CAPITULO XLVIII.
Rocafort pone sitio á Nona, Berenguer á Megarix y Ticin Jaqueria Genovés con ayuda de gente Catalana toma el Castillo y lugar de Fruilla.
Aunque por los conciertos pareció que todo quedaba en paz, no se aseguraron los unos de los otros, ni dejaron de vivir llenos de recelos, acrecentando de cada dia mas el aborrecimiento, y cerrada de todo punto la puerta á tratos de concordia; porque como todos se hubieron de declarar, dejó de haber neutrales, y medianeros para averiguar algunas cosas que siempre ocurrian de jurisdiccion: el peligro les hizo apartar, ya que otra razon no pudo. Berenguer fué á poner sitio sobre Megarix, y Rocafort en su emulacion fué á ponerle á Nona, sesenta millas de Galípoli y treinta de Megariz; y aun se tuvo por corta la distancia, según estaban los animos alterados, y particularmente los del vando de Rocafort, que como superiores les parecia mengua que los otros se atreviesen á competir. Los Turcos, y Turcoples, y los Almugavares siguieron á Rocafort, y algunos caballeros; con Berenguer se fueron los Aragoneses, y toda la gente noble que servia en la mar. Montaner por su oficio de Maestre racional no tuvo porque declararse, por haberse de quedar en Galípoli, y así quedó solo por confidente de entrambos.
En este mismo tiempo, Ticin Jaqueria Genovés, Gobernador del Castillo, y lugar de Fruilla, vino al servicio de los Catalanes con un vajel de ochenta remos. La causa de su venida fué deseo de satisfacer un agravio, con ayuda de los Catalanes; porque muerto un tio suyo que se llamaba Benito Jaqueria, en cuyo nombre habia gobernado el Castillo cinco años, con cuidado, y fidelidad, según él decia, habiale heredado otro tio suyo que luego vino á Fruilla, y sobre la averiguacion de ciertas cuentas tuvieron algunos disgustos, y vuelto á Génova el tio, tuvo aviso Ticin que enviaba cuatro galeras para prenderle. Sintió el agravio el Genovés, y quiso luego vengarse, pero no pudo hacerse dueño del Castillo, porque no tenia fuerzas para sustentarse solo de por sí, ni bastante gente de confianza para hechar los amigos de su tio; y así con esperanza de que hallaria en los Catalanes lo que deseaba, vino á Galípoli. No halló á los generales, y dió razon á Montaner de la ocasion que le trahía. Ofreció servir con fidelidad, y así le asentó Montaner en los libros, á él, y á diez caballos armados, para que todos ganasen sueldo en su provecho. Esto se acostumbraba de hacer con algunos caballeros, y gente principal, asentalles el sueldo por mas gente de la que traían, para hacerles esa comodidad. Pidió luego Ticin á Montaner que le diese gente, que él ofrecia de poner en sus manos el castillo, y el lugar, de donde le podria resultar grande provecho. Montaner no trató de la justicia y razon del hecho, sino solo de favorecer á quien pedia su ayuda, y se ponia debajo de su amparo. Dieronle luego armas, caballos, y las demas cosas para poner en órden los suyos, que llegaban hasta cincuenta, dióle gente de socorro, porque Montaner como enemigo mortal de Genoveses, no quiso perder la ocasion de hacerles algun daño. A Juan Montaner su primo, y á cuatro Consejeros Catalanes se encomendó el socorro, con órden que no se hiciese cosa sin tomar parecer de Ticin Jaqueria. Partieron de Galípoli al otro dia del Domingo de Ramos, con una galera bien armada, y cuatro vajeles menores. Navegaron la vuelta del Castillo de Fruilla, donde se llegó víspera de Pascua ya noche. El mozo Jaqueria sentido del agravio ejecutó su determinacion. Desembarcó su gente con el silencio de la noche, y arrimaron sus escalas. Subieron por ellas treinta Genoveses de los de Jaqueria, y cincuenta Catalanes. Vino luego el dia con que fueron descubiertos, y se les defendió la entrada, pero peleando valientemente ganaron una puerta por la parte de adentro, y abierta, dieron libre la entrada á los demas que quedaban fuera. Hizose grande resistencia al principio por los que defendían el castillo, que pasaban de quinientos hombres, no tan bien armados como los nuestros, ni tan resueltos. Murieron hasta ciento y cincuenta de los enemigos. Hubo algunos cautivos, pero la mayor parte escapó con la huida. El Castillo ganado, la villa que era de Griegos sin defensa alguna se acometió luego, antes que los naturales pudiesen ponerse en resistencia, ni esconder su hacienda. Fué la presa riquísima, porque á mas del oro, y plata, y vestidos de precio que se ganaron, se tomaron tres Reliquias grandes que estaban en el castillo, empeñadas por los Turcos al Genovés Benito Jaqueria. Teniase por tradicion que San Juan Evangelista las habia dejado en el Sepulcro, de quien arriba hicimos mencion. Las Reliquias fueron un pedazo del leño de la Cruz, de la parte donde Cristo reclinó su cabeza. Así lo refiere Montaner, y éste San Juan le trujo siempre pendiente del cuello el tiempo que vivió entre los mortales. Estaba entonces con un engaste de oro, con joyas de mucho precio. Una alba con que el Santo decia Misa, labrada por las manos de la Virgen y el Epocalypsis escrito por el mismo Santo, con unas cubiertas de admirable arte, y riqueza. Pareció á Juan Montaner, y á Ticin Jaqueria que Fruila estaba lejos de los presidios para poderla sustentar, y así la desmantelaron. Satisfecho el Genovés de su tio, y todos los demás del oro que se ganó, con que volvieron á Galípoli, y dieron á Ramon Montaner y á los demás la parte que les cupo, y de las reliquias le cupo por suerte el leño de la cruz, que sin duda hubiera llegado á estos reinos, si en Negroponte á vuelta de las demas hacienda no le robáran este gran tesoro. Animado con el suceso pasado Ticin Jaqueria, le pareció acometer alguna empresa, y ganar algun lugar donde pudiese estar de asiento. Dióle tambien para esto Montaner alguna gente, y con ella poco despues ganó un castillo en la isla de Tarso, y le mantuvo no sin gran provecho de nuestra nacion, como adelante veremos.