ÉGLOGA III
Aquella voluntad honesta y pura,[212]
ilustre y hermosísima María,
que en mí de celebrar tu hermosura,
tu ingenio y tu valor estar solía,
a despecho y pesar de la ventura5
que por otro camino me desvía,
está y estará en mí tanto clavada,
cuanto del cuerpo el alma acompañada.[213]
Y aun no se me figura que me toca
aqueste oficio solamente en vida;10
mas con la lengua muerta y fría en la boca[214]
pienso mover la voz a ti debida.
Libre mi alma de su estrecha roca,
por el Estigio lago conducida,
celebrándote irá, y aquel sonido15
hará parar las aguas del olvido.
Mas la fortuna, de mi mal no harta,
me aflige y de un trabajo en otro lleva;
ya de la patria, ya del bien me aparta,
ya mi paciencia en mil maneras prueba;20
y lo que siento más, es que la carta,[215]
donde mi pluma en tu alabanza mueva,
poniendo en su lugar cuidados vanos,
me quita y me arrebata de las manos.
Pero, por más que en mí su fuerza pruebe,25
no tornará mi corazón mudable;
nunca dirán jamás que me remueve
fortuna de un estudio tan loable.
Apolo y las hermanas, todas nueve,
me darán ocio y lengua con que hable30
lo menos de lo que en tu ser cupiere,
que esto será lo más que yo pudiere.[216]
En tanto no te ofenda ni te harte
tratar del campo y soledad que amaste,
ni desdeñes aquesta inculta parte35
de mi estilo, que en algo ya estimaste.
Entre las armas del sangriento Marte,
do apenas hay quien su furor contraste,
hurté de el tiempo aquesta breve suma,
tomando, ora la espada, ora la pluma.[217]40
Aplica, pues, un rato los sentidos
al bajo son de mi zampoña ruda,
indina de llegar a tus oídos,
pues de ornamento y gracia va desnuda;
mas a las veces son mejor oídos45
el puro ingenio y lengua casi muda,
testigos limpios de ánimo inocente,
que la curiosidad del elocuente.
Por aquesta razón de ti escuchado,
aunque me falten otras, ser meresco.50
Lo que puedo te doy, y lo que he dado,
con recibillo tú yo me enriquesco.
De cuatro ninfas que del Tajo amado
salieron juntas, a cantar me ofresco,
Filódoce, Dinámene y Crimene,55
Nise, que en hermosura par no tiene.
Cerca del Tajo en soledad amena,
de verdes sauces hay una espesura,
toda de hiedra revestida y llena,
que por el tronco va hasta el altura,60
y así la teje arriba y encadena,
que el sol no halla paso a la verdura;
el agua baña el prado, con sonido
alegrando la vista y el oído.
Con tanta mansedumbre el cristalino65
Tajo en aquella parte caminaba,
que pudieran los ojos el camino
determinar apenas que llevaba.
Peinando sus cabellos de oro fino,
una ninfa, del agua, do moraba,70
la cabeza sacó, y el prado ameno
vido de flores y de sombra lleno.
Moviola el sitio umbroso, el manso viento,
el suave olor de aquel florido suelo.
Las aves en el fresco apartamiento75
vio descansar del trabajoso vuelo.
Secaba entonces el terreno aliento
el sol subido en la mitad del cielo.
En el silencio solo se escuchaba
un susurro de abejas que sonaba.80
Habiendo contemplado una gran pieza
atentamente aquel lugar sombrío,
somorgujó de nuevo su cabeza,[218]
y al fondo se dejó calar del río.[219]
A sus hermanas a contar empieza85
del verde sitio el agradable frío,
y que vayan les ruega y amonesta
allí con su labor a estar la siesta.
No perdió en esto mucho tiempo el ruego,
que las tres dellas su labor tomaron,90
y en mirando de fuera, vieron luego
el prado, hacia el cual enderezaron.
El agua clara con lacivo juego[220]
nadando dividieron y cortaron,[221]
hasta que el blanco pie tocó mojado,95
saliendo de la arena, el verde prado.
Poniendo ya en lo enjuto las pisadas,[222]
escurrieron del agua sus cabellos,
los cuales esparciendo, cubijadas
las hermosas espaldas fueron dellos.100
Luego sacando telas delicadas,
que en delgadeza competían con ellos,[223]
en lo más escondido se metieron,
y a su labor atentas se pusieron.
Las telas eran hechas y tejidas105
del oro que el felice Tajo envía,
apurado, después de bien cernidas
las menudas arenas do se cría.[224]
Y de las verdes hojas reducidas
en estambre sutil, cual convenía110
para seguir el delicado estilo
del oro ya tirado en rico hilo.
La delicada estambre era distinta
de las colores que antes le habían dado
con la fineza de la varia tinta115
que se halla en las conchas del pescado.
Tanto artificio muestra en lo que pinta
y teje cada ninfa en su labrado,
cuanto mostraron en sus tablas antes
el celebrado Apeles y Timantes.120
Filódoce, que así de aquellas era
llamada la mayor, con diestra mano
tenía figurada la ribera
de Estrimón, de una parte el verde llano,
y de otra el monte de aspereza fiera,125
pisado tarde o nunca de pie humano,
donde el amor movió con tanta gracia
la dolorosa lengua del de Tracia.[225]
Estaba figurada la hermosa
Eurídice, en el blanco pie mordida[226]130
de la pequeña sierpe ponzoñosa,[227]
entre la hierba y flores escondida;
descolorida estaba como rosa
que ha sido fuera de sazón cogida,
y el ánima, los ojos ya volviendo,135
de su hermosa carne despidiendo.
Figurado se vía estensamente
el osado marido que bajaba
al triste reino de la escura gente,
y la mujer perdida recobraba;140
y cómo después desto él, impaciente
por miralla de nuevo, la tornaba
a perder otra vez, y del tirano
se queja al monte solitario en vano.[228]
Dinámene no menos artificio145
mostraba en la labor que había tejido,
pintando a Apolo en el robusto oficio
de la silvestre caza embebecido.
Mudar luego le hace el ejercicio
la vengativa mano de Cupido,150
que hizo a Apolo consumirse en lloro
después que le enclavó con punta de oro.[229]
Dafne con el cabello suelto al viento,[230]
sin perdonar al blanco pie, corría
por áspero camino tan sin tiento,155
que Apolo en la pintura parecía
que, porque ella templase el movimiento,
con menos ligereza la seguía.
Él va siguiendo, y ella huye como
quien siente al pecho el odioso plomo.[231]160
Mas a la fin los brazos le crecían,
y en sendos ramos vueltos se mostraban,
y los cabellos, que vencer solían
al oro fino, en hojas se tornaban;
en torcidas raíces se estendían165
los blancos pies, y en tierra se hincaban.
Llora el amante, y busca el ser primero,
besando y abrazando aquel madero.
Climene, llena de destreza y maña,
el oro y las colores matizando,170
iba de hayas una gran montaña
de robles y de peñas variando.
Un puerco entre ellas, de braveza estraña,
estaba los colmillos aguzando
contra un mozo, no menos animoso,175
con su venablo en mano, que hermoso.[232]
Tras esto, el puerco allí se vía herido
de aquel mancebo por su mal valiente,
y el mozo en tierra estaba ya tendido,
abierto el pecho del rabioso diente;180
con el cabello de oro desparcido
barriendo el suelo miserablemente,
las rosas blancas por allí sembradas
tornaba con su sangre coloradas.
Adonis este se mostraba que era,185
según se muestra Venus dolorida,
que viendo la herida abierta y fiera,
estaba sobre él casi amortecida.
Boca con boca coge la postrera[233]
parte del aire que solía dar vida190
al cuerpo, por quien ella en este suelo
aborrecido tuvo al alto cielo.
La blanca Nise no tomó a destajo
de los pasados casos la memoria,
y en la labor de su sutil trabajo195
no quiso entretejer antigua historia;
antes mostrando de su claro Tajo
en su labor la celebrada gloria,
lo figuró en la parte donde él baña
la más felice tierra de la España.[234]200
Pintado el caudaloso río se vía,
que, en áspera estrecheza reducido,
un monte casi al rededor teñía,
con ímpetu corriendo y con ruído;
querer cercallo todo parecía[235]205
en su volver; mas era afán perdido;
dejábase correr, en fin, derecho,[236]
contento de lo mucho que había hecho.
Estaba puesta en la sublime cumbre
del monte, y desde allí por él sembrada,210
aquella ilustre y clara pesadumbre,
de antiguos edificios adornada.
De allí con agradable mansedumbre
el Tajo va siguiendo su jornada,
y regando los campos y arboledas215
con artificio de las altas ruedas.[237]
En la hermosa tela se veían
entretejidas las silvestres diosas
salir de la espesura, y que venían
todas a la ribera presurosas,220
en el semblante tristes, y traían
cestillos blancos de purpúreas rosas,
las cuales esparciendo, derramaban
sobre una ninfa muerta que lloraban.[238]
Todas con el cabello desparcido[239]225
lloraban una ninfa delicada,[240]
cuya vida mostraba que había sido
antes de tiempo y casi en flor cortada.[241]
Cerca del agua, en un lugar florido,
estaba entre la hierba degollada,[242]230
cual queda el blanco cisne cuando pierde
la dulce vida entre la hierba verde.
Una de aquellas diosas, que en belleza,
al parecer, a todas ecedía,
mostrando en el semblante la tristeza235
que del funesto y triste caso había,
apartada algún tanto, en la corteza
de un álamo unas letras escribía,
como epitafio de la ninfa bella,
que hablaban así por parte della:240
«Elisa soy, en cuyo nombre suena
y se lamenta el monte cavernoso,
testigo del dolor y grave pena
en que por mí se aflige Nemoroso,
y llama Elisa; Elisa a boca llena245
responde el Tajo, y lleva presuroso
al mar de Lusitania el nombre mío,[243]
donde será escuchado, yo lo fío.»
En fin, en esta tela artificiosa
toda la historia estaba figurada,250
que en aquella ribera deleitosa
de Nemoroso fue tan celebrada;
porque de todo aquesto y cada cosa
estaba Nise ya tan informada,
que llorando el pastor, mil veces ella255
se enterneció escuchando su querella.
Y porque aqueste lamentable cuento,
no solo entre las selvas se contase,
mas, dentro de las ondas, sentimiento
con la noticia de esto se mostrase,260
quiso que de su tela el argumento
la bella ninfa muerta señalase,
y así se publicase de uno en uno
por el húmido reino de Netuno.
Destas historias tales variadas265
eran las telas de las cuatro hermanas,
las cuales, con colores matizadas
y claras luces de las sombras vanas,
mostraban a los ojos relevadas
las cosas y figuras que eran llanas;270
tanto que, al parecer, el cuerpo vano
pudiera ser tomado con la mano.[244]
Los rayos ya del sol se trastornaban,[245]
escondiendo su luz, al mundo cara,
tras altos montes, y a la luna daban275
lugar para mostrar su blanca cara;
los peces a menudo ya saltaban,
con la cola azotando el agua clara,
cuando las ninfas, la labor dejando,
hacia el agua se fueron paseando.280
En las templadas ondas ya metidos
tenían los pies, y reclinar querían
los blancos cuerpos, cuando sus oídos
fueron de dos zampoñas que tañían
suave y dulcemente, detenidos;285
tanto, que sin mudarse las oían,
y al son de las zampoñas escuchaban
dos pastores, a veces, que cantaban.
Más claro cada vez el son se oía
de dos pastores, que venían cantando290
tras el ganado, que también venía
por aquel verde soto caminando,
y a la majada, ya pasado el día,
recogido llevaban, alegrando
las verdes selvas con el son suave,295
haciendo su trabajo menos grave.
Tirreno destos dos el uno era,
Alcino el otro, entrambos estimados,
y sobre cuantos pacen la ribera
del Tajo, con sus vacas, enseñados;300
mancebos de una edad, de una manera
a cantar juntamente aparejados,
y a responder. Aquesto van diciendo,
cantando el uno, el otro respondiendo.
TIRRENO
Flérida, para mí dulce y sabrosa305
más que la fruta del cercado ajeno,[246]
más blanca que la leche y más hermosa
que el prado por abril, de flores lleno;
si tú respondes pura y amorosa
al verdadero amor de tu Tirreno,310
a mi majada arribarás, primero
que el cielo nos amuestre su lucero.
ALCINO
Hermosa Filis, siempre yo te sea
amargo al gusto más que la retama,
y de ti despojado yo me vea,315
cual queda el tronco de su verde rama,
si más que yo el murciélago desea
la escuridad, ni más la luz desama,
por ver ya el fin de un término tamaño
deste día, para mí mayor que un año.320
TIRRENO
Cual suele acompañada de su bando
aparecer la dulce primavera,
cuando Favonio y Céfiro soplando,[247]
al campo toman su beldad primera,
y van artificiosos esmaltando325
de rojo, azul y blanco la ribera;
en tal manera a mí, Flérida mía,
viniendo, reverdece mi alegría.
ALCINO
¿Ves el furor del animoso viento,
embravecido en la fragosa sierra,330
que los antiguos robles ciento a ciento
y los pinos altísimos atierra,
y de tanto destrozo aún no contento,
al espantoso mar mueve la guerra?
Pequeña es esta furia, comparada335
a la de Filis, con Alcino airada.
TIRRENO
El blanco trigo multiplica y crece,
produce el campo en abundancia tierno
pasto al ganado, el verde monte ofrece
a las fieras salvajes su gobierno;340
adoquiera que miro me parece
que derrama la copia todo el cuerno;[248]
mas todo se convertirá en abrojos
si dello aparta Flérida sus ojos.
ALCINO
De la esterilidad es oprimido345
el monte, el campo, el soto y el ganado;
la malicia del aire corrompido
hace morir la hierba mal su grado;[249]
las aves ven su descubierto nido,
que ya de verdes hojas fue cercado;350
pero si Filis por aquí tornare,
hará reverdecer cuanto mirare.
TIRRENO
El álamo de Alcides escogido
fue siempre, y el laurel del rojo Apolo;
de la hermosa Venus fue tenido355
en precio y en estima el mirto solo;
el verde sauz de Flérida es querido,
y por suyo entre todos escogiolo;[250]
doquiera que de hoy más sauces se hallen,
el álamo, el laurel y el mirto callen.360
ALCINO
El fresno por la selva en hermosura
sabemos ya que sobre todos vaya,
y en aspereza y monte de espesura
se aventaja la verde y alta haya;
mas el que la beldad de tu figura365
dondequiera mirado, Filis, haya,
al fresno y a la haya en su aspereza
confesará que vence tu belleza.—
Esto cantó Tirreno, y esto Alcino
le respondió; y habiendo ya acabado370
el dulce son, siguieron su camino
con paso un poco más apresurado.
Siendo a las ninfas ya el rumor vecino,
todas juntas se arrojan por el vado,
y de la blanca espuma que movieron375
las cristalinas hondas se cubrieron.