ESCENA III

ROSA é ISIDRA

Rosa.

(Volviéndose hacia Isidra.) Ya me peiné.

Isidra.

¡Vaya si estás guapa!... Vales... así como el doble que hace ocho meses.

Rosa.

Es que el trabajo y las necesidades matan mucho... ¡si aún no sé cómo yo...!

Isidra.

¡Locuras que hacemos las mujeres!... Gracias á que abriste á tiempo los ojos.

Rosa.

(Que mientras habla, ha estado en el tocador, pasándose una borla de polvos por la cara.) ¡Ya!... ¡ya! (Contemplándose en el espejo del tocador.)

Isidra.

¿Qué vestido vas á ponerte?

Rosa.

Esta misma falda y la blusa encarnáa. Allí la tengo, en aquel cuarto. (El de la derecha.) Voy á buscarla. (Entra en el cuarto de la derecha.) En seguida vuelvo. (Entra en la habitación de la derecha.)

Isidra.

¿Quieres que te ayude?

Rosa.

(Dentro.) No hace falta. Sáqueme usté de ese armario el mantón.

Isidra.

¿Cuál de ellos?

Rosa.

(Dentro.) El negro de Manila bordáo.

Isidra.

(Abre el armario de la izquierda del fondo.) ¡Tienes aquí una tienda! (Registrando entre la ropa.) ¿Dónde está el mantón?

Rosa.

(Dentro.) Á la derecha; junto al vestido azul.

Isidra.

Ya dí con él. ¡Cuidáo si es rico!... (Mirando el mantón.) Aquí te lo dejo; en esta silla. (Deja el mantón sobre una silla. Sale Rosa de la habitación de la derecha, abrochándose la blusa.)

Rosa.

¡Malditas mangas!... Cuesta un año metérselas.

Isidra.

¿Quieres algo más?

Rosa.

Nada; hasta mañana. Deje usté entornáa la puerta de la calle pa cuando suba Paco. (Sale Isidra por el segundo fondo, y deja entornada la puerta.)