XXXIX
Las tiendas de juguetes son en vísperas de Reyes el verdadero paraíso de los niños. Todos se aprestan para recibir la visita de los Reyes Magos, los reyes de leyenda y de ensueño, que vienen de tierras lejanas con su cabalgada de dromedarios cargados de juguetes y golosinas por tesoro.
De todas las leyendas piadosas ninguna tan arraigada en nuestro espíritu. Los padres más racionalistas y librepensadores la respetan en sus hijos, y al poner los regalos de misterio en la ventana, tal vez los padres estén más ilusionados que á la mañana los niños al descubrirlos.
Y ¿quién no espera toda la vida y cada día la llegada de los Reyes Magos?
El prosaico cartero es el mago de Oriente. A cada carta de letra desconocida, pensamos al abrirla, trémulos de ilusión y de esperanza: ¿Será el amor? ¿Será la riqueza? ¿Será nuestra felicidad?
Nuestro corazón está siempre en la torre, como la hermana Ana en el cuento de Barba Azul, y sin cesar le preguntamos:—¿Qué ves? ¿Quién llega por el camino? Y hasta la hora de morir esperamos, y cuando llega la muerte, acaso esperamos todavía que sea la felicidad.
Entre los libros de estrena—esta palabra, traducción exacta de los êtrennes franceses, fué muy usada por nuestros clásicos Lope de Rueda, Mateo Alemán y otros,—se destacan por su elegante y graciosa presentación los libros ingleses. Maestros en las artes tipográficas, grandes artistas ilustrados, todos los años nos presentan nuevas ediciones de sus autores clásicos y de sus poetas, los primeros del mundo.
En libros para niños ofrecen maravillas de buen gusto, libros educadores, aunque sólo fuera por su artística presentación.
Las ilustraciones de Rackam en El sueño en noche estival, de Shakespeare; la trilogía de Wágner, los cuentos de Grimm y Peter Pan, son admirables obras de arte.
De inspiración japonesa, unen á la más graciosa espontaneidad, la ejecución minuciosa. Parecen acotaciones ligeras, apuntadas, como por juego, al hojear el libro, y nos muestran, como profundo estudio crítico, el espíritu de la obra ilustrada. Ilustrar de ese modo, bien puede llamarse ilustrar.
En España son raras las ediciones de libros ilustrados. ¿No hay editores de ellos por falta de ilustradores, ó no hay ilustradores por falta de editores? Este es uno de tantos problemas nacionales en que es difícil precisar cuál sea la causa, cuál sea el efecto. ¿No hay oferta porque no hay demanda ó no hay demanda porque no hay oferta?
España, tierra de grandes pintores, no lo ha sido de grandes dibujantes. Nuestros artistas consideran el arte de la ilustración como un arte inferior; sólo obligados por la necesidad consienten en rebajarse hasta él, y siempre con cierta displicencia, que no es la mejor disposición de espíritu para producir obras de arte.
Mucho bueno creemos que puede hacerse en la Escuela del Hogar, proyecto y realización muy laudables del ministro de Instrucción pública, hombre muy de su tiempo.
Podrá decirse que la mejor escuela del hogar debiera ser el hogar mismo, pero como lo cierto es que la mayoría de los hogares no pueden ser escuelas, preciso es que haya escuelas que parezcan hogares.
Mas, como no sólo en el hogar vive el hombre, no como protesta, ni en oposición, todo lo contrario, como complemento, algo así como las clases de adorno en los colegios, yo sé que algunos señores de buen humor se proponen fundar otra escuela que pudiera llamarse... el nombre es difícil; vamos, algo así... lo que no es hogar... Ya me entienden ustedes.
Aunque con la buena enseñanza de la escuela oficial es seguro que disminuirá el número de solterones, todavía quedarán algunos recalcitrantes que tienen derecho á la vida, sin contar con los muchos casados de alternativa y algunos eclesiásticos.
En todos ellos han pensado los fundadores de la escuela, que pudiéramos llamar libre, para prevenirles una existencia placentera en que, sin el calor un poco atufante del hogar doméstico, no les falte nunca una agradable calefacción.
También han pensado en las innumerables jóvenes distinguidas, sin vocación de vestales de hogares, que ven malogradas sus aptitudes por falta de una esmerada enseñanza, que no siempre pueden dar las madres, aunque haya casos excepcionales.
Se organizarán cursos teóricos y prácticos de asignaturas muy interesantes. Las alumnas podrán ser matriculadas ó libres, aunque siempre serán preferidas las segundas á las primeras.
Las faltas de asistencia serán dispensadas, siempre que la alumna las justifique con haber repasado en su casa la asignatura ó haber salido de prácticas.
En el claustro de profesores y de profesoras figurarán personas muy poco respetables, verdaderas autoridades en las asignaturas cuya explicación les ha sido confiada.
Algunas distinguidas escritoras fluctúan entre ocupar una cátedra en la Escuela del Hogar ó en esta nueva escuela. Hay algunas que estarán con un pie en cada una y su actitud parecerá naturalísima á todo el mundo. No hay la menor incompatibilidad. Ni en la comida casera dice mal algún plato de fonda, ni en la comida de fonda algún plato casero.
A las señoras de su casa les convendrá matricularse en alguna clase de adorno, aunque sólo apliquen las enseñanzas á las necesidades domésticas; como á las otras les convendrán algunas asignaturas de la Escuela del Hogar, porque el mundo da muchas vueltas, y hay hombres tan de hogar que, cuando dejan uno, es para buscar otro, y son los que compran á pares los pares de zapatillas alfombradas, y quieren encontrar en todas partes las mismas cosas en el mismo sitio. No varían, continúan. Son fieles hasta en las infidelidades.