THANATOPSIS.
(TRADUCIDO POR IGNACIO MARISCAL).
Para el mortal que reverente admira
La creacion, á su visible forma
El entusiasta corazon uniendo
Con vínculos de amor, vário lenguaje
Natura emplea. En horas de alegría
Ecos le brinda de ventura y gozo,
Y en las amargas horas
Que emponzoña la fúnebre tristeza,
Blandamente en el ánima insinúa
De su doliente amigo
Una voz melancólica, suave,
Que, la profunda agitacion calmando,
En corriente apacible sus ideas
Plácida mueve.—Cuando el pensamiento
De los instantes últimos del hombre
En tu agobiado espíritu cayere,
Como la escarcha en débil florecilla,
Y el sombrío ataud, y la agonía
Congojosa, y el hórrido sepulcro
En negra perspectiva te amenacen,
Y temblando de horror ya desfallezcas;
Sal pronto á la campiña, bajo el ancho
Pabellon de los cielos, y allí escucha
La misteriosa voz que se desprende
De la tierra y las aguas, del abismo
De los aires sin fin.
"En breve plazo
(Dirá la voz oculta) el sol radiante
Que alumbra todo en su triunfal carrera,
Ya no te alumbrará: bajo el helado
Terruño en que tu forma se escondiere
Por pocos años, ó en la mar salobre
Que un momento la abrigue, al fin tu imágen
Se perderá tambien. La madre tierra
Que alimentó tu vida, sus derechos
Reclamará; los elementos mismos
Con que el ser material te dió en el mundo
Volverán á su seno; y ya perdida
Tu identidad, con el peñasco rudo,
O el terron insensible que el labriego
Pisa y rompe tal vez con el arado,
Se irán á confundir. La añosa encina
Con su bronca raíz irá esparciendo
El vano polvo en que estribó tu hechura.
"Mas no sin numerosa compañía
Al vasto lecho de eternal reposo
Descenderás, ni un tálamo más régio
Pudieras concebir. En él descanso
Lograrás en union de los patriarcas
De la edad primitiva, de los reyes
Y grandes de la tierra, de los sabios,
Los héroes que los hombres divinizan,
Y las beldades que su pecho encienden;
Los poderosos y los buenos, todos
En un sepulcro inmenso confundidos.
Los montes de granítico esqueleto,
Antiguos como el sol; los anchos valles
Que yacen pensativos á su falda;
Los bosques venerandos; lentos rios
Que fluyen majestosos; arroyuelos
Triscando leves por el verde prado,
Que esmaltan en mil flores; y en contorno
Derramado, infinito allá en la bruma,
Del hondo mar el lúgubre desierto—
Hé aquí la gran decoracion, el cuadro
Solemne, inspirador de vuestra tumba.
El astro cuya luz engendra el dia,
Los luceros que brillan en la noche,
Clara hueste sin número del cielo,
Ardiendo están cuál fúnebres antorchas
En los vastos dominios de la Muerte,
Y en tanto vuelan sin rumor los siglos.
"¿Qué son sino un puñado,
Qué son los que se agitan en la tierra,
Al lado de las tribus incontables
Que duermen en su seno? A la mañana
Pedid sus alas de oro, y vuestra mente
Vuele atrevida el arenal cruzando
De Barca, ó bien divague en las florestas
Que baña el Oregon, rumor ninguno
Escuchando, á no ser el de sus ondas,
Y allí, en aquellos páramos, los muertos
Tambien encontrareis; miles, millones,
En esas hoy profundas soledades,
De edad remota entre la opaca niebla,
Cansados de vivir la sien doblaron
Al sueño entenebrido y sin memoria
Que duermen todavía. Los difuntos
Allí ocultan su reino solitario,
Y allí reposan. A tu vez inmóvil
Con ellos dormirás, de los vivientes
Silencioso alejándote (¿quién sabe
Si aun falto de un amigo que te llore?)
Y todo cuanto alienta, cuanto vive
Al fin se te unirá. Los venturosos
Continuarán su risa cuando mueras,
Los míseros su llanto; cada uno
Corriendo seguirá tras el fantasma
Favorito; á su turno empero todos,
La ilusion ó el capricho abandonando,
Contigo irán para ocupar su lecho.
"En larga procesion los canos siglos
Pasarán, y los hijos de los hombres—
El jóven de la vida en la mañana,
El que toca al zenit de la existencia,
Doncellas y matronas, tierno infante,
O ya caduco y tembloroso anciano—
Sin faltar uno solo,
Tendidos á tu lado iránse viendo
Por otros y otros más que al fin sucumban.
"Vive, pues, de tal modo que al llamarte
Dios á seguir la caravana inmensa
Que va incesante al reino de las sombras,
Donde cada viajero encuentra lista
Su alcoba en los palacios de la Muerte,
No llegues ay! cual llega á su mazmorra
De noche, por el cómitre azotado,
Criminal infeliz; y en calma, erguido,
De la esperanza con el dulce apoyo,
Desciendas á la tumba, cual se mira
Rendido labrador que llega ufano
A su lecho, tranquilo en él se arropa,
Y duérmese al instante
Olvidado entre plácidos ensueños."
Washington.—1867.