ESCENA ULTIMA

DICHOS, Mr. WAN-VIN, ANDRÉS; después RAMÓN. Wan-Vin sale vestido de marinero con un trapecio en la mano que se supone está enganchado al globo.

Hablado

Ans.

¿No notan ustedes olor á paja quemada?

Ros.

¡Como que es la sorpresa! Miren ustedes. (Se dirigen á la izquierda.)

Todos

¡Un globo!

Wan.

(Saliendo.) Mosié Andrés, allón usté á la barquilla, yo al trapecio.

And.

Corriente, pero yo daré la voz de partida. (Vase.) ¿Estamos? ¡A la una! ¡á las dos!... ¡y á las tres! (Carlota, por detrás de los convidados, echa á correr haciendo mutis por donde Andrés. Wan-Vin cae al suelo, suponiéndose que al partir el globo han desenganchado las cuerdas del trapecio.)

Todos

¡Ay!

Ans.

¡Mi hija!

Wan.

¡Ah, bigre! Se van juntos.

Ros.

Te quedaste sin novia.

Ruf.

Pues yo no vuelvo á la oficina.

Ans.

¡Cuando yo decía que le conocía! Es el que nos seguía en Biarritz.

Ros.

Pronto, un caballo; hay que seguir la dirección del globo.

Unos

¡El globo! ¡El globo!

Otros

¡Qué alto!

Ram.

A mí me han dao esto para usté. (Música en la orquesta muy piano, el vals del dúo, mientras el globo, de tamaño conveniente, según el escenario, cruza la escena. En la barquilla van dos figuras que mueven los pañuelos.)

Ruf.

Hacen señas con los pañuelos.

Ros.

Aquí dicen que si no movemos los nuestros en señal de perdón, se tiran abajo.

Ans.

Eso no, juntar todos los pañuelos para que los vean bien. (Todos lo hacen.)

Ruf.

¡Parece que tocan á banderillas!

Wan.

Pero es que yo no cedo al novio.

Ruf.

Ni yo me caso con esa señorita.

Wan.

¿Por estar quince minutos en globo?

Ruf.

Sí, pero cualquiera sabe lo que pasará allá arriba. (Desaparece el globo.)

Me han quitado la novia

y no me ofendo

si el público demuestra

que está contento,

y nos aplaude,

y perdona las faltas

del disparate.

TELON