II

PREÑEZ Y PARTO

Los ilocanos no conocen el asuang, pesadilla de las tagalas preñadas.

Cuando las mugeres de los principales entran en el noveno mes de su embarazo, frecuentan tomar baños y purgas, para que se refresque el feto y no muera: y para facilitar el parto.

Las viejas prohiben á las embarazadas meter leñas en el fogon, porque si equivocan la manera, metiendo la parte del tronco antes que la de la punta, la criatura nacerá de pié.

Cuando se sienten los primeros síntomas del parto, mandan por una comadrona ó comadron. Las de la clase superior necesitan uno de cada sexo: el varón sirve solo para empujar el feto, de modo que ya fuera éste, se le puede despedir; la comadrona recibe la criatura, la limpia …. en fin, es la que asiste á la parida durante el puerperio.

Según los ilocanos, no deben asistir á una parturienta otras personas que su marido, madre y la partera, para que no sea laborioso el alumbramiento.

Las parturientas pasean antes de dar á luz: unas alumbran sentadas en cuclillas y otras acostadas.

Si el feto tarda en salir, bebe la parturienta algunos cocimientos. En Manila, toman á veces chocolate para conservar, dicen, sus fuerzas. Más, si sobreviene una angustiosa situación, entonces el comadrón ó la comadrona se cortan las uñas y extraen con sus propias manos la criatura, acabando á veces con la vida de la infeliz, que haya caido en sus garras.

Después del parto, la comadrona baña con agua tibia la criatura y corta el cordón umbilical con un trozo de caña y es creencia que el acero ó hierro es perjudicial para estas aplicaciones.

Cortado ya, se quema la punta del resto, que luego secan ó curan con polvos de la cáscara de coco.

Después van á arrojar la placenta, con ceremonias especiales, segun sea la provincia.

Los campesinos de Ilocos Súr la cogen y van á colgarla de la rama de un árbol, dejándola á la acción del viento ó de la lluvia. Con ésto, según ellos, el niño logrará la virtud de resistir á los rigores del frío. Otras veces arrojan la placenta al río, para que el niño sea con el tiempo buen nadador.

Los de Ilocos Norte tienen otra manera de hacer estas cosas. Uno, que es por lo regular el padre del recien nacido, despues de envolver la secundina para preservarla del aire, se dirije cabizbajo llevándola á un hoyo, abierto ad hoc de antemano, para sepultarla allí. Es necesario que no dirija su vista á ninguna parte más que al suelo, pues si en su camino se fija en cualquier objeto, la criatura será bizca.

Los naturales del Abra la ponen en una olla, la cual tapan con un pedazo de papel escrito, como los tagalos, para que la criatura sea ilustrada y de talento. Con tales requisitos entierran la olla en el solar de la casa.

El primer alimento, que los ilocanos dan á los recien nacidos, es el jugo de una legumbre conocida en el país con el nombre de amargoso ó ampalea (momordia balsamina.)

A esto sigue la miel, y al cabo de dos ó tres días, la leche.

Las paridas ricas beben cocimiento de raices de corantillo ó zarzaparilla; las campesinas el cocimiento de la trepadora anonang (no es el anonang del padre Blanco), como las tinguianas.

Se soban por las comadronas unos quince ó más días, según dicen, para reponer los huesos que se han dislocado por el parto.