CAPITULO LXI.
Sale el exército de Casandria; y pasa á Thesalia.
Dexaron los nuestros á Casandria, y vinieron con todo su poder la vuelta de Tesalónica, creyendo hallarla en el descuydo que Ciudad tan grande y populosa pudiera tener, pero fué muy diferente de lo que se pensó, porque bastecida de provisiones, y de gente de guerra, estaba sobre el aviso. Tentaron de acometella á viva fuerza de asaltos, pero las dos emperatrices que estaban dentro, asistidas de los mas valientes Capitanes del Imperio, libraron la Ciudad; porque los Catalanes, reconociendo tan gallarda defensa, dexaron la empresa, y alojados en las aldeas mas vecinas, corrieron la tierra para buscar el sustento; pero como la vieron vacía de gente, y de ganado, sospecharon la traza del enemigo que ellos no habian prevenido.
Trataron luego de partirse; porque ocho mil hombres, sin los cautivos, caballos y bagajes, eran número grande para poder sustentarse, y vivir de lo que el enemigo habia dexado de recoger.
Viendo pues la ruina inevitable si se detenian, determinaron volver á Thracia por el camino que truxeron á la venida; pero avisados de un prisionero que el paso de Cristopol estaba cerrado con un muro, y bastante gente para su defensa, tuvieronse casi por perdidos, porque creyeron tambien que tras esta prevencion, los Macedones, Thracios, y Lyrios, y Acarnanes, y los de Tesalia, todos los pueblos vecinos, juntas sus fuerzas les acometerían, ó por lo menos les defenderían el buscar el sustento, con cuya falta forzosamente habrian de perecer.
La última necesidad, como siempre acontece, les hizo resolver de atravesar toda la Provincia de Macedonia, y entrar en Thesalia, cuyos pueblos vivian sin recelo de sus espadas, porque creyeron que Macedonia, y las fuerzas que habian dentro de ella, fueran impenetrables muros para que los Catalanes los pudieran ofender. Apenas acabaron de tomar este consejo, cuando luego le pusieron en execucion, porque Andronico no les pudiese prevenir, y así desando á Thesalonica, recogiendo todas sus fuerzas, con increíble diligencia, porque el enemigo no les impidiese la entrada de los montes, caminaron por pueblos enemigos, tomando de ellos solo el sustento forzoso, porque el temor del peligro fué mayor entonces que su codicia, que por no detenerse, no la exércitaban.
Al tercero dia llegaron á la ribera del rio de Peneo, que corre entre los montes Olimpo, y Ossa, y riega aquel amenísimo valle llamado Tempe, tan celebrado en la antigüedad.
En las caserias, y poblaciones, riberas de este rio se alojaron, donde convidados de su regalo, y templanza del cielo, pasaron el rigor del invierno. Dióles ocasion para este reposo el tener llana y segura la salida par Tesalia, y la abundancia de bastimentos que hallaron en las tierra, poco trabajadas antes de gente militar. Fué este valle de Tempe tan estimado de los antiguos, así por la suavidad, y templanza del ayre, como por la Religion, y deidades que creyeron que habitaban entre aquellas selvas, y bosques, y en el rio, que le tenian por un paraíso, y propia habitacion de sus Dioses.
Los Griegos quando supieron el camino que los Catalanes habian tomado, poco seguros de que no volviesen, no los quisieron irritar, aunque la presteza de su camino fué de manera, que aunque les quisieran seguir no pudieran alcanzalles, y quedaron con nuevos temores de gente, cuya industria, y valor excedia todas sus fuerzas, y consejos.