CAPÍTULO I.

En que se trata de la fundación de Granada, y los reyes que hubo en ella, con otras muchas cosas tocantes a la Historia.

La ínclita y famosa ciudad de Granada fue fundada por una muy hermosa doncella, hija o sobrina del rey Hispán. Fue su fundación en una bella y espaciosa vega, junto de una sierra llamada Elvira, porque tomó el nombre de la fundadora Infanta, la cual se llamaba Liberia, dos leguas de donde ahora está, junto de un lugar que se llamaba Arbuler, que en arábigo se decía Arbulut.

Después de pasados algunos años, les pareció a los fundadores de ella que no estaban allí bien por ciertas causas, y fundaron la ciudad en la parte donde ahora está, junto a Sierra-Nevada, en medio de dos hermosos ríos, llamado el uno Genil y el otro Darro, los cuales son de la nieve que se derrite en la sierra. De Darro se coge oro muy fino, de Genil plata; y no es fábula, que yo el autor de esta relación lo he visto coger.

Fundose aquí esta insigne ciudad encima de tres cerros, como hoy se parece, adonde se fundaron tres castillos: el uno está a la vista de la hermosa Vega y el río Genil, la cual Vega tiene ocho leguas de largo y cuatro de ancho, y por ella atraviesan otros dos ríos, aunque no muy grandes: el uno se dice Veiro y el otro Monachil.

Comiénzase la Vega desde la falda de la Sierra-Nevada, y va hasta la fuente del Pino, y pasa más adelante de un gran soto, que se llama el Soto de Roma, y esta fuerza se nombra Torres-Bermejas. Hízose allí una gran población llamada el Antequeruela.

La otra fuerza o castillo está en otro cerro junto a este, un poco más alto, la cual se llamó la Alhambra, casa muy fuerte, y aquí hicieron los reyes su Casa Real.

La otra fuerza se hizo en otro cerro, no lejos del Alhambra, y llamose Albaicín, donde se hizo gran población. Entre el Albaicín y el Alhambra pasa por lo hondo el río Darro, haciendo una ribera de árboles agradables.

A esta fundación no la llamaron los moradores de ella Iliberia como la otra, sino Granata, respecto a que en una cueva junto al Darro fue hallada una hermosa doncella que se decía Granata, y por eso se llamó la ciudad así; y después de corrompido el vocablo se llamó Granada. Otros dicen, que por la muchedumbre de las casas, y la espesura que había en ellas, que estaban juntas como los granos de la granada, y la nombraron así.

Hízose esta ciudad famosa, rica y populosa, hasta el infeliz tiempo en que el rey D. Rodrigo perdió a España, lo cual no se declara por no ser a propósito de nuestra historia: solo diremos, como después de perdida España hasta las Asturias y confines de Vizcaya, siendo toda ella ocupada de moros, traídos por aquellos dos bravos caudillos y generales, el uno llamado el Tarif, y el otro Muza; asimismo quedó la famosa Granada ocupada de moros, y llena de gente de África.

Mas hállase una cosa: que de todas las naciones moras que vinieron a España, los caballeros mejores y principales, y los más señalados de aquellos que siguieron al general Muza, se quedaron en Granada, y la causa fue su hermosura y fertilidad, pareciéndoles bien su gran riqueza, asiento y fundación; aunque el capitán Tarif estuvo muy bien con la ciudad de Córdoba, y su hijo Balagís con Sevilla, de donde fue rey, como dice la crónica del rey D. Rodrigo.

Mas yo no he hallado que en la ocupación de Córdoba, de Toledo, Sevilla, Valencia, Murcia, ni otras ciudades poblasen tan nobles ni tan principales caballeros, ni tan buenos linajes de moros como en Granada; para lo cual es menester nombrar algunos de estos linajes, y de donde fueron naturales, aunque no se digan ni declaren todos, por no ser prolijo.

Poblada Granada de las gentes mejores del África, no por eso dejó la insigne ciudad de pasar adelante con sus muy grandes y soberbios edificios, porque siendo gobernada de reyes de valor y muy curiosos que en ella reinaron, se hicieron grandes mezquitas y muy ricas cercas, fuertes muros y torres, porque los cristianos no la tornasen a ganar; y hicieron muy fuertes castillos, y los reedificaron fuera de las murallas como hoy día parecen.

Hicieron el castillo de Bibatambién, fuerte con su cava y puente levadiza. Hicieron las torres de la puerta Elvira, y las del Alcazaba y plaza de Vibalbulut, y famosa torre del Aceituno, que está camino de Guadix, y otras muchas cosas dignas de memoria, como se dirá en nuestro discurso.

Bien pudiera traer aquí los nombres de todos los reyes moros que gobernaron y reinaron en esta insigne ciudad, y los califas, y aun los de toda España; mas por no gastar tiempo, no diré sino de los reyes moros que por su orden la gobernaron, y fueron conocidos por reyes de ella, dejando aparte los califas pasados y señores que hubo, siguiendo a Esteban Garibay y a Camaloa.

El 1.er rey moro que Granada tuvo se llamó Mahomad Alhamar: este reinó en ella veinte y nueve años y más meses; acabó año de 1262.

El 2.º rey de Granada se llamó, así como su padre, Mahomad Mir Almuzmelín. Este labró el castillo del Alhambra, muy rico y fuerte, como hoy se parece; reinó treinta y seis años, y murió año de 1302.

El 3.º rey de Granada se llamó Mahomad Abenhalamar: a este le quitó el reino un hermano suyo, y le puso en prisión, habiendo reinado siete años: acabó año de 1309.

El 4.º rey de Granada fue llamado Mahomad Abenázar: a este le quitó el reino un sobrino suyo llamado Ismael, año de 1315: reinó seis años.

El 5.º rey de Granada se llamó Ismael: a este mataron sus deudos y vasallos, mas fueron degollados los homicidas: reinó nueve años, y acabó año de 1324.

El 6.º rey de Granada se llamó Mahomad: a este también le mataron los suyos a traición; reinó diez años, y acabó año de 1334.

El 7.º rey de Granada se llamó Iusef Abenhamet: también fue muerto a traición: reinó once años, y acabó año de 1345.

El 8.º rey de Granada fue llamado Mahomad Lagús: a este le despojaron del reino después de haber reinado doce años, y acabó año de 1357, por aquella vez que reinó.

El 9.º rey de Granada se llamó Mahomad Abenhámar, VII de este nombre: a este le mató el rey D. Pedro en Sevilla, sin culpa, habiendo ido a pedirle amistad y favor: matole el mismo rey D. Pedro por su mano con una lanza, y mandó matar a otros que iban con este rey: habiendo reinado dos años, acabó año de 1359. Fue enviada su cabeza en forma de presente a la ciudad de Granada. Tornó a reinar Mahomad Lagús en Granada, y reinó en las dos veces veinte y nueve años: la primera vez doce, y la segunda diez y siete: acabó año 1376.

El 10 rey de Granada se llamó Mahomad Ovadiz, y reinó tres años pacífico, y acabó año de 1379.

El 11 rey de Granada se llamó Iusef, II de este nombre, el cual murió con veneno que el rey de Fez le envió puesto en una aljaba o marlota de brocado: reinó tres años, y acabó año de 1382.

El 12 rey de Granada fue llamado Mahomad Abenhámar: reinó once años, acabó año de 1394. Su muerte fue de una camisa que se puso emponzoñada con veneno.

El 13 rey de Granada fue llamado Iusef, III de este nombre: reinó quince años: murió año de 1409.

El 14 rey de Granada fue llamado Mahomad Abenázar, el Izquierdo. Habiendo reinado este cuatro años, le desposeyeron del reino año de 1413.

El 15 rey de Granada fue llamado Mahomad, el Pequeño; a este le cortó la cabeza Abenázar el Izquierdo, arriba dicho, porque le tornó a quitar el reino por orden de Mahomad Catraz, caballero Abencerraje: reinó este Mahomad el Pequeño dos años, y acabó año de 1415.

Tornó a reinar Abenámar el Izquierdo, el cual fue otra vez despojado del reino por Iusef Abenalmo, su sobrino: reinó este rey tres años la última vez, y acabó año de 1418.

El 17 rey de Granada se llamó Abenocín, el Cojo. En tiempo de este sucedió aquella sangrienta batalla de los Alporchones, reinando D. Juan el II. Y pues nos viene a cuento, trataremos de esta batalla, antes de pasar adelante con la cuenta de los reyes moros de Granada.

Es a saber, que según se halla en las crónicas antiguas, así castellanas como arábigas, este rey Abenocín tenía en su corte mucha y muy honrada caballería de moros, porque en Granada había treinta y dos linajes de caballeros, como eran Gomeles, Mazas, Zegríes, Venegas y Abencerrajes; estos eran de muy claro linaje: otros Maliques Alabeces, descendientes de los reyes de Fez y Marruecos, caballeros valerosos, de quien los reyes de Granada siempre hicieron mucha cuenta; porque estos Maliques eran alcaides en el reino de Granada, por tener de ellos mucha confianza, y así servían en las fronteras y partes de mayor peligro, como eran en Vera, el alcaide Malique Alabez, bravo y valeroso caballero; en Vélez el Blanco estaba un hermano suyo, llamado Mahomad Malique Alabez; en Vélez el Rubio había otro hermano de estos alcaides muy valiente, y amigo de los cristianos; otro Alabez había alcaide de Jimena, y otro en Tirieza, frontera de Lorca, y cercana de Orce y Cuéllar, Benamaviel, Castilleja y Caniles, y en otros lugares del reino.

Estos Maliques Alabeces eran alcaides, por ser todos, como hemos dicho, caballeros de estima. Sin estos había otros caballeros en Granada muy principales, de quien los reyes de ella hacían grande cuenta, entre los cuales había un caballero llamado Abidbar, del linaje de Gomeles, caballero valeroso y capitán de la gente de guerra; y no hallándose sino en batallas contra cristianos, le dijo un día al rey:

—Señor, holgaría que tu alteza me diese licencia para entrar en tierra de cristianos, en los campos de Lorca, Murcia y Cartagena, que confianza tengo de venir con ricos despojos y cautivos.

El rey dijo:

—Conocido tengo tu valor, y te otorgo licencia como lo pides; pero temo mal suceso, porque son muy soldados los cristianos de esas tierras que quieres correr.

Respondió Abidbar:

—No tema vuestra alteza peligro, que yo llevaré conmigo tal gente y tales alcaides, que sin temor ninguno ose entrar, no digo en el campo de Lorca y Murcia, mas aun hasta Valencia me atreviera a entrar.

—Pues si ese es tu parecer, sigue tu voluntad, que mi licencia tienes.

Abidbar le besó las manos por ello, y fue a su casa y mandó tocar sus añafiles y trompetas de guerra, al cual bélico son se juntó grande copia de gente bien armada para saber de aquel rebato. Abidbar cuando vio tanta gente junta y tan bien armada, holgó mucho de ella, y les dijo:

—Sabed, buenos amigos, que hemos de entrar en el reino de Murcia, de donde, placiendo al santo Alá, vendremos ricos: por tanto cada cual con ánimo siga mis banderas.

Todos respondieron, que eran contentos; y así Abidbar salió de Granada con mucha gente de a caballo y peones; fue a Guadix, y habló al moro Almoradí, alcaide de aquella ciudad, el cual ofreció su compañía con mucha gente de a caballo y de a pie. También vino el alcaide de Almería, llamado Malique Alabez, con mucha gente muy diestra en la guerra.

De allí pasaron a Baza, donde estaba por alcaide Benariz, el cual también le ofreció su ayuda. En Baza se juntaron once alcaides de aquellos lugares a la fama de esta entrada del campo de Lorca y Murcia, y con aquella gente se fue el capitán Abidbar hasta la ciudad de Vera, donde era alcaide el bravo Alabez Malique, adonde se acabó de juntar todo el ejército de los moros y alcaides que aquí se nombrarán.

El general Abidbar; Abenáriz, capitán de Baza; su hermano Abenáriz, capitán de la Vega de Granada; el Malique Alabez, de Vera; Alabez, alcaide de Vélez el Blanco; Alabez, alcaide de Vélez el Rubio; Alabez, alcaide de Almería; Alabez, alcaide de Cuéllar; otro alcaide de Huéscar; Alabez, alcaide de Orce; Alabez, alcaide de Purchena; Alabez, alcaide de Jimena; Alabez, alcaide de Tirieza: Alabez, alcaide de Caniles.

Todos estos Alabeces Maliques eran parientes, como ya es dicho; se juntaron en Vera, cada uno llevando la gente que pudo.

También se juntaron otros tres alcaides, el de Mojácar, el de Sorbas, y el de Lubrín: todos ya juntos se hizo reseña de la gente que se había juntado, y se hallaron seiscientos de a caballo, aunque otros dicen que fueron ochocientos, y mil y quinientos peones: otros dicen, que dos mil.

Finalmente, se juntó grande poder de gente de guerra; y determinadamente a doce o catorce de mayo, año de mil cuatrocientos treinta y cinco, entraron en los términos de Lorca, y por la marina llegaron al campo de Cartagena, y lo corrieron todo hasta el rincón de S. Ginés y Pinatar, haciendo grandes daños.

Cautivaron mucha gente y ahogaron mucho ganado, y con esta presa se volvían muy ufanos; y en llegando al Puntarón de la Sierra de Aguaderas, entraron en consejo sobre si vendrían por la marina por donde habían ido, o si pasarían por la vega de Lorca.

Sobre esto hubo diferencia, y muchos afirmaban que fuesen por la marina, por ser más seguro. Otros dijeron, que sería grande cobardía, si no pasaban por la vega de Lorca a pesar de sus banderas. De este parecer fue Malique Alabez, y con él todos los alcaides que eran sus parientes.

Pues visto por los moros que aquellos valerosos capitanes estaban determinados de pasar por la vega, no contradijeron cosa alguna; y así las banderas enarboladas, y la presa en medio del escuadrón, comenzaron a marchar la vuelta de Lorca, arrimados a la sierra de Aguaderas.

Los de Lorca tenían ya noticia de la gente que había entrado en sus tierras. D. Alonso Fajardo, alcaide de Lorca, había escrito lo que pasaba a Diego de Ribera, corregidor de Murcia, que luego viniese con la más gente que pudiese. El corregidor no fue perezoso, que con brevedad salió de Murcia con setenta caballos y quinientos peones, toda gente de valeroso ánimo y esfuerzo; y juntose con la gente de Lorca, donde había doscientos caballos, y mil y quinientos peones, gente muy valerosa.

También se halló con ellos Alonso de Lisón, caballero del hábito de Santiago, que era a la sazón castellano en el castillo y fuerza de Aledo. Llevó consigo nueve caballos y catorce peones, que del castillo no se pudieron sacar más.

En este tiempo los moros caminaron a gran priesa, y llegando enfrente de Lorca, cautivaron un caballero llamado Quiñonero, que había salido a requerir el campo; y como ya la gente de Lorca y Murcia venían a priesa y los moros los vieron, se maravillaron viendo junta tanta caballería, y no podían creer que en solo Lorca hubiese tanta lucida gente.

Y Malique Alabez, capitán y alcaide de Vera, le preguntó a Quiñonero, habiéndole quitado el caballo y armas, esta pregunta:

Alabez.

Anda, cristiano cautivo,

tu fortuna no te asombre,

y dinos luego tu nombre

sin temor de daño esquivo;

Que aunque seas prisionero,

con el rescate, y dinero,

si nos dices la verdad,

tendrás luego libertad.

Quiñonero.

Es mi nombre Quiñonero:

soy de Lorca natural,

caballero principal;

y aunque me sigue fortuna,

no tengo pena ninguna,

ni se me hace de mal:

Que la guerra es condición,

que hoy soy tuyo, y ya confío

mañana podrás ser mío,

y sujeto a mi prisión.

Por tanto pregunta, y pide,

porque en toda tu pregunta

satisfaré sin repunta,

pues el temor no me impide.

Alabez.

Trompetas se oyen sonar,

y descubrimos pendones,

y caballos, y peones

junto de aquel olivar:

Y quería, Quiñonero,

saber de ti por entero,

qué pendones, y qué gente

es la que aquí está presente,

con ánimo bravo y fiero.

Quiñonero.

Aquel pendón colorado,

con las seis coronas de oro,

muy bien muestra su decoro

ser de Lorca, y es nombrado;

Y el otro que tiene un rey

armado por gran blasón,

es de Murcia, y es pendón

que le conoce su rey.

Traen gente belicosa,

con gana de pelear;

si quieres más preguntar,

no siento de esto otra cosa.

Apercíbete al combate,

porque vienen a gran priesa

para quitarte la presa,

y dar fin en tu remate.

Alabez.

Pues por priesa que se den,

ya querrá nuestro Alcorán,

la Rambla no pasarán,

porque no les irá bien;

Y si con valor extraño

la Rambla pueden romper,

muy bien se puede entender,

que ha de ser por nuestro daño.

Pues al arma, que ellos vienen,

y en nada no se detienen:

tóquese el son y la zambra,

porque lleguen a la Alhambra

nuestras famas, y resuenen.