CAPITULO XLVII.

Berenguer de Entenza, y Berenguer de Rocafort dividen el ejército en vandos.

Berenguer de Entenza luego que llegó á Galípoli quiso ejercitar su cargo como solia antes de ser preso, y Berenguer de Rocafort dijo que ya las cosas estaban trocadas, y que no tenia que gobernar mas de los que traia, que los demás ya tenian general. Alterarónse los animos, pretendiendo todos que se les debia la suprema autoridad. Los amigos y allegados de cada cual de ellos, con palabras descompuestas y llenas de arrogancia amenzaban que con sus armas se harian obedecer. Dividido el ejército con esta competencia, todo andaba desordenado, y cerca de llegar á grande rompimiento, movidos de algunos chismes que se andaban refiriendo. Estuvieron cerca de venir á las manos, porque no falta entre tantos quien gusta de revolver, por hacer daño al enemigo, ó acreditarse con el amigo. Esforzaban entrambas las partes su pretension con razones muy bien fundadas. Por la de Berenguer se decia, que antes de su prision era general, y habia sido el primero que acometió felizmente las provincias del imperio, y que por la alevosia de los Genoveses se habia perdido, no por haber faltado á lo que debia. Después de una larga prision padecida por ser su general, no habia de ser ocasion de quitarle el cargo, antes bien de honrarle con él cuando no le hubiera tenido; que por desdichado no habia de perder lo que ganó por su valor; que en viéndose libre vendió parte de su hacienda para darles socorro, y á esto se añadia, lo que á Rocafort le ofendia mas, la diferencia tan desigual de la calidad, trato y condicion, Berenguer rico hombre, Rocafort, caballero particular; el uno cortés, liberal apacible, el otro áspero, codicioso, insolente. Por la parte de Rocafort esforzaban sus amigos su pretension con razones de gran consideracion.

Fundaban su derecho diciendo, que Rocafort habia gobernado el campo como supremo capitan seis años; que cuando tomó á su cargo el gobierno, estaban nuestras partes de todo punto perdidas, y con su industria, y valor lo habia restaurado, y que su nacion en su tiempo se habia hecho la mas poderosa y estimada de todo el Oriente: que seria cosa muy injusta quitarle el gobierno al tiempo de la felicidad, habiéndole tenido en tiempos tan apretados; que muchas veces se deseó la muerte por menor mal del que se esperaba, que el fruto de los trabajos los habia de gozar quien los padeció, antes que los demás por nobles y grandes que fuesen; y que seria un agravio muy notable si le quitaban el puesto en que habia acrecentado su nombre con tan señaladas victoria, y librado su gente de una triste y miserable muerte, que siempre tuvieron por cierta. Mientras la una y otra parte se trataba del caso, vinieron casi á rompimiento, remitiendo su pretension á las armas, conque muchas veces dentro de las murallas de Galípoli estuvieron para darse la batalla; porque como no habia quien pudiese decidir la causa, por estar el ejército dividido, llevados todos de las obligaciones, y aficion que cada cual tenia, no se podian gobernar, ni limitar como convenia para el bien comun. Hubo algunos bien intencionados que prefiriendo el bien público á sus particulares intereses, se mostraron neutrales; y se pusieron de por medio para concertales, cosa de mucho peligro cuando las partes estan ya declaradas, porque siempre se juzga por enemigos los que no son amigos, y vienen á ser aborrecidos de los unos, y de los otros. El vando de Berenguer de Entenza, si con este medio no llegara á impedir el venir á las armas, se hubiera sin duda perdido porque al de Rocafort seguia la mayor parte de los Almugavares, y todos los Turcos y Turcoples, por haber jurado fidelidad en manos de Rocafort, á quien ciegamente obedecían. Berenguer tenia mucha menos gente que Rocafort, aunque era la mejor, porque siempre los menos suelen ser los mejores. Persuadieron á Rocafort, los que trataban del concierto, que remitiese su justicia, y su derecho en lo que determinasen los doce consejeros del ejército, poniéndole delante los incovenientes grandes si el negocio llegaba á rompimiento; porque aunque se degollase todo el vando de Berenguer, no pudiera ser sin gran pérdida suya, y que después quedarian sin fuerzas para resistir tantos enemigos como por todas partes la cercaban; que no eran tiempos aquellos que por intereses particulares fuese reputacion el venir á las armas, de donde se podria seguir el perderla toda la nacion; que ganaria mas gloria en ceder el derecho que pretendia, que si venciera á Berenguer. Últimamente Rocafort vino bien en esto, por temer los daños que se podrían seguir, ó por parecerle que los doce consejeros estarian mas de su parte que de la de Berenguer, á quien fácilmente persuadieron lo mismo. Declararon los jueces, que Berenguer, Rocafort y Fernan Jiménez gobernasen cada cual de por sí, y que los soldados tuviesen libertad de servir debajo del gobierno que mejor les pareciese, sin que para esto se le hiciese violencia por ninguna de las partes. Fué el medio mas acertado que en este caso se pudo tomar; porque declarar por Capitan general el uno, era sugetar el otro á su émulo y competidor, y primero escogiera la muerta cualquier de ellos que esta sujecion, además de que los doce no tenian autoridad para mandar que se obedeciese á quien ellos elegirian, porque no eran mas que medianeros para concertar las partes. Quedaron por entonces en lo exterior algo sosegados, pero los ánimos secretamente muy alterados y sospechos, deseando ocasion de vengarse del agravio que cada cual imaginaba que se le hacia: que todo lo que no es alcanzar uno su pretension como la desea, lo juzga por agravio. Las mas veces se imposibilitan las empresas por las competencias de los que mandan, cuando no los gobierna algun príncipe grande, y poderoso, que puede reprimir las insolencias delos atrevidos, y ambiciosos y por mucha moderacion que haya en los principios de una empresa, despues de los malos, ó buenos sucesos, siempre se siguen ruines interpretaciones, de que toman mayor osadia los inquietos, y muchos buenos se ven obligados á defenderse, porque con esto se levantan tantas máquinas de recelos, envidias, y aborrecimientos, que parece imposible librarse; y así se ha de tener por cosa muy notable que durase ocho años esta empresa de los catalanes, y aragoneses libre de este daño. La empresa que Godofre hizó á la tierra santa, con ser la mas ilustre de todas las que refieren las historias, en sus principios padeció este daño, por las competencias entre Tancredo y Baldovino, entre Boemundo, y el conde de Tolosa; porque siempre en algunos pudo mas la ambicion que la piedad, principal motivo de aquella empresa. Fernan Jiménez de Arenós, aunque por el concierto pudiera dividirse, y gobernar solo por sí, no quiso apartarse de Berenguer de Entenza, porque le pareció que no perdia reputacion en obedecer á un hombre igual en sangre, y mayor en años, y tambien por ser muy pocos los que le seguían, y temerse de Rocafort; y así Berenguer, y Fernan unieron sus fuerzas por ser mas respetados, y temidos.