AL NIÁGARA.
En la noche me despierto
Por ver si la noche puede,
Hacer sombra que remede
La majestad del desierto.
Porque á contemplar no acierto
Tu grandeza soberana,
Entre la rutina humana
Que ruin en tu torno gira,
Y que miéntras más te admira
Parece que te profana.
——
Monstruo de horror que del cielo
Sublime te precipitas,
Y que tumultuoso gritas
Haciendo temblar el suelo.
Loco afan, eterno anhelo
De pasar para perderte;
Que en tu congojosa suerte
Agitada y combatida,
Vas como huyendo á la vida
Sin descansar en la muerte.
——
Llegas en marcha altanera
Por entre hondas soledades,
Y vienen las tempestades
Persiguiendo tu carrera.
Rasgas el hirviente seno;
De horror y soberbia lleno
Te lanzas en el abismo,
Espantado de tí mismo,
Entre gemidos de trueno.
——
En tu ciego descarrío,
Hecho el corazon pedazos,
Tiendes al campo los brazos
Y lo aprisionas impío.
Al estrecharlo bravío
En tu avidez impaciente,
Se contempló en tu corriente;
Y en sus deliquios divinos,
Coronó de excelsos pinos
La majestad de tu frente.
——
¿Qué quiere el tropel errante
Envuelto en la blanca bruma,
Entre montañas de espuma,
Entre el tumulto irritante?
Es un mar agonizante
En terrible batallar,
Es de la onda el delirar,
El retorcerse, el sufrir....
Es que me siento morir
Mirando morir al mar.
——
Llega rio cristalino,
Raudo, tempestuoso, hirviente;
Despues inclina la frente
Entregándose al destino.
Tras velo sutil desata
Como un sudario de plata,
En que el íris sus colores
Rompe entre los resplandores
De la hirviente catarata.
——
A su pié la miré atento
Creyendo, sobrecogido,
Que caia ante mí fundido
Y en tumbos el firmamento.
En el discurrir violento
De aquel raudal infinito,
Como de un mundo maldito
Creyó ver mi mente loca,
Los cartílagos de roca
Y los huesos de granito.
——
¿Qué es el hombre? qué la suerte?
¿Qué es el ciego devaneo?
¿Qué los sueños del deseo?
¿Qué es la vida, qué es la muerte?
Dios poderoso, Dios fuerte!
Aquí te encontró mi amor:
Guarde este abismo, Señor,
Como signo de victoria,
En esos ecos tu gloria
Y en las aguas tu esplendor.
——
Tú morirás: habrá un dia
Que alumbre la luz serena,
Sobre tu lecho de arena
Tu congojosa agonía.
De ese tu girar incierto
Se extinguirá en el desierto,
Contemplándote la gente
En tu esqueleto doliente,
Como se contempla un muerto.
——
¿A qué nuestra vanidad,
Mirando en tí al íris bello,
Lo interpreta como el sello
De la augusta eternidad?
Morirá tu majestad
Del tiempo al fatal vaiven,
Y te hundirá su desden
En los abismos profundos,
Con el polvo de otros mundos
Y con mi polvo tambien!
Guillermo Prieto.
Mayo 5 de 1877.—Son las tres de la mañana.
A la salida de la luz, saludé reverente al 5 de Mayo, con mi pintor entusiasta, que amaba la memoria de Juarez y que lo mencionaba unido siempre á Garibaldi, en ese idioma de cielo que hablaron el gran Dante y mi querido Ludovico Ariosto.