CAPÍTULO XXV.
ARMONÍA DEL ÓRDEN REAL, FENOMENAL, É IDEAL.
[178.] En el mundo externo podemos considerar dos naturalezas: una real, otra fenomenal; la primera es propia, absoluta: la segunda, es relativa al ser que percibe el fenómeno: por la primera, el mundo es; por la segunda, aparece.
Un ser intelectual puro conoce lo que el mundo es; un ser sensible experimenta lo que aparece. En nosotros mismos podemos notar esta dualidad: en cuanto sensibles, experimentamos el fenómeno: en cuanto inteligentes, ya que no conozcamos la realidad, nos esforzamos en columbrarla por medio de raciocinios y conjeturas.
[179.] El mundo externo en su naturaleza real, prescindiendo absolutamente de la fenomenal, no es una ilusion. Su existencia nos es conocida no solo por los fenómenos, sino tambien por los principios del entendimiento puro, superiores á todo lo individual y contingente. Dichos principios, apoyados un los datos de la experiencia, esto es, en las sensaciones cuya existencia nos atestigua el sentido íntimo, nos aseguran de que la objetividad de las sensaciones, ó sea la realidad de un mundo externo, es una verdad.
[180.] Esta distincion entre lo esencial y lo accidental, y entre lo absoluto y lo relativo, era conocida en las escuelas. La extension no era considerada como la esencia de los cuerpos, sino como un accidente; las relaciones de los cuerpos con nuestros sentidos, no se fundaban inmediatamente en la esencia, sino en los accidentes. La esencia de los cuerpos, la constituian la materia y la forma substancial unidas: la materia recibiendo la forma, y la forma actuando la materia. Ni la materia ni la forma substancial eran inmediatamente perceptibles para el sentido, pues que esta percepcion necesitaba la determinacion de la figura y otros accidentes, distintos de la esencia del cuerpo.
Así es que distinguian los escolásticos objetos sensibles de tres clases: propio, comun y por accidente: proprium, commune, et per accidens. El propio es el que se ofrece inmediatamente al sentido, y no es percibido sino por uno solo: el color, el sonido, el olor, y el sabor. El comun, es el que es percibido por varios sentidos, como la figura, la cual es objeto de la vista y del tacto. El accidental, ó per accidens, es el que no es percibido directamente por ningun sentido, que está oculto bajo las calidades sensibles, y se nos descubre por medio de estas: como las substancias. Lo sensible per accidens, está enlazado con las calidades sensibles; pero estas no lo ofrecen al entendimiento como una imágen el original, sino como un signo la cosa significada. De aquí es que á lo sensible per accidens, no se le suponian las emisiones de especies para reducir al acto á la facultad sensitiva: era mas bien inteligible que sensible.
[181.] En el universo corpóreo, considerado en su esencia, no hay necesidad de suponer nada que sea semejante á la representacion sensible, pero sí es necesario suponer una correspondencia entre el objeto y la idea; de otro modo seria menester admitir, que las verdades geométricas pueden ser desmentidas por la experiencia.
[182.] Aunque la extension no sea mas que un órden de seres de que nosotros no podemos formar perfecto concepto, por no sernos dable depurar las ideas de toda forma sensible, este órden ha de corresponder á nuestras ideas, y aun á nuestras representaciones sensibles, en cuanto es necesario para comprobar la verdad de las ideas. Es evidente que el órden fenomenal, aunque distinto del real, está sin embargo ligado con él y depende del mismo, por leyes constantes: si suponemos que no hay un paralelismo entre la realidad y el fenómeno, y que en aquella no hay todas las condiciones necesarias para satisfacer las exigencias de este, no habrá ninguna razon porque los fenómenos estén sometidos á leyes constantes, y no suframos en nuestra experiencia perturbaciones continuas. No suponiendo una correspondencia fija y constante entre la realidad y la apariencia, el mundo para nosotros se convierte en un caos; y se nos hace imposible toda experiencia constantemente ordenada.
[183.] Desenvolvamos la observacion que precede. Una de las proposiciones elementales de la geometría dice: los ángulos opuestos al vértice son iguales. Para demostrar su verdad, necesito la intuicion interna de dos líneas que se cortan prolongándose por ambos lados; pero la proposicion geométrica no se ciñe á ninguna de aquellas intuiciones particulares, sino que se extiende á todas las imaginables, sin ningun límite en su número, sin ninguna determinacion en cuanto á la medida de los ángulos, ni á la longitud de las líneas, ni á su posicion en el espacio. Hé aquí la idea pura, abarcando infinitos casos; cuando la intuicion sensible no representa mas que uno solo, si se trata de un mismo tiempo, y varios aisladamente, si se trata de representaciones sucesivas. El entendimiento no se limita á afirmar esta relacion entre las ideas, sino que aplica lo mismo á la realidad, y dice: donde quiera que se realicen las condiciones de este órden ideal, se verificará en el real lo mismo que estoy viendo en mis ideas; y si estas condiciones no se realizan con toda exactitud, en proporcion de esta se verificará mas ó menos la relacion expresada: cuanto mas delicadas sean las líneas reales que se corten, cuanto mas se aproximen á la perfeccion en cuanto á ser rectas, tanto mas aproximadamente se verificará la relacion de la igualdad de los ángulos. Este convencimiento se funda en el principio de contradiccion, el cual resultaria falso si la proposicion no se verificase; y se halla confirmado por la experiencia, en cuanto esta puede alcanzar de algun modo las condiciones puestas en el órden ideal.
[184.] Ahora bien: en la realidad ¿qué es lo que corresponde á dicha proposicion? una línea existente ó real, será un órden de seres; dos líneas que se corten serán dos órdenes de seres, con una relacion determinada; el ángulo será el resultado de esta relacion, ó mejor la relacion misma; y la igualdad del ángulo opuesto será la correspondencia de estas relaciones en razon de igualdad, por la continuacion del mismo órden en otro sentido. Este conjunto de relaciones entre los órdenes de los seres, y la correspondencia de estos órdenes entre sí, será lo que corresponde en la realidad á la idea geométrica pura, ó bien á la idea separada de toda representacion sensible. Con tal que las relaciones de la idea tengan sus objetos correspondientes en las relaciones de la realidad, la geometría existe no solo en el órden ideal sino tambien en el real. Como el fenómeno, ó sea la representacion sensible, está sometido á las mismas condiciones que la idea, habiendo tambien en el órden de los fenómenos ciertas relaciones en la misma razon que en la idea y en el hecho, tendremos acordes la idea, el fenómeno y la realidad, y explicado por qué el órden intelectual se confirma con la experiencia, y esta á su vez recibe con toda seguridad la direccion de aquel.
[185.] Esta armonía ha de tener una causa; es menester buscar un principio donde se pueda encontrar la razon suficiente de ese acuerdo admirable entre cosas tan distintas: y aquí surgen nuevos problemas que por una parte abruman el entendimiento y por otra lo ensanchan y le alientan, con el grandioso espectáculo que ofrecen á su vista, y el campo inmenso que le brindan á recorrer.