CAPÍTULO XXVI.
CARÁCTER DE LAS RELACIONES DEL ÓRDEN REAL CON EL FENOMENAL.
[186.] El acuerdo de la idea, del fenómeno y de la realidad, ¿es necesario, esto es, fundado en la esencia de las cosas, ó ha sido establecido libremente por la voluntad del Criador?
Si el mundo no tuviese mas realidad que la expresada por la representacion sensible, si las apariencias contuviesen una copia exacta de la esencia íntima de las cosas, seria menester decir que este acuerdo es inalterable, que las cosas no son mas que lo que parecen; y que en el supuesto que existan, han de ser tales como parecen, y esto por absoluta necesidad; pues que ninguna cosa puede estar en contradiccion con su nocion constitutiva. Lo que ahora es extenso, seria por necesidad extenso; y no podria menos de serlo del mismo modo que nos lo parece, y bajo las mismas condiciones: la relacion de los cuerpos entre sí estaria necesariamente sujeta á las mismas leyes fenomenales: todo lo que fuera apartarse de este órden seria una contradiccion, que no cae ni bajo el poder de la omnipotencia.
[187.] Los cuerpos se nos presentan en la intuicion sensible con magnitudes determinadas, y estas en cierta relacion fija, que nosotros calculamos, comparándola con una extension inmóvil, cual nos figuramos el espacio. Por la magnitud ocupan los cuerpos cierto lugar, tambien determinado, aunque mudable con el movimiento. Por la relacion de las magnitudes, ocupan mayor ó menor lugar, y se excluyen recíprocamente de uno mismo: esta exclusion la llamamos impenetrabilidad. La cuestion que aquí se ofrece es la siguiente: la determinacion de las magnitudes, y la relacion de ellas con respecto á la ocupacion de lugares, ¿son cosas absolutamente necesarias de manera que su alteracion envuelva contradiccion? nó.
[188.] La relacion al lugar, considerando á este como una porcion del espacio puro, no significa nada; pues ya hemos visto que este espacio no es mas que una simple abstraccion de nuestro entendimiento, y que en sí mismo no tiene ninguna realidad: es nada. Luego la relacion á él, será tambien nada, á causa de que la relacion es nula, cuando falta el término á que se ordena. Luego todas las relaciones de los cuerpos á los lugares, no pueden ser otra cosa que las relaciones de los cuerpos entre sí.
[189.] Este es el principal punto de vista en las presentes cuestiones; el entendimiento se confunde, cuando comienza por suponer al espacio una naturaleza absoluta, con relaciones necesarias con todos los cuerpos. Recuérdese la doctrina de los capítulos (XII, XIII, XIV y XV) donde se explica cómo se engendra en nosotros la idea del espacio, qué objeto le corresponde en la realidad y de qué manera; y se echará de ver que esas relaciones absolutas y esenciales, que creemos descubrir entre los cuerpos y una capacidad vacía y real, son ilusiones de nuestra imaginacion, efecto de que no depuramos bastante el órden ideal, de que no le separamos de las impresiones sensibles. En estas cuestiones, no se puede entender nada, ni aun el sentido de ellas, si no se hace un esfuerzo por lograr esta separacion, en cuanto es posible á nuestra naturaleza. Si esto se consigue, las cuestiones que voy á examinar en los capítulos siguientes, parecerán muy filosóficas; y su resolucion, si nó verdadera, al menos verosímil; pero si se confunden cosas tan distintas como son el órden intelectual puro, y el sensible, dichas cuestiones parecerán absurdas. Es inadmisible el idealismo que destruye el mundo real; pero no lo es menos el empirismo que aniquila el órden ideal; si no pudiéramos elevarnos sobre las representaciones sensibles, debiéramos renunciar á la filosofía, dejando el pensar, y limitándonos á sentir.