XXXI
Preparativos de salida.—Compra.—El Express.—Visitas.—Albums.
SINGULAR condicion de la humanidad y notable desengaño para los materialistas! Apénas sobre el modo de existir comun cae una idea; apénas se le adhiere un recuerdo, cuando realmente se trasforma y tiene significacion distinta para nosotros.
Tenemos en la mano una pluma, estamos prontos á tirarla como una basura, una voz nos dice al oido: “Con esa pluma escribió Heredia sus odas inmortales.” Entónces la vemos como una precea y la conservamos como una reliquia. Como que á la pluma descendió una alma; como que es un sér con quien nos queremos relacionar.
Así, en la partida de un lugar, las calles como que se embellecen y como que nos confian secretos que se habian reservado, las fuentes corren de otro modo, la luz como que se vuelve diferente, aquello que se va á perder se ama más.
Nunca me pareció San Francisco más seductor que el 3 de Marzo, víspera de nuestra partida. Iba como daguerreotipando en mi memoria calles y plazas; queria como calcar en mi cerebro aquella casa, con su enverjado de hierro, sus macetones y estatuas en el jardin; aquellos niños corriendo tras de sus aros al rededor de la fuente; aquella pareja perdiéndose en la distante arboleda en su elegante vogue; ella, indolente, acurrucándose al lado del yankee colorado, frio y preocupado solo del trotar desembarazado de su caballo.
En el saloncito que ocupaba Iglesias, habia personas de las más distinguidas, despidiéndose y prodigándole atenciones, más que relacionadas con su posicion, con su mérito real, con su sabiduría y virtudes.
En cada uno de los cuartos habia un totum revolutum infernal, baúles abiertos, sombreros regados aquí y acullá, botas y botines estorbosos, esperando colocacion, camisas, calcetines, pantalones, y con predileccion el cajon para los regalos á México, denunciando los afectos y el estado de los fondos del viajero.
En medio de este baratillo estaban los amigos libando en mi cuarto sendas copas, haciendo itinerarios, dando recomendaciones y encargos y comidiéndose á desempeñar comisiones, de la manera más servicial.
Por supuesto que no faltaba, sentada en un baúl con su canasto al frente y su chico sentado en el suelo, la lavandera, primer doliente en la partida de un soltero, ni la costurera con su mamá, que por primera vez se aparece, ni criados y conocidos que van hacinando lo inútil y dejan traslucir las satisfacciones y las envidias que provoca la herencia.
Los criados andan más listos que nunca, como que se acerca la hora de la propina extraordinaria; encuéntrase uno con afectos que le eran desconocidos, por supuesto de gente menesterosa y con cualidades que nunca sospechó tener.
Aquello de las peticiones de retratos, ni se cuente, que yo los repartí por docenas y recogí muchos, siendo para mí reliquias muy queridas algunos de ellos. A propósito:
Cuando un tonto es de pur sang me deleita, es tonto de ley de oro, como algunas piedras minerales.
Así habia en la colonia italiana una dama que tenia una hija hermosísima, de la que varios deseábamos el retrato; requerimos á la jóven, instamos á la mamá, y por fin, la víspera de mi partida, corrimos varios en tumulto á que se retratase Adelina.
La mamá fué con nosotros á la casa de Housewort y C.ª, establecimiento espléndido, N.º 12 Montgomery Street Market, donde se ejecutan con toda perfeccion las operaciones fotográficas.
Entrar, colocarse Adelina y poner en nuestras manos ejemplares primorosamente acabados, fué obra de ménos de tres cuartos de hora.
Yo no pude dejar de mostrar mi asombro, no solo por lo acabado del retrato, sino por la prodigiosa celeridad con que se habia verificado la operacion.
Recordaba los pasados tiempos de la pintura al óleo, las dificultades del parecido, etc., y la deuda que teniamos con la ciencia por descubrimientos tan sorprendentes y fecundos como el daguerreotipo.
—¿Y á vd. qué le parece de ese retrato, señora? dijo á la mamá uno de los circunstantes.
—A mí, nada, dijo la señora con aplomo, porque como los señores ya conocian á mi niña......
—Vd. tiene mil razones, señora, repuse yo (vd. es una asna, dije aparte), yo no habia tenido presente esa circunstancia.
Volviendo á los preparativos de marcha, Gomez del Palacio, que siempre se distingue donde quiera que se halla, por lo servicial y lo caballeroso, se habia encargado de la compra de boletos, ajuste del carro de dormir y del Express.
Pocas instituciones hay más benéficas que el Express, para la comodidad, no solo de los viajeros, sino de todo el mundo.
En la oficina del Express, perfectamente dotada, escrupulosamente servida y que posee con justicia la confianza universal, deposita el viajero el bulto ó bultos que desea se trasporten á cualquier lugar del mundo y sean del valor que fueren.
Se depositan los bultos, recibe su constancia el interesado, y el dia convenido encuentra el depositario en el lugar pactado su caja ó su fardo, sin la menor lesion, y como si hubiera sido trasportado por mágia.
En cuanto á los equipajes que van en el mismo tren que el viajero, llueven comisionados y agentes que se encargan de enfardelar, trasportar y depositar en manos del empleado del tren, sin más cuidados de parte del interesado que recoger el check ó boleto con un número igual al que tiene la petaca ó baúl.
Al acercarse el viajero al punto de su destino, vuelven á presentarse agentes de casas y hoteles conocidos que se encargan de los equipajes, los recogen, los colocan en el hotel en el lugar que se les designa, y el propietario se ve servido como con las manos blancas que se movian en el aire de sus cuentos de niño.
Y todo esto se hace por tan módica retribucion, que está realmente al alcance de todas las fortunas y se verifica del modo más natural.
Arreglados, ó mejor dicho, á medio arreglar los equipajes, salí, en union de varios amigos, á hacer compras para los obsequios de familia.
Conmovedor es realmente ese balance y esos conflictos entre las inspiraciones de la ternura y la tirantez del presupuesto.
Yo queria abarcarlo todo: gorritas, saquitos, zapatitos chinos, juguetes milagrosos, de objetos mil, que presumia iban á enloquecer de contento á mis nietecitos.
Representábame la imaginacion, la llegada del baúl á la casa, prévios anuncios incitadores y halagos referentes á los juguetes, y amenazas, segun la buena ó mala conducta de los niños.
Que llegará el baúl como en procesion, que se irán congregando curiosos los criados y criadas, pilmemes y nodrizas.
Colocaráse el baúl en medio de la pieza: el papá y la mamá de la casa llevarán la batuta; agruparánse los chicos; subiránse en los hombros de los autores de sus dias, armando algazara, apartándolos y revolviéndose, miéntras el cargador y los criados forcejean por desenfardelar.... Atencion general.....
Ya se abrió la tapa.... ya se desembaraza de los papeles un objeto que se ve en alto.... es un polichinela que mueve los ojos, que anda solo.... que repica sus cascabeles y que abre y cierra las piernas intempestivo, miéntras suena los platillos con sus manitas. El asombro, las risas, las disputas se suceden. Los chicos se desmorecen, todos lo quieren para sí.
Un cochecito de cuerda, una locomotora, unas cajitas de música, un ratoncito que corre, prodigios, primores; los chicos bailan, ríen, hacen caricias á sus padres, queriéndolo todo.... pero han salido á luz unos saquitos, unos casquetes chinos, unos zapatitos bordados con lentejuelas de oro.
Aquello es mucho: se visten los chicos, se prueban los zapatos, se hunden los casquetes á los ojos; los desconoce el perro y ladra, dan su voto las criadas y llevan á los niños frente al espejo.... y aquello es una bola de placer.... los papás, con la carta en las manos y los ojos inundados en lágrimas, hablan del Papati (así me llaman mis nietecitos), y tiemblan á la idea de no volverle á ver......
Las personas pudientes compraban capotas de pieles, y joyas exquisitas; los ménos favorecidos de la suerte, juguetes y fruslerías, y álguien, pundonoroso y maltratado por la fortuna, esperaba á que todos saliesen para comprar unos aretes humildes, una mascadita china ó una pelota de hule, para la esposa, para la hija infeliz, ó para el niño amado del corazon. ¡Oh, cuánto amo yo á esos pobres, me muero por ellos!
Apénas nos desembarazamos de las compras, cuando tomé un carruajito de dos asientos y un caballo, que cuestan la mitad ménos que los comunes; me puse en contacto con mi cochero favorito, Dionis, que no sabia palabra de español y á quien con mi diabólico inglés le pegaba mil chascos, y me eché á volar por aquellos mundos de Dios.
Como he dicho ántes de las calles, las visitas cobraron para mí desusado atractivo; como que me veian con mayor interes; como que, aunque aparentemente festiva la conversacion, guardaba algo de lágrimas; como que entre los rayos de la fugaz alegría, pasaba gimiendo la ave negra de la ausencia. Y sin duda, cosa análoga debe pasar entre los que quedan contemplando el vacío que va á dejar nuestra desaparicion.
Una de mis primeras visitas de despedida, fué una casa que podremos llamar incrustacion mexicana.
Allí todo respira México: las muchachas, que son lindísimas, tienen en la sala cuadros con el paseo de la Viga, el de Bucareli, la calle de Roldan y el Santuario de Guadalupe.
Detestan á americanos y americanas, haciendo de ellos injustas, pero graciosísimas caricaturas: se cantan canciones sentimentales de las que forman el repertorio de la clase media en mi tierra; se brinda á las visitas chocolate; se las obsequia con atole de leche y tamales cernidos; se juegan juegos de prendas, y se disponen dias de campo á nuestra usanza.
—Ni se vuelve vd. á acordar de nosotros, Sr. Fidel. El que se va se divierte con lo verde del camino.
Y cosas por ese estilo se decian....
Una Pepita, burlona, chancera, chancera con talento y finura, con unos ojazos negros que levantan en peso al que los mira, y con una sensibilidad que se exalta fácilmente hasta las lágrimas, me presentó su Album....
Es el caso que Pepita es novia de un jóven, muy jóven, á quien yo amo mucho, por pertenecer á mi familia, y que el jóven aludido habia escrito en su Album unos versos para que yo los glosara, que dicen:
Pepa, tú lo sabes bien.
Escribir aquí es error;
Aunque me dé gran contento,
Pepa, lo que por ti siento,
No es amor y es más que amor.
—¡Hola! Como en mis tiempos, dije al frente del Album; como cuando se glosaba aquello de Aprended flores de mí.
Tomé la pluma, las señoras siguieron hablando en voz baja, y yo escribí, sin abandonar la conversacion:
Ni su arco-íris la esperanza,
Ni, negras sombras el celo,
Me muestran, al ver tu cielo,
Que es de grata bienandanza.
Los dos esta adivinanza,
Acogemos sin desden;
Yo me doy el parabien;
Díme lo que pasa en tí,
Que lo que me pasa á mí,
Pepa, tú lo sabes bien.
——
Es, niña, poco discreto
Que mi confidencia escriba,
Cuando es forzoso que viva
En la cárcel del secreto.
Es como raro amuleto
Que encierra gozo y temor;
No lo muestres, por favor,
Que acaso te pondrá triste;
Y si ya en tu pecho existe,
Escribir aquí, es error.
——
De tu mirar de gacela,
De tus dientes de marfil,
De tu frescura de Abril,
Que á más de un galan desvela,
Ser el poseedor no anhela
Mi paternal sentimiento,
Y cuando tu blando acento
Me diriges con ternura,
No codicio tu hermosura
Aunque me dé gran contento.
——
Miro tu rostro halagüeño
Y te contemplo en mi hogar,
Como sobre de un altar,
Como realizando un sueño.
Miro nacer con empeño
Entre flores de contento,
La linfa de un pensamiento,
Que guardas en tu alma oculto,
Y entónces es casi un culto,
Pepa, lo que por tí siento.
——
A tus ojos celestiales,
Tesoros de amor envío,
Si dicen: “amigo mio”
Esos labios de corales.
Si acaso entre negros males,
Se desvanece el albor
De tu ensueño encantador,
No me castigue tu olvido,
Pues lo que por tí he sentido,
No es amor, y es más que amor....
Las palmadas, las lágrimas, los encargos á México de las muchachas, las recomendaciones de misas á la Virgen de Guadalupe, á la de la Soledad de Santa Cruz y á la Divina Infantita de las ancianas, y los pedidos de juguetes de los niños, terminaron la escena.
Díjele al cochero que me llevase á la calle de Franklin, casa opulenta de distinguida educacion.
En medio del jardin está la casa blanqueando, con su pórtico de ligeras columnas. Cerca el jardin un pulido barandal de fierro. Grandes y frondosos árboles se agrupan á la entrada y al rededor de la casa. Hay su fuente con pescados de colores y su kiosko para las lecturas solitarias.
La casa es, con poca diferencia, como las ya descritas; con la circunstancia que de un lado del pasadizo hay un extenso y elegante salon, y del otro, la asistencia y el comedor, divididos por el tabique corredizo que ya conocemos.
La familia es mexicana, la señora de la casa conserva culto profundo por México y acoge y mima con su amistad á personas mexicanas.
La niña, que es un encanto de virtud y hermosura, conserva el tipo de México, pero como desvaneciéndose entre nieblas alemanas y perdiéndose en la bruma del Niágara.
Lo más seductor en T*** es su inocencia, inocencia alegre, franca, ingénua: la gentil doncella, juega con las niñas, monta á caballo y maneja las riendas de su carretela, y no va á más; ni tira la pistola, ni tiene aspiraciones á invadir la educacion masculina.
La señora, repetimos, es mexicana; la niña rinde culto á los recuerdos de la mamá; pero nacida en California y educada en Alemania, sus relaciones son en mucha parte de americanos, ingleses, alemanes, siempre, por supuesto, imperando nuestra tierra en la casa.
Las tendencias y tradiciones que hemos apuntado, producen encuentros deliciosos: yo he visto en una rinconera el busto de Escobedo, mano á mano con Bismark; casi del brazo á Zaragoza con el baron de Humboldt, y departiendo en una consola á Juarez, nada ménos que con San Patricio, como si fueran los mejores amigos del mundo.
A mi llegada, un jóven Arrillaga, eminente artista, tocaba el piano; varias jóvenes, con sus delantales albeando, fabricaban bizcochos, y la señora iba y venia, teniendo sobre la mesa canastos, botiquines y un precioso neceser de viaje.
Un polaco amabilísimo y de vasta instruccion, era el ayudante de campo, en union de Ferrer, el artista celebrado del Club Hispano-Americano.
A mi llegada, tocó diana el piano y la señora se adelantó á recibirnos.
—Vea vd. en lo que nos han metido vdes.: todas trabajamos.
—Pero, señora, por nosotros!
—¿Cómo es eso? ir á pasar esos desiertos, sin un trago que beber, cuando muchas veces no se puede uno apear en la estacion, eso no era posible.... vea vd., estas son carnitas frias, este garrafon contiene Jerez; vea vd., aquí pan, mantequilla....
—Pero....
Y sin dejarme concluir, me dijo:
—Esta botellita es árnica, aquí tiene vd. su letrero; esta es álcali; vea vd., aquí, carbonato, polvos de Sedlitz: vea vd., con este aparatito se calienta agua, este es el alcohol para la lamparilla. En todo esto deben ir los bizcochos que están haciendo las niñas; pero economicen vdes.: cuando haya qué comer, no apelen al repuesto.
Y todo estaba previsto, todo era tan oportuno, tan cuidadoso, tan tiernamente delicado, que parece que nuestra misma madre se habia encargado de aquellos cuidados.
Era forzoso volverse todo corazon y amar, amar mucho á quienes así nos amaban, porque la gratitud, la simple gratitud, es la contribucion oficial de los tontos y el hilo sin anzuelo que queda en las manos de los ingratos.
Amar es otra cosa.
Incorporéme á los trabajadores: Tulita mandó el coche por sus amigas, y se instaló, sin quererlo, una tertulia, sin pretensiones de tal, de las más agradables, miento, de las más deliciosas que se puede imaginar.
Alternaban Arrillaga y Ferrer tocando divinidades; el polaco y un hermano de la señora distribuian obsequios, respetando el haber de los viajeros, y las chicas, realmente con la masa en las manos, se acercaban al piano á interpretar á Verdi, á Mozart y á Wagner.
Por supuesto, frente á mí llovieron los Albums, y aunque supliqué á las señoritas me diesen copia de mis versos, solo dos de ellas lo hicieron, y allá van:
A TULITA.
¿A qué perturbar tu sueño
Y tu sonreir halagüeño,
Con mi doliente cantar?
Ni tu existir que se mira,
Que entre alegres flores gira
Con tranquilo murmurar?
——
Sigue viendo embelesada
De tu vida la alborada
En el limpio cielo azul.
Y entre celajes de gasa,
Como blanca estrella pasa
Con tu corona de luz.
——
Vive erguida, fresca rosa,
A la sombra deliciosa
Del amparo maternal.
Y como segura nave,
Deslízate en vaiven suave
Sobre lagos de cristal.
——
Piensa en hermosos jardines
De azucenas y jazmines,
En palacios de zafir.
Y los cielos contemplando,
Vé los párpados cerrando
Y sonriéndote al dormir.
——
¡Oh! qué dulce es la existencia
Cuando la dulce inocencia
Abre de armiño su flor,
Y en el horizonte bello
Vemos el primer destello
De nuestro primer amor.
——
Ya que te pinto dormida,
Responde: ¿es cierto, mi vida,
Que se sueña en la niñez,
Con un mundo de ilusiones
En el que no hay nubarrones
De espantosa lobreguez?
——
¿Es cierto que nunca el daño
Percibimos, ni el engaño
En amor y en amistad?
¿Y creemos que eternamente
Hay juventud en la frente
Y en el corazon bondad?
——
¿Que si angustias nos desvelan
Hay almas que nos consuelan
Con encantador afan?
¿Y no falta techo amigo,
Que nos dé amparo y abrigo
Cuando ruge el huracan?
——
Si es verdad, guarda tu sueño
Y no pidas con empeño
Sus notas á mi cantar.
Que si mis trovas oyeras,
Tal vez, ¡oh niña! supieras
Que se llora al despertar.
EN EL ALBUM DE MARIA PISIS.
Luciente apareciste en mi existencia:
Como pasa fosfórica la luz
Que deja la ola en la desierta playa,
Así pasaste tú.
——
Y fué tan puro su fulgente brillo,
Y tan feliz me ví con su fulgor,
Que al hundirme en la sombra de la ausencia
Desgarra mi alma tu doliente “adios.”
A la algazara sucedió el silencio, la respiracion tenia humedad de llanto, queria sagaz el ingenio distraernos y caia en frio el chiste más agudo, y las notas alegres de la música eran como cantos de febricitante, que más atormentan miéntras calumnian á la felicidad.
Sombras de muerte proyecta tras de sí la ausencia; lo que nos rodea deja de existir, se va, se borra, no vive de nuestra vida, no flota nuestro yo en esa atmósfera. Extraemos nuestro cadáver del seno de los que amamos, y el recuerdo no es más sino el esqueleto tambien de la vida real: es lo que el humo á la llama......
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—Cochero, calle de Fulson.
Era la casa del Sr. Andrade un rincon de México, mejor dicho, un oasis de México.
El Sr. Andrade, como la familia Carrascosa, como los Sres. Gaxiolas, Labiagas, como muchos, conservan por México vírgenes sus afectos, cuidan su nacionalidad intacta, espían los acontecimientos de la patria, enorgulleciéndose con sus glorias, llorando sus infortunios, fanatizándose por ella, porque amar á los padres y á la patria es persuadirnos de que la que nos dió el sér es la más grande, la más bella, la más adorable de las patrias. Todo lo demás son cuentos, como diria el amigo Carrascosa.
En la casa del Sr. Andrade se forma patria á todos los mexicanos que llegan á San Francisco, y se disfruta de la más cordial acogida.
Andrade y su familia se saben convertir en servidores de cuantos favorecen su casa, y para todo el mundo tienen agasajos y finezas.
Allí pude contemplar á las mujeres privilegiadas de Sonora y Sinaloa, espléndidas como sus mares, dulces y melancólicas como el crepúsculo de su cielo occidental.
Pálidas y amorosas como elegidas para recoger las últimas miradas del padre de la luz. Sobre que son lindas, ¿para qué me he de devanar los sesos haciendo inventarios?
La casa de mi tocayo estaba literalmente invadida por sus amigos, y él, verdaderamente en sus glorias.
Los hombres bebiamos en el comedor, disputábamos en el cuarto para fumar y nos agolpábamos á los tránsitos; las señoras cantaban, tocaban excelentes artistas y reinaba por todas partes esa finura desembarazada y generosa que tanto halaga y como que perfuma y ennoblece todas nuestras acciones.
Volvieron á aparecer las señoritas Rotanzis á mi vista deslumbrada, y volví á admirar sus gracias; la única sombra que para mí tuvo el cuadro, fué la ausencia de Chonita Ramirez, de Virginia Sleiden y de unas judías. ¡Oh, qué judías!.... Solo Dios, Dios nuestro Señor, pudo haber estado en aquellas tierras, sin apasionarse como un desesperado, y dejar al género humano que se lo llevase el demonio: al fin, para el pago que sacó......
Nada de disparates; pero quién está en sus cabales con aquellas judías?
¡Qué breves pasaron aquellas horas! ¡qué rastro de luz producen en mi alma aquellos recuerdos!......
Y á propósito: ya se deja entender, la mitad del tiempo lo pasé yo frente á los Albums, que eran mi tormento.
Habia en aquella familia á quien debí tantas finezas, una señorita, dije mal, un arcángel amantísimo á la poesía.
No era una mujer, era la vibracion de una queja; era un sollozo que temblaba en los labios de la vida, para desvanecerse en una sonrisa de muerte.
Era como la oscilacion de un rayo de luna entre las inclinadas ramas de un sauce, y parecia su rostro reflejar la agonía de una llama perdiéndose en un horizonte lejano.
No sé por qué me finqué con obstinacion en que consumia aquella existencia, además del veneno implacable de la tísis, algun dolor intenso producido por la orfandad ó por un amor infeliz.... ¡pobre niña! llena de mimos y cuidados, la llevaba la corriente á la muerte, y ella se asia al muro de rosas de la juventud, que desgarraba sus manecitas con sus espinas.
Habia comprado un Album, solo para que escribiera yo en él, y nadie más: la muerte selló la fidelidad de su promesa.
Esa noche espió con timidez un momento, y me presentó el libro. Nos uniamos dos viajeros: ella debia partir para la eternidad. Yo me aislé en un cuarto, y sin poder dominar mis emociones, escribí:
EN LA PRIMERA PAGINA
DEL
ALBUM DE EMILIA.
¡Oh! cuando voy viajero fatigado
Sembrando quejas y vertiendo llanto,
¿A qué pedir al pecho desgarrado
Ecos sentidos de amoroso canto?
Tu alma requiere acento regalado,
No el gemir ronco de íntimo quebranto;
Puedes hallar aquí, dándote enojos,
Tristes huellas del llanto de mis ojos.
——
Si esta fuera la entrada de tu vida
Yo la sembrara de jazmin y rosas:
Como fuente purísima escondida
Entre sombras de acacias y mimosas,
La ingrata suerte hallárate dormida
Viendo en tu seno estrellas luminosas,
Y el límpido cristal creyendo cielo
A distante region torciera el vuelo.
——
Ave inexperta, tiemblas en la rama
Que en inquieto vibrar te lanza al viento:
¿No ves, mi bien, que el huracan rebrama
Entre nubes preñadas de tormento?
¿No oyes, mi amor, que la razon te llama
Como una madre, y que con tierno acento
Quietud le pide á tu existir querido
Entre las flores del materno nido?
——
¡Pobre niña! que sueña la existencia
Vertiendo risas y pisando flores,
Entreabriendo su cáliz la inocencia
Al beso de los cándidos amores,
La alma exhalando su divina esencia
Al trinar de los pájaros cantores,
Y reflejando la risueña aurora
La frente pura de quien la alma adora.
——
Pobre nave que anhela en la bahía
Cruzar soberbia los inciertos mares;
Que de las hondas la inquietud bravía
Piensa en su loco error que son cantares.
¡Oh! no dejes el puerto, vida mia;
No te entregues del viento á los azares;
No provoques las iras de la suerte
Cerca el escollo ves, que da la muerte.
——
Al amor abres la existencia pura
Y dejas que se escapen en raudales
De tu alma los tesoros de ternura;
Pródiga desparramas sus cristales
En seca arena, y en la roca dura,
Y cuando en vez de amor, te cerquen males,
En estéril desierto y entre abrojos
Agotarse el raudal verán tus ojos.
——
Triste es, muy triste, en insensato empeño
Brindar caricias y encontrar quebranto,
Y despertarnos del placer del sueño
Para inundarnos en eterno llanto;
Triste es buscar el porvenir risueño
Y encontrar donde quiera negro espanto,
Sed devorarnos, y empapar el labio
En la hiel quemadora del agravio.
——
Pobre mujer, tu angustia es nuestro juego,
Y tu llorar de amor, es nuestro hastio;
El que te dice que te adora ciego,
Te hiere aleve con engaño impío:
Niña inocente, del amor el fuego
Será tal vez de lágrimas un rio.
Duerme, duérmete en paz, y no mi canto
Tu faz anuble con temprano llanto.
——
Oh! si estas fojas fueran los encajes
Que cayeran profusos en tu cuna,
Y te dejasen ver como celajes
La blanca faz de la apacible luna,
Yo alejara del mundo los ultrajes
Y el amago falaz de la fortuna;
Yo evocara con cantos halagüeños,
Al querubin de los dorados sueños.
——
Yo arrullara felice tu inocencia
Con cantos tan sentidos de ternura,
Que te hicieran sonreir de complacencia
En dulce arrobamiento de ventura.
Alejando tus sombras mi experiencia,
Entónce apareciera tu hermosura,
Como tiembla en el lago casta y bella
En cielo azul la matutina estrella.
——
Este libro es tu altar, niña inocente,
Yo olvidé al contemplarlo mis dolores
Y en él pegué mi atormentada frente.
No tiene el alma ya cantos de amores,
Perdió mi lira el resonar ardiente:
A mi existir desierto pedí flores....
Una sola me otorga mi quebranto,
Ponla en tu corazon: tiene mi llanto.
Guillermo Prieto.
Estos versos, disparatados como son, tienen su disculpa, por la manera con que se escribieron, en reducido cuarto, entre el bullicio y con frecuentes distracciones, para corresponder á los bríndis de los amigos.
Al fin, ví la cara del último de los Albums, y escribí en la última de las hojas, porque habia personas de verdadero mérito que se disponian á escribir:
A CARMELITA ANDRADE.
El fin del libro aquí está,
Yo lo asalto con valor,
Que el libro, como mi amor,
Ya no tiene más allá.
Y tan bien pensado está
Lo que yo supe elegir,
Que en el grande ir y venir
Del mundo, el quid suele estar
No en cómo hemos de empezar,
Sí, cómo hemos de concluir.
——
¿Qué importa á la mariposa
Nacer como en dulce nido
En el clavel encendido
O en el cáliz de la rosa?
En el aura vagarosa
Como en inconstante juego,
Se ve girar sin sosiego
Y el dolor no la reclama,
Despues adora en la llama
Y la devora su fuego.
——
Nace cristalina fuente
En el otero sombrío,
Corre despues manso rio
Como el cristal trasparente.
Pero tal vez en torrente
Se torna, y al rebramar,
Su vida suele acabar,
Extraviando su camino,
En el pantano mezquino
Y no en el inmenso mar.
——
Casi todas las auroras
Prometen risueños dias,
Y hay tempestades sombrías
Tras de las alegres horas.
Se miran nubes traidoras
Que envuelven en negro velo
El límpido azul del cielo:
Yo no quiero, vida mia,
Para tí, un sol de alegría,
Que muera en sombras de duelo.
——
Es enojosa rutina
Que lloremos flores muertas,
Que alumbre tumbas abiertas
El sol que nos ilumina.
Esa escala que asesina
Y se llama del vivir,
No la quisiera seguir....
Aunque la he de recorrer....
¡Qué hermoso fuera nacer
Mucho despues de morir!
——
Yo te miré, y al momento
Sentí en el pecho alegría,
Y fué, Cármen, que vivia
Del placer de tu contento.
Que siga el gozo en aumento
En el seno de tu hogar,
Y que goces sin pensar
Si en dudoso porvenir,
El dolor puede venir,
Y la dicha ha de volar.
——
Entusiastas trovadores
Y tambien sesudos sabios,
Pintan con sombras de agravios
Las alas de los amores.
Dicen que siguen dolores
A la delicia de amar;
Si tal pudiera pasar,
Y si tal pudiera ser
La conclusion del querer,
Más valiera no empezar.
——
¿Por qué ensalzar el arbusto
Que encierra traidor veneno
Y da fruto en cuyo seno
Hay gusanos de disgusto?
¿Por qué quiere el hado injusto
A las almas encender;
Que deliren de placer,
Y despues que en su gemir
Digan: ¡qué triste es vivir!
Más valiera no nacer?
——
Que á tu virginal cabeza,
Como hoy, adorada niña,
Siempre engalanada ciña
La auréola de la pureza.
No dé sombra la tristeza,
Cármen, á tu dulce hogar,
Que en el duro batallar
De la suerte, al fin rendida,
Haga más feliz tu vida
Que lo que fué al comenzar.
Guillermo Prieto.
Omito la relacion de mis visitas á mis amigos Carrascosa, Gaxiola, Dr. Rodger, Schleidem y otros amigos, porque las flores de la ternura se conservan mejor á la sombra.
Por una razon análoga no menciono á mis amigos de la prensa, á quienes merecí distinguidos favores, y los que supieron conquistar lugar distinguido en mi corazon.
Cuando volví á mi hotel, dormian todos profundamente: las puertas estaban entreabiertas, esperando el aviso de los criados.
Yo me tiré vestido en la cama, y oia el despertar de la ciudad entre las tinieblas, percibiendo á lo léjos el agudo clamor de los ferrocarriles y vapores.