DIAS NEGROS.

DESENCANTO.

Yo no sé: ¿qué me importa? El viento airado

Gime en mi barca: el corazon ya muerto

No cuenta si un vaiven la lleva al puerto,

O la va en el escollo á sumergir.

Yo no sé: ¿qué me importa? ¿qué es la vida?

Un sueño, una vision, tal vez la nada,

El canto ó el dolor en la posada;

Pero llanto al llegar.... llanto al partir.

——

El confin de la gloria es el vacío,

Las heces del placer, el desengaño,

Abismos de dolor por bienes, daño,

Y al fin de la jornada, al fin, morir....

Feliz quien mira en lontananza un cielo,

Y entre las nubes de la tumba umbría,

Los blancos rayos apuntar de un dia,

De eterno, de purísimo lucir.

——

El niño que á la márgen del arroyo

Va deshojando pétalos de vida,

Y sigue con mirada entretenida

Anhelante su propia destruccion;

El jóven que la copa de sus años

En el festin de amor procaz derrama:

La vírgen pura que á voluble llama

Da sonriendo su propio corazon,

——

¿Qué quieren? ¿dónde van? ¿por qué esas risas

Si los esperan mares de quebranto?

Pero, ¿por qué tambien acerbo llanto

Por la estúpida farsa de vivir?

A la verdad humilla la impostura;

El desden al saber; á las virtudes

Cercan tenaces fieras inquietudes....

¡Quien quiere descansar, quiere morir!

——

Un tiempo fué que mi ilusion de gloria

Abrió en la tempestad sus alas de oro

Y de mi lira el palpitar sonoro,

Sus ecos entusiastas prodigó.

Expié como delito el noble anhelo

De erguir radiando la altanera frente;

La envidia, con colmillo de serpiente,

Me hirió rabiosa y mi cantar ahogó.

——

Y es bello que el gusano se convierta

En la sombra pintada mariposa,

Y que el pútrido gérmen de la rosa

Dé sobre el tallo engalanada flor;

Y es hermoso mirar que al sol remeda

Al salir de su cárcel el gas puro,

Y que ilumina el horizonte oscuro

Hecho llama vivífica el carbon.

——

Mi alma era luz, de la amistad al beso,

Mi sangre toda de pasion ardia,

El alma era raudal que se esparcia

En gotas luminosas de cristal....

Mi alma era amor.... El mundo en que flotaba

Su blanco velo de orlas purpurinas,

Se desgarró con bárbaras espinas

Y hecho girones por los aires va....

——

Riquezas, ilusion.... contento, gloria,

Patria ¡ay! la patria.... la inconstante suerte,

Todo camina al seno de la muerte:

Feliz ó desdichado, ¿qué más da?

Está negra la luz, negros los campos,

Se extiende dentro el alma negro velo....

¡Dios! ¡oh gran Dios! un rayo de consuelo....

¿Nunca le lograré? ¿Jamás?—¡¡Jamás!!

Guillermo Prieto.

Nueva-Orleans, Marzo 18 de 1877.

————————

SOLEDAD.

Besa mi frente, estréchate á mis brazos,

Empapa con la hiel de tu tormento

Mi labio gemidor, y da á mi acento

Tus quejidos de angustia y orfandad.

Tú fuiste como invierno de mi infancia:

Fuiste en mi corazon eterno duelo,

De tu mano de muerta sentí el hielo

Sobre mi alma, ¡terrible soledad!

——

Sobre la tumba del que el sér me diera,

Que no tiene una cruz, que no decora

Sauce doliente, que adherido llora

Al sepulcro del mísero pastor,

Allí te conocí.... sobre una losa

Estaba reclinada tu cabeza:

Yo admiré con espanto tu belleza

En mi embriaguez acerba de dolor.

——

Despues, cuando mi frente descansaba

De santa madre en el amante seno,

Al levantarlo de tormento lleno

Buscando arrimo, desamparo hallé.

Y ni el cielo con nubes purpurinas,

Ni el viento que murmura entre las hojas,

Dieron luz y consuelo á las congojas

Del corazon que derramaba hiel.

——

Pobre niño! pisando con su planta

Desnuda, los abrojos de la vida,

Dejando sangre de su planta herida

Al saludar la hermosa juventud.

Pasaba la fortuna en su carroza

De púrpuras y armiño, perlas y oro:

Pasaba rauda.... y al través del lloro

En mi desierto te encontrabas tú.

——

Sediento un punto el corazon abria:

Al que pasaba, le tendí la mano,

Vino á mis brazos, le llamé mi hermano,

El corazon se estremeció feliz....

Ansiosa la mirada, alta la copa

Escuché su sarcasmo á mi ternura,

Y en mi hondo desengaño, con tristura

Te hallé.... do tu semblante conocí.

——

De entónces entre el vago torbellino

De glorias, de esperanzas, de ilusiones,

Al volar entre férvidas pasiones,

Al dormirme rendido de inquietud,

¡Oh, soledad! en mi hondo desamparo

A tí se estrecha el corazon vacío,

Y al besarme tu labio, siento el frio

Que marchitó mi triste juventud.

Guillermo Prieto.

Marzo 19 de 1877.

————————

MI ALMA.

En mis horas acerbas de abandono

Algo dentro de mí padece y llora;

Algo como del ave gemidora

Distante entre las sombras el cantar.

Como oculto raudal que gota á gota

Pierde su vida en la caverna oscura,

Así siento en mis horas de amargura

Mi existencia tristísima acabar.

——

Mi alma percibo como luz incierta

Que en trémulo fulgor las tumbas baña;

Huérfana que llorando me acompaña

En las sombras del tiempo que pasó.

Vibracion vaga de la rota lira

Por cuyas cuerdas atraviesa el viento,

Y remeda sollozos de tormento

En constante y monótona cancion.

——

Vivo como esos árboles que azota

El viento de la mar, que erguidos mueren

Y esqueletos en pié su raíz adhieren

Al suelo ingrato que los vió nacer.

Torcidos, encorvados, extendiendo

Sin vida al suelo los desnudos huesos,

Que de la brisa los amantes besos

Los hieren con su pompa de placer.

——

Van cayendo las sombras dentro mi alma

Cual la noche en el valle; su verdura,

Sus lagos y su mágica hermosura

Parecen las tinieblas sumergir.

Es como tumba en lóbrego vacío

Que envuelve al cielo en el terror sublime,

Y allá á lo léjos.... dolorida gime

El alma como tórtola infeliz.

——

Si fuera dado á la agotada fuente

Que tendió su raudal limpia y serena,

Decir su queja á la inclemente arena

Que le robó sus auras y su sol;

Si fuera dado al pájaro perdido

Que siguiendo la nave extravió el vuelo,

Contar al mar sus ansias y su duelo

Y su hondo desamparo de dolor;

——

Si voz tuvieran las augustas ruinas

Del templo, del palacio, que los lagos

Cual tablazon de nave los estragos

Muestran del tiempo en lúgubre monton,

Esa fuente, ese pájaro, esa ruina,

Cuando del hombre hallaran el acento,

Pedirian sus voces al tormento

Que desgarra mi herido corazon.

——

Héme en mi soledad, héme mendigo

De la luz, de las aguas, del sendero:

Como sombra atraviesa el extranjero,

Como fantasma entre la gente va.

¿Qué dicen esos niños? ¿Esa pompa?

¿A quién espera? se preparan flores:

¿Son para alguna tumba? ¿los amores

Las tejen á la frente virginal?

——

Solo va el extranjero. De los niños

En el rostro de arcángel mira espanto:

Lleva muerte en el alma. De su llanto

Alma ninguna ó Dios se apiadará...

Le muestran las paredes extrañeza,

Las tumbas le repelen, en el cielo

Teme siempre encontrar nubes de duelo....

¡Alma mia! comprendo tu llorar!

Guillermo Prieto.

Nueva-Orleans, Marzo 20 de 1877.

————————

DESAMPARO.

¡Ay! de mí! del bullicio que en torno

A mi sér turbulento se agita,

No penetra ni un eco en las sombras

Que cubren mi vida.

——

Pasa el gozo cual cruzan las olas

Argentinos los copos de espuma,

Miéntras el mar en sus hondas entrañas

Tinieblas oculta.

——

Como el ave en su jaula contempla

Verdes campos y plácidos cielos,

Y si quiere volar le destrozan

Voraces sus hierros,

——

Así yo, si mis penas olvido,

Y mi copa levanto contento,

La envenenan con mísero llanto

Mis crueles tormentos.

——

Desamparo, tu escuálida mano

A mí tiendes de triste esqueleto;

Al dormir, tus heladas presiones

Comprimen mi pecho.

——

Al volar tras la fama anhelante:

Al ceñirme de lauro y de rosas:

Al cantar al amor y á la patria

Con férvidas notas,

——

Descendí á mi dolor y encontraba

En las sombras á mi alma gimiendo,

Siempre sola, en su pena circuida

De luto y silencio.

——

Una voz.... por los aires sonaba....

¿Qué me dice?.... y sus ecos morian:

¿Fué tal vez que me habló la esperanza

Brindándome dicha?....

——

Yo no sé; mas al triste silencio

Que dejó.... prefiriera la muerte:

Del dolor la amargura, mi labio

Bebió hasta las heces.

——

Fijo el ojo, mirando sin vista,

Como sorda mirada de muerto,

Me quedé contemplando el espacio

Que sube á los cielos,

——

Y en el éter.... miré cintilando

Un mirar de inefable ternura....

¿Un destello de dulce consuelo

Cruzó las alturas?

——

Yo no sé; mas el rastro adorado

De esa luz, era triste y sombrío,

Como en medio de inmenso desierto

La sima de abismo.

——

A la sombra del sauce que inclina

Su cabello de ramas al suelo,

Creí mirar hechicera hermosura

De dulce embeleso.

——

De cristal parecióme su frente:

Al través percibí con espanto

Como cráneo amarillo y desnudo,

De huesos los brazos.

——

¿Dí quién eres, fatal compañera,

A quien mueve la voz de mis ansias?

¿Dí quién eres, mi bien?.... Soy la muerte

Que lleva á la nada....

Guillermo Prieto.

Nueva-Orleans, Marzo 21 de 1877.

————————

¡¡AYES!!

¡Oh y qué tristes de mi vida,

Qué tristes pasan las horas!

Como corren aguas turbias

Despeñándose en las sombras!

Como atraviesan los aires

Aves negras gemidoras!

Como que se queja el viento,

Como que triste el sol llora;

Las casas como sepulcros,

Como muertas las personas!

Qué triste va el extranjero

En soledad espantosa!

Qué triste recuerda el suelo

Que le sabe hablar su idioma!

Es uno sepulcro que anda

Y lleva bajo su losa,

Enterrada viva el alma,

Pero inerte y silenciosa:

O como en la catalepsia

Dicen que corren las horas,

Oyendo de los que pasan

Las voces.... ó que razonan

Diciendo á la conveniencia

Que nos sepulte en las sombras,

Porque reclama la muerte

En sus fueros engañosa,

El asilo del cadáver

Para el que en su sueño se ahoga!

¡Oh qué tristes van mis dias

Rodando cual secas hojas

Sobre desiertos de nieve

En soledad silenciosa,

O como en fondo de abismo

Gime abandonada tórtola,

Perdiéndose en lo profundo

Los ayes de sus congojas,

Porque el huracan que cruza

Lleva las sentidas notas

Que exhala y piden socorro

Y se extinguen y se borran!

¿Qué es de lo que amo? ¿dó existen

Las prendas que el alma adora?

Es como muerte la ausencia,

Mas que muerte es horrorosa!

Porque en el sepulcro inmenso

En que trascurren las horas,

Nos muestra nuestro cadáver

Como espejo la memoria.

Guillermo Prieto.

Viérnes Santo.—Nueva-Orleans, Marzo 30 de 1877.

————————

RECUERDOS DE MI HOGAR.

¡Qué frescas cuelgan las sombras

De los chopos y las lilas!

Qué verdes están los campos!

Las fuentes, ¡qué cristalinas!

Qué hermosas las hebras de oro

Del sol poniente se filtran

Por las hojas del arbusto

Que con las auras oscilan!

En el verjel delicioso

Placer y amor se dan cita

Y van dóciles, apuestos,

En pos de jóvenes lindas;

Ellos de entusiasmo ardiendo,

Y ellas vertiendo sonrisas.

De trecho en trecho sus grupos

Aislan contentas familias:

El anciano gravedoso,

La anciana fresca y festiva,

Los esposos satisfechos,

Regañona la nodriza,

El faldero alborotando

Con sus idas y venidas,

Y los niños al conjunto

Dando luz, aliento y vida;

Remolinándose en grupos,

Destendiéndose en cuadrillas,

Dando al viento en sus carreras

Gasas, cabellos y cintas,

Vagan como libres aves,

Como corderillos brincan.

Los grupos dejan buscando

De las madres las rodillas,

Y tornan do sus amigos

En insurreccion se apiñan,

Y cuchichean alegres

Como alegres golondrinas.

Embriagada estaba el alma

Casi olvidó sus desdichas,

Y soñaba de mis hijos

Recreándome con la vista,

En los risueños verjeles

En donde pasé mi vida,

Cuando mis tres serafines

Nietos del pecho delicia,

Con sus tambores marchando

Pretensiosos me seguian,

Marcando el compás la madre

Que es como los cielos linda.

Y ébrio así con mis recuerdos,

Me dirigí á una familia

Donde tres niños jugaban

Con retozona nodriza....

Contento me acerco al grupo,

Voy á repartir caricias,

Y los niños.... asombrados,

Enmudecen y me miran.

Me acerco.... digo palabras

Para ellos desconocidas,

Y el gozo se torna en llanto,

Me empujan sus manecitas,

Y torno en espanto y duelo

Los cantos y la alegría.

El alma gimió, rompiendo

De mi corazon las fibras....

Oh desdichado extranjero!

Oh mi patria! oh mi familia!....

——

Silencioso torné el paso,

Tomé solitaria vía,

Que yo era la nube negra,

El agua turbia, la espina,

La gota de hiel del cáliz

De la inocencia y la dicha;

Y léjos.... léjos, muy léjos

De aquel cuadro de delicias,

Ví en el llanto de mis ojos

Expirar la luz del dia.

Guillermo Prieto.

Nueva-Orleans, Abril 9 de 1877.

————————

LAMENTOS.

La luz llegó: quedaron en la noche

Como tristes resíduos mis delirios

Y el llanto de mis ojos.

Como lleva implacable la corriente

Del árbol los inútiles despojos.

Fué mi agitado sueño como un antro

Poblado de fantasmas, y despierto

Como la luz del dia

Al circundar la llama amarillenta

Del triste cirio que acompaña á un muerto.

Va el infortunio asido de mi brazo

Cual si fuese invisible un esqueleto,

Que en perpétuo quejido

En mí extinguiese de la vida el ruido.

Soy como mi prision, como mi sombra;

Como mi propia tumba y mi quebranto

Es la pesada losa que esa tumba

Me cierra con espanto.

¿A quién volverme? El tallo de la yerba

Suele ostentar sus gotas de rocío;

Suele la brisa acariciar la arena

Que huérfana en su curso dejó el rio,

Y solo yo en mi pena

La soledad encuentro y el vacío.

Una por una vuelan mis auroras

Cual los rubios cabellos que en el cráneo

Quedaron de una hermosa, mi esperanza

Es como rama espúria que en la grieta

Del muro su esqueleto balancea,

Y que se pudre con la blanda lluvia,

Y se hace polvo con la luz febea.

Y no arranca los ayes de mi labio

El injusto desden de la fortuna;

No la mano de hierro del destino

Abate de mi pecho la fiereza,

Ni me hace vacilar en mi camino

Con su exígua linterna la pobreza.

No: si tremenda maldicion estalla;

Si airado el sino con terror vibrante

Circunda cual serpiente mi cabeza,

Más quisiera sufrir, mi sér proscrito

Del dolor ambiciona el infinito,

Porque siempre consuela la grandeza.

Pero dejar que el fango pestilente,

Hez de gusanos, de infeccion abrigo,

Derruya de la torre los cimientos:

Dejar que triste se hunda, ser testigo

Del reluchar de abandonada nave

A la que ingrato puerto negó abrigo....

¡Qué horror! ¡qué horror! y la existencia mia

Así relucha en ignorados mares

En eterna agonía....

Una mano, una voz, esa mirada

Con que la luz recrea

Al gusano escondido en la hoja leve,

Al sutil hilo que tendió la araña

Y con el sol naciente centellea....

Una voz, una mano que derrame

Una gota, una sola, de ternura,

En mi honda desventura,

Sin que piedad.... ni compasion se llame,

Y agradecido adoraré mi suerte.

Mirad.... los que pasais, que está al llenarse

En mis manos la copa de la muerte....

Una gota de amor, solo una quiero....

Vereis.... cómo se alivia mi quebranto....

Y la gente.... que pasa.... al ver mi llanto....

Me dicen que clamó: "¡Pobre extranjero!"

Guillermo Prieto.

Nueva-Orleans, Abril 10 de 1877.

Las generosas atenciones de mis compañeros y las bondades de Quintero, atenciones y bondades que vivirán imperecederas en mi gratitud, alejaron de mi alma aquel terrible eclipse en que se produjeron mis dias negros. Desahogado el corazon, vendadas sus heridas, levantemos la frente y empuñemos la péñola parlanchina.... pero que sea despues de unos momentos de descanso. ¿No les parece á vdes., lectores queridos?