CAPITULO XIX.
Alojase el ejército en la Thracia Chersoneso, y Roger parte á
Constantinopla.
Embarcóse el ejército en las galeras y navíos de su armada, y siguiendo el órden que tenian del Emperador Andronico, atravesaron el estrecho, y desembarcaron. Toda la gente en la Thracia Chersoneso, tomando por plaza de armas y principal cabeza de sus alojamientos á Galípoli, Ciudad en aquel tiempo tenida por la más principal de la Provincia, puesta casi á la boca del estrecho que mira al Norte. Estiéndese este Isthmo ó chersoneso de Tracia setenta millas á lo largo, y seis en ancho, y en algunas partes menos de tres. Por la parte del Oriente le baña el mar del estrecho, llamado de los antiguos Helesponto, que divide la Europa del Asia. Ciñele el mar Egeo por la parte del ocaso y medio dia, y por el Setentrion el mar del Propontide, llamado en nuestros tiempos de Marmora. Fué en lo pasado este Isthmo morada de los Cruseos, y hubo en la parte que se continúa con la Tierra firme Lisimachia, celébre por su fundador Lisímaco, que le dió el nombre, y Sexto, lugar conocido por los amores de dos infelices amantes. Pero al tiempo de los Catalanes y Aragoneses llegaron á esta Provincia apenas parecian sus ruinas; solo en las de la antigua Lisimachia habia un castillo llamado Ejamille, y muchas aldeas y poblaciones pequeñas á donde los nuestros se alojaron en tanto que pasaba el rigor del invierno, tomando, como tengo dicho, á Galípoli, Ciudad de mediana poblacion, por principal fuerza y presidio para la defensa comun. Guardóse el mismo órden en los alojamientos que el año antes se tuvo en el cabo de Artacio, quedando al parecer todos satisfechos y sosegados, se fué Roger á Constantinopla con cuatro galeras, y con parte de la infantería más escogida á verse con el Emperador Andronico, y darle la enhorabuena de la restauracion de tantas provincias del Asia, y recibir juntamente mercedes y honras debidas á tantas victorias. Llegaron á la ciudad los nuestros acompañando su General, y con universal admiracion de todos les recibieron y acompañaron hasta el Palacio, donde el Emperador con demostraciones y palabras nunca antes usadas le honró, y Roger después de haberle dado entera relacion del estado de las Provincias que puso en libertad, le pidió dinero para hacer pagamento general. Repondió el Emperador con mucho cumplimiento, diciendo, que era muy debedo á su valor no dilatar pagas tan bien ganadas, y que él se las mandaria librar luego. Pero aunque esta respuesta en lo exterior fué la que Roger podia desear, quedo el Emperador muy desabrido de esta demanda, porque después de tan grandes presas, y despojos riquísimos de las Provincias conquistadas, pedirle luego una pequeña paga, era señal de una codicia insaciable, y que difícilmente todo el poder del Imperio Griego la pudiera satisfacer. Lo que alcanza el soldado en premio de la victoria sirve más para el gusto que para la necesidad, y así se distribuye con mucha largueza en juegos, en camaradas, y en banquetes; pero la paga se estima siempre como cosa que se dá en precio de su trabajo, y de su sangre, y acude con ella á su necesidad, y siente mucho que ésta se le niegue, ó se dilate, y más cuando el Príncipe gasta con gran largueza en una vana ostentacion de su Magestad, y deja de acudir á esta obligacion, en la cual se funda y apoya la verdadera grandeza de los Reyes.