CAPÍTULO XVI.

OBSERVACIONES SOBRE LA OPINION DE KANT.

[104.] Ya hemos visto que la extension considerada en nosotros, sale de los límites de las sensaciones; es una verdadera idea: es base de algunas sensaciones; y es al propio tiempo una idea pura. En cuanto se refiere á la sensacion, es como el fundamento de nuestras facultades sensitivas; en cuanto idea, es la raíz de la geometría. Esta distincion es importante; y nos servirá luego para apreciar en su justo valor la opinion de Kant sobre el espacio.

[105.] Mas ó menos, todas nuestras sensaciones se ligan con la extension; bien que considerando la sensacion á priori, independientemente de todo hábito, y completamente aislada, parece que solo las de la vista y del tacto, están necesariamente ligadas con un objeto extenso. Un viviente que careciera de estos dos sentidos, no parece que debiera estar privado de recibir las impresiones del oido, y del olor; quizás tampoco del sabor, porque si bien es verdad que con las sensaciones del paladar van siempre unidas las del tacto, como duro, blando, caliente, frio etc. etc., tambien es cierto que estas sensaciones son enteramente distintas de la del sabor, y no tenemos ninguna razon para asegurar que no puedan separarse.

[106.] La extension, considerada en nosotros, ó sea en su intuicion, puede ser mirada, como una condicion necesaria de nuestras facultades sensitivas; Kant vió esta verdad; pero la exagera cuando niega al espacio una realidad objetiva, afirmando que no es mas que una condicion subjetiva a priori para que puedan recibirse las impresiones: la forma de los fenómenos, esto es, de las apariencias; pero nada en la realidad. Ya he dicho que el espacio como distinto de los cuerpos, es nada; pero el objeto de la idea del espacio es la misma extension de los cuerpos; ó mejor, esta extension es el fundamento de donde sacamos la idea general del espacio, y ella á su vez, queda tambien comprendida en la idea general.

[107.] Decir como Kant, que el espacio es la forma bajo la cual se nos presentan los fenómenos, y que es una condicion subjetiva necesaria para la percepcion de ellos, equivale á decir que los fenómenos, presentándose como extensos, necesitan que el espíritu sea capaz de percibir la extension; lo que es mucha verdad; pero nada explica sobre la naturaleza de la idea del espacio ni en sí, ni en su objeto. «El espacio, dice Kant, no es un concepto empírico derivado de las intuiciones exteriores: pues para que ciertas sensaciones sean referidas á objetos externos, es decir, á alguna cosa que está en un lugar diferente del que yo ocupo, y hasta para que yo pueda representarme las cosas como exteriores unas á otras, esto es, no solo como diferentes, sino como ocupando lugares distintos, la representacion del espacio debe estar ya puesta en principio. De donde se sigue que la representacion del espacio no puede derivarse de las relaciones del fenómeno exterior por la experiencia, y que antes bien la experiencia misma no es jamás posible sino por esta representacion» (Esthetica trascendental, Seccion 1).

[108.] Aquí hay una confusion de ideas que conviene aclarar. ¿Qué se necesita para el fenómeno de la sensacion de lo extenso? Adviértase que no trato de la apreciacion de las dimensiones, sino simplemente de la extension representada, sea como fuere. Para este fenómeno, no veo yo que se necesite nada à priori; á no ser que se entienda la facultad de sentir, la que en efecto existe à priori, es decir que es un hecho primitivo de nuestra alma en sus relaciones con la organizacion del cuerpo que le está unido, y de los demás que le rodean. Bajo ciertas condiciones de nuestra organizacion, y de los cuerpos que la afectan, el alma recibe las impresiones de ver ó tocar, y con ellas la de la extension. Esta no se presenta en abstracto, ni como separada de las demás sensaciones que la acompañan, sino en confuso con ellas. El alma no reflexiona entonces para considerar lo uno puesto aquí, lo otro allá, lo demás acullá, sino que tiene una intuicion de esta disposicion de las partes, nada mas. Mientras el hecho se limita á la pura sensacion, es comun al sabio, al ignorante, al adulto, al niño, y hasta á todos los animales. Esto, no necesita nada à priori, si por tal no se entiende, la facultad de sentir: lo que no significando otra cosa sino que un ser para sentir, es necesario que tenga la facultad de sentir, no se debe anunciar como un descubrimiento filosófico.

[109.] No hay tal descubrimiento en la doctrina de Kant sobre el espacio: no hay mas que, por una parte, la consignacion de un hecho muy sabido; y por otra, la renovacion del idealismo. La consignacion de un hecho muy sabido: pues á esto equivale el hacer notar que la intuicion del espacio es una condicion subjetiva necesaria para que podamos percibir las cosas unas fuera de otras. La renovacion del idealismo; en cuanto se niega á esta extension toda realidad, considerando las cosas, y su disposicion en el espacio, como puros fenómenos, ó sea meras apariencias. La parte de observacion es verdadera en el fondo; porque en efecto, nos es imposible percibir la exterioridad de las cosas entre sí, y con respecto á nosotros, sin la intuicion del espacio; pero tal vez no está expresada con bastante exactitud, porque esta intuicion del espacio es la misma percepcion de la exterioridad; y por consiguiente, mas bien debiera decirse que la intuicion del espacio y esta percepcion son cosas idénticas, que no que la primera sea una condicion indispensable para la segunda.

[110.] Anteriormente á las impresiones, no hay semejante intuicion; y reflexionando bien sobre ella, en cuanto es pura intuicion, y separada de los conceptos intelectuales, no es concebible sin andar acompañada de alguna representacion de los cinco sentidos. Imaginémonos el espacio puro, sin ninguna de estas representaciones, sin dejarle siquiera esa vaguedad sombría que fingimos en las regiones de mas allá del universo; ¿qué nos resta? La imaginacion se encuentra sin objeto: la intuicion cesa; y solo nos quedan los conceptos puramente intelectuales, que nos formamos de la extension; las ideas de un órden de seres posibles, la afirmacion ó la negacion de la existencia de este órden; segun sean las opiniones que profesemos sobre la realidad ó no realidad del espacio.

[111.] Es claro que de una serie de puras sensaciones, nada resulta general, nada que pueda servir de fundamento á una ciencia. Son un conjunto de fenómenos que dejarán huella en la memoria del ser sensible, que se enlazarán de cierto modo, para que en repitiéndose la representacion del uno, se excite la del otro; pero no darán ningun resultado general, que sirva de fundamento á la geometría. El perro habrá visto á un hombre que se inclinaba hácia el suelo, que despues se movia, y le arrojaba una piedra; y á consecuencia habrá experimentado una sensacion dolorosa; cuando vea pues á otro hombre en la actitud de inclinarse, y en seguida tomando el ademan de la otra vez, echará á correr; porque enlazadas en su memoria las sensaciones de inclinarse, del ademan, y del dolor, se excitará la tercera con la presencia de las dos primeras: y el instinto de preservarse del daño, le inspirará la fuga.

[112.] Cuando estas sensaciones se hallan en un ser inteligente, excitan otros fenómenos internos, distintos de la mera intuicion sensitiva. Sea que en nuestro espíritu se hallen las ideas generales, sea que se formen con el auxilio de la sensacion, lo cierto es que se desarrollan en presencia de ella. Así en el caso presente, no solo tenemos la intuicion sensitiva de la extension, sino que percibimos algo comun á todas las cosas extensas: la extension deja de ser un objeto particular, y pasa á ser como una forma general aplicable á todas las cosas extensas. Entonces, ya no hay la intuicion de lo extenso, hay la percepcion de la extension en sí; entonces, comienza la reflexion sobre la idea, y su consiguiente descomposicion; de lo cual brotan como fecundos gérmenes algunos principios, que se desarrollan hasta lo infinito, formando ese inmenso árbol de ciencia que se apellida geometría.

[113.] El tránsito de la sensacion á la idea, de lo contingente á lo necesario, del hecho particular á la ciencia general, ofrece importantes consideraciones sobre el orígen y naturaleza de las ideas, y elevado carácter del espíritu humano.

Kant parece haber confundido la imaginacion del espacio con la idea: á pesar de sus esfuerzos analíticos, no ha profundizado tanto como él se figura, cuando considera el espacio como un receptáculo de los fenómenos; esta, repito, es una idea muy comun; solo que Kant le ha destruido la objetividad, haciendo del espacio una condicion puramente subjetiva. Segun este filósofo, el mundo es el conjunto de las apariencias que se presentan á nuestro espíritu: y así como nos imaginamos en lo externo, un receptáculo sin límites que lo contenga todo, y no sea nada de lo contenido, así él ha colocado en nuestro interior el espacio, como una condicion preliminar, como una forma de los fenómenos, como una capacidad en la cual los pudiéramos distribuir y ordenar.

[114.] En esto ha confundido Kant la imaginacion vaga, con la idea. Hé aquí los límites de estas cosas. Vemos un objeto: tenemos la sensacion, y la intuicion de la extension. El espacio percibido ó sentido, es en este caso la extension misma sentida. Imaginamos muchos objetos extensos, y una capacidad en que todo está contenido. Ella se nos presenta en nuestra imaginacion, como la inmensidad de las regiones etéreas, como abismos insondables, como regiones tenebrosas, mas allá de los límites de la creacion. Hasta aquí no hay idea, no hay mas que imaginacion, nacida de que al comenzar á ver los cuerpos, no vemos el aire que los rodea, y la trasparencia de este nos permite ver objetos lejanos, y así desde nuestra infancia nos acostumbramos á imaginar una capacidad vacía, donde están situados todos los cuerpos y distinta de ellos.

Hasta aquí no hay idea del espacio, no hay sino imaginacion de él; especie de idea sensible, tosca, comun probablemente al hombre y al bruto. La verdadera idea, la digna únicamente de este nombre, es la que tiene el espíritu cuando concibe la extension en sí misma, sin ninguna mezcla de sensacion, y que es como la semilla de toda la ciencia geométrica.

[115.] Y aquí es menester observar que la palabra representacion, aplicada á las ideas puramente intelectuales, debe ser tomada en sentido metafórico, á no ser que eliminemos de su significado todo cuanto se puede referir al órden sensible. Por las ideas conocemos los objetos; pero no se nos representan los objetos. La representacion propiamente dicha, no tiene lugar sino en la imaginacion, que por necesidad se refiere á cosas sensibles. Si demuestro las propiedades del triángulo, claro es que le conozco, que tengo una idea de él; pero esta idea no es aquella representacion interior que se me ofrece como en un encerado. Esta representacion la tiene todo el mundo, la tienen los mismos irracionales; y sin embargo no se puede decir que los brutos tengan idea del triángulo. Aquella representacion es igualmente perfecta en todos; no hay en ella mas y menos; quien se imagina tres líneas, cerrando una área, posee la representacion del triángulo con tanta perfeccion como Arquímedes; lo que no puede verificarse de la misma idea del triángulo, que evidentemente es susceptible de muchos grados de perfeccion.

[116.] La representacion del triángulo está siempre limitada á cierto tamaño y figura. Cuando imaginamos un triángulo, se nos ofrecen sus lados con tal ó cual extension, y sus ángulos mas ó menos grandes. La imaginacion, al representársele un triángulo obtusángulo, ve una cosa muy diferente de uno rectángulo ó acutángulo; mas la idea del triángulo en sí, no está sujeta ni á tamaños ni á figuras particulares; se extiende á todas las figuras triangulares de todos los tamaños. La idea general de triángulo prescinde por necesidad de todas las especies de triángulos; y la imaginacion del triángulo es por necesidad la representacion de un triángulo de tal ó cual especie. Luego la representacion y la idea son cosas muy diversas, aun refiriéndose á objetos sensibles.

[117.] Lo propio sucede con el espacio. La representacion de él no es su idea. En esa representacion se nos ofrece siempre algo determinado: una claridad como la del aire iluminado por el sol; una negrura como la del mismo aire en una noche tenebrosa. En la idea, no hay nada de esto: cuando se raciocina sobre la extension, sobre las distancias, no debe entrar nada de esto.

La idea del espacio es una; las representaciones son muchas; la idea es comun al ciego como al que tiene vista; para ambos es igualmente el fundamento de la geometría; pero la representacion es muy diferente en ellos. El que tiene vista se representa el espacio como una reproduccion confusa de las sensaciones de este sentido; el ciego, solo se le puede representar como una repeticion confusa de las sensaciones del tacto.

La representacion del espacio es solo indefinida, y esto progresivamente: la imaginacion recorre un espacio tras de otro; pero no se representa de un golpe un espacio sin límites: esto le es imposible: si se esfuerza por lograrlo, le sucede lo mismo que á la vista si quisiera abarcar un objeto sin fin. La imaginacion es una especie de vista interior, se extiende hasta cierto punto; pero allí encuentra un término. Puede, es verdad, retirar este término, y dilatarse mas allá, pero sucesivamente, y siempre con la condicion de encontrar otro. El espacio no se le representa infinito, sino indefinido; es decir que despues de un límite dado encuentra todavía mas espacio; sin que nunca alcance á imaginar una totalidad infinita. Lo contrario sucede en la idea: instantáneamente, concebimos lo que se entiende por espacio infinito: disputamos desde luego sobre su posibilidad ó imposibilidad, le distinguimos perfectamente del indefinido, preguntando de este si en realidad tiene límites ó no; llamándole finito en el primer caso, é infinito en el segundo. Vemos en la palabra indefinido, la expresion de la impotencia de encontrar límites; pero distinguimos muy bien entre el existir esos límites y el ser encontrados. Con lo cual se ve que la idea nos ofrece cosas muy diferentes de la representacion.

El mirar el espacio como una simple condicion de la sensibilidad, es confundir los dos aspectos bajo los cuales se debe considerar la extension: como base de las sensaciones, y como idea; como el campo de todas las representaciones sensibles, y como el orígen de la geometría. Repetidas veces he insistido sobre esta distincion, y no me cansaré de recordarla; porque en ella se encuentra la línea que separa el órden sensible, del órden intelectual puro, las sensaciones, de las ideas.