D. A. V. D. V.

á la felice memoria del C. F. V.


Fuiste de guerra un valeroso Marte,
Y de Estado otro nuevo docto Apolo,
Que en ambas cosas alcanzaste, solo,
De cuanto pueden dar la mayor parte.

¿Quién luégo dexará de consagrarte,
En cuanto ciñe el mar y alcanza Eólo,
Verdugo heroico, luz de nuestro polo,
Y estatuas mil de bronce levantarte?

ASTREA divina permitió á la fiera
Invidia que á sus hijos incitase
A lacerarte tan injustamente,

Para que, provocado, nos dexase
Tu pluma este exemplar, que de Megera
Triunfará siempre, y del canino diente.


SIGNIFICACION DE LAS FIGURAS

de la emblema del coronel F. V.


El Leon con la hacha macedonia: La natural vigilancia y fortaleza que antepone la eleccion y resolucion para lo que se pretende hacer.

El Libro: El consejo de los medios ordenados para el fin de lo que se intenta.

Las Caras del Pedestal: La prudencia, que discerniendo entre bien y mal, endereza el acto de la fuerza razonable, en que fundó siempre todas sus acciones el coronel F. V.

Imprimatur.

Petr. Ant. Ghibertus Locumtem.

M. Cornell. Tirobos. Præd. Ordin. Cur. Archiepisc. Theol.



APÉNDICE.


AL CORONEL FRANCISCO VERDUGO,

DEL COMENDADOR REQUESENS,
EN 20 DE FEBRERO DE 1574, DESDE AMBÉRES,
CON DON GONZALO DE BRACAMONTE.

Muy magnífico señor: Recibí la carta de v. m. de 3 de éste, y por otra mia habrá visto cuán informado estoy de lo bien que ha servido á S. M., y pésame de que la gratificacion no haya sido la que v. m. merece, y yo no faltaré de procuralla en lo que por mi parte pudiere, y agora es tiempo que todos atendamos á servir como sé que v. m. lo hará.

Ya habia sabido la gente que se llevó para rehacer las compañías de su regimiento, porque luégo que me encargué de este Gobierno se me pidió licencia para ello, y huelgo de saber que sea ya llegada, y he dado órden que sea socorrida como las demas, y al contador Castellanos que demas de esto envie una paga en paños para ese regimiento, confiando que v. m. dirá claramente, con muestra y sin ella, la gente de servicio que tiene, pues aunque en cualquier tiempo se ha de hacer esto, así mucho más en el que agora estamos, que la necesidad que S. M. tiene de gente y dinero es tan grande; placerá á Dios de remedialla, que guarde, etc.


AL CORONEL FRANCISCO VERDUGO,

DEL COMENDADOR REQUESENS,
EN 22 DE JUNIO DE 1574, DESDE AMBÉRES.

Muy magnífico señor: Ayer tarde me dió el alférez de v. m. su carta de 18 de éste, y ántes habia recibido la de 13, y á entrambas responderé en ésta, y comenzando por lo que v. m. dice de la necesidad que pasa su regimiento y lo que desea que se le tome muestra y dé algunas pagas, ó que se despida, y lo que v. m. discurre sobre el trabajo que ha pasado y servicios que ha hecho, digo que de éstos y de las partes que concurren en la persona de v. m., tengo yo tan particular relacion, que me ha obligado á escribillo más de una vez á su Majestad despues que estoy en este Gobierno, y á desear ocasiones en que mostrar á v. m. la satisfaccion que de ello tengo. Pero las que se me han ofrecido en las necesidades de por acá han sido de manera que no puedo remediar, como deseo, las de todas partes, y á ningunas se ha acudido primero que á las de Holanda, porque soy seguro que en siete meses que há que yo estoy en este Gobierno, se han inviado sólo á ella más de 700.000 florines, y los 200.000, ó muy pocos ménos, han sido desde fin de Abril hasta mediado Junio; y el repartimiento de ellos ha ido de acá conforme á las relaciones que han dado los contadores, porque yo no puedo ver tan particularmente las cuentas como querria, y de que de su yerro haya alcanzado parte al regimiento de v. m., me pesa á mí mucho. Pero creo que de las baxas que habrá habido en otras cosas, para que iban las relaciones muy largas, se pudiera haber suplido algo de eso, como yo lo he escrito al Conde de la Rocha y contador Alameda. Quien supiere que se pagó á los amotinados mucho más de lo que se les debia, está claro que le ha de parecer que es más justo, como en efecto lo sería, que se haga lo mismo con los que no se amotinaron, y ninguna cosa deseo yo tanto como podello hacer así. Pero el mismo motin, de que han nacido mayores inconvenientes aún de los que allá se pueden representar, me ha imposibilitado á todo lo demas, y me forzó, habiéndose apoderado de Ambéres y del dinero, y por consiguiente, de todos los estados, á redimir aquella vexacion como pude, y ésta es materia más larga de la que se puede discurrir en carta; basta decir que del trabajo en que agora estamos y de todos los que hubiere en estos Estados, son causa los que se amotinaron, y que fué fuerza pagalles y perdonalles, y lo es tambien cumplilles la palabra, pues se les dió, si bien la culpa es la mayor, que no digo españoles, pero gente de ninguna nacion tuvo jamas á su Príncipe.

Yo no vine á este Gobierno por mi voluntad, sino habiéndome hecho el Rey, nuestro señor, fuerza despues de habello rehusado más de un año, que muy bien supe cuán mayor carga tomaba de la que nadie podia llevar, segun en el término que hallé las cosas de aquí. Pero sabiendo esto, vine porque no pude excusar de obedecer como quiera á mi Príncipe y señor natural, despues de habelle representado muchas veces los inconvenientes que en esto habia.

Hallé tantos millones de deuda en estos Estados, y tantos de costa ordinaria, y tan poca ayuda en ellos, que con haber hecho el Rey, nuestro señor, muy largas provisiones, no han bastado, y este motin y el exemplo que de él han tomado las otras naciones para hacer lo mismo, y otras cosas que por nuestros pecados han sucedido, me han puesto en tan extrema necesidad, que no puedo acudir á todas, como querria; si bien hago todas las diligencias que humanamente puedo, y Dios sabe la afliccion que tengo de que éstas no aprovechen.

Por tener á v. m. en la estimacion que al principio dije, he querido decille todo esto, y aseguralle que deseo remediar las necesidades de su persona y regimiento, y que cuando no se hiciere, entienda que es por no poder más, y que los que nacieron con la obligacion que v. m., me han de ayudar á llevar esta carga y trabajo, que si bien estoy en el mayor que nunca hombre estuvo por faltarme dinero para todo, se ha de esperar en Dios que, como en causa suya, ha de abrir el camino para el remedio por donde no pensamos; como le habia abierto con la rota del conde Ludovico, si no lo atajáran nuestros españoles con su motin, que no sólo me hicieron perder el tiempo, pero todos los medios que para ello habia, de que Dios sea bendito.

Pesóme en extremo del subceso que hubo en el Waterlant, y que le cupiese tanta parte del daño á la gente de v. m., y quisiera que el Conde de la Rocha le hubiera dejado más ingleses para rescatallos, porque cuando yo le dí órden que los inviase, no sabía lo que allá subcedió y tenía fin por ciertos justos respetos de inviallos á Inglaterra, y no se podrá hacer agora lo uno ni lo otro, porque no me han avisado qué número de ellos ni en qué forma han llegado adonde se habian de traer. Pero cuando v. m. haya sacado su gente, será muy bien que de todos los que se tomaren de los enemigos, se haga lo mismo que ellos hicieron de nuestros alemanes; y el no haber hecho yo cortar la cabeza á Aldegonda y á otros prisioneros, ha sido por respeto del Conde de Bossú, cuya libertad deseo todo lo posible, y holgaré que se trate la de su primo y del capitan Corcuera y otros caballeros que están con él, en trueque de los prisioneros de Harlem, aunque no entiendo si v. m. dice de las cabezas de los ingleses que agora se tomaron, ó de los burgomaestres y otros que están presos desde que se tomó aquella villa, parte de los cuales habia yo ofrecido dias há por un burgomaestre de Medialburgo, como lo verá v. m. por las copias de las cartas que aquí van en frances, las cuales se inviaron á Medialburgo y nunca ha habido respuesta, ántes dicen que tienen apretado al dicho burgomaestre. Pero puédese tratar de los otros que quedan en Harlem y avisarme v. m. cuando estuviere concertado para que se dé la órden que convenga, de manera que no sea contraria á la que se dió por los de Medialburgo; y volviendo á lo del Conde de Bossú, yo no sé que pueda hacer por mi parte más que lo que ofrecí seis meses há á su hermano de dar por él á Aldegonda y á cuantos otros presos tuviese, y habiéndolo inviado á tratar el dicho su hermano con el Príncipe de Orange, me dixo que le habia desengañado que no lo daria sino por el Conde de Biera, ó por cuatrocientos mil escudos, que lo uno y lo otro es tan gran disparate como se dexa considerar, y en que yo no puedo hacer nada, y holgaré mucho de que venga acá el mayordomo del dicho Conde de Bossú, y que entre tanto vaya allá en prendas por él uno de los presos de Harlem, y al Conde de la Rocha he escripto que haga en esto lo que v. m. le pidiere. Si se puede haber dinero nos sobra gente, y se podrá inviar ahí la que fuere menester para ocupar de nuevo el Waterlant, y aunque los vecinos de él merecen que se les haga todo el mal que v. m. dice, conviene, si algunos se redujesen, regalallos para ejemplo de los demas, porque es imposible con sola la fuerza sostener toda la tierra, y habiéndose publicado el perdon, conviene que cada uno, por su parte, procure de persuadir á esa probe gente que se aprovechen de tan gran merced como el Papa y su Majestad les hacen, y que con el buen tratamiento que á los unos se hiciere, se aseguran los demas. Las urcas que se escaparon de España y han llegado ahí y á Zelanda, habrán hecho gran daño á la venida de nuestra armada, y han sucedido tantos inconvinientes para ésta, que me tienen con gran cuidado, como lo son, entre otros muchos, haber quitado las torres y señales para las honduras y navegacion, y no haber en toda esa provincia puerto seguro, y lo que v. m. dice del de Hemdem, es de mucha consideracion, así por la que siempre se ha tenido de no romper con ningun príncipe libre del imperio por muchas ocasiones que ellos nos den, como porque no sé si sería fácil el poder nuestra armada tomar el dicho puerto y villa de Hemdem, luégo en llegando, con sola la gente que trae; todavía sin que lo entienda nadie, me invie v. m. una muy particular relacion de la calidad y fuerza de aquella villa y puerto y de cualquier otro de que en esa provincia le parece que nuestra armada se podia aprovechar, y en fin, de los efectos que le pareciere que con ella se pueden hacer, así en Holanda como en Zelanda y en cualquier otra parte, presupuesto los estorbos que en todas hay, que aunque yo tengo de esto diversas relaciones, holgaré mucho de tenella de v. m., como de persona que tiene tanta experiencia de estos Estados y tanto celo al servicio de su Majestad, y que no habrá dexado despues que está en Holanda de platicallo con marineros, aunque, como he dicho, ha de ser todo con gran recatamiento, mayormente lo de Hemdem, que nadie ha de entender que se ha pensado en ello.

Bien creo que de los pasaportes que da el Conde de la Rocha, deben de nacer inconvinientes, aunque sin culpa suya, sino de sus oficiales. V. m. tendrá, por su parte, la mano para que se excuse sin que se pueda entender que no se obedece lo que el Conde ordena, que yo le escribo para que de aquí en adelante no se den sin muy gran causa. Guarde, etc.


AL CORONEL FRANCISCO VERDUGO,

EL COMENDADOR REQUESENS,
EN 4 DE AGOSTO DE 1574, DESDE AMBÉRES.

Muy magnífico señor: Hoy he recibido la carta de v. m. de 22 del pasado, y ántes habia recibido las de 16 y 20, y despues de hechas llegó el dinero y pólvora que envié al Conde de la Rocha, que fué todo el que se pudo juntar en esta villa, y de ello habrá cabido á v. m. y á su gente la parte que se habrá podido, y yo holgára que fuera todo el socorro junto, pero no ha sido posible, y como en otras he escrito á v. m., he hecho todo lo que he podido por proveello, y sea cierto que siento en el alma no podello remediar, y yo he venido á esta villa á buscar dineros y hago todo lo que puedo, y no siendo ayudado de ninguna parte, mal se puede remediar habiendo tanto que cumplir, y yo sé muy bien lo mucho que v. m. ha servido y trabaja, y tengo de su persona la satisfaccion que es justo, y así me ha de ayudar por su parte á llevar esta carga, como le pido por merced lo haga, en que se entretenga su gente con el socorro que se les ha dado, y los marineros de esa armada, hasta que de acá vaya recaudo, que será lo más presto que se pudiere, y v. m. procure que los navíos estén en órden, para que venida nuestra armada en salvamento, de la cual hasta agora no tengo nueva que sea partida, aunque creo que lo será, puedan salir al camino para ayudar á que la del enemigo no la haga estorbo en tomar puerto; y fué de mucha importancia lo que v. m. hizo en defender á los enemigos que no tomasen el fuerte de junto á esa villa, y si como v. m. dice, que se dexan de hacer muy buenos efectos contra ellos por la falta que tenemos de dineros, que me duele infinito, plega á Dios de remediallo como más conviene á su servicio.

Yo creo muy bien la dureza que tienen los de Waterlant de no rendirse si no les dejan vivir en su falsa religion, y miéntras no vivieren en la nuestra católica y se conserváre el autoridad de S. M., se pueden desengañar que no serán perdonados, ni harán bien sus negocios, que como se cumpliese con estas dos cosas, en todas las demas yo holgaria de complacelles. Guarde, etc.


AL CORONEL VERDUGO,

EL COMENDADOR REQUESENS, 7 DE AGOSTO
DE 1574, DE AMBÉRES.

Muy magnífico señor: Recibí la carta de v. m. de 3 de éste, y con otro responderé á los particulares de ella, que no tengo lugar de hacello en ésta, más de decir que huelgo mucho con la cuenta que v. m. me da de lo que allá pasa, y yo espero en Dios que los enemigos no saldrán con sus designios, y que v. m. les ha de defender que no hagan ahí ningun daño. Yo me hallo aquí buscando dineros para enviar á todas partes, y por mucha diligencia que se ha hecho no se han hallado hasta ayer más de 900 libras, que se envian, de crédito, á pagar en Amsterdam, que será letra cierta y segura, segun el pagador ha dicho, las cuales cobrará el oficial del dicho pagador que allá está, y los gastará señaladamente para socorrer con ellos á los capitanes y marineros, conforme á lo que á v. m. le pareciere: y tambien va carta mia para los de esa villa, en que les escribo pidiéndoles hagan fianza á los capitanes de las vituallas que tomaren para los marineros, y no he hablado sobre ello al burgomaestro que aquí reside, por haberse quedado en Brusélas y no ser venido hasta agora. Y con lo uno y otro, procure v. m. que se entretengan todo lo que se pudiere, que en pudiendo se enviará más recaudo. Guarde, etc.


AL CORONEL VERDUGO,

DEL COMENDADOR REQUESENS,
EN 14 DE AGOSTO DE 1574, DESDE AMBÉRES.

Muy magnífico señor: Pocos dias há que envié 6.000 florines para ir entreteniendo los gastos de esa armada, y deseo tanto que se sostenga, que con ser las necesidades de acá extremas, envio agora otros 20.000 para el mismo efecto; v. m. procure que se repartan de manera que duren el más tiempo que pueda, y que en éste se hagan algunos efectos, que si fuese verdad lo que me han escrito, que los marineros de Incusen y Hoornen no han querido embarcarse en el armada de los enemigos, y la nuestra de España acabase de llegar, de que há dos meses que no tengo aviso, podria ser que v. m. hiciese con ésa muy gran servicio á Dios y á S. M., y yo estoy cierto que v. m. no perderá ninguna ocasion, y que estará con los ojos muy abiertos para si se ofreciere alguna novedad en Incusen y en cualquiera desotras villas, que podria ser habellas cada dia, y Dios las encamine á su servicio; y guarde, etc.


AL CORONEL FRANCISCO VERDUGO,

DEL COMENDADOR REQUESENS,
EN 3 DE SETIEMBRE DE 1574, DESDE.....

Muy magnífico señor: Bien habrá dos meses que no he recibido carta de v. m., aunque me acuerdo haberle escrito algunas en este tiempo, que es de tanta necesidad y carestía de dinero, que me falta para muchas partes, y siendo todas tan forzosas, bien puede entender el cuidado que me debe de dar; pero con todo esto se han proveido para los gastos de esa armada de pocos dias acá, una vez 6.000 florines y despues 20.000, que lo uno y lo otro sé que ha llegado, y aunque parezca pequeña suma, es muy grande respecto de las necesidades, y así entiendo que con ella y la buena diligencia y maña de v. m. se debe entretener bien esa armada, y porque de la de España há mil dias que no tengo aviso y pierdo ya la esperanza de su venida, siendo el tiempo tan adelante, holgaré para en caso que no venga, que se sabrá con el primer correo, que v. m. me avise, los navíos que forzosamente le parece que deben ahí entretener, y cuáles, y con qué número de gente, y qué costa harán en cada un mes, los cuales han de ser aquellos que bastaren á guardar ese puerto y entrada, y los canales, y no para fuera, pues no viniendo la armada de España, no podemos ser señores de la mar.

Por avisos del Maestre de Campo Valdés, entiendo la necesidad en que está Leyden y el esfuerzo que el Príncipe hace para socorrella; bien entiendo que v. m. tiene tan buena correspondencia con el dicho Valdés, que no será necesario encargarle que para lo que tocáre á esto y á lo demas del servicio de S. M., le dé toda ayuda y asistencia, mas con todo es bien que tenga entendido cuánto conviene apretar á Leyden y las demas plazas, y que no sean socorridas, y así v. m. en cuanto á esto ayudará, por su parte, con navíos y con gente, segun se ofreciere la necesidad.


CARTA AL CORONEL VERDUGO.

Ilustre señor: La de v. m. recibí y fué leida públicamente en escuadron á todos los soldados, y en lo que v. m. dice, le han informado que yo, con los más soldados, hemos determinado de ampararnos de la armada que está á cargo de v. m., ó acometer á Esperandam, de cualquiera de las dos cosas estaba yo y estoy muy descuidado, y por el consiguiente, creo que los demas lo están ansimismo, porque aunque esta alteracion de presente esté en el término que está, no debe v. m. pensar ni otro alguno que hay tan baxos pensamientos y tan poca gana de servir los soldados á su Majestad que en lo que toca á su Real servicio discrepen un punto, procure v. m. proveer con mucha diligencia la gente que ahí está, mandando á los municioneros lo que el Sr. Maestre de campo ha mandado en otra ántes de ésta y lo que de nuevo invia á mandar, de modo que no les falte la comida y lo más necesario, y esto sin descuido, cuando otra cosa no se pueda hacer, mande v. m. quitallo de las propias bocas de los más principales y ricos de esa tierra, y áun de los pobres que lo pudieren suplir, y cúmplase con los soldados, que no son de parecer de quedarse cincuenta como v. m. dice, ántes quieren redoblar mucho número de gente en ese paso si v. m. innova y excede de lo que en ésta se le suplica, y ansí me pidieron se lo requiriese y protestase á v. m. de parte de todos los de esta alteracion, é yo así se lo pido y requiero á v. m. por evitar otros mayores daños, que de no proveello se recrecerán en el deservicio de su Majestad; dicen que no les haga v. m. entender que en ese Harlem falta para tan poco número de gente el recaudo necesario habiendo cerveceros y panaderos y otras maneras de tratos de que lícitamente á buena cuenta y razon v. m. puede tomar lo que mandáre y quisiere, póngole á v. m. por delante el estado en que las cosas están, y el poco achaque que es menester para darse con la carga en tierra con tan excesivo desórden como de no proveerse esa gente se recrecerá acá y allá, y para descargo de ellos y mio, y de este consejo, guardo el traslado de ésta y de todo lo más que aquí se negocia y despacha para enviallo á su Majestad con esto que los soldados despachan, y las más copias se guardan para su tiempo para que su Excelencia sepa cómo v. m. fué requerido y avisado ántes de todo requerimiento de desórden, y con esto acabo. Nuestro Señor, etc. De este Consejo, 19 de Noviembre de 1574.


CARTA DEL CORONEL VERDUGO

ÁLOS MUY MAGNÍFICOS SEÑORES, LOS SEÑORES
ELECTO Y SOLDADOS, EN LA HAYA.

Muy magníficos señores: La de v. m. recebí en respuesta de la mia, y huélgome en extremo que esos señores no estén de opinion de venir á acometer á pasar por este fuerte, y plega á Dios que así sea, porque tan mal hecha cosa no habrán hecho jamas españoles, yo he oido y visto que muchas veces se pide en semejantes negocios que les paguen, pero dejar fuertes nunca lo he oido, ni visto, ni pienso que verdaderos españoles hagan tal traicion. Vuestras mercedes se acuerden que otros estando enojados han ganado fuertes á su Majestad y no perdídoseles, siento yo estas cosas como español y deseoso que nuestra honra no se acabe de perder; vuestras mercedes miren bien lo que hacen porque les juro que hallen más dificultad en todos los pasos que si vuestras mercedes fueran turcos, y junto con la traicion harán la mayor bisoñería que jamas soldados hicieron, porque con grandísimo trabajo saldrán con su intencion. Nuestro Señor dé á vuestras mercedes mejor consejo, y guarde sus muy magníficas personas como desean. De Harlem, á 22 de Noviembre de 1574.—Besa á vuestras mercedes las manos su servidor, Francisco Verdugo.


Á LOS MUY MAGNÍFICOS SEÑORES ELECTO Y SOLDADOS.

Muy magníficos señores: Esta mañana ántes que fuese el dia envié á pedir licencia á vuestras mercedes para hablalles, y salió el señor ayudante con alguna cantidad de arcabuceros y mosqueteros, diciendo lo que ellos hiciesen sería hecho de parte de todos, yo le supliqué que me hiciese merced que pudiese hablar al Sr. Electo y á los demas, porque traia una carta de su Excelencia, y á boca, muchas cosas que decir á vuestras mercedes de su parte tocantes al servicio de Dios y de su Majestad y á honra de toda nuestra nacion, y asimismo les traigo dineros, y en paño y seda lo que quisieren ó hobieren menester. Vuestras mercedes estaban tan de prisa y deseosos de caminar, que no me quisieron oir, sino inviarme y decirme que me fuese, como lo hice; ya que esto es pasado, me ha parescido con intervencion del Sr. Coronel Francisco Verdugo, que gobierna esta tierra, suplicamos á vuestras mercedes cuan encarecidamente podemos sean servidos de esperar ahí en el alojamiento que tienen por mañana mártes en todo el dia, que en este tiempo habrá llegado aquí musiur de Hierge, el cual dará órden á vuestras mercedes de lo que se ha de hacer sin que parezca que vuestras mercedes van alterados y se eviten muchas desórdenes que podria haber. Nuestro Señor, etc. De Harlem, á 29 de Noviembre de 1574.—Despues de escrita ésta ha llegado correo de Amsterdam que dice cómo era llegado allí musiur de Hierge, el cual escribe será aquí luégo.—Servidores de vuestras mercedes, D. Rodrigo Zapata de Leon, Francisco Verdugo.


AL CORONEL FRANCISCO VERDUGO,

EL COMENDADOR REQUESENS,
EN 6 DE AGOSTO DE 1575, DESDE AMBÉRES.

Muy magnífico señor: Holgué de saber por la carta de v. m. de 26 del pasado que fuesen salidos los alemanes de esa villa con quietud, y que quedasen los burgeses de ella más contentos con la gente que entró de guarnicion, y al capitan Mechenan, teniente del Conde de Ebres, á quien he escripto la satisfaccion que tengo de lo bien que se ha portado con su gente, y como v. m. me lo ha escripto, y en cuanto á proveer esa villa de vituallas y municiones de guerra, se hará lo que se pudiere, y asimismo en socorrer á la gente, que por allá queda, que yo lo deseo harto, pero me hallo con grandísima falta para todo; Dios lo remedie, y él guarde, etc.

Deseo saber los efectos que hace la armada de Amsterdam, porque si se tiene aquella costa sólo por complacer á los de la villa y por entretener marineros para cuando sean más menester y que no se vayan entre tanto á los enemigos, se podrian inviar acá algunos capitanes y marineros, pues hay hartos navíos, y hacerse con ellos por esta parte algunos efectos. Vuestra merced me avise de su parecer, y cuántos y de qué calidad son los navíos que agora se entretienen allí, y cuáles son los que no se pueden excusar.


VICTORIA HABIDA EN FRISA EN 1586.

COPIA DE CAPÍTULO DE CARTA DEL PRÍNCIPE DE PARMA PARA SU MAJESTAD DE BRUSÉLAS, Á 28 DE FEBRERO 1586.

Por cartas del Coronel Francisco Verdugo se me avisa que, con la ocasion del hielo que hizo en fin de Enero, hizo juntar la gente que pudo, y quedando él con parte al rededor de la villa de Gruninghen para acudir donde fuese menester, amenazándole los rebeldes por más partes, envió al teniente coronel Juan Baptista de Tássis con la otra en Frisa, donde, estando ya para salirse por comenzar á deshelar, entendiendo que los dichos rebeldes habian salido en campaña y que mostraban deseo de pelear, fué hácia ellos conforme á la órden que del Coronel tenía, y encontrados, pelearon muy valientemente, y alcanzó aquel dia vuestra Majestad una buena victoria, pues de dos mil hombres que habia de pelea de los enemigos de las compañías viejas, no escaparon diez, habiendo quedado muertos y presos los demas, con muy poca pérdida de los nuestros, aunque quedó muerto uno de los hijos del Conde de Vandemberg que sigue á Verdugo, y lo hizo muy bien, como otro hermano suyo mayor que quedó herido; ha sido faccion de importancia por ser la gente que era, y haber sucedido en tiempo que pudiera hacer por allá harto daño. A nuestro Señor se deben las gracias, que nos hace más mercedes de las que merescemos, y cierto que al dicho Coronel, como tambien al teniente Tássis se debe agradecer la voluntad con que sirven, y estimar el valor que en todas ocasiones del servicio de vuestra Majestad muestran.