VII

COMPOSICIONES ERÓTICAS

Estas parecen mejores que las anteriores y hácia ellas llamo la atencion de los que quieran penetrar en el corazón de la poetisa ilocana ó de los ilocanos en general, pues que reflejan sus sentimientos,

1.a

DECLARACIÓN SIMBÓLICA

Iti lennaao ti Abril sinibuganna

ti sabung á nalasbang ti caliz nasilaoanna

quet iti naidumat sayamusom sinacnapna

ti maysa ng̃a agayat naliolioa.

¡Oh! nasudi á jardin quet nasalumpaya

daguiti busel ti rosas quen azucena

iti raniag ti Init ti caarigna

quet ti annaraar ti pagbiaganna.

Iti ng̃ad clavel, quen amapola

quen dadduma á sabung á narang̃paya

daguiti agadioara á ayamuomda

napacmer ti doctor ta nasay-opnaca.

Quet iti balitoc á naidumat pategna

á mapurar ti macaquita

ti bituen Matutino á conada

maatiopay ng̃arud ti raniagna.

Daguiti babbalasang á maquita

isoda á macaaois iti sayaatda

iti sayacsacda á naiduma,

á pagpupunipunan ti liólioa.

Naarcusanda ti nadumaduma

ti boocda á simmampaga

iso á macagargari ng̃a agdama

á rasucan ni ayat á napigsa.

Imatang̃am, morena,

ti naapgues á panagayatna

ta mayarigac iti maisa á amapola

á sinacnap ti Abril ti ayatco quenca.

VERSIÓN DE LA ANTERIOR

El rocio de Abril ha recado el brillante cáliz de una lozana flor, y su suavísimo aroma ha embriagado y consolado á un triste adorador.—Semejas á un jardin ameno y repleto de rosas y azucenas; semejas á la luz solar, de que viven aquellas.—El perfume de los claveles, amapolas y otras flores no es tan suave como tu dulce aroma, enamora hasta el preocupado doctor ó sabio.—Y el valioso oro que deslumbra á quien lo mire y el que llaman astro matutino, ambos se apaganan ante tus fulgores.—No te igualan ni las solteras, cuyos encantos singulares atraen y consuelan; cuyas cabelleras adornadas con sampagas encienden amor volcánico.—¡Ay morena! escucha y mira que soy como la amapola sedienta de amor, y tú el rocío que me pudiera, salvar.

2.a

DESESPERACIÓN

Amang̃an á ragsac quen talecda

daguiti adda caayanayatda

ta adda piman mangricná

cadaguiti isuamin á asugda.

Ni gasatco á nababa

aoanen ng̃atat capadana,

ta cunac diac agduadua

ta agdama ng̃arud ng̃a innac masagaba.

Ta nupay no agayatac

iti maysa á imnas

aoan lat pangripripiripac

ng̃a adda pacaibatugac.

Ilunudconto ti horas,

ng̃a innac pannacayanac

ta mamenribo coma á naseseat

no natayac idin ta nayanacac.

Gayagayec comá á ipalaoag,

ng̃em bumdeng met toy dilac,

á ta maquitac met á sibabatad

ng̃a ni paay ti calac-amac.

Ng̃em umanayento á liolioac,

ti pannacaammon itoy á panagayat,

ta icaric quenca quet isapatac

ng̃a sicá aoan sabali ti pacatayac.

VERSIÓN DE LA ANTERIOR

¡Qué gozo y satisfacción deben esperimentar los que tienen amantes, que escuchen y sientan sus quejas.—Mala es mi suerte, no tendrá su igual, y lo digo por los tormentos que estoy sufriendo.—Porque, aunque adoro en una hermosura, no encuentro indicio alguno de que yo fuese digno de ella.—Maldigo la hora en que nací, y preferiría haber muerto en aquel mismo momento.—Trato de declarar mi pasión, pero mi lengua enmudece, porque preveo claramente que merecería desden amargo.—Pero bastará para mi consuelo que conozcas mi pasión y te juro que no es por nadie, sino por tí me muero de amor.

3.a

OTRA DECLARACIÓN DESESPERADA

Dayta imnasmo agnanayon á dardarepdepec

tumungal rabiy no innac maridep

cas maquisasao-ac quenca á sumasainnec

quet iti yas-asugco, ti liday, tuoc á sagabaec.

Nenang, timudem daytoy ut-utec

á pagsasainnecac ití naap-gues

á gapu piman iti aoan á caicarianna quen pateg,

gupdecon á toy rigatco á sanaang̃ec.

Oen imnas ta aniacad ti urayec

no gulibto met ti lac-amec

nasamsam-it la ng̃a aoatec

ti patayco no sicat mangted.

Daytoy biagco adda quenca á sitatalec

no naquemmo uray magsat toy ang̃es;

bang-aram cadin toy pusoc à sumasainnec

á umay umipeng cadaguita daeg.

Timudem detoy ut-utec

á pagsasaibbecac iti naapgues

ta no ni ayat mabati quenca à sumasainnec

quet ti tanemmo sangsang̃itan na canto met.

Daytoy bangcayco umasogto iti nabileg,

quet conanto ti tao á macang̃eg:

¡ay asipay unay ti gásatna á daques

ta napaay á aoan pateg!

VERSIÓN DE LA ANTERIOR.

Siempre, todas las noches, estoy soñando en tu hermosura, y en mis sueños me figuro quejarme dolorido ante tí; quéjome de los tormentos y pesares que sufro por tí.—Nenang, escucha lo mucho que padezco y lloro amargamente, y porque no soy digno de tí, voy de una vez á poner fin á mis penas.—Sí, hermosura; ya que no espero si no tu cruel desaire, prefiero recibir la muerte, con tal que sea de tus manos.—Mi vida depende de tí; si es tu voluntad, mi respiración cesará; calma ya el dolor de mi corazón quejoso y permite ya que encuentre alivio en tus encantos.—Escucha mis amargos ayes, que aunque yo me muera, mi amor no te abandonará con sus quejas, aún estando ya tu en la tumba.—Mi cadáver hará oir sus llantos atronadores y dirá el hombre que me escuche: ¡pobre es su suerte, porque fué desdeñado!

4.a

AYES DE UN BURLADO.

En mi libro intitulado Ilocanadas[52] escribo:

«Son así los ilocanos: los ricos no suelen tomarse la molestia de cortejar á sus adoradas, lo cual es por cierto muy penoso muchas veces, porque en Ilocos no se permite hablar con las jóvenes; y saludarlas, á veces lo toman por cinismo y nos insultan sólo por ésto; en cambio hay malos correos tan malos como todos los de Filipinas. Por tal motivo los ricos se limitan á comunicar á sus padres sus deseos de casarse con tal señorita, á fin de que ellos, los trasmitan á la familia de ésta, la cual, estimulada con la riqueza del pretendiente, suele aceptarlos, aún sin consentimiento de la jóven, que no siempre lo aprueba, por tener ya otro novio de su cuenta y riesgo.»

Esto mismo ocurrió á dos jóvenes que se amaban con delirio y cuando menos lo pensaban, la señorita se vió obligada por sus propios padres á casarse con otro, y ahora, ¿qué diría el amante burlado á su amada? El pobre no pudo manifestar su odio y dolor, y hubo de suplicar á Florentino se hiciese eco de lo que sentía, y esta señora escribió la siguiente poesía. Admira que una mujer haya podido interpretar fielmente lo que debía sentir un hombre y no una mujer. ¡Lastima que los lectores europeos no comprendan el idioma ilocano, y sobre todo las especialidades del gusto literario de estos malayos, porque es imposible traducir dicha composición con la debida fidelidad, para que no se mermen sus bellezas.

Em-emac comá iti saquit

toy pusoc ng̃a sumasaibbec,

tapno diac coma ni mananám ti pait

ti pannacaisinam á saquitec.

Maipapilit ta diac niel, maibturan

ti di aglading̃it quen agleddaang.

ta incat itay suminan

itoy nabiit unay á quinadindinnam.

. . . . . . . . . . . . . .

¡Ay gasat ayauaayen ayá

ti banag ni ayat quen tuagpalna!

ta lacsidem man toy si-inanama

cadaguita ragsacmo quen liolioa.

Gapuna adi agsarday ti panagsangsang̃it,

toy pusoc agnanayon á sisasaibbec,

gapu amin quen ayat á naidadnés

á nangted ti nacaro unay á lading̃it.

Tacunaynayem cad ti siririgat

ng̃a liday toy pusoc á sipapasag

ta cas as-asuguen detoy ricuac

ti naldaang unay quenca á pannacaisinac.

Asiacpayen á maicaoa

amang̃an ta naclaat á naisina

ta daguidi dungng̃o á inruamna

nó itayen quet pusayenna.

Ruam cad pay ita ni dungng̃ó

saanen ta panang̃iculbó

ta diac impapan quen impato

ng̃a ayatco piman ti mairubo.

Cas gamut ng̃a nabalanatan

pusoc quen ricnac ti cas maaoan

alá P …, ison, isunan,

isun ta gulibmo ta innac capnecan.

Conac ata dica met gaoidan

ta aniacad toy aoan inna caicarian,

ta uray liolioa coma á innac pagragsacan

antá patayco quet ng̃a pacauluyan.

Imbilangco á laoag ng̃a naiddep

oenno ananayco á naidegdeg,

guibusam laeng ta turdec

ni patay tang̃ay sicat mangted.

Ubbuguempay ti naut-ut-ut

quen nangnangrona á caro ni tuuc

tang̃ay sioaoacnit toy pusoc

quet siraragsacac met á omaracup.

Itan ta simminaca

maulilanto metten daguitoy matá

¿sadin ti yanmon?—inhoranhorasto á innac concona

—¡¡ay aoanen di naidumat ragsacna!!

Iti laguipmo dicanto idian

ditoy ili á nacayanacam

nupay ragsacto laeng ti calac-amam

dinto coma ipalubus ta gasatmo á didiay ti pacabatiam

Luluac met ita ti ibuyogco

ng̃a gapu ti leddaang toy puso

quet sapay coma dayta tacnengmo

dinto racraquen ni limdó.

Agdiosac met ti cumuyog quenca

iti ipapanmo diay Abra

iti laguipmo dicanto comá isina

cadaguiti silalading̃it á mamalubos quenca.

VERSIÓN DE LA ANTERIOR POESÍA.

Querría yo ocultar y olvidar el dolor que esperimenta mi corazón lloroso, para que no se exacerbe mi amargura por tu separación.—Pero no puedo menos de llorarla y manifestarte mi sentimiento, porque ya te vas á separar del que hace poco era tu amante.—¡Oh suerte! ¿éste es el fin del amor que me sonreía con esperanzas, dichas y satisfacciones?… Por eso, no cesa de gemir mi corazón, por mi amor burlado, que me causa un dolor profundo.—Dirige siquiera una mirada á mi corazón, que está desfallecido de tanto llorar por nuestra triste separación.—¡Ay de mi! que voy á privarme repentinamente de las finezas con que me acariciaba constantemente.—Ya no es amor sino traición … yo no esperaba que escarnecerías mi pasión.—Como si me hubieras envenenado con balanat (planta muy venenosa); paréceme que mis sentidos se desvanecen; basta ya, basta tu crueldad, basta ya, que bien la conozco.—No te detengo, porque ¿qué puede hacer este pobre indigno de tí?… no te detengo, aunque me hayas dado la muerte en vez de la vida que yo esperaba;—Para mí, lo que has hecho es sólo como una luz que se apagó, ó una desdicha que se aumentó á la crueldad de mi destino; sigue atormentándome, acaba de darme la muerte que recibiré gustoso, con tal que venga de tí.—Deja que la fuente de los más amargos pesares anegue mi corazón, que resignado, todo lo padece.—Cuando te alejes de aquí, se quedarán huérfanos mis ojos: ¿donde estas ya?—diré á todas horas—¡ay! ¡¡no está mas la de singular hermosura!!—Nunca separes tu memoria de este pueblo donde naciste y aunque gozes siempre de placeres, ojalá tu suerte no permita que te quedes en el pueblo á donde vas.—Acompáñante en tu viaje las lágrimas de mi corazón, y ojalá tu honradez no se manche.—¡Dios te acompañe al Abra!… no olvides jamás á los que pesarosos te despiden.


Por la traducción—direis—trasparentamos ó suponemos en la anterior poesía frases sentimentales, que no dejarían de hacer llorar á la novia infiel al considerar el mal que ha hecho á su antiguo amante; pero la autora suprime esa indignación justa é indispensable en todo hombre honrado tan villanamente burlado. Y ¿por qué frases melifluas, sino reprensión severa? ¿O es que los jóvenes ilocanos carecen de amor propio?… No, al contrario: en Ilocos rarísimo es que estos casos no terminen en asesinatos. Allí no se cometen homicidios sino por los celos. En un caso semejante,[53] no se cometió asesinato; pero el novio ofendido dió una serenata á la novia en la víspera de la boda, en la que entonaron á grandes voces infamias é insultos que ofenden á todo oido honrado; y al día siguiente fijó el novio burlado en la puerta de la iglesia, en que iban á celebrar la boda, un pasquín muy infamante. ¿Y á dónde fué á parar? A la carcel, como era muy natural. ¿Y qué consiguió? Publicar el desden que había sufrido, aumentar su propio despecho y deshonra, é incitar la animadversión de la novia.

Ahora la señora Florentino con su poesía sentimental evita todo rozamiento y escándalo; demuestra á la ingrata mujer que su antiguo amante era magnánimo, incapaz de vengar todo agravio que recibiera de ella y que hubiera sido esposo muy condescendiente, que es lo que anhelan encontrar las ilocanas. Y ¿qué más venganza deseamos tomar con una pobre mujer, que hacerla llorar su propia ingratitud?… Pero veo además un fin más terrible en esa poesía: el antiguo amante, invocando su desgracia y ofreciendo espontáneamente perdón y lágrimas, asegura indudablemente las simpatías eternas de su antigua amada. Y el adulterio es más odioso aún que el asesinato; y la venganza sería acaso impune; pero nó, no creo que la señora Florentino haya concebido tan odioso fin.

5.a

Escrito lo anterior, me encuentro con otra poesía original de la misma autora que dice:

Diac met paglading̃itan

no ayatco ti inca indian.

ta diac cayat ng̃a icutan

ti ayat á pampamayan.

Dicanto met mauray á umásugac:

no baybay-an paglicudannac

naimbag ng̃arud ta mailiclicac

iti napnuan dita ng̃a ayat.

Idi dámona ng̃a aldao imbilangca

á diosen daguitoy matá;

ng̃em no itayen binalindacá

á napigsa unay á gamutdá.

O naolpit quet nadamsac

á X … quet ingguet ranggas

quitaem ta innac ioarnac

ti indadanesmo ng̃a ayat.

VERSIÓN DE LA ANTERIOR.

No siento que hayas dejado de amarme, pues no quiero poseer amores vanos.—No esperes que me queje: si me abandonas, lo celebro, porque me libro de un amor lleno de ponzoña.—En los primeros dias eras la Diosa de mis ojos, pero ahora ya no eres para ellos, sino objeto de repugnancia.—Oh cruel, inicua y perversa X …, mira que voy á publicar nuestros amores, de que te has burlado.

6.a

A UNA AMANTE … QUE SE ESCAPÓ.

. . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . .

¿A dincad pay ti yan daguidi dungng̃ó?

aoanen ta inca met inmadayó

ng̃em nupay casta dica ipato

á lipatanca ingganat caano.

Ta isipem cad no maiparbeng

á iti sabung á taptapayaen

ta maregreg quet manasánasen

quet ti linnaaona ti sitataeng

Liolioa ti aramatec á mangling̃ay

ta ananuen cad I … nasdemanac ti liday

nupay ni patay caniac ti siuray

ibilangconto á ragsacco á siuauayuay.

Ata pinatuloymo la ti isisinam.

ta ania cadi quet dica met magauidan

ng̃em mapasamacmonto á liolioam

no gapu quenca ti innac pacatacayan.

Daytoy Vigan, á nagayayamam

pudno á inca pinanaoan

iti laguipmo dicanto idian

iti uray no adinno á pagnaedam.

Ng̃em ¡oh pusoc! ¿ania á sennaay

ti sumquen quenca á liday?…

¡Oh I …! ¡ay! asiacpay

ti impaaymo caniac á impabaclay.

Ta ania la unay á limdó

ti naglading̃itan caniac ti naquemmo

ta pimmanaoca á immadayo

quet inranám pay unay iti caaoanco.

Quet idinto ta saoenda quet innac nang̃eg

diay Sto. Domingo ti ilalabasyo á saquitec

dagus la á diac nacatimec

ta luluac ti dumalines.

Alá isunan quet ingaac

daytoy innac panagsurat

ta luluac ti manacanac

no sica ti maipalaguip caniac.

Aoatem toy naricut quenca á yabrasac.

ta barucongmo ta pinagtalaonac,

pinanaoánnac ta pinagtalaonac,

ti sumangcangrona á pinagayat

Adios I …! nupay no insinanac

daoatco á dicanto caniac malipat,

iti racsac oenno leddaang aoagannac

ta madadaanacto met quenca á umarayat.

Ng̃em amang̃an piman nagrigat

ti sumina ti cayan-ayat

ti arig á magudas

ti cacaisuna unay á biag.

VERSIÓN DE LA ANTERIOR.

. . . . . . . . . . . . . ¿Dónde ya están aquellas finezas?… Ya pasaron, porque te has alejado; pero no pienses que algun tiempo me he de olvidar de tí.—Considera si conviene que una flor que tenemos en las manos, se caiga y se marchite, conservando aun el rocío que la fecunda.—No tengo más remedio que consolarme; ¡ay I …! ya me muero de pesar; pero resignado, espero la muerte como motivo de alegría.—Al fin, te has alejado como deseabas, y yo, ¡qué puedo hacer! sólo te diré que acaso celebres como motivo de satisfacción mi muerte.—Aunque te has alejado de este Vigan, donde habian deslizado tus felices dias, no te olvides de este pueblo, de quiera llegues.—Pero ¡oh, corazón! ¡qué pesar el tuyo! Oh I …! ay de mi, por este tormento, con que me has cargado!.—¿Qué disgusto has recibido de mí, porque hubiste de alejar precisamente en mi ausencia?—Cuando he oido que habiais pasado por Sto. Domingo, donde estaba yo, no he podido articular palabra alguna y las lágrimas brotaron de mis ojos.—Basta ya, voy á terminar de escribir, porque mis lágrimas no cesan de manar al acordarme de tí.—Recibe mi estrecho abrazo á tu pecho que me abandonó por otro amor.—Adiós I …! aunque me hayas separado, te ruego que no te olvides de mi; y en tus alegrías y pesares, llámame, que estaré siempre dispuesto á ayudarte.—Pero ¡qué penoso el estar separado de su amante! pues parece que se vá á acabar mi única[54] vida.

7.a

DESPEDIDA.

Timudem man ¡oh imnas! ni ayat,

ti un-unnoy toy secnan ni rigat

imatang̃am ¡oh puso! quet imutectecannac

anusem á pali-ioen toy dacsangasat.

Dacsangasat cunac ata maipusay

toy naldaang unay á bangcay;

ng̃em ni laguip dinto met bumalacday

agnanayonto laeng ng̃a sitatarubay.

Cas panagpacada daguitoy á innac balbalicsen

ta toy baguic maipanao cadaguita taeng,

taeng ni ragsac, liolioa á innac lac-amen

dinto met mapunas á innac panpanunuten.

Silalading̃it toy pusoc á agpacada

adios laing; napusacsac á azucena

iti sayumusom ti barucongco ipenpennaca

tapno dinto maumag ti agdaplay á banglona

Siaddaacto laeng ti taeng ni alinaay

ta detoy panunut salensenán ni tarumping̃ay

turubayennacto ni napait á liday

quet isunto cañac ti mang̃ay-ay-ay.

Dios ti cumoyog, oh napnuan sayacsac

ng̃a esmanto daguiti agay-ayat;

Dios ti cumuyog, salimetmetmo mang̃alasag

ta tapno dayta sudim, tacnengmo ti di maracrac.

VERSIÓN DE LA ANTERIOR.

Escucha, hermosa, los ayes de este pesaroso amante; mira ¡oh corazón! (así suelen llamar los ilocanos á su adorada), examina con paciencia á este infeliz.—Infeliz, digo porque ya te separas de mí; pero tu memoria siempre estará fija en mí.—Estas palabras son ya de despedida; ya me voy (esta locución parece indicar lo contrario, es decir que quien parece irse, es el que se queda; es frecuente en los dialectos filipinos; y de aquí que suelen emplear el venir por ir y es porque así se usan sus equivalentes en los dialectos filipinos, p. ej. venir es umay en ilocano, é ir es innak. Ahora bien iré á tu casa se traduce por umayakto, verbo que literalmente significa vendré) á alejarme de tu regazo lleno de amor y de ternura; amor y ternura que no se borrarán de mi memoria.—Lleno de angustias mi corazón se despide; ¡adios bondad, blanca azucena, cuyo suave aroma lo guardará mi pecho!—Siempre el dolor no se ausentará en mi ser, y tu memoria será el balsamo de mis pesares—¡Dios te acompañe, oh llena de encantos, encantos que te atraerán adoradores! ¡Dios te acompañe! y tu prudencia sea el escudo de tu pureza y honradez.

8.a

QUEJAS DE UN AMANTE DESDEÑADO.

Nasnebanac ti nasaem á sasainnec, ay ayat!

ta díman la agtanac ti lac-amec á tuoc quen rigat;

isuna cadin, isunan; alá isunan yantang̃ay detoy biag

diac duaduaenen á suminan itoy baguic á dacsan gasat.

¡Ay ayat, ayaúnayen ti sanaang

ni patay sumquen nacalcaldang,

ta iti maysa ng̃a agayat á dida pagayatan

nacasacsaquit naquem á maimatang̃an.

Narangas daguita laingmo quen sayacsacmo naulpit

nadaoel, quítaem man toy silalading̃it,

ta naal-lilao man daguitoy matac idi á buybuyaec

ta iti inanama quen talec isuda caniac ti namatalgued.

Ng̃em eppes man daguidi á inanama

ta diac impapan á castoy man ti tungpalna

tungpal taném quet itan ti nagbanaganna

detoy baguic ta isú caicarianna.

TRADUCCIÓN DE LA ANTERIOR.

Fluctúo en un mar de amargas lágrimas, ¡oh amor! no cesan mis pesares y tormentos; basta ya, basta de crueldades que ya mi vida, sin género de duda, se vá á escapar de mi desventurado cuerpo.—Oh amor! ¡Qué triste es morir desdeñado! inspira lástima ver á uno que ama y que no es correspondido.—Crueles son tus encantos, inhumana tu bondad; ¡oh tirana! dirige una mirada á este angustiado; mis ojos se han equivocado al entrever dulce esperanza;—Pero vanas resultaron aquellas esperanzas;… no sospechaba yo que el fin de mis amores sería una tumba, á donde me conduce mi desesperación.


Voy á concluir con una anécdota de Doña Leona Florentino.

Bernardo Favía, inspirado vate ilocanista, se hallaba en un apuro, porque no le satisfacía cierta estrofa de una composición suya; ya había compuesto y borrado muchas y maldecía á su numen porque no daba con lo que buscaba.

En esto, la señora se enteró de su apuro y le contestó á Favía:—Toma la pluma y escribe.

É improvisó una estrofa. Ésta no solamente satisfizo á Favía, sino que resultó mejor que cada una de las demás estrofas y que todo el poema.