CAPITULO XXVI.

Partese Roger á verse con Miguel Paleólogo, contradicelo María su mujer, y los demás Capitanes.

En este tiempo que los Catalanes andaban llenos de tantos temores y esperanzas, ya Andronico y Miguel trazaban de que manera podian hacer un castigo señalado en ellos, y castigar con sumo rigor su atrevimiento; que aunque esto claramente no lo dicen los Historiadores Griegos, el efecto lo publicó, y descubrió su alevosia. La desdichada suerte de Roger abrió el camino para que esto se ejecutase, con gran seguridad de los Griegos, y notable pérdida nuestra. Llegóse el tiempo de la partida de Grecia para proseguir la guerra, y Roger determinó de ir á verse con Miguel Paleólogo para darle razon de lo que se habia tratado con su padre en materia de la guerra, y pedirle dinero, como Nicephoro dice. Pero María mujer de Roger, y su madre y hermanos, que como ladrones de casa conocían bien la condicion de los suyos, sentian muy mal de esta ida, y María, como á quien más le importaba, advirtió á su marido en secreto que no se fuese, ni se pusiese voluntariamente en las manos de Miguel, y que no ofreciese la ocasion á quien con tanto cuidado la buscaba; que advirtiese cuán huérfana quedaba ella, cuán desamparados los suyos si faltase su gobierno; que no fiase tanto de su ánimo; que no diese crédito á sus palabras, nacidas no solo de su cuidado pero de ciertas y seguras señales que tenia de que Miguel Paleólogo procuraba su ruina. Todas estas razones acompañadas con lágrimas y ruegos dijo María á su marido Reger, porque como Griega, y persona tan íntima de la casa del Príncipe, aunque se recelaba de ella porque no descubriese sus trazas, como todo este recto llegaban á su noticia muchas, que como mujer cuerda y cuidadosa de la vida del marido pudo advertir, y descubrir algo de lo que se maquinaba contra él. Hizo poco caso Roger de sus consejos, y ella cuanto menos recelo descubria en el marido, tanto más crecia su cuidado, y procuraba intentar algunos medios para persuadirle; y el que debiera ser más eficaz, fué llamar á los capitanes más principales del ejército, y descubrióles sus justas sospechas, para que pidiesen á Roger que suspendiese su ida de Andrinopoli para visitar á Miguel Paleólogo. Al fin todos los Capitanes juntos á instancia de María, cuyas sospechas no les parecian vanas, fueron á Roger, y le pidieron que dejase, ó si quiera, difiriese la jornada hasta estar más asegurado y satisfecho del animo de Miguel. Respondióles resueltamente que por ningun temor que le pusiesen delante dejaria de hacer su viage, y cumplir con obligacion tan forzosa como visitar á Miguel, y quien debia el mismo respecto que al Emperador su padre; que si antes de partir de Grecia para la jornada de Asia no se le daba razon de todos sus consejos y determinaciones, era darle ocasion desavenirse con ellos, cosa de grande incoveniente para la conservacion de todos ellos, que los recelos de María su mujer nacian del amor y temor de perderle, y que pues eran sin otro fundamento no era justo que le detuviese.

Llamado Roger de su fatal destino, ni advirtió su peligro, ni advertido lo temió. Muchas veces por mas avisos que un hombre tenga no puede escapar de la muerte y fines desastrados; aunque Dios nos advierte con señales manifiestos y claros, puede tener una loca confianza que nos quita el discurso para que no veamos los peligros donde está determinado nuestro fin y castigo. En este caso de Roger, ni su buen discurso, ni el conocimiento grande de la naturaleza de los Griegos, ni los avisos de su mujer, ni los ruegos de los suyos, pudieron detenerle para que voluntariamente no se entregáse á la muerte. Resuelto ya de partirse, María su mujer con todos los de su casa no quiso quedarse en Galípoli, porque como tenía por cierta nuestra perdicion, no le pareció aventurarse, pues la obligacion de asistir en Gailipoli faltaba con ausentarse su marido. Mandó Roger que Fernando Aones con cuatro galeras la llevase á Constantinopla, y él con trescientos caballos, y mil infantes, dejando en su lugar á Berenguer de Entenza. Caminó la vuelta de Andrinopoli; dicha por otro nombre Orestiade, Ciudad principal de Thracia, y Corte de muchos Emperadores y Reyes, y que entónces lo era de Miguel, Zurita quiera que Andrinopoli y Orestiade sean lugares diversos, porque no llegó á su noticia que esta Ciudad tenia entrambos nombres, Nicephoro la llamó Orestiade con el nombre mas antiguo, y Montaner Andrinopoli, que fué el mas moderno; y el que entónces le daban los Griegos, y el que hoy conserva con poca diferencia.

Supo el Emperador Miguel á 22, de Abril como el César Roger venia, porque Azan su cuñado se lo hizo saber. Alteróse extrañamente Miguel de esta venida, y con un caballero de su casa le envió á preguntar, una jornada antes que llegase, si el Emperador su padre se lo habia mandado ó el movido de su sola voluntad. Respndió el César con palabras llenas de humildad que solo iba para darle obediencia, y mostrar la servitud que le debia, y juntamente para conferir con él el viaje que habia de hacer al Oriente. Con esta respuesta se sosegó Miguel, y mostró que gustaba de su venida. Envió luegó á recibirle con la benignidad y cortesía que convenia. Era Miércoles de la segunda semana de la Pascua que llaman de Santo Thomás. Vióse aquella misma noche con el Emperador, de quien fué recibido y acariciado con grandes demostraciones de amor.