CAPITULO LX.

Eligen los Catalanes Gobernadores, y solicitados del duque de Athenas ofrecen de serville.

Después del miserable caso de Rocafort, y de los que por él se siguieron, que nuestro exército no solo sin cabeza, pero sin personas capaces de tanto peso; porque el gobierno de tan várias gentes, acostumbradas á obedecer famosos Capitanes, y envejecidas debaxo de su mando, mal se pudiera entregar á quien no fuera igual á los pasado en valor, y nobleza de sangre. Roger de Flor fué el que primero los gobernó, hombre, como se dixo, señaladísimo entre todos los capitanes de su tiempo.

Después Berenguer de Entenza ilustre por su sangre, y hazañas. Luego Rocafort, famoso por sus victorias; y aunque sin estos en nuestro campo habia muchos caballeros, y capitanes de nombre, que pudieran ocupar este puesto, habian todos perecido por la crueldad de Rocafort, que como á émulos y competidores les procuró siempre su perdicion; porque no hay razon que prevalezca en un hombre cuando se atraviesa la conservacion de un puesto grande, y los medios que pone para adquirille, y mantenelle, no repara en si son buenos, ó malos, á trueque de salir con su pretension.

Juntaronse los del consejo para elegir cabeza y considerando la falta que tenian de ellas, se resolvieron de nombrar dos caballeros, un Adalid, y un Almugavar, para que por todos cuatro juntos, por consejo de los doce se gobernase el campo.

Con este gobierno se entretuvieron algun tiempo en Casandria, á donde tuvieron Embaxadores del Conde de Breña, que sucedió en el Ducado de Athenas por la muerte de su Duque, ultimo descendiente de Boemundo, que por faltarle sucesion dexó su Estado al Conde su primo hermano. Traxo esta embaxada Roger Deslau, caballero Catalan, natural de Rossellon, que servia al Conde. Con este se asentó el trato, ofreciéndoles de parte de su Señor, que siempre que le viniesen á servir les daria seis meses de paga adelantada, y las mesmas ventajas que habian tenido en servicio del Emperador Andronico.

Pero dudabase mucho que pudiesen ir á serville, sino dándoles armada con que pasar; porque por tierra parecia imposible, por haber de atravesar tantas Provincias, y casi todas de enemigos, rios caudalosos, montes asperos, y todo esto sin haberlo reconocido. Con todas estas dificultades quedaron firmados todos los conciertos, por si en algun tiempo le fuesen á servir.

Pasaron el siguiente invierno los nuestros con alguna falta de bastimentos; y así en abriendo el tiempo, trataron de desamparar á Casandria, y acometer á Tesalónica, cabeza de toda la provincia, á donde estaba la mayor fuerza de ella, porque se tenia por cierto, que ganada esta Ciudad, podrían fundar con mucha seguridad los Catalanes, y Aragoneses su Imperio en ella, y alcanzar las mayores riquezas del Oriente, por residir allí Irene muger de Andronico, y María muger de su hijo Miguel, con toda su corte. No fueron estos consejos tan ocultos al Emperador Andronico, como se pensaba, y trató luego de prevenirse, porque conocia á los Catalanes con brios para emprender cosas tan grandes, y al parecer imposibles. Envió Capitanes expertos á Macedonia, á levantar gente para defender las Ciudades principales.

Mandó que dentro de ellas se recogiesen los frutos de toda las campañas, para asegurarse del daño que podia causar la falta de ellos, y dexar al enemigo la tierra de manera que no se pudiese mantener de lo que en ella quedaba. Mandó tambien que desde Cristopol hasta el monte vecino se levantase una muralla, para impedirles la vuelta de Thracia. Con esto le pareció al Emperador que acabaria á los Catalanes, si venir con ellos á las manos, que esto jamas quiso que se aventurase, porque tenia por imposible vencerlos con fuerza y violencia.

Estuvo bien cerca de salirle bien estas trazas á Andronico si el valor de nuestra gente no las hiciera vanas, y sin provecho.