CAPITULO XXXIII.
Prision de Berenguer de Entenza con notable pérdida de los suyos.
Con tan dichoso principio como tuvieron nuestras armas contra los Griegos gobernadas por Berenguer de Entenza, pareció pasar adelante, y valerse de la fortuna y tiempo favorable, siendo el fin y remate de una victoria el principio de otra. Resolvieron los nuestros acometer los navios que estaban surgidos en los puertos y riberas de Constantinopla, y quemar sus atarazanas; empresas de mayor nombre que dificultad. Navegaron para ejecutar su determinacion por la playa entre Pactia y el cabo de Gano con buen tiempo; pero al amanecer, descubriendo velas de la parte de Galípoli, tomáronse pareceres sobre lo que se debia hacer, viéndose cortados para volver á Galípoli, y todos conformes se metieron en tierra, y puestas en ella las proas lo mas cerca que pudieron, las popas al mar, porque en aquellas que las proas no iban guarnecidas de artilleria, la mayor defensa era lo alto de las popas. Tomaron las armas, y bien apercibidos aguardaron lo que las diez y ocho galeras intentarian, que venian á dar sobre las nuestras. Estas diez y ocho galeras eran de Genoveses, que ordinariamente navegaban aquellos mares, porque su valor, ó codicia les llevaba por lo mas remoto de su Patria, como á los Catalanes de aquel tiempo. Reconocidos de una y otra parte los Genoveses fueron los primeros que les saludaron, con que los nuestros dejaron las armas, y como amigos y aliados se comunicaron y hablaron. Advirtieron luego los Genoveses por lo que oyeron platicar de los sucesos, que Berenguer habia tenido la mucha ganancia que les resultaria, y el gusto que darian al Emperador Andronico y á los Griegos, si prendiesen á Berenguer, y le tomasen sus galeras. Y juzgando por menor inconveniente romper su fé y palabra, que dejar de las manos tan importante y rica presa, enviaron á convidad á Berenguer de Entenza, dándole palabra de parte de la Señoria que no se les haria agravio, ni ultraje alguno, que viniese á honrar su Capitana, donde tratarian algunos negocios importantes á todos. Con esto Berenguer sin advertir en lo pasado, y en los daños en que su confianza le habia puesto, se fué á la Capitana, donde Eduardo de Oria con otros muchos caballeros le recibió y acarició. Comieron y cenaron juntos con mucho gusto y amistad, tanto que Berenguer se quedó á dormir en la Capitana, prosiguiendo hasta muy tarde algunas platicas en razon de su conservacion. A la mañana cuando quiso volverse á su galera, Eduardo de Oria le prendió y desarmó, y otros Genoveses hicieron lo mismo con los demas que le acompañaban y las diez y ocho galeras dieron sobre las nuestras desapercibidas y descuidadas. Ganáronse luego las cuatro con pérdida de 200 Genoveses; pero la galera de Berenguer de Víllamarin que tuvo algun poco de tiempo para ponerse en defensa, la hizo de manera, que con tener sobre sí diez y ocho proas, no la pudieron entrar hasta que todos los que la defendían fueron muertos; sin escaparse un hombre solo; tanta fué la obstinacion con que peleando murieron en el combate de esta sola galera 200 Genoveses, y fueron mucho mas los heridos. Pachimerio dice, que los Genoveses aquella noche que llegaron á juntarse con las galeras Catalanas despacharon secretamente una de sus galeras á Pera, dándole aviso que estaban con los Catalanes, los cuales le decian que Andronico estaba indignado contra ellos, y que les queria castigar, y que les persuadian que juntos acometiesen á Constantinopla. Llegado el aviso á Pera, los Genoveses dieron razon al Emperador, y que é les ordenó que les acometiesen, ofreciendo de hacerles muchas mercedes, y así al otro dia ejecutaron lo referido. Este lastimoso fin tuvo la jornada de Berenguer mal determinada, bien ejecutada, digan de mayor fortuna, ¡pero qué difícilmente los consejos humanos pueden prevenir casos semejantes!. Dicurrióse en la determinacion de esta jornada entre los Capitanes de los peligros que pudieran sobrevenirle, y con ser tantos y tan variados los que se propusieron, fué este accidente ni imaginado, ni previsto; con que claramente se muestra, que los juicios de los hombres aunque fundados en razon no pueden prevenir los de Dios. Al Infante Don Sancho se debe culpar, porque fué la mas cercana causa de esta pérdida. Si como debiera acompañara á Berenguer, fueran las victorias que se alcanzaron mayores, los Genoveses no se atrevieran, y las fuerzas de Galípoli se aumentaran; con que la guerra se hiciera con mayores ventajas y reputacion. Berenguer con serviles prisiones fué llevado con algunos caballeros de su compañia á Pera; y porque temieron que Andronico no se les quitase para satisfacer en su persona los daños recibidos, le pasaron á la Ciudad de Trapisonda, puesta en la ribera del mar de Ponto, donde los Genoveses tenian factoria, y le tuvieron en ella hasta que las galeras volvieron. Los Genoveses hicieron una cosa bien hecha; porque luego que tomaron las galeras Catalanas se vinieron á Pera, sin querer entregar ningun prisionero á los Griegos, ni vender cosa de la presa, aunque el Emperador les acarició y honró.
Con este buen suceso trató el Emperador con los mismos Genoveses, que emprendiesen de echar á los Catalanes que estaban en Galípoli, y ellos se lo ofrecieron que les diese seis mil escudos. Fué contento Andronico de darlos, y así se los envió; pero ellos como gente atenta á la ganancia pesaron el dinero, y hallándole falto se lo volvieron á enviar. Andronico replicó que les satisfaría el daño, y entonces ya no quisieron, porque informados mejor de lo que emprendian no les pareció igual paga. Supo el Emperador que traian á Berenguer preso, procuró con amenazas y ruegos que se le entregasen, y ultimamente ofreció por su persona veinte y cinco mil escudos. Todos se le negó, temiendo, á lo que yo sospecho, que el Rey de Aragon no hiciese gran sentimiento, si Berenguer tan grande y principal vasallo suyo padeciera afrentosa muerte en poder del Emperador Andronico, el cual tentó el medio mas eficaz que pudo, ofreciendo á ciertos patrones de estas galeras, para que con algun engaño se le entregase, ocho mil escudo, y diez y seis pares de ropas de brodecado; pero descubierto el trato, no quisieron que Andronico tentase alguna violencia, y así se partieron, dajando muy desbrido al Emperador. A la entrada del estrecho, Ramon Montaner de parte de los que quedaban en Galípoli llegó con una fragata á pedir á Eduardo de Oria le diesen la persona de Berenguer, y ofreció el dinero que pudieron recoger por su rescate, que fueron hasta cinco mil escudos; pero los Genoveses no quisieron, ó por parecerles poca la cantidad, á lo que tengo por mas cierto, ó por no irritar el ánimo de Andronico si ponian en libertad un enemigo suyo, en puesto que se tenia por sus mayores enemigos, de donde con mayor daño pudiese segunda vez destruir sus Provincias, y asolar sus Ciudades. Desesperado Montaner de alcanzar su libertad, dióle parte del dinero que trahia, y le ofreció que en nombre del ejército se enviarian Embajadores al Rey de Aragon, y al de Sicilia, para que se satisfaciese agravio tan notable, como prender debajo de seguro un Capitan de Rey amigo.