CAPITULO XXVII.

Matan á Roger con gran crueldad los Alanos, estando comiendo con los
Emperadores Miguel y María, y á todos los que fueron en su compañía.

Con el buen acogimiento que Miguel hizo á Roger y á los suyos, creyeron que las sopechas de María fueron sin fundamento, y vivían tan sin cuidado ni recelo del daño que tan vecino tenian, que divivididos y sin armas discurrian por la Ciudad como entre amigos y confederados. Estaban dentro de ella los Alanos con George su General, cuyo hijo mataron en Asia los Catalanes. Estaban tambien los turcoples, parte debajo del gobierno del búlgaro Basila, la otra obedecia á Meleco. Los Romeos estaban debajo del gran Primicerio Casiano, y del Duque y gran Príncipe de Compañías llamado Etriarca. Todos estos tuvieron por sospechosa la venida de Roger, y que solo venia á reconocer las fuerzas de Miguel, con pretesto de darle la obediencia, y según ellas disponer sus consejos. El que mas alteraba y movia los ánimos contra Roger y los Catalanes, era George cabeza de los Alanos; que con deseo de tomar satisfaccion intentaba todos los medios que podia; finalmente, ó fuese por solo su motivo, ó con permision y órden del Emperador Miguel; el dia antes de partida de Roger, estando comiendo con el Emperador Miguel y la Emperatriz María, gozando de la honra que sus Príncipes le hacian, entraron en la pieza donde se comia George Alano, Meleco Turcople con muchos de los suyos Gregorio; el primero cerró con Roger, y después de muchas heridas con ayuda de los suyos le cortó la cabeza, y quedó el cuerpo despedazado entre las viandas y mesa del Príncipe, que se presumia habia de ser prenda segurísima de amistad, y no lugar donde se quitase la vida á un Capitan amigo, y de tantos y tan señalados servicios, huésped suyo, pariente suyo y como tal, honrado en su casa, en su mesa y en presencia de su mujer y suya. No se pudieron juntar, á mi parecer, mayores circunstancias para acrecentar la infamia de este caso, hecho por cierto indigno de lo que tiene nombre y obligaciones de Príncipe, que las mas principales son las que mas se apartan de parecer ingrato y cruel, aunque es verdad que los Príncipes raras veces se reconocen por obligados, y cuando se tienen por tales, aborrecen la persona de quien les tiene obligados, pero esto no llega á tanto que perdiendo de todo punto el miedo á la fama, descubiertamente le acaben y destruyan. Lo cierto es que comúnmente puede mas en un Príncipe un pequeño disgusto para castigar, que grandes y señalados servicios para perdonar, ó disimular algunas ofensas de poca, ó ninguna consideracion. ¿Pero qué maldad hay que no acometa un Príncipe injusto si se le antoja que importa para su conservacion? Porque el juicio y castigo de Dios á quien solo se sujetan y temen, le miran tan de lejos, que apenas le descubren no acordándose por cuan flacos medios vienen á ser castigados, pues la mano de un hombre resuelto suele quietar Reynos y vidas.

Este desastrado fin tuvo Roger de Flor de edad de 37 años, hombre de gran valor, y de mayor fortuna, dichoso con sus enemigos, y desdichado con sus amigos, porque los unos le hicieron señalado y famoso Capitan, y los otros le quitaron la vida. Fué de semblante áspero, de corazon ardiente, y diligentísimo en ejecutar lo que determinaba, magnífico, liberal, y esto le hizo General, y cabeza de nuestra gente; pues con las dadivas grangeó amigos que le pusieron en este puesto, que fué uno de los mayores, fuera de ser Emperador, ó Rey, que hubo en aquellos tiempos. Dejó á su mujer preñada, y después parió un hijo que Montaner refiere que vivia en el tiempo que él comenzó su historia. Nicephoro solo dice, que junto al palacio del Emperador Miguel le mataron, sin decir por cuyo órden fué, ni quien lo hizo; pero Pachimerio concuerda con Mantaner en lo mas esencial, porque refiere, que salido el César fuera de la Cámara Imperial, después de haber comido con los Emperadores, le envistieron los Alanos de George, y que Roger viéndose acometido se retiro hácia donde estaba la Emperatriz Augusta, y cayó muerto junto á ella, atravesado de una estocada por las espaldas, y que cuando le llegó la nueva á Miguel, que estaba en otro cuarto de su palacio, del suceso de Roger, y que todo estaba alborotado por las muertes que los Alanos ejecutaban en los Catalanes descuidados, perdió casi el sentido, y preguntó si la Emperatriz habia recibido algun daño y si estaba segura; pero luego supo la ocasion de la muerte de Roger, y mandó que George viniese á su presencia, y le preguntó la ocasion que habia tenido para hacer la muerte de Roger, y que le respondió. Que porque el Imperio tuviese un enemigo menos. Así disculpa Pachimerio esta maldad; pero ya que Miguel expresamente no fué Autor de esta muerte, pero por lo menos la consintió, y dejó de castigarla, con que se hizo participante del delito.

No se satisfacieron los Alanos con solo la muerte de Roger, porque al mismo tiempo acometieron todos los Catalanes y Aragoneses que estaban en su compañía, y con atroces muertes los despedazaron, y dice Pachimerio, que Miguel mandó á su tio Teodoro que detuviese á los Alanos y á las demas naciones, que encarnizadas con nuestras sangres salieron de Andrinopoli á degollar todos los que topasen de nuestra nacion, que habia muchos alojados por aquellas aldeas, y que esto lo hizo Miguel porque temió que los suyos no fuesen vencidos, y que su ímpetu no les perdiese. Con esto me parece que claramente se descubre el ánimo de Miguel, que fué sin duda de acabarles á todos. Toda la gente de acaballo que estaba junta acometieron á todos los Catalanes y Aragoneses dentro de la ciudad, y fuera de ella; pero algunos heridos y maltratados tomaron las armas, y perdieron la vida que les quedaba con igual daño del enemigo. Escaparon solo tres caballeros de esta lastimosa tragedia, puesto que Nicephoro dice, que escapó la mayor parte. El uno se llamaba Ramon Álquer, hijo de Gilabert Álquer natural de Castellon de Ampurias, los otros dos eran Guillén de Tous, y Berenguer de Roudor de Llobregat, los demás aunque no murieron luego, fueron entonces puestos en hierros, y después con mayor crueldad quemados, como después se referirá por relacion de Pachimerio. Estos tres caballeros defendiéndose valerosisamente ganaron una Iglesia, y apretándoles mucho en ella, se hubieron de retirar á una torre de ella, peleando con tanta desesperacion desde lo alto que no fué posible, por masque se procuró, matarles ni rendirles. Miguel después de haber ejecutado su crueldad, quiso ganar fama de piadoso y clemente, y así mandó que nadie les ofendiese, y dióles salvo conducto para volver á Galípoli. Nicephoro difiere algo de Montaner en este hecho, porque dice, que Roger fué con solos doscientos caballos á Andrinopoli, y no para solo verse con Miguel, y darle cuenta de lo que se habia determinado en materia de la guerra, como Montaner escribe, sino para pedirle dinero, y cuando lo rehusase hacérselo dar por fuerza. Estas son palabras de Nicephoro, y á lo que yo puedo entender dichas con poco acuerdo de lo que antes habia referido, que Miguel estaba en Andrinopoli con un poderoso ejército, y no parece que un Capitan tan prudente como Roger, á quien los mismos Griegos llaman, siempre que se ofrece ocasion, hombre de gran prudencia, hiciese tan gran desatino, como lo fuera ir con solos trescientos de á caballo á amenazar un Emperador, que se hallaba dentro de una Ciudad grande, y con un ejército poderoso.