TERMINOLOGÍA DEL FOLK-LORE

(Informe del autor pedido por los folk-loristas españoles)

Hermano de los selváticos aetas, igorrotes y tinguianes y nacido en esta apartada colonia española, donde la civilización brilla aún con luz muy ténue, confieso sinceramente que muy poco, ó mas bien dicho, nada sé yo de la nueva ocupación del pensamiento humano llamado Folk-Lore.

Impulsado por la atenta invitación de mi amigo el ilustrado Sr. Director del Boletin[1], tomo sin embargo, la pluma para indicar el humilde concepto que me he formado de las diversas opiniones sobre el verdadero sentido del vocablo sajon Folk-Lore.

La primera cuestión que se me presenta, al definir el Folk-Lore, es la de si es ciencia ó no.

Para Mr. Nutt es ciencia: dice que es la Antropología referente al hombre primitivo, y la Antropología es ciencia. Afirmo lo mismo de Mr. E. Sidney Hartland, que define el Folk-Lore así: la Antropología que estudia los fenómenos psicológicos del hombre inculto; de Mr. Gomme, autor de la definición siguiente: “La ciencia que trata de las supervivencias y costumbres arcáicas en las edades modernas:” y de Wake, que da esta definición: aquella parte de la Antropología, que trata de los fenómenos psicológicos del hombre primitivo. Según el Sr. D. Alejandro Guichot y Sierra, los españoles han sido los primeros en considerar como ciencia el Folk-Lore. En efecto, el Dr. Machado y Alvarez es de los que sostienen que el Folk-Lore es ciencia y lo define de esta manera: “La ciencia que tiene por objeto el estudio de la humanidad indiferenciada ó anónima, á partir desde una edad que puede considerarse infantil, hasta nuestros días.”

Mr. Wheatley asevera á su vez que el Folk-Lore apenas puede llamarse ciencia, si bien es verdad que esta afirmación es difícil de compaginar con la definición que da del Folk-Lore: la ciencia no escrita del pueblo.

La eminente escritora Sra. D.a Emilia Pardo Bazán, presidente del Folk-Lore Gallego, asegura que el objeto del Folk-Lore es “recoger esas tradiciones que se pierden, esas costumbres que se olvidan y esos vestigios de remotas edades que corren peligro de desaparecer para siempre, para archivarlos, evitar su total desaparición, conservar su memoria y formar con ellos, por decirlo así, un museo universal, donde pueden estudiar los doctos la historia completa de lo pasado.”

Como se observa, para ella el Folk-Lore por su objeto, no es más que mero colector: no es ciencia.

Antes de dar la razón á una de las dos opiniones contrarias, voy á recordar á mis lectores el adagio vulgar y muy práctico que dice: el que mucho abarca poco aprieta.

En efecto, el Folk-Lore, con solo recoger y acopiar todos los conocimientos, usos y costumbres de la gente no ilustrada, aún no estudiados, tiene muy larga tela que cortar.

Y si no se contenta con reunir materiales y pretende además estudiarlos científicamente ó reducirlos á un sistema bien ordenado, es decir, llegar al desideratum de todas las ciencias, yo no puedo calificar el objeto del Folk-Lore si no de casi imposible.

¿Qué se entiende por ciencia?

Si me fijo en la definición, que de ella dan los filósofos, me espanta sobremanera la idea ó pretensión de los que consideran como tal el Folk-Lore.

Sin embargo, en esto de limitar el trabajo del folk-lorista á recoger materiales, encuentro un inconveniente: tal es la pretensión muy general de parecer sábio, erudito u otros epítetos por el estilo.

Por eso, es necesario transigir con la vanidad de todos, so pena de morir en su infancia el Folk-Lore, en razon á que alguien diría: recoger cuentos y otras simplezas, es ocupación de viejas.

Y además, esta pretensión de los folk-loristas de explicar científicamente y de comparar, haciendo alarde de su erudición, es util, no ociosa.

Convengo, por consiguiente, en que una nodriza ó cualquier palurdo que sea colector de cuentos, no pueda llamarse folk-lorista, porque éste es instruido y se sujeta á ciertas reglas.

Pero la definición rigorosa del Folk-Lore es, segun mi entender, la siguiente:

La ocupación del pensamiento humano, que tiene por objeto recoger todos los datos que la gente no ilustrada conozca y tenga, que aun no hayan sido estudiados.

Por manera que estoy muy conforme con Wheatley en que el objeto del Folk-Lore puede existir actualmente en el siglo XIX.

Quizá muchos folk-loristas europeos no se conformen con nosotros; pero veamos un ejemplo:

Supongamos que un salvaje de los bosques de Abra descubra en estos días por mera casualidad que tal fruta cura el cólera-morbo con mayor eficacia que el virus anticolérico del doctor Ferran, decidme, folk-loristas: ¿no os apresurariais á apuntarlo en vuestros mamotretos folk-lorísticos?

¿Nó?

En este caso, el Folk-Lore perdería una joya que puede muy bien reclamar, dado que su significación etimológica no excluye los conocimientos del pueblo, que no sean tradicionales.

Y aquí veis que la medicina folk-lórica no siempre es magia, cual parece pretender Mr. Wake.

No encuentro mal la primera división del Folk-Lore en Folk-Thought (pensamiento popular), y Folk-Wont (usos y costumbres del pueblo), que hace Mr. Hartland; y me parecen excelentes las secciones científicas del Folk-Lore Andaluz, que trató de establecer el Sr. D. Alejandro Guichot y Sierra; pero como no cuento con ningún colaborador para escribir este libro, adoptaré una división mas sencilla arreglada conforme á mi opinión y los materiales de que dispongo.

Es bueno economizar los términos extrangeros, cuyo derroche, á más de ser ridículo, siembra confusión.

Hé aquí mi humilde opinión.

Enseñad ahora al modesto indígena de Filipinas si ha incurrido en error.


[1] Este artículo se publicó en el número del Boletin de la Institución Libre de Enseñanza de Madrid, correspondiente al 31 de Agosto de 1885. [↑]