CAPÍTULO LXXX.
Nuevas empresas de Filipo. — Batalla de Queronea. — Retrato de Alejandro.
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(Desde el 30 de junio del año 341 hasta el 7 de julio del 336 antes de J. C.).
La Grecia se había elevado al más alto grado de gloria, y era ya preciso que descendiese al término de humillación fijado por aquel destino que agita sin cesar la balanza de los imperios. Esta declinación, anunciada tiempo hacía, fue muy notable durante mi residencia en la Persia, y muy rápida algunos años después. Me apresuro al desenlace de esta gran revolución.
Filipo había formado nuevamente el proyecto de apoderarse de la isla de Eubea por medio de sus intrigas, y de la ciudad de Mégara por medio de las armas de los beocios, sus aliados. Foción ha burlado sus proyectos, cuya ejecución hubiera hecho a este príncipe señor de Atenas. Con la mira de disponer del comercio de granos que sacan los atenienses del Ponto Euxino, atacó vigorosamente la fuerte plaza de Perinto, y, rechazado por los habitantes socorridos de los bizantinos, fue a situarse luego bajo los muros de Bizancio.
Inquietos los atenienses con este sitio, hicieron pedazos la columna en que estaba inscrito el tratado celebrado con Filipo siete años antes, equiparon naves, y se prepararon para la guerra. Nombraron a Foción como general de la expedición dirigida a la defensa de Bizancio, y al presentarse al frente de esta plaza, los magistrados de la ciudad introdujeron en ella sus tropas. Su valor y disciplina tranquilizaron a los bizantinos y obligaron a Filipo a levantar el sitio. Antes de retirarse tuvo la precaución de renovar la paz con los atenienses, quienes al punto se olvidaron de los decretos y los preparativos que habían hecho contra el rey de Macedonia.
Entre tanto la junta de los anfictiones había declarado la guerra a los habitantes de Anfisa, acusados de sacrílegos contra el templo de Delfos. Estos desgraciados, habiendo quedado vencidos en la primera acción, se sometieron a las condiciones más humildes; pero lejos de cumplirlas, rechazaron en segunda batalla al ejército coligado, y aun hirieron al general. Con este motivo tuvieron los anfictiones otra junta que se celebró en Delfos, y encargaron a Filipo la empresa de vengar los ultrajes hechos al templo de esta ciudad. Este príncipe, que desconfiaba de las intenciones de los tebanos, en virtud de este decreto mandó a los pueblos del Peloponeso que tomasen las armas e hiciesen provisión de víveres para cuarenta días. Entonces se hizo general el descontento en la Grecia; Esparta guarda un profundo silencio, y Atenas, vacilante y temblando, quiere y no se atreve a unirse a los pretendidos sacrílegos. En una de sus juntas se propuso consultar a la Pitia. Ella filipiza, exclamó Demóstenes, y la proposición fue desechada.
Pasó Filipo las Termópilas, entró en la Fócida, y cayó de repente sobre la ciudad de Elatea con el objeto de establecerse y fortificarse en ella. Al recibirse la noticia en Atenas, se amotina la ciudad y un mortal espanto hiela los ánimos. Los generales pasan la noche corriendo a todas partes y suena por las calles la trompeta. Amanece, y el pueblo se reúne en la plaza pública; en medio de un silencio imponente sube Demóstenes a la tribuna, pronuncia algunas palabras sobre las intenciones de Filipo y propone un decreto reducido a los artículos siguientes. «Después de haber implorado el auxilio de los dioses protectores del Ática, se equiparán doscientas naves. Los generales irán con las tropas a Eleusis; se enviarán diputados a todas las ciudades de la Grecia: luego irán también a Tebas para exhortarla a la defensa de su libertad y ofrecerles armas, tropas, dinero y decirles que si Atenas creyó hasta ahora que era gloria suya disputarles la preeminencia, ahora piensa que sería ignominioso para ella, para los tebanos, para todos los griegos, sufrir el pesado yugo de una potencia extranjera».
Pasó el decreto sin la menor oposición, y fueron nombrados cinco diputados, dos de ellos Demóstenes y el orador Hipérides. Partieron inmediatamente para Tebas, y Demóstenes expuso a los tebanos con tal fuerza y energía la necesidad de aliarse con Atenas que no titubearon en recibir dentro de sus muros el ejército de los atenienses, mandado por Cares y Estratocles.
Filipo, aguardando una ocasión favorable, abrazó el partido de ejecutar el decreto de los anfictiones y atacar la ciudad de Anfisa. Valiéndose de una estratagema, se apoderó de un desfiladero abandonado por los atenienses y los tebanos, venció a los anfisios y se apoderó de su ciudad.
Hecha esta conquista, entabló negociaciones con los jefes de los tebanos, quienes comunicaron sus proposiciones a los atenienses, y estos les exhortaron a que las aceptasen. Foción era de este dictamen, mas prevaleció el de Demóstenes, que era contrario. Este orador marchó al punto a la Beocia, y obligó a los tebanos y beocios a que rompiesen toda negociación con Filipo, quedando así desvanecida toda esperanza de paz. El rey de Macedonia avanzó al frente de un numeroso ejército hasta Queronea en Beocia, distante de Atenas cerca de seiscientos estadios (algo más de 23 leguas). A la voz imperiosa y elocuente de Demóstenes, se ven avanzar hacia la Beocia numerosos batallones de aqueos, corintios, leucadios y otros muchos pueblos. El ejército confederado dicen que era más fuerte que el de Filipo. A pesar de esto la Grecia entera se ha levantado, digámoslo así, mirando a la Beocia en la terrible expectativa de un acontecimiento que va a decidir de su suerte. Atenas pasa a cada momento por todas las convulsiones de la esperanza y del temor, y Foción está tranquilo.
Diose la batalla el día tres de agosto del año trescientos ochenta y tres antes de J. C. Jamás mostraron más valor los atenienses y tebanos. Los primeros llegaron a romper la falange macedonia, pero sus generales no supieron aprovecharse de esta ventaja. Advirtiolo Filipo, que mandaba el ala derecha, y restableció el orden en su ejército. Alejandro, su hijo, era general de la izquierda, y uno y otro acreditaron el mayor valor. Demóstenes fue de los primeros que huyeron: más de mil atenienses murieron con gloria y más de dos mil quedaron prisioneros. Casi igual fue la pérdida de los tebanos.
El rey manifestó al principio una alegría indecorosa, y después de un banquete en que sus amigos, imitándole, se entregaron a los mayores excesos, fue al campo de batalla y no se avergonzó de insultar a aquellos valientes guerreros que veía a sus pies postrados, y, batiendo el compás, se puso a declamar el decreto que Demóstenes formó para levantar contra él a los pueblos de la Grecia; pero el orador Démades, aunque encadenado, le dijo: «Filipo, tú haces el papel de Tersites, cuando pudieras hacer el de Agamenón». Estas palabras le hicieron volver en sí, arrojó la corona de flores que ceñía su frente, puso a Démades en libertad, e hizo justicia al valor de los vencidos.
Algún tiempo después y en tanto que los atenienses se preparaban para sostener un sitio, Alejandro, acompañado de Antípatro, vino a ofrecerles un tratado de paz y alianza.
Entonces vi a aquel que ha llenado la tierra de admiración y de luto. Tenía dieciocho años y se había distinguido ya en muchas batallas, tanto que en la de Queronea desbarató y puso en fuga precipitada el ala derecha del ejército enemigo. Esta victoria añadía nuevo esplendor a sus gracias personales. Tiene las facciones regulares, la tez blanca y encarnada, la nariz aguileña, los ojos grandes, vivos y expresivos, el cabello rubio y rizado, la cabeza erguida y algo inclinada al hombro izquierdo, la estatura mediana pero fina y desenvuelta, el cuerpo muy proporcionado y fortalecido con un continuo ejercicio; dicen que es en la carrera muy ligero y en el vestir muy afectado. Entró en Atenas montado en un caballo blanco, llamado Bucéfalo, que nadie pudo dominarle antes que él, y había costado trece talentos (más de 260,000 reales vellón).
Este príncipe reúne a un gran ingenio, grandes disposiciones, el insaciable deseo de instruirse y la afición a las artes que protege sin conocerlas todavía; es afable en la conversación, sencillo y consecuente en el trato, y de ideas sublimes y elevadas. La naturaleza insinuó en su corazón las virtudes, y Aristóteles le ha explicado los principios de ellas. Pero en medio de tantas ventajas reina en él una pasión que le será funesta, y aun quizá al género humano, cual es el excesivo deseo de dominar. Quisiera ser el único soberano de la tierra y el solo depositario de los conocimientos humanos. Entre padre e hijo se halla alguna diferencia de carácter. Filipo se vale de diferentes medios para lograr sus fines; Alejandro no conoce otro que el de su espada. Aquel no se avergüenza de disputar el premio en los juegos olímpicos a un simple particular; este no quisiera por contrarios más que reyes.
Celoso de su padre, querrá excederle; y émulo de Aquiles, tratará de igualarle. Acerca de este decía en una ocasión que fue el mortal más feliz por haber tenido un amigo como Patroclo y un panegirista como Homero.
La negociación de este príncipe no sufrió demora alguna. Los atenienses aceptaron la paz, cuyas condiciones fueron muy benignas, pues únicamente exigió que sus diputados fuesen a la dieta que iba a convocar en Corinto para tratar del interés general de la Grecia. Estando reunidos casi todos los diputados de esta, excepto los de Lacedemonia, Filipo les propuso primeramente que extinguiesen todas las disensiones que hasta entonces habían tenido divididos a los griegos, y que estableciesen un consejo permanente encargado de velar por la conservación de la paz universal. A continuación les hizo presente que era tiempo de vengar a la Grecia de los ultrajes que la habían hecho en otro tiempo los persas, y de llevar la guerra a los estados del gran rey. Ambas proposiciones fueron admitidas con aplausos, y por voto unánime eligieron a Filipo para generalísimo del ejército de los griegos con poderes los más amplios. Al mismo tiempo arreglaron el contingente de tropas que debía dar cada ciudad, y ascendían a doscientos mil infantes y quince mil caballos, sin contar los soldados de Macedonia y de las naciones bárbaras sometidas a sus leyes. Hecha esta resolución, volvió Filipo a sus estados, a fin de prepararse para esta gloriosa expedición.
Entonces fue cuando expiró la libertad de la Grecia. Este país, tan fecundo en grandes hombres, estará por mucho tiempo sujeto al rey de Macedonia. Entonces fue también cuando yo me separé de Atenas para volver a Escitia, exento ya de las preocupaciones que me habían hecho odiosa su residencia. Acogido por una nación establecida en las márgenes del Borístenes, cultivé un reducido terreno que perteneció al sabio Anacarsis, uno de mis abuelos. En mi juventud busqué la felicidad entre las naciones ilustradas; en una edad más avanzada he hallado el descanso entre un pueblo que no conoce más bienes que los que da la naturaleza.
Fin del tomo segundo y último.
Para mayor inteligencia y utilidad del lector se ponen al fin de este compendio tres tablas muy curiosas. La primera contiene las principales épocas de la historia griega, desde la fundación del reino de Argos hasta el reinado de Alejandro. La segunda, la correspondencia de las medidas itinerarias. La tercera, la valuación de las monedas griegas según el valor de las nuestras.
TABLA PRIMERA.
| Años ant. de J. C. | |
| Colonia conducida por Ínaco a Argos. | 1970 |
| Diluvio de Ogiges en la Beocia. | 1796 |
| Colonia de Cécrope en Atenas. | 1657 |
| Colonia de Cadmo en Tebas. | 1594 |
| Colonia de Dánao en Argos. | 1586 |
| Diluvio de Deucalión en Tesalia. | 1580 |
| Fundación de Troya. | 1425 |
| Nacimiento de Heracles. | 1383 |
| Nacimiento de Teseo. | 1367 |
| Expedición de los argonautas. | 1360 |
| Primera guerra de Tebas entre Etéocles y Polinices. | 1329 |
| Segunda guerra de Tebas o de los epígonos. | 1319 |
| Muerte de Teseo. | 1305 |
| Toma de Troya. | 1282 |
| Vuelta de los Heráclidas al Peloponeso. | 1202 |
| Muerte de Codro, último rey de Atenas. | 1092 |
| Establecimiento de los arcontes perpetuos. | 1092 |
| Paso de los jonios al Asia menor. | 1076 |
| Nacimiento de Licurgo. | 926 |
| Homero, hacia el año... | 900 |
| Restablecimiento de los juegos olímpicos. | 884 |
| Legislación de Licurgo. | 845 |
| Su muerte. | 841 |
| Primera olimpiada[5] en que Corebo ganó el premio del estadio. | 776 |
| Teopompo, sobrino de Licurgo, sube al trono de Lacedemonia. | 770 |
| Fundación de Siracusa y de Córcira por los corintios. | 757 |
| La autoridad de los arcontes de Atenas limitada al término de diez años. | 743 |
| Fundación de Tarento por Falanto lacedemonio. | 708 |
| Los arcontados de Atenas se limitan a un año. | 683 |
| Fundación de Bizancio por los de Mégara. | 658 |
| Nacimiento de Tales de Mileto. | 640 |
| Nacimiento de Solón. | 638 |
| Arcontado y legislación de Dracón en Atenas. | 624 |
| Alceo y Safo florecen. | 604 |
| Nacimiento de Pitágoras hacia el... | 600 |
| Arcontado y legislación de Solón. | 594 |
| Esopo florecía en... | 572 |
| Pisístrato usurpa el poder soberano en Atenas. | 560 |
| Ciro sube al trono de Persia. | 560 |
| Muerte de Solón. | 559 |
| Anacreonte florecía en... | 532 |
| Muerte de Ciro y sucesión de su hijo Cambises. | 529 |
| Muerte de Pisístrato, tirano de Atenas; sus dos hijos Hipias e Hiparco le suceden. | 528 |
| Darío, hijo de Histaspes, reina en Persia. | 521 |
| Nacimiento de Píndaro. | 517 |
| Muerte de Hiparco, tirano de Atenas. | 514 |
| Hipias arrojado de Atenas. | 510 |
| Expedición de Darío contra los escitas. | 508 |
| Sublevación de los jonios contra Darío; incendio de Sardes. | 504 |
| Toma y destrucción de Mileto por los persas. | 496 |
| Batalla de Maratón ganada por Milcíades. | 490 |
| Muerte de Darío, rey de Persia: Jerjes, su hijo, le sucede. | 485 |
| Jerjes atraviesa el Helesponto. | 480 |
| Combate de las Termópilas y toma de Atenas. | 480 |
| Batalla de Salamina. | 480 |
| Batallas de Platea y de Mícala. | 479 |
| Destierro de Temístocles. | 471 |
| Victoria de Cimón contra los persas junto al Eurimedonte. | 470 |
| Nacimiento de Sócrates. | 469 |
| Muerte de Arístides. | 467 |
| Muerte de Jerjes; sucédele Artajerjes Longímano y reina 40 años. | 465 |
| Muerte de Píndaro. | 452 |
| Muerte de Temístocles. | 449 |
| Gobierno de Pericles. | 444 |
| Principio de la guerra del Peloponeso. | 431 |
| Nacimiento de Platón. | 429 |
| Muerte de Pericles. | 429 |
| Batalla de Delio entre atenienses y beocios, cuya victoria ganaron estos últimos. | 424 |
| Batalla de Anfípolis entre lacedemonios y atenienses. | 422 |
| Expedición de los atenienses a Sicilia. | 415 |
| Batalla de las Arginusas, en que la escuadra de Atenas derrota a la de Lacedemonia. | 406 |
| Célebre victoria de Lisandro contra los atenienses cerca de Egospótamos. | 406 |
| Toma de Atenas. | 404 |
| Lisandro establece en esta ciudad 30 tiranos. | 404 |
| Restablecimiento de la libertad de Atenas. | 404 |
| Expedición del joven Ciro. | 400 |
| Muerte de Sócrates. | 399 |
| Victoria de Conón contra los lacedemonios cerca de Cnido. | 394 |
| Paz de Antálcidas entre persas y griegos. | 387 |
| Nacimiento de Demóstenes. | 385 |
| Nacimiento de Aristóteles. | 384 |
| Artajerjes-Mnemón, rey de Persia, pacifica la Grecia. Los lacedemonios conservan el imperio de la tierra; los atenienses consiguen el del mar. | 374 |
| Platea destruida por los tebanos. | 372 |
| Batalla de Leuctra, ganada por Epaminondas contra los lacedemonios. | 371 |
| Expedición de Epaminondas a Laconia. | 369 |
| Aristóteles, de edad de dieciocho años, va a establecerse a Atenas. | 367 |
| Batalla de Mantinea entre tebanos y lacedemonios. Muerte de Epaminondas. | 362 |
| Filipo sube al trono de Macedonia. | 360 |
| Guerra social. | 358 |
| Expedición de Dion a Sicilia. | 357 |
| Principio de la guerra sagrada. | 356 |
| Nacimiento de Alejandro. | 356 |
| Demóstenes sube por primera vez a la tribuna de las arengas. | 354 |
| Los olintios, sitiados por Filipo, imploran el socorro de los atenienses. | 349 |
| Muerte de Platón. | 347 |
| Filipo se apodera de la Fócida. | 346 |
| Dionisio el joven, rey de Siracusa, arrojado de la Sicilia por Timoleón que le envía a Corinto. | 343 |
| Batalla de Queronea. | 338 |
| Muerte de Filipo. | 336 |
| Muerte de Alejandro. | 323 |
| Muerte de Aristóteles. | 322 |
| Muerte de Demóstenes. | 322 |
[5] La olimpiada se compone de cuatro años; cada uno de estos, empezando en la luna nueva que sigue al solsticio de verano, corresponde a dos años julianos, y comprende los seis meses últimos de uno y los seis primeros del siguiente.