ESCENA PRIMERA
ROSA é ISIDRA
Rosa.
(Como si acabara de secarse las manos y colgando la toalla en un travesaño que tendrá el tocador. Á Isidra.) No traiga usté más este jabón. Me pone muy ásperas las manos.
Isidra.
Pues, hija, á mí por bueno me lo dieron. Ya ves, dos pesetas.
Rosa.
Es rematáo. Tráigame usté mañana una caja del otro; aquel blanco que huele tan bien. ¿Y mis sortijas?... ¡Aquí están! (Sacando tres ó cuatro sortijas de un joyero que habrá encima del velador.) Voy á decirle á Paco que me compre un ajustador, porque ésta me viene ancha. (Una de las sortijas, las cuales se habrá ido poniendo mientras habla.)
Isidra.
(Cogiendo la mano de Rosa que se habrá acercado á ella para enseñarle las sortijas.) ¡Y qué hermosa es!... No se cansa una de mirarla. ¡Vaya unas luces!
Rosa.
Cien duros costó.
Isidra.
Cuéntamelo á mí que fuí á comprártela con Paco. Miá que está enamoráo. No hay gasto que le paezca grande siendo pa tu persona.
Rosa.
Paco es un Dios pa mí. Me basta decirle, esto me apetece, pa que lo traiga; y en tocante á cariño, usté lo está viendo; cada día me quiere más.
Isidra.
Y tú á él.
Rosa.
Sí, señora; y él se lo merece; le quiero, es el único hombre á quien he querido de verdá.
Isidra.
Ahora comprenderás que llevaba yo mucha razón al decirte que dejases á Juan José.
Rosa.
(Con remordimiento.) ¡También me quería ese!
Isidra.
Sí; pero el cariño á palo seco, tiene mal pasar. (Como tratando de quitar importancia al recuerdo de Juan José.) Eso es una historia acabáa; no hay pa qué mentarlo.
Rosa.
¡Verdá! (Después de una pausa, cogiendo un peine del tocador y dirigiéndose al armario de luna, cuyas velas enciende.) Voy á arreglarme un poco el pelo. (Empezando á soltarse el pelo.) Paco me ha dicho que saldremos juntos esta noche. (Peinándose.)
Isidra.
¿Y la criáa nueva?
Rosa.
Mañana vendrá. Falta me hace, porque llevo unos días... Si no fuese por usté que me ayuda...
Isidra.
¡No he de ayudarte, hija; si gracias á tí y á tu Paco estoy en la gloria!... ¡Eso es portarse! (Sale Paco por la puerta de la izquierda, donde se detiene, contemplando á Rosa con cariño.)