CAPITULO LII.

La vanguarda del campo del infante, y Berenguer, alcanza la retaguarda de Rocafort, y llegan casi á darse la batalle; mata Rocafort á Berenguer de Entenza; y Fernan Jimenez de Arenós huyendo del mismo peligro se pone en manos de los Griegos.

Llegó Rocafort con su ejército á una aldea dos jornadas lejos de la ciudad de Cristopol, puesta en un llano abundante de frutas, y aguas, las casas vacias de gente, pero llenas de pan y vino, y de otras cosas no solo necesarias, pero de mucho gusto y regalo. Detuvieronse en tan buen alojamiento más de lo que debieran soldados platicos, y bien disciplinados; cerca de medio dia aun no habian partido, porque la gente derramada por aquella llanura, con el regalo de la fruta que se hallaba en los árboles, se entretuvo de manera que no se pudo recoger antes. La vanguarda del campo del infante donde iba Berenguer de Entenza, porque salió mas temprano de lo que acostumbraba alcanzó la retaguarda de Rocafort. Alteróse su retaguarda, y vueltas las caras viéndose tan cérca los de Berenguer, juzgaron que venian á romper con ellos: tocóse arma con grande confusion, y la vanguarda del uno con la retaguarde el otro se encontraron. Rocafort luego que reconoció la gente de su contrario tuvo por cierto que venía con determinacion de ejecutar algun mal intento, pues no pudiera ser otra la causa que á Berenguer le obligara á romper los conciertos sin primero avisar.

Un hombre sospechoso nunca discurre ni piensa lo que le puede quitar las sospechas, sino lo que se las acrecienta. Rocafort no consideró su descuydo en diferir la partida hasta medio dia, y acordóse que Berenguer de Entenza habia madrugado mucho. Al fin, ó por pensarlo así, ó por tomar la ocasion de venir á las manos con él, mandó suvir á caballo su gente, y él hizo lo mismo armado de todas piezas, y partió con gran furia contra la gente de Berenguer de Entenza, á quien la suya habia ya acometido, trabándose una cruel y sangrienta escaramuza.

Llegó tambien aviso al Infante y á los demas capitanes del desorden. Salió Berenguer de Entenza el primero á caballo, y desarmado con sola una azcona montera, como persona de mas autoridad, á detener los suyos, y retirarlos. Gisbert de Rocafort hermano de Berenguer, y Dalmau de San Martín su tio, vieron á Berenguer que andaba metido en los peligros de la escaramuza, ó que les parecíese que animaba su gente contra ellos, ó lo que se tiene por mas cierto, viendo la ocasion de satisfacer su mal animo, y quitar el émulo á su hermano, Gisbert, y Dalmau cerraron juntos con él. Berenguer de Entenza, que como inocente y buen caballero, viendo que los dos hermanos se encaminaban para él vuelto á ellos les dijo: ¿Qué es esto amigos?. Y en este mismo tiempo le hirieron de dos lanzadas, con que aquel valiente y bravo caballero cayó del caballo muerto, sin poderse defender por estar desarmado, descuidado y entre sus amigos. Encendióse mas vivamente la escaramuza despues de muerto Berenguer, y los Rocafort ejecutaron su venganza matando muchos de su vando. No puede ser mayor la crueldad, que despues de haber vencido y muerto su contrario, degollar y despedazar los vencidos, en quien no pudiera haber resistencia, despues de perdida su cabeza, en admitir á Rocafort, y obedecelle; pero su soberbia y arrogancia fué tanta que no hacia ya la guerra á sus enemigos, sino á su propia naturaleza, y solicitaba á los Turcos, y Turcoples para que inhumanamente acabasen todos los del vando de Berenguer, sin excepcion alguna de persona.

Fernan Jimenez de Arenós con el mismo descuido que Berenguer de Entenza, iba desarmado, y retirando su gente á cuchilladas, fué advertido de la muerte de Berenguer y que con cuidado le iban buscando para matarle; y así con alguna gente que pudo recoger y llevar tras sí, se salió del campo y tuvo por más seguro entregarse á los Griegos que á Rocafort. Fuese á un Castillo que estaba cerca, donde fué recibido debajo de seguro, con que se presentase delante del Emperador Andronico. El infante por amparar y defender la gente del vando de Berenguer, salió armado con algunos caballeros que le siguieron, y se opuso con valor á los Turcos, y Turcoples, que asistidos de Rocafort, todo lo pasaban por el rigor de su espada.

Pudo tanto la presencia del Infante, que Rocafort puesto á su lado, por que los Turcos no le perdiesen el respeto, retiró su gente, despues de haber tan alevosamente muerto á Berenguer, y tanta gente de su vando. Quedaron muertos en el campo ciento cincuenta caballos, y quinientos infantes, la mayor parte de las compañias de Berenguer de Entenza, y Fernan Jimenez de Arenós. Sosegado el tumulto, y retirada la gente á sus vanderas, el Infante, y Rocafort vinieron juntos á la plaza del lugar, donde tenian el cuerpo de Berenguer tendido.

Apeóse el Infante de su caballo, y abrazado con el cuerpo difunto, dice Montaner, que lloró amargamente, y que le abrazó y besó mas de diez veces, y que fué tan universal el sentimiento, que hasta sus mismos enemigos le lloraron. Vuelto el Infante á Rocafort con palabras asperas le dijo, que la muerte de Berenguer habia sido malamente hecho por algun traidor. Rocafort con palabras humildes respondió que su hermano, y tio no le conocieron hasta que le hubieron herido. Con esto se hubo de satisfacer el Infante, pues no tenia fuerzas para castigar tanto atrevimiento, y sin duda que hiciera alguna demostracion, sinó se hallara con tan poca gente.

Mandó que para enterrar el cuerpo de Berenguer, y hacerle sus obsequias se detuviese el ejército dos dias, porque quiso honrarle con lo que pudo; y así se hizo. Enterraronle en una hermita de San Nicolas que estaba cerca, junto del Altar mayor; sepulcro harto indigno de su persona si consideramos el lugar humilde, y poco conocido donde le dejaron, pero célebre y famoso por ser en medio de las Provincias enemigas, cuya inscricion y epitaphio es la misma fama que conserva, y estiende la memoria de los varones ilustres que carecieron de tumulos magnificos en su patria, por haber perecido en tierra ganada y adquirida por su valor. Este fin tuvo Berenguer de Entenza, nobilísimo por su sangre, y celebrado por sus hazañas, y por entrambas cosas estimado de Reyes naturales, y estraños. En sus primeros años sirvió á sus Principes primero en Cataluña, y despues en Sicilia, con buena fama, donde alcanzó muchos amigos, y hacienda para seguir el camino que la fortuna le ofreció de engrandecerse, y alcanzar estado igual á sus merecimientos, que aunque en su patria lo poseia grande, pero no de manera que su animo generoso y gallardo cupiese en tan cortos limites, como los de la Baronia que hoy llamamos de Entenza.

Fué Berenguer animoso y valiente con los mayores peligros, fuerte en los trabajos, constante en las determinaciones, igualmente conocido por los sucesos prosperos y adversos porque en medio de su felicidad padeció una larga y trabajosa prision y apenas salido de ella, y restituido á los suyos, cuando otra vez la fortuna se le mostraba favorable murió á traicion á manos de sus amigos, en lo mejor de sus esperanzas.

El infante despues de sosegado el alvoroto, envio á llamar á Fernan Jimenez, ofreciendole que podia venir seguro debajo de su palabra. Respondió que le perdonase, que ya no estaba en su libertad para cumplir sus mandamíentos, porque habia ofrecido de presentarse ante el Emperador Andronico con toda su compañía. Tuvole el Infante por disculpado, y Fernan Jimenez despues de haber recogido los suyos, se fué á Constantinopla donde le recibió Andronico con muchas muestras de agradecimiento, de que le hubiese venido á servir y por mostrarlo con efecto, le dió por mujer una nieta suya viuda, llamada Teodora, y el oficio de Megaduque que tuvo Roger y despues Berenguer de Entenza.

Con esto quedó Fernan Jimenez de los mas bien librados capitanes de esta empresa, y el que solo permaneció en dignidad, y escapó de fines desastrados.