INTRODUCCIÓN
A la escasez de conocimientos con que constaban los antíguos, la suplía su atrevimiento, el cual estaba en proporción con su grande ignorancia. Así es que si los antiguos no dejaron de dar soluciones á ningún problema científico, esas pretendidas soluciones, por lo peregrinas, suelen arrancarnos grandes carcajadas. ¡Si supiéseis de quién creían qué hemos descendido los indígenas de Filipinas!….
Pero á medida que las ciencias progresaban y se descubría que los errores obedecían á hipótesis y á datos no bien comprobados, se procuró buscar éstos, examinándolos con mayor escrúpulo, y al fin, en la Antropología, la Prehistoria y en todas las demás ciencias relativas al hombre primitivo, húbose de reconocer gran escaséz de materiales que al contrario, debieran abundar, para poder sostenerse seriamente alguna teoría científica.
Cuando esto se notó, hace poco,[1] muchos sábios antropólogos y etnógrafos dejaron de fantasear sobre bases no bien averiguadas, lo que es impropio por cierto de autores concienzudos, y una vez emitida en Inglaterra la idea de crear una escuela que recogiese para estudios futuros materiales no solo en los países selváticos, sino también en la clase popular de Europa, enseguida se propagó con tanta aceptación, como grande era el vacío que venía á llenar.
Esta escuela es la folk-lórica, de la palabra sajona FOLK-LORE, que significa literalmente saber popular. Su objeto, en un principio, se reduciría á recoger esas leyendas, tradiciones, consejas y supersticiones que conserva el pueblo, para de su estudio y comparación con las de otros paises, deducir teorías relativas al hombre prehistórico.
Después se ensanchó la esfera de su acción para que pudiera servir no solo á las investigaciones antropológicas y etnográficas, sino también para enriquecer las demás ciencias existentes, como la Medicina; y acaso para crear otras nuevas, como nacieran p. ej. de la Astrología, la Astronomía, y la Química de la Alquímia, que diría el folk-lorista Dr. Machado y Alvarez. En una palabra, archivo general al servicio de las ciencias todas.
Según la primera de las bases establecidas por los folk-loristas españoles, el Folk-Lore tiene por objeto recojer, acopiar y publicar todos los conocimientos del pueblo en los diversos ramos de la Ciencia, (Medicina, Higiene, Botánica, Política, Moral, Agricultura, Industria, Artes, Matemáticas, Sociología, Filosofía, Historia, Antropología, Arqueología, Idiomas, etc.); los proverbios, cantares, adivinanzas, cuentos, leyendas, tradiciones, fábulas y demás formas poéticas y literarias del pueblo, los usos, costumbres, ceremonias, espectáculos y fiestas familiares, locales ó provinciales, los ritos, creencias, prácticas, supersticiones, mitos y juegos infantiles, las locuciones, jiros, trabalenguas, frases especiales de cada localidad, motes y apodos, ocurrencias, modismos y voces infantiles, los nombres de sitios y lugares, que no se mencionan en mapas; los de piedras, animales y plantas; y en suma, todos los elementos constitutivos del genio, del saber y de los idiomas, contenidos en la tradición oral, en los monumentos y en los escritos, como materiales indispensables para el conocimiento y reconstrucción científica de la historia y cultura.
Y con arreglo á la base 3.a, los folk-loristas deben tener como principal objetivo la fidelidad en la trascripción y la mayor escrupulosidad en declarar la procedencia de las tradiciones ó datos etc., que recojan, utilizando, cuando el estado de sus recursos lo consienta, la escritura musical, dibujo, taquigrafía, fotografía y demás medios adecuados para obtener la fidelidad en la reproducción.
El Folk-Lore, pues consta de secciones de Literatura, Poesía, Historia, Prehistoria, Geografía, Bellas Artes, Arqueología, Jurisprudencia, Economía política, Pedagogía, Medicina, Botánica, Zoología, Mineralogía, Geología, Física y Química, Matemáticas, Moral, Sociología, Lingüística, Fonética, Industria, Agricultura, Astronomía, Mitografía, Etnología, Demopsicología, Demotopografía, Bibliografía, Cosmogonía y, en una palabra, todos los ramos del saber humano.
Y á fuerza de ensanchar, acaso exagerando, el prístino concepto del Folk-Lore, los españoles llegaron á considerarlo como ciencia, y los folk-loristas acabaron por no entenderse unos á otros, habiendo necesidad de abrir una discusión internacional para fijar la verdadera definición del Folk-Lore.
Y el Sr. Director del Boletin Folk-Lórico de Sevilla, tomándome por el representante de Folk-Lore filipino, tuvo la atención de pedir mi humilde opinión sobre esta cuestión y mi informe, que encontrareis mas adelante, se publicó en el Boletin de la Enseñanza Libre, de Madrid.
De todos modos, escusado será encarecer la utilidad del Folk-Lore á Filipinas. Este pais necesita mas que las naciones europeas de uno ó muchos que recojan las tradiciones, costumbres, consejas, supersticiones etc., para que luego los doctos puedan con ellas hacer comparaciones, que tengan por objeto escudriñar los misterios mil que encierra el pasado de estos pueblos.
¿Quién puede asegurar de fijo cuáles fueron los aborígenes de este Archipiélago? En un principio yo opinaba que los ilocanos eran de raza distinta que los tagalos, en razon á que existen algunas diferencias, tanto que muchas veces distingo á primera vista por su solo aspecto el uno del otro. Pero después de haber yo estudiado detenidamente las costumbres, supersticiones y tradiciones de uno y otro pueblo, me mudé de parecer.
Ya se ha visto que el estudio de las consejas, leyendas y supersticiones de los ilocanos, me sirvió para reconstruir su Mitología ó Religión primitiva, que no mentan siquiera los historiógrafos de Filipinas, y, sin embargo, ninguno probablemente se atreverá á ponerla en duda, si el amor natural á los propios escritos no me engaña.
Y ¿qué no esperaremos del Folk-Lore filipino respecto á la Medicina, cuando las plantas del país son todas sin excepción medicinales?… Es claro que la Flora filipina escrita por Blanco, Mercado, Llanos y otros autores dista mucho de ser completa, y puedo asegurar sin género alguno de duda que en cuanto á su aplicación á la Medicina, muchísimos secretos dejaron de descubrir Sta. María, Clain, Gregorio Sanz y otros que han escrito sobre la materia.
Digamos ahora algo de la historia del Folk-Lore filipino.
En 25 de Marzo de 1884, La Oceanía Española habló por vez primera del asunto en su artículo de fondo titulado “Folk-Lore de Filipinas,” invitando á sus lectores á aportar su contingente y para ello les trazó un programa más ó menos completo.
Yo, entonces jóven de 19 años, empezaba á cobrar afición al periodismo, y el muy inteligente como amable Director de dicho periódico don José Felipe del Pan estimuló mis aficiones con algunos regalos de libros y me suplicó escribiera el Folk-Lore ilocano. Y en 24 de Mayo de 1884 dí comienzo á dicho trabajo y después publiqué algunos artículos sobre los Folk-Lores Malabonés, Zambaleño y Filipino, escribiendo en este último los materiales folk-lóricos que eran de carácter general en el Archipiélago. Debo, pues, rendir aquí tributo de gratitud al Sr. del Pan, y yo deseo sinceramente que hoy me quisiera como antes á su antíguo discípulo, el jóven indígena.
El Dr. Machado y Alvarez, iniciador del Folk-Lore Español, y el Sr. D. Alejando Guichot y Sierra, Director del Boletin Folk-Lórico de Sevilla, principies figuras folk-lorísticas de España, acabaron de inclinarme á esta nueva ocupación del pensamiento, estimulándome; me regalaron todas las obras folk-lóricas que se publicaron en España; me ponian al corriente de todo, me alentaban y por su encargo dirigí en 15 de Marzo de 1885 una carta propaganda, que publicó y secundó la prensa filipina; pero no surtió mas efecto que unos preciosos artículos, titulados Alrededor de un cadáver, que el celebrado pintor don Miguel Zaragoza tuvo la amabilidad de dedicarme en El Porvenir de Visayas.
Lo que lamentó con razón el inteligente médico como castizo escritor D. José Lacalle y Sanchez, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Manila y autor del etnográfico libro Tierras y Razas, en 27 de Junio de 1885 con el pseudónimo de Astoll.
Hé aquí unos párrafos suyos que nos dan idea perfecta de lo que acaeció:
“Un ilustrado hijo del país—escribe—apreció la utilidad de la empresa (del Folk-lore) y no dudó en intentar su realización, apercibiendo para ello sus bríos y sus dotes todas …. Solo la prensa ayudó los buenos propósitos del iniciador, pero sus gestiones tuvieron el mismo éxito que otras muchas que ceden en beneficio de nuestra cultura. Por eso el Folk-Lore filipino no se constituirá. A ello se opone la desidia y abandono de unos y la indolencia de todos.”
Para recoger del saco roto la organización del Folk-Lore regional filipino, juzgué oportuno contestar al revistero del Comercio y aprovechando su indirecta, aparenté sostener que en Filipinas había personas ilustradas y estudiosas que pudieran acometer la empresa.
Astoll me contestó con un artículo digno de su autor, en el que se leían entre otras las siguientes líneas, que trascribo por la verdad que encierran:
“Solo suponiéndole dotado de una gran dosis de buena fé, se alcanza á comprender el entusiasmo y la fé que le animan en una empresa, por demás noble y civilizadora, pero completamente estéril donde por lo visto, solo crecen lozanos el camagón y el molave.
Sin embargo, el citado escritor dijo:—“quiero también llevar á ese campo que V. cultiva con esmero, el grano de arena salido de las sinuosidades de mi cerebro.”
Y pasando á demostrar la utilidad del Folk-Lore filipino escribió:
“De lo que no sabemos nada, absolutamente nada, es de ese pasado misterioso cubierto aun por espeso velo que no han logrado romper las escasas investigaciones de algunos hombres, y que oculta cuidadosamente la cuna de estos pueblos.—Y por eso la ciencia antropológica sabe del hombre filipino tanto como de los habitantes de la luna. Y la etnología, la etnografía, la lingüística y otros ramos del saber, solo saben … que no saben nada … Y teniendo en cuenta por otra parte, que el primitivo pueblo filipino no dejó su pasado escrito en papeles ni monumentos, claro aparece que solo en la tradición, en las prácticas supersticiosas, en las costumbres primitivas que hoy se conservan por muchos, es posible encontrar los materiales necesarios á la obra histórica que nos ha de proporcionar el útil conocimiento de tiempos y cosas que pasaron.—Cuando la locomotora cruce los campos filipinos y ponga en comunicación todas las provincias, llegarán á éstos los hábitos y costumbres de los modernos pueblos y desaparecerán, como van desapareciendo de Manila, los usos propios de este hermoso país.—Y si antes que esto ocurra, no se han recogido los materiales existentes, la historia perderá una de sus hojas mas curiosas; aquella destinada á las regiones levantadas sobre el Océano.—¿Quién puede impedir que esto suceda? ¿Quién se dedicará á explotar los tesoros de la tradición?—El Folk-Lore podría encargarse de ello.—Por eso yo he creido que esa institución era la llamada á crear el museo donde los doctos estudiasen mañana el pasado de estos pueblos. Y por eso he defendido la importancia del Folk-Lore; y he tributado á V. mis plácemes y alabanzas.
“Además, en el Folk-Lore podría quizás tener orígen la poesía filipina; es decir, la poesía inspirada en asuntos filipinos y nacida en la mente de vates filipinos. Y aquí oigo ya, Sr. de los Reyes, las burlonas carcajadas de alguno de esos faroles, que tanta gracia le han hecho á usted. Pero déjelos que se rían, porque esos mismos se reían también de otras manifestaciones del ingenio de este pueblo, y luego bajaron la cabeza confundidos ante los laureles de Luna y Resurrección. Y no hay que dudarlo, en las tradiciones populares del país brotará algún día la fuente de la inspiración, si esas tradiciones llegan á ser del dominio público. En esas tradiciones y en esas prácticas supersticiosas, que V. va dando á conocer, podrán inspirarse algún día vates insignes, amadores entusiastas de las peregrinas bellezas de este rico vergel.”
Y en otro artículo dijo el mismo autor: “Y si sus trabajos é investigaciones (los del Folk-Lore) hacen relación con pueblos como el filipino donde el carácter de los naturales ha sido retratado únicamente por brochas de torpes enjalbegadores, compréndese bien cuanto habría de ser el provecho que de esa institución podría obtenerse.
A su segundo artículo, repliqué demostrando que la tarea folk-lórica no era obra de romanos y aludiendo directamente á ciertas corporaciones que hubieran podido acometerla.
Y el ingenioso y benévolo Astoll se limitó á contestarme lo siguiente:
“Voy á concluir con un párrafo que no reza contigo, amable suscritor; se dirige al Sr. don Isabelo de los Reyes, á quien felicito por su última eruditísima carta, que he leido con placer. Cumplo gustoso este deber de atención, pero como desgraciadamente, en el asunto del Folk-Lore sigo las corrientes de un pesimismo funesto, no puedo sostener una polémica, á mi juicio completamente estéril.”
La prudencia no le podía haber dictado otra cosa.
Y con esto concluyó la polémica, que iba á ser interminable, si mi distinguido contrincante no la hubiera cortado, porque con ella yo creía propagar las ideas folk-lóricas y despertar afición á ellas, aunque realmente estaba del todo conforme con Astoll, por lo que escribiera en mi primera epístola: El pesimismo de usted me espanta, quizás tan solo porque se opone al ideal que yo acaricio. Y en la segunda, estas palabras: Aunque muy bien puede ser que mis veinte años de edad aun no me hayan dado á conocer la gente de mi propia casucha.
Meses antes de esta polémica dije á los folk-loristas peninsulares, que me invitaban á promover la organización de sociedades folk-lóricas en Filipinas, lo que mas tarde me había de repetir Astoll, por lo que el Sr. Director del “Boletin Folk-lórico” de Sevilla me contestó aquellas palabras, que he trascrito en mi segunda epístola, para animar á Astoll: “por muchos obstáculos que se opongan á un pensamiento tan grande como el mundo, aquel se desarrollará.”
Días después de haber yo publicado mis artículos folk-lóricos, se insertaron en La Oceanía Española otros de Bulacan, Pampanga y Tayabas, debidos á los ilustrados jóvenes filipinos don Mariano Ponce y Collantes, el Sr. Serrano Lactao y D. Pio Mondragon.
Para escribir artículos folk-lóricos, se necesitan buena fé, exactitud y verdad absoluta, estando desterrados del Folk-Lore las prosas y todo lo que sea puramente imaginario, porque se trata de reunir datos para las ciencias y claro aparece que aquellos deben ser positivos.
Ahora bien: si esta colección de mis artículos folk-lóricos tiene algun mérito, que no encuentro, consistirá únicamente en la fidelidad y buena fé en la descripción, y en su novedad, versando sobre conocimientos populares y costumbres de las que no se leen con frecuencia en los libros sobre Filipinas.
Y tanta es mi imparcialidad, que he sacrificado á la ciencia el cariño de los ilocanos, pues que se quejan de que he sacado á relucir sus prácticas no muy buenas.
Pero he de advertirles que he recibido entusiastas plácemes de varios sábios de Europa, los cuales dicen que con el Folk-Lore ilocano, dejando á un lado patriotismo mal entendido, he prestado señalado servicio á Ilocos, mi patria adorada, pues con él he dado materiales abundantes á los doctos para que puedan estudiar su prehistoria y otros problemas científicos, referentes á aquella provincia; y mis artículos publicados en La Oceanía Española, fueron traducidos al aleman por las muy importantes revistas científicas de Europa el Globus y Ausland, lo cual prueba que se trata de algo mas serio que el ridiculizar á mis paisanos, que ya sabrán corregirse, después de verse retratados.
Y hablando de patriotismo, ¿acaso no se ha dicho varias veces en periódicos que para mí solo son buenos Ilocos y los ilocanos? Esos artículos y gacetillas de la prensa filipina dando á conocer los méritos de éstos, defendiéndoles y pidiendo para ellos buenas reformas, ¿á quién se deben?… Cada uno sirva á su pueblo segun su manera de pensar, y yo con el Folk-Lore ilocano creo contribuir á esclarecer el pasado del mío. Todo esto he sacado á relucir, porque para mí, el peor de los hombres es el infeliz que no esté dotado de ese sentimiento noble y sagrado, que llaman patriotismo.
[1] En el periódico inglés The Atheneum usó en 1846 por vez primera la palabra Folk-Lore, Mr. William J. Thoms, iniciador de esta idea en Europa, y en 1878 fué establecida en Lóndres la primera sociedad folk-lórica. [↑]