NOTAS
NOTAS DE LA INTRODUCCION
[1] Los grandes resultados obtenidos sobre este punto han sido adquiridos solamente despues de la primera edicion del Sr. Strauss. El eminente crítico, en sus ediciones sucesivas, los ha aprobado con una entera buena fe.
[2] No es necesario recordar que nada en el libro del Sr. Strauss justifica la extraña y absurda calumnia con la cual se ha pretendido desacreditar cerca de personas superficiales un libro cómodo, exacto, ingenioso, concienzudo, aunque maleado en sus partes generales por un sistema exclusivo. El Sr. Strauss nunca ha negado la existencia de Jesús, pues cada página de su libro implica esa existencia. Lo que hay de verdadero es, que el Sr. Strauss supone el carácter individual de Jesús mucho más oscurecido para nosotros que no lo es en realidad.
[3] Si puede llamársele «hombre.»
[4] En lugar de Χριστὸς οὗτος ἦν seguramente se leia Χριστὸς οὗτος ἐλέγετο. Cf. Ant., XX, IX, 1.
[5] Eusebio (Hist. eccl., I, 11, y Demonstr. Evang., III, 5) cita el pasaje sobre Jesús como le leemos ahora en Josefo. Orígenes (Contra Celso, I, 47; II, 13) y Eusebio (Hist. eccl., II, 23) citan otra interpolacion cristiana que no se halla en ninguno de los manuscritos de Josefo llegados á nuestras manos.
[6] Judæ epist., 14.
[7] Las personas que deseen más ámplios detalles pueden leer, además de la obra del Sr. Réville, los trabajos de los Sres. Reuss y Scherer en la Revue de théologie, t. X, XI, XV, nouv. série, II, III, IV, y tambien el de Nicolas en la Revue germanique, Set. y Dic. de 1862, Abril y Junio de 1863.
[8] Así se decia: «Evangelio segun los Hebreos», «Evangelio segun los Egipcios.»
[9] Luc., I, 1-4.
[10] Hech., I, 1. Comp. Luc., I, 1-4.
[11] Á partir de XVI, 10, el autor se da como testigo ocular.
[12] II Tim., IV, 11; Philem., 24; Col., IV, 14. El nombre de Lúcas (contraccion de Lucanus), siendo muy escaso, no hay que temer una de esas homonimias que dejan tanta perplejidad en las cuestiones de crítica relativas al Nuevo Testamento.
[13] Vers. 9, 20, 24, 28, 32. Comp. XXII, 36.
[14] En Eusebio, Hist. eccl., III, 39. No es posible abrigar ni una duda sobre la autenticidad de este pasaje. En efecto, léjos de exagerar la autoridad de Papias, Eusebio no sabe qué hacer de su ingenuidad y su pobre miliarismo, y sale de apuros tratándole de ingenio menguado. Comp. Ireneo, Adv. hær., III, 1.
[15] Es decir, en dialecto semítico.
[16] Luc., I, 1-2; Orígenes, hom. in Luc., I, init.; San Jerónimo, Comment. in Math., prol.
[17] Papias, en Eusebio, H. E., III, 39. Comp. Ireneo, Adv. hær., III, II y III.
[18] Así es como el hermoso relato de Juan, VIII, 1-11, ha estado siempre vacilando sin encontrar su lugar fijo en el cuadro de los evangelios admitidos.
[19] Τὰ ἀπομνημονεύματα τῶν ἀποστόλων, ἃ καλεῖται εὐαγγέλια. Justino, Apol., I, 33, 66, 67; Dial. cum Tryph., 10, 100, hasta 107.
[20] Julio Africano, en Eusebio, Hist. eccl., I, 7.
[21] Apol., I, 32, 61; Dial. cum Tryph., 88.
[22] Legatio pro christ., 10.
[23] Adv. Græc., 5, 7. Cf. Eusebio, H. E., IV, 29; Teodoreto, Hæretic. fabul., I, 20.
[24] Ad Autolycum, II, 22.
[25] Adv. hær., II, XXII, 5; III, I. Cf. Eus., H. E., V, 8.
[26] Iren., Adv. hær., I, III, 6; III, XI, 7; San Hipól., Philosophumena, VI, II, 29 y sig.
[27] Iren., Adv. hær., III, XI, 9.
[28] Euseb., Hist. eccl., V, 24.
[29] I Joann., I, 3, 5. En estilo, inversiones, giros, expresiones favoritas, en todo, ofrecen las dos narraciones la más completa identidad.
[30] Epist. ad Philip., 7.
[31] Euseb., Hist. eccl., III, 39.
[32] Adv. hær., III, XVI, 5, 8. Cf. Euseb., Hist. eccl., V, 8.
[33] Juan, XIII, 23; XIX, 26; XX, 2; XXI, 7, 20.
[34] Juan, XVIII, 15-16; XX, 2-6; XXI, 15-19.
[35] Juan, VI, 65; XII, 6; XIII, 21 y sig.
[36] El modo como Aristion ó Presbyteros Joannes se expresa respecto al evangelio de Márcos en presencia de Papias, implica en efecto una crítica benévola, ó mejor una excusa, que parece demostrar que los discípulos de Juan concebian sobre la misma materia alguna cosa mejor.
[37] Comp. Juan, XVIII, 15 y sig., con Math., XXVI, 58; Juan, XX, 2-6, con Marc., XVI, 7. Véase tambien á Juan, XIII, 24-25.
[38] Juan, I, 14; XIX, 35; XXI, 24 y sig. Comp. la 1.ª epist. de San Juan, I, 3, 5.
[39] Véase, por ejemplo, cap. IX y XI. Nótese el extraño efecto que producen los trozos como los de Juan, XIX, 35; XX, 31; XXI, 20-23, 24, 25, cuando se los compara con la ausencia de toda reflexion que distingue á los sinópticos.
[40] Por ejemplo, IV, 1 y sig.; XX, 12 y sig. Muchas voces recordadas por Juan vuelven á encontrarse en los sinópticos (XII, 16; XV, 20).
[41] Así es que Napoleon vino á ser un liberal en los recuerdos de sus compañeros de destierro, cuando estos últimos, despues de su regreso, se hallaron en medio de la sociedad política del tiempo.
[42] Los versículos XX, 30-31, son evidentemente la antigua conclusion.
[43] Juan, VI, 2, 22; VII, 22.
[44] Por ejemplo, lo que corresponde al anuncio de la traicion de Júdas.
[45] Véase, por ejemplo, Juan, II, 25; III, 32-33, y las largas disputas en los cap. VII, VIII, IX.
[46] Muchas veces se conoce que el autor busca pretextos para colocar algunos discursos.
[47] Además de los sinópticos, véase Hech., Epístolas de San Pablo, Apocal.
[48] Juan, III, 3, 5.
[49] Por ejemplo, el perdon de la mujer pecadora, el conocimiento que tiene Lúcas de la familia de Bethania, su tipo del carácter de Martha correspondiendo al διηκόνει de Juan (XII, 2), el hecho de la mujer que enjugó con sus cabellos los piés de Jesús, una nocion oscura de los viajes de Jesús á Jerusalen, la idea de que en la Pasion compareció delante de tres autoridades, la opinion del autor al creer que algunos discípulos asistian á la crucifixion, el conocimiento que tiene del papel de Annás al lado de Caifás, la aparicion del ángel en la agonía. (Comp. Juan, XII, 28, 29.)
[50] Sobre todo, cap. I y II. Véase XXVII, 3 y sig.; XIX, 51-53, 60; XXVIII, 2 y sig., compar. con Marc.
[51] Marc., V, 41; VII, 34. Una sola vez ofrece Matheo esa particularidad (XXVII, 46).
[52] Luc., XIV, 26. Las reglas del apostolado (cap. X) tienen en ella un carácter muy exaltado.
[53] Luc., XIX, 41, 43-44; XXI, 9, 20; XXIII, 29.
[54] Luc., II, 37; XVIII, 10 y sig.; XXIV, 53.
[55] Luc., III, 23. Omite á Matheo, XXIV, 36.
[56] Luc., IV, 14; XXII, 43, 44.
[57] Por ejemplo, en lo que concierne á Quirinius, Lysanias, Theudas.
[58] Comp. Luc., I, 31; con Math., I, 21.
[59] La comida de Bethania le proporciona dos relatos (VII, 36-48, y X, 38-42).
[60] Luc., II, 21, 22, 39, 41, 42. Es un rasgo ebionita. V. Philosophumena, VII, VI, 34.
[61] La parábola del rico y de Lázaro. Comp. VI, 20 y sig.; 24 y sig.; XII, 13 y sig.; XVI entero; XXII, 35. Comp. Hech., II, 44, 45; V, 1 y sig.
[62] La mujer que unge los piés, Zacheo, el buen ladron, la parábola del fariseo y del publicano, el hijo pródigo.
[63] Por ejemplo, María de Bethania es para él una pecadora convertida.
[64] Jesús llorando sobre Jerusalen, el sudor de sangre, el encuentro de las santas matronas, el buen ladron, etc. Las palabras á las mujeres de Jerusalen (XXIII, 28, 29) no pueden haber sido concebidas sino despues del sitio del año 70.
[65] Véase, por ejemplo, Juan XIX, 23-24.
[66] Gazette des Tribunaux, 10 de Set. y 11 de Noviembre de 1851, 28 de Mayo de 1857.
NOTAS DEL CAPÍTULO PRIMERO
[67] Esta palabra indica sencillamente los pueblos que hablan ó han hablado una de las lenguas llamadas semíticas. Esa designacion es del todo defectuosa, pero es uno de esos vocablos, como «arquitectura gótica», «cifras árabes», que es preciso conservar para entenderse mejor.
[68] Isaías, II, 1-4, y sobre todo los cap. XL y sig.; LX y siguientes; Miqueas, IV, 1 y sig. Es menester tener presente que la 2.ª parte del libro de Isaías, á partir del capítulo XL, no es de Isaías.
[69] Isa., LII, 13 y sig.; y LIII entero.
[70] Ester, IX, 27.
[71] Math., XXIII, 15; Josefo, Vita, 23; B. J., II, XVII, 10; VII, III, 3; Ant., XX, II, 4; Horac., Sat., I, IV; Juv., XIV, 96 y sig.; Tácito, Ann., II, 85; Hist., V, 5; Dion Cassius, XXXVII, 17.
[72] Mischna, Schebiit, X, 9; Talmud de Babil., Niddah, fol. 13 b; Jebamoth, 47 b; Kidduschin, 70 b; Midrasch, Jalkut Ruth, fol. 163 d.
[73] Carta apócrifa de Baruch, en Fabricius, Cod. pseud. V. T., II, 147 y sig.
[74] II libro de los Macabeos, cap. VII, y De Maccabæis atribuido á Josefo. Epístola á los Hebreos, XI, 33 y sig.
[75] III libro (apóc.) de los Macabeos; Rufino, sup. ad Jos., Contra Apionem, II, 5.
[76] Dan., VII, 13 y sig.
[77] Vendidad, XIX, 18, 19; Minokhired, trozo publicado en la Zeitschrift der Deutschen Morgenländischen Gesellschaft, I, 263; Boundehesch, XXXI. La falta de cronología segura para los textos zendo y pelvi deja mucha duda sobre estas semejanzas entre las creencias judías y persas.
[78] Virg., Egl., IV. El Cumæum carmen (V, 4) era una especie de apocalípsis sibilino empapado en la filosofía de la historia familiar al Oriente. Ver á Servius sobre este verso, y Carmina sibyllina, III, 97-817. Tác., Hist., V, 13.
[79] Luc., II, 25 y sig.
NOTAS DEL CAPÍTULO II
[80] Math., XIII, 54 y sig.; Marc., VI, 1 y sig.; Juan, I, 45-46.
[81] No se halla nombrada en los escritos del Antiguo Testamento, ni en Josefo, ni en el Talmud.
[82] Marc., I, 24; Luc., XVIII, 37; Juan, XIX, 19; Hech., II, 22; III, 6. De ahí viene el nombre de Nazarenos dado desde mucho tiempo hace á los cristianos, y con el cual se los designa aún en todos los países musulmanes.
[83] El empadronamiento hecho por Quirino es posterior (diez años á lo ménos) al año en que, segun Lúcas y Matheo, nació Jesús. Los dos evangelios, en efecto, hacen nacer á Jesús bajo el reinado de Heródes (Math., II, 1, 19, 22; Luc., I, 5). El empadronamiento de Quirino tuvo lugar despues de la deposicion de Archelao, es decir, diez años despues de la muerte de Heródes, el 37 de la era de Actio (Josefo, Ant., XVII, XIII, 5; XVIII, I, 1; II, 1). La inscripcion por la cual se pretendia otras veces establecer que Quirino hizo dos empadronamientos se ha reconocido como falsa. En todo caso, el empadronamiento no se habria aplicado sino á los territorios convertidos en provincia romana, y no á las tetrarquías. Los textos por los cuales se pretende probar que algunas de las operaciones de estadística y de catastro ordenadas por Augusto se extendieron al dominio de los Heródes, ó no implican lo que de ello se quiere deducir, ó son de autores cristianos que tomaron este dato del evangelio de Lúcas. Lo que prueba que el viaje de la familia de Jesús á Bethlehem no tiene nada de histórico, es el motivo que se le atribuye. Jesús no era de la familia de David, y aunque lo hubiese sido, no se puede comprender cómo sus parientes habrian sido obligados, por una operacion puramente catastral y rentística, á venir á inscribirse á un lugar abandonado por sus abuelos desde hacia más de mil años. Imponer una obligacion de esta clase hubiera sido para la autoridad romana sancionar pretensiones peligrosísimas.
[84] Cap. XIV de la obra.
[85] Math., II, 1 y sig.; Luc., II, 1 y sig. La omision de este relato en Márcos y los dos trozos paralelos, Math., XIII, 54, y Marc., VI, 1, donde Nazareth figura como «la patria» de Jesús, prueban que semejante leyenda faltaba en el texto primitivo que proporcionó la trama narrativa de los evangelios actuales de Matheo y de Márcos. Sin duda para contestar á numerosas y repetidas objeciones añadieron al principio del evangelio de Matheo reservas cuya contradiccion con el resto del texto no eran bastante flagrantes para creerse en la obligacion de corregir las partes que ántes se habian escrito bajo otro punto de vista. Por el contrario, Lúcas (IV, 16), escribiendo con reflexion, ha empleado, á fin de ser consecuente, una expresion más mitigada. Respecto á Juan, no sabe nada del viaje á Bethlehem; en su concepto, Jesús es sencillamente «de Nazareth» ó «Galileo», y esto en dos circunstancias donde hubiera sido de la más alta importancia recordar su nacimiento en Bethlehem (I, 45, 46; VII, 41-42).
[86] Sábese que el cálculo que sirve de base á la era vulgar fué hecho en el siglo sexto por Dionisio el Menor. Ese cálculo implica ciertos datos puramente hipotéticos.
[87] Math., I, 21; Luc., I, 31.
[88] Gelil haggoyim «círculo de los gentiles.»
[89] Strabon, XVI, II, 35; Jos., Vita, 12.
[90] Luégo se explicará (cap. XIV) el orígen de las genealogías destinadas á emparentarle con la raza de David.—Suprimidas por los Ebionim (Epif., Adv. hær., XXX, 14).
[91] Math., XIII, 55; Marc., VI, 3; Juan, VI, 42.
[92] El rudo aspecto de las ruinas que cubren la Palestina prueba que estaban muy mal construidas las ciudades que no habian sido reedificadas segun el estilo romano. Respecto á la disposicion de las casas, es en la Siria tan sencilla y tan adecuada al clima, que nunca ha debido ser otra.
[93] Math., XII, 46 y sig.; XIII, 55 y sig.; Marc., III, 31 y sig.; VI, 3; Luc., VIII, 19 y sig.; Juan, II, 12; VII, 3, 5, 10; Hech., I, 14.
[94] Math., I, 25.
[95] Esas dos hermanas del mismo nombre implican un hecho singular. Probablemente hay en ello alguna inexactitud hija de la costumbre de dar casi indistintamente á las galileas el nombre de María.
[96] No son etimológicamente idénticos. Ἀλφαῖος es la transcripcion del nombre siro-caldeo Halphai; Κλωπᾶς ó Κλεόπας es una forma abreviada de Κλεόπατρος. Pero tal vez haya en esto una sustitucion artificial de uno al otro; así como los José se hacian llamar «Hegesipo», los Eliakim «Alcimus», etc.
[97] Juan, VII, 3 y sig.
[98] En efecto, los cuatro personajes indicados (Math., XIII, 55; Marc., VI, 3) como hijos de María, madre de Jesús, Santiago, José, Simon y Júdas, vuelven á aparecer como si fuesen hijos de María y de Cleophás (Math., XXVII, 56; Marc., XV, 40; Gal., I, 19; Epist. Jac., I, 1; Epist. Judæ, 1; Euseb., Chron., ad ann. R. DCCCX; Hist. eccl., III, 11, 32; Cons. apos., VII, 46). La hipótesis que proponemos puede únicamente resolver la enorme dificultad que se encuentra en suponer dos hermanas teniendo tres ó cuatro hijos con los mismos nombres, y en admitir que Santiago y Simon, los dos primeros obispos de Jerusalen, calificados de «hermanos del Señor», fuesen verdaderos hermanos de Jesús, los cuales empezaron por serle hostiles para convertirse despues. El evangelista, oyendo llamar á aquellos cuatro hijos de Cleophás «hermanos del Señor», pondria, por equivocacion, sus nombres en el pasaje Math., XIII, 55 = Marc., VI, 3, en lugar del nombre de los verdaderos hermanos que permanecieron en la oscuridad. Así se explica cómo el carácter de los personajes llamados «hermanos del Señor», de Santiago por ejemplo, es tan diferente del de los verdaderos hermanos de Jesús, tal como le traza Juan, VII, 3 y sig. La expresion «hermanos del Señor» evidentemente constituyó en la primitiva iglesia una especie de jerarquía paralela á la de los apóstoles. (Véase I Cor., IX, 5.)
[99] Hech., I, 14.
[100] Marc., VI, 3.
[101] Segun Josefo (B. J., III, III, 2), el más pequeño burgo de Galilea tenía más de cinco mil habitantes. Probablemente hay exageracion.
NOTAS DEL CAPÍTULO III
[102] Juan, VIII, 6.
[103] Testam. de los doce Patr., Leví, 6.
[104] Math. XXVII, 46; Marc. XV, 34.
[105] Traducciones y comentarios judíos, de la época talmúdica.
[106] Mischna, Schabbath, I, 3.
[107] Math., XIII, 54 y sig.; Juan, VII, 15.
[108] Mischna, Schekalim, III, 2; Talmud de Jerusalen, Megilla, halaca XI, Sota, VII, 1; Talmud de Babilonia, Baba Kama, 83 a; Megilla, 8 b y sig.
[109] Math. XXVII, 46; Marc. III, 17; V, 41; VII, 34; XIV, 36; XV, 34. La expresion ἡ πάτριος φωνή, en los escritores de aquel tiempo, designa siempre el dialecto semítico que se usaba en Palestina (II Macab., VII, 21, 27; XII, 37; Hech., XXI, 37, 40; XXII, 2; XXVI, 14; Josefo, Ant., XVIII, VI, 10; XX, sub. fin., etc.). Luégo demostrarémos que algunos de los documentos que sirvieron de base á los evangelios sinópticos fueron escritos en ese dialecto semítico. Lo mismo sucedió respecto á algunos apócrifos (libro IV de los Macab., XVI, ad calcem, etc.). Por último, la cristiandad directamente nacida del primer movimiento galileo (Nazarenos, Ebionim, etc.), que se continuó por mucho tiempo en la Batanea y en el Hauran, hablaba un dialecto semítico. (Euseb., De situ et nomin. loc. heb. á la voz Χωβά; Epif., Adv. hær., XXIX, 7, 9; XXX, 3; San Jerónimo, in Matth., VII, 13; Dial. adv. Pelag., III, 2).
[110] Mischna, Sanhedrin, XI, 1; Talmud de Babilonia, Baba Kama, 82 b y 83 a; Sota, 49 a y b; Menachoth, 64 b; Comp. II, Macab. IV, 10 y sig.
[111] Jos., Ant., XX, XI, 2.
[112] Talmud de Jerusalen, Peah, I, 1.
[113] Jos., Ant., loc. cit.; Oríg., Contra Celsum, II, 34.
[114] Talmud de Jerusalen, Peah, I, 1; Talmud de Babilonia, Menachoth, 99 b.
[115] Los Terapeutas de Filon son una rama de los Esenios. Ese nombre parece ser la traduccion griega de Esenios (Ἐσσαῖοι, asaya, médicos). Filon, De vita contempl., init.
[116] Véanse sobre todo los tratados Quis rerum divinarum hæres sit y De Philanthropia, de Filon.
[117] Pirké Aboth, cap. I y II; Talmud de Jerusalen, Pesachim, VI, 1; Talmud de Babilonia, Pesachim, 66 a; Schabbath, 30 b y 31 a; Joma, 35 b.
[118] La leyenda de Daniel estaba ya formada en el siglo séptimo ántes de J. C. (Ezequiel, XIV, 14 y sig.; XXVII, 3). Para satisfacer las exigencias de la leyenda, se supuso que vivió en el tiempo de la cautividad de Babilonia.
[119] Epist. Judæ, 14 y sig., II Petri, II, 4, 11; Testam. de los doce Patr., Simeon, 5; Leví, 14; Judá, 18; Zab., 3; Dan, 5; Nephtali, 4. El «Libro de Henoch» forma aún una parte integrante de la Biblia etiópica. Tal como le conocemos por la version etiópica, está compuesto con trozos de várias fechas, de los cuales los más antiguos son del año 130 ó 150 ántes de J. C. Algunos de esos trozos tienen analogía con los discursos de Jesús. Compárense los cap. XCVI-XCIX con Lúcas, VI, 24 y sig.
[120] Math., XI, 8.
[121] Math., XXII, 2 y sig.
[122] Math., VI, 13.
[123] Luc., II, 42 y sig. Los evangelios apócrifos están llenos de semejantes historias extravagantes.
[124] Math., XIII, 57; Marc., VI, 4; Juan, VII, 3 y sig.
[125] Math., XII, 48; Marc., III, 33; Luc., VIII, 21; Juan, II, 4; Evangelio segun los Hebreos, en San Jerónimo, Dial. adv. Pelag., III, 2.
[126] Luc., XI, 27 y sig.
NOTAS DEL CAPÍTULO IV
[127] Yaçna, XIII, 24; Teopompo. en Plut., De Iside et Osiride, § 47; Minokhired, trozo publicado en la Zeitschrift der Deutschen Morgenländischen Gesellschaft, I, p. 263.
[128] Virg., Egl. IV; Servius, sobre el verso 4 de la misma égloga; Nigidius, citado por Servius, sobre el verso 10.
[129] Carm. sibyll., libro III, 97-817.
[130] VI, 13; VII, 10; VIII, 7, 11-17; IX, 1-22; y en las partes apócrifas: IX, 10-11; XIV, 13 y sig.; XVI, 20, 24.
[131] Eccl., I, 11; II, 16, 18-24; III, 19-22; IV, 8, 15-16; V, 17, 18; VI, 3, 6; VIII, 15; IX, 9, 10.
[132] Isaías, LX, etc.
[133] El libro entero de Ester respira gran apego por aquella dinastía.
[134] Carta apócrifa de Baruch, en Fabricius, Cod. pseud. V. T., II, pág. 147 y sig.
[135] Job, XXXIII, 9.
[136] Es de notar que Jesús, hijo de Sirach, se mantiene estrictamente en él (XVII, 26-28; XXII, 10-11; XXX, 4 y sig.; XLI, 1-2; XLIV, 9). El autor de la Sabiduría manifiesta un sentimiento del todo contrario (IV, 1, texto griego).
[137] Ester, XIV, 6-7 (apóc.). Epist. apóc. de Baruch. (Fabricius, Cod. pseud. V. T., II, pág. 147 y sig.)
[138] II Macab., VII.
[139] Pirké Aboth, I, 3.
[140] Sabiduría, II-VI; De rationis imperio, atribuido á Josefo, 8, 13, 16, 18. Es preciso notar que el autor de este último tratado no hace valer sino en segundo órden el motivo de remuneracion personal. El principal móvil de los mártires consiste en el amor puro de la Ley, en las ventajas que reportarán al pueblo con su muerte y en la perspectiva de la gloria que alcanzarán sus nombres. Comp. Sabiduría, IV, 1 y sig.; Eccl., cap. XLIV y sig.; Jos., B. J., II, VIII, 10; III, VIII, 5.
[141] Sabiduría, IV, 1; De rat. imp., 16, 18.
[142] II Macab., VII, 9, 14; XII, 43-44.
[143] Teopompo, en Dióg. Laert. Proœm., 9.—Boundehesch, c. XXXI. Los vestigios del dogma de la resurreccion son muy dudosos en el Avesta.
[144] Juan, XI, 24.
[145] Luc., XVI, 22.
[146] Dan., XII, 2.
[147] II Macab., VII, 14.
[148] Jos., Ant., XVIII, V, 1; VII, 1-2; Lúcas, III, 19.
[149] Jos., Ant., XVIII, II, 3; IV, 5; V, 1.
[150] Jos., Ant., XVIII, VII, 2.
[151] Jos., Ant., XVIII, IV, 6.
[152] Jos., Ant., XVII, XII, 2 y B. J., II, VII, 3.
[153] Orelli, Inscr. lat., n.º 3693; Henzen, Suppl., n.º 7041; Fasti prænestini, 6 de Marzo y 28 de Abril (en el Corpus inscr. lat., I, 314, 317); Borghesi, Fastes consulaires, año de 742; R. Bergmann, De inscr. lat. ad P. S. Quirinium, ut videtur, referenda (Berlín, 1854). Tác., Ann., II, 30; III, 48; Strabon, XII, VI, 5.
[154] Jos., Ant., I, XVIII.
[155] Jos., Ant., los libros XVII y XVIII enteros, y B. J., lib. I y II.
[156] Jos., Ant., XV, X, 4. Comp. el libro de Henoch, XCVII, 13-14.
[157] Filon, Leg. ad Caium, § 38.
[158] Jos., Ant., XVII, VI, 2 y sig.; B. J., I, XXXIII, 3 y sig.
[159] Jos., Ant., XVIII, IV y sig.
[160] Mischna, Sanhedrin, IX, 6; Juan, XVI, 2; Jos., B. J., libro IV y sig.
[161] Hech., VII, 9. El versículo 11 hace suponer que Simon el Mago era ya célebre en el tiempo de Jesús.
[162] Discursos de Claudio, en Lyon, tab. II, sub fin. De Boissieu, Inscr. ant. de Lyon, p. 136.
[163] II Sam., XXIV.
[164] Talmud de Babilonia, Baba Kama, 113 a; Schabbath, 33 b.
[165] Jos., Ant., XVIII, I, 1 y 6; B. J., II, VIII, 1; Hech., V, 37. Ántes de Júdas el Gaulonita, los Hechos colocan á otro agitador, Theudas; pero hay un anacronismo, el movimiento de Theudas tuvo lugar en el año 44 de la era cristiana (Jos., Ant., XX, V, 1).
[166] Jos., B. J., II, XVII, 8 y sig.
[167] Luc., XIII, 1. El movimiento galileo de Júdas, hijo de Ezequías, no parece haber tenido un carácter religioso; sin embargo, puede ser que le haya disimulado Josefo (Ant., XVII, X, 5).
[168] Jos., Ant., XVI, VI, 2, 3; XVIII, I, 1.
[169] Jos., B. J., III, III, 1. El horrible estado á que se halla reducido el país, sobre todo cerca del lago de Tiberiade, no puede dar una idea de su antiguo esplendor. Aquellos países, hoy desolados, eran en otro tiempo paraísos terrestres. Los baños de Tiberiade, hoy mansion horrorosa, fueron el más hermoso sitio de la Galilea (Jos., Ant., XVIII, II, 3). Josefo (Bell. Jud., III, X, 8) ensalza los bellos árboles de la llanura de Genesareth, donde ya no se encuentra uno solo. Antonino Mártir, hácia el año 600, es decir, cincuenta años ántes de la invasion musulmana, aún halla á la Galilea cubierta de deliciosos plantíos, y compara su fertilidad con la del Egipto (Itin., § 5).
[170] Math., V, 1; XIV, 23; Luc., VI, 12.
[171] Math., XVII, 1 y sig.; Marc., IX, 1 y sig.; Luc., IX, 28 y sig.
[172] Jos., B. J., III, III, 2.
[173] Jos., Ant., XVIII, II, 2; B. J., II, IX 1; Vita, 12, 13, 64.
[174] Puede uno imaginárselos por algunas huertas de los alrededores de Nazareth. Cant. de cant., II, 3, 5, 13; IV, 13; VI, 6, 10; VII, 8, 12; VIII, 2, 5; Anton. Mártir, l. c. Se ha conservado aún el aspecto de las granjas en el sur del país de Tiro (antigua tribu de Aser); á cada paso se encuentran los vestigios de la antigua agricultura palestina, con sus útiles tallados en la roca (eras, prensas, silos, pilas, muelas, etc.).
[175] Math., IX, 17; XI, 19; Marc., II, 22; Luc., V, 37; VII, 34; Juan, II, 3 y sig.
[176] Luc., II, 41.
[177] Luc., II, 42-44.
[178] Véanse los salmos LXXXIV, CXXII, CXXXIII (Vulg. LXXXIII, CXXI, CXXXII).
[179] Luc., IX, 51-53; XVII, 11; Juan, IV, 4; Jos., Ant., XX, VI, 1; B. J., II, XII, 3; Vita, 52. Sin embargo, frecuentemente los peregrinos iban por la Perea, para evitar la Samaria, algo peligrosa (Math., XIX, 1; Marc., X, 1).
[180] Segun Josefo (Vita, 52), se necesitaban tres dias para hacer el viaje. Pero la etapa entre Sichem y Jerusalen se dividia casi siempre en dos.
[181] Luc., IV, 42; V, 16.
NOTAS DEL CAPÍTULO V
[182] Ésta es la expresion de Márcos, VI, 3. Cf. Math., XIII, 55. Márcos no conoce á José; por el contrario, Juan y Lúcas prefieren la expresion «hijo de José.» (Luc., III, 23; IV, 22; Juan, I, 45; IV, 42.)
[183] Juan, II, 1; IV, 46. Sobre este punto sólo Juan tiene algunas noticias.
[184] Admito como probable la idea de identificar á Caná de Galilea con Kana el-Djelil. Sin embargo, pueden aducirse argumentos en favor de Kefr-Kenna, distante de Nazareth cosa de una hora ú hora y media, al N.-N.-E.
[185] Ahora el-Buttauf.
[186] Juan, II, 11; IV, 46. Uno ó dos discípulos eran de Caná. Juan, XXI, 2; Math., X, 4; Marc., III, 18.
[187] Marc., VI, 3; Justino, Dial. cum Tryph., 88.
[188] Por ejemplo, «Rabbi Johanan el zapatero, Rabbi Isaac el herrero.»
[189] Hech., XVIII, 3.
[190] Cap. IX de la obra.
[191] Luc., VII, 37 y sig.; Juan, IV, 7 y sig.; VIII, 3 y sig.
[192] Los discursos atribuidos á Jesús en el cuarto evangelio contienen ya un gérmen de teología. Pero hallándose estos discursos enteramente en contradiccion con los de los evangelios sinópticos, los cuales representan sin duda las Logia primitivas, deben figurar como documentos de la historia apostólica, y no como elementos de la vida de Jesús.
[193] Math., IX, 9, y las otras narraciones análogas.
[194] Juan, XXI, 15 y sig.
[195] El alma sublime de Filon se encontró aquí, como en otros muchos puntos, de acuerdo con la de Jesús (De confus. ling., § 14; De mig. Abr., § 1; De somniis, II, § 41, etc.).
[196] San Pablo, ad Galatas, IV, 6.
[197] La palabra «cielo», en la lengua rabínica de aquel tiempo, es sinónima del nombre de «Dios», cuya pronunciacion se evitaba. (Comp. Math., XXI, 25; Luc., XX, 4.)
[198] Aparece esta expresion en cada página de los evangelios sinópticos, de los Hechos de los apóstoles, de San Pablo. Si no aparece más que una vez en San Juan (III, 3 y 5) es porque los discursos que se relatan en el cuarto evangelio están muy léjos de representar la verdadera palabra de Jesús.
[199] Dan., II, 44; VII, 13, 14, 22, 27.
[200] Mischna, Berakoth, II, 1, 3; Talmud de Jerusalen, Berakoth, II, 2; Kidduschin, I, 2; Talmud de Babil. Berakoth, 15 a; Mekilta, 42 b; Siphra, 170 b; la expresion aparece frecuentemente en los Midraschim.
[201] Math., VI, 33; XII, 28; XIX, 12; Marc., XII, 34; Luc., XII, 31.
[202] Luc., XVII, 20-21.
[203] La grande teoría del apocalípsis del Hijo del hombre está en efecto reservada, en los sinópticos, para los capítulos que preceden la narracion de la pasion. En Matheo, las primeras predicaciones son enteramente morales.
[204] Math., XIII, 54 y sig.; Marc., VI, 2 y sig.; Juan, VI, 42.
[205] La tradicion sobre la fealdad de Jesús (Justino, Dial. cum Tryph., 85, 88, 100) procede del deseo de ver realizado en él un pretendido rasgo mesiánico (Is., LIII, 2).
[206] Las Logia de San Matheo reunen varios de aquellos axiomas para despues formar con ellos largos discursos. Pero á traves de la forma fragmentaria deja conocer las suturas.
[207] Pirké Aboth es el librito en el cual están coleccionadas las sentencias de los doctores judíos de aquel tiempo.
[208] Indicarémos las semejanzas á medida que se vayan presentando. Por ser la redaccion del Talmud posterior á la de los Evangelios, se ha supuesto que los compiladores judíos plagiaron la moral cristiana. Pero esto no puede admitirse; existia un abismo de separacion entre la iglesia y la sinagoga. Ántes del siglo décimo tercero la literatura cristiana y la literatura judía tuvieron muy poca influencia una sobre otra.
[209] Math., VII, 12; Luc., VI, 31. Se encuentra ya este axioma en el libro de Tobías, V, 16. Hillel usaba de él repetidas veces (Talm. de Babil., Schabbath, 31 a), y como Jesús, decia que él era el compendio de la Ley.
[210] Math., V, 39 y sig.; Luc., VI, 29. Comp. Jeremías, Lament., III, 30.
[211] Math., V, 29-30; XVIII, 9; Marc., IX, 46.
[212] Math., V, 44; Luc., VI, 27. Comp. Talm. de Babil., Schabbath, 88 b; Joma, 23 a.
[213] Math., VII, 1; Luc., VI, 37. Comp. Talm. de Babil., Kethuboth, 105 b.
[214] Luc., VI, 37. Comp. Levit., XIX, 18; Prov., XX, 22; Eccles., XXVIII, 1 y sig.
[215] Luc., VI, 36; Siphré, 51 b (Sultzbach, 1802).
[216] Hech., XX, 35.
[217] Math., XXIII, 12; Luc., XIV, 11; XVIII, 14. Las sentencias referidas por San Jerónimo con arreglo al «Evangelio segun los Hebreos» respiran la misma moral (Comment. in Epist. ad Ephes., V, 4; in Ezech., XVIII; Dial. adv. Pelag., III, 2).
[218] Deuter., XXIV, XXV, XXVI, etc.; Is., LVIII, 7; Prov., XIX, 17; Pirké Aboth, 1; Talm. de Jerus., Peah, I, 1; Talm. de Babil., Schabbath, 63 a.
[219] Math., V, 20 y sig.
[220] Math., V, 22.
[221] Math., V, 31 y sig. Comp. Talm. de Babil., Sanhedrin, 22 a.
[222] Math., V, 33 y sig.
[223] Math., V, 38 y sig.
[224] Math., V, 42. La prohibia la Ley, mas de un modo ménos formal, y la autorizaba el uso (Deut., XV, 7-8; Luc., VII, 41 y sig.).
[225] Math., XXVII, 28. Comp. Talmud, Masseket Kalla (ed. Fürth, 1793), fol. 34 b.
[226] Math., V, 23 y sig.
[227] Math., V, 45 y sig. Comp. Levit., XI, 44; XIX, 2.
[228] Comp. Filon, De mig. Abr., § 23 y 24; De vita contemplativa, entero.
[229] Math., XV, 11 y sig.; Marc., VII, 6 y sig.
[230] Marc., VII, 6 y sig.
[231] Math., VI, 1 y sig. Comp. Eccles., XVII, 18; XXIX, 15; Talm. de Babil., Chagiga, 5 a; Baba Bathra, 9 b.
[232] Math., VI, 5-8.
[233] Math., XIV, 23; Luc., IV, 42; V, 16; VI, 12.
[234] Math., VI, 9 y sig.; Luc., XI, 2 y sig.
[235] Luc., XI, 5 y sig.
[236] Math., V, 23-24.
[237] Isa., I, 11 y sig.; LVIII, entero; Oseas, VI, 6; Malaquías, I, 10 y sig.
[238] Pirké Aboth, I, 2.
[239] Eccles., XXXV y sig.
[240] Talm. de Jerus., Pesachim, VI, 1; Talm. de Babil., Pesachim, 66 a; Schabbath, 31 a.
[241] Quod Deus immut., § 1 et 2; De Abrahamo, § 22; Quis rerum divin. hæres, § 13 y sig.; 55, 58 y sig.; De profugis, § 7 y 8; Quod omnis probus liber, entero. De vita contemplativa, entero.
[242] Talm. de Bab., Pesachim, 67 b.
[243] Talm. de Jerus., Peah, I, 1.
[244] Math., VII, 4-5. Comp. Talm. de Babil., Baba Bathra, 15 b; Erachin, 16 b.
[245] El Talmud, resúmen de aquel gran movimiento de escuelas, no se empezó á escribir sino en el siglo segundo de nuestra era.
NOTAS DEL CAPÍTULO VI
[246] Luc., I, 5; pasaje del evangelio de los Ebionim, conservado por Epifanio (Adv. hær., XXX, 13).
[247] Luc., I, 39. Se ha supuesto, no sin alguna verosimilitud, que «la ciudad de Judá» nombrada en este pasaje de Lúcas, era la ciudad de Jutta. (Josué, XV, 55; XXI, 16.) Robinson (Biblical Researches, I, 494; II, 206) ha vuelto á hallar esa Jutta á dos horas al sur de Hebron, llevando aún el mismo nombre.
[248] Luc., I, 15.
[249] Luc., I, 80.
[250] Math., III, 4; Marc., I, 6; fragm. del evang. de los Ebionim, en Epif., Adv. hær., XXX, 13.
[251] Malaquías, III, 23-24 (IV, 5-6, segun la Vulg.); Eccles., XLVIII, 10 y sig.; Math., XVI, 14; XVII, 10 y sig.; Marc., VI, 15; VIII, 28; Luc., IX, 8, 19; Juan, I, 21, 25.
[252] El feroz Abdallah, bajá de San Juan de Acre, por haberle visto en sueño, de pié sobre la montaña, creyó morir de espanto. En los cuadros de las iglesias cristianas se le presenta rodeado de cabezas cortadas; de él tienen miedo los musulmanes.
[253] Ascension de Isaías, II, 9-11.
[254] Luc., I, 17.
[255] Plinio, Hist. nat., V, 17; Epif., Adv. hær., XIX, 1 y 2.
[256] Josefo, Vita, 2.
[257] El verbo arameo seba, orígen del nombre de los sabianos, corresponde á βαπτίζω.
[258] Es de notar que los Elcaitas, secta sabiana ó bautista, habitaban el mismo país que los Esenios (orilla oriental del mar Muerto) y que se confundieron con ellos (Epif., Adv. hær., XIX, 1, 2, 4; XXX, 16, 17; LIII, 1 y 2; Philosophumena, IX, III, 15 y 16; X, XX, 29).
[259] Ver las noticias de Epifanio sobre Esenios, Hemerobatistas, Nazarenistas, Ossenos, Nazorenos, Ebionitas, Sampseanos (Adv. hær., lib. I y II), y las del autor de Philosophumena sobre los Elcaitas (Lib. IX y X).
[260] Epif., Adv. hær., XIX, XXX, LIII.
[261] Marc., VIII, 4; Jos., Ant., XVIII, V, 2; Justino, Dial. cum Tryph., 17, 29, 80; Epif., Adv. hær., XVII.
[262] Mischna, Pesachim, VIII, 8; Talmud de Babil., Jebamoth, 46 b; Kerithuth, 9 a; Aboda Zara, 57 a; Masseket Gerim (ed. Kirchheim, 1851), p. 38-40.
[263] Math., III, 1; Marc., I, 4.
[264] Luc., III, 3.
[265] Juan, I, 28; III, 26. Todos los manuscritos dicen Bethania; pero como no se conoce ninguna Bethania en aquellos parajes, Orígenes (Comment. in Joann., VI, 24) propuso sustituir Bethabara, y su correccion ha sido generalmente adoptada. Las dos voces tienen significaciones análogas y parecen indicar un lugar donde habia una barca para atravesar el rio.
[266] Ænon es el plural caldeo Ænawan, «fuentes».
[267] Juan, III, 23. Es dudosa la situacion de aquel lugar. La circunstancia que indica el evangelista, hace suponer que no se hallaba muy cerca del Jordan. Sin embargo, los sinópticos están de acuerdo en colocar toda la escena de los bautismos de Juan sobre la orilla de aquel rio (Math., III, 6; Marc., I, 5; Luc., III, 3). La conformidad de los versículos 22 y 23 del cap. III de Juan y de los versículos 3 y 4 del cap. IV del mismo evangelio pudiera hacer creer que Salim estaba en Judea, y por consiguiente en el oasis de Jericó, cerca de la embocadura del Jordan, puesto que en el resto de la tribu de Judá se hallaria difícilmente un solo estanque natural que pudiera servir á la inmersion de una persona. San Jerónimo pretende colocar á Salim mucho más al norte cerca de Beth-Schean ó Scythopolis. Pero Robinson (Bib. Res., III, 333) no pudo hallar nada que justifique semejante alegacion.
[268] Marc., I, 5; Jos., Ant., XVIII, V, 2.
[269] Math., XIV, 5; XXI, 26.
[270] Math., XI, 14; Marc., VI, 15; Juan, I, 21.
[271] Math., XIV, 2; Luc., IX, 8.
[272] Luc., III, 15 y sig.; Juan, I, 20.
[273] Math., XXI, 25 y sig.; Luc., VII, 30.
[274] Math. ya citada.
[275] Math., III, 2.
[276] Math., III, 7.
[277] Luc., III, 11-14; Jos., Ant., XVIII, V, 2.
[278] Math., XXI, 32; Luc., III, 12-14.
[279] Math., III, 9.
[280] Math., III, 7; Luc., III, 7.
[281] Jos., Ant., XVIII, V, 2. Cuando Josefo expone las doctrinas secretas, más ó ménos sediciosas, de sus compatriotas, omite lo que tiene relacion con las creencias mesiánicas; y para no hacer sombra á los romanos, extiende sobre esas doctrinas como un barniz de trivialidad que da á todos los jefes de sectas judías el aspecto de profesores de moral ó de estóicos.
[282] Math., IX, 14.
[283] Luc., III, 11.
[284] Math., III, 13 y sig.; Marc., I, 9 y sig.; Luc., III, 21 y sig.; Juan, I, 29 y sig.; III, 22 y sig. Los sinópticos hacen venir á Jesús hácia Juan ántes de haber desempeñado un papel público. Pero, si Juan reconoció á Jesús, como lo dicen, y le hizo una acogida afectuosa, de suponer es que Jesús fuese un maestro ya renombrado. El cuarto evangelio conduce por dos veces á Jesús hácia Juan, la primera cuando todavía no era conocido, y la segunda con un grupo de discípulos. Sin tocar aquí la cuestion de los itinerarios precisos de Jesús (cuestion inestricable en razon de las contradicciones de los documentos y del poco cuidado que tuvieron los evangelistas de ser exactos en semejante materia), sin negar la posibilidad de un viaje de Jesús hácia Juan en el tiempo en que no tenía mucha notoriedad, adoptamos el dato producido por el cuarto evangelio (III, 22 y sig.), á saber, que Jesús, ántes de bautizar como Juan, tenía ya una escuela organizada. Preciso es tambien recordar que las primeras páginas del cuarto evangelio no son más que notas puestas de extremo á extremo sin ningun órden cronológico.
[285] Luc., I. Son legendarios todos los pormenores de la narracion, y en particular los que se refieren al parentesco de Juan con Jesús.
[286] Juan, III, 22-26; IV, 1-2. El paréntesis del versículo 2 parece ser una glosa agregada, ó quizás un escrúpulo de Juan, corrigiéndose á sí mismo.
[287] Juan, III, 26, IV, 1.
[288] Math., III, 2; IV, 17.
[289] Math., III, 7; XII, 34; XXIII, 33.
[290] Math., XI, 2-13.
[291] Math., XIV, 12.
[292] Luc., III, 19.
[293] Matheo (XIV, 3 en el texto griego) y Márcos (VI, 17) pretenden que fué con Felipe; pero es una inadvertencia. La esposa de Felipe era Salomé, hija de Herodías. (V. Jos., Ant., XVIII, V, 1 y 4.)
[294] Jos., Ant., IV, 2.
[295] Jos., Ant., XVIII, VII, 1, 2; B. J., II, IX, 6.
[296] Jos., Ant., XVIII, V, 1.
[297] Hoy dia, Mkaur, en el ouadi Zerka Main. Ese lugar no ha sido visitado desde Seetzen.
[298] Jos., De Bell. Jud., VII, VI, 1 y sig.
[299] Jos., Ant., XVIII, V, 1.
[300] Levit., XVIII, 16.
[301] Jos., Ant., XV, VII, 10.
[302] Math., XIV, 4; Marc., VI, 19; Luc., III, 19.
[303] Jos., Ant., XVIII, V, 2.
[304] Math., XIV, 5.
[305] Marc., VI, 20. Yo leo ἠπόρει, y no ἐποίει.
NOTAS DEL CAPÍTULO VII
[306] Tobías, VIII, 3; Luc., XI, 24.
[307] Math., IV, 1 y sig.; Marc., I, 12, 13; Luc., IV, 1 y sig. La semejanza sorprendente de estas narraciones con las leyendas análogas del Vendidad (frag. XIX) y del Lalitavistara (cap. XVII, XVIII, XXI) induce á no ver en todo ello sino un puro mito. Pero la narracion pobre y concisa de Márcos, representando evidentemente la redaccion primitiva, supone un hecho efectivo, que más tarde produjo el tema de los desarrollos legendarios.
[308] Math., IV, 12; Marc., I, 14; Luc., IV, 14; Juan, IV, 3.
[309] Math., VII, 29; Marc., I, 22; Luc., IV, 32.
[310] Marc., I, 14-15.
[311] Marc., XV, 43.
[312] Juan, XII, 31; XIV, 30; XVI, 11. Comp. II Cor., IV, 4; Eph., II, 2.
[313] Juan, I, 10; VII, 7; XIV, 17, 22, 27; XV, 18 y sig.; XVI, 8, 20, 33; XVII, 9, 14, 16, 25. La significacion de la palabra «mundo» está particularmente caracterizada en los escritos de Pablo y de Juan.
[314] Math., XIX, 30; XX, 16; Marc., X, 31; Luc., XIII, 30.
[315] Math., XIII, 24 y sig.
[316] Math., XIII, 47 y sig.
[317] Math., XIII, 31 y sig.; Marc., IV, 31 y sig.; Luc., XIII, 19 y sig.
[318] Math., XIII, 33; Luc., XIII, 21.
[319] Math., XIII entero; XVIII, 23 y sig.; Luc., XIII, 18 y sig.
[320] Math., XXII, 30.
[321] Ἀποκατάστασις πάντων. Hech., III, 21.
[322] Math., XVII, 23-26; XXII, 16-22.
[323] Juan, VI, 15.
[324] Stobeo, Florilegium, cap. LXII, LXXVII, LXXXVI y sig.
[325] Juan, VIII, 32 y sig.
[326] Hech., III, 21.
[327] Apocal., XXI, 1, 2, 5.
[328] Las sectas miliarias de Inglaterra ofrecen el mismo contraste, esto es, la creencia en un próximo fin del mundo, y sin embargo, tienen un raro buen sentido en la práctica de la vida, una inteligencia extraordinaria para los negocios del comercio y de la industria.
[329] Math., X, 17-18; Luc., XII, 11.
[330] Math., V, 10 y sig.; X entero; Luc., VI, 22 y sig.; Juan, XV, 18 y sig.; XVI, 2 y sig., 20, 23; XVII, 14.
[331] Luc., XVI, 15.
[332] Math., V, 3, 10; XVIII, 3; XIX, 14, 23-24; XXI, 31; XXII, 2 y sig.; Marc., X, 14-15, 23-25; Luc., IV, 18 y sig.; VI, 20; XVIII, 16-17, 24-25.
[333] Math., XI, 5.
[334] Juan, XV, 19; XVII, 14, 16.
[335] Véase el cap. XVII de San Juan, el cual expresa, si no un discurso verdadero pronunciado por Jesús, al ménos un sentimiento profundamente arraigado en sus discípulos, que sin duda procedia de Jesús.
NOTAS DEL CAPÍTULO VIII
[336] Luc., III, 23; evangelio de los Ebionim, en Epif., Adv. hær. XXX, 13.
[337] Juan, I, 37 y sig.
[338] Ezeq., I, 5, 26 y sig.
[339] Daniel, VII, 13-14. Comp. VIII, 15; X, 16.
[340] En Juan, XII, 34, los judíos no parecen al corriente del sentido de esta palabra.
[341] Libro de Henoch, XLVI, 1, 2, 3; XLVIII, 2, 3; LXII, 9, 14; LXX, 1 (division de Dillmann); Math., X, 23; XIII, 41; XVI, 27-28; XIX, 28; XXIV, 27, 30, 37, 39, 44; XXV, 31; XXVI, 64; Marc. XIII, 26; XIV, 62; Luc., XII, 40; XVII, 24, 26, 30; XXI, 27, 36; XXII, 69; Hech., VII, 55. Pero el pasaje más significativo es: Juan, V, 27; semejante al Apocal., I, 13; XIV, 14. La expresion «Hijo de la mujer» en lugar de Mesías se encuentra una vez en el libro de Henoch, LXII, 5.
[342] Juan, V, 22, 27.
[343] Esta denominacion aparece ochenta y tres veces en los evangelios, y siempre en los discursos de Jesús.
[344] Verdad es que Tell-Hum, que ordinariamente se identifica con Capharnahum, ofrece algunos vestigios de hermosos monumentos. Pero esta identificacion es dudosa, y dichos monumentos son del siglo segundo y tercero despues de Jesús.
[345] Math., IX, 1; Marc., II, 1.
[346] Math., XIII, 54 y sig.; Marc., VI, 1 y sig.; Luc., IV, 16 y sig., 23 y 24; Juan, IV, 44.
[347] Marc., VI, 5; Math., XII, 58; Luc., IV, 23.
[348] Math., XIII, 57; Marc., VI, 4; Juan, VII, 3 y sig.
[349] Luc. IV, 29. Probablemente se trata aquí de la roca á pico que está muy cerca de Nazareth, encima de la iglesia actual de los Maronitas, y no del pretendido monte de la precipitacion, distante media legua de Nazareth. V. Robinson, II, 335 y sig.
[350] Math., IV, 13; Luc., IV, 31.
[351] En Tell-Hum, Irbid (Arbela), Meiron (Mero), Jisch (Giscala), Kasyoun, Nabartein, dos en Kefr-Bereim.
[352] No osaré aún decidir nada respecto á la edad de esos monumentos, ni afirmar por consiguiente que Jesús enseñase en alguno de ellos. En una hipótesis semejante, ¡cuán grande interes no ofreceria la sinagoga de Tell-Hum! Me parece la más antigua de todas la gran sinagoga de Kefr-Bereim, cuyo estilo es bastante puro. La de Kasyoun tiene una inscripcion griega del tiempo de Séptimo Severo. La importancia del judaismo en la alta Galilea, despues de la guerra de los romanos, hace creer que muchos de esos edificios no se remontan más allá del siglo tercero, época en la cual Tiberiade llegó á ser una especie de capital del judaismo.
[353] II Esdras, VIII, 4; Math., XXIII, 6; Epist. Sant., II, 3; Mischna, Megilla, III, 1; Rosch hasschana, IV, 7, etc. Véase sobre todo la curiosa descripcion de la sinagoga de Alejandría en el Talmud de Babil., Sukka, 51 b.
[354] Filon, citado en Eusebio, Præp. evang. VIII, 7, y Quod omnis probus liber, § 12; Luc., IV, 16; Hech., XIII, 15; XV, 21; Mischna, Megilla, III, 4 y sig.
[355] Διάκονος. Marc., V, 22, 35 y sig.; Luc., IV, 20; VII, 3; VIII, 41, 49; XIII, 14; Hech., XIII, 15; XVIII, 8, 17; Apoc., II, 1; Mischna, Joma, VII, 1; Rosch hasschana, IV, 9; Talm. de Jerus., Sanhedrin, I, 7; Epif., Adv. hær., XXX, 4, 11.
[356] Math., V, 25; X, 17; XXIII, 34; Marc., XIII, 9; Luc., XII, 11; XXI, 12; Hech., XXII, 19; XXVI, 11; II Cor., XI, 24; Mischna, Maccoth, III, 12; Talm. de Babil., Megilla, 7 b; Epif., Adv. hær., XXX, 11.
[357] Math., XXIII, 6; Epist. Sant., II, 3; Talm. de Babil., Sukka, 51 b.
[358] Math., IV, 23; IX, 35; Marc., I, 21, 39; VI, 2; Luc., IV, 15, 16, 31, 44; XIII, 10; Juan, XVIII, 20.
[359] Luc., IV, 16 y sig. Comp. Mischna, Joma, VII, 1.
[360] Math., VII, 28; XIII, 54; Marc., I, 22; VI, 1; Luc., IV, 22, 32.
[361] La antigua Kinnereth habia desaparecido ó cambiado de nombre.
[362] Estaba muy cerca de Tiberiade, Talm. de Jerus., Maasaroth, III, 1; Schebiit, IX, 1; Erubin, V, 7.
[363] Marc., VIII, 10. Comp. Math., XV, 39.
[364] En el lugar nombrado Khorazi ó Bir-Kerazeh, más allá de Tell-Hum.
[365] La antigua hipótesis que identificaba á Tell-Hum con Capharnahum, tiene aún numerosos defensores. El mejor argumento en favor de ella es el nombre mismo de Tell-Hum. Tell entra en la composicion del nombre de várias aldeas, y pudo muy bien reemplazar á Caphar. Por otra parte, es imposible encontrar cerca de Tell-Hum una fuente que corresponda á lo que dice Josefo (B. J., III, X, 8). La fuente de Capharnahum parece ser Ain-Medawara; pero Ain-Medawara está á la distancia de media legua del lago, miéntras que Capharnahum era una ciudad de pescadores sobre la orilla misma del mar (Math., IV, 13; Juan, VI, 17). Respecto á Bethsaida, la incertidumbre es todavía mayor; porque la hipótesis muy generalmente admitida de dos Bethsaidas, una sobre la orilla occidental, otra sobre la orilla oriental del lago, distantes una de otra cosa de tres leguas, tiene algo de raro.
[366] La depresion del mar Muerto es del doble. Evaluacion del capitan Lynch, que concuerda con la del Sr. de Berton.
[367] Adopto la opinion del Sr. Thompson (The land and the Book, II, 34 y sig.), segun la cual la Gergesa de Matheo (VIII, 28), idéntica á la ciudad cananea de Girgasch (Gen., X, 16; XV, 21; Deut., VII, 1; Josué, XXIV, 11), pudiera ser el sitio nombrado ahora Kersa ó Gersa, sobre la orilla oriental, casi en frente de Magdala. Márcos (V, 1) y Lúcas (VIII, 26) nombran Gadara ó Gerasa en lugar de Gergesa. Gerasa es del todo imposible, puesto que los evangelistas dicen que la ciudad citada estaba cerca del lago y en frente de la Galilea. Respecto á Gadara, hoy dia Om-Keis, á una hora y media del lago y del Jordan, las particularidades locales suministradas por Márcos y Lúcas no convienen con ella. Se comprende fácilmente que Gergesa se haya cambiado en Gerasa, nombre mucho más conocido, y que despues Gadara haya sido adoptada en razon de las dificultades topográficas que ofrecia esa última lectura.—Oríg., Comment. in Joann., VI, 24; X, 10; Eusebio y San Jerónimo, De situ et nomin. loc. heb., á las voces Γεργεσά, Γεργάσει.
[368] Math., XVI, 13; Marc., VIII, 27.
[369] Math., XV, 21; Marc., VII, 24, 31.
[370] Jos., Ant., XV, X, 3; B. J., I, XXI, 3; III, X, 7; Benjamin de Tudela, p. 46, ed. Asher.
[371] Jos., Ant., XV, X, 3.
[372] Lucianus (ut fertur), De dea Syria, 3.
[373] Los vestigios de la rica civilizacion pagana de aquel tiempo cubren aún todo el Beled-Bescharrah, y particularmente las montañas que forman el cabo Blanco y el cabo Nakoura.
NOTAS DEL CAPÍTULO IX
[374] Math., IV, 18; Luc., V, 44 y sig.; Juan, I, 44; XXI, 1 y sig.; Jos., B. J., III, X, 7; Jacques de Vitri, en el Gesta Dei per Francos, I, p. 1075.
[375] Math., IX, 1; Marc., II, 1-2.
[376] Juan, I, 44.
[377] Math., VIII, 14; Marc., I, 30; Luc., IV, 38; I Cor., IX, 5; I Petr., V, 13; Clem. Alej., Strom., III, 6; VII, 11; Pseud. Clem., Recogn., VII, 25; Eusebio, H. E., III, 30.
[378] Math., VIII, 14; XVII, 24; Marc., I, 29-31; Luc., IV, 38.
[379] Juan, I, 40 y sig.
[380] Math., IV, 18; Marc., I, 16; Luc., V, 3; Juan, XXI, 3.
[381] Math., IV, 19; Marc., I, 17; Luc., V, 10.
[382] Marc., I, 20; Luc., V, 10; VIII, 3; Juan, XIX, 27.
[383] Math., XXVII, 56; Marc., XV, 40; XVI, 1.
[384] Math., XXVII, 56-56; Marc., XV, 40-41; Luc. VII, 2-3; XXIII, 49.
[385] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2; Cf. Tobías, III, 8; VI, 14.
[386] Luc., VIII, 3; XXIV, 10.
[387] Luc., VIII, 3.
[388] Juan, I, 44 y sig.; XXI, 2. Admito la identificacion de Nathanael y del apóstol que figura en las listas bajo el nombre de Bar-Tolomé.
[389] Papias, en Eusebio, Hist. eccl., III, 39.
[390] Traduccion griega de Tomás.
[391] Juan, XI, 16; XX, 24 y sig.
[392] Math., X, 4; Marc., III, 18; Luc., VI, 15; Hech., I, 13; Evang. de los Ebion., en Epif., Adv. hær., XXX, 13.
[393] Hoy dia Kuryetein ó Kereitein.
[394] La circunstancia relatada por Juan, XIX, 25-27, parece suponer que en ninguna época de la vida pública de Jesús se adhirieron á él sus propios hermanos.
[395] Math., XXVII, 56; Marc., XV, 40; Juan, XIX, 25.
[396] Hech., I, 14. Comp. Luc., I, 28; II, 35, implican ya una gran consideracion respecto á María.
[397] Juan, XIX, 25 y sig.
[398] Marc., III, 17; IX, 37 y sig.; X, 35 y sig.; Luc., IX, 49 y sig., 54 y sig.
[399] Juan, XIII, 23; XVIII, 15 y sig.; XIX, 26-27; XX, 2, 4; XXI, 7, 20 y sig.
[400] Math., XVII, 1; XXVI, 37; Marc., V, 37; IX, 1; XIII, 3; XIV, 33; Luc. IX, 28. La idea de que Jesús habia comunicado á esos tres discípulos una gnósis ó doctrina secreta se entendió desde muy temprano. Es cosa particular que Juan, en su evangelio, no haga mencion ni una sola vez de Santiago, su hermano.
[401] Math., IV, 18-22; Luc., V, 10; Juan, XXI, 2 y sig.
[402] Math., XVI, 28; XIV, 22; Marc., VIII, 32 y sig.
[403] Parece haber vivido hasta el año 100. Véase su evangelio, XXI, 15-23, y las antiguas autoridades recogidas por Eusebio, H. E., III, 20, 23.
[404] Segun las epístolas, que seguramente emanan del autor del cuarto evangelio.
[405] No pretendemos, sin embargo, decidir si el Apocalípsis es de Juan.
[406] La tradicion vulgar me parece bastante justificada sobre este punto. Por lo demás, es indudable que la escuela de Juan retocó su evangelio despues de él (véase todo el cap. XXI).
[407] Math., XVIII, 4; XX, 25-26; XXIII, 8-12; Marc., IX, 34; X, 42-46.
[408] Luc., V, 3.
[409] Math., XVII, 23.
[410] Math., XVI, 16-17.
[411] Juan, VI, 68-70.
[412] Math., X, 2; Luc., XXII, 32; Juan, XXI, 15 y sig.; Hech., I, II, V, etc.; Gal., I, 18; II, 7-8.
[413] Math., XVI, 18; Juan, I, 42.
[414] Math., XVI, 19. Verdad es que tambien se concedió (Math. XVIII, 18) el mismo poder á todos los apóstoles.
[415] Math., XVIII, 1 y sig.; Marc., IX, 33; Luc., IX, 46; XXII, 30.
[416] Math., XX, 20 y sig.; Marc., X, 35 y sig.
[417] Marc., X, 41.
[418] Juan, XVIII, 15 y sig.; XIX, 26-27; XX, 2 y sig.; XXI, 7, 21. Comp. I, 35 y sig., donde el discípulo innominado debe ser Juan.
[419] Math., IX, 9; X, 3; Marc., II, 14; III, 18; Luc., V, 27; VI, 15; Hech., I, 13. Evang. de los Ebionim, en Epif., Adv. hær., XXX, 13. Preciso es suponer, aunque el caso parezca raro, que esos dos nombres se aplicaron al mismo personaje. La narracion Math., IX, 9, concebida segun el modelo frecuente de las leyendas de vocaciones de apóstol, tiene, es verdad, algo de vago, y no pudo haber sido escrita por el apóstol mismo de quien se trata. Necesario es recordar que, en el evangelio actual de Matheo, la única parte que pertenece al apóstol son los Discursos de Jesús. (V. Papias, en Eusebio, Hist. eccl., III, 39.)
[420] Ciceron, De provinc. consular., 5; Pro Plancio, 9; Tác., Ann., IV, 6; Plinio, Hist. nat., XII, 32; Apiano, Bell. civ., II, 13.
[421] Fué célebre hasta la época de las Cruzadas bajo el nombre de Via maris.—Isaías, IX, 1; Math., IV, 13-15; Tobías, I, 1. Creo que el camino tallado en la roca, cerca de Ain-et-Tin, formaba parte de él, y que desde allí se dirigia hácia el puente de las hijas de Jacob, como sucede hoy dia. Una parte de la ruta desde Ain-et-Tin hasta el puente es de construccion antigua.
[422] Math., IX, 9 y sig.
[423] Math., V, 46-47; IX, 10, 11; XI, 19; XVIII, 17; XXI, 31-32; Marc., II, 15-16; Luc., V, 30; VII, 34; XV, 1; XVIII, 11; XIX, 7; Luciano, Necyomant., II; Dio Chrys., orat. IV, p. 85; orat. XIV, p. 269; Mischna, Nedarim, III, 4.
[424] Mischna, Baba Kama, X, 1; Talm. de Jerus., Demai, II, 3; Talm. de Babil., Sanhedrin, 25 b.
[425] Luc., V, 29 y sig.
[426] Juan, I, 48 y sig.
[427] Juan, I, 42.
[428] Juan, IV, 17 y sig.
[429] Math., XVII, 3; Marc., IX, 3; Luc., IX, 30-31.
[430] Math., IV, 11; Marc., I, 13.
NOTAS DEL CAPÍTULO X
[431] Math., XIV, 26; Marc., VI, 49; Luc., XXIV, 39; Juan, VI, 19.
[432] Juan, I, 51.
[433] Math., XIII, 1-2; Marc., III, 9; IV, 1; Luc., V, 3.
[434] Math., V, 3-10; Luc., VI, 20-25.
[435] Llamados las Λόγια κυριακά. Papias, en Euseb., H. E., III, 39.
[436] El apólogo, tal cual le hallamos Jueces, IX, 8 y sig.; II Sam., XII, 1 y sig., tiene solamente una semejanza de forma con la parábola evangélica. La profunda originalidad de ésta nace del sentimiento que la llena.
[437] Segun la leccion de Lachmann y Tischendorf.
[438] Math., VI, 19-21, 24-34; Luc., XII, 22-31, 33-34; XVI, 13. Comp. los preceptos Luc., X, 7-8, llenos del mismo sentimiento ingenuo, con Talm. de Babil., Sota, 48 b.
[439] Math., XIII, 22; Marc., IV, 19; Luc., VIII, 14.
[440] Math., VI, 11; Luc., XI, 3. Significacion de la palabra ἐπιούσιος.
[441] Luc., XII, 33-34.
[442] Luc., XII, 20.
[443] Luc., XII, 16 y sig.
[444] Jos., Ant. XVII, X, 4 y sig.; Vita, 11, etc.
[445] Hech., IV, 32, 34-37; V, 1 y sig.
[446] Math., XIII, 22; Luc., XII, 15 y sig.
[447] Math., XIX, 21; Marc., X, 21 y sig., 29-30; Luc., XVIII, 22-23, 28.
[448] Math., XIII, 44-46.
[449] Juan, XII, 6.
[450] Luc., XVI, 1-14.
[451] Véase el texto griego.
[452] Luc., XVI, 19-25. Lúcas tiene una tendencia de comunismo muy marcada (Comp. VI, 20-21, 25-26), y yo creo que exageró ese pormenor de la enseñanza de Jesús. Los rasgos de las Λόγια de Matheo son bastante significativos.
[453] Math., XIX, 24; Marc., X, 25; Luc., XVIII, 25. Esta locucion proverbial vuelve á hallarse en Talmud (Babil., Berakoth, 55 b; Baba metsia, 38 b) y en el Alcoran (Sur. VII, 38). Orígenes, así como los intérpretes griegos, ignorando el proverbio semítico, tradujo maroma (κάμιλος).
[454] Math., XIII, 22.
[455] Salm. CXXXII, 3.
NOTAS DEL CAPÍTULO XI
[456] Math., XXII, 2 y sig.; Luc., XIV, 16 y sig.; Comp. Math., VIII, 11-12; XXI, 33 y sig.
[457] Luc., VI, 24-25.
[458] Luc., XIV, 12-14.
[459] Palabra conservada por una tradicion muy antigua y muy usada. Clem. de Alej., Strom., I, 28. Se encuentra de nuevo en Orígenes, San Jerónimo y en un gran número de Padres de la Iglesia.
[460] Prov., XIX, 17.
[461] Véase particularmente á Amós, II, 6; Isa., LXIII, 9; Salm. XXV, 9; XXXVII, 11; LXIX, 33, y generalmente los diccionarios hebreos en las voces:
אביון, דל, עני, ענו, חסיד, עשיר, הוללים, עריץ.
[462] Henoch, cap. LXII, LXIII, XCVII, C, CIV.
[463] Henoch, cap. XLVI, 4-8.
[464] Henoch, cap. XCIX, 13, 14.
[465] Julio Afric. en Eusebio, H. E., I, 7; Eus., De situ et nom. loc. heb., en la voz Χωβά; Oríg., Contra Celso, II, 1; V, 61; Epif., Adv. hær., XXIX, 7, 9; XXX, 2, 18.
[466] Orígenes, Contra Celso, II, 1; De principiis, IV, 22; Comp. Epif., Adv. hær., XXX, 17. Ireneo, Orígenes, Eusebio, las constituciones apostólicas ignoran la existencia de semejante personaje. El autor de Philosophumena parece estar incierto (VII, 34, 35; X, 22, 23). Tertuliano y Epifanio son los que propalaron la fábula de un Ebion. Por lo demás, todos los padres están de acuerdo sobre la etimología: Ἐβίων = πτωχός.
[467] Epif., Adv. hær., XIX, XXIX, XXX, particularmente XXIX, 9.
[468] Math., XI, 5; Luc., VI, 20-21.
[469] Math., IX, 36; Marc., VI, 34.
[470] Math., IX, 10 y sig.; Luc., XV, entero.
[471] Math., IX, 11; Marc., II, 16; Luc., V, 30.
[472] Math., IX, 12.
[473] Luc., XV, 4 y sig.
[474] Math., XVIII, 11; Luc., XIX, 10.
[475] Math., IX, 13.
[476] Luc., VII, 36 y sig. Lúcas, á quien gusta consignar todo lo que tiene relacion con el perdon de pecadores (Comp. X, 30 y sig.; XV entero; XVII, 16 y sig.; XIX, 2 y sig.; XXIII, 39-43), compuso esa narracion con los rasgos de otra historia, la de la uncion de los piés, que tuvo lugar en Bethania, algunos dias ántes de la muerte de Jesús. Pero el perdon de la pecadora era ciertamente uno de los rasgos esenciales de la vida anecdótica de Jesús.—Juan, VIII, 3 y sig.; Papias, en Eusebio, Hist. eccl., III, 39.
[477] Luc., XIX, 2 y sig.
[478] Math., XXI, 31-32.
[479] Math., XXV, 1 y sig.
[480] Marc., II, 18; Luc. V, 33.
[481] Math., IX, 14 y sig.; Marc., II, 18 y sig.; Luc., V, 33 y sig.
[482] Math., XI, 16 y sig.; Luc., VII, 34 y sig. Refran que significa: «La opinion de los hombres es ciega. La sabiduría de las obras de Dios se divulga por sí misma.» Leo ἔργων, como se halla en el manuscrito B. del Vaticano, y no τέκνων.
[483] Math., XXI, 7-8.
[484] Math., XIX, 13 y sig.; Marc., IX, 35; X, 13 y sig.; Luc., XVII, 15-16.
[485] Ibid.
[486] Math., XXVI, 7 y sig.; Marc., XIV, 3 y sig.; Luc., VII, 37 y sig.
[487] Evangelio de Marcion, adicion al v. 2 del cap. XXIII de Lúcas (Epif., Adv. hær., XLII, 11). Si las supresiones de Marcion no tienen valor crítico, no sucede lo mismo con sus adiciones cuando dimanan, no de propósito fijo, sino del estado de los manuscritos de que hacia uso.
[488] Grito proferido durante la procesion de la fiesta de los Tabernáculos, agitando ramas de palmera. Mischna, Sukka, III, 9. Esta costumbre existe todavía entre los Israelitas.
[489] Math., XI, 15-16.
[490] Math., XVIII, 5, 10, 14; Luc., XVII, 2.
[491] Math., XIX, 14; Marc., X, 14; Luc., XVIII, 16.
[492] Math., XVIII, 1 y sig.; Marc., IX, 33 y sig.; Luc., IX, 46.
[493] Marc., X, 15.
[494] Math., XXI, 25; Luc., X, 21.
[495] Math., X, 42; XVIII, 5, 14; Marc., IX, 36; Luc., XVII, 2.
[496] Math., XVIII, 4; Marc., IX, 33-36; Luc., IX, 46-48.
[497] Luc., XXII, 30.
[498] Marc., X, 37, 40-41.
[499] Luc., XXIII, 43; II Cor., XII, 4. Comp. Carm. Sibyll., prœm., 76; Talm. de Babil., Chagiga, 14 b.
NOTAS DEL CAPÍTULO XII
[500] Math., XI, 2 y sig.; Luc., VII, 18 y sig.
[501] Math., IX, 14 y sig.
[502] Math., XIV, 4 y sig.; Marc., VI, 18 y sig.; Luc., III, 19.
[503] Jos., De bello Jud., VII, VI, 2.
[504] Math., XIV, 3 y sig.; Marc., VI, 14-29; Jos., Ant., XVIII, V, 2.
[505] Jos., Ant., XVIII, V, 1-2.
[506] Math., XIV, 12.
[507] Math., XIV, 13.
[508] Math., XIV, 15 y sig.; Marc., VI, 35 y sig.; Luc., IX, 11; Juan, VI, 2 y sig.
[509] Math., XI, 7 y sig.; Luc., VII, 24 y sig.
[510] Math., XI, 12-13; Luc., XVI, 16.
[511] Malaquías, III y IV; Eccles., XLVIII, 10.
[512] Math., XI, 14; XVII, 10; Marc., VI, 15; VIII, 28; IX, 10 y sig.; Luc., IX, 8, 19.
[513] Math., XVI, 14.
[514] II Macab., XV, 13 y sig.
[515] Textos citados por Anquetil-Duperron, Zend-Avesta, I, 2.ª part., p. 46, rectificados por Spiegel, en la Zeitschrift der Deutschen Morgenländischen Gesellschaft, I, 261 y sig.; extractos del Jamasp-Nameh, en el Avesta de Spiegel, I, p. 34. Ninguno de los textos parsis que implican verdaderamente la idea de profetas resucitados y precursores tienen antigüedad; pero las ideas contenidas en esos textos parecen muy anteriores á la época de su redaccion.
[516] Apoc., XI, 3 y sig.
[517] Marc., IX, 10.
[518] Math., XI, 14; XVII, 10-13; Marc., VI, 15; IX, 10-12; Luc., IX, 8; Juan, I, 21-25.
[519] Luc., I, 17.
[520] Math., XXI, 32; Luc., VI, 29-30.
[521] Hech., XIX, 4.
[522] Luc., I.
[523] Math., III, 14 y sig.; Luc., III, 16; Juan, I, 15 y sig.; V, 32, 33.
[524] Math., XI, 2 y sig.; Luc., VII, 18 y sig.
[525] Hech., XVIII, 25; XIX, 1-5.—Epif., Adv. hær., XXX, 16.
[526] ¿Sería pues el Bunai que el Talmud incluye (Bab., Sanhedrin, 43 a) en el número de los discípulos de Jesús?
[527] Hegesip., en Eusebio, H. E., II, 23.
[528] Evang., I, 26, 33; IV, 2, I Epist., V, 6.—Hech., X, 47.
[529] La palabra Sabiens es el equivalente arameo de la palabra «Bautistas.» Mogtasila tiene en árabe el mismo significado.
NOTAS DEL CAPÍTULO XIII
[530] Sin embargo, los sinópticos aluden vagamente á esos viajes (Math., XXIII, 37; Luc., XIII, 34). Conocen tan bien como Juan la relacion de Jesús con José de Arimathea. El mismo Lúcas (X, 38-42) conoce la familia de Bethania. Lúcas (IX, 51-54) tiene un conocimiento vago del sistema del cuarto evangelio respecto á los viajes de Jesús. Algunos discursos contra los Fariseos y los Saduceos, colocados por los sinópticos en Galilea, no pueden tener sentido si no se colocan en Jerusalen. Por último, el espacio de ocho dias es demasiado corto para explicar todo lo que pasó en aquella ciudad desde la llegada de Jesús hasta su muerte.
[531] Dos peregrinaciones están claramente designadas (Juan, II, 13; V, 1), sin contar el último viaje (VII, 10), despues del cual Jesús no volvió más á Galilea. El primero se habia efectuado cuando Juan bautizaba aún. Por consiguiente, perteneceria á la pascua del año 29. Pero las circunstancias que se refieren como de ese viaje son de una época más avanzada (Comp. Juan, II, 14 y sig.; y Math., XXI, 12-13; Marc., XI, 15-17; Luc., XIX, 45-46). Evidentemente hay trasposiciones de fechas en estos capítulos de Juan, ó más bien habrá mezclado el autor las circunstancias de distintos viajes.
[532] Puede juzgarse por el del Talmud, eco de la escolástica judía de aquel tiempo.
[533] Salm. LXXXIV (vulg. LXXXIII), 11.
[534] Math., XXVI, 73; Marc., XIV, 70; Hech., II, 7; Talm. de Babil., Erubin, 53 a y sig.; Bereschith rabba, 26 c.
[535] Juan, VII, 52.
[536] Isa., IX, 1-2; Math., IV, 13 y sig.
[537] Juan, I, 46.
[538] Sepulcros llamados de los Jueces, de los Reyes, de Absalon, de Zacarías, de Josaphat, de Santiago. Comp. la descripcion del sepulcro de los Macabeos en Modin (I Mac., XIII, 27 y sig.).
[539] Math., XXIII, 27, 29; XXIV, 1 y sig.; Marc., XIII, 1 y sig.; Luc., XIX, 44; XXI, 5 y sig. Comp. Libro de Henoch, XCVII, 13-14. Talm. de Babil., Schabbath, 33 b.
[540] Jos., Ant., XV, XI, 5, 6.
[541] Jos., Ant., XX, IX, 7; Juan, II, 20.
[542] Math. XXIV, 2; XXVI, 61; XXVII, 40; Marc., XIII, 2; XIV, 58; XV, 29; Luc., XXI, 6; Juan, II, 19-20.
[543] Es indudable que el templo y su recinto ocuparon el sitio de la Mezquita de Omar y del haram, ó Patio Sagrado que rodea la Mezquita. El terraplen del haram en algunas de sus partes, y particularmente donde van á llorar los judíos, forma el basamento del templo de Heródes.
[544] Luc., II, 46 y sig.; Mischna, Sanhedrin, X, 2.
[545] Suet., Aug., 93.
[546] Filon, Legatio ad Caium, § 31; Jos., B. J., V, V, 2; VI, II, 4; Hech., XXI, 28.
[547] Todavía se ven en la parte septentrional del haram vestigios considerables de la torre Antonia.
[548] Mischna, Berakoth, IX, 5; Talm. de Babil., Jebamoth, 6 b; Marc., XI, 16.
[549] Jos., B. J., II, XIV, 3; VI, XI, 3. Comp. Salm. CXXXIII (Vulg. CXXXII).
[550] Marc., XI, 16.
[551] Math., XXI, 12 y sig.; Marc., XI, 15 y sig.; Luc., XIX, 45 y sig.; Juan, II, 14 y sig.
[552] Itin. a Burdig. Hierus., p. 152 (ed. Schott); San Jerónimo, en Is. II, 8, y en Math., XXIV, IV, 15.
[553] Ammiano Marcelino, XXIII, 1.
[554] Eutiquio, Ann., II, 286 y sig. (Oxford, 1659).
[555] Jos., Ant., XI, III, 1, 3.
[556] Jos., Ant., XVIII, II.
[557] Hech., IV, 1 y sig.; V, 17; Jos., Ant., XX, IX, 1; Pirké Aboth, I, 10.
[558] Jos., Ant., XV, IX, 3; XVII, VI, 4; XIII, 1; XVIII, I, 1; II, 1; XIX, VI, 2; VIII, 1.
[559] Este nombre no se halla más que en los documentos judíos. Creo que los «Herodianos» del evangelio han de ser los Boethusim.
[560] Tratado Aboth Nathan, 5; Soferim, III, hal. 5; Mischna, Menachoth, X, 3; Talm. de Babil., Schabbath, 118 a. El nombre de los Boethusim se cambia muchas veces en los libros talmúdicos con el de saduceos, ó bien con la voz Minim (heréticos). Comp. Thosiphta Joma, 1, con el Talm. de Jer., igual tratado, I, 5, y Talm. de Babil., igual tratado, 19 b; Thos. Sukka, III, con el Talm. de Babil., igual tratado. Thos. Menachoth, X, con Mischna, X, 3, etc.
[561] Parece que se trata de él en el Talmud. Talm. de Babil., Taanith, 20 a; Gittin, 56 a; Kethuboth, 66 b; tratado Aboth Nathan, VII; Midrasch rabba, Eka, 64 a. El pasaje Taanith le identifica con Bunai, el cual segun Sanhedrin era discípulo de Jesús. Pero si Bunai es el Banú de Josefo, esa semejanza no tiene valor ninguno.
[562] Juan, III, 1 y sig.; VII, 50. Es de creer que el texto mismo de la plática no es más que una creacion de Juan.
[563] Juan, VII, 50 y sig.
[564] Juan, XIX, 39.
[565] Mischna, Baba metsia, V, 8; Talm. de Babil., Sota, 49 b.
[566] Talm. de Jer., Berakoth, IX, 2.
[567] Hech., V, 34 y sig.
[568] Hech., XXII, 3.
[569] Orac. sib., I, III, 573 y sig.; 756-58. Comp. el Targum de Jonathan, ls., XII, 3.
[570] Luc., XVI, 16. El pasaje de Matheo, XI, 12-13, tiene ménos claridad, mas no puede tomarse en otro sentido.
[571] Math., V, 17-18 (Talm. de Babil., Schabbath, 116 b); no es contradictorio este pasaje con aquellos en que está implicada la abolicion de la Ley. Significa solamente que todas las imágenes del Antiguo Testamento se cumplieron en Jesús.—Luc., XVI, 17.
[572] Luc., V, 36 y sig.
[573] Luc., XIX, 9.
[574] Math., XXIV, 14; XXVIII, 19; Marc., XIII, 10; XVI, 15; Luc., XXIV, 47.
NOTAS DEL CAPÍTULO XIV
[575] Math., XV, 9.
[576] Math., IX, 14; XI, 19.
[577] Math., V, 23 y sig.; IX, 13; XII, 7.
[578] Math., XXII, 37 y sig.; Marc., XII, 28 y sig.; Luc., X, 25 y sig.
[579] Math., III, 15; I Cor., I, 17.
[580] Math., VII, 21; Luc. VI, 46.
[581] Math., XV, 8; Marc., VII, 6;—Isa., XXIX, 13.
[582] Véase particularmente el tratado Schabbath de la Mischna y el libro de los Jubileos (traducido del etiope en los Jahrbücher de Ewald, años 2 y 3), C. L.
[583] Jos., B. J., VII, V, 1; Plinio, H. N., XXXI, 18.—Thompson, The land and the Book, I, 406 y sig.
[584] Math., XII, 1-14; Marc., II, 23-28; Luc., VI, 1-5; XIII, 14 y sig.; XIV, 1 y sig.
[585] Math., XII, 34; XV, 1 y sig., 12 y sig.; XXIII entero; Marc., VII, 1 y sig., 15 y sig.; Luc., VI, 45; XI, 39 y sig.
[586] Creo que los paganos de Galilea se hallaban particularmente en las fronteras, en Kadés, por ejemplo; pero que, á excepcion de la ciudad de Tiberiade, todo el interior del país era judío. La línea donde acaban las ruinas de templos y donde principian las ruinas de sinagogas está hoy dia claramente marcada á la altura del lago Huleh (Samachonitis). Los vestigios de escultura pagana que algunos han creido hallar en Tell-Hum son dudosos. La costa, y en particular la ciudad de Acre, no formaban parte de la Galilea.
[587] Sabiduría, cap. 13 y sig.
[588] Math., XX, 25; Marc., X, 42; Luc., XXII, 25.
[589] Math., VIII, 5 y sig.; XV, 22 y sig.; Marc., VII, 25 y sig.; Luc., IV, 25 y sig.
[590] Math., XXI, 41; Marc., XII, 9; Luc., XX, 16.
[591] Isa., II, 2 y sig.; LX; Amós, IX, 11 y sig.; Jerem., III, 17; Malach., I, 11; Tobías, XIII, 13 y sig. Orac. sibyl., III, 715 y sig. Comp. Math., XXIV, 14; Hech., XV, 15 y sig.
[592] Math., VIII, 11-12; XXI, 33 y sig.; XXII, 1 y sig.
[593] Math., VII, 6; X, 5-6; XV, 24; XXI, 43.
[594] Math., V, 46; VI, 7, 32; XVIII, 17; Luc., VI, 32 y sig.; XII, 30.
[595] Math., XII, 30; Marc., IX, 39; Luc., IX, 50; XI, 23.
[596] Josefo lo afirma de una manera formal. (Ant., XVIII, III, 3). Comp. Juan, VII, 35; XII, 20-21.
[597] Talm. de Jer., Sota, VII, 1.
[598] Véase particularmente Juan, VII, 35; XII, 20; Hech., XIV, 1; XVII, 4; XVIII, 4; XXI, 28.
[599] Juan, XII, 20; Hech., VIII, 27.
[600] Mischna, Baba metsia, IX, 12; Talm. de Babil., Sanh. 56 b; Hech., VIII, 27; X, 2, 22, 35; XIII, 16, 26, 43, 50; XVI, 14; XVII, 4, 17; XVIII, 7; Galat., II, 3; Jos., Ant., XIV, VII, 2.
[601] Eccles., L, 27-28; Juan, VIII, 48; Jos., Ant., IX, XIV, 3; XI, VIII, 6; XII, V, 5; Talm. de Jer., Aboda zara, V, 4; Pesachim, I, 1.
[602] Math., X, 5; Luc., XVII, 18. Comp. Talm. de Babil., Cholin, 6 a.
[603] Math., X, 5-6.
[604] Luc., IX, 53.
[605] Luc., IX, 56.
[606] Juan, IV, 39-43.
[607] Luc., XVII, 16 y sig.
[608] Luc., X, 30 y sig.
[609] Hoy dia Napluse.
[610] Luc., IX, 53; Juan, IV, 9.
[611] Mischna, Schebiit, VIII, 10.
[612] Jos., Ant., XX, V, 1; B. J., II, XII, 3; Vita, 52.
[613] Juan, IV, 21-23. El versículo 22, á lo ménos el último párrafo que expresa un pensamiento opuesto al de los versículos 21 y 23, parece haber sido interpolado. No se debe insistir demasiado sobre la realidad histórica de semejante plática, en razon á que sólo Jesús ó su interlocutora pudieron relatarla. Pero la anécdota del cap. IV de Juan representa ciertamente uno de los pensamientos más íntimos de Jesús, y muchas circunstancias de la narracion tienen un carácter peculiar de verdad.
NOTAS DEL CAPÍTULO XV
[614] Las indecisiones de los discípulos inmediatos de Jesús, de los cuales una fraccion numerosa permaneció adicta al judaismo, pudieran dar lugar á algunas objeciones. Pero el proceso de Jesús no deja ninguna duda. Veremos que en él fué tratado como «corruptor.» El Talmud da el procedimiento seguido contra él, como ejemplo del que se debe seguir contra los «corruptores» que quieren derribar la Ley de Moisés (Talm. de Jer., Sanhedrin, XIV, 16; Talm. de Babil., Sanhedrin, 43 a, 67 a).
[615] Math., XI, 12; Luc., XVI, 16.
[616] Es verdad que algunos doctores, como Hillel, Gamaliel, se nos presentan como pertenecientes á la raza de David. Pero son alegaciones muy dudosas. Si la familia de David formaba un grupo distinto de cierta notoriedad, ¿cómo es que en las grandes luchas del tiempo no se la ve nunca figurar al lado de los Sadokitas, de los Boethuses, de los Asmoneos, de los Heródes?
[617] Math., II, 5-6; XXII, 42; Luc., I, 32; Juan, VII, 41-42; Hech., II, 30.
[618] Math., IX, 27; XII, 23; XV, 22; XX, 30-31; Marc., X, 47, 57; Luc., XVIII, 38.
[619] Math., I, 1 y sig.; Luc., III, 23 y sig.
[620] Math., II, 1 y sig.; Luc., II, 1 y sig.
[621] Las dos genealogías no concuerdan entre sí y se hallan poco conformes con las listas del Antiguo Testamento. La narracion de Lúcas sobre el empadronamiento de Quirino implica un anacronismo (véase la [nota 83 del cap. II]). Natural era que la leyenda se apoderase de esa circunstancia. Los empadronamientos sorprendian á los judíos, trastornaban sus ideas mezquinas, y el recuerdo les duraba mucho tiempo.—Hech., V, 37.
[622] Supone Julio el Africano (en Eusebio, H. E., I, 7) que fueron los parientes de Jesús los que, refugiados en la Batanea, ensayaron recomponer las genealogías.
[623] Los Ebionim, los «Hebreos», los «Nazarenos», Taciano, Marcion.—Epif., Adv. hær., XXIX, 9; XXX, 3, 14; XLVI, 1; Teodoreto, Hæret. fab., I, 20; Isidoro de Pelusio, Epist., I, 371, ad Pansophium.
[624] Math., I, 22-23.
[625] Génesis, I, 2. Respecto á la idea análoga entre los egipcios, véase Herodoto, III, 28; Pomp. Mela, I, 9; Plutarco, Quæst. symp., VIII, I, 3; de Isid. et Osir., 43.
[626] Math., I, 15, 23; Isa., VII, 14 y sig.
[627] Math., II, 1 y sig.
[628] Luc., II, 25 y sig.
[629] La leyenda de la Degollacion de los Inocentes se refiere probablemente á alguna crueldad cometida por Heródes en las cercanías de Bethlehem. Comp. Jos., Ant., XIV, IX, 4.
[630] Math., I y II; Luc., I y II; S. Justin, Dial. cum Tryph., 78, 106; Protevang. de Santiago (apóc.), 18 y sig.
[631] Ciertos pasajes, como Hech., II, 22, la desechan completamente.
[632] Math., XIX, 17; Marc., X, 18; Luc., XVIII, 19.
[633] Juan, V, 18 y sig.; X, 33 y sig.
[634] Juan, XIV, 28.
[635] Marc., XIII, 35.
[636] Math., V, 9, 45; Luc., III, 38; VI, 35; XX, 36; Juan, I, 12-13; X, 34-35. Comp. Hech., XVII, 28-29; Rom., VIII, 14, 19, 21; IX, 26; II Cor., VI, 18; Galat., III, 26, y en el antiguo testamento, Deuter., XIV, 1, y particularmente Sabiduría, II, 13, 18.
[637] Luc., XX, 36.
[638] Gen., VI, 2; Job., I, 6; II, 1; XXVIII, 7; Sal. II, 7; LXXXII, 6; II Sam., VII, 14.
[639] El hijo del diablo (Math., XIII, 38; Hech., XIII, 10); los hijos de este siglo (Marc., III, 17; Luc., XVI, 8; XX, 34); los hijos de la luz (Luc., XVI, 8; Juan, XII, 36); los hijos de la resurreccion (Luc., XX, 36); los hijos del reino (Math., VIII, 12; XIII, 38); los hijos del esposo (Math., IX, 15; Marc., II, 19; Luc., V, 34); los hijos de la gehenna (Math., XXIII, 15); los hijos de la paz (Luc., X, 6); recordemos que el Júpiter del paganismo es πατὴρ ἀνδρῶν τε θεῶν τε.
[640] Comp. Hech., XVII, 28.
[641] Math., XVIII, 20; XXVIII, 20.
[642] Juan, X, 30; XVII, 21. Véanse en general los últimos discursos de Juan (cap. XVII), que expresan muy bien la naturaleza del estado psicológico de Jesús, aunque no deban considerarse como verdaderos documentos históricos.
[643] Los pasajes en apoyo de estos títulos son demasiado numerosos para ser citados.
[644] Solamente en el evangelio de Juan se sirve Jesús de la expresion de «Hijo de Dios» ó de «Hijo», como sinónimo del pronombre yo.
[645] Math., XII, 8; Luc., VI, 5.
[646] Math., XI, 27.
[647] Juan, V, 22.
[648] Math., XVII, 18-19; Luc., XVII, 6.
[649] Math., IX, 8.
[650] Math., IX, 2 y sig.; Marc., II, 5 y sig.; Luc., V, 20; VII, 47-48.
[651] Math., XII, 41-42; XXII, 43 y sig.; Juan, VIII, 52 y sig.
[652] Véase Juan, XIV y sig.; pero es dudoso que tengamos aquí la enseñanza auténtica de Jesús.
[653] Filon, citado en Eusebio, Præp. evang., VII, 13.
[654] Filon, De mig. Abraham, § 1; Quod Deus immut., § 6; De confus. ling., §§ 14, 28; De profugis, § 20; De somniis, I, § 37; De agric. Noe, § 12; Quis rerum divin. hæres, § 25 y sig., 48 y sig., etc.
[655] Μετάθρονος, es decir, partícipe del trono de Dios; especie de secretario divino, que lleva cuenta y razon de los méritos y deméritos; Bereschith Rabba, V, 6 c; Talm. de Babil., Sanhedrin, 38 b; Chagiga, 15 a; Targum de Jonathan, Gen., V, 24.
[656] La teoría del Λόγος no contiene elementos griegos. Las semejanzas que han querido darle con el Honover de los Parsis no tienen tampoco fundamento. El Minokhired ó «Inteligencia divina» tiene alguna analogía con el Λόγος judío (véanse los fragmentos del libro intitulado Minokhired en Spiegel, Parsi-Gramatik, p. 161-162). Pero el desarrollo de la doctrina Minokhired entre los Parsis es moderno y puede implicar una influencia extranjera. La «Inteligencia divina» (Mainyu-Khratû) figura en los libros zendos, mas no sirve de base á una teoría; entra solamente en algunas invocaciones. Pueden tener algun valor las analogías ensayadas entre la teoría alejandrina del Verbo y algunos puntos de la teología egipcia. Pero nada indica que, en los siglos que precedieron la era cristiana, recibiese el judaismo palestino algunos elementos de Egipto.
[657] Hech., VIII, 10.
[658] Sabiduría, IX, 1-2; XVII, 12; Comp. VII, 12; VIII, 5 y sig.; IX y generalmente, IX-XI. Estas prosopopeyas de la Sabiduría personificada se encuentran en libros mucho más antiguos. Prov., VIII, IX; Job., XXVIII.
[659] Juan, Evang., I, 1-14; I Epist., V, 7; Apocal., XIX, 13. Se notará que, en el evangelio de Juan, la palabra «Verbo» no aparece sino en el prólogo y que jamás el narrador la coloca en boca de Jesús.
[660] Hech., X, 42.
[661] Math., XXVI, 64; Marc., XVI, 19; Luc., XXII, 69; Hech., VII, 55. Véase la [nota 655].
[662] Math., X, 5. Comparado con XXVIII, 19.
[663] Math., 26, 39; Juan, XII, 27.
[664] Marc., XIII, 32.
[665] Math., XII, 14-16; XIV, 13; Marc., III, 6-7; IX, 29-30; Juan, VII, 1 y sig.
[666] Math., II, 20.
[667] Math., XVII, 20; Marc., IX, 25.
[668] Luc., VIII, 45-46; Juan, XI, 33, 38.
[669] Hech., II, 22.
[670] Math., XIV, 2; XVI, 14; XVII, 3 y sig.; Marc., VI, 14-15; VIII, 28; Luc., IX, 8 y sig., 19.
NOTAS DEL CAPÍTULO XVI
[671] Math., I, 22; II, 5-6, 15, 18; IV, 15.
[672] Math., I, 23; IV, 6, 14; XXVI, 31, 54, 56; XXVII, 9, 35; Marc., XIV, 27; XV, 28; Juan, XII, 14-15; XVIII, 9; XIX, 19, 24, 28, 36.
[673] Juan, VII, 34; IV Esdras, XIII, 50.
[674] Hech., VIII, 9 y sig.
[675] Véase su biografía por Filóstrato.
[676] Véanse las Vidas de los sofistas, por Eunapio; vida de Plotino, por Porfirio; la de Proclo, por Marino; la de Isidoro, atribuida á Damascio.
[677] Math., XVII, 19; XXI, 21-22; Marc., XI, 23-24.
[678] Math., IX, 8.
[679] Luc., VIII, 45-46; Juan, 33, 38.
[680] Hech., II, 2 y sig.; IV, 31; VIII, 15 y sig.; X, 44 y sig. Durante cerca de un siglo los apóstoles y sus discípulos no sueñan más que milagros. Véanse los Hechos, los escritos de San Pablo, los extractos de Papias, en Eusebio, Hist. eccl., III, 39, etc. Comp. Marc., III, 15; XVI, 17-18, 20.
[681] Juan, V, 14; IX, 1 y sig., 34.
[682] Math., IX, 32-33; XII, 22; Luc., XIII, 11, 16.
[683] Luc., VIII, 45-46.
[684] Luc., IV, 40.
[685] Math., XI, 5; XV, 30-31; Luc. IX, 1-2, 6.
[686] Vendidad, XI, 26; Yaçna, X, 18.
[687] Tobías, III, 8; VI, 14; Talm. de Babil., Gittin, 68 a.
[688] Comp. Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2; Evangelio de la infancia, 16, 33; Código siriaco publicado en las Anecdota syriaca por el Sr. Land, I, p. 152.
[689] Jos., Bell. jud., VII, VI, 3; Luciano, Philopseud., 16; Filóstrato, Vida de Apol., III, 38; IV, 20; Areteo, De causis morb. chron., I, 4.
[690] Math., IX, 33; XII, 22; Marc., IX, 16, 24; Luc., XI, 14.
[691] Tobías, VIII, 2-3; Math., XII, 27; Marc., IX, 38; Hech., XIX, 13; Jos., Ant., VIII, II, 5; Justino, Dial. cum Tryph., 85; Luciano, Epigr. XXIII (XVII Dindorf).
[692] Math., XVII, 20; Marc., IX, 24 y sig.
[693] Math., VIII, 28; IX, 34; XII, 43 y sig.; XVII, 14 y sig., 20; Marc., V, 1 y sig.; Luc., VIII, 27 y sig.
[694] Esa frase, Dæmonium habes (Math., XI, 18; Luc., VII, 33; Juan, VII, 20; VIII, 48 y sig.; X, 20 y sig.), debe traducirse por «tú estás loco», como se diria en árabe: Medjnoun enté. El verbo δαιμονᾷν siempre tuvo en la antigüedad clásica la significacion de «estar loco.»
[695] Math., XII, 39; XVI, 4; XVII, 16; Marc., VIII, 17; Luc., IX, 41.
[696] Math., VIII, 4; IX, 30-31; XII, 16; Marc., I, 44; VII, 24 y sig.; VIII, 26.
[697] Marc., I, 24-25, 34; III, 12; Luc., IV, 41.
[698] Math., XVII, 16; Marc., IX, 18; Luc., IX, 41.
[699] Math., XII, 38 y sig.; XVI, 1 y sig.; Marc., VIII, 11.
[700] Jos., Ant., XVIII, III, 3.
[701] Papias en Eus., Hist. eccl., III, 39.
[702] Marc., IV, 40; V, 15, 17, 33, 36; VI, 50; X, 32.—Math., VIII, 27, 34; IX, 8; XIV, 27; XVII, 6-7; XXVIII, 5, 10; Luc., IV, 36; V, 17; VIII, 25, 35, 37; IX, 34. El evangelio apócrifo llamado de Tomás el Israelita lleva este rasgo hasta el absurdo. Comp. los Milagros de la infancia, en Thilo, Cod. apocr. N. T., p. CX, nota.
[703] Hysteria muscularis de Schönlein.
[704] Math., XIV, 1; Marc., VI, 14; Luc., IX, 7; XXIII, 8.
[705] Math., VIII, 34; Marc., V, 17; VIII, 37.
[706] Juan, VI, 14-15.
NOTAS DEL CAPÍTULO XVII
[707] Juan, V, 1; VII, 2. Adoptamos el sistema de Juan, segun el cual la vida pública de Jesús duró tres años. Los sinópticos, por el contrario, agrupan todos los hechos en el espacio de un año.
[708] Luc., XII, 13-14.
[709] Math., XIX, 28.
[710] Math., XXIV, 3 y sig.; Marc., XIII, 4 y sig.; Luc., XVII, 22 y sig.; XXI, 7 y sig. Es de notar que la pintura del fin de los tiempos atribuida á Jesús por los sinópticos contiene muchos rasgos que se refieren al sitio de Jerusalen. Lúcas escribia algun tiempo despues de aquel sitio (XXI, 9, 20, 24). Por el contrario, la redaccion de Matheo (XXVI, 15, 16, 22, 29) nos lleva exactamente al momento del sitio ó muy poco despues. Sin embargo, es indudable que Jesús anunció grandes terrores que debian preceder á su reaparicion. Esos terrores formaban parte de todos los apocalípsis judíos. Henoch, XCIX-C, CII, CIII (division de Dillmann); Carm. sibyll., III, 334 y sig.; 633 y sig.; IV, 168 y sig.; V, 511 y sig. Segun Daniel, el reino de los santos vendria despues que la desolacion hubiese llegado á su colmo (VII, 25; VIII, 23; IX, 26-27; XII, 1).
[711] Math., XVI, 27; XIX, 28; XX, 21; XXIV, 30 y sig.; XXV, 31 y sig.; XXVI, 64; Marc., XIV, 62; Luc., XXII, 30; I Cor., XV, 52; I Thes., IV, 15 y sig.
[712] Math., XIII, 38 y sig.; XXV, 33.
[713] Math., XIII, 39, 41, 49.
[714] Math., XXV, 34. Comp. Juan, XIV, 2.
[715] Math., VIII, 11; XIII, 43; XXVI, 29; Luc., XIII, 28; XVI, 22; XXII, 30.
[716] Luc., XIII, 23.
[717] Math., XXV, 41. La idea de la caida de los ángeles, tan desarrollada en el libro de Henoch, era universalmente admitida en el círculo de Jesús. Epist. de Jud., 6 y sig.; II.ª ep. atribuida á San Pedro, II, 4, 11; Apoc., XII, 9; Evang. de Juan, VIII, 44.
[718] Math., V, 22; VIII, 12; X, 28; XIII, 40, 42, 50; XVIII, 8; XXIV, 51; XXV, 30; Marc., IX, 43.
[719] Math., VIII, 12; XXII, 13; XXV, 30. Comp. Jos., B. J., III, VIII, 5.
[720] Luc., XVI, 28.
[721] Marc., III, 29; Luc., XXII, 69; Hech., VII, 55.
[722] Hech., II, 17; III, 19; I Cor., XV, 23-24, 52; I Thess., III, 13; IV, 14; V, 23; II Thess., II, 8; I Tim., VI, 14; II Tim., IV, 1; Tit., II, 13; Epístola de Júdas, 18; II de Pedro, III entero. El Apocalípsis todo entero, y en particular I, 1; II, 5, 16; III, 11; XI, 14; XXII, 6, 7, 12, 20. Comp. IV.º libro de Esdras, IV, 26.
[723] Luc., XVII, 30; I Cor., I, 7-8; II Thess., I, 7; I San Pedro, I, 7, 13; Apoc., I, 1.
[724] Apoc., I, 3; XXII, 10.
[725] Math., XI, 15; XIII, 9, 43; Marc., IV, 9, 23; VII, 16; Luc., VIII, 8; XIV, 35; Apoc., II, 7, 11, 27, 29; III, 6, 13, 22; XIII, 9.
[726] I Cor., XVI, 22.
[727] Apoc., XVII, 9 y sig. El sexto emperador que el autor presenta como reinando es Galba. El emperador muerto que debe volver es Neron, cuyo nombre está escrito en cifras (XIII, 18).
[728] Apoc., XI, 2-3; XII, 14. Comp. Daniel, VII, 25; XII, 7.
[729] Cap. IV, v. 12 y 14. Comp. Cedrenus, p. 68 (París, 1647).
[730] Math., XXIV, 36; Marc., VIII, 32.
[731] Luc., XVII, 20; Comp. Talm. de Babil., Sanhedrin, 97 a.
[732] Math., XXIV, 36; Marc., XIII, 32; Luc., XI, 35 y sig.; XVII, 20.
[733] Luc., XII, 40; II Pedro, III, 10.
[734] Luc., XVII, 24.
[735] Math., X, 23; XXIV-XXV enteros, y part. XXIV, 29, 34; Marc., XIII, 30; Luc., XIII, 35; XXI, 28 y sig.
[736] Math., XVI, 28; XXIII, 36, 39; XXIV, 34; Marc., VIII, 39; Luc., IX, 27; XXI, 32.
[737] Math., XVI, 2-4; Luc., XII, 54-56.
[738] Juan, XXI, 22-23.
[739] Juan, XXI, 22-23. El capítulo XXI del cuarto evangelio es una añadidura, como lo prueba la cláusula final de la redaccion primitiva que existe en el versículo 31 del cap. XX. Pero la adicion es casi contemporánea de la publicacion misma de dicho evangelio.
[740] Marc., IX, 9; Luc., XX, 27 y sig.
[741] Dan., XII, 2; II Macab., VII entero; XII, 45-46; XIV, 46; Hech., XXIII, 6, 8; Jos., Ant., XVIII, I, 3; B. J., II, VIII, 14; III, VIII, 5.
[742] Math., XXVI, 29; Luc., XXII, 30.
[743] Math., XXII, 24; Luc., XX, 34-38. Evang. ebionita llamado de los «Egipcios» en Clem. de Alej., Strom., II, 9, 13; Clem. Rom. Epist. II, 12.
[744] Luc. XIV, 14; XX, 35-36. Lo mismo opina San Pablo; I Cor. XV, 23; I Thes. IV, 12.
[745] Comp. el libro IV de Esdras, IX, 22.
[746] Math., XXV, 32 y sig.
[747] Particularmente los cap. II, VI-VIII, X-XIII.
[748] Cap. I, XLV-LII, LXII, XCIII, 9 y sig.
[749] Lib. III, 573 y sig.; 652 y sig.; 766 y sig.; 795 y sig.
[750] Se traducen esas angustias de la conciencia cristiana con mucha ingenuidad en la 2.ª Epist. atribuida á San Pedro, III, 8 y sig.
[751] Math., VI, 10, 33; Marc., XII, 34; Luc., XI, 2; XII, 31; XVII, 20, 21.
[752] Marc., XII, 34.
[753] Véase, por ejemplo, el prólogo de Gregorio de Tours en su Hist. eclesiást. de los Francos y los numerosos hechos de la primera mitad de la edad media que principian con la fórmula «á la aproximacion de la noche del mundo...».
[754] I Cor., XV, 52.
NOTAS DEL CAPÍTULO XVIII
[755] Hech., I, 15; I Cor., XV, 5; Gal., I, 10.
[756] Math., X, 2; Marc., III, 16; Luc., VI, 14 y sig.; Hech., I, 13; Papias en Eusebio, Hist. eccl., III, 39.
[757] Math., XIX, 28; Luc., XXII, 30.
[758] Hech., I, 15; II, 14; V, 2-3, 29; VIII, 19; XV, 7; Gal., I, 18.
[759] Respecto á Pedro véase el [cap. IX]; respecto á Felipe véase Papias, Policrates y Clem. de Alej., citados por Eusebio., Hist. eccl., III, 30, 31, 39; V, 24.
[760] Math., XVI, 20; XVII, 9; Marc., VIII, 30; IX, 8.
[761] Math., X, 26, 27; Marc., IV, 21; Luc., VIII, 17; XII, 2 y sig.; Juan, XIV, 22.
[762] Math., XIII, 10 y sig., 34 y sig.; Marc., IV, 10 y sig., 33 y sig.; Luc. VIII, 9 y sig.; XII, 41.
[763] Math., XVI, 6 y sig.; Marc., VII, 17-23.
[764] Math., XIII, 18 y sig.; Marc., VII, 18 y sig.
[765] Luc., IX, 6.
[766] Luc., X, 11.
[767] En todas las lenguas del Oriente semítico, la palabra griega πανδοκεῖον indicó siempre «hostería.»
[768] Math., X, 11 y sig.; Marc., VI, 10 y sig.; Luc., X, 5 y sig. Comp. 2.ª Epist. de Juan, 10-11.
[769] Luc., IX, 52 y sig.
[770] Math. X, 40-42; XXV, 35; Marc. IX, 40; Luc. X, 16; Juan, XIII, 20.
[771] Math., VII, 22; X, 1; Marc., III, 15; VI, 13; Luc., X, 17.
[772] Math., XVII, 18-19.
[773] Marc., VI, 13; XVI, 18; Epist. Jacobi, V, 14.
[774] Marc., XVI, 18; Luc., X, 19.
[775] Marc., XVI, 20.
[776] Marc., IX, 37-38; Luc., IX, 49-50.
[777] Antiguo Dios de los Filisteos convertido en demonio por los judíos.
[778] Math., XII, 24 y sig.
[779] Hech., VIII, 18 y sig.
[780] Math., XVIII, 17 y sig.; Juan, XX, 23.
[781] Math., XIX, 3 y sig.
[782] Math., XXVIII, 19; Comp. Math., III, 16-17; Juan, XV, 26.
[783] Sap., I, 7; VII, 7; IX, 17; XII, 1; Eccl., I, 9; XV, 5; XXIV, 27; XXXIX, 8; Judit., XVI, 17.
[784] Math., X, 20; Luc., XII, 12; XXIV, 49; Juan, XIV, 26; XV, 26.
[785] Math., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; Juan, I, 26; III, 5; Hech., I, 5, 8; X, 47.
[786] Hech., II, 1-4; XI, 15; XIX, 6.—Juan, VII, 39.
[787] Juan, XV, 26; XVI, 13.
[788] Katigor (κατήγορος), esto es, «acusador», era el espíritu opuesto á Paráclito.
[789] Juan, XIV, 16; I Epist. de Juan, II, 1.
[790] Juan, XIV, 26; XV, 26; XVI, 7; Comp. Filon, De mundi opificio, § 6.
[791] Juan, XIV, 16.
[792] Papias, en Eusebio, Hist. eccl., III, 39.
[793] Juan, VI, 32 y sig.
[794] Hállase un giro análogo, que provoca una equivocacion semejante, en Juan, IV, 10.
[795] Todos esos discursos tienen un carácter muy marcado del estilo propio de Juan, para que sea permitido creerlos exactos. La anécdota referida en el capítulo VI del cuarto evangelio no carece, sin embargo, de realidad histórica.
[796] Luc., XXIV, 30, 35.
[797] Luc., l. c.; Juan, XXI, 13.
[798] Comp. Math., VII, 10; XIV, 17 y sig.; XV, 34 y sig.; Marc., VI, 38; Luc., IX, 13 y sig.; XI, 11; XXIV, 42; Juan, VI, 9 y sig.; XXI, 9 y sig. La cuenca del lago de Tiberiade es el único punto de la Palestina donde el pescado forma generalmente una parte de la alimentacion.
[799] Juan, XXI, 13; Luc., XXIV, 42-43. Compárense las más antiguas exposiciones de la Cena recibidas ó rectificadas por el señor de Rossi en su disertacion sobre el ΙΧΘΥΣ (Spicilegium Solesmense de dom Pitra, t. III, p. 568 y sig.) El designio del anagrama que contiene la palabra ΙΧΘΥΣ pudo combinarse con una tradicion más antigua sobre el oficio del pescado en las comidas evangélicas.
[800] Luc., XXII, 15.
[801] Hech., II, 42, 46.
[802] I Cor., XI, 20 y sig.
[803] Math., XVIII, 20.
[804] Juan, XII entero.
[805] Cánon de las misas griegas y de la misa latina (muy antiguo).
NOTAS DEL CAPÍTULO XIX
[806] Luc., XIV, 33; Hech., IV, 32 y sig.; V, 1-11.
[807] Math., XIX, 10 y sig.; Luc., XVIII, 29 y sig.
[808] Doctrina constante de Pablo. Comp. Apoc., XIV, 4.
[809] Math., XIX, 12.
[810] Math., XVIII, 8-9.—Talm. de Babil., Niddah, 13 b.
[811] Math., XXII, 30; Marc., XII, 25; Luc., XX, 35; Evang. ebionita llamado de los «Egipcios» en Clem. de Alej., Strom., III, 9, 13 y Clem. Rom., Epist. II, 12.
[812] Luc., XVIII, 29-30.
[813] Math., X entero; XXIV, 9; Marc., VI, 8 y sig.; IX, 40; XIII, 9, 13; Luc., IX, 3 y sig.; X, 1 y sig.; XII, 4 y sig.; XXI, 17; Juan, XV, 18 y sig.; XVII, 14.
[814] Marc., IX, 38 y sig.
[815] Math., X, 8. Comp. Midrasch Ialkout, Deuteron., sec. 824.
[816] Math., X, 20; Juan, XIV, 16 y sig., 26; XV, 26; XVI, 7, 13.
[817] Los rasgos Math., X, 38; XVI, 24; Marc., VIII, 34; Luc., XIV, 27, no pueden haber sido concebidos sino despues de la muerte de Jesús.
[818] Math., X, 24-31; Luc., XII, 4, 7.
[819] Math., X, 32-33; Marc., VIII, 38; Luc., IX, 26; XII, 8-9.
[820] Luc., XIV, 26; es preciso comprender el estilo exagerado de Lúcas.
[821] Luc., XIV, 33.
[822] Math., X, 37-39; XVI, 24-25; Luc., IX, 23-25; XIV, 26-27; XVII, 33; Juan, XII, 25.
[823] Math., VIII, 21-22; Luc., IX, 59-62.
[824] Math., XI, 28-30.
[825] Math., XVI, 21-23; XVII, 12, 21-22.
[826] Marc., X, 45.
[827] Luc., VI, 22 y sig.
[828] Luc., XII, 50.
[829] Math., X, 34-36; Luc., XII, 51-53. Comp. Miqueas, VII, 5-6.
[830] Luc., XII, 49. Véase el texto griego.
[831] Juan, XVI, 2.
[832] Juan, XV, 18-20.
[833] Juan, XII, 27.
[834] Marc., III, 21.
[835] Math., III, 22; Juan, VII, 20; VIII, 48 y sig.; X, 20 y sig.
[836] Math., VIII, 10; IX, 2, 22, 28-29; XVII, 19; Juan, VI, 29, etc.
[837] Math., XVII, 16; Marc., III, 5; IX, 18; Luc., VIII, 45; IX, 41.
[838] Rasgo muy marcado de Márcos, IV, 40; V, 15; IX, 31; X, 32.
[839] Marc., XI, 12-14, 20 y sig.
NOTAS DEL CAPÍTULO XX
[840] Math., XII, 14-16; Marc., III, 7; IX, 29-30.
[841] Marc., VIII, 15; Luc., XIII, 32.
[842] Luc., IX, 9; XXIII, 8.
[843] Math., XIV, 1 y sig.; Marc., VI, 14 y sig.; Luc., IX, 7 y sig.
[844] Luc., XIII, 31 y sig.
[845] Juan, VII, 5.
[846] Math., XII, 39, 45; XIII, 15; XVI, 4; Luc., XI, 29.
[847] Math., XI, 21-24; Luc., X, 12-15.
[848] Math., XII, 41-42; Luc., XI, 31-32.
[849] Math., VIII, 20; Luc., IX, 58.
[850] Luc., XVIII, 8.
[851] Math., XII, 34; XV, 14; XXIII, 33.
[852] Math., III, 7.
[853] Math., XII, 30; Luc., XXI, 23.
[854] Isa., XLII, 2-3.
[855] Math., XII, 19-20.
[856] Math., X, 14-15, 21 y sig., 34 y sig.; Luc., XIX, 27.
[857] Marc., VII, 1; Luc., V, 17 y sig.; VII, 36.
[858] Math., VI, 2, 5, 16; IX, 11, 14; XII, 2; XXIII, 5, 15, 23; Luc., V, 30; VI, 2, 7; XI, 39 y sig.; XVIII, 12; Juan, IX, 16; Pirké Aboth, I, 16; Jos., Ant., XVII, II, 4; XVIII, I, 3; Vita, 38; Talm. de Babil., Sota, 22 b.
[859] Talm. de Jerus., Berakoth, IX, sub fin.; Sota, V, 7; Talm. de Babil., Sota, 22 b. Las dos redacciones de ese curioso pasaje ofrecen diferencias notables. Generalmente hemos seguido la redaccion de Babilonia, que parece la más natural.—V. S. Epif., Adv. hær., XVI, 1. Los rasgos de Epifanio y muchos de los del Talmud pueden referirse á una época posterior á Jesús, época en la que «fariseo» era sinónimo de «devoto.»
[860] Math., V, 20; XV, 4; XXIII, 3, 16; Juan, VIII, 7; Jos., Ant., XII, IX, 1; XIII, X, 5.
[861] Talm. de Babil., Schabbath, 31 a; Joma, 35 b.
[862] Eccli., XVII, 21 y sig.; XXXV, 1 y sig.
[863] Talm. de Jer., Sanhedrin, XI, 1; Talm. de Babil., Sanhedrin, 100 b.
[864] Math., XV, 2.
[865] Math., XV, 2 y sig.; Marc., VII, 2 y sig.
[866] Math., XV, 2; Marc., VII, 4, 8; Luc., V, sub. fin., y VI, init.; XI, 38 y sig.
[867] Luc., XI, 41.
[868] Luc., XVIII, 9-14; comp. ibid., XIV, 7-11.
[869] Math., III, 7; XVII, 12-13.
[870] Math., XIV, 5; XXI, 26; Marc., XI, 32; Luc., XX, 6.
[871] Math., XII, 3-8; XXIII, 16 y sig.
[872] Marc., III, 6.
[873] Luc., XIII, 33.
NOTAS DEL CAPÍTULO XXI
[874] Math., XVI, 20-21; Marc., VIII, 30-31.
[875] Juan, VII, 1.
[876] Juan, VII, 5.
[877] Juan, VII, 10.
[878] Math., XXVII, 55; Marc., XV, 41; Luc., XXIII, 49, 55.
[879] Juan, VII, 20, 25, 30, 32.
[880] Juan, VII, 50 y sig.
[881] Math., X, 11, 13; Marc., VI, 10; Luc., X, 5-8.
[882] Math., XXI, 3; XXVI, 18; Marc., XI, 3; XIV, 13-14; Luc., XIX, 31; XXII, 10-12.
[883] Math., XXIV, 1-2; Marc., XIII, 1-2; Luc., XIX, 44; XXI, 5-6. Cf. Marc., XI, 11.
[884] Marc., XII, 41 y sig.; Luc., XXI, 1 y sig.
[885] Marc., XII, 41.
[886] Marc., XI, 19; Luc., XXII, 39; Juan, XVIII, 1-2. Ese vergel no podia estar muy distante del sitio donde la piedad de los católicos ha rodeado de una pared algunos viejos olivos. La palabra Gethsemaní parece significar «prensa de aceite.»
[887] Luc., XXI, 37; XXII, 39; Juan, VIII, 1-2.
[888] Talm. de Babil., Pesachim 53 a.
[889] Talm. de Jer., Taanith, IV, 8.
[890] Hoy dia, El Azirié (El Azir, nombre árabe de Lázaro); en los textos cristianos de la edad media, Lazarium.
[891] Math., XXI, 17-18; Marc., XI, 11-12.
[892] Juan, XI, 5.
[893] Luc., X, 38-42; Juan, XII, 2.
[894] Juan, XI, 20.
[895] Luc., X, 38 y sig.
[896] Juan, XI, 35-36.
[897] Math., XXVI, 6; Marc., XIV, 3; Luc., VII, 40-43; Juan, XII, 1 y sig.
[898] Marc., XIII, 3.
[899] Math., XXIII, 37; Luc., XIII, 34.
[900] Juan, VII, 13; XII, 42-43; XIX, 38.
[901] I Esdras, X, 8; Epist. á los Hebr., X, 34; Talm. de Jer., Moëd katon, III, 1.
[902] Juan, VII, 45 y sig.
[903] Juan, VIII, 13 y sig.
[904] Math., XXI, 23-37.
[905] Math., XXII, 23 y sig.
[906] Math., XXII, 42 y sig.
[907] Math., XXII, 36 y sig., 46.
[908] Véanse los debates referidos por Juan, cap. VIII, por ejemplo; verdad es que la autenticidad de semejantes trozos no es sino relativa.
[909] Juan, VIII, 3 y sig. Ese pasaje no formaba parte en un principio del evangelio de San Juan. Échase de ménos en los manuscritos más antiguos, y el texto es muy indeciso. Sin embargo, es de tradicion evangélica primitiva, como lo prueban las particularidades singulares de los versículos 6 y 8, las cuales no se armonizan con las ideas de Lúcas ni de los compiladores de segunda mano, quienes únicamente exponen lo que se explica por sí mismo. Á lo que parece, esa historia se hallaba en el evangelio segun los hebreos (Papias, citado por Eusebio, Hist. eccl., III, 39).
[910] Jos., Ant., XIII, X, 6; XVIII, I, 4.
[911] Math., XXII, 15; Marc., XII, 13; Luc., XX, 20; Comp. Talm. de Jer., Sanhedrin, II, 3.
[912] Juan, X, 1-16.
[913] Math., XXIV, 32; Marc., XIII, 28; Luc., XXI, 30; Juan, IV, 35.
[914] Totafôth ó tefillin, láminas de metal ó tiras de pergamino, conteniendo pasajes de la Ley, que los judíos devotos llevaban en la frente ó en el brazo izquierdo, en ejecucion literal de los pasajes (Éxodo, XIII, 9; Deuter., VI, 8; XI, 18).
[915] Zizith, orlas encarnadas que los judíos llevaban en la punta del manto para distinguirse de los paganos, Deuter., XXII, 12.
[916] Los fariseos excluyen á los hombres del reino de Dios por su casuística escrupulosa que hace muy difícil la entrada en él, y desanima á los sencillos.
[917] Quedábase impuro por el contacto de los sepulcros. Así es que se tenía cuidado de marcar sobre el suelo su periferia. Talm. de Bab., Baba Bathra, 58 a; Baba Metsia, 45 b. La reprimenda dirigida por Jesús á los fariseos consiste en haber inventado una porcion de pequeños preceptos, siempre violados sin mala intencion, y que no sirven sino para multiplicar las infracciones de la Ley.
[918] La purificacion de la vajilla era entre los fariseos cosa sujeta á reglas muy complicadas (Marc., VII, 4).
[919] El epíteto «ciego» repetido muchas veces (Math., XXIII, 16, 17, 19, 24, 26), hace quizás alusion á la costumbre de algunos fariseos que andaban con los ojos cerrados por afectacion devota (Véase [capítulo XX]).
[920] Lúcas (XI, 37 y sig.) supone, y quizás no sin razon, que ese versículo fué pronunciado durante una comida, en contestacion á vanos escrúpulos de los fariseos.
[921] Siendo impuros los sepulcros, se acostumbraba blanquearlos con cal para dar aviso de no aproximarse á ellos. Véase [nota 917]; Mischna, Maasar scheni, V, 1; Talm. de Jer., Schekalim, I, 1; Maasar scheni, V, 1; Moëd katon, I, 2; Sota, IX, 1; Talm. de Babil., Moëd katon, 5 a. Quizás hay en la comparacion hecha por Jesús una alusion á los «fariseos barnizados» (Véase [cap. XX]).
[922] Hay aquí una pequeña confusion, reproducida tambien en el targum llamado de Jonathan (Lament., II, 20), entre Zacarías hijo de Joiadas y Zacarías hijo de Baraquías, el profeta. Del primero es de quien se trata (II Paral., XXIV, 21). El libro de los Paralipómenos, donde se refiere el asesinato de Zacarías hijo de Joiadas, concluye el cánon hebreo. Es el último homicidio en la lista de los homicidios de hombres justos, segun el órden dado por la Biblia. El homicidio de Abel es el primero.
[923] Math., XXIII, 2-36; Marc., XII, 38-40; Luc., XI, 39-52; XX, 46, 47.
[924] Math., VIII, 11-12; XX, 1 y sig.; XXI, 28 y sig., 33 y sig., 43; XXII, 1 y sig.; Marc., XII, 1 y sig.; Luc., XX, 9 y sig.
[925] Math., XXI, 37 y sig.; Juan, X, 36 y sig.
[926] Juan, IX, 39.
[927] La más auténtica forma de esa frase parece hallarse en Márcos, XIV, 58; XV, 29.—Juan, II, 19; Math., XXVI, 61; XXVII, 40.
[928] Juan, VIII, 39; X, 31; XI, 8.
[929] Deuter., XIII, 1. Comp. Luc., XX, 6; Juan, X, 33; II Cor., XI, 25.
[930] Juan, X, 20.
[931] Juan, V, 18; VII, 1, 20, 25, 30; VIII, 37, 40.
[932] Luc., XI, 53-54.
NOTAS DEL CAPÍTULO XXII
[933] Juan, X, 23.
[934] Jos., B. J., V, V, 2. Comp. Ant., XV, XI, 5; XX, IX, 7.
[935] Es de suponer que los sepulcros llamados de Zacarías y de Absalon fuesen monumentos de esa clase.
[936] Math., XXIII, 29; Luc., XI, 47.
[937] Juan, X, 22. Comp. I Math., IV, 52; II Math., X, 6.
[938] Jos., Ant., XII, VII, 7.
[939] Juan, X, 40.—Math., XIX, 1; Marc., X, 1. Viaje conocido por los sinópticos; pero parecen creer que Jesús le hizo viniendo de Galilea á Jerusalen por la Perea.
[940] Eccl., XXIV, 18; Strabon, XVI, II, 41; Justin., XXXVI, 3; Jos., Ant., IV, VI, 1; XIV, IV, 1, 1; XV, IV, 2.
[941] Luc., XIX, 1.
[942] Math., XX, 29; Marc., X, 46 y sig.; Luc., XVIII, 35.
[943] B. J., IV, VIII, 3. Comp. el mismo, I, VI, 6; I, XVIII, 5, y Ant., XV, IV, 2.
[944] Juan, XI, 1 y sig.
[945] Math., IX, 18 y sig.; Marc., V, 22 y sig.; Luc., VII, 11 y sig.; VIII, 41 y sig.
[946] Juan, XI, 3 y sig.
[947] Juan, XI, 35 y sig.
[948] Juan, XI, 33, 38.
[949] Juan, XI, 46 y sig.; XII, 2, 9 y sig., 17 y sig.
[950] Juan, XII, 9-10, 17-18.
[951] Juan, XII, 10.
[952] Juan, XI, 47 y sig.
[953] Jos., Ant., XV, III, 1; XVIII, II, 2; V, 2; XX, IX, 1, 4.
[954] Ananus de Josefo. Así el nombre hebreo Johanan, venía á ser en griego Joannes ó Joannas.
[955] Juan, XVIII, 15-23; Hech., IV, 6.
[956] Jos., Ant., XX, IX, 1.
[957] Jos., Ant., XV, III, 1; B. J., IV, V, 6, 7; Hech., IV, 6.
[958] Jos., Ant., XX, IX, 3.
[959] Jos., Ant., XV, IX, 3; XIX, VI, 2; VIII, 1.
[960] Luc., III, 2.
[961] Hech., V, 17.
[962] Jos., Ant., XX, IX, 1.
[963] Jos., Ant., XX, IX, 1.
[964] Juan, XI, 49-50; XVIII, 14.
[965] Juan, XI, 48.
[966] Juan, XI, 53.
[967] Juan, XI, 54.—II Chron., XIII, 19; Jos., B. J., IV, IX, 9; Eus. y San Jerón., De situ et nom. loc. hebr., en las voces Ἐφρών y Ἐφραΐμ.
[968] Juan, XI, 55-56. Para el órden de los hechos, en toda esta parte seguimos el sistema de Juan. Los sinópticos parecen muy poco instruidos sobre el período de la vida de Jesús anterior á la Pasion.
NOTAS DEL CAPÍTULO XXIII
[969] Luc., XIX, 11.
[970] Luc., XXII, 24 y sig.
[971] Math., XX, 20 y sig.; Marc., X, 35 y sig.
[972] Luc., XIX, 12-27.
[973] Math., XVI, 21 y sig.; Marc., VIII, 31 y sig.
[974] Math., XX, 17 y sig.; Marc., X, 31 y sig.; Luc., XVIII, 31 y sig.
[975] Math., XXIII, 39; Luc., XIII, 35.
[976] Math., XX, 28.
[977] Juan, XI, 56.
[978] Celebrábase la Pascua el 14 de Nisan. Esto supuesto en el año 33, el 1.º de Nisan correspondia al sábado, 21 de Marzo.
[979] Math., XXVI, 6; Marc., XIV, 3.—Luc., VII, 40, 43-44.
[980] En el Oriente, siempre que una persona nos es adicta, por un lazo de amistad ó bien de servidumbre, acostumbra acompañarnos y servirnos cuando vamos á comer á una casa extraña.
[981] Esa costumbre se practica aún en Sour.
[982] Necesario es recordar que los piés de los convidados no estaban, como entre nosotros, debajo de la mesa, sino extendidos á la altura del cuerpo encima del divan ó triclinium.
[983] Math., XXVI, 6 y sig.; Marc., XIV, 3 y sig.; Juan, XI, 2; XII, 2 y sig. Comp. Luc., VII, 36 y sig.
[984] Juan, XII, 12.
[985] Luc., XIX, 41 y sig.
[986] Mischna, Menachoth, XI, 2; Talm. de Babil., Sanhedrin, 14 b; Pesachim, 63 b, 91 a; Sota, 45 a; Baba metsia, 85 a. Segun lo que de esos pasajes resulta, Bethphage era una especie de pomœrium que se extendia al pié del basamento oriental del templo, y que tenía su cercado propio. Los pasajes Math., XXI, 1; Marc., XI, 1; Luc., XIX, 29, no indican claramente que Bethphage fuese una aldea, como la suponen Eusebio y S. Jerónimo.
[987] Math., XXI, 1 y sig.; Marc., XI, 1 y sig.; Luc., XIX, 29 y sig.; Juan, XII, 12 y sig.
[988] Luc., XIX, 38; Juan, XII, 13.
[989] La cifra de 120.000 que le atribuye Hecateo (en Josefo, Cont. Apion, I, 22), nos parece exagerada. Ciceron habla de Jerusalen como de una ciudad insignificante (ad Atticum, II, IX). Cualquiera que sea el sistema adoptado, es indudable que el antiguo recinto no pudo contener una poblacion cuádruple de la que hoy existe, la cual no llega á 15.000 habitantes. V. Robinson, Bib. Res., I, 421, 422; Fergusson, Topogr. of Jerus., p. 51; Forster, Syria and Palestine, p. 82.
[990] Jos., B. J., II, XIV, 3; VI, IX, 3.
[991] Juan, XII, 20 y sig.
[992] Math., XXI, 17; Marc., XI, 11.
[993] Math., XXI, 17-18; Marc., XI, 11, 12, 19; Luc., XXI, 37, 38.
[994] Juan, XII, 27 y sig. El tono exaltado de Juan y su preocupacion exclusiva del papel divino de Jesús han desterrado de la narracion las circunstancias de debilidad natural referidas por los sinópticos.
[995] Luc., XXII, 43; Juan, XII, 28-29.
[996] Math., XVIII, 36 y sig.; Marc., XIV, 32 y sig.; Luc., XXII, 39 y sig.
[997] Esto se comprende tanto ménos cuanto que Juan pone mucha afectacion en restablecer las circunstancias que le son personales y de las que fué el único testigo (XIII, 23; XVIII, 15 y sig.; XIX, 26 y sig., 35; XX, 2; XXI, 20 y sig.).
[998] Math., XXVI, 1-5; Marc., XIV, 1-2; Luc., XXII, 1-2.
[999] Math., XXI, 46.
[1000] Math., XXVI, 55.
[1001] Juan, XII, 6.
[1002] Juan ni siquiera habla de una paga pecuniaria.
[1003] Juan, VI, 65; XII, 6.
[1004] Juan, VI, 65, 71-72; XII, 6; XIII, 2, 27.
[1005] Math., XXVII, 3 y sig.
[1006] Math., XXVI, 1 y sig.; Marc., XIV, 12; Luc., XXII, 7; Juan, XIII, 29.
[1007] Sistema de los sinópticos (Math., XXVI, 17 y sig.; Marc., XIV, 12 y sig.; Luc., XXII, 7 y sig., 15). Pero Juan, cuya narracion tiene en esa parte una autoridad preponderante, supone que Jesús murió el dia mismo en que se comia el cordero (XIII, 1-2, 29; XVIII, 28; XIX, 14, 31). El Talmud hace tambien morir á Jesús «la víspera de Pascua.» (Talm. de Babil., Sanhedrin, 43 a, 67 a.)
[1008] Juan, XIII, 1.
[1009] Math., XXVI, 21 y sig.; Marc., XIV, 18 y sig.; Luc., XX, 21 y sig.; Juan, XIII, 21 y sig.; XXI, 20.
[1010] Juan, XIII, 21 y sig., el cual desvanece la inverosimilitud de la narracion de los sinópticos.
[1011] Luc., XXII, 20.
[1012] I Cor., XI, 26.
[1013] Math., XXVI, 26-28; Marc., XIV, 22-24; Luc., XXII, 19-21; I Cor., XI, 23-25.
[1014] Cap. VI.
[1015] Cap. XIII-XVII.
[1016] Juan, XIII, 14-15.—Math., XX, 26 y sig.; Luc., XXII, 26 y sig.
[1017] Juan, XIII, 1 y sig. Los discursos colocados por Juan á continuacion del relato de la Cena no pueden considerarse como históricos. Están llenos de giros y expresiones impropias del estilo de los discursos de Jesús, y, por el contrario, establecen muy bien el lenguaje habitual de Juan. Por ejemplo, la expresion «hijitos» en vocativo (Juan, XIII, 33) es muy frecuente en la primera epístola de Juan. Esa expresion no parece haber sido familiar á Jesús.
[1018] Juan, XIII, 33-35; XV, 12-17.
[1019] Luc., XXII, 24-27.—Juan, XIII, 4 y sig.
[1020] Math., XXVI, 29; Marc., XIV, 25; Luc., XXII, 18.
[1021] Luc., XXII, 29-30.
[1022] Luc., XXII, 36-38.
[1023] Math., XXVI, 31 y sig.; Marc., XIV, 29 y sig.; Luc., XXII, 33 y sig.; Juan, XIII, 36 y sig.
NOTAS DEL CAPÍTULO XXIV
[1024] Juan, XIII, 30.
[1025] La circunstancia de un canto religioso, referida por Math., XXVI, 30, y Marc., XIV, 26, proviene de la opinion que tienen esos dos evangelistas de que la última comida de Jesús fué la comida pascual. Ántes y despues de la comida pascual se cantaban Salmos. Talm. de Babilonia, Pesachim, cap. IX, 118 a.
[1026] Math., XXVI, 36; Marc., XIV, 32; Luc., XXII, 39; Juan, XVIII, 1-2.
[1027] Math., XXVI, 47; Marc., XIV, 43; Juan, XVIII, 3, 12.
[1028] Math., XXVI, 47; Marc., XIV, 43; Luc., XXII, 47; Juan, XXVIII, 3; Hech., 1, 16.
[1029] Tradicion de los sinópticos. En la narracion de Juan, Jesús se nombra á sí mismo.
[1030] Sobre este punto las dos tradiciones están de acuerdo.
[1031] Juan, XVIII, 10.
[1032] Marc., XIV, 51-52.
[1033] En materia criminal no se admitian sino testigos oculares. Mischna, Sanhedrin, IV, 5.
[1034] Talm. de Jer., Sanhedrin, XIV, 16; Talm. de Babil., mismo trat., 43 a, 67 a.—Schabbath, 104 b.
[1035] Math., XXVII, 63; Juan, VII, 12, 47.
[1036] Juan, XVIII, 13 y sig. Ésta es la mejor prueba del valor histórico del cuarto evangelio. Juan es el único que refiere esta circunstancia.
[1037] Math., XVI, 69 y sig.; Marc., XIV, 66 y sig.; Luc., XXII, 54 y sig.; Juan, XVIII, 15 y sig., 25 y sig.
[1038] Math., XVI, 57; Marc., XIV, 53; Luc., XXII, 66.
[1039] Math., XXIII, 16 y sig.
[1040] Math., XXVI, 64; Marc., XIV, 62; Luc., XXII, 69. Juan no sabe una palabra de esa escena.
[1041] Levit., XXIV, 14 y sig.; Deuter., XIII, 1 y sig.
[1042] Luc., XXIII, 50-51.
[1043] Juan, XVIII, 31; Jos., Ant., XX, IX, 1.
[1044] Math., XXVI, 67-68; Marc., XIV, 65; Luc., XXII, 63-65.
[1045] Math., XXVII, 1; Marc., XV, 1; Luc., XXII, 66; XXIII, 1; Juan, XVIII, 28.
[1046] Jos., Ant., XV, XI, 5; B. J., VI, II, 4.
[1047] Filon, Legatio ad Caium, § 38. Jos., B. J., II, XIV, 8.
[1048] En el lugar donde está hoy dia el serrallo del bajá de Jerusalen.
[1049] Juan, XVIII, 28.
[1050] La voz griega βῆμα habia pasado al siro-caldeo.
[1051] Jos., B. J., II, IX, 3; XIV, 8; Math., XXVII, 27; Juan, XVIII, 33.
[1052] Juan, XVIII, 29.
[1053] Virg., Æn., XII, 121; Marcial, Epig., I, XXXII; X, XLVIII; Plutarco, Vida de Romulus, 29. Comp. la hasta pura, condecoracion militar. Orelli y Henzen, Inscr. lat., núms. 3.574, 6.852, etc. En esta hipótesis, Pilatus es una voz de la misma forma que Torquatus.
[1054] Filon, Leg. ad Caium, § 38.
[1055] Jos., Ant., XVIII, III, 1, init.
[1056] Jos., Ant., XVIII, II-IV.
[1057] Talm. de Babil., Schabbath, 33 b.
[1058] Filon, Leg. ad Caium, § 38.
[1059] Jos., Ant., XVIII, III, 1 y 2; Bell. jud., II, IX, 2 y sig.; Luc., XIII, 1.
[1060] Jos., Ant., XVIII, IV, 1-2.
[1061] Juan, XVIII, 35.
[1062] Math., XXVII, 19.
[1063] Luc., XXIII, 2, 5.
[1064] Math., XXVII, 11; Marc., XV, 2; Luc., XXIII, 3; Juan, XVIII, 33.
[1065] Juan, XVIII, 38.
[1066] Hech., XVIII, 14-15.
[1067] Tácito (Anal., XV, 44) presenta la muerte de Jesús como una ejecucion política de Poncio Pilato. Pero cuando escribia Tácito, la política romana respecto á los cristianos habia cambiado. Se los miraba como culpables de liga secreta contra el Estado. Natural era que el historiador latino creyese que Pilato habia hecho morir á Jesús obedeciendo á razones de seguridad pública. Josefo es mucho más exacto (Ant., XVIII, III, 3).
[1068] Marc., XV, 10.
[1069] Math., XXVII, 20; Marc., XV, 11.
[1070] El nombre de Jesús ha desaparecido en muchos de los manuscritos. Sin embargo, esta opinion tiene en su apoyo grandes autoridades.
[1071] Math., XXVII, 16.
[1072] S. Jerón., In Math., XXVII, 16.
[1073] Marc., XV, 7; Luc., XXIII, 19; Juan (XVIII, 40), presentándole como un ladron, parece ser aquí mucho ménos verídico que Márcos.
[1074] Math., XXVII, 26; Marc., XV, 15; Juan, XIX, 1.
[1075] Jos., B. J., II, XIV, 9; V, XI, 1; VII, VI, 4; Tito Livio, XXXIII, 36; Quinto Curcio, VII, XI, 28.
[1076] Math., XXVII, 27 y sig.; Marc., XV, 16 y sig.; Luc., XXIII, 11; Juan, XIX, 2.
[1077] Luc., XXIII, 16, 22.
[1078] Juan, XIX, 7.
[1079] Juan, XIX, 9; Luc., XXIII, 6 y sig.
[1080] En esto hay probablemente una primera tentativa de «armonía de los evangelios.» Lúcas habria tenido á la vista un relato en el cual se atribuiria, por error, á Heródes la muerte de Jesús. Y para no sacrificar por completo esa version, hizo uso de las dos tradiciones con tanto mayor motivo, cuanto que acaso sabía vagamente que Jesús (segun Juan nos lo afirma) compareció ante tres autoridades. Lúcas parece tener, en otros muchos casos, un conocimiento remoto de los hechos que figuran en la narracion de Juan. Por lo demás, el tercer evangelio contiene, respecto á la historia de la crucifixion, una serie de adiciones que sin duda tomó el autor de un documento más reciente, y cuyo arreglo se hizo de modo que se echa de ver la marcada intencion de edificar á los lectores.
[1081] Juan, XIX, 12, 15.—Luc., XXIII, 2. Para apreciar mejor la exactitud del colorido de este cuadro de los evangelistas, véase á Filon, Leg. ad Caium, § 38.
[1082] Math., XXII, 24-25.
[1083] Juan, XIX, 7.
[1084] Deuter., XIII, 1 y sig.
NOTAS DEL CAPÍTULO XXV
[1085] Jos., Ant., XX, IX, 1. El Talmud presenta la condena de Jesús como puramente religiosa y pretende en efecto que fué apedreado, ó á lo ménos que despues de haber sido crucificado fué apedreado, como sucedia muchas veces (Mischna, Sanhedrin, VI, 4). Talm. de Jer., Sanhedrin, XIV, 16; Talm. de Babil., Sanhedrin, 43 a, 67 a.
[1086] Jos., Ant., XVII, X, 10; XX, VI, 2; B. J., V, XI, 1; Apuleyo, Metam., III, 9; Suetonio, Galba, 9. Lampridio, Alex. Sev., 23.
[1087] Juan, XIX, 14. Segun Márcos, XV, 25, no eran sino las ocho de la mañana, puesto que, segun este evangelista, crucificaron á Jesús á las nueve.
[1088] Math., XXVII, 33; Marc., XV, 22; Juan, XIX, 20; Epist. ad Hebr., XIII, 18.
[1089] Gólgotha, parece tener en efecto relacion con el collado de Gareb y el lugar de Goatha mencionados en Jeremías, XXXI, 39. Esos dos parajes parecen haber estado al Nord-oeste de la ciudad. Me inclino á creer que el sitio en que Jesús fué crucificado se hallaba cerca del ángulo extremo que forma la pared actual hácia el Oeste, ó bien sobre los cerros que dominan el valle de Hinnom, encima de Birket-Mamilla.
[1090] Carecen de solidez las pruebas por las cuales se ha pretendido establecer que el Santo Sepulcro fué trasladado despues de Constantino.
[1091] El señor de Vogüé ha descubierto, á 76 metros al Este del sitio tradicional del Calvario, un lienzo de muralla judáica semejante á la de Hebron, que, de haber pertenecido al recinto del tiempo de Jesús, probaria que dicho sitio tradicional se hallaba fuera de la ciudad. La existencia de una bóveda sepulcral (llamada «sepulcro de José de Arimathea») bajo el muro de la cúpula del Santo Sepulcro deja tambien suponer que el referido sitio estaba fuera de las murallas. Por otra parte, pueden invocarse en favor de la tradicion dos consideraciones históricas, una de las cuales es de mucho peso. Consiste la primera en que sería sin duda muy original que los que, en la época de Constantino, trataron de fijar la topografía evangélica, no se hubiesen detenido ante la objecion que resulta de Juan, XIX, 20, y de Hebreos, XIII, 12. En efecto, ¿cómo siendo libres en su eleccion se habrian expuesto voluntariamente á tan grave dificultad? La segunda consideracion es que en tiempo de Constantino podian todavía guiarse por las ruinas de un edificio, erigido por Adriano, cual era el templo de Vénus que se alzaba en el Gólgotha. Á veces se inclina uno á creer que la obra de los topógrafos devotos de la época de Constantino fué en cierto modo concienzuda, y que si no prescindieron completamente de ciertos fraudes piadosos, trataron de guiarse por indicios y analogías. De no haber seguido sino un vano capricho habrian colocado el Gólgotha en un sitio más aparente, en la cumbre de alguna de las colinas próximas á Jerusalen, conformándose en esto con las suposiciones cristianas que desde muy temprano se empeñaron en que la muerte de Jesús habia tenido lugar sobre una montaña. Pero la dificultad del recinto es muy grave. Añadamos que la ereccion del templo de Vénus no prueba gran cosa. Eusebio (Vita Cons., III, 21), Sócrates (H. E., I, 17), Sozomeno (H. E., II, 1), San Jerónimo (Epist. XLIX, ad Paulin.) dicen, en efecto, que habia un santuario de Vénus en el sitio que ellos creen ser el del Santo Sepulcro; pero hay tres puntos muy dudosos: 1.º que Adriano hubiese erigido aquel templo; 2.º que se alzase en el sitio que entónces se llamaba Gólgotha; 3.º que tuviese la intencion de edificarle en el lugar en que Jesús fué ajusticiado.
[1092] Plutarco, De sera num. vind., 19; Artemidoro, Onirocrit., II, 56.
[1093] Marc., XV, 21.
[1094] La circunstancia que refiere Luc., XXIII, 27-31, es de esas en que se deja conocer el esfuerzo de una imaginacion piadosa y enternecida. Las palabras que se atribuyen á Jesús no pudieron escribirse sino despues del sitio de Jerusalen.
[1095] Talm. de Babil., Sanhedrin, fol. 43 a. Comp. Prov., XXI, 6.
[1096] Talm. de Babil., Sanhedrin, l. c.
[1097] Marc., XV, 23; Math., XXVII, 34, desfiguran ese pormenor para obtener una alusion mesiánica.
[1098] Math., XXVII, 35; Marc., XV, 24; Juan, XIX, 23; Artemidoro, Oniroc., II, 53.
[1099] Luciano, Jud. voc., 12. Comp. el crucifijo grotesco delineado en Roma sobre una muralla del monte Palatino. Civiltà cattolica, fasc. CLXI, p. 529 y sig.
[1100] Jos., B. J., VII, VII, 4; Cicer., in Verrem, V, 66; Xeno. Eph., Ephesiaca, IV, 2.
[1101] Luc., XXIV, 39; Juan, XX, 25-27; Plauto, Mostellaria, II, 1, 13; Lucano, Phars., VI, 543 y sig., 547; Justino, Dial. cum Tryph., 97; Tertul., Adv. Marcionem, III, 19.
[1102] Ireneo, Adv. hær., II, 24; Justino, Dial. cum Tryph., 91.
[1103] Véase el texto árabe publicado por Kosegarten, Chrest. arab., p. 64.
[1104] Sparziano, Vida de Adriano, 10; Vulcatius Gallicanus, Vida de Avidius Cassius, 5.
[1105] Math., XXVII, 48; Marc., XV, 36; Luc., XXIII, 36; Juan, XIX, 28-30.
[1106] Dig., XLVII, XX, De bonis damnat., 6. Costumbre limitada por Adriano.
[1107] Math., XXVII, 36.—Petronio, Satyr., CXI, CXII.
[1108] Luc., XXIII, 34. Generalmente las últimas palabras atribuidas á Jesús, y sobre todo del modo que las refiere Lúcas, inducen á la duda. Déjase conocer en ellas la intencion de edificar y demostrar el cumplimiento de las profecías. En semejantes casos cada uno las entiende á su manera. Las últimas palabras de los condenados célebres siempre han sido recogidas de dos ó tres modos completamente diferentes por los testigos más cercanos.
[1109] Juan, XIX, 19-22.
[1110] Juan, XIX, 25 y sig.
[1111] Los sinópticos están de acuerdo en colocar el grupo fiel «léjos» de la cruz. Juan dice: «al lado», incitado por el deseo de manifestar que estuvo cerca de la cruz.
[1112] Math., XXVII, 55-56; Marc., XV, 40-41; Luc., XXIII, 49, 55; XXIV, 10; Juan, XIX, 25; Luc., XXIII, 27-31.
[1113] Juan, XIX, 25 y sig. Lúcas, siempre intermediario entre los dos primeros sinópticos y Juan, coloca tambien, pero á distancia, á «todos sus amigos» (XXIII, 49). La diccion γνωστοί puede, es verdad, atribuirse á los «parientes.» Sin embargo, Lúcas establece una diferencia entre γνωστοί y συγγενεῖς. Los mejores manuscritos dicen οἱ γνωστοὶ αὐτῷ y no οἱ γνωστοὶ αὐτοῦ. En los Hechos (I, 14), María, madre de Jesús, aparece tambien en compañía de las mujeres galileas; en otra parte (Evang., II, 35) Lúcas la profetiza que una espada de dolor atravesará su corazon. Pero no se explica cómo puede olvidarla cerca de la cruz.
[1114] Éste es, en mi concepto, uno de los rasgos en que se descubre la personalidad de Juan y su deseo de darse importancia. Juan, despues de la muerte de Jesús, parece en efecto haber recogido á la madre de su maestro, y haberla adoptado (Juan, XIX, 27). La gran consideracion que María tuvo en la iglesia naciente le incitó á pretender que Jesús, de quien suponia haber sido el discípulo favorito, le habia recomendado á la hora de su muerte la más querida de sus afecciones. La presencia á su lado de este precioso depósito le aseguraba sobre los otros apóstoles una especie de supremacía y prestaba á su doctrina grande autoridad.
[1115] Math., XXVII, 40; Marc., XV, 29 y sig.
[1116] Math., XXVII, 44; Marc., XV, 32. Lúcas, en su manía por la conversion de los pecadores, ha modificado aquí la tradicion.
[1117] Math., XXVII, 45; Marc., XV, 33; Luc., XXIII, 44.
[1118] Petronio, Sat., CXI y sig.; Orígenes, In Math. Comment. series, 140; texto árabe publicado en Kosegarten, op. cit., p. 63.
[1119] Eusebio, Hist. eccl., VIII, 8.
[1120] Math., XXVII, 46; Marc., XV, 34.
[1121] Math., XXVII, 50; Marc., XV, 37; Luc., XXIII, 46; Juan, XIX, 30.
NOTAS DEL CAPÍTULO XXVI
[1122] Math., XXVII, 46; Marc., XV, 37; Luc., XXIII, 44. Comp. Juan, XIX, 14.
[1123] Deuter., XXI, 22-23; Josué, VIII, 29; X, 26.—Jos., B. J., IV, V, 2; Mischna, Sanhedrin, VI, 5.
[1124] Juan dice: «á Pilato», pero eso no es posible, puesto que Márcos asegura (XV, 44-45) que Pilato ignoraba todavía por la noche la muerte de Jesús.
[1125] No hay otro ejemplo de crurifragium aplicado despues de la crucifixion. Pues muchas veces sucedia que para concluir con los tormentos del paciente se les daba el golpe de gracia. V. S. el pasaje de Ibn-Hischam traducido en la Zeitschrift für die Kunde des Morgenlandes, I, p. 99-100.
[1126] Juan, XIX, 31-35.
[1127] Herodoto, VII, 194; Jos., Vita, 75.
[1128] Marc., XV, 44-45.
[1129] Las necesidades de la argumentacion cristiana exageraron despues esas precauciones, sobre todo, cuando los judíos adoptaron el sistema de afirmar que el cuerpo de Jesús habia sido robado. Math., XXVII, 62 y sig.; XXVIII, 11-15.
[1130] Horacio, Epist., I, XVI, 48; Juvenal, XIV, 77; Luciano, VI, 544; Plauto, Miles glor., II, IV, 19; Artemidoro, Onir., II, 53; Plinio, XXXVI, 24; Plutarco, Vida de Cléomenes, 39; Petronio, Sat., CXI-CXII.
[1131] Mischna, Sanhedrin, VI, 5.
[1132] Idéntica á la antigua Rama de Samuel en la tribu de Efraim.
[1133] Math., XXVII, 57 y sig.; Marc., XV, 42 y sig.; Luc., XXIII, 50 y sig.; Juan, XIX, 38 y sig.
[1134] Digesto, XLVIII, XXIV, De cadaveribus punitorum.
[1135] Juan, XIX, 39 y sig.
[1136] Math., XXVII, 61; Marc., XV, 47; Luc., XXIII, 55.
[1137] Juan, XIX, 41-42.
[1138] Segun una tradicion (Math., XXVII, 60), José de Arimathea era propietario de la bóveda.
[1139] La bóveda que en la época de Constantino fué considerada como el sepulcro de Cristo, ofrecia esa forma, segun puede inferirse de la descripcion de Arculfo (en Mabillon, Acta SS. Ord. S. Bened., sect. III, pars II, p. 504) y de las tradiciones vagas que existen en Jerusalen entre el clero griego, respecto al estado de la peña actualmente oculta por parte del monumento del Santo Sepulcro. Fueron débiles ó nulos los indicios (V. S. sobre todo á Sozomeno, H. E., II, 1) sobre los cuales se apoyaron en tiempo de Constantino para identificar el sepulcro de Jesús con esa bóveda. Áun admitiendo el sitio del Gólgotha como casi exacto, el Santo Sepulcro no tendria ningun carácter serio de autenticidad. En todo caso, el aspecto de los lugares ha sido enteramente modificado.
[1140] Luc., XXIII, 56.
[1141] Luc., XXIII, 54-56.
[1142] Math., XXVIII, 1; Marc., XVI, 1; Luc., XXIV, 1; Juan, XX, 1.
[1143] V. S. Math., XXVIII, 15; Juan, XX, 2.
[1144] Habia sido poseida por siete demonios (Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2).
[1145] Cosa que particularmente se deja conocer en los versículos 9 y sig. del cap. XVI de Márcos. Esos versículos forman una conclusion del segundo evangelio, diferente de la conclusion, XVI 1-8, la cual sirvió de apoyo á muchos manuscritos. En el cuarto evangelio (XX, 1-2, 11, 18), María de Magdala es tambien el único testigo primitivo de la resurreccion.
NOTAS DEL CAPÍTULO XXVII
[1146] El año 33 corresponde exactamente á uno de los datos del problema, á saber, que el 14 de Nisan fué un viérnes. Para desechar el año 33, y hallar un año que satisfaga esa condicion, preciso es remontar lo ménos hasta el año 29 ó bajar hasta el año 36.
[1147] Luc., III, 1.
[1148] Jos., Ant., XVIII, IV, 2 y 3.
[1149] La afirmacion contraria de Tertuliano y de Eusebio se origina de un apócrifo sin valor (V. S. Thilo, Cod. apóc. N. T., p. 813 y sig.). El suicidio de Pilato (Eusebio, H. E., II, 7; Chron. ad. ann. I Caii) parece tambien originarse de hechos legendarios.
[1150] Jos., Ant., XX, IX, 1.
[1151] Jos., Ant., XVIII, VII, 1, 2; B. J., II, IX, 6.
[1152] S. Jerón., De situ et nom. loc. hebr., en la palabra Acheldama. Eusebio dice al norte. Pero los itinerarios sancionan la opinion de San Jerónimo. La tradicion que llama Hacéldama al necrópolo situado en el fondo del valle de Hinnom remonta lo ménos á la época de Constantino.
[1153] Hech., I, 18-19. Matheo, ó más bien su interpolador, ha dado un giro ménos satisfactorio á la tradicion de relacionar con ella la circunstancia de un cementerio para los extranjeros, cementerio que se hallaba cerca de aquel lugar.
[1154] Math., XXVII, 5.
[1155] Hech., l. c.; Papias, en Œcumenius, Enarr. in Act. apost., II, y en Münter, Frag. Patrum græc. (Hafniae, 1788), fasc. I, p. 17 y sig.; Teofilacto, In Math., XXVII, 5.
[1156] Papias, en Münter, l. c.; Teofilacto, l. c.
[1157] Salmos LXIX y CIX.
[1158] Ese sentimiento popular existia aún en Bretaña, cuando yo era niño. El gendarme se consideraba allí como en otras partes el judío, esto es, con una especie de repulsion piadosa, por cuanto á que él fué quien prendió á Jesús.
NOTAS DEL CAPÍTULO XXVIII
[1159] Math., VIII, 5 y sig.; Luc., VII, 1 y sig.; Juan, XII, 20 y sig. Comp. Jos., Ant., XVIII, III, 3.
[1160] Tácito, Ann., XV, 45; Suetonio, Claudio, 25.
[1161] Ant., XVIII, III, 3. Una mano cristiana ha alterado este pasaje.
[1162] Ant., XVIII, I; B. J., II, VIII; Vita, 2.
[1163] Talm. de Jer., Sanhedrin, XIV, 16; Aboda zara, 2; Schabbath, XIV, 4; Talm. de Babil., Sanh., 43 a, 67 a; Schabbath, 104 b, 116 b. Comp. Chagiga, 4 b; Gittin, 57 a, 90 a. Las dos Gemaras toman una gran parte de sus datos sobre Jesús de una leyenda ridícula y obscena sin valor histórico, inventada por los enemigos del cristianismo.
[1164] Jos., Ant., XVIII, III, 3.
[1165] Filóstrato, Vida de Apolonio, IV, 2; VII, 11; VIII, 7. Eunapio, Vida de los Sofistas, p. 454, 500 (ed. Didot).
FIN DE LAS NOTAS DE LA VIDA DE JESÚS.