ÉGLOGA SEGUNDA

ALBANIO

En medio del invierno está templada[80]

el agua dulce desta clara fuente,[81]

y en el verano más que nieve helada.

¡Oh claras ondas, cómo veo presente,

en viéndoos, la memoria de aquel día5

de que el alma temblar y arder se siente!

En vuestra claridad vi mi alegría

escurecerse toda y enturbiarse;

cuando os cobré perdí mi compañía.

¿A quién pudiera igual tormento darse,10

que con lo que descansa otro afligido

venga mi corazón a atormentarse?

El dulce murmurar de este ruído,

el mover de los árboles al viento,

el suave olor del prado florecido,[82]15

podrían tornar, de enfermo y descontento,

cualquier pastor del mundo, alegre y sano;

yo solo en tanto bien morir me siento.

¡Oh hermosura sobre el ser humano!

¡Oh claros ojos! ¡Oh cabellos de oro![83]20

¡Oh cuello de marfil! ¡Oh blanca mano!

¿Cómo puede ora ser que en triste lloro

se convirtiese tan alegre vida,

y en tal pobreza todo mi tesoro?

Quiero mudar lugar, y a la partida25

quizá me dejará parte del daño

que tiene el alma casi consumida.

¡Cuán vano imaginar, cuán claro engaño

es darme yo a entender que con partirme,

de mí se ha de partir un mal tamaño!30

¡Ay miembros fatigados, y cuán firme

es el dolor que os cansa y enflaquece!

¡Oh si pudiese un rato aquí dormirme!

Al que velando el bien nunca se ofrece,

quizá que el sueño le dará durmiendo35

algún placer, que presto desfallece

en tus manos ¡oh sueño! me encomiendo.[84]

SALICIO

¡Cuán bienaventurado[85]

aquel puede llamarse

que con la dulce soledad se abraza,40

y vive descuidado,

y lejos de empacharse

en lo que al alma impide y embaraza!

No ve la llena plaza,

ni la soberbia puerta45

de los grandes señores,

ni los aduladores

a quien la hambre del favor despierta;

no le será forzoso

rogar, fingir, temer y estar quejoso.50

A la sombra holgando

de un alto pino o robre,

o de alguna robusta y verde encina,

el ganado contando

de su manada pobre;55

que por la verde selva se avecina,

plata cendrada y fina,

oro luciente y puro,

baja y vil le parece,

y tanto lo aborrece,60

que aun no piensa que dello está seguro;

y como está en su seso,

rehuye la cerviz del grave peso.

Convida a dulce sueño

aquel manso ruído65

del agua que la clara fuente envía,

y las aves sin dueño

con canto no aprendido

hinchen el aire de dulce armonía;

háceles compañía,70

a la sombra volando,

y entre varios olores

gustando tiernas flores,

la solícita abeja susurrando;

los árboles y el viento75

al sueño ayudan con su movimiento.

¿Quién duerme aquí? ¿Dó está que no le veo?

¡Oh! helo allí. Dichoso tú, que aflojas

la cuerda al pensamiento o al deseo.

¡Oh natura, cuán pocas obras cojas80

en el mundo son hechas por tu mano!

Creciendo el bien, menguando las congojas,

el sueño diste al corazón humano

para que al despertar más se alegrase

del estado gozoso, alegre y sano;85

que, como si de nuevo le hallase,

hace aquel intervalo que ha pasado

que el nuevo gusto nunca al bien se pase.[86]

Y al que de pensamiento fatigado

el sueño baña con licor piadoso,90

curando el corazón despedazado,

aquel breve descanso, aquel reposo

basta para cobrar de nuevo aliento,

con que se pase el curso trabajoso.

Llegarme quiero cerca con buen tiento,95

y ver, si de mí fuere conocido,

si es del número triste o del contento.

Albanio es este que está aquí dormido,

o yo conozco mal. Albanio es, cierto.

Duerme, garzón cansado y afligido.100

¡Por cuán mejor librado tengo un muerto

que acaba el curso de la vida humana

y es reducido a más seguro puerto,

que el que, viviendo acá, de vida ufana

y de estado gozoso, noble y alto,105

es derrocado de fortuna insana!

Dicen que este mancebo dio un gran salto:

que de amorosos bienes fue abundante,

y agora es pobre, miserable y falto.

No sé la historia bien; mas quien delante110

se halló al duelo me contó algún poco

del grave caso deste pobre amante.

ALBANIO

¿Es esto sueño, o ciertamente toco

la blanca mano? ¡Ah sueño! ¿estás burlando?

Yo estábate creyendo como loco.115

¡Oh cuitado de mí! Tú vas volando

con prestas alas por la ebúrnea puerta;[87]

yo quédome tendido aquí llorando.

¿No basta el grave mal en que despierta

el alma vive, o por mejor decillo,120

está muriendo de una vida incierta?

SALICIO

Albanio, deja el llanto, que en oíllo

me aflijo.

ALBANIO

¿Quién presente está a mi duelo?

SALICIO

Aquí está quien te ayudará a sentillo.

ALBANIO

¿Aquí estás tú, Salicio? Gran consuelo125

me fuera en cualquier mal tu compañía;

mas tengo en esto por contrario al cielo.

SALICIO

Parte de tu trabajo ya me había

contado Galafrón, que fue presente

en aqueste lugar el mismo día;130

mas no supo decir del acidente

la causa principal; bien que pensaba

que era mal que decir no se consiente;

y a la sazón en la ciudad yo estaba,

como tú sabes bien, aparejando135

aquel largo camino que esperaba;

y esto que digo me contaron cuando

torné a volver; mas yo te ruego agora,

si esto no es enojoso que demando,

que particularmente el punto y hora,140

la causa, el daño cuentes y el proceso;

que el mal comunicado se mejora.[88]

ALBANIO

Con un amigo tal verdad es eso,

cuando el mal sufre cura, mi Salicio;

mas este ha penetrado hasta el hueso.145

Verdad es que la vida y ejercicio

común, y el amistad que a ti me ayunta,

mandan que complacerte sea mi oficio;

mas ¿qué haré? que el alma ya barrunta,

que quiero renovar en la memoria150

la herida mortal de aguda punta;

y póneme delante aquella gloria

pasada, y la presente desventura,

para espantarme de la horrible historia.

Por otra parte, pienso que es cordura155

renovar tanto el mal que me atormenta,

que a morir venga de tristeza pura.

Y por esto, Salicio, entera cuenta

te daré de mi mal como pudiere,

aunque el alma rehuya y no consienta.160

Quise bien, y querré mientras rigiere

aquestos miembros el espirtu mío,

aquella por quien muero, si muriere.[89]

En este amor no entré por desvarío,[90]

ni lo traté, como otros, con engaños,165

ni fue por eleción de mi albedrío.

Desde mis tiernos y primeros años

a aquella parte me inclinó mi estrella,

y a aquel fiero destino de mis daños.

Tú conociste bien una doncella,170

de mi sangre y abuelos descendida,[91]

más que la misma hermosura bella.

En su verde niñez, siendo ofrecida

por montes y por selvas a Diana,[92]

ejercitaba allí su edad florida.175

Yo, que desde la noche a la mañana

y del un sol al otro, sin cansarme,

seguía la caza con estudio y gana,

por deudo y ejercicio a conformarme

vine con ella en tal domestiqueza,180

que della un punto no sabía apartarme.

Iba de un hora en otra la estrecheza

haciéndose mayor, acompañada

de un amor sano y lleno de pureza.

¿Qué montaña dejó de ser pisada185

de nuestros pies? ¿Qué bosque o selva umbrosa

no fue de nuestra caza fatigada?

Siempre con mano larga y abundosa

con parte de la caza visitando

el sacro altar de nuestra santa diosa.190

La colmilluda testa ora llevando

del puerco jabalí cerdoso y fiero,

del peligro pasado razonando;

ora clavando del ciervo ligero

en algún sacro pino los ganchosos195

cuernos, con puro corazón sincero

tornábamos contentos y gozosos,

y al disponer de lo que nos quedaba,

jamás me acuerdo de quedar quejosos.

Cualquiera caza a entrambos agradaba;200

pero la de las simples avecillas

menos trabajo y más placer nos daba.

En mostrando el aurora sus mejillas

de rosa, y sus cabellos de oro fino

humedeciendo ya las florecillas,205

nosotros, yendo fuera de camino,

buscábamos un valle, el más secreto

y de conversación menos vecino;

aquí con una red de muy perfeto

verde tejida, aquel valle atajábamos210

muy sin rumor, con paso muy quieto.

De dos árboles altos la colgábamos,

y habiéndonos un poco lejos ido,

hacia la red armada nos tornábamos,

y por lo más espeso y escondido,215

los árboles y matas sacudiendo,

turbábamos el valle con ruído.

Zorzales, tordos, mirlas, que temiendo

delante de nosotros, espantados

del peligro menor, iban huyendo,220

daban en el mayor, desatinados,

quedando en la sutil red engañosa

confusamente todos enredados.

Y entonces era vellos una cosa

estraña y agradable, dando gritos,225

y con voz lamentándose quejosa.

Algunos dellos, que eran infinitos,

su libertad buscaban revolando;

otros estaban míseros y aflitos.[93]

Al fin las cuerdas de la red tirando,230

llevábamosla juntos casi llena,

la caza a cuestas y la red cargando.

Cuando el húmido otoño ya refrena

del seco estío el gran calor ardiente,

y va faltando sombra a Filomena,[94]235

con otra caza desta diferente,

aunque también de vida ociosa y blanda,

pasábamos el tiempo alegremente.

Entonces siempre, como sabes, anda

de estorninos volando a cada parte240

de acá y allá la espesa y negra banda.

Y cierto aquesto es cosa de contarte,

cómo con los que andaban por el viento

usábamos también de astucia y arte.

Uno vivo primero de aquel cuento245

tomábamos, y en esto sin fatiga

era cumplido luego nuestro intento;

al pie del cual un hilo, untado en liga,

atando, le soltábamos al punto

que vía volar aquella banda amiga.250

Apenas era suelto, cuando junto

estaba con los otros y mesclado,

secutando el efeto de su asunto.[95]

A cuantos era el hilo enmarañado

por alas o por pies o por cabeza,255

todos venían al suelo mal su grado.

Andaban forcejando una gran pieza

a su pesar y a mucho placer nuestro;

que así de un mal ajeno bien se empieza.[96]

Acuérdaseme agora que el siniestro260

canto de la corneja y el agüero

para escaparse no le fue maestro.

Cuando una dellas, como es muy ligero,

a nuestras manos viva nos venía,

era ocasión de más de un prisionero.265

La cual a un llano grande yo traía,

a do muchas cornejas andar juntas

o por el suelo o por el aire vía;

clavándola en la tierra por las puntas

estremas de las alas, sin rompellas,270

seguíase lo que apenas tú barruntas.

Parecía que mirando a las estrellas,

clavada boca arriba en aquel suelo,

estaba a contemplar el curso dellas.

De allí nos alejábamos, y el cielo275

rompía con gritos ella, y convocaba

de las cornejas el superno vuelo.[97]

En un solo momento se ayuntaba

una gran muchedumbre presurosa

a socorrer la que en el suelo estaba.280

Cercábanla, y alguna, más piadosa

del mal ajeno de la compañera

que del suyo avisada y temerosa,

llegábase muy cerca, y la primera

que esto hacía, pagaba su inocencia285

con prisión o con muerte lastimera.

Con tal fuerza la presa y tal violencia

se engarrafaba de la que venía,

que no se despidiera sin licencia.

Ya puedes ver cuán gran placer sería290

ver, de una por soltarse y desasirse,

de otra por socorrerse, la porfía.

Al fin la fiera lucha a despartirse

venía por nuestra mano, y la cuitada

del bien hecho empezaba a arrepentirse.295

¿Qué me dirás si con su mano alzada

haciendo la noturna centinela,

la grúa de nosotros fue engañada?[98]

No aprovechaba al ánsar la cautela,

ni ser siempre sagaz descubridora300

de noturnos engaños con su vela.[99]

Ni al blanco cisne que en las aguas mora

por no morir como Faetón en fuego,

del cual el triste caso canta y llora.

Y tú, perdiz cuitada, ¿piensas luego305

que en huyendo del techo estás segura?[100]

En el campo turbamos tu sosiego.

A ningún ave o animal natura[101]

dotó de tanta astucia que no fuese

vencido al fin de nuestra astucia pura.310

Si por menudo de contarte hubiese

de aquesta vida cada partecilla,

temo que antes del fin anocheciese.

Basta saber que aquesta tan sencilla

y tan pura amistad, quiso mi hado315

en diferente especie convertilla:

en un amor tan fuerte y tan sobrado,

y en un desasosiego no creíble,

tal, que no me conosco, de trocado.

El placer de miralla, con terrible320

y fiero desear sentí mesclarse,

que siempre me llevaba a lo imposible.

La pena de su ausencia vi mudarse,

no en pena, no en congoja, en cruda muerte,

y en fuego eterno el alma atormentarse.325

A aqueste estado en fin mi dura suerte

me trajo poco a poco, y no pensara

que contra mí pudiera ser más fuerte,

si con mi grave daño no probara

que, en comparación de esta, aquella vida330

cualquiera por descanso la juzgara.

Ser debe aquesta historia aborrecida

de tus orejas ya, que así atormenta

mi lengua y mi memoria entristecida.

Decir ya más no es bien que se consienta;335

junto todo mi bien perdí en un hora,

y esta es la suma, en fin, de aquesta cuenta.

SALICIO

Albanio, si tu mal comunicaras[102]

con otro, que pensaras que tu pena

juzgaba como ajena, o que este fuego340

nunca probó, ni el juego peligroso

de que tú estás quejoso, yo confieso

que fuera bueno aqueso que hora haces;

mas si tú me deshaces con tus quejas,

¿por qué agora me dejas como a estraño,345

sin dar de aqueste daño fin al cuento?

¿Piensas que tu tormento como nuevo

escucho, y que no pruebo, por mi suerte,

aquesta viva muerte en las entrañas?

Si no con todas mañas ni esperiencia350

esta grave dolencia se desecha,

al menos aprovecha, yo te digo,

para que de un amigo que adolesca

otro se condolesca, que ha llegado

de bien acuchillado a ser maestro.[103]355

Así que, pues te muestro abiertamente

que no estoy inocente destos males,

que aún traigo las señales de las llagas,

no es bien que tú te hagas tan esquivo;

que mientras estás vivo, ser podría360

que por alguna vía te avisase,

y contigo llorase; que no es malo

tener al pie del palo quien se duela[104]

del mal, y sin cautela te aconseje.

ALBANIO

Tú quieres que forceje y que contraste[105]365

con quien al fin no baste a derrocalle.

Amor quiere que calle; yo no puedo

mover el paso un dedo sin gran mengua.

Él tiene de mi lengua el movimiento;

así que no me siento ser bastante.370

SALICIO

¿Qué te pone delante que te impida

el descubrir tu vida al que aliviarte

del mal alguna parte cierto espera?

ALBANIO

Amor quiere que muera sin reparo;

y conociendo claro que bastaba375

lo que yo descansaba en este llanto

contigo, a que entre tanto me aliviase,

y aquel tiempo probase a sostenerme;

por más presto perderme, como injusto,

me ha ya quitado el gusto que tenía380

de echar la pena mía por la boca.

Así que ya no toca nada dello

a ti querer sabello, ni contallo

a quien solo pasallo le conviene,

y muerte solo por alivio tiene.385

SALICIO

¿Quién es contra su ser tan inhumano,

que al enemigo entrega su despojo,

y pone su poder en otra mano?

¿Cómo, y no tienes ora algún enojo

de ver que amor tu misma lengua ataje,390

o la desate por su solo antojo?

ALBANIO

Salicio amigo, cese este lenguaje;

cierra tu boca, y más aquí no la abras;

yo siento mi dolor, y tú mi ultraje.

¿Para qué son maníficas palabras?[106]395

¿Quién te hizo filósofo elocuente,[107]

siendo pastor de ovejas y de cabras?

¡Oh cuitado de mí, cuán fácilmente

con espedida lengua y rigurosa

el sano da consejos al doliente!400

SALICIO

No te aconsejo yo, ni digo cosa

para que debas tú por ella darme

respuesta tan aceda y tan odiosa.

Ruégote que tu mal quieras contarme,

porque dél pueda tanto entristecerme,405

cuanto suelo del bien tuyo alegrarme.

ALBANIO

Pues ya de ti no puedo defenderme,

yo tornaré a mi cuento cuando hayas

prometido una gracia concederme;

y es, que en oyendo el fin, luego te vayas410

y me dejes llorar mi desventura

entre estos pinos solo y estas hayas.

SALICIO

Aunque pedir tú eso no es cordura,

yo seré dulce más que sano amigo,

y daré bien lugar a tu tristura.415

ALBANIO

Hora, Salicio, escucha lo que digo;

y vos, oh ninfas deste bosque umbroso,

a doquiera que estáis, estad conmigo.

Ya te conté el estado tan dichoso

a do me puso amor, si en él yo firme420

pudiera sostenerme con reposo;

mas, como de callar y de encubrirme

de aquella por quien vivo me encendía,[108]

llegué ya casi al punto de morirme,

mil veces ella preguntó qué había,425

y me rogó que el mal le descubriese,

que mi rostro y color lo descubría.

Mas no acabó con cuanto me dijese,

que de mí a su pregunta otra respuesta

que un sospiro con lágrimas hubiese.430

Aconteció que en una ardiente siesta,

viniendo de la caza fatigados,

en el mejor lugar desta floresta,

que es este donde estamos asentados,

a la sombra de un árbol aflojamos435

las cuerdas a los arcos trabajados.

En aquel prado allí nos reclinamos,

y del céfiro fresco recogiendo

el agradable espirtu, respiramos.

Las flores, a los ojos ofreciendo440

diversidad estraña de pintura,

diversamente así estaban oliendo.

Y en medio aquesta fuente clara y pura,

que como de cristal resplandecía,

mostrando abiertamente su hondura,445

el arena, que de oro parecía,

de blancas pedrezuelas variada,

por do manaba el agua, se bullía.

En derredor ni sola una pisada

de fiera o de pastor o de ganado450

a la sazón estaba señalada.

Después que con el agua resfriado

hubimos el calor, y juntamente

la sed de todo punto mitigado,

ella, que con cuidado diligente455

a conocer mi mal tenía el intento,

y a escudriñar el ánimo doliente,

con nuevo ruego y firme juramento

me conjuró y rogó que le contase

la causa de mi grave pensamiento;460

y si era amor, que no me recelase

de hacelle mi caso manifiesto,

y demostralle aquella que yo amase,

que me juraba que también en esto

el verdadero amor que me tenía465

con pura voluntad estaba presto.

Yo, que tanto callar ya no podía,

y claro descubrir menos osaba

lo que en el alma triste se sentía,

le dije que en aquella fuente clara470

vería de aquella que yo tanto amaba

abiertamente la hermosa cara.

Ella, que ver aquesta deseaba,

con menos diligencia discurriendo

de aquella con que el paso apresuraba,475

a la pura fontana fue corriendo,

y en viendo el agua, toda fue alterada,

en ella su figura sola viendo.[109]

Y no de otra manera, arrebatada,

del agua rehuyó, que si estuviera480

de la rabiosa enfermedad tocada.

Y sin mirarme, desdeñosa y fiera,

no sé qué allá entre dientes murmurando,

me dejó aquí, y aquí quiere que muera.

Quedé yo triste y solo allí, culpando485

mi temerario osar, mi desvarío,

la pérdida del bien considerando.

Creció de tal manera el dolor mío,

y de mi loco error el desconsuelo,

que hice de mis lágrimas un río.490

Fijos los ojos en el alto cielo,

estuve boca arriba una gran pieza

tendido, sin mudarme en este suelo.[110]

Y como de un dolor otro se empieza,[111]

el largo llanto, el desvanecimiento,495

el vano imaginar de la cabeza,

de mi gran culpa aquel remordimiento,

verme del todo al fin sin esperanza,

me trastornaron casi el sentimiento.

Cómo deste lugar hice mudanza500

no sé, ni quién de aquí me condujese

al triste albergo y a mi pobre estanza.

Sé que tornando en mí, como estuviese

sin comer y dormir bien cuatro días,

y sin que el cuerpo de un lugar moviese,505

las ya desamparadas vacas mías

por otro tanto tiempo no gustaron

las verdes hierbas ni las aguas frías.

Los pequeños hijuelos, que hallaron

las tetas secas ya de las hambrientas510

madres, bramando al cielo se quejaron.

Las selvas, a su voz también atentas,

bramando pareció que respondían,

condolidas del daño y descontentas.

Aquestas cosas nada me movían,515

antes con mi llorar hacía espantados

todos cuantos a verme allí venían.

Vinieron los pastores de ganados,

vinieron de los sotos los vaqueros,

para ser de mi mal de mí informados.520

Y todos con los gestos lastimeros

me preguntaban cuáles habían sido

los acidentes de mi mal primeros.

A los cuales, en tierra yo tendido,

ninguna otra respuesta dar sabía,525

rompiendo con sollozos mi gemido,

sino de rato en rato les decía:

«Vosotros, los de Tajo en su ribera,

cantaréis la mi muerte cada día.[112]

»Este descanso llevaré aunque muera,530

que cada día cantaréis mi muerte

vosotros, los de Tajo, en su ribera.»[113]

La quinta noche, en fin, mi cruda suerte,

queriéndome llevar do se rompiese

aquesta tela de la vida fuerte,535

hizo que de mi choza me saliese

por el silencio de la noche escura

a buscar un lugar donde muriese.

Y caminando por do mi ventura

y mis enfermos pies me condujeron,540

llegué a un barranco de muy gran altura.

Luego mis ojos lo reconocieron,

que pende sobre el agua, y su cimiento

las ondas poco a poco le comieron.

Al pie de un olmo hice allí mi asiento,545

y acordeme que ya con ella estuve

pasando allí la siesta al fresco viento.

En aquesta memoria me detuve,

como si aquesta fuera medicina

de mi furor y cuanto mal sostuve.550

Denunciaba el aurora ya vecina

la venida del sol resplandeciente,

a quien la tierra, a quien la mar se inclina.

Entonces, como cuando el cisne siente

el ansia postrimera que le aqueja,555

y tienta el cuerpo mísero y doliente,

con triste y lamentable son se queja,

y se despide con funesto canto

del espirtu vital que dél se aleja;[114]

así, aquejado yo de dolor tanto,560

que el alma abandonaba ya la humana

carne, solté la rienda al triste llanto.

«¡Oh fiera, dije, más que tigre hircana,

y más sorda a mis quejas que el ruído

embravecido de la mar insana!565

»Heme entregado, heme aquí rendido,

he aquí vences; toma los despojos

de un cuerpo miserable y afligido.

»Yo pondré fin del todo a tus enojos,

ya no te ofenderá mi rostro triste,570

mi temerosa voz y húmidos ojos.

»Quizá tú, que en mi vida no moviste

el paso a consolarme en tal estado,

ni tu dureza cruda enterneciste,

»viendo mi cuerpo aquí desamparado,575

vendrás a arrepentirte y lastimarte;

mas tu socorro tarde habrá llegado.

»¿Cómo pudiste tan presto olvidarte

de aquel tan luengo amor, y de sus ciegos

nudos en sola un hora desligarte?580

»¿No se te acuerda de los dulces juegos

ya de nuestra niñez, que fueron leña

destos dañosos y encendidos fuegos,

»cuando la encina desta espesa breña

de sus bellotas dulces despojaba,585

que íbamos a comer sobre esta peña?

»¿Quién las castañas tiernas derrocaba

del árbol al subir dificultoso?

¿Quién en su limpia falda las llevaba?

»¿Cuándo en valle florido, espeso, umbroso590

metí jamás el pie, que dél no fuese

cargado a ti de flores y oloroso?

»Jurábasme, si ausente yo estuviese,

que ni el agua sabor, ni olor la rosa,

ni el prado hierba para ti tuviese.595

»¿A quién me quejo, que no escucha cosa

de cuantas digo, quien debría escucharme?

Eco sola me muestra ser piadosa;

»respondiéndome prueba conhortarme,[115]

como quien probó mal tan importuno;[116]600

mas no quiere mostrarse y consolarme.[117]

»¡Oh dioses! si allá juntos de consuno

de los amantes el cuidado os toca;

¡oh tú solo! si toca a solo uno,

»recebid las palabras que la boca605

echa con la doliente ánima fuera,

antes que el cuerpo torne en tierra poca.

»¡Oh náyades, de aquesta mi ribera[118]

corriente moradoras! ¡Oh napeas,

guarda del verde bosque verdadera![119]610

»Alce una de vosotras, blancas deas,

del agua su cabeza rubia un poco,

así, ninfa, jamás en tal se vea.

»Podré decir que con mis quejas toco

las divinas orejas, no pudiendo[120]615

las humanas tocar, cuerdo ni loco.

»¡Oh hermosas oréades, que teniendo

el gobierno de selvas y montañas,

a caza andáis por ellas discurriendo!

»Dejad de perseguir las alimañas;620

venid a ver un hombre perseguido,

a quien ni valen fuerzas ya ni mañas.

»¡Oh dríades, de amor hermoso nido,[121]

dulces y graciosísimas doncellas,

que a la tarde salís de lo escondido,625

»con los cabellos rubios, que las bellas

espaldas dejan de oro cobijadas,

parad mientes un rato a mis querellas!

»Y si con mi ventura conjuradas

no estáis, haced que sean las ocasiones630

de mi muerte aquí siempre celebradas.

»¡Oh lobos, oh osos, que, por los rincones

destas fieras cavernas escondidos,

estáis oyendo agora mis razones!

»Quedaos adiós, que ya vuestros oídos635

de mi zampoña fueron halagados,

y alguna vez de amor enternecidos.

»Adiós, montañas; adiós, verdes prados;

adiós, corrientes ríos espumosos;

vivid sin mí con siglos prolongados;640

»y mientras en el curso presurosos

iréis al mar a dalle su tributo,

corriendo por los valles pedregosos,

»haced que aquí se muestre triste luto

por quien, viviendo alegre, os alegraba645

con agradable son y viso enjuto.[122]

»Por quien aquí sus vacas abrevaba,

por quien, ramos de lauro entretejiendo,

aquí sus fuertes toros coronaba.»

Estas palabras tales en diciendo,650

en pie me alcé por dar ya fin al duro

dolor que en vida estaba padeciendo.

Y por el paso en que me ves te juro[123]

que ya me iba a arrojar de do te cuento,

con paso largo y corazón seguro,[124]655

cuando una fuerza súbita de viento

vino con tal furor, que de una sierra

pudiera remover el firme asiento.

De espaldas, como atónito, en la tierra

desde ha gran rato me hallé tendido;[125]660

que así se halla siempre aquel que yerra.[126]

Con más sano discurso en mi sentido,

comencé de culpar el presupuesto[127]

y temerario error que había seguido,

en querer dar con triste muerte al resto665

de aquesta breve vida fin amargo,

no siendo por los hados aún dispuesto.

De allí me fui con corazón más largo

para esperar la muerte, cuando venga

a relevarme deste grave cargo.670

Bien has ya visto cuánto me convenga,

que pues buscalla a mí no se consiente,

ella en buscarme a mí no se detenga.

Contado te he la causa, el acidente,

el daño y el proceso todo entero;675

cúmpleme tu promesa prestamente.

Y si mi amigo cierto y verdadero

eres, como yo pienso, vete agora;

no estorbes un dolor acerbo y fiero

al afligido y triste cuando llora.680

SALICIO

Tratara de una parte

que agora solo siento,

si no pensaras que era dar consuelo.

Quisiera preguntarte

cómo tu pensamiento685

se derribó tan presto en ese suelo,

o se cubrió de un velo,

para que no mirase

que quien tan luengamente

amó, no se consiente690

que tan presto del todo te olvidase.

¿Qué sabes si ella agora

juntamente su mal y el tuyo llora?

ALBANIO

Cese ya el artificio

de la maestra mano;695

no me hagas pasar tan grave pena.

Harásme tú, Salicio,

ir do nunca pie humano

estampó su pisada en el arena.

Ella está tan ajena700

de estar desa manera

como tú de pensallo,

aunque quieres mostrallo

con razón aparente a verdadera.

Ejercita aquí el arte705

a solas, que yo voyme en otra parte.

SALICIO

No es tiempo de curalle,

hasta que menos tema

la cura del maestro y su crueza.

Solo quiero dejalle;710

que aún está el apostema

intratable, a mi ver, por su dureza.

Quebrante la braveza

del pecho empedernido

con largo y tierno llanto;715

ireme yo entre tanto

a requerir de un ruiseñor el nido,

que está en un alta encina,

y estará presto en manos de Gravina.[128]

CAMILA

Si desta tierra no he perdido el tino,720

por aquí el corzo vino que ha traído,

después que fue herido, atrás el viento.

¿Qué recio movimiento en la corrida

lleva, de tal herida lastimado?

En el siniestro lado soterrada725

la flecha enherbolada va mostrando,

las plumas blanqueando solas fuera.

Y háceme que muera con buscalle.

No pasó deste valle; aquí está cierto,[129]

y por ventura muerto. ¡Quién me diese730

alguno que siguiese el rastro agora,

mientras la ardiente hora de la siesta

en aquesta floresta yo descanso!

¡Ay viento fresco y manso y amoroso,

almo, dulce, sabroso! Esfuerza, esfuerza735

tu soplo, y esta fuerza tan caliente

del alto sol ardiente hora quebranta;

que ya la tierna planta del pie mío

anda a buscar el frío desta hierba.

A los hombres reserva tú, Diana,740

en esta siesta insana tu ejercicio;

por agora tu oficio desamparo,

que me ha costado caro en este día.

¡Ay dulce fuente mía, y de cuán alto

con solo un sobresalto me arrojaste!745

¿Sabes qué me quitaste, fuente clara?

Los ojos de la cara, que no quiero

menos un compañero que yo amaba;

mas no como él pensaba. Dios ya quiera

que antes Camila muera que padesca750

culpa por do meresca ser echada

de la selva sagrada de Diana.[130]

¡Oh cuán de mala gana mi memoria

renueva aquesta historia! Mas la culpa

ajena me desculpa; que si fuera755

yo la causa primera desta ausencia,

yo diera la sentencia en mi contrario.

Él fue muy voluntario y sin respeto.

Mas ¿para qué me meto en esta cuenta?

Quiero vivir contenta y olvidallo,760

y aquí donde me hallo recrearme.

Aquí quiero acostarme, y en cayendo

la siesta iré siguiendo mi corcillo,

que yo me maravillo ya y me espanto

cómo con tal herida huyó tanto.765

ALBANIO

Si mi turbada vista no me miente,

paréceme que vi entre rama y rama

una ninfa llegar a aquella fuente.

Quiero llegar allá; quizá, si ella ama,

me dirá alguna cosa con que engañe770

con algún falso alivio aquesta llama.

Y no se me da nada que desbañe[131]

mi alma, si es contrario lo que creo;

que a quien no espera bien no hay mal que dañe.

¡Oh santos dioses! ¿Qué es esto que veo?775

¿Es error de fantasma convertida

en forma de mi amor y mi deseo?

Camila es esta que está aquí dormida;

no puede de otra ser su hermosura;

la razón está clara y conocida:780

una obra sola quiso la natura[132]

hacer como esta, y rompió luego apriesa

la estampa do fue hecha tal figura.[133]

¿Quién podrá luego de su forma espresa

el traslado sacar, si la maestra785

misma no basta, y ella lo confiesa?

Mas ya que es cierto el bien que a mí se muestra

¿cómo podré llegar a despertalla,

temiendo yo la luz que a ella me adiestra?[134]

¿Si solamente de poder tocalla790

perdiese el miedo yo? Mas ¿si despierta?...

Si despierta, tenella y no soltalla.

Esta osadía temo que no es cierta.

Mas ¿qué me puede hacer? Quiero llegarme.

En fin, ella está agora como muerta.795

Cabe ella por lo menos asentarme

bien puedo; mas no ya como solía.

¡Oh mano poderosa de matarme!

¿Viste cuánto tu fuerza en mí podía?

¿Por qué para sanarme no la pruebas?800

Que tu poder a todo bastaría.

CAMILA

Socórreme, Diana.

ALBANIO

No te muevas,

que no te he de soltar; escucha un poco.

CAMILA

¿Quién me dijera, Albanio, tales nuevas?

Ninfas del verde bosque a vos invoco,805

a vos pido socorro desta fuerza.

¿Qué es esto, Albanio? Dime si estás loco.

ALBANIO

Locura debe ser la que me fuerza

a querer más que el alma y que la vida

a la que a aborrecerme así se esfuerza.810

CAMILA

Yo debo ser de ti la aborrecida,

pues me quieres tratar de tal manera,

siendo tuya la culpa conocida.

ALBANIO

¿Yo culpa contra ti? Si la primera

no está por cometer, Camila mía,815

en tu desgracia y disfavor yo muera.

CAMILA

¿Tú no violaste nuestra compañía,

queriéndola torcer por el camino

que de la vida honesta se desvía?

ALBANIO

¿Cómo de sola un hora el desatino820

ha de perder mil años de servicio,

si el arrepentimiento tras él vino?

CAMILA

Aqueste es de los hombres el oficio:

tentar el mal, y si es malo el suceso,

pedir con humildad perdón del vicio.825

ALBANIO

¿Qué tenté yo, Camila?

CAMILA

Bueno es eso.

Esta fuente lo diga, que ha quedado

por un testigo de tu mal proceso.

ALBANIO

Si puede ser mi yerro castigado

con muerte, con deshonra o con tormento,830

vesme aquí, estoy a todo aparejado.

CAMILA

Suéltame ya la mano, que el aliento

me falta de congoja.

ALBANIO

He muy gran miedo

que te me irás, que corres más que el viento.

CAMILA

No estoy como solía, que no puedo835

moverme ya, de mal ejercitada.

Suelta, que casi me has quebrado un dedo.

ALBANIO

¿Estarás, si te suelto, sosegada,

mientras con razón clara yo te muestro

que fuiste sin razón de mí enojada?840

CAMILA

Eres tú de razones gran maestro.

Suelta, que sí estaré.

ALBANIO

Primero jura

por la primera fe del amor nuestro.

CAMILA

Yo juro por la ley sincera y pura

de la amistad pasada, de sentarme,845

y de escuchar tus quejas muy segura.

¡Cuál me tienes la mano, de apretarme

con esa dura mano, descreído!

ALBANIO

¡Cuál me tienes el alma de dejarme!

CAMILA

Mi prendedero de oro ¡si es perdido!...[135]850

¡Oh cuitada de mí! Mi prendedero

desde aquel valle aquí se me ha caído.

ALBANIO

Mira no se cayese allá primero,

antes de aqueste al Val de la Hortiga.

CAMILA

Doquier que se perdió, buscallo quiero.855

ALBANIO

Yo iré a buscado, escusa esa fatiga;

que no puedo sufrir que aquesta arena

abrase el blanco pie de mi enemiga.

CAMILA

Pues que quieres tomar por mí esta pena,

derecho ve primero a aquellas hayas;860

que allí estuve yo echada un hora buena.

ALBANIO

Ya voy; mas entre tanto no te vayas.

CAMILA

Seguro ve, que antes verás mi muerte

que tú me cobres ni a tus manos hayas.

ALBANIO

¡Ah, ninfa desleal! Y ¿desa suerte865

se guarda el juramento que me diste?

¡Ah condición de vida dura y fuerte!

¡Oh falso amor, de nuevo me heciste

revivir con un poco de esperanza!

¡Oh modo de matar penoso y triste!870

¡Oh muerte llena de mortal tardanza!

Podré por ti llamar injusto el cielo,

injusta su medida y su balanza.

Recibe tú, terreno y duro suelo,

este rebelde cuerpo, que detiene875

del alma el espedido y leve vuelo.

Yo me daré la muerte, y aun si viene

alguno a resistirme... ¿A resistirme?

Él verá que a su vida no conviene.

¿No puedo yo morir, no puedo irme880

por aquí, por allí, por do quisiere,

desnudo espirtu o carne y hueso firme?

SALICIO

Escucha, que algún mal hacerse quiere,

o cierto tiene trastornado el seso.

ALBANIO

Aquí tuviese yo quien mal me quiere.885

Descargado me siento de un gran peso;

paréceme que vuelo, despreciando

monte, choza, ganado, leche y queso.

¿No son aquestos pies? Con ellos ando.

Ya caigo en ello, el cuerpo se me ha ido;890

solo el espirtu es este que hora mando.

¿Hale hurtado alguno o escondido

mientras mirando estaba yo otra cosa?

¿O si quedó por caso allí dormido?

Una figura de color de rosa895

estaba allí durmiendo; ¿si es aquella

mi cuerpo? No, que aquella es muy hermosa

NEMOROSO

Gentil cabeza; no daría por ella

yo para mi traer solo un cornado.[136]

ALBANIO

¿A quién iré del hurto a dar querella?900

SALICIO

Estraño ejemplo es ver en qué ha parado

este gentil mancebo, Nemoroso;

¡Y a nosotros que le hemos más tratado,

manso, cuerdo, agradable, virtuoso,

sufrido, conversable, buen amigo,905

y con un alto ingenio, gran reposo!

ALBANIO

Yo podré poco, o hallaré testigo

de quién hurtó mi cuerpo; aunque esté ausente,

yo lo perseguiré como enemigo.

¿Sabrásme decir dél, mi clara fuente?910

Dímelo, si lo sabes; así Febo

nunca tus frescas ondas escaliente.

Allá dentro en lo fondo está un mancebo

de laurel coronado, y en la mano

un palo propio, como yo, de acebo.915

Hola, ¿quién está allá? Responde, hermano.

¡Válgame Dios! O tú eres sordo o mudo,

o enemigo mortal del trato humano.

Espirtu soy, de carne ya desnudo,

que busco el cuerpo mío, que me ha hurtado920

algún ladrón malvado, injusto y crudo.

Callar que callarás. ¿Hasme escuchado?

¡Oh santo Dios! Mi cuerpo mismo veo,

o yo tengo el sentido trastornado.

¡Oh cuerpo! Hete hallado, y no lo creo;925

tanto sin ti me hallo descontento.

Pon fin ya a tu destierro y mi deseo.

NEMOROSO

Sospecho que el contino pensamiento

que tuvo de morir antes de agora

le representa aqueste apartamiento.930

SALICIO

Como del que velando siempre llora,

quedan durmiendo las especies llenas

del dolor que en el alma triste mora.

ALBANIO

Si no estás en cadenas, sal ya fuera

a darme verdadera forma de hombre,935

que agora solo el nombre me ha quedado.

Y si no estás forzado en ese suelo,

dímelo; que si al cielo que me oyere,

con quejas no moviere y llanto tierno,

convocaré el infierno y reino escuro,940

y romperé su muro de diamante,

como hizo el amante blandamente[137]

por la consorte ausente, que cantando

estuvo halagando las culebras

de las hermanas negras mal peinadas.[138]945

NEMOROSO

¡De cuán desvariadas opiniones

saca buenas razones el cuitado!

SALICIO

El curso acostumbrado del ingenio,

aunque le falte el genio que lo mueva,

con la fuga que lleva, corre un poco;950

y aunque este está hora loco, no por eso

ha de dar al travieso su sentido

en todo, habiendo sido cual tú sabes.

NEMOROSO

No más, no me le alabes, que por cierto,

de vello como muerto estoy llorando.955

ALBANIO

Estaba contemplando qué tormento

es este apartamiento. A lo que pienso

no nos aparta inmenso mar airado,

no torres de fosado rodeadas,[139]

no montañas cerradas y sin vía,960

no ajena compañía, dulce y cara;

un poco de agua clara nos detiene;

por ella no conviene lo que entramos[140]

con ansia deseamos; porque al punto

que a ti me acerco y junto, no te apartas;965

antes nunca te hartas de mirarme,

y de sinificarme en tu meneo

que tienes gran deseo de juntarte

con esta media parte. Daca, hermano,

échame acá esa mano, y como buenos970

amigos a lo menos nos juntemos,

y aquí nos abracemos. Ah ¿burlaste?

¿Así te me escapaste? Yo te digo

que no es obra de amigo hacer eso.

¿Quedo yo, don Travieso, remojado,975

y tú estás enojado? ¡Cuán apriesa

mueves ¿qué cosa es esa? tu figura!

¿Aún esa desventura me quedaba?

Ya yo me consolaba en ver serena

tu imagen, y tan buena y amorosa.[141]980

No hay bien ni alegre cosa ya que dure.

NEMOROSO

A lo menos, que cure tu cabeza.

SALICIO

Salgamos, que ya empieza un furor nuevo.

ALBANIO

¡Oh Dios! ¿Por qué no pruebo a echarme dentro

hasta llegar al centro de la fuente?985

SALICIO

¿Qué es esto, Albanio? Tente.

ALBANIO

¡Oh manifiesto

ladrón! Mas ¿qué es aquesto? Y ¿es muy bueno

vestiros de lo ajeno, y ante el dueño,

como si fuese un leño sin sentido,

venir muy revestido de mi carne?990

Yo haré que descarne esa alma osada

aquesta mano airada.

SALICIO

Está quedo.

Llega tú, que no puedo detenelle.

NEMOROSO

Pues ¿qué quieres hacelle?

SALICIO

¿Yo? dejalle,

si desenclavijalle yo acabase995

la mano, a que escapase mi garganta.

NEMOROSO

No tiene fuerza tanta; solo puedes[142]

hacer lo que tú debes a quien eres.

SALICIO

¡Qué tiempo de placeres y de burlas!

¿Con la vida te burlas, Nemoroso?1000

Ven ya, no estés donoso.

NEMOROSO

Luego vengo,

en cuanto me detengo yo aquí un poco.

Veré cómo de un loco te desatas.

SALICIO

¡Ay! paso, que me matas.

ALBANIO

Aunque mueras...

NEMOROSO

Ya aquello va de veras. Suelta, loco.1005

ALBANIO

Déjame estar un poco, que ya acabo.

NEMOROSO

Suelta ya.

ALBANIO

¿Qué te hago?

NEMOROSO

¿A mí? No, nada.

ALBANIO

Pues vete tu jornada, y nunca entiendas

en ajenas contiendas.

SALICIO

¡Ah, furioso!

Afierra, Nemoroso; tenle fuerte.[143]1010

Yo te daré la muerte, don Perdido.

Ténmele tú tendido mientras lo ato;

probemos así un rato a castigallo.

Quizá con espantallo habrá algún miedo.

ALBANIO

Señores, si estoy quedo ¿dejareisme?1015

SALICIO

No.

ALBANIO

¡Pues qué! ¿matareisme?

SALICIO

Sí.

ALBANIO

¿Sin falta?

Mira cuánto más alta aquella sierra

está que la otra tierra.

NEMOROSO

Bueno es esto.

Él olvidará presto la braveza.

SALICIO

Calla, que así se aveza a tener seso.1020

ALBANIO

¿Cómo? ¡Azotado y preso!

SALICIO

Calla, escucha.

ALBANIO

Negra fue aquella lucha que contigo

hice, que tal castigo dan tus manos.

¿No éramos como hermanos de primero?

NEMOROSO

Albanio, compañero, calla agora,1025

y duerme aquí algún hora, y no te muevas.

ALBANIO

¿Sabes algunas nuevas de mí?

SALICIO

Loco.

ALBANIO

Paso, que duermo un poco.

SALICIO

¿Duermes, cierto?

ALBANIO

¿No me ves como un muerto? Pues ¿qué hago?

SALICIO

Este te dará el pago, si despiertas,1030

en esas carnes muertas, te prometo.

NEMOROSO

Algo está más quieto y reposado

que hasta aquí. ¿Qué dices tú, Salicio?

¿Parécete que puede ser curado?

SALICIO

En procurar cualquiera beneficio1035

a la vida y salud de un tal amigo

haremos el debido y justo oficio.

NEMOROSO

Escucha, pues, un poco lo que digo,

y contaré una estraña y nueva cosa,

de que yo fui la parte y el testigo.1040

En la ribera verde y deleitosa[144]

del sacro Tormes, dulce y claro río,

hay una vega grande y espaciosa,

verde en el medio del invierno frío,

en el otoño verde y primavera,1045

verde en la fuerza del ardiente estío.

Levántase al fin della una ladera

con proporción graciosa en el altura,

que sojuzga la vega y la ribera.

Allí está sobrepuesta la espesura1050

de las hermosas torres, levantadas

al cielo con estraña hermosura.[145]

No tanto por la fábrica estimadas,

aunque estraña labor allí se vea,

cuanto de sus señores ensalzadas.1055

Allí se halla lo que se desea:

virtud, linaje, haber y todo cuanto

bien de natura o de fortuna sea.

Un hombre mora allí de ingenio tanto,[146]

que toda la ribera adonde él vino1060

nunca se harta de escuchar su canto.

Nacido fue en el campo placentino,[147]

que con estrago y destruición romana

en el antiguo tiempo fue sanguino;[148]

y en este, con la propia, la inhumana1065

furia infernal, por otro nombre guerra,

lo tiñe, lo arruína y lo profana.

Él, viendo aquesto, abandonó su tierra,

por ser más del reposo compañero,

que de la patria que el furor atierra.[149]1070

Llevole a aquella parte el buen agüero,

de aquella tierra de Alba tan nombrada,

que este es el nombre della, y dél Severo.

A aqueste Febo no le escondió nada;

antes de piedras, hierbas y animales1075

diz que le fue noticia entera dada.

Este, cuando le place, a los caudales

ríos el curso presuroso enfrena

con fuerza de palabras y señales.

La negra tempestad en muy serena1080

y clara luz convierte, y aquel día,

si quiere revolvello, el mundo atruena.

La luna de allá arriba bajaría

si al son de las palabras no impidiese

el son del carro que la mueve y guía.1085

Temo que si decirte presumiese

de su saber la fuerza con loores,

que en lugar de alaballo, lo ofendiese.

Mas no te callaré que los amores

con un tan eficaz remedio cura,1090

cuanto conviene a tristes amadores.

En un punto remueve la tristura,

convierte en odio aquel amor insano,

y restituye el alma a su natura.[150]

No te sabré decir, Salicio hermano,1095

la orden de mi cura y la manera;

mas sé que me partí dél libre y sano.

Acuérdaseme bien que en la ribera

de Tormes lo hallé solo cantando,

tan dulce, que a una piedra enterneciera.1100

Como cerca me vido, adivinando

la causa y la razón de mi venida,

suspenso un rato estuvo allí callando;

y luego con voz clara y espedida

soltó la rienda al verso numeroso1105

en alabanzas de la libre vida.

Yo estaba embebecido y vergonzoso;

atento al son, y viéndome del todo

fuera de libertad y de reposo,

no sé decir sino que, en fin, de modo1110

aplicó a mi dolor la medicina,

que el mal desarraigó de todo en todo.

Quedé yo entonces como quien camina

de noche por caminos enriscados,

sin ver dónde la senda o paso inclina,1115

mas venida la luz, y contemplados,

del peligro pasado nace un miedo,

que deja los cabellos erizados.

Así estaba mirando atento y quedo

aquel peligro yo que atrás dejaba,1120

que nunca sin temor pensado puedo.

Tras esto luego se me presentaba,

sin antojos delante, la vileza

de lo que antes ardiendo deseaba.

Así curó mi mal con tal destreza1125

el sabio viejo, como te he contado,

que volvió el alma a su naturaleza,

y soltó el corazón aherrojado.

SALICIO

¡Oh gran saber! ¡Oh viejo frutuoso!

que el perdido reposo al alma vuelve,1130

y lo que la revuelve y lleva a tierra

del corazón destierra encontinente.

Con esto solamente que contaste,

así lo reputaste acá comigo,

que sin otro testigo, a desealle1135

ver presente y hablalle me levantas.

NEMOROSO

¿Desto poco te espantas tú, Salicio?

De más te daré indicio manifiesto,

si no te soy molesto y enojoso.

SALICIO

¿Qué es esto, Nemoroso, y qué cosa1140

puede ser tan sabrosa en otra parte

a mí, como escucharte? No la siento,

cuanto más este cuento de Severo;

dímelo por entero, por tu vida,

pues no hay quien nos impida ni embarace.1145

Nuestro ganado pace, el viento espira,

Filomena sospira en dulce canto,

y en amoroso llanto se amancilla;[151]

gime la tortolilla sobre el olmo,

preséntanos a colmo el prado flores,1150

y esmalta en mil colores su verdura;

la fuente clara y pura murmurando

nos está convidando a dulce trato.

NEMOROSO

Escucha, pues, un rato, y diré cosas

estrañas y espantosas poco a poco.1155

Ninfas, a vos invoco; verdes faunos,

sátiros y silvanos, soltad todos

mi lengua en dulces modos y sutiles;

que ni los pastoriles ni la avena[152]

ni la zampoña suena como quiero.1160

Este nuestro Severo pudo tanto

con el suave canto y dulce lira,

que, revueltos en ira y torbellino,

en medio del camino se pararon

los vientos, y escucharon muy atentos1165

la voz y los acentos, muy bastantes

a que los repunantes y contrarios

hiciesen voluntarios y conformes.

A aqueste el viejo Tormes como a hijo

lo metió al escondrijo de su fuente,1170

de do va su corriente comenzada.

Mostrole una labrada y cristalina

urna, donde él reclina el diestro lado;

y en ella vio entallado y esculpido

lo que antes de haber sido, el sacro viejo1175

por divino consejo puso en arte,

labrado a cada parte, las estrañas

virtudes y hazañas de los hombres

que con sus claros nombres ilustraron

cuanto señorearon de aquel río.1180

Estaba con un brío desdeñoso,

con pecho corajoso, aquel valiente

que contra un rey potente y de gran seso,

que el viejo padre preso le tenía,[153]

cruda guerra movía, despertando1185

su ilustre y claro bando al ejercicio

de aquel piadoso oficio. A aqueste junto

la gran labor al punto señalaba

al hijo, que mostraba acá en la tierra

ser otro Marte en guerra, en corte Febo.[154]1190

Mostrábase mancebo en las señales

del rostro, que eran tales, que esperanza

y cierta confianza claro daban

a cuantos le miraban, que él sería

en quien se informaría un ser divino.1195

Al campo sarracino en tiernos años

daba con graves daños a sentillo;[155]

que, como fue caudillo del cristiano,

ejercitó la mano y el maduro

seso y aquel seguro y firme pecho.1200

En otra parte, hecho ya más hombre,

con más ilustre nombre los arneses

de los fieros franceses abollaba.[156]

Junto tras esto estaba figurado

con el arnés manchado de otra sangre,1205

sosteniendo la hambre en el asedio,

siendo él solo remedio del combate,

que con fiero rebate y con ruído

por el muro batido le ofrecían.

Tantos, al fin, morían por su espada,1210

a tantos la jornada puso espanto,

que no hay labor que tanto notifique

cuánto el fiero Fadrique de Toledo

puso terror y miedo al enemigo.

Tras aqueste que digo se veía1215

el hijo don García, que en el mundo[157]

sin par y sin segundo solo fuera,

si hijo no tuviera. ¿Quién mirara

de su hermosa cara el rayo ardiente,

quién su resplandeciente y clara vista,1220

que no diera por vista su grandeza?

Estaban de crueza fiera armadas

las tres inicas hadas, cruda guerra[158]

haciendo allí a la tierra con quitalle

a este, que en alcanzalle fue dichosa.1225

¡Oh patria lagrimosa, y cómo vuelves

los ojos a los Gelves, sospirando![159]

Él está ejercitando el duro oficio,

y con tal artificio la pintura

mostraba su figura, que dijeras,1230

si pintado le vieras, que hablaba.

El arena quemaba, el sol ardía,

la gente se caía medio muerta;

él solo con despierta vigilanza

dañaba la tardanza floja, inerte,1235

y alababa la muerte gloriosa.

Luego la polvorosa muchedumbre

gritando a su costumbre le cercaba;

mas el que se llegaba al fiero mozo,

llevaba con destrozo y con tormento1240

del loco atrevimiento el justo pago.

Unos en bruto lago de su sangre,

cortado ya el estambre de la vida,

la cabeza partida revolcaban;

otros claro mostraban espirando,1245

de fuera palpitando las entrañas,

por las fieras y estrañas cuchilladas

de aquella mano dadas. Mas el hado

acerbo, triste, airado, fue venido;

y al fin él, confundido de alboroto,1250

atravesado y roto de mil hierros,

pidiendo de sus yerros venia al cielo,

puso en el duro suelo la hermosa

cara, como la rosa matutina,[160]

cuando ya el sol declina al mediodía,1255

que pierde su alegría, y marchitando

va la color mudando; o en el campo

cual queda el lirio blanco, que el arado

crudamente cortado al pasar deja,

del cual aún no se aleja presuroso1260

aquel color hermoso, o se destierra;

mas ya la madre tierra, descuidada,

no le administra nada de su aliento,

que era el sustentamiento y vigor suyo;

¡Tal está el rostro tuyo en la arena,1265

fresca rosa, azucena blanca y pura!

Tras esto una pintura estraña tira

los ojos de quien mira, y los detiene

tanto, que no conviene mirar cosa

estraña ni hermosa, sino aquella.1270

De vestidura bella allí vestidas

las Gracias esculpidas se veían;

solamente traían un delgado

velo, que el delicado cuerpo viste;

mas tal, que no resiste a nuestra vista.1275

Su diligencia en vista demostraban;[161]

todas tres ayudaban en un hora

a una muy gran señora que paría.[162]

Un infante se vía ya nacido,[163]

tal, cual jamás salido de otro parto,1280

del primer siglo al cuarto vio la luna.[164]

En la pequeña cuna se leía

un nombre que decía: Don Fernando.

Bajaban, dél hablando, de dos cumbres[165]

aquellas nueve lumbres de la vida;[166]1285

con ligera corrida iba con ellas,

cual luna con estrellas, el mancebo

intonso y rubio Febo; y en llegando,[167]

por orden abrazando todas fueron

al niño, que tuvieron luengamente1290

visto como presente. De otra parte[168]

Mercurio estaba, y Marte cauto y fiero,

viendo el gran caballero que encogido

en el recién nacido cuerpo estaba.

Entonces lugar daba mesurado1295

a Venus, que a su lado estaba puesta.

Ella con mano presta y abundante

nétar sobre el infante desparcía;[169]

mas Febo la desvía de aquel tierno

niño, y daba el gobierno a sus hermanas.1300

Del cargo están ufanas todas nueve.

El tiempo el paso mueve, el niño crece,

y en tierna edad florece, y se levanta

como felice planta en buen terreno.

Ya sin preceto ajeno daba tales1305

de su ingenio señales, que espantaban

a los que lo criaban. Luego estaba

cómo una lo entregaba a un gran maestro,

que con ingenio diestro y vida honesta

hiciese manifiesta al mundo y clara1310

aquella ánima rara que allí vía.

Al niño recebía con respeto

un viejo, en cuyo aspeto se vía junto

severidad a un punto con dulzura.

Quedó desta figura como helado1315

Severo, y espantado viendo al viejo,

que, como si en espejo se mirara,

en cuerpo, edad y cara eran conformes.

En esto, el rostro a Tormes revolviendo,

vio que estaba riendo de su espanto.1320

«¿De qué te espantas tanto? —dijo el río—

¿No basta el saber mío a que primero

que naciese Severo, yo supiese

que había de ser quien diese la dotrina

al ánima divina deste mozo?»1325

Él, lleno de alborozo y de alegría,

sus ojos mantenía de pintura.

Miraba otra figura de un mancebo,

el cual venía con Febo mano a mano,

al modo cortesano. En su manera,[170]1330

lo juzgara cualquiera, viendo el gesto

lleno de un sabio, honesto y dulce afeto,

por un hombre perfeto en la alta parte

de la difícil arte cortesana,

maestra de la humana y dulce vida.1335

Luego fue conocida de Severo

la imagen por entero fácilmente

deste que allí presente era pintado.

Vio que era el que había dado a don Fernando,

su ánimo formando en luenga usanza,1340

el trato, la crianza y gentileza,

la dulzura y llaneza acomodada,

la virtud apartada y generosa,

y en fin, cualquiera cosa que se vía

en la cortesanía, de que lleno1345

Fernando tuvo el seno y bastecido.

Después de conocido, leyó el nombre

Severo de aqueste hombre que se llama

Boscán, de cuya llama clara y pura

sale el fuego que apura sus escritos,1350

que en siglos infinitos tendrán vida.

De algo más crecida edad miraba

al niño que escuchaba sus consejos,

luego los aparejos ya de Marte,

estotro puesto aparte, le traía.1355

Así les convenía a todos ellos,

que no pudiera dellos dar noticia

a otro la milicia en muchos años.

Obraba los engaños de la lucha;

la maña y fuerza mucha y ejercicio1360

con el robusto oficio está mesclando.[171]

Allí con rostro blando y amoroso

Venus aquel hermoso mozo mira,

y luego lo retira por un rato

de aquel áspero trato y son de hierro.1365

Mostrábale ser yerro y ser mal hecho

armar contino el pecho de dureza,

no dando a la terneza alguna puerta.

Entrada en una huerta, con él siendo,

una ninfa durmiendo le mostraba.1370

El mozo la miraba, y juntamente

de súbito acidente acometido,

estaba embebecido, y a la diosa,

que a la ninfa hermosa se allegase

mostraba que rogase, y parecía1375

que la diosa temía de llegarse.

Él no podía hartarse de miralla,

eternamente amalla proponiendo.

Luego venía corriendo Marte airado,

mostrándose alterado en la persona,1380

y daba la corona a don Fernando.

Estábale mostrando un caballero

que con semblante fiero amenazaba

al mozo que quitaba el nombre a todos.

Con atentados modos se movía1385

contra el que le atendía en una puente.[172]

Mostraba claramente la pintura

que acaso noche escura entonces era.

De la batalla fiera era testigo

Marte, que al enemigo condenaba1390

y al mozo coronaba en el fin della;

el cual como la estrella relumbrante

que el sol envía delante, resplandece.

De allí su nombre crece, y se derrama

su valerosa fama a todas partes.1395

Luego con nuevas artes se convierte

a hurtar a la muerte y a su abismo

gran parte de sí mismo y quedar vivo

cuando el vulgo cautivo lo llorare,

y muerto lo llamare con deseo.1400

Estaba el Himeneo allí pintado,

el diestro pie calzado en lazos de oro.[173]

De vírgenes un coro está cantando,

partidas altercando y respondiendo,

y en un lecho poniendo una doncella,[174]1405

que quien atento aquella bien mirase,

y bien la cotejase en su sentido

con la que el mozo vido allá en la huerta,

verá que la despierta y la dormida

por una es conocida de presente.1410

Mostraba juntamente ser señora

dina y merecedora de tal hombre.

El almohada el nombre contenía,

el cual doña María Enriques era.[175]

Apenas tienen fuera a don Fernando,1415

ardiendo y deseando estar ya echado.[176]

Al fin era dejado con su esposa,

dulce, pura, hermosa, sabia, honesta.

En un pie estaba puesta la fortuna,

nunca estable ni una, que llamaba1420

a Fernando, que estaba en vida ociosa,

que por dificultosa y ardua vía

quisiera ser su guía y ser primera;

mas él por compañera toma aquella,

siguiendo a la que es bella descubierta,1425

y juzgada cubierta por disforme;

el nombre era conforme a aquesta fama:

virtud esta se llama, al mundo rara.[177]

¿Quién tras ella guiara igual en curso,

sino este, que el discurso de su lumbre1430

forzaba la costumbre de sus años,

no recibiendo engaños sus deseos?

Los montes Pirineos (que se estima[178]

de abajo que la cima está en el cielo,

y desde arriba el suelo en el infierno)1435

por medio del invierno atravesaba.

La nieve blanqueaba, y las corrientes

por debajo de puentes cristalinas

y por heladas minas van calladas.

El aire las cargadas ramas mueve,1440

que el peso de la nieve las desgaja.

Por aquí se trabaja el Duque osado,

del tiempo contrastado y de la vía,

con clara compañía de ir delante.

El trabajo constante y tan loable1445

por la Francia mudable, en fin, le lleva,[179]

la fama en él renueva la presteza;

la cual con ligereza iba volando,

y con el gran Fernando se paraba,

y le sinificaba en modo y gesto1450

que el caminar muy presto convenía.

De todos escogía el Duque uno,[180]

y entrambos de consuno cabalgaban;

los caballos mudaban fatigados;

mas a la fin llegados a los muros1455

del gran París seguros, la dolencia,

con su débil presencia y amarilla,[181]

bajaba de la silla al Duque sano,

y con la pesada mano le tocaba.

El luego comenzaba a demudarse,1460

y amarillo pararse y a dolerse.

Luego pudiera verse de travieso

venir por un espeso bosque ameno,

de buenas hierbas lleno y medicina,

Esculapio, y camina, no parando,[182]1465

hasta donde Fernando está en el lecho.

Entró con pie derecho, y parecía

que le restituía en tanta fuerza,

que a proseguir se esfuerza su viaje,

que le llevó al pasaje del gran Reno.[183]1470

Tomábale en su seno el caudaloso

y claro río, gozoso de tal gloria,

trayendo a la memoria cuándo vino

el vencedor latino al mismo paso.[184]

No se mostraba escaso de sus ondas;1475

antes con aguas hondas que engendraba,

los bajos igualaba y al liviano

barco daba de mano, el cual, volando,

atrás iba dejando muros, torres.

Con tanta priesa corres, navecilla,1480

que llegas do amancilla una doncella,

y once mil más con ella, y mancha el suelo

de sangre, que en el cielo está esmaltada:[185]

Úrsula, desposada y virgen pura,

mostraba su figura, en una pieza1485

pintada su cabeza. Allí se vía

que los ojos volvía ya espirando;

y estábate mirando aquel tirano[186]

que con acerba mano llevó a hecho

de tierno en tierno pecho tu compaña.1490

Por la fiera Alemaña de aquí parte

el Duque, a aquella parte enderezado

donde el cristiano estado estaba en dubio.[187]

En fin al gran Danubio se encomienda;

por él suelta la rienda a su navío,[188]1495

que con poco desvío de la tierra,

entre una y otra sierra el agua hiende.

El remo, que deciende en fuerza suma,

mueve la blanca espuma como argento.

El veloz movimiento parecía1500

que pintado se vía ante los ojos.

Con amorosos ojos adelante

Carlo, César triunfante, le abrazaba

cuando desembarcaba en Ratisbona.[189]

Allí por la corona del imperio1505

estaba el magisterio de la tierra

convocado a la guerra que esperaban.

Todos ellos estaban enclavando

los ojos en Fernando, y en el punto

que así le vieron junto, se prometen1510

de cuanto allí acometen la vitoria.

Con falsa y vana gloria y arrogancia,

con bárbara jatancia allí se vía

a los fines de Hungría el campo puesto

de aquel que fue molesto en tanto grado1515

al húngaro cuitado y afligido;[190]

las armas y el vestido a su costumbre,

era la muchedumbre tan estraña,

que apenas la campaña la abrazaba,

ni a dar pasto bastaba, ni agua el río.1520

César con celo pío y con valiente

ánimo aquella gente despreciaba;

la suya convocaba, y en un punto

vieras un campo junto de naciones

diversas y razones, mas de un celo.[191]1525

No ocupaban el suelo en tanto grado

con número sobrado y infinito

como el campo maldito; mas mostraban

virtud, con que sobraban su contrario,[192]

ánimo voluntario, industria y maña;1530

con generosa saña y viva fuerza

Fernando los esfuerza y los recoge,

y a sueldo suyo coge muchos dellos.

De un arte usaba entre ellos admirable;

con el disciplinable alemán fiero1535

a su manera y fuero conversaba;

a todos se aplicaba de manera,

que el flamenco dijera que nacido

en Flandes había sido, y el osado

español y sobrado, imaginando[193]1540

ser suyo don Fernando y de su suelo,

demanda sin recelo la batalla.

Quien más cerca se halla del gran hombre

piensa que crece el nombre por su mano.

El cauto italiano nota y mira,[194]1545

los ojos nunca tira del guerrero,[195]

y aquel valor primero de su gente[196]

junto en este y presente considera.

En él ve la manera misma y maña

del que pasó en España sin tardanza,1550

siendo solo esperanza de su tierra,

y acabó aquella guerra peligrosa

con mano poderosa y con estrago

de la fiera Cartago y de su muro,

y del terrible y duro su caudillo,1555

cuyo agudo cuchillo a las gargantas

Italia tuvo tantas veces puesto.[197]

Mostrábase tras esto allí esculpida

la envidia carcomida, así molesta;[198]

contra Fernando puesta frente a frente,1560

la desvalida gente convocaba,

y contra aquel la armaba, y con sus artes

busca por todas partes daño y mengua.

Él con su mansa lengua y largas manos

los tumultos livianos asentando,1565

poco a poco iba alzando tanto el vuelo,

que la envidia en el cielo lo miraba;

y como no bastaba a la conquista,

vencida ya su vista de tal lumbre,

forzaba su costumbre, y parecía1570

que perdón le pedía, en tierra echada.

Él, después de pisada, descansado

quedaba y aliviado de este enojo;

y lleno del despojo desta fiera,

hallaba en la ribera del gran río,1575

de noche, al puro frío del sereno,

a César, que en su seno está pensoso,

del suceso dudoso desta guerra;

que, aunque de sí destierra la tristeza,

del caso la grandeza trae consigo1580

el pensamiento amigo del remedio.[199]

Entrambos buscan medio convenible

para que aquel terrible furor loco

les empeciese poco, y recibiese

tal estrago, que fuese destrozado.1585

Después de haber hablado, ya cansados,

en la hierba acostados se dormían;

el gran Danubio oían ir sonando,

casi como aprobando aquel consejo.

En esto el claro viejo río se vía1590

que del agua salía muy callado,

de sauces coronado y de un vestido

de las ovas tejido mal cubierto,

y en aquel sueño incierto les mostraba

todo cuanto tocaba al gran negocio.1595

Y parecía que el ocio sin provecho

les sacaba del pecho; porque luego,

como si en vivo fuego se quemara

alguna cosa cara, se levantan

del gran sueño y se espantan, alegrando1600

el ánimo y alzando la esperanza.

El río sin tardanza parecía

que el agua disponía al gran viaje;

allanaba el pasaje y la corriente,

para que fácilmente aquella armada[200]1605

que había de ser guiada por su mano,

en el remar liviano y dulce viese

cuánto el Danubio fuese favorable.

Con presteza admirable vieras junto

un ejército a punto denodado;1610

y después de embarcado, el remo lento,

el duro movimiento de los brazos,

los pocos embarazos de las ondas

llevaban por las hondas aguas presta

el armada, molesta al gran tirano.[201]1615

El artificio humano no hiciera

pintura que esprimiera vivamente,

el armada, la gente, el curso, el agua;

apenas en la fragua, donde sudan

los cíclopes y mudan fatigados[202]1620

los brazos, ya cansados del martillo,

pudiera así esprimillo el gran maestro.

Quien viera el curso diestro por la clara

corriente, bien jurara a aquellas horas[203]

que las agudas proras dividían1625

el agua y la hendían con sonido,

y el rastro iba seguido. Luego vieras

al viento las banderas tremolando,

las ondas imitando en el moverse.

Pudiera también verse casi viva1630

la otra gente esquiva y descreída,

que, de ensoberbecida y arrogante,

pensaban que delante no hallaran

hombres que se pararan, a su furia.

Los nuestros, tal injuria no sufriendo,1635

remos iban metiendo con tal gana,

que iba de espuma cana el agua llena.

El temor enajena al otro bando;

el sentido, volando de uno en uno,

entrábase importuno por la puerta1640

de la opinión incierta, y siendo dentro,

en el íntimo centro allá del pecho

les dejaba deshecho un hielo frío,

el cual, como un gran río en flujos gruesos,

por médulas y huesos discurría.1645

Todo el campo se vía conturbado

y con arrebatado movimiento;

solo del salvamento platicaban.[204]

Luego se levantaban con desorden,

confusos y sin orden caminando,1650

atrás iban dejando con recelo,

tendida por el suelo, su riqueza.

Las tiendas do pereza y do fornicio,

con todo bruto vicio obrar solían,

sin ellas se partían. Así armadas,1655

eran desamparadas de sus dueños.

A grandes y pequeños juntamente

era el temor presente por testigo,

y el áspero enemigo a las espaldas,

que les iba las faldas ya mordiendo.1660

César estar teniendo allí se vía

a Fernando, que ardía sin tardanza

por colorar su lanza en turca sangre.

Con animosa hambre y con denuedo

forcejea con quien quedo estar le manda.1665

Como lebrel de Irlanda generoso

que el jabalí cerdoso y fiero mira,

rebátese, sospira, fuerza y riñe,

y apenas le constriñe el atadura,

que el dueño con cordura más aprieta;[205]1670

así estaba perfeta y bien labrada

la imagen figurada de Fernando,

que quien allí mirándola estuviera,

que era desta manera bien juzgara.

Resplandeciente y clara de su gloria1675

pintada la vitoria se mostraba;

a César abrazaba, y no parando,

los brazos a Fernando echaba al cuello.

Él mostraba de aquello sentimiento,

por ser el vencimiento tan holgado.1680

Estaba figurado un carro estraño

con el despojo y daño de la gente

bárbara, y juntamente allí pintados

cautivos amarrados a las ruedas,

con hábitos y sedas variadas;1685

lanzas rotas, celadas y banderas,

armaduras ligeras de los brazos,

escudos en pedazos divididos,

vieras allí cogidos en trofeo,

con que el común deseo y voluntades1690

de tierras y ciudades se alegraba.

Tras esto blanqueaba falda y seno

con velas al Tirreno de la armada

sublime y ensalzada y gloriosa.

Con la prora espumosa las galeras,1695

como nadantes fieras, el mar cortan,

hasta que en fin aportan con corona

de lauro a Barcelona, do cumplidos[206]

los votos ofrecidos y deseos,

y los grandes trofeos ya repuestos,1700

con movimientos prestos de allí luego,

en amoroso fuego todo ardiendo,

el Duque iba corriendo, y no paraba.

Cataluña pasaba, atrás la deja;

ya de Aragón se aleja, y en Castilla,1705

sin bajar de la silla, los pies pone.

El corazón dispone a la alegría

que vecina tenía, y reserena

su rostro, y enajena de sus ojos

muerte, daños, enojos, sangre y guerra.1710

Con solo amor se encierra sin respeto,

y el amoroso afeto y celo ardiente

figurado y presente está en la cara;

y la consorte cara, presurosa,

de un tal placer dudosa, aunque lo vía,1715

el cuello le ceñía en nudo estrecho,[207]

de aquellos brazos hecho delicados;

de lágrimas preñados relumbraban

los ojos que sobraban al sol claro.

Con su Fernando caro y señor pío1720

la tierra, el campo, el río, el monte, el llano,

alegres a una mano estaban todos,

mas con diversos modos lo decían.

Los muros parecían de otra altura;

el campo en hermosura de otras flores1725

pintaba mil colores disconformes;

estaba el mismo Tormes figurado,

en torno rodeado de sus ninfas,

vertiendo claras linfas con instancia,

en mayor abundancia que solía;1730

del monte se veía el verde seno

de ciervos todo lleno, corzos, gamos,

que de los tiernos ramos van rumiando;

el llano está mostrando su verdura,

tendiendo su llanura así espaciosa,1735

que a la vida curiosa nada empece,

ni deja en qué tropiece el ojo vago.

Bañados en un lago, no de olvido,

mas de un embebecido gozo, estaban

cuantos consideraban la presencia1740

deste, cuya ecelencia el mundo canta,

cuyo valor quebranta al turco fiero.

Aquesto vio Severo por sus ojos,

y no fueron antojos ni ficiones;

si oyeras sus razones, yo te digo1745

que como a buen testigo lo creyeras.

Contaba muy de veras que, mirando

atento y contemplando las pinturas,

hallaba en las figuras tal destreza,

que con mayor viveza no pudieran1750

estar si ser les dieran vivo y puro.

Lo que dellas escuro allí hallaba,

y el ojo no bastaba a recogello,

el río le daba dello gran noticia.

—Este de la milicia —dijo el río—1755

la cumbre y señorío tendrá solo

del uno al otro polo, y porque espantes

a todos cuantos cantes los famosos

hechos tan gloriosos, tan ilustres,[208]

sabe que en cinco lustres de sus años[209]1760

hará tantos engaños a la muerte,

que con ánimo fuerte habrá pasado

por cuanto aquí pintado della has visto.

Ya todo lo has previsto, vamos fuera,

dejarte he en la ribera do estar sueles.1765

—Quiero que me reveles tú primero,

—le replicó Severo—, qué es aquello,

que de mirar en ello se me ofusca

la vista; así corusca y resplandece,[210]

y tan claro parece allí en la urna,1770

como en hora noturna la cometa.

—Amigo, no se meta —dijo el viejo—

ninguno, le aconsejo, en este suelo

en saber más que el cielo le otorgare;

y si no te mostrare lo que pides,1775

tú mismo me lo impides, porque en tanto

que el mortal velo y manto el alma cubren,

mil cosas se te encubren, que no bastan

tus ojos, que contrastan, a mirallas.

No pude yo pintallas con menores1780

luces y resplandores, porque sabe,

y aquesto en ti bien cabe, que esto todo

que en ecesivo modo resplandece

tanto, que no parece ni se muestra,

es lo que aquella diestra mano osada1785

y virtud sublimada de Fernando

acabarán entrando más los días.

Lo cual, con lo que vías comparado,

es como con nublado muy escuro

el sol ardiente, puro, relumbrante.1790

Tu vista no es bastante a tanta lumbre,

hasta que la costumbre de miralla

tu ver al contemplalla no confunda.

Como en cárcel profunda el encerrado,

que, súbito sacado, le atormenta1795

el sol que se presenta a sus tinieblas;

así tú, que las nieblas y hondura,

metido en estrechura, contemplabas

que era cuanto mirabas otra gente,

viendo tan diferente suerte de hombre,1800

no es mucho que te asombre luz tamaña;

pero vete, que baña el sol hermoso

su carro presuroso ya en las ondas,

y antes que me respondas será puesto.—

Diciendo así, con gesto muy humano1805

tomole por la mano. ¡Oh admirable

caso, y, cierto, espantable! Que en saliendo,

se fueron estriñendo de una parte

y de otra de tal arte aquellas ondas,

que las aguas, que hondas ser solían,1810

el suelo descubrían, y dejaban

seca por do pasaban la carrera,

hasta que en la ribera se hallaron;

y como se pararon en un alto,

el viejo de allí un salto dio con brío,1815

y levantó del río espuma al cielo,

y comovió del suelo negra arena.

Severo, ya de ajena ciencia instruto,

fuese a coger el fruto sin tardanza

de futura esperanza; y escribiendo,1820

las cosas fue esprimiendo muy conformes

a las que había de Tormes aprendido;

y aunque de mi sentido él bien juzgase

que no las alcanzase, no por eso

este largo proceso sin pereza1825

dejó, por su nobleza, de mostrarme.

Yo no podía hartarme allí leyendo,

y tú de estarme oyendo estás cansado.

SALICIO

Espantado me tienes

con tan estraño cuento,1830

y al son de tu hablar embebecido;

acá dentro me siento,

oyendo tantos bienes

y el valor deste príncipe escogido,

bullir con el sentido1835

y arder con el deseo,

por contemplar presente

a aquel que, estando ausente,

por tu divina relación ya veo.

¡Quién viese la escritura,1840

ya que no puede verse la pintura!

Por firme y verdadero,

después que te he escuchado,

tengo que ha de sanar Albanio cierto;

que, según me has contado,1845

bastará a tu Severo

a dar salud a un vivo y vida a un muerto;

que a quien fue descubierto

un tamaño secreto,

razón es que se crea1850

que, cualquiera que sea,

alcanzará con su saber perfeto,

y a las enfermedades

aplicará contrarias calidades.

NEMOROSO

Pues ¿en qué te resumes, di, Salicio,1855

acerca deste enfermo compañero?

SALICIO

En que hagamos el debido oficio.

Luego de aquí partamos, y primero

que haga curso el mal y se envejesca,

así le presentemos a Severo.1860

NEMOROSO

Yo soy contento, y antes que amanesca

y que del sol el claro rayo ardiente

sobre las altas cumbres se paresca,

el compañero mísero y doliente

llevemos luego donde cierto entiendo1865

que será guarecido fácilmente.

SALICIO

Recoge tu ganado, que cayendo

ya de los altos montes las mayores

sombras, con ligereza van corriendo.

Mira en torno, y verás por los alcores1870

salir el humo de las caserías

de aquestos comarcanos labradores.[211]

Recoge tus ovejas y las mías,

y vete ya con ellas poco a poco

por aquel mismo valle que solías.1875

Yo solo me avendré con nuestro loco,

que pues él hasta aquí no se ha movido,

la braveza y furor debe ser poco.

NEMOROSO

Si llegas antes, no te estés dormido;

apareja la cena, que sospecho1880

que aún fuego Galafrón no habrá encendido.

SALICIO

Yo lo haré, que al hato iré derecho,

si no me lleva a despeñar consigo

de algún barranco Albanio a mi despecho.

Adiós, hermano.

NEMOROSO

Adiós, Salicio amigo.1885