EN EL NIÁGARA.
¡Silencio! el infinito! el infinito!
Te miro al fin aquí, y átomo débil
Ante este golfo hirviente,
Donde mil ecos con tu voz resuenan,
Do tu mirada omnipotente brilla,
Reverente se dobla mi rodilla
Y al polvo pego mi altanera frente!
¡Gran Dios! gran Dios! desprende de mi seno
Un cántico sublime,
No con la voz del mísero que gime:
Con la pompa magnífica del trueno.
¿Ondas, de dó venís? De otras regiones
Correis como en tumulto despeñadas,
Os revolveis en contorsiones locas,
Y gemís al chocar despedazadas
En los pechos gigantes de las rocas?
Del Océano en vehemente descarrío,
Prófugas ondas, ¿con feroz bravura
Escalar pretendísteis el vacío,
Ebrias por el despecho y la locura?
¿O vibraciones de himno al infinito
Que el mundo alzara en entusiasmo intenso,
"Dios!" vais clamando en sempiterno grito
Hasta perderos en el mar inmenso?
Esas voces sin labios que se escuchan:
Esos cuerpos informes que se agitan:
Esos grupos que llegan, que reluchan,
Y al abismo en tropel se precipitan
Envueltos en la bruma,
Alzando montes de revuelta espuma!....
Esas furias de luengas cabelleras
Que visten ropas de ópalo y de gualda,
Que al morir nos contemplan hechiceras
Con sus ojos divinos de esmeralda!
Esas rocas de frente enaltecida
En trono de granito presidiendo,
Como mirando en sempiterna vida
Siglos y siglos á sus piés corriendo!....
¡Augusta Majestad! la tierra en vano
Tiende los brazos y te sigue amante;
Parece que á desviarte del destino
A tí se acerca temerario el pino,
Y al verte despeñar, su voz que gime
Se une al acento de tu voz sublime.
¡Ay! este es el espanto, es el suicidio
De la corriente, el delirar tremendo
Que se agita entre aullidos y terrores;
Que lucha, sus tendones retorciendo,
Y que esperanzas, ilusion, fulgores,
Pasan fugaces cual la vida pasa,
Como esa leve y delicada gasa
En que el íris derrama sus colores.
Cuánto más dulce, caudoloso rio,
En tu existencia sosegada fueras,
Música dando al blanco caserío
Y regando las verdes sementeras.
Acaso no escucharas de la gloria
Los mil acentos que tu pompa inspira;
Pero acaso no hallara tu memoria,
Ecos de vanidad y de mentira.
Silencio! y hable Dios: él es tu canto,
Y son tus aguas su sublime coro:
Los mil recuerdos en que tierno adoro,
Niágara, te consagro con mi llanto!
Guillermo Prieto.
Mayo 4 de 1877.
Eran las últimas horas del dia: con la luz del crepúsculo muriendo en los claros del distante horizonte, cobró el paisaje una majestad melancólica y sublime que embriagaba el alma con el infinito del amor y el ensueño.
Recorrí al paso, mejor dicho, ví las otras islas que llevan el nombre de "Las tres Hermanas" y otras, y regresé al hotel, rendido de sentir.
Recogido en mi cuarto, abrí mi cartera, y yo mismo me reí de las apuntaciones que hice frente á la "Herradura;" apuntaciones que son la prosa más pedestre que pude hallarme, á fuerza de buscar exactitud. Tiene la palabra mi prosaica cartera:
"Como si brotaran de un mundo desconocido, así se ven á lo léjos las aguas. Parece que se ha desquiciado el Océano.
"Abre sus brazos el agua y sorprende á las islas, que como que forcejean por huir de la corriente, dejando despedazados encajes á sus piés.
"Es deliciosa la vista de la espuma trémula y brillante sobre el verde oscuro de las aguas, que se redondean como cilindros de esmeralda en la parte superior de las rocas.
"El íris no lo ví como lo pintan, es decir, como un arco inmenso ciñendo la frente de la catarata; vuela en fragmentos, como si entre las aguas se hubiese despedazado el prisma.
"El abismo como que nos magnetiza y encadena, nos estira, da miedo, como que aprisiona.
"El estruendo es la voz del Niágara y como la revelacion de su grandeza.
"Al verse la catarata, se ve despeñar una inmensa cortina blanca y caer lentamente á plomo.
"El agua pierde su carácter: es como una inmensa y gruesa sábana con hondos pliegues.
"El torrente invade, batalla, se despedaza. La catarata sucumbe.... El agua verdiosa que corre á sus piés es cenagosa, vulgar, es la prosa; más aún, el bostezo.
"La gran catarata tiene realmente la figura de una escuadra: sobre ella se dobla el agua, se guillotina el rio. La corriente cae como en copos, en vellones formando canales, y cae con un rumor sordo que pone espanto en el alma."
Así como la intensidad de la impresion que produce la catarata no permite su prolongacion, así despues de haberse visto quiere volverse á ver de nuevo, como para iniciarse en sus intimidades, como sucede con el mar.
Yo queria que aquel espectáculo grandioso fuera para mí solo, hacerlo mio, absolutamente mio, como si se tratase de una querida.
Preocupado con este pensamiento, me puse de acuerdo con el portero del hotel, y á las dos de la mañana me hallaba en el pretil de ladrillo saliente que ya conocemos al comenzar nuestra excursion.
Allí ví un guardia con su farolillo, que me examinó con marcada desconfianza y me siguió constante.
La luna brillaba entre nubes, el grande estrépito retumbaba en las tinieblas, y las casas cerradas, y los caminos solitarios, y las copas de los árboles dominando sobre el abismo, ofrecian un cuadro de encanto indefinible. Volví al hotel, y allí escribí los versos que siguen y dediqué á mi excelente amigo Néstor Ponce de Leon: