CAPITULO LXIX.

Philes Paleologo vence á los Turcos, con que todos quedaron muertos, ó presos.

Mientras el emperador procuraba traher milicia estrangera para levantar exército, por no poderle formar de la propia, Philes Paleólogo pariente suyo, hombre tenido hasta entonces por encogido y que solo trataba de estarse quieto en su casa, le pidió que le diese licencias, y poder juntar la gente que quisiese ofreciendose de tomar á su cargo la jornada.

Andronico advirtió la bondad del hombre, y pareciéndole que debia ser enviado de Dios para remedio de tantos daños, determinó de encargalle la guerra, y dexarsela hacer á su modo, porque tenia por cierto que sus pecados eran causa de tantos malos sucesos pues no bastó un grande ejército para vencer tan poco número de Turcos; y así puso solo su esperanza en la bondad de Philes, á quien dió dinero, armas y cavallos, y la gente que quiso.

Salió Philes en campaña, y antes encargó á todos que se confesasen, porque de otra manera era imposible alcanzar algun buen suceso.

Distribuyó la mayor parte del dinero en limosnas con los pobres, y en los Monasterios, para que estuviesen en continua oracion: remedios generales para todos los trabajos, con los quales se aplaca la ira, y se alcanza la misericordia de Dios.

Hecho esto, envió por muchas partes á descubrir al enemigo.

Tuvo luego aviso que Calel con mil y doscientos caballos corria las camapañas de Bizia, donde habia hecho una gran presa.

Con esta nueva caminó tres dias, despues que partió de las aldeas vecinas á Constantinopla, y asentó su alojamiento cabe el rio que los naturales de la provincia llaman Xerogipso.

Y al cabo de dos dias que allí estuvo, cerca de la media noche, llegó el aviso como los Turcos estaban cerca cargados de grandes despojos.

Préparose Philes para la batalla, y al salir del sol se descubrieron clara y distintamente de ambas partes.

Los Turcos con gran priesa pusieron los carros alrededor de los cautivos y presa, haciendo su acostumbrada oracion así lo cuenta Gregoras, y echandose polvos sobre la cabeza. Al tiempo de pelear, Philes acometió al anemigo; pero el que gobernaba el cuerno derecho, matando por sus propias manos dos turcos, fué herido en un pié de suerte, que se hubo de salir de la batalla.

Esto turbó de manera la gente que peleaba en aquel lado que casi estuvo desbaratada, si Philes con su valor no los animára y detuviera.

Peleóse gran rato, pero la victoria inclinó á la parte de Philes, y los Turcos desbaratados y vencidos, habiendo gran parte de ellos muerto en la batalla, huyeron.

Siguióse el alcance hasta que los Turcos llegaron á un Castillo donde se habian fortificado. Prosiguió su victoria Philes, y en pocos dias llegó á ponerles sitio. El Emperador quando supo el buen suceso de la jornada, envió algunas galeras de Genoveses á guardar el estrecho, para que á los cercados no les pudiese venir socorro. Viéndose los Turcos tan desesperados, por tener todos los caminos de su remedio cerrados, determinaron salir del Castillo de noche, morir como hombres.

A Philes le llegaron dos mil caballos Tribalos, y muchos Genoveses, con que se apretase mas el sitio. Los Turcos por ver á Philes mas poderoso no mudaron de parecer, antes con nuevo coraje y brio, salieron de noche, y acometieron los quarteles del campo, pero fueron rebatidos y echados con gran perdida suya. Otra noche volvieron á probar su fortuna, y dieron en las tiendas y alojamientos de los Tribalos, de donde volvieron muy mal tratados. Resolvieron por ultimo remedio desamparar el Castillo, y tomar la vuelta del mar donde estaban las galeras de los Genoveses, en quien pensaban hallar alguna misericordia por no tenerlos ofendidos.

Era la noche muy obscura, y así muchos de los Turcos pensando ir hacia el mar, daban en manos de los Griegos, que los mataban sin piedad. Los demas llegaron á la lengua del agua, dice Nicephoro que los Genoveses mataron muchos de ellos, y muchos cautivaron, pero Montaner añade, que esto fué debaxo de palabra que los pasarian á la Natolia sin hacerles daño, y que quando los tuvieron dentro en sus galeras, les echaron en cadena, y mataron. Como quiera que ello sea, los Turcos compañeros de los Catalanes, y Aragoneses acabaron en esta jornada, despues de haber ellos solos inquietado el Imperio cerca de tres años, retirándose quinientas millas que hay, ó poco menos, desde Athenas hasta Galípoli; y aun para destruirles, con ser tan pocos, hubo Andronico de valerse de los Tribalos, y Latinos, y con todo se tuvo por milagro que Dios obró por medio de Philes, porque quando vieron á Miguel desvaratado y vencido, les pareció que ya no serian bastantes fuerzas humanas para resistirles, sino que se habia de acudir á las divinas.