CAPÍTULO XV.

ILUSION DE LOS PUNTOS FIJOS EN EL ESPACIO.

[96.] No siendo el espacio otra cosa que la extension misma de los cuerpos, y por tanto no existiendo espacio donde no existen cuerpos, se sigue que esa extension que concebimos distinta de ellos, con dimensiones fijas, con puntos fijos, inmóvil en sí, y receptáculo de todo lo que se mueve, es una pura ilusion, á la cual nada corresponde en la realidad.

Para aclarar mas esta doctrina, y soltar al propio tiempo algunas dificultades que contra ella se ofrecen, es necesario analizar la idea de fijeza que tenemos con respecto al espacio. Como en el mundo se nos presentan algunos puntos inmóviles, con respecto á los cuales concebimos las direcciones, se engendra en nuestro ánimo la idea de fijeza de dichos puntos, y con relacion á ellos, y por causa de ellos, nos imaginamos la fijeza, la inmovilidad, como una de las propiedades que distinguen á ese receptáculo ideal que apellidamos espacio. Los cuatro puntos cardinales del mundo: oriente, occidente, norte y sud, han debido comenzar naturalmente por producir esta idea de fijeza. Sin embargo no será difícil manifestar que no hay tal fijeza, y que la idea de ella es una pura ilusion.

[97.] Comencemos por destruir la fijeza de oriente y occidente. En primer lugar, suponiendo á la tierra un movimiento diurno de rotacion sobre su eje, como en la actualidad se lo suponen los astrónomos, los puntos de oriente y occidente, lejos de ser fijos, cambian incesantemente para todos los lugares de la tierra. Así suponiendo un observador en A, punto de la tierra, su oriente será el punto B, y su occidente el punto C. Si la tierra gira sobre su eje, el oriente y occidente del observador corresponderán sucesivamente á los m, n, p, q, etc., en el confin que imaginamos como la bóveda celeste. Luego, aun suponiendo esta bóveda fija, el oriente y el occidente no significan nada fijo.

Si se negase el movimiento de rotacion de la tierra, las apariencias serian las mismas que si en efecto la rotacion existiese; y por tanto, nunca se puede decir mas, sino que la fijeza es una apariencia. Además, suponiendo la tierra en quietud y el cielo en rotacion, todavía es mas imposible señalar los puntos fijos de oriente y occidente: porque en tal caso, los mismos puntos del cielo á que los referíamos, estarian en continuo movimiento.

Lo repito: todo esto son meras apariencias: el hombre que nada sepa sobre la esfericidad de la tierra, y que se la imagine como un plano, si camina de occidente á oriente, creerá que los dos puntos permanecen inmóviles, no obstante de que cambian incesantamente: se imagina que va dejando siempre á su espalda el lugar de donde salió, no obstante de que en habiendo recorrido la circunferencia de la tierra, se volveria á encontrar en él.

[98.] El norte y el sud parecen ofrecer mas dificultad por razon de su fijeza en cuanto á nosotros; pero tampoco será difícil manifestar que no hay en dicha fijeza nada absoluto, y que lo mas que puede decirse es que hay una fijeza aparente. Sean N y S los polos norte y sud. Si imaginamos que giran á un mismo tiempo la tierra y la bóveda celeste de sud á norte, es claro que la fijeza de los puntos N S no existirá: y sin embargo el observador A creerá que todo continúa fijo, porque las apariencias serán absolutamente las mismas.

Para un observador que camina del ecuador hácia un polo, este se levanta de continuo sobre el horizonte; para otro que permanece en un mismo lugar, el polo está quieto.

Aun para un mismo lugar de la tierra, cambia la altura del polo, por la variacion del ángulo formado por el plano de la eclíptica con el plano del ecuador; variacion que segun unos, es de 48" por siglo, y segun otros, 0", 521 por año, lo que da 52, 1" por siglo.

[99.] Resulta de estas observaciones, que en la situacion de los cuerpos no hay nada absoluto, que todo es relativo; que un cuerpo puede existir solo; pero que la situacion entonces no existe, porque es una idea puramente relativa, y no hay relacion cuando falta punto de comparacion; que absolutamente hablando, no hay arriba ni abajo, y que aun cuando imaginemos esos puntos como fijos, esa imaginacion no es mas que la comparacion que hacemos entre dos puntos; siendo abajo, aquel hácia el cual gravitamos, y arriba, el opuesto; como se ve en los antípodas, que llaman abajo, lo que nosotros arriba, y arriba, lo que nosotros abajo.

[100.] Sin puntos á los cuales se refiera la direccion, es imposible la direccion. Luego las direcciones sin la existencia de los cuerpos, son cosas puramente ideales; luego un cuerno solo, tampoco las tendria, fuera de su propia extension.

[101.] Contra esta explicacion se presenta una dificultad, á primera vista muy grave, pero que en realidad vale muy poco. Si existiese un cuerpo solo, ¿podria Dios darle movimiento? Negarlo, parece una limitacion de la omnipotencia; concederlo, es destruir todo lo que se ha dicho contra el espacio distinto de los cuerpos.

Esta dificultad saca su gravedad aparente de una confusion de ideas, efecto de no comprenderse bien el estado de la cuestion. Para soltarla preguntaré á quien me la proponga: ¿El movimiento de que se trata es intrínsecamente imposible, ó nó. Si lo es, no hay inconveniente en decir que Dios no lo puede hacer; pues que la omnipotencia no se extiende á cosas contradictorias; si se me dice que no es imposible, entonces volvemos á las cuestiones sobre la naturaleza del espacio, y hay que examinar si las razones en que se ha probado dicha imposibilidad, son verdaderas ó nó.

Las cuestiones relativas á la omnipotencia, no son de este lugar, su resolucion es un simple corolario de la resolucion principal. Si se demuestra la imposibilidad, el decir que no lo puede la omnipotencia, no es limitarla; así como no se limita cuando se afirma que no puede hacer que un triángulo sea un círculo. Si la imposibilidad no se demuestra, entonces, no entra para nada la cuestion de la omnipotencia.

[102.] El argumento fundado en la existencia del vacío, tampoco destruye la doctrina establecida. Los físicos lo admiten generalmente, y lo suponen necesario para explicar el movimiento, la condensacion, la rarefaccion, y otros fenómenos de la naturaleza. A esto responderé lo siguiente.

1.º Descartes y Leibnitz, son votos en materia de física tanto experimental como trascendental; y sin embargo no admitieron vacío.

2.º La observacion no puede consignar en ninguna parte la existencia del vacío: ya porque el diseminado, ocuparia espacios tan diminutos que no los alcanzaria ningun instrumento; ya porque la observacion no puede ejercerse sino sobre lo que afecta nuestros sentidos, y á esto quizás no llegan algunos cuerpos por su excesiva tenuidad.

3.º Nada se puede resolver de cierto sobre las modificaciones íntimas de la materia, en el movimiento y en la condensacion y rarefaccion, sin conocer los elementos de que ella se compone.

4.º Así como no se comprende bien ni la infinita divisibilidad, ni la composicion de un extenso con puntos inextensos; no es extraño que no se comprendan los fenómenos, que parecen incompatibles con la negacion del vacío.

5.º La existencia del vacío es una cuestion metafísica, que está fuera de las regiones de la experiencia, y que por tanto en nada afecta el sistema de las ciencias de observacion.

[103.] Haciendo consistir la idea del espacio en la de extension abstracta ó generalizada, conciliamos todo lo que en ella se nos presenta de necesario, de absoluto, de infinito, con su realidad objetiva. Esta realidad, es la extension misma de las cosas; la necesidad, la infinidad, no se encuentran en las cosas mismas, sino en la idea abstracta. Los objetos en sí están ceñidos á la esfera de la realidad, y por tanto á la limitacion, á la contingencia; la objetividad de la idea abstracta comprende lo existente y lo posible; y por consiguiente no tiene límites, ni está sometida á ninguna contingencia.