XIII
Salida de Orleans.—Cincinatti.—Claveland.—Búffalo.—Llegada á Niágara.—El Niágara.
Nuestra salida de Orleans fué poco más ó ménos á las cinco de la tarde. Las pocas, pero generosas y amadas relaciones que allí dejamos, hicieron sombría nuestra despedida; sobre todo, aquella marcha al acaso, como sin rumbo, como perseguidos por nosotros mismos, me entristecia lo que no es decible.
Viajeros un tanto aguerridos, nos colocamos lo mejor posible, pusimos en regla nuestros triquis, y merced á las inagotables bondades de Gomez del Palacio, no teniamos que apurarnos en materia de trasportes y formalidades para los equipajes.
El servicio de los ferrocarriles en el Sur, es muy inferior al del Norte en cuanto á exactitud, limpieza y comodidades.
Nuestro objeto era visitar el Niágara, y esto me tenia inquieto como á un chicuelo, gozando en mi mente con un espectáculo que era como todo un mundo desconocido para mi imaginacion.
Mil veces, al salir de mi niñez, y cuando un caos de estrellas y ráfagas de soles, cruzan por el cerebro de un muchacho, habia oido al inmortal Heredia describir con su voz grandilocuente aquella maravilla, y yo me estremecia y le echaba los brazos, como para que no me arrebatase el torrente en que parecia corria yo aturdido escuchándolo.
Mil veces tambien, como quien desea saborear una preciosa leyenda, rogaba á Manuel Payno me contase sus impresiones de viaje al Niágara, que siempre eran distintas en los labios de ese narrador fácil y entretenido, para mí uno de los hombres que poseen en más alto grado ese delicioso talento de la amena conversacion familiar.
Y muchas veces en los cuentos de Hadas con que solia conciliar el sueño á mis nietecitos, les pintaba un Niágara con sus peñascos de trasparente caramelo, sus corrientes de almíbar y sus caidas entre árboles que producen espontáneos, cochecitos con puertas que se abren, ratones con cuerda, tambores y primorosos maromeros.
Y ¿quién lo creerá? estas sandeces y estas fantasías, me consolaban á mí mismo, como que me fingian un mundo encantado, y olvidaba lo real de mis penas y lo incierto de mi destino.
Por otra parte, las quiebras del camino, la continuidad de sembrados, chozas y fincas, los idilios que la vida del campo improvisa y presenta sin ostentacion ni pretensiones, me tenian encantado, y más encantado con Gomez del Palacio que, conociendo mi lado flaco, me citaba los poetas bucólicos con admirable oportunidad, y con un lujo de memoria que me dejaba absorto. Este Pancho, tiene muchísimo talento.
En el cuarto de fumar, hallé á Lancaster en conversacion empeñadísima con un M. Frank, ingeniero de caminos de fierro, jóven inteligentísimo, de muy buena sociedad y de muy variados conocimientos en muchas materias.
Al estimable ingeniero habia simpatizado Lancaster como un hermano, con todo y su seriedad y sus pocas palabras; le obsequiaba, le prodigaba atenciones; en una palabra, como dicen en mi tierra, le nacia ser su amigo, y cuando yo los sorprendí, estaban alegres y parlanchines como dos viejos camaradas de colegio.
Tratábase de ferrocarriles.
M. Frank decia en muy buen frances:
—Nosotros no hemos dado jamás esa grande importancia que vdes. á la discusion sobre vía ancha y sobre vía angosta: eso lo hemos dejado para las gentes que tienen pocas ocupaciones y mucho afan de hablar y de escribir. Para nosotros la cuestion esencial es crear la necesidad de la vía de comunicacion que inicia el guayin y le sigue la diligencia, allanando los obstáculos, perniquebrando cocheros y haciendo tortilla á los caminantes; de la diligencia sigue el palo-carril, ferrocarril, ó lo que se puede. Se viaja en plataforma pelona, con pésimos terraplenes, durmientes inseguros y todos los defectos imaginables.
En esto han quebrado diez arbitristas, se han hundido algunos capitalistas; pero se han visto los beneficios del camino, se han creado sólidas especulaciones, la vía no se detiene, entran á la Compañía accionistas pudientes, hombres científicos, los rendimientos son reales, la charla cesa y se creó al fin un gran elemento de riqueza.
—Nosotros tenemos leyes muy liberales y bien pensadas en esa materia, dije yo, apelando á mis recuerdos y aun citando la generosidad de las concesiones de nuestros gobiernos.
—Oh! los gobiernos de vdes. son otra cosa, nos dijo otro compañero de viaje. Oiga vd. lo que me decia hace muy poco un amigo, sobre aquel sistema de negocios. Habla M. Torckey, á quien se cree muy entendido en las especulaciones de México:
"Vd. lo primero que tiene que hacer es decir que va representando una Compañía de trescientos ó quinientos mil millones: al llegar al país, busque vd. aunque sea á un carretero que tutée señoritos de gran tono que sepan inglés, y tome vd. cuarto en un gran hotel, diciendo que no sabe palabra de español.
"En su cuarto del hotel procure vd. tener, como al descuido, unas chucherías chinas, unos camafeos de Nápoles, unos anillos Ejipcios, schales de cachemira ó pajaritos autómatas.
"Despues de deslumbrar á unos cuantos imbéciles, confíe vd. su grande proyecto en mucho secreto á los amigos de los escritores, de los diputados, y á parientes pobres de las queridas del presidente y los ministros, diciendo que allí hay para que se enriquezca todo el mundo. Por supuesto que en todo lo dicho no se deben quitar los ojos de la brújula política, estando en bien con el partido preponderante, sin dejar por esto de conservar relaciones ocultas con los hombres del porvenir, que en la revuelta que vendrá muy próximamente tendrán el poder en sus manos, y no solo afirmarán lo hecho sino que ampliarán las concesiones.
"Por supuesto en esas correspondencias secretas, se pinta á un pueblo salvaje hundido en la prostitucion; pero en lo exterior, tratando el último bandido de aparecer con reputacion inmaculada.
"Se dice en esas notas que el presidente es un presidiario que se disfraza de noche para quitar capotes; que las grandes señoras comen su tortilla enchilada á la orilla de las banquetas, y que el padre dice la misa con su reata en los tientos, y consagra con cleimap (Tlamapa), que es el vino de la tierra, llamado piulk.
"Para todos los gastos no comprobados se piden grandes sumas; y miéntras trae el correo noticias fabulosas, de minas de oro y de diamantes, allá se forma la Compañía con director, subdirector, agentes, vocales, corredores, abogados, ingenieros, músicos y danzantes.
"El negocio pasó por el ministerio, llegó á la Cámara, y esa es la hora del combate, de la polémica, de las grandes comidas, de las diestras seducciones y de los cohechos sigilosos.
"Los negociantes de estos mundos hacen su humbog á su modo, la concesion triunfa, el ferrocarril es del lago de Texcoco á la luna; se han colmado los deseos de los hombres del progreso.... y no se tiene un centavo para nada.... el grande agente queda con bola en mano, el camino en imposibilidad de hacerse, y el nombre de México por los suelos, y una concesion que rueda y pide prórogas, que es una gloria."
Lancaster, con su genial finura, pero con energía extrema, replicaba á M. Frank, y yo terciaba calmando los ánimos, porque solo se trataba de una conversacion.
La actividad del tráfico, los terrenos esmeradamente cultivados, las chozas más cuidadas, algunas estancias anunciando riqueza, nos advirtieron de la proximidad de Cincinatti, capital del Ohio.
Distínguese á lo léjos esta ciudad rodeada de colinas de grande elevacion, como en el centro de un valle verde y risueño, que corta culebreando el rio Ohio, fuente del progreso y bienestar de aquellas florecientes comarcas.
Mr. Frank se mostraba complacido de mi admiracion sincera por aquel espectáculo, que me recordaba panoramas muy semejantes del interior de nuestra patria.
—La ciudad, como puede vd. percibir, está sobre dos planos, uno de sesenta y otro de ciento doce piés sobre el rio.
Este comienzo de zig-zag que siguen caprichosas calles y tupidas arboledas, hacen muy interesante la ciudad y muy bella la parte destinada á los negocios, que tiene bellos edificios, en su mayor parte de piedra azul de cal.
—Lee aquí, me dijo Lancaster, que tenia en sus manos una guía de viajero: puede que te sirvan algunas de estas noticias. Leí en efecto:
"Cincinatti fué fundado en 1788; pero por algunos años las guerras con los indios detuvieron los progresos de la poblacion.
"Era ésta en 1800, de 750 habitantes. En 1814 fué declarada ciudad.
VIAJE DE FIDEL
LIT. H. IRIARTE, MEXICO
Gran Fuente de Cincinatti.
"Por los años de 1830, el canal de Mianiz quedó construido, y en los primeros diez años aumentó la poblacion un 85%
"En 1840, el pequeño Main, que es ahora el primero de los muchos caminos de fierro que se unen en Cincinatti, quedó concluido, y en 1850, la poblacion habia aumentado á 115,436 habitantes.
"En 1860—á 161,044 habitantes.
"En 1870—á 216,239 habitantes."
La estacion de Cincinatti, aunque extensa y bien compartida, no fijó mi atencion por ninguna particularidad.
Se habló, como de costumbre, de los hoteles, y se señalaron el Gran Hotel, Gibson-House, Saint-James, Birnet-Hotel y otros.
Alojámonos en uno de esos hoteles, el más central, y nos proveimos de una lista de los mejores restaurants, cuyos nombres son: Keppler, Schmidt, San Nicolás, Becker, etc., etc., en que se sirven excelentes comidas á señoras y caballeros.
No obstante que llovia muchísimo, iba armado de un capote de hule capaz de burlarse del mismo diluvio, y de unas botazas, que dejaban agarrotada é inmóvil la mitad de mi cuerpo, pero excelentes para aquel trance.
Muy inmediato al hotel que ocupábamos, está el Correo y la Aduana, en un mismo edificio y en la misma buena armonía que en Orleans.
Quise visitar ese edificio de preferencia por ver si encontraba á algun conocido.
Ve á la calle cuarta el edificio de que hablo, tiene un gran pórtico adornado con seis columnas de nueve á diez varas, amplia escalinata y cornisas del órden corintio.
Se construye á las inmediaciones un verdadero palacio que debe servir para la Aduana.
Las calles de Cincinatti son amplias y bien compartidas; algunas con tupidas arboledas y todas casi con una regularidad de que carece Orleans.
La calle de la Perla (Pearle Street), se compone de almacenes gigantescos de botas y zapatos: los hay por millones y parecen ser de las primeras industrias del lugar.
Las calles en que el comercio es más activo, son: Vine, Derace y Thirol; allí se ostentan tiendas de modas, cajones de ropa, joyerías, sombrererías, almacenes de ropa hecha, etc. Entre Main y Vine se ven los grandes Bancos, las Casas de Corredores y Compañías de seguros.
La calle cuarta y el Parque de Lincoln, constituyen el paseo de moda, distinguiéndose la calle de Pipe, en que está el paseo de los amantes (Lovers Walk), que es una área abierta con excelente pavimiento y tiene 1,000 piés de largo por 495 de ancho. Hay muchas calzadas hermosas á su alrededor.
Como he dicho, el cielo estaba de un humor de perros, y las calles parecian tapizadas de cáscaras de plátano, segun lo resbalosas é incapaces.
Yo andaba como á tientas: veia edificios, plazas y parques, como tonto en vísperas; toda la gente iba á sus negocios sin cuidarse de la lluvia, que no la dejaba poner pié en postura. Pero para un yankee, el percance de la agua es pecata minuta; se envuelve en un pañuelo el sombrero; si á mano viene, se voltea al revés la levita, se remanga el pantalon, y Cristo con todos.
Muy frecuentemente el yankee usa levita impermeable ó capote de hule, y entónces le pega cada gregorito al cielo, que da gusto.
Volvíme al hotel, y con el chico del mostrador, aleman muy avisado y servicial, entablé mi demanda de un cicerone que me condujese en aquella ciudad de máscaras, mediante una gratificacion.
Procuróme el alemancito del hotel á un jovenzuelo americano, con dos piernas como de grulla, un hueso de mango chupado por cabeza, y dos brazos como dos largos cables pendientes de dos perillas.
Pero es de advertir que en lo que tengo de vida, que no es mal pico, no habia conocido entidad más movediza y más inquieta que la que me servia de guía. Se metia adrede en los charcos, saltaba sobre todos los postes, tenia picos pendientes con cantineros, verduleras y chicas ambulantes; de todas partes le llamaban, y con los más desastrados muchachos mantenia bulliciosas relaciones.
Pee ó Pii era el nombre de mi conductor.
—¿Qué edificio es este, amiguito?
—Espere vd.: Katy (á una muchacha), esta tarde, ¿no es cierto?—Qué edificio? (á mí).
—Ese.
—Ah! la Cámara de Comercio; aquí es el hervidero de los bisnes, (negocios), puede contener 25,000 personas.—Déme vd. un puro.—Adios, amigo! ahora voy muy ocupado con el caballero.—Torzamos por aquí.
—Esto sí es magnífico! clamaba yo. A este estilo creo le llaman Elizabeth.
—Con razon: es el Gran Teatro de la Opera, con espacio para dos mil personas. ¿Vd. quiere un coptail?
—Despues lo tomaremos.
—Hay otros teatros muy hermosos: Wood Robinson, el Nacional, Mussic Hall, Melodeon, etc.—Vea vd.! linda muchacha! va en pos de un amigo mio, está apasionada: el maldito no le hace caso.—¿Quiere vd. un buen tabaco?—Espéreme vd. un poco.
Y saltó aquel maldito por en medio de la calle, trayendo á remolque un viejo alto de gran leviton y sorbete blanco.
—Aquí tiene vd. un sabio: tomaremos con él una copa. El señor es mexicano: sean vdes. amigos.
Y el truhan aquel era tan servicial y tan fino, que el caballero lo seguia sonriendo, y nos instaló en un bar-room.
—Vamos, hable vd. al señor, con ese garbo y esa gracia que le ha dado Dios, de nuestras bibliotecas y de todo lo que sepa, porque quiero que el señor quede contento.
—Pii, te buscan, dijo una voz, y Pii salió á una averiguacion con unas muchachas preciosísimas.
El sabio mi conocido, dando sorbos de su brandy coptail, me dijo:
—El edificio de la Biblioteca pública, donde llevará á vd. Pii, es de los más espaciosos de la ciudad. Está fabricado de piedra y ladrillo, de estilo romanesco, á prueba de fuego, y puede contener 300,000 volúmenes: ahora solo cuenta 72,000. Las otras bibliotecas son en el órden que sigue:
| Mercantil de los jóvenes | 37,000 |
| La ley | 7,600 |
| Instituto mecánico | 6,500 |
| Sociedad filosófica é histórica | 4,500 |
Esta Sociedad tiene ademas 12,000 volúmenes de folletos.
No hay galería pública de artes en Cincinatti, continuó el caballero; pero las colecciones privadas son muy numerosas y de valor, especialmente las de Henry Probasco y José Longworth á quienes tendré el gusto de presentar á vd. Vd. verá con cuántas atenciones reciben á sus visitantes.
Hablaba el caballero con suma complacencia, cuando volvió Pii con las bolsas llenas de excelentes peras, de las que traia una en la mano, á la que habia aplicado sendos mordiscos.
—Allons, me dijo Pii.... hizo tres cariños al sabio, que quedó muy contento, y seguimos caminando, no obstante que, aunque aplacada la lluvia, escurrian agua todos los pliegues de mi ropa.
Dando vueltas y revueltas, mi cicerone, que al fin me cayó en gracia, dejándome á cada paso con la palabra en la boca por seguir á una muchacha ó decir cuatro palabritas á un amigo, me paró frente á un templo magnífico de piedra azul y de purísimo estilo griego.
—Esta es la Catedral de San Pedro, me dijo Pii: esas diez columnas que sostienen el pórtico son de mármol.
Penetramos al interior del templo.
El altar mayor es de mármol de Carrara.
Fijéme en una pintura de San Pedro.... Pii, con un libro en la mano, me probó que aquella obra admirable es de Murillo y una de las joyas artísticas que posee la América.
—Hay otras iglesias, me dijo Pii, como San Javier y San Pablo; pero yo no entiendo mucho de ese fandanga, y es tiempo que vea vd. lo más grande y hermoso que para mí tiene Cincinatti: la fuente y el rio.
Esta es la calle quinta: está cercana á Walnut. Ahí tiene vd. la fuente.
Figúrese el lector una explanada de cerca de ciento cincuenta varas de largo por veinte de ancho.
En el centro hay una taza de pórfido de doce varas de diámetro, y de ella arranca un grandioso monumento de bronce, de incomparable hermosura.
Adornando la base de la columna se destacan figuras de niños primorosos que juegan con el agua, algunos montados en delfines. Hay además bajos relieves de exquisito primor.
A una altura como de cinco varas, en sus pedestales anexos á la columna céntrica, se admiran cuatro estatuas colosales alegóricas, de la agricultura, los placeres de la caza y no recuerdo qué otras.
Corona el monumento la estatua gigantesca de la Caridad, llena de infinita dulzura, el semblante sonriendo, como complacida de derramar en el pueblo la vida y el frescor.
Su manto vuela, la aérea figura se ha precipitado á la tierra, y al percibir al pueblo sediento á sus piés, ha extendido en toda su amplitud sus brazos y puesto sus manos sobre la frente abrasada de la poblacion, derramando sobre ella la lluvia que traia entre sus dedos amorosos.
De las manos, de los dedos, de los poros de la estatua brota en hilos delgados luminosos la agua cristalina que ondea con el aire, revistiéndose de los colores del íris y dando al conjunto una belleza realmente arrebatadora.
De las bocas de los monstruos marinos, de los grupos de estatuas, saltan, se enlazan, se abren en plumeros y abanicos, las caidas del agua, formando un laberinto de cristales, de perlas, diamantes y rubíes.
La altura del monumento será de quince varas; pero su esplendor y grandeza es superior á cuanto he visto en su género. La fuente se llama de Tiler Davison, y el arquitecto parece que fué Prebosco.
Regresé á comer al hotel, donde uno de los amigos me habia recogido unas apuntaciones sobre educacion y caridad, que copio íntegras á continuacion:
"Figura con esplendor entre los establecimientos de beneficencia, la Universidad, fundada por Charles Mc. Mickin; están unidas á la institucion, la escuela de leyes y la de dibujo.
"El colegio de San Javier cuenta con una biblioteca de 12,000 volúmenes, valiosos aparatos para los estudios de química y física, un Museo y una vasta coleccion mineralógica y geológica.
"Hay en Cincinatti una excelente escuela para mujeres.
"La librería del colegio Teológico, pasa de doce mil volúmenes.
"El colegio Médico de Ohio es el primero de los Estados del Oeste, y compite con el colegio Médico de Miami.
"Para la niñez hay un instituto clásico.
"La alta escuela de Hughes es un gran edificio de torres octágonas en las esquinas, y tiene gran celebridad.
"Por último, el instituto mecánico ha hecho grandes beneficios á los pueblos.
"En cuanto á los establecimientos de beneficencia, el primero sin duda alguna, es el Hospital de Cincinatti, que consta de ocho edificios conexos, con amplísimos corredores que parten de un gran patio central, cubierto por una inmensa cúpula y una aguja de ciento diez piés de alto.
"Mencionaremos por último la casa de dementes, el hospital de la Samaritana, casa de refugio y orfanatorio de Cincinatti...."
Serian las cuatro de la tarde cuando estaba Pii triunfal en la puerta del hotel, con un bogue como una araña, tirado por dos frisones como dos torres.
—A paseo, Mister D. Guillermo, me dijo Pii contentísimo, subido en el pescante y empuñando el látigo como un cetro.
No sin graves temores me puse á discrecion de mi alegre conductor, y partimos como exhalacion, haciendo el carruaje violentos y peligrosos equilibrios.
Fuimos á los alrededores de Burnet Wood, que los forma un frondosísimo bosque.
Me encantó Lincoln Park, paseo que aunque no muy extenso, se encuentra admirablemente sombreado y cultivado.
Washington Park, que ántes habia sido un cementerio, apénas lo ví, lo mismo que Hopkins Park, porque Pii quiso pasarme por toda la ciudad, para que no hubiese modista, ni florera, ni cantinero, ni limpiabotas, que no le viese en el desempeño de su importante mision.
Por no tener espectadores, Pii sin duda no me condujo á visitar el cementerio, que dicen es bello y contiene hermosos monumentos, entre otros el mausoleo de Dexter, que es realmente una capilla gótica, y una estatua de bronce fundida en Munich, que representa un soldado atlético, y se colocó allí en memoria de los voluntarios del Ohio que murieron en la guerra.
Aquellos caprichos y aquellos chicoleos de Pii me dejaron sin ver lo que se llama el Rhin, que es propiamente una seccion de la ciudad, situada del otro lado del rio y muy notable por su originalidad.
Es de advertir que más de una tercera parte de la poblacion de Cincinatti es de alemanes, y alemanes ubicados en aquella parte de la ciudad.
Fachadas de las casas, rótulos, muebles, trages y fisonomías, son alemanes.
Los teatros y los templos recuerdan á las ciudades y á las aldeas alemanas; sobre todo, los beer gardens (jardines de cerveza), desplegan desusado lujo, y los nietos de Goeth y de Schiller están allí como en sus glorias.
Pii, donde me tuvo más tiempo, fué en Eden Park, situado sobre una colina desde donde se descubren sombrías arboledas, risueñas sementeras, el rio espléndido lleno de embarcaciones, y las montañas cerrando el horizonte á lo léjos. En el centro del park hay dos grandes estanques que semejan hermosísimos lagos.
Aunque á mi entrada en la ciudad habia visto el gran puente colgante suspendido sobre el Ohio, con mucha razon orgullo de Cincinatti.
De torre á torre de las que sustentan el puente, hay 1,057 piés (poco más de 335 varas), y la longitud total es de setenta y cinco varas; tendrá sobre el nivel del agua treinta y cuatro varas de altura.
El puente es de madera y fierro, y su vigámen robustísimo forma tres calzadas, dos laterales como de cinco varas de ancho para la gente de á pié, y una amplia calzada central por donde atraviesa el ferrocarril y transitan carruajes y caballos, miéntras los buques y embarcaciones pequeñas pasan por debajo del puente.
La vista que desde el puente se disfruta es sorprendente: en primer término, á los dos lados del rio, se ven chozas miserables, bar-rooms para marineros, cabañas de pescadores, barrilaje, tercios, arpilleras y tablas á las puertas de los almacenes; pero á medida que la vista se retira de las orillas del rio, se perciben por un extremo grandes edificios, torres, cúpulas y monumentos gigantescos, dominando las apiñadas arboledas, y del otro lado se ven casas de campo, miradores, chimeneas de las fábricas, entre jardines, fuentes y sementeras, que esmaltan y bordan deliciosamente los alegres valles.
Pii, á quien realmente merecí mucha atencion, habia dejado el carruaje á un amigo á la subida del puente, y no sé dónde me procuró un caballero que me dijo habia estado en México y que tenia un establecimiento de curtiduría, que se llamaba: "Los hijos de México," porque, en efecto, sus hijos eran mexicanos.
En efecto, á la izquierda del puente, en una pared blanca, campeaba el letrero de "Los hijos de México," lo cual me dió muchísimo gusto.
El caballero, que se llama D. Manuel, y cuyo apellido no puedo recordar, parece de una instruccion poco comun, y me dijo algunas cosas curiosas sobre el comercio de Cincinatti, que apunté en mi cartera; pero lo hice con tal incuria y con un lápiz tan malo, que apénas por inferencia puedo sacar en limpio lo que van á saber mis lectores.
Ya hemos dado idea de las líneas férreas, que comunican á Cincinatti con todos los grandes centros de actividad mercantil de la Union: ahora no es exagerado asegurar que más de cinco mil embarcaciones frecuentan anualmente su puerto.
La importancia de la industria y comercio de Cincinatti, le ha colocado en el rango de la segunda ciudad comercial de los Estados del Oeste.
La industria manufacturera tiene gran importancia en Cincinatti: se calcula en más de dos millones de pesos. Se fabrican con profusion muebles, puertas y ventanas, y habitaciones enteras que se exportan.
Las fábricas de whiskey producen ochocientos mil pesos.
Pero el grueso de los productos de la industria son fábricas de fundicion de fierro y de cobre, ropa hecha, que rinde dos y medio millones de pesos.
Molinos de aceite, harina, salazon, tabaco y otros artículos, alimentados por muchos bancos de particulares y seis bancos autorizados por el gobierno.
Entre los establecimientos industriales de que no hemos hecho mencion, se cuentan 134 fábricas de aceite y estearina, 8 grandes establecimientos de láminas metálicas, 9 fábricas de papel, 38 de jabon y 7 muelles para construccion de buques de vapor.
—Bueno, me decia yo, y esos hombres ¿son de otra madera distinta de la nuestra, tienen algun secreto para que no los aletargue la holganza, ni los embriague la envidia, ni los entuma la pereza, ni busquen como industria la revolucion y el presupuesto?
¡Oh! si yo fuera gobernante, solo ponia el siguiente artículo en nuestra Constitucion, y me parece que algo se conseguia:
"No ocupará empleo público ninguno, ni podrá en ninguna categoría tener representacion del pueblo, el que no hubiere probado que ha vivido tres años de su trabajo personal é independiente del gobierno."
Con recetitas por este estilo, vdes. verian cómo la cosa marchaba.
Cuando volví al hotel, supe que en el núm. 37 estaba alojada una persona de San Francisco, llegada aquella misma tarde, que habia preguntado por mí.
Era, en efecto, un amigo del Sr. Andrade, que me traia cartas de mis favorecedores de San Francisco: entre esas cartas venia una de mi querido David Guerin, en que me incluia copia de unos versos que le dediqué en San Francisco, y de los que no conservaba ni recuerdo.
Para que no se me pierdan en el barullo de papeles que hay por mis baúles y maletas, aquí los trascribo. Acaso con ellos concilien el sueño mis lectores, como á mí me sucedió....