III

BAUTIZO Y «REBAUTIZO»

Los ilocanos toman el nombre de los Santos, cuya festividad se celebra en el día, en que vienen al mundo. Raro es el que no celebre en un solo tiempo sus dias y cumpleaños, porque, según me ha explicado una ilocana, si se dá otro nombre á la criatura, los Santos respectivos suelen darse por ofendidos, acabando por arrancar ó acortar la vida de la criatura; porque parece que no sirven para patronos, sinó solo aquellos, cuyo nombre preferimos.

Sin embargo, los fiscalillos de aquellas parroquias suelen dar nombre comun á todos los que se bautizan en un mismo día, á fin de que el Sacerdote no se canse en decir muchos, apuntándolos con anticipación en los libros canónicos. El que dan, suele ser el del santo, ó santa según los sexos, cuya festividad se celebra en el día del bautizo. Esto lo hacen los fiscalillos con la gente del pueblo, que no se atreva á contradecirles.

Muchos de la clase baja se olvidan ó ignoran el día de su nacimiento y lo fijan como tal el de su nombre ó bautizo.

Preocupaciones. Si durante las ceremonias del Sacramento, se apaga la vela del padrino ó madrina, la criatura tendrá pocos días de vida.

Lo mismo, si no llora la criatura, al echar el Sacerdote las saludables aguas del Jordan.

Si el bautizado no llora, cuando se pone sal en su boca, será virtuoso.

Padrinos. Suele haber uno para cada niño; es decir: si éste es varón no necesita de madrina y vice-versa. El padrino ó madrina, al volver de la iglesia, coge la criatura y la entrega á sus padres con cierta cantidad de dinero para el niño, el cual obsequio se llama pauisit, es decir: para que tenga buena suerte.

Rebautizo. Expliquemos este nuevo término hispano-filipino. La gente del campo suele volver á bautizar á sus hijos pequeñuelos, cuando éstos padecen de grave enfermedad.

Cuando uno es atacado de calenturas malignas, acuden á algún curandero. Y éste pregunta por qué sitios ha pasado, qué es lo que ha hecho su padre, y si ha estado cortando árboles ú otra ocupación en el campo. Después, pide aceite de coco recien extraido y pone en él alguna hoja de betel ó de angelito (yerba que crece en los sotos, de hojas semejantes á las de siempreviva). Si éstas no se agostan, es señal de que la enfermedad no obedece á venganza de algun anito, y vice-versa. En el caso contrario, el curandero encarga que preparen diket (arroz pegajoso), cerdo y gallinas. En el día señalado lleva guitarra ó kotibeng, sable, lanza (gayang), palmas de coco, huevo y una moneda de plata de á real fuerte; los coloca verticalmente, sin apoyarlos en nada, y se pone á bailar, zarandeándolos delante del enfermo; luego atraviesa con la lanza el cerdo que debe estar allí amarrado. Muerto éste, le queman la piel, lo parten en dos y llevan una mitad al lugar donde haya cortado árbol ó estado el enfermo, gritando:—Amigo, (el anito) aquí está lo que te corresponde. La otra mitad se condimenta para los concurrentes. Después, de la comida, el curandero pone boca abajo un plato de madera (latok) y en el respaldo traza una cruz, diciendo que cambia el nombre del enfermo, para que éste se cure y el que no siga aplicándole este nuevo nombre, padecerá de hernia, si es varon, y se le bajará la matriz, si es muger. O descarga en el acto, un golpe de machete en algun harigue.

Estas ceremonias se llaman buniág ti sirok ti latok, ó simplemente buniág, de Kabunian ó Buni, dios de los antiguos ilocanos, según el citado P. Lopez, por lo que se prohibió aplicar aquel vocablo al verdadero bautismo en un concilio provincial de Kalasiao, Pangasinan,

De ésto resulta el que muchos ilocanos son conocidos por nombres distintos de los que tienen en los libros canónicos.