CAPITULO XV.
Llega Berenguer de Rocafort con su gente á Constantinopla, y por órden del Emperador se junta con Roger en Epheso.
Berenguer de Rocafort llegó de Sicilia por este tiempo á Constantinopla con algunos vajeles y dos galeras, y con dos cientos hombres de á caballo, y mil Almugavares, habiendo cobrado ya del Rey Cárlos el dinero que le debia, y restituido los castillos de Calabria que estaban en su poder. Mandóle luego Andronico, que navegando la vuelta de la Asia, procurase juntar sus fuerzas con las de Roger; y así con mucha brevedad llegó al Jio, adonde halló á Fernando Aones de partida, y juntos llegaron á Ania, de donde avisaron á Roger don dos caballos ligeros de la venida de Rocafort con los suyos. Llegó esta nueva antes de salir de Tiria, y causó generalmente en todo el campo grandísimo contento, así por la gente que Rocafort traía, que era mucha y escogida, como por la opinion que tenía de muy valiente y esforzado Capitan. Envió luego Roger á visitarle con Ramon Montaner, y con órden de que se partiese luego de Ania, y viniese á Epheso, dicha por otro nombre Altobosco. Partió Montaner con una tropa hasta de veinte caballos, y con alguna gente practica, para que le guiasen por caminos desviados, por no encontrarse con los Turcos, que ordinariamente corrian la tierra, y salteaban los caminos más pasageros. Valióle á Montaner poco esta diligencia y cuidado, porque muchas veces hubo de abrir camino con la espada; llegó al fin á la Ciudad de Ania libre de estos peligros. Dio á Rocafort la bien venida de parte de los suyos, y le dijo lo que Roger ordenaba acerca de su partida. Rocafort obedeció, y dejando para la guarnicion de la armada quinientos Almugavares, con lo restante de la gente tomó el camino de Epheso, adonde llegó acompañado de Montaner dentro de dos dias. Esta ciudad es una de las más señaladas de toda el Asia por su famoso templo dedicado á la diosa Diana. Fué no solamente reverenciada de los romanos, pero de los Persas y Macedones, que tuvieron antes el Imperio, y todos conservaron sus inmunidades y derechos, sin que se mudasen jamás mudándose los Imperios: tanto era el respecto con que veneraban los antiguos las cosas que se persuadian que tenian algo de divinidad y religion. Pero el mayor título que esta Ciudad tiene para ser famosa y célebrada, es haber puesto en ella el Apóstol y Evangelista San Juan los primeros fundamentos de la fé. De este Santo referiré lo que Montaner escribe, que por referirlo en esta misma historia, no parece ageno de la nuestra.
Dicen que en esta Ciudad de Epheso está el sepulcro donde San Juan se encerró cuando desapareció de los mortales, y que poco después vieron levantar una nube en semejanza de fuego, y que creyeron que en ella fué arrebatado su cuerpo, porque después no pareció. La verdad de esto no tiene otro fundamento mayor que la tradicion de aquella gente, referida por Montaner. El dia antes de San Juan, cuando se dicen las vísperas del Santo, sale un maná por nueve agujeros de un mármol que esta sobre el sepulcro, y dura hasta poner del sol del otro dia, y es tanta cantidad, que sube un palmo sobre la piedra, que tiene doce de largo y cinco de ancho. Curaba este maná de muchas y graves dolencias, que con particularidad las refieren Montaner.
Después de cuatro dias que Rocafort y Montaner llegaron á Epheso, entró tambien Roger con todo el ejército. Alegráronse todos de ve á Rocafort amigo y compañero en todas las guerras de Sicilia, por el socorro que les traia, que hallándose lejos y en tierras enemigas fué de grande importancia, y aumentó mucho las fuerzas de los Aragoneses. Diósele luego el oficio de Senescal que vacó por muerte de Corbarán, y para que en todo le sucediese, le dió Roger su hija por mujer, habiendo sido primero concertada con Corbarán; porque con este nuevo parentesco aseguraba Roger la condicion y aspereza de Rocafort, aparejada para intentar cosas nuevas. Dióle cien caballos para la gente que traía, con armas de á caballo, y cuatro pagas. En Epheso, dice Pachimerio, que Roger y los Catalanes hicieron notables crueldades para sacar dinero, cortando miembros, atormentando, degollando los desdichados Griegos, y que en Metellin un hombre rico y principal llamado Macrami fué degollado, porque prontamente no quiso dar cinco mil escudos que le pidieron: licencia militar y atrevimiento ordinario en gente de guerra mal disciplinada.
Roger, todo el dinero, caballos y armas que recogió de las contribuciones de las ciudades vecinas envió á Magnesia con una buena escolta; porque en esta ciudad como la más fuerte de aquellas provincias, determinó poner su asiento para invernar. De Epheso se fueron todos juntos á la Ciudad de Ania, adonde estaba Fernando Aones con la armada. Hiciéronles un grande recibimiento á Roger y á Rocafort los soldados que se hallaban en Ania, saliéndoles á recibir con grande alegria y regocijo; porque ya les parecia que juntos eran bastantes á recuperar el Asia, hechando de ella á los Turcos. Roger agradeció y satisfizo este buen recibimiento, dando una paga á todos los soldados de la armada; y porque Tiria quedaba desarmada y sin defensa, determinaron que se enviase alguna gente para su seguridad. Fué Diego de Orós hidalgo Aragones, buen soldado, con treinta caballos y cien infantes; porque con esto les parecia que quedaria en defensa la Ciudad y su comarca, fiando más en la reputacion de sus armas, que en el número de la gente: que muchas veces alcanza la reputacion lo que no pueden las fuerzas.