Luciano, Alexander seu pseudomantis y De morte Peregrini.
[989] Séneca, Epist., XII, XXIV, LXX; Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 5-6; Orelli, 4404.
[990] Dion Casio, LXVI, 13; LXVII, 13; Suetonio, Domit., 10; Tácito, Agrícola, 2, 45; Plinio, Epist., III, 11; Philostrato, Vida de Apolonio, I, VII, entero; Eusebio, Chron., ad ann. Chr. 90.
[991] Dion Casio, LXII, 29.
[992] Arriano, Dissert. de Epicteto, I, II, 21.
[993] Ibid., I, XXV, 22.
[994] Valerio Máximo., I, III; Tito Livio, XXXIX, 8-18; Ciceron, De legibus, II, 8; Dionis. de Halic., II, 20; Dion Casio, XL, 47; XLII, 26; Tertuliano, Apol., 6; Adv. nationes, I, 10.
[995] Propercio, IV, I, 17; Lucano, VIII, 831; Dion Casio, XLVII, 15; Arnobio, II, 73.
[996] Valerio Máximo, I, III, 3.
[997] Dion Casio, XLVII, 15.
[998] Jos., XIV, X. Comp. Ciceron, Pro Flacco, 28.
[999] Suet., Aug., 31, 93; Dion Casio, LII, 36.
[1000] Suet., Aug., 93.
[1001] Dion Casio, LIV, 6.
[1002] Jos., Ant., XVI, VI.
[1003] Ibid., XVI, VI, 2.
[1004] Dion. Casio, LII, 36.
[1005] Jos., B. J., V, XIII, 6. Comp. Suetonio, Aug., 93.
[1006] Suetonio, Tib., 36; Tác., Ann., II, 85; Jos., Ant., XVIII, III, 4, 5; Philon, In Flaccum, § 1; Leg. ad Caium, § 24; Séneca, Epist., CVIII, 22. El aserto de Tertuliano (Apolog., 5), reproducido por otros escritores eclesiásticos, acerca de cuál seria la intencion de Tiberio al colocar á Jesucristo en el rango de los dioses, no merece ser discutida.
[1007] Dion Casio, LX, 6.
[1008] Tácito, Ann., XI, 15.
[1009] Dion Casio, LX, 6; Suetonio, Claudio, 25; Act., XVIII, 2.
[1010] Dion Casio, LX, 6.
[1011] Jos., Ant., XIX, V, 2; XX, VI, 3; B. J., II, XII, 7.
[1012] Suet., Neron, 56.
[1013] Tácito, Ann., XV, 44; Suetonio, Neron, 16. Esto se desarrollará más tarde.
[1014] Tácito, Ann., XIII, 32.
[1015] Comp. Dion Casio (Xiphilin), Domit., sub fin.; Suetonio, Domit., 15. Esta distincion se hace formalmente en el Digesto, l. XLVII, tít. XXII, de Coll. et Corp., 1 y 3.
[1016] Cic., Pro Flacco, 28.
[1017] Esta distincion se indica en las Actas, XVI, 20-21. Cf. XVIII, 13.
[1018] Cic., Pro Flacco, 28; Juvenal, XIV, 100 y sig.; Tácito, Hist., V, 4, 5; Plinio, Epist., X, 97; Dion Casio, LII, 30.
[1019] Jos., B. J., VII, V, 2.
[1020] Elio Arístides, Pro Serapide, 53; Juliano, Orat. IV, p. 136 de la edicion de Spanheim, y las planchas grabadas recogidas por Leblant en el Bulletin de la Soc. des Antiq. de Fr., 1859, p. 191-195.
[1021] Tác., Ann., II, 85; Suet., Tib., 36; Jos., Ant., XVIII, III 4-5; carta de Adriano, en Vopiscus, Vita Saturnini, 8.
[1022] Dion Casio, XXXVII, 17.
[1023] Véanse las inscripciones publicadas ó corregidas en la Revue archéol., nov. 1864, 397 y sig.; dic. 1864, p. 460 y sig.; junio 1865, p. 451-452 y p. 497 y sig.; sept. 1865, p. 214 y sig.; abril 1866; Ross, Inscr. græc. ined., fasc. II, n.º 282, 291, 292; Hamilton, Researches in Asia Minor, vol. II, n.º 301; Corpus insc. græc., núms. 120, 126, 2525 b, 2562; Rhangabé, Antiq. hellen., n.º 811; Henzen n.º 6082; Virgilio, Egl., V, 30. Comp. Harpocracion, Lex., en la palabra ἐρανιστής; Festus, en la palabra Thiasitas; Digesto, XLVII, XXII, de Coll. et Corp., 4; Plinio, Epist., X, 93, 94.
[1024] Aristóteles, Étic. á Nicom., VIII, IX, 5; Plut., Cuest. griegas, 44.
[1025] Wescher, en los Archives des missions scientif., 2.ª série, t. I, p. 432, y Rev. arch. Setiembre 1865, p. 221-222. Cf. Aristóteles, Œeconom., II, 3; Estrabon, IX, I, 15; Corpus inscr. gr. n.º 2271, líneas 13-14.
[1026] Κληρωτοί.
[1027] Κλῆρος. La Etimología eclesiástica de κλῆρος es distinta y alude á la situacion de la tribu de Leví en Israel, pero no es imposible que la palabra se haya tomado primitivamente de las cofradías griegas (cf. Act., I, 25-26; I Petri, V, 3; Clem. de Alej., en Eusebio, H. E., III, 23.) Wescher ha encontrado entre los dignatarios de estas cofradías un ἐπίσκοπος (Rev. arch., Abril 1866). Véase, más arriba, [p. 129]. La asamblea se titulaba algunas veces συναγωγή (Rev. arch., Setiembre 1865, p. 216; Pollux, IX, VIII, 143.)
[1028] Corp. inscr. gr., n.º 126. Comp. Rev. arch., Setiembre 1865, p. 216.
[1029] Wescher, en la Revue archéol., Diciembre 1864, p. 460 y sig.
[1030] Véase más arriba, p. 348, [nota 979].
[1031] Á las cofradías griegas les sucedia tambien algo de esto. Inscrip. en la Rev. arch., Diciembre 1864, p. 462 y sig.
[1032] Digesto, XLVII, XXII, de Coll. et Corp., 4.
[1033] Tito Livio, XXIX, 10 y sig.; Orelli y Henzen, Inscr. lat., c. V. § 21.
[1034] Dion Casio, LII, 36; LX, 6.
[1035] Tito Livio, XXXIX, 8-18. Comp. el decreto epigráfico en el Corpus inscr. latinarum, I, p. 43-44. Cf. Cic., De legibus, II, 8.
[1036] Cic., Pro Sext., 25; In Pis., 4; Asconio, In Cornelianam, 75, (edic. Orelli); In Pisonianam, p. 7-8; Dion Casio, XXXVIII, 13, 14; Digesto, III, IV, Quod cujusc., 1; XLVII, XXII, de Coll. et Corp., entero.
[1037] Suetonio, Domit., 1; Dion Casio, XLVII, 15; LX, 6; LXVI, 24., pasajes de Tertuliano y de Arnobio precitados.
[1038] Suetonio, César, 42; Aug., 32; Jos., Ant., XIV, X, 8; Dion Casio, LII, 36.
[1039] «Kaput ex S. C. P. R. Quibus coire, convenire, collegiumque habere liceat. Qui stipem menstruam conferre volent in funera, ii in collegium coeant, neque sub specie ejus collegi nisi semel in mense coeant conferendi causa unde defuncti sepeliantur.» Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., líneas 10-13, en Mommsen, De collegiis et sodaliciis Romanorum (Kiliæ, 1843), p. 81-82 y ad calcem. Cf. Digesto, XLVII, XXII, de Coll. et Corp., 1; Tertuliano, Apolog., 39.
[1040] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3, 7; Digesto, XLVII, XXII, de Coll. et Corp., 3.
[1041] Digesto XLVII, XI, de Extr. crim., 2.
[1042] Ibid., XLVII, XXII, de Coll. et Corp., 1 y 3.
[1043] Heuzey, Mission de Macédoine, p. 71 y sig.; Orelli, Inscr., n.º 4093.
[1044] Orelli, 2409; Melchiorri y P. Visconti, Silloge d’iscrizioni antiche, p. 6.
[1045] Véanse las piezas relativas á los colegios de Esculapio é Higia, de Júpiter Cernenus y de Diana y Antínoo, en Mommsen, op. cit., p. 93 y sig. Comp. Orelli, Inscr. lat., n.º 1710 y sig., 2394, 2395, 2413, 4075, 4079, 4107, 4207, 4938, 5044; Mommsen, op. cit., p. 96, 113, 114; de Rossi, Bullettino di archeol. cristiana, 2.º año, n.º 8.
[1046] Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., línea 6-7; Orelli, 2270; de Rossi, Bullett. di archeol. crist., 2.º año, n.º 8.
[1047] Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 11-13; Orelli, 4420.
[1048] Inscripcion de Lanuvium, 1.ª col., líneas 3-9, 21; 2.ª col., líneas 7-17; Mommsen, Inscr. regni Neap., 2559; Marini, Atti, p. 398; Muratori, 491, 7; Mommsen, De coll. et sod., p. 109 y sig., 113. Comp. I Cor., XI, 20 y sig. El presidente de las iglesias cristianas es llamado por los paganos θιασάρχης. Luciano, Peregrinus, 11.
[1049] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., línea 7.
[1050] Inscripcion de Lanuvium, 2.ª col., líneas 24-25.
[1051] Ibid., 2.ª col., líneas 26-29. Cf. Corpus inscr. gr., n.º 126.
[1052] Orelli, Inscr. lat., n.º 2399, 2400, 2405, 4093, 4103; Mommsen, De coll. et sod. Rom., p. 97; Heuzey, l. c. Compárense aún hoy los pequeños cementerios de las cofradías en Roma.
[1053] Hor., Sat., I, VIII, 8 y sig.
[1054] Funeraticium.
[1055] Inscrip. de Lanuvium, 1.ª col., líneas 24, 25, 32.
[1056] Inscrip. de Lanuvium, 2.ª col., líneas 3-5.
[1057] Ciceron, De offic., I, 17; Schol. Bobb. ad Cic., Pro Archia, X, 1. Comp. Plutarco, De frat. amore, 7; Digesto, XLVII, XXII, de Coll. et Corp., 4. En una inscripcion de Roma el fundador de una sepultura estipula que todos cuantos se depositen allí han de ser de su religion, ad religionem pertinentes meam (de Rossi, Bullettino di archeol. crist., tercer año, n.º 7, p. 54).
[1058] Tertuliano, Ad Scapulam, 3; de Rossi, op. cit., tercer año, n.º 12.
[1059] S. Justino, Apol. I, 67; Tertuliano, Apolog., 39.
[1060] Ulpiano, Fragm., XXII, 6; Digesto, III, IV, Quod cujusc., 1; XLVI, I, de Fid. et Mand., 22; XLVII, II, de Furtis, 31; XLVII, XXII, de Coll. et Corp., 1 y 3; Gruter, 322, 3 y 4; 424, 12; Orelli, 4080; Marini, Atti, p. 95; Muratori, 516, 1; Mém. de la Soc. des Antiq. de Fr., XX, p. 78.
[1061] Dig., XLVII, XXII, de Coll. et Corp., entero; Inscr. de Lanuvium, 1.ª col., líneas 10-13; Marini, Atti, p. 552; Muratori, 520, 3; Orelli, 4075, 4115, 1567, 2797, 3140, 3913; Henzen, 6633, 6745; y otras más en Mommsen, op. cit., p. 80 y sig.
[1062] Digesto, XLVII, XI, de Extr. crim., 2.
[1063] Ibid., XLVII, XXII, de Coll. et Corp., 2; XLVIII, IV, ad Leg. Jul. majest., 1.
[1064] Dion Casio, LX, 6. Comp. Suetonio, Neron, 16.
[1065] Véase la correspondencia administrativa de Plinio y de Trajano. Plinio, Epist., X, 43, 93, 94, 97 y 98.
[1066] «Permittitur tenuioribus stipem menstruam conferre, dum tamen semel in mense coeant, ne sub prætextu hujusmodi illicitum collegium coeant (Dig., XLVII, XXII, de Coll. et Corp., 1).» «Servos quoque licet in collegio tenuiorum recipi volentibus dominis (ibid., 3).» Cf. Plinio, Epist., X, 94; Tertuliano, Apol., 39.
[1067] Digesto, I, XII, de Off. præf. urbi, 1, § 14 (cf. Mommsen, op. cit., p. 127); III, IV, Quod cujusc., 1; XLVII, XX, de Coll. et Corp., 3. Es preciso notar que el excelente Marco Aurelio extendió cuanto pudo el derecho de asociacion. Dig. XXXIV, V, de Rebus dubiis, 20; XL, III, de Manumissionibus, 1; y XLVII, XXII, de Coll. et Corp., 1.
[1068] Véase de Rossi, Bullettino di archeol. cristiana, tercer año, núms. 3, 5, 6, 12. El caso de Pomponia Græcina (Tác., Ann., XIII, 32.) bajo Neron, es ya muy característico, pero no hay seguridad que ella fuese cristiana.
[1069] Véase de Rossi, Roma sotterranea, I, p. 309; y pl. XXI, núm. 12; y las aproximaciones epigráficas hechas por Léon Renier, Comptes rendus de l’Acad. des Inscr. et B.-L., 1865, p. 289 y sig., y por el general Creuly, Rev. arch., Enero 1866, p. 63-64. Comp. de Rossi, Bull., tercer año, núm. 10, p. 77-79.
[1070] I Cor., I, 26 y sig.; Jac., II, 5 y sig.
[1071] Αἶρε τοὺς ἀθέους. Véase la relacion del martirio de S. Policarpo, § 3, 9, 12, en Ruinart, Acta sincera, p. 31 y sig.
[1072] Ebionim. Véase Vida de Jesús, p. 179 y sig., y Jac. II, 5 y sig., Comp. los πτωχοὶ τῷ πνεύματι. Mat., V, 3.
[1073] Véase más arriba, [p. 351], [355].
[1074] Tácito, Ann., XV, 44; Plinio, Epist., X, 97; Suetonio, Neron, 16; Domit., 15; el Philopatris, entero; Rutilius Numatianus, I, 389 y sig.; 440 y sig.
[1075] Juan, XV, 17 y sig.; XVI, 8 y sig., 33; XVII, 15 y sig.
[1076] Jac., I, 27.
[1077] Hablo aquí de las tendencias esenciales y primitivas del cristianismo, y no del cristianismo completamente transformado, sobre todo por los jesuitas de nuestros dias.
[1078] Véase la historia de los orígenes del babismo, referida por Gobineau, Les relig. et les Philos. dans l’Asie centrale (París 1865), p. 141 y sig.; y por Mirza Kazem-beg, en el Journal Asiatique. Yo mismo he tomado de dos personas que conocian muy bien la historia del babismo, datos que confirman el relato de estos dos sabios.
[1079] Gobineau, obra cit. p. 301 y sig.
[1080] Tengo en mi poder otro detalle muy autorizado que dice lo siguiente: algunos sectarios á quienes se queria obligar á que se retractasen fueron atados á la boca de un cañon con una mecha muy larga que ardia lentamente. Entonces se les dijo que se cortaria esta si querian renegar de Bab, pero ellos, tendiendo los brazos hácia el fuego, suplicábanles se apresurasen á consumar su felicidad.