CAPITULO XX.
Berenguer De Entenza con nuevo socorro llega á Constantinopla, donde se le dió el cargo de Megaduque, y á Roger le ofrecieron el de César.
Roger quedó en la Ciudad algunos dias solicitando al Emperador su despacho, y á los ministros de su hacienda que maliciosamente ocultaban el dinero, y ponian dificultades y estorbos en los medios y arbitrios que se daban para su cobranza: artes usadas siempre de los que manejan hacienda de Príncipes. Aunque en esta detencion concurria el Emperador.
En este medio llegó á Galípoli Berenguer de Entenza, hombre conocido por su sangre y valor, llamado con grande instancia del Emperador Andronico, que aunque Berenguer tenía ya ofrecido que le vendría á servir, envió segunda vez por él con embajada particular, ofreciendo hacerle muy aventajadas mercedes. Partió de Mecina Berenguer solicitado de este segundo llamamiento, y llegó á Grecia con algunas galeras, y cinco bajeles armados, y en ellos mil Almugavares, y trescientos hombres de á caballo, toda gente muy lucida. Detúvose en Galípoli diez dias, donde fué recibido con notable gusto de toda la nacion, hasta saber lo que Roger ordenaba, á quien envió dos caballos para que le diesen aviso de su llegada. Holgóse mucho Roger de tener á Berenguer de Entenza en su compañía, porque habia entre los dos estrechísima amistad, y grandes obligaciones para conservarla. Escribióle que viniese luego á Constantinopla, porque el Emperador querria honrar su persona como se contenia en dos cartas del mismo Emperador, con sellos pendientes de oro, que juntamente con la suya le enviaba. Con esto Berenguer de Entenza se fué á Constantinopla, y luego acompañado no solamente de Roger, y de todos los de nuestra nacion, pero tambien de muchos Griegos principales, que en público profesaban nuestra amistad, entró en el Palacio Imperial. Recibióle Andronico con semblante alegre, pero con ocultos temores y sospechas, porque los Catalanes se aumentaban, no solo en reputacion, pero con nuevos suplementos de gente. Y aunque Andronico procuró con particular instancia, que Berenguer viniese á servirle, fué antes que los Catalanes alcanzasen tantas victorias de los Turcos. Pero después que por ellas creció su estimacion, tuvo por sospechosa compañía tan poderosa dentro de su casa, y Pachimerio dice, que el Emperador no le quiso recibir á su sueldo, porque venia con más compañías de gente que él pedia.
Roger de Flor entre las muchas partes que le hicieron famoso, fué el ser agradecido, y reconocer en público sus obligaciones á Berenguer de Entenza, que en los tiempos que pobre y desvalido llegó á Sicilia, le amparó y ayudó á levantar su fortuna. Pidió licencia al Emperador para renunciar el oficio de Megaduque en Berenguer, dando por motivo su valor y nobleza igual á la de los Reyes, y que caballero de tan alta sangre era justo que tuviese el primer lugar en el ejército. Berenguer de Entenza con igual correspondencia suplicó al Emperador, que el título de César que le ofrecía fuese servido de darle, á Roger; persona de tantos servicios, y por el casamiento de su nieta adoptado en la casa Real, pocas veces usada, no solo en los tiempos presentes, pero ni en los antiguos, donde la moderacion y templaza parece que tuvieron alguna estimacion. Roger poderoso en riquezas, acreditado con victorias, estimado por el nuevo parentesco, Berenguer por sangre y por valor ilustre, parece que entre ambos pudieran tener razon de pretender el supremo lugar, pero las mismas calidades que les debieran incitar á la emulacion, fueron las que les moderaron, juzgando por muy aventajadas las agenas, y por muy inferiores las propias.
El siguiente dia después de la llegada de Berenguer, asistiendo toda la nobleza de la Corte, así extranjeros como naturales, Roger de Flor, habida licencia de Andronico, se quitó el bonete, insignia de su dignidad de Megaduque, y juntamente con el sello, baston y estandarte de su oficio, le entregó á Berenguer; rehusólo, y sin duda no lo admitiera, si el Emperador resueltamente no se lo mandara. Causó en los Griegos gran admiracion la cortesía de Roger, y Andronico la celebró, y honró con otra más señalada merced, ofreciendo á Roger título de César, uno de los mayores de su Imperio; con que entre ambos quedaron obligados, y los Griegos ofendido de ver que Andronico diese el título de César desusado ya en aquel imperio por sospechoso á los Príncipes. En los tiempos antiguos, cuando floreció el Imperio Romano, llamar á uno César, era señalarle por su sucesor, como lo es entre los Emperadores occidentales el Rey de Romanos, en Francia el Delphin, y en nuestra España el Príncipe. Pero declinado ya el poder de los Romanos, después de dividido el Imperio, los Emperadores Griegos daban solamente el título de César, sin algun derecho de sucesion; pero siempre quedó estimado este oficio, puesto que solo era sombra de lo que fué. Túvose después por el primero, hasta que la dignidad de Sebastocrator fué preferida, cuando Alejos Commeno dió su segundo lugar en el Imperio á Isacio. Esta tambien perdió después su precedencia y autoridad, cuando el mismo Alejos, por quedar sin hijo varon, casó su hija primogénita Irene, con Alejos Paleólogo, dándole título de Déspota, que es lo mismo que llamarle á uno señor, y fuera sin duda Emperador si no muriera antes que su suegro; de suerte que la dignidad de César en aquel Imperio es la tercera, por ser la primera la de Déspota, y la segunda la de Sebastocrator. Dice Curopalates que estas tres dignidades no tienen particular ocupacion á que acudir, y que al César le llaman señor; palabra tenida por soberbia, y debida solo á Dios en los tiempos antiguos aún de los mismos Emperadores, pues leemos de Augusto, de Tiberio, y de algunos otros que jamás consintieron que les llamasen señores. Tratavanle de Magestad al César, el bonete que llevaba era de oro y grana, y su remate casi como el del Emperador, la capa de grana, las media y zapatos de color celeste, y la silla como la del mismo emperador, pero sin águilas, iba junto al Emperador en las públicas entradas y acompañamientos, y vivia dentro de su Palacio. Todo este suceso que se ha referido es conforme se saca de lo que Montaner en su historia, y Berenguer en sus relaciones no dejó escrito. Pero George Pachimerio en el cap. II del libro 12 refiere con alguna variedad este suceso; y así me ha parecido no confundirlo con lo de arriba, ya que no los podia conciliar, para que el que lo leyere pueda con claridad hacer juicio de lo que le pareciere más verdadero.
Determinado ya el Emperador de recibir á Berenguer de Entenza, le envió á llamar muchas veces, que se decia estaba en Galípoli, y para asegurarle le envió sus patentes con sellos pendientes de oro, en que le prometia con juramento, que queriéndose quedar le trataria con buena voluntad, y ánimo amigable, y que cuando se quisiese ir no lo impediría. Berenguer recibidos los despachos, con la fé y palabra del Emperador, se fué á Constantinopla con dos navíos, pero llegado, no quiso salir fuera de ellos, y envió el aviso al Emperador de su llegada. Mandóle luego al Emperador llamar, y le envió coches y caballos para que entrase con mucha autoridad y honra, pero Berenguer ni quiso salir de los navíos, ni obedecer, pidiendo que el Emperador le enviase en rehenes á su hijo el Déspota Juan. Pareció esto mal así al Emperador, como á todos, pues no se fiaba de su palabra y juramento; y así le dejó muchos dias en los navíos. Finalmente llegándose el dia de Navidad le envió á llamar, diciéndole que estuviese de buen ánimo pues le habia asegurado con su fé y palabra. Estuvo dudoso mucho tiempo, hasta que se desengañó, y se fué al Emperador, de quien fué magníficamente recibido, pero siempre se retiraba á los navíos, á donde el Emperador tuvo siempre cuenta de regalarle. El dia de Natividad le tomó al Emperador el juramento de fidelidad, y con esto le dió la dignidad de Megaduque del Senado, y le dió la vara dorada, invencion nueva del Emperador, y le vistieron al modo y uso de Senador, con que dejó sus navíos, y se fué á posar á Cosmidio donde estaban sus Catalanes, que algunos de ellos fueron tambien honrados con títulos y mercedes grandes; y desde entónces Berenguer tuvo grandes autoridad con los privados, y en los consejos de Andronico. En el juramento de fidelidad que hizo Berenguer disimuló su engaño, dando muestras de verdad y llaneza; pues habiendo de jurar que sería amigo de los amigos del Emperador, y enemigo de sus enemigos, exceptuó á Fadrique de los enemigos, porque decia que le habia jurado antes amistad. Esto pareció á los inteligentes que encerraba en sí algun gran secreto, más de lo que exteriormente parecia; otros lo tomaron bien, diciendo que como fué fiel á Fadrique, así lo sería al Emperador, con que ganó opinion y gloria, siguiendo la sentencia de Platon, de cuanta importancia sea el parecer bueno y justo para ganar opinion, y poder engañar.