ESCENA II
ROSA, ISIDRA y PACO
Paco.
(Desde la puerta de la izquierda. Á Rosa, en tono de broma y con cariño.) No hay como tener buena mata de pelo pa presumir.
Rosa.
(Con coquetería.) ¡Pues hijo, todo es mío!
Paco.
(Con gachonería y cogiendo el pelo de Rosa entre sus manos.) ¡Y mío!...
Rosa.
(Con cariño.) De eso no hay que hablar... (Rechazando á Paco.) ¡Quita, que no puedo peinarme!... (Mirando á Paco y acercándose á él con el peine metido en el pelo.) Ya podías arreglarte ese lazo, el de la corbata. Lo llevas, con una punta mirando pa las nubes, y la otra pa las alcantarillas. ¡Trae que te lo arregle yo, desastráo!... (Arreglando la corbata á Paco.) Así.
Paco.
(Mirando á Rosa con pasión. Á Isidra.) ¿La ve usté señá Isidra? ¡Hay que comérsela!... (Á Rosa.) ¿Tardarás mucho en aviarte?
Rosa.
No.
Paco.
Pues, en tanto acabas, voy á la taberna á ajustar cuentas con los capataces. Mañana es sábado y hay que pagar á la gente.
Rosa.
¡No tardes!
Paco.
¡Calcula!... En cuanto que termine, subo, y nos vamos á dar una vuelta por la verbena en coche. Julián y Faustino me han dicho que irán también con la Indalecia y con la Antonia. Allí nos reuniremos con ellos, y luego nos marchamos juntos á tomar un bocáo... (Á Isidra.) Venga usté con nosotros.
Isidra.
No, hijo; yo no estoy pa verbenas: pa lo que estoy, es pa meterme en la cama; lo que haré dentro de un poquillo.
Paco.
Pues hasta mañana, y que usté descanse. (Paco coge un sombrero ancho, claro, que habrá encima de la mesa, y sale por el fondo.)