XXXIII

En el número de El Libro Popular, correspondiente al 5 de Diciembre, en un artículo titulado «El príncipe de los dramaturgos», referente al autor francés M. Curel, escribe don Enrique Gómez Carrillo lo que textualmente copio:

—¡Curel!—os oigo murmurar—¿quién es Curel?... En castellano nunca hemos visto ninguna de sus obras.

Con su nombre no, efectivamente. Pero hay una comedia suya que fué traducida por Benavente y que obtiene desde hace diez años el más grande de los éxitos en España y en América. Me refiero al «Repas du lion», que en nuestra lengua se titula «La comida de las fieras».

—Pero—vais, sin duda, á decirme con justa malicia—¿por qué esta pieza figura como original entre las obras de Benavente?

—Sin duda por razones de empresa—os contestaré, repitiendo una frase del mismo dramaturgo madrileño.

Una comedia que se da como traducida, no tiene nunca, para las compañías, la misma importancia que una comedia nueva.

En todo caso, si el autor de «Los intereses creados», que es, ante todo, un hombre de honor, se apropia la paternidad del «Repas du lion», no por eso deja de entregarle los derechos que le corresponden al verdadero autor. En las cuentas que la Sociedad de Autores, de Madrid, manda cada trimestre á la Société des Auteurs, de París, los productos de «La comida de las fieras» figuran siempre en el haber de Curel. Entre gente del oficio esto no es un secreto para nadie. El gran Joaquín Dicenta, que tan admirablemente ha presidido el Sindicato de los comediógrafos madrileños durante algunos años, da testimonio de que en cuanto los «auteurs» parisinos reclamaron en nombre de uno de sus asociados la paternidad de la obra castellana, Jacinto Benavente fué el primero en reconocer que su «Comida de las fieras» no era, en efecto, sino un arreglo del francés.

Cuando un escritor de seriedad y respetabilidad como don Enrique Gómez Carrillo asienta con tal aplomo semejantes afirmaciones, algo debe haber de verdad en ellas. Veamos. ¿Será verdad que La comida de las fieras no es sino traducción ó arreglo de la obra de Curel Le repas du lion? Por unas cinco ó seis pesetas que costarán los ejemplares de las dos obras puede cualquiera salir de dudas. Ni por el asunto, ni por la idea, ni por los personajes, hay el menor parecido entre una y otra. Hasta la aparente similitud del título es una gran diferencia. Le repas du lion—basta haber leído las fábulas—es, como todos saben, la parte del león. La comida de las fieras es... el domador, según mi obra, basada, como recuerdan cuantos la han visto ó leído, en escenas muy madrileñas y de actualidad cuando la obra se estrenó. Pasemos.

¿Será verdad que don Joaquín Dicenta, como presidente de la Sociedad de Autores Españoles, aseguró á don Enrique Gómez Carrillo que los derechos de La comida de las fieras eran enviados á la Sociedad de Autores Franceses?

Don Joaquín Dicenta tiene la palabra; entre tanto, don Miguel Ramos Carrión, actual presidente de la Sociedad, me escribe la siguiente carta:

Mi querido amigo: La Sociedad de Autores Españoles no envía ni ha enviado nunca á la de Autores Franceses parte, grande ni pequeña, de los derechos de representación correspondientes á las obras de usted, porque, para hacerlo, no hay ninguna orden.

Claro es que á usted le consta; pero, por complacerle en lo que desea, así lo declaro oficialmente.

Sirva, pues, para quien, sin fundamento, afirma lo contrario. Siempre de usted compañero y padrino literario,

Miguel Ramos Carrión

Todo esto aparte, mal podría M. Curel cobrar esos trimestres, de que el señor don Enrique Gómez Carrillo está tan al tanto, cuando La comida de las fieras no se ha representado en España ni en América desde hace once ó doce años. Como se ve, á pesar de mi buen deseo, no puede hallarse el fondo de verdad que yo deseaba en las afirmaciones de don Enrique Gómez Carrillo.

¿Ha sido ligereza? Para ligereza, es demasiado. ¿Ha sido mala intención? Para mala intención, es poco. ¿Ha sido ironía? Para ironía faltaba el fundamento de que La comida de las fieras fuera, en efecto, algo parecido á Le repas du lion. ¿Ha sido una broma literaria? Como broma sí hubiera tenido gracia... allá en la juventud de don Enrique Gómez Carrillo.

Contra la opinión de muchos, yo creo que sólo ha habido ligereza por parte de don Enrique Gómez Carrillo, y espero que se apresurará á rectificarla.

Don Enrique Gómez Carrillo, por su historia literaria, por su significación, no está en el caso de que se le confunda con uno de esos jovenzuelos cronistas que sueltan dos ó tres impertinencias, para llamar la atención, en cualquier periódico de ventura.

Y conste que el menos molestado con «la ligereza» he sido yo. En esta semana la actualidad era hablar, en pro ó en contra, de la Prensa. Don Enrique Gómez Carrillo me ha dado asunto para no verme obligado á opinar; asunto y argumento. Muchas gracias.