XXVIII
Siento molestar á mis lectores con asunto referente en parte á mi persona, aunque, por tratarse de una obra buena, tenga ya más alto interés para todos. Pero debo satisfacción á cuantos han respondido generosos, y es justo que responda la gratitud en donde mismo se elevó el ruego.
De todas partes llegan á mí ofrecimientos en favor del «Desayuno Escolar» y también importantes donativos. Gracias á todos. A Rosario Pino, la insigne actriz, que ofrece el producto íntegro de la función inaugural de su temporada en Valladolid. Y, en este caso, yo me atrevo á solicitar de Rosario Pino que la mitad del ingreso se destine á La Gota de Leche, institución fundada en Valladolid. Del mismo modo, cuantos beneficios se den en teatros de provincias deben repartirse entre la institución madrileña y alguna que, con el mismo fin de protección á la infancia, exista en la provincia.
La empresa del teatro Español y, al frente de ella, Matilde Moreno, la gran artista de todas las delicadezas, se apresuraba á ceder el ingreso de otra función que ha sido aplazada á ruegos de la Comisión organizadora de estos beneficios.
El Círculo de Bellas Artes me anuncia en carta de su presidente, don Alberto Aguilera, que destina la cantidad de 1.000 pesetas para el «Desayuno escolar».
El primer actor don Luis Echaide me ha entregado la cantidad de 500 pesetas, importe total de su sueldo durante los días en que ha actuado en el teatro Español. Luis Echaide no quería cobrar dichas funciones y sólo ha aceptado el cobro con la idea de ofrecerme esa cantidad.
En carta que firma «Un admirador» me envían 25 pesetas; don Santiago Aragón, otras 25; el señor Gazul, de Llerena, otras 25; el señor Sabito, de Infiesto, 7,50. Muchas gracias á todos.
Ahora yo suplico á los que me anuncian el envío de otros donativos y á los que me preguntan á quién han de enviarlos, esperen por unos días hasta que pueda organizarse convenientemente. Yo tengo sobradas ocupaciones para entender en esto.
Muchas son también las solicitudes para que se atienda á otras instituciones benéficas, todas muy laudables y muy dignas de ser atendidas; pero como atender á todas es imposible, preferible es atender á una sola con resultado.
Una hay, sin embargo, que yo creía identificada con el «Desayuno escolar», y aunque no sea una misma en la organización, identificada está en el propósito. Es la institución de las Cantinas Escolares. Como todo hace esperar que la recaudación ha de ser importante, bien puede repartirse el ingreso entre las dos benéficas instituciones, ya que las dos realizan la misma buena obra y mal puede haber división ni rivalidad entre ellas. De todas suertes, como el ofrecimiento primero fué al «Desayuno escolar», no he de ser yo quien decida; apelo á la generosidad de los señores organizadores de esta última institución, y creo que no apelaré en vano.
Entre los acuerdos de la Comisión reunida para festejarme hay uno con el que no puedo estar conforme, y perdone la respetable Comisión. Todo cuanto redunde en beneficio de los pobres niños me parece de perlas, aunque sea á costa de mi exhibición personal. Pero la idea de erigirme un monumento, por sencilla que sea, tendrá siempre mi oposición más decidida. Soy enemigo de esos homenajes en vida, mucho más si la vida, por desgracia ó por dicha, aun no toca á su acabamiento. Yo no sé si habré ya escrito mis mejores obras; pero sé que aun puedo escribir las peores. Esos homenajes esculturales que, por serlo, tienen algo de funerarios, sólo pueden discernirlos con serenidad las generaciones futuras. ¿Qué sabemos lo que pensarán los que vengan de nuestras obras? Pesa mucha literatura sobre la Humanidad y de cada vez se impondrá una selección más depurada.
Necesitan estos monumentos, además, para su contemplación gentes desapasionadas; pero mientras vivimos entre amigos y entre enemigos personales, ¿quién sabrá decirnos dónde acaba la pasión y dónde empieza el conocimiento?
No, por Dios; nada de monumentos: todo para los niños pobres.
Y otra vez pido perdón á mis lectores por haberles hablado de mí; vaya en gracia de la intención.