XII
Visitas á la Sra. Townsed.—Situacion política descrita por Lancaster Jhones.—Dos incendios.—Viaje de Alcalde.—Despedidas.—Salida de Orleans.
Nuestra partida de Orleans se anunció al fin, á pesar de que, aunque avanzada la estacion, no se alteraba, como nos habian dicho, el estado sanitario.
Sobre salubridad quisiera tener presentes las conversaciones todas del Dr. Havá, quien conociendo México, hacia observaciones llenas de exactitud, y extraordinariamente benéficas.
—Orleans, me decia, está en condiciones mucho más desfavorables que México, y la prevision de las autoridades y su cuidado han disminuido en mucho los horrores del vómito y otras enfermedades.
Me hablaba, y me llevó á la fábrica de unos carros de los que pendia una trompa de gutta perca, la que aplicada á un depósito cualquiera de fango ó inmundicia, produce la absorcion muy violentamente, sin que se perciba mal olor ninguno.
Este sistema aplicado á nuestras atarjeas, produciria el ahorro anual de millares de vidas, que mueren envenenadas año por año por la limpia.
Mostróme unos cilindros con una grilla, que colocados en caños subterráneos y encendiéndose en ellos astillas ú otros combustibles, producen la purificacion de la atmósfera.
Las letrinas de codo, las rejillas colocadas en el interior de éstas y la aplicacion de desinfectantes, han sido objeto de su estudio especial, y cada una de esas mejoras la presenta, barata, practicable y adecuada á las necesidades de México. A mí me parece increible que no se hagan tentativas para plantear cualquiera de los sistemas del Dr. Havá.
En México hay personas que conocen esas máquinas y que encarecen sus excelencias, como Roa Bárcena, Mancera y otros: hay sabios dedicados á estudios higiénicos como el Dr. José María Reyes, Gumesindo Mendoza, Liceaga, Galan, Romero y otros muchos, porque en México los estudios médicos son concienzudos y brillantes, como en ningun otro punto de América.
¿Por qué el Consejo de Salubridad no ha emprendido un estudio sério sobre esta materia? ¿por qué la mejora de la salud y las garantías de la vida no ocupan el primer lugar entre todas las mejoras? ¿por qué presenciamos impasibles la muerte de cinco ó seis mil personas anualmente, sacrificadas á la apatía, al abandono y á la ignorancia?
¿Por qué no hacemos que se juzguen como reos á esos funcionarios, rastreros y aduladores en las elecciones y las fiestas cívicas, y á los que no se debe un puño de cal en una cloaca que propaga el tifo y derrama la muerte y el espanto por todas partes?
Mis frecuentes visitas á la Sra. Townsed fueron para mí motivos de solaz y de instruccion.
Si la eminente, poetisa brilla por la excelencia de su númen y por una feliz alianza de grandeza, de concepciones y de sensibilidad exquisita, en el interior doméstico es la noble matrona, la tierna madre de familia y la mujer modesta y sencilla, encanto de cuantos somos sus amigos.
Xarifa, que es el nombre de la Sra. Townsed en la república de las letras, se distingue por su flexibilidad de entonacion y por un tinte de melancolía con que reviste sus obras, que mucho agradan.
Es vasta, sólida y variada la instruccion de Xarifa, y su modestia es tal, que muchas personas que la tratan de cerca, la estiman ante todo como excelente madre de familia.
Tiene Xarifa tres hijas hermosísimas, y que balancean la flor de sus años tempranos en las auras de las gracias.
Cora es alegre y tierna como una mexicana; otra de las jóvenes se desprende gozosa de los brazos de la niñez, y no dora de lleno el sol de la juventud la frente de la niña; y otra, jóven, tímida, delicada como una sensitiva, que deshoja con sus labios de carmin palabras españolas, y hacen contraste su seriedad y su voz que ahueca cuando habla español, con la belleza ingénua de su fisonomía y con sus grandes ojos negros.
La familia Townsed era especialmente afecta á Gomez del Palacio, que es cumplido caballero en su trato con señoras, y cuya conversacion fácil y oportuna es verdaderamente encantadora.
Es la casa de Xarifa centro de reunion escogida de personas de alto mérito, y ella sola bastaria para dar muy alta idea de la buena sociedad de Nueva-Orleans.
Los jóvenes se rodean del piano, cantan y conversan alegres; la señora mantiene en todas partes el buen humor, y los amigos de Mr. Townsed charlan de negocios y de lo que les ocurre, aislándose ó tomando parte en la conversacion general.
Hace pocos años fué nombrado Mr. Townsed, en union de Mr. Colon y otros caballeros de parte del comercio de Orleans, para estudiar nuestras relaciones mercantiles y procurar su fomento. Yo he leido varios de esos informes que me parecen de alto mérito, y de los que un hombre como el Sr. Romero, ministro de Hacienda, podria sacar mucho partido.
Además de los excelentes amigos que he mencionado, debo curiosas noticias á mi amado M. Palmer, inglés lleno de nobleza y de saber, director de uno de los bancos más acreditados.
Todas esas noticias, todos esos datos que yo recogia como al vuelo, y por decirlo así, desde la ventanilla de mi wagon viajero, merecen sérias reflexiones, estudios constantes; convertir en armónicos nuestros intereses con todo el mundo, utilizar nuestros cónsules, economizar chismes diplomáticos, abrir competencia de garantías y goces en nuestro suelo al emigrante y hacer de las tarifas pactos de alianza, como lo supieron hacer en 1860 la Francia y la Inglaterra, teniendo intereses más encontrados y preocupaciones más arraigadas que nosotros y los Estados-Unidos.
Me solazaba de estas visitas, que eran para mí sérias ocupaciones, con mis correrías por el mercado, las Matinés, que convierten la calle del Canal en un Olimpo de deidades, y en donde se exponen con trages domingueros, el tipo frances, airoso y seductor; la cuarterona esbelta y subversiva; la americana, régia y soberbia, y la negrilla zandunguera, con su gorro lleno de flores, su sombrilla y sus guantes como cualquiera catrina.
Otras veces, con la adorable familia de Julia, emprendia el viaje á uno de esos pic-nic de extramuros que realmente me deleitaban.
Un campo raso cubierto de césped, donde juegan y saltan parvadas de preciosos niños, un gran tablado con su barandal y en uno de sus extremos una buena orquesta, en que menudean pistones y trompetas de todas hechuras, una cantina en que se sirve nieve, aguas frescas, cerveza y licores: hé ahí todo el aparato escénico para los bailes al aire libre, más alegres y más animados del mundo.
El estudiante, el artesano, el tendero, el elegante, el juez y el calesero, se confunden y se revuelven con multitud de viajeros á quienes da nacionalidad el placer, y tienden sus brazos las bellas para embarcarlos en un wals vertiginoso, ó en una cuadrilla circunspecta; y como existe el hábito del respeto mútuo, no se conocen las riñas, y se verifican milagros de confraternidad, superiores á los que podrian ordenar las leyes más sábias y meditadas.
¡Qué desgarbo y sans façon de aquel yankee! qué zandunga de aquel habanero maldito! qué aire de perdonavidas de aquel tendero de la tierra de María Santísima! qué tenacidad, y qué furia, y qué aguante de aquella pareja de alemanes!
Los chicos aturden con sus gritos; el clamoreo de la orquesta envía sus ecos á gran distancia; de los montes van descendiendo las sombras; en el confin del cuadro se balancean mil buques como meciéndose en las caudalosas aguas del Mississippí.
Mis horas de permanencia en el Bording, las empleaba con mis compañeros, ya obligando al condescendiente Jorge Hameken á que me buscase libros y tocase el piano, que como ya he dicho, lo pulsa con maestría, quitándole de su tresillo y de su ajedrez, para el que tiene constancia inverosímil; á Rocha le forzaba á que me hablase de sus viajes y me contara cuentos, porque lo hace muy bien, arrebatándole de las manos sus mapas y sus libros militares, que estudiaba constantemente; ya, por fin, poniendo á discusion mis dudas sobre las instituciones americanas y las cuestiones sociales, abandonando Iglesias sus lecturas filosóficas que duraban ocho y nueve horas diarias, Gomez del Palacio sus estudios de los clásicos griegos y latinos, y Lancaster y Alcalde sus apuntaciones políticas.
En una de las veces que entraba al cuarto de Lancaster, siempre en mucho arreglo y recibiendo como de cumplimiento á sus amigos, siendo el más dulce y el más tierno, en medio de una sequedad y concentracion que parecen afectadas, le encontré, contra su costumbre, hecho un predicador, imponiendo á un mexicano amigo, de la cuestion americana; y aunque ya se ha tocado esta materia, creo que la corrobora la conversacion de mi querido Alfonso, que yo copié con cuanta exactitud me fué posible.
LIT. H. IRIARTE, MEXICO
Correo y Aduana. N. Orleans.
Aunque sea de prestado, déjenme poner bonito este capítulo. Algo se me ha de perdonar. Habla Lancaster:
"Desde que concluyó la guerra de separacion, el Norte no ha cesado de hacer sentir sobre el Sur todo el peso de la derrota, no habiendo ejemplo alguno de guerra civil, en que haya sido mayor el abuso de la victoria.
"Algun tiempo despues de la caida de Richmond, los campos talados habian cubiértose otra vez de sementeras, y las ciudades y aldeas destruidas, estaban reemplazadas con nuevas construcciones. Pero las libertades políticas y mercantiles de los Estados rebeldes no alcanzaron amnistía como los prisioneros hechos en el combate. Estos volvieron pronto á sus hogares, aquellas tardaron mucho en volver.
"El gobierno de Washington, despues de su triunfo y del restablecimiento de la Union Americana, puso los destinos de esos Estados en manos de los enemigos más tremendos de la causa separatista, á los cuales se permitia, ó por lo ménos se disimulaba todo abuso de poder que tuviese por objeto abatir más á los vencidos. Los gobernadores que les eran impuestos, á semejanza de los que la república romana enviaba á las provincias sojuzgadas, solicitaban y obtenian estos empleos como una recompensa de sus servicios prestados durante la guerra, como la parte del botin á que se creian con derecho indisputable, y como un medio lícito de enriquecerse.
"Los surianos llamaban sacos de viaje á estos gobernadores, á los jefes de los acantonamientos militares y á los demás agentes federales, de cuya tiranía y codicia fueron víctimas indefensas. Hé aquí la significacion maliciosa de ese apodo: Esos empleados eran generalmente hombres sin moralidad, sin fortuna, ni medio honesto de adquirirla, y se ponian en camino para tomar posesion de su encargo, sin llevar consigo mas que lo encapillado, una segunda camisa y un descabalado calcetin en su maleta, cuando ésta no estaba enteramente vacía; y siempre volvian al Norte con el saco lleno. A propósito de esto, en Orleans se refieren varias anécdotas de un general yankee, que fué, á la terminacion de la guerra, uno de los primeros procónsules de la Luisiana.
"Este general, al dejar el hotel en que se alojó, se llevó todas las cucharas de plata que habia para el servicio de los pasajeros; y tanto se habló de esta ocurrencia en los periódicos, y tantos epígramas se hicieron sobre este tema, que el yankee llegó á ponerse de un humor negro é intratable, el cual solo se disipaba un poco el dia en que él podia robarse alguna otra cosa. Nadie se atrevia á pronunciar la palabra cuchara en su presencia, porque era como mentar la soga en casa del ahorcado.
"A un médico que le prescribió cucharadas de qué sé yo qué específico, trató de darle de bastonazos, sospechando que el récipe era una pulla, y el facultativo tuvo que cambiar esta fórmula por la de píldoras.
"Un dia el general invitó á almorzar á varios amigos suyos en una fonda, y á la hora de los postres quiso hablar reservadamente con ellos sobre negocios políticos. En consecuencia, ordenó al criado que les servia, que les dejase solos; pero el criado no obedeció, permaneciendo cerca de la mesa.
—"¿No ha oido vd. la órden de retirarse? le preguntó el general con enojo.
—"Sí, señor; pero no puedo hacerlo.
—"¿Por qué?
—"Porque soy responsable de la vajilla. Los hombres encargados de reorganizar y conservar la administracion de los Estados separatistas, fueron—aunque con varias y honrosas excepciones—dignos ejecutores de los designios de depresion y nulificacion que han dominado en la política del Norte respecto del Sur. Se atacó al comercio y la produccion de esos Estados, en sus principales fuentes, por medio de medidas administrativas que les han hecho de mucho peor condicion que las del resto de la poderosa y floreciente república americana; y una decadencia lenta y progresiva de todos los elementos de la riqueza pública, vino profundizando más cada dia las huellas de los vencedores, á la vez que el encono y resentimiento de los vencidos.
"Esa política abre campo á consideraciones importantes. ¿Cuáles eran las ideas que les inspiraba y el objeto á que se dirigia?
"Debe advertirse, ante todo, que el término que tuvo la guerra civil, implicó no solo el triunfo de los altos principios nacionales y humanitarios de la conservacion de la unidad americana y de la emancipacion de los esclavos, sino tambien el triunfo y la preponderancia definitiva de los intereses del partido republicano, sobre los del partido demócrata, que se habian estado disputando entre si con vária suerte los destinos del país. El segundo ha tenido siempre en el Sur hondas raíces y sus mejores elementos, y la afirmacion del primero en el poder, consistia en impedir que los Estados rebeldes recobrasen su antigua prosperidad. A este propósito se asociaba el temor, que aun no desaparece, de que se levante de nuevo la terrible idea separatista, robustecida por el espíritu de la venganza.
"Examinada la cuestion bajo este punto de vista, se comprende y se puede políticamente justificar el sistema depresor que el Norte adoptó en sus relaciones de todo género con el Sur. Pero la reaccion era natural é inevitable, y se vino operando de un modo incesante, hasta llegar al extremo de amenazar hoy al partido republicano con una próxima é indefectible derrota en el campo electoral, derrota que ya se habria consumado en las últimas elecciones presidenciales, á no haber intervenido el fraude, para evitar que se computasen todos los votos que obtuvo el candidato demócrata. El fraude produjo en esta vez la usurpacion legal y consentida por el país, del poder ejecutivo; pero fué impotente para hacer preponderar en la cámara de representantes los intereses del partido republicano, que se encuentra en ellos en minoría.
"El actual presidente, Mr. Hayes, se ha visto por esto en la necesidad de apelar á las transacciones con sus adversarios, para mantener la armonía entre los poderes, y librarse de una acusacion que le haria descender de su puesto ántes de tiempo; mas, inclusive él mismo, apénas hay ahora en aquella república quien no esté cierto de que el futuro presidente será demócrata.
"Los Estados del Sur se han ido emancipando uno tras otro de la tutela del Norte; y en Orleans, principal poblacion de la Luisiana, vimos nosotros romperse el último eslabon de esa cadena política. Verificáronse allí, al propio tiempo, las elecciones federales y las locales, bajo los auspicios de un gobernador republicano, que recibia y ejecutaba las instrucciones de la convencion de su partido, las cuales no eran otras, que hacer triunfar la candidatura de Mr. Hayes para la presidencia, y la de Mr. Packard para el gobierno del Estado.
"Difícil era la empresa, pues siendo demócratas un 75 por ciento de los habitantes, y hallándose alentados por el ejemplo de otras localidades, resueltos á acabar con la preponderancia oficial de los hombres del Norte, se iba á dar el espectáculo más escandaloso de una lucha abierta entre el poder y la opinion pública. El poder, apoyado por la fuerza federal, aceptó y sostuvo esta lucha, empleando todos los recursos de que disponia y todos los artificios maliciosos que la chicana electoral podia sugerir; y como todos sus esfuerzos se estrellasen contra la voluntad popular, enérgica y casi unánimamente expresada en favor de Mr. Tilden y de Mr. Nicholls, candidatos demócratas, el primero para la presidencia de la república, y el segundo para el gobierno de la Luisiana, se apeló entónces al medio de suplantar votos, y falsificar expedientes electorales.
"De allí resultó una eleccion doble, tanto federal como local. Dobles expedientes se mandaron al escritorio de Washington, uno por el pueblo y otro por el gobierno de la Luisiana, conteniendo uno los sufragios verdaderos favorables á Tilden, y el otro los sufragios supuestos en favor de Hayes. A la vez, ambos partidos declararon legítimamente electo gobernador á su respectivo candidato. Instaláronse, pues, en Orleans dos administraciones, la de Nicholls y la de Packard; pero era tal la debilidad de este último, que tuvo que mantenerse encerrado en su casa oficial, custodiada á todas horas por centenares de policías que la cercaban, y por un regimiento de tropas federales, guardando las puertas y las azoteas, para impedir que el pueblo, en un arranque de mal humor, colgase de los balcones al último vástago de la dinastía de los carpet-vags (sacos de viaje).
"Era espectáculo digno de verse la multitud desarrapada y hambrienta, compuesta de empleados y de pretendientes de empleos, que como abejas en derredor del panal, circulaban por las calles adyacentes al palacio de Packard. En su mayor parte, los amigos de éste eran negros, en cuyo semblante se veia el sello de la estupidez, de la miseria, de la tristeza y de algo como la conciencia de que la causa de su jefe estaba perdida.
"Lo contrario acontecia respecto de Nicholls: lo más florido y granado de la sociedad neorlina formaba su apoyo; y una guardia nacional de más de 30,000 hombres, enteramente voluntarios, se organizó para sostenerle, costeando ellos de su peculio sus armas, equipo, etc.
"Todas las contribuciones eran enteradas en la tesorería establecida por Nicholls; y para que funcionase su gobierno con perfecta regularidad, solo le faltaba en un principio la mayoría de la legislatura, que como resto de la administracion anterior, reconocia la legalidad de Packard; pero al último, varios miembros de ese cuerpo abandonaron sus filas, pasándose con todo y bagajes al enemigo, en medio de la rechifla de unos y otros.
"Tan solamente el habitual amor á la paz, que en los Estados-Unidos se estima como la base primera é indispensable del bienestar de todos y cada uno de los individuos, inclusive los politicians (políticos ó politicastros); y tan solamente la esperanza de que, llegando á preponderar en Washington los demócratas, se reconocieran y respetaran, al fin, los derechos del pueblo de la Luisiana, pudieron salvar entónces á Orleans de un sangriento choque, en el cual, á no dudarlo, la tropa federal habria sido aniquilada en unas cuantas horas.
"Los discursos pronunciados en los meetings que se reunian al aire libre, los razonamientos de la prensa y los medios de representacion legítima, fueron las únicas armas esgrimidas contra el poder usurpador. Ni un solo muera, ni un insulto, ni el más pequeño desórden se mezclaban á aquellas imponentes manifestaciones, que concluian, casi siempre, por la adopcion de medidas pacíficas en pró de los ultrajados fueros de la libertad y de la justicia.
"Los artesanos, los banqueros y los comerciantes se reunian por gremios, para formular protestas contra la suplantacion del sufragio popular, elevadas á los poderes de la Union, en términos enérgicos al par que decorosos. Y en todos esos documentos, una cosa nada más se solicitaba del Ejecutivo federal: que hiciera salir su fuerza de Orleans; que dejara al pueblo en libertad para resolver la cuestion por sus propios medios.
"Veamos, entretanto, lo que ocurria en Washington. Se hace el escrutinio de votos para presidente de la república; y en los expedientes electorales forjados por las autoridades de la Luisiana y de la Carolina del Sur, aparece la candidatura de Hayes favorecida por un gran número de sufragios, miéntras que los expedientes verdaderos de los mismos Estados, arrojan una gran mayoría en favor de Tilden. No es posible computar unos y otros en el escrutinio: hay que decidir préviamente cuáles son los legítimos; y siendo este el primer caso de esa naturaleza, y no estando prevista la dificultad ni por la constitucion ni por los estatutos electorales, la cámara se resuelve á crear un recurso ad hoc, un recurso extraño á las leyes y prácticas de la república: una comision de arbitraje, compuesta de quince individuos, siete de ellos caracterizados como pertenecientes al partido demócrata, y los otros siete como republicanos, y el décimoquinto como merecedor de la confianza de ambos partidos. Este último fué llamado por la prensa festiva, el fabricante de presidentes (Presidents-macker).
"Con solo desechar los votos que suplantó Packard en favor de Hayes, la eleccion de éste naufraga; triunfa Tilden, y con él los demócratas, y con los demócratas el Sur. Pero por el voto del décimoquinto miembro de la comision árbitra, se declaran legítimos esos votos y los que remitió el círculo republicano de la Carolina. Un hombre decide así de los destinos de los Estados-Unidos, sin que tenga para ello facultades constitucionales; y sin embargo, los vencidos se someten, y el pueblo americano entero reconoce la autoridad del electo, sin perjuicio de que algunos oradores de club se enfurezcan y se desgañiten, y de que algunos periódicos graben el retrato de Hayes á la cabeza de su primer columna, con la palabra fraude escrita sobre la frente.
"¿Puede darse mejor bandera para una revolucion? Sin duda que no; y á pesar de esto, el derecho, la conciencia de la mayoría de los votantes y las instituciones mismas, son sacrificadas temporalmente en aras de la paz. Se ha preferido que este paréntesis en la tradicion constitucional, lo llene el fraude y no la sangre. Pero el partido demócrata llegó ya hasta las gradas del Capitolio, y allí se sienta tranquilo á esperar por cuatro años la hora de subir á la cúspide, y clavar en ella su enseña victoriosa....
"En último análisis, Packard ha hecho presidente á Hayes. ¿Qué debe esperarse? Una proteccion decidida é ilimitada de éste para aquel, puesto que los une el doble lazo de la comunion política y de la igualdad de títulos legales. Es el contrato aleatorio que con frecuencia hemos visto celebrarse y cumplirse entre los gobernadores de nuestros Estados y el presidente: "te enviaremos todos los sufragios que necesites, y enviaremos tambien á las cámaras una recua de diputados mansos; pero en cambio préstanos tus bayonetas para sostenernos."
"Y no obstante, el pueblo de la Luisiana continúa esperando é insistiendo en que se retire la fuerza federal, hasta que un dia lo logra; y tras del último soldado de la Federacion que sale de Orleans, marcha Packard, con la cabeza inclinada sobre el pecho, y con su saco de viaje vacío...... aquella poblacion tan circunspecta durante la lucha como despues del triunfo, aguarda generosa hasta que deje de oirse el ruido de los tambores y pífanos de los regimientos que se alejan, para entregarse en brazos de la libertad, á todas las expansiones de un noble orgullo y de un inmenso júbilo!
"Tal fué el término de aquel conflicto. Los republicanos, en su despecho, acusaron á Hayes de ingrato. No sé hasta dónde pueda ser justo este cargo; pero debe decirse en obsequio de la verdad, que la situacion era ya insostenible, y que el presidente no podia, sin exponerse á perder su puesto, continuar manteniendo á Packard en el suyo. Más aún; á aquel le ha sido preciso, para ganarse la mayoría parlamentaria, ó neutralizar por lo ménos su hostilidad, adoptar un sistema de transacciones con el partido demócrata, segun lo he dicho ya, y el cual no se reduce solo á abrir camino en la administracion federal á algunas de las aspiraciones de ese partido, y á modificar sus relaciones entre los poderes generales y los Estados del Sur, sino que afecta tambien á la política exterior."
Solia interrumpir la monotonía de nuestra vida en la casa de Mad. Belloc, la llegada de viajeros, algunos de ellos mexicanos, y las visitas de nuestros amigos.
Entre los primeros, nos fué muy agradable la permanencia en nuestra morada de Enrique Mejía, caballeroso y servicial como todos le conocen, y su señora, americana, hija de una distinguida familia, y que tiene por México verdadera pasion.
Dos de las Sritas. Juarez y Benito, se alojaron en nuestro Bording, y yo tuve las satisfacciones consiguientes al trato de personas cuyas virtudes y finura he admirado siempre, y á quienes amo tiernamente por verlas dignas de su heróico padre.
Entre las visitas nos favoreció Jorge la Serna, hombre á quien sus padecimientos tenian en grande extremo de postracion; pero conservando entre las ruinas de su salud el tipo generoso, simpático é inteligentísimo, á quien habia visto en mis tempranos años como gala y ornamento de la buena sociedad veracruzana.
Una noche me presentó Joaquin Alcalde, que era incansable en bondades para conmigo, á un caballero jóven y garrido, pero taciturno y de palabra breve y apasionada.
El Sr. G***, rico negociante español establecido en las cercanías de Orleans, habia presenciado el terrible incendio de Southern-Hotel, en San Luis Missouri, acaecido el 11 de Abril, y que tenia consternada á toda la Luisiana.
El Southern-Hotel es el mismo en que estuvimos á nuestro paso por Missouri, y ya recordarán nuestros lectores sus seis pisos, sus salones régios, el pavimiento de mármol, la techumbre y cúpula de cristales de su patio, y el conjunto que justificaba su costo de un millon quinientos mil pesos, inclusives doscientos mil pesos, precio de los muebles.
Alcalde quiso que un testigo presencial me refiriese aquella catástrofe, por ser algo de característicos los grandes incendios en los Estados-Unidos.
Endilgando Alcalde con la mayor habilidad la conversacion, logró que M. G*** nos refiriese el incendio del hotel, en los siguientes términos:
"Serian las dos de la mañana cuando el incendio estalló: hizo una erupcion en los pisos interiores y bodegas, y subió en columna irresistible al techo, desprendiéndose de ella corrientes de llama que invadieron corredores y escaleras, envolviéndolo todo en humo espesísimo que nos asfixiaba.
"La poblacion del hotel podria llegar á mil personas, y como si todas no hubieran tenido más que un solo acento, se elevó un espantoso alarido, que fué como el grito de lucha con la muerte.
"La densidad del humo apagó el gas, no partiéndose aquella tiniebla sino por una que otra ráfaga de llama que atravesaba zumbando y arrollando cuanto encontraba á su paso, descubriendo hombres, mujeres, niños y ancianos, corriendo sin objeto y cayendo y levantándose de nuevo entre las llamas, en espantosa confusion.
"Muchos de los habitantes de los pisos primero y segundo, se salvaron sin dificultad, saltando medio desnudos en el fuego. Pero desde el tercer piso, las hileras de cuartos estaban totalmente interceptadas, y no quedaba más medio de salvacion que las ventanas que daban á la calle.
"Aunque la llegada de los bomberos fué instantes despues que estalló el incendio, éste hizo rapidísimos progresos; las corrientes de fuego se precipitaban de uno en otro piso, como cataratas inmensas; corrian, trepaban á las alturas, enlazaban artesones y cornisas, y como que se despeñaban con ellas al abismo, envolviendo siempre algunas víctimas.
"Entónces, al espanto sucedió la demencia: muchos se lanzaban á la ventura en aquel mar inmenso de revueltas llamas, y sus cuerpos, achicharrados, quedaban balanceándose de alguna barra de fierro, en actitudes diabólicas.
"Los otros, para abreviar su agonía, se arrojaban de los pisos superiores á matarse: algunos quedaron con restos de vida, pero despedazándose y nadando en lagos de sangre.
"Pero la generalidad se precipitó á las ventanas, esperando auxilio de fuera, envueltos en humo, entre ráfagas de llama: se presentaban escenas horribles.
"Dos esposos jóvenes, estrechándose y pidiendo socorro.... una madre cubriendo á sus hijos con su cuerpo.... un anciano con las manos levantadas al cielo......
"El caer fracciones de muro, los gritos, los ayes de los moribundos, los alaridos de las madres, el llorar de los niños, la súplica, la blasfemia, todo lo que tiene el dolor de más desgarrador, imperaba allí.
"Los bomberos ponian sus escalas, pero eran insuficientes; unos se colgaban y se estrellaban el cráneo; los otros arrojaban cordeles, que no llegaban, ó si llegaban, se emprendian descensos riesgosísimos de los que sin embargo salvaron algunos.
"La distinguida actriz Katty-Clarton, que ya habia salvado de otros atroces incendios, tuvo bastante sangre fria, ántes que se hubieran destruido las escaleras, para empapar en agua varias toallas y sábanas, envolverse en ellas, precipitarse en las llamas, correr, rodar y llegar á la calle ardiendo y maltratada, pero sin lesion alguna.
"Otro individuo desgarró las sábanas, hizo con ellas fuertísimas cuerdas; se descolgó por aquellas alturas de cuarenta varas; pero tocó la extremidad de sus cuerdas.... y aun estaba como á sesenta piés sobre el abismo.... hizo esfuerzos inauditos, no habia modo de ascender, el hilo que le sostenia comenzaba á quemarse, sus brazos se rendian; convulso y retorciéndose al cabo de la cuerda, se persuadió sin duda de su muerte inevitable.... hizo un esfuerzo supremo, despues echó hácia atrás la cabeza con gesto horrible.... y se soltó, despedazándose sobre las piedras....
"El dia que lucia en los cielos no se atrevió á penetrar en aquel teatro de horrores, donde, de entre montones de escombros y cenizas, estuvieron extrayendo varios dias multitud de cadáveres."
Formalizóse al fin la partida de Alcalde, de mi compañero, de uno de los que habia tenido para conmigo las finezas de amigo, la ternura de hijo y la abnegacion de favorecedor. Una comision nuestra, que para él era costoso sacrificio, le urgió á tocar en la Habana pasando despues á México.
Lancaster, como siempre que lo asalta el spleen, se encerró en su cuarto; Gomez del Palacio y yo acompañamos á nuestro amigo al vapor, que salia á las ocho de la noche.
Nosotros tres íbamos con frecuencia á la Levée, es decir, á aquel mismo lugar á recibir ó despedirnos de nuestros amigos de México.
Esa noche el muelle estaba silencioso, los navíos parecian dormidos sobre las aguas; del lado opuesto del rio se veian los farolillos de algunas embarcaciones y se oian los cantos lejanos de los marineros despiertos.
Al principio, la conversacion era animada; despues, habia grandes ratos de silencio; los marineros acomodaban los equipajes; en las sombras habia grupos de viajeros, de cuyos grupos salian sollozos y palabras entrecortadas.
Al fin se dió el primer toque de marcha: subimos sobre cubierta con Alcalde y le dejamos instalado....
A poco, el vapor comenzó á andar y nosotros le vimos perderse, volviéndonos en silencio profundo á nuestra habitacion.
A los pocos dias de la partida de Alcalde, se anunció nuestra marcha para Nueva-York; pero dando un ligero rodeo para ver el Niágara.
De contadas personas tuve que despedirme en Orleans; pero esas personas son inolvidables para mí, y tienen lugar privilegiado en mi cariño.
La familia Townsed me dió cartas expresivas para Nueva-York y mostró profundo sentimiento por mi partida.
A Quintero le sorprendí acabado de levantar. Estaban sus roperos abiertos, sus útiles de aseo de fatiga, el libro acabado de cerrar sobre del buró, y él escurriendo agua.
—Chico.... quédate conmigo, fueron sus primeras palabras: adivinaba el triste objeto de mi visita.
—Ya sabes que no es posible.
—Mira: te dejo para tí solo estas dos piezas. Ahora, ven por aquí:—abrió uno de los cajones de su ropero.—Este pico que ves aquí (mostrándome dinero), no me sirve para maldita la cosa; yo te formaré una mesadilla para que no necesites de nadie: te paseas, escribes, y cuando quieras, me llamas y paseamos, y de cuando en cuando me lees esos tus versos, que ya ves cómo me encantan....
Ya se supondrá cuánto me habian conmovido aquellas palabras tan llenas de generosidad y de ternura.
En la casa de Federico Miranda se hizo el duelo de familia, se suspendieron los trabajos en cuanto se formalizó mi partida; Julia, adorable de bondad y señorío, llevaba á sus niños á la iglesia á que rogasen á Dios por su amigo Fidel.
Las señoras hablaban á sus conocimientos de mi ausencia, como de la pérdida de un hermano querido: querian que todos participaran de su duelo.
La niña enferma mostró deseos vivísimos de que le leyera algunos de mis versos; yo la complací: reuniéronse en su casa varios habaneros amigos, y en plena tertulia, dí lectura á la siguiente leyenda, que vió la luz en casa de Mad. Belloc, y que he elegido para que cierre mis recuerdos de Orleans: