A RODRIGUEZ GALVAN.
Vate del Anahuac, pues con tu lloro
Honrar quisiste el desgraciado drama:
Esta es la hoja mejor del libro de oro
Que codicioso demandé á la fama:
El bello corazon de la cubana
Pinté no más, si reparar quisistes
En aquella hermosura sevillana
Hija infeliz de mis ensueños tristes.
Lindas son nuestras bellas y este clima
Les da un hablar simpático y suave,
Que fácil entra en la española rima
Y al corazon introducirse sabe.
Donde deja marcada su sandalia
La vil esclavitud, mandan las bellas
Con ternura mayor: así es la Italia
Con su cielo purísimo de estrellas.
La causa debe ser y á ella redimen
La vejacion en que las tristes andan;
Que donde más las hermosuras gimen,
Es donde más las hermosuras mandan.
Oh! yo las amo, y si la lira mia
Su posicion amarga suavizara,
Amor y solo amor resonaria
Miéntras el corazon me palpitara.
———
Mas yo no buscaré, como tú dices,
Playa mejor en donde el libre goza,
Y entre sus hijos nobles y felices
La Santa Independencia se alboroza:
Que aunque supe adorar, por dicha mia,
La libertad augusta, pequeñuelo,
Y siempre detesté la tiranía
Como amo al sol, como bendigo al cielo;
Y aunque odiar supe al mandarin malvado
Que á remachar mis grillos, vil coadyuva,
Nunca comiendo el pan del emigrado
Pensé cumplir con mi adorada Cuba.
Hijo de Cuba soy: á ella me liga
Un destino potente, incontrastable;
Con ella voy, forzoso es que la siga
Por una senda horrible ó agradable;
Con ella voy sin rémora ni traba,
Ya muerda el yugo, ó la venganza vibre;
Con ella voy miéntras la llore esclava;
Con ella iré cuando la cante libre:
Con ella voy en noche procelosa,
Y errar bien puedo la difícil vía;
Mas siempre voy contigo ¡oh Cuba hermosa!
Y apoyado al timon, espero el dia!
Dos dias despues de tributar nuestro homenaje al génio de Turla, asistiamos á su entierro: entierro humildísimo, acompañado de unos cuantos cubanos que llevaban en sus semblantes el lóbrego duelo del emigrado, como si tuvieran que lamentar la más triste de las orfandades, la orfandad de la tumba. La comitiva que asiste á la inhumacion de un compatriota emigrado, es semejante al tormento que algunas legislaciones imponen de que presencien el suplicio de su cómplice....
Aquella soledad, aquel silencio, aquel poeta anciano que soltaba de sus garras la miseria para entregarlo á la muerte en suelo extraño, me hicieron hondísima impresion.
Acaso este incidente, desapercibido para muchos, porque yo me mezclé á la comitiva sin ser invitado y sin que nadie me conociese, determinó en mi ánimo un estado de tristeza imposible de describir.
Noche á noche me aislaba de mis compañeros y me iba á sentar las horas enteras á las escalerillas del monumento de Clay.
Allí, en la oscuridad más completa, sangrando mi corazon de amargura por circunstancias las más acerbas de mi vida, produje una série de composiciones, que no tienen interes alguno para otros; que lo tienen para mí tiernísimo; que semejan á esos objetos que nos los hace preciosos el amor, la gratitud, el peligro ó la muerte, y que maltratados por el tiempo, donde los otros señalan un harapo, nosotros veneramos una reliquia. Perdonen mis lectores mi debilidad, y dispensen su indulgencia á esas fojas arrancadas del Album de los tormentos de mi alma: