SUCESORES DE AUSÍAS MARCH

Ausías es el astro más esplendente, lo hemos dicho antes de ahora, de la literatura catalana en los tres períodos en que al principio de este trabajo la dividimos. Al bajar al sepulcro va á su ocaso aquella poesía y comienza su crepúsculo vespertino; crepúsculo brillante aún mientras aquel astro ha traspuesto apenas los luminosos linderos del horizonte, pero cuyas esplendentes tintas van oscureciéndose á medida que se va hundiendo más en ellos.

Dejamos apuntados algunos de los caracteres que distinguen de los anteriores el último período de nuestra escuela poética. Ahora que vamos á ocuparnos más detenidamente en él, ¿no nos será dado indicar otros que, más que á la forma exterior, como los que entonces señalábamos, se refieren al espíritu que anima á los asuntos mismos, que son especial objeto de dicha escuela, al mismo tiempo que nos ocupemos en los principales de sus numerosos cultivadores que en ellos se inspiraron?

Hemos advertido más de una vez la dificultad de señalar, careciendo como carecemos de exactas noticias biográficas de un crecidísimo número de ellos, cuáles son los poetas que florecieron después de la muerte de Ausías; pero no tememos mencionar como tales, por más que algunos de ellos alcanzasen los días de este poeta y hasta compusiesen alguna de sus obras en los en que él exhalaba sus tristes ayes en los cantos de muerte, al mayor número de los que tomaron parte en el certamen valenciano de 1474, y sobre todo los concurrentes á las justas poético-religiosas de 1482, 1486 y 1488, algunos de los cuales por haber escrito sus obras en la segunda mitad de aquella centuria y por el carácter especial de las mismas, muy distinto del de las melancólicas y filosóficas esparsas del amante de Teresa, pertenecen en alma y cuerpo, permítasenos la expresión, á la nueva faz que ofrece la catalana escuela poética.

No creemos ofender la susceptibilidad literaria, ni el amor á sus respectivos países de nuestros poetas contemporáneos valencianos y catalanes, ni oscurecer la merecida, pero menos brillante fama de los muchos ingenios que, así en las fértiles llanuras de allende, como en las agrestes comarcas de aquende el Ebro, cultivaron en el mencionado período la gaya ciencia, si les decimos que, á nuestro parecer, que es también el de críticos de más valía que nosotros, aquel período lo fué de decadencia para nuestras patrias letras.

No somos de los que medimos los grados de cultura, ni la importancia literaria de una época dada, por el mayor ó menor número de hombres doctos, poetas y artistas, siquiera sean medianos, que en ella florecieron, ó de los congresos científicos y justas poéticas que se celebraron en la misma, ó por el ruido y aparato de que unos y otras se rodearon. Sin salir de nuestra casa ó con sólo asomarnos á la puerta de la de nuestros vecinos, los provenzales, podríamos hallar un doble testimonio en favor de nuestra opinión en este particular asunto. Mireya y la Atlántida, obras de verdadero ingenio, fueron concebidas y por ventura en parte escritas en el apacible retiro de una casa de campo la primera, y en las vastas soledades del Océano la segunda. Por lo demás, y puestos á un lado y en el alto lugar que merecen aquellas dos producciones, en esta como en la otra parte de los Pirineos no hay más que una sola voz para proclamar que la poesía envejece y decae en medio de los felibrejados de los provenzales y de los innumerables certámenes con que la festejan los catalanes. Copiosísima es la miés que en una y otra comarca, Provenza y Cataluña, se produce; pero raquíticas y de escasa substancia no pocas veces, hueras las más, las espigas que en ellas se cosechan. Mucho el ruido que en ambas se produce; pero es el que hace el viento pasando por espesos cañaverales; no el majestuoso rumor que despide la robusta y solitaria encina al sacudirla la brisa.

Fácil es colegir de lo dicho que estimando como un dato literario, digno de tomarse en cuenta al hacer la reseña del último período de nuestra literatura, sobre todo en la parte que á Valencia le corresponde, la muchedumbre de certámenes que á últimos del siglo XV se celebraron en dicha ciudad, y el número verdaderamente considerable de poetas que á ellos concurrieron; y apreciando al propio tiempo y alabando como es justo los esfuerzos que para el mayor florecimiento de la poesía, y en especial de la religiosa, hiciéronse, con mejor buena voluntad que acierto, por algunas personas influyentes, promoviendo aquellas justas de ingenio, no creemos, sin embargo, que debamos detenernos á hablar uno por uno de todos los poetas, en su mayor parte meros metrificadores, que en ellas figuraron como vencedores ó como vencidos, y de muchos de los cuales apenas se conocen más versos que los impresos en las colecciones que de sus poesías se formaron. Así, pues, dejando para los eruditos y bibliógrafos, que tienen la envidiable suerte de poseer algún ejemplar de los hoy por todo extremo raros libros dados á la estampa en el último tercio del siglo XV y primero del XVI, en que aquéllas se encuentran, el que saquen de la oscuridad en que yacen nombres tan del común de los críticos ignorados como los de Alcañiz, Nájera, Cardona, Gamizo, Llansol, Fira, Sent Climent, Villalba, Balaguer, Ausías de San Juan y otros; ó algunos fragmentos todavía menos conocidos, de escasísimo interés como obras de arte, hablaremos tan sólo, al igual que lo hemos hecho en las anteriores reseñas, de los que, siendo tenidos por más notables, caracterizan mejor aquel período literario en sus principales manifestaciones religiosas y satíricas, ya porque son sin disputa las que en él más dominan ó mayor importancia tienen, ya porque en la expresión de los sentimientos amorosos, los que tales asuntos trataron siguieron por lo común, con más ó menos fortuna, las huellas de su modelo y maestro Ausías.

Figuran entre los primeros, ó sea entre los que trataron con preferencia asuntos religiosos, Mossen Bernat Fenollar y el comendador Mossen Juan Scribá, á quienes citamos juntos, como autores que fueron de una composición de carácter místico, llena en ciertos trozos de verdadero sentimiento, titulada: Cobles de la passió de Jesuxristh, fetes per Mossen Fenollar é per Mossen Johan Scrivá, cavaller, contemplant en Jesus crucificat. Es una obra poética de cuarenta y seis estancias, de diez versos, dos de ellos quebrados, de las cuales corresponden veinte y tres á cada uno de sus dos autores, llena de notables conceptos y de elevadas y bellas imágenes con sencillez y verdad expresados, en la cual tropieza á veces el lector con pasajes no indignos de vates de más renombre que los nuestros. Sirvan de muestra de su estilo y valor poético las siguientes estancias:

Mossen Johan Scrivá.

O quant desecorda ab goig sens mesura

De robes stranyes la via cobrir,

Y tolreus ab ira aquell sens tristura

Tan digne vestir.

Per sorts declarant á qui deu venir!

O quant desacordent les flors y espines,

Y creu molt feixuga ab rams molt florits!

O quant desacordent sponja y metzines

Scarns y despits,

Aprés de grans festes, lionors y convits!

Mossen Fenollar.

O quant fonch deixeble inich ab ultratje

Qui 'l Mestre vené per un tant baix for!

O quant fonch injust, cruel y salvatje

Qui sols per gran por

A mort jutjá 'l Rey qui nos dé son cor!

O trists y perversos! y com no pensaven

Punits de tal crim serían tots temps,

Quant per vos matar així navegaven

A veles é rems,

Que us feren de mort sentir los estrems.

Mossen Fenollar.

O font abundant de tota bonea,

Qui pot sens dolor la mare pensar

Qui participant de vostre pobrea,

Res no us pogué dar,

Quant nu ab gran fret vos feu fort penar,

Majorment pensant lo quant vos podíeu

Usar de riquea é are us defuig;

Per darla á nosaltres rey pobre moríau,

Y aquella d'enuig

Tant richa y tant trista que tot be li fuig.

Mossen Johan Scrivá.

De nostres pecats oh quanta esperansa

Nos causa, Senyor, lo gest que mostrau;

Lo cap inclinat es vera semblança

Que vos perdonau

Los mals que morint en creu reparau;

Los brasos teniu oberts que 'ns abrassen,

Las mans foradades per grans donatius,

Obert lo costat per tal qu' us portassen

Los morts é los vius

Amor que d' infern deslliura l's catius[47].

Permítasenos indicar de paso, y como una prueba de la influencia que iba ejerciendo en la nuestra la poesía castellana, á la cual se franqueaba ya por entonces la entrada en los certámenes antes mencionados, que Fenollar, al igual que otros poetas de su tiempo, escribió algunas composiciones en el habla de Castilla.

Aunque nacido en Barcelona, por las relaciones amistosas que hubo de tener con algunos poetas valencianos, nos permitiremos citar entre los más notables cultivadores de la poesía religiosa al comendador Miguel Stela, autor, entre otras obras de este género, de una que titula: Oració á Deu lo Pare, narrant tots los torments que Jesuchrist te devant, y de otra que denomina: Comedia de la sagrada passió de Jesuchrist. La primera, en que va citando uno por uno todos los objetos de la pasión del Señor, acompañado cada uno de ellos de numerosos calificativos, las más de las veces sobrado ingeniosos, no pocos rebuscados y traidos de muy lejos, adolece de falta de sentimiento y de sobra de estudio. Sin embargo, no creeríamos equivocarnos suponiendo que debió ser de las más estimadas de sus contemporáneos, por todo extremo aficionados á los conceptos sutiles, que preferían á los afectos tiernos, y que más estimaban al poeta por lo que con trabajo pensaba que por lo que con verdad sentía. Hé aquí la invocacion que hace á la Santa Cruz:

Nau de Nohé hont se salvá natura,

Leny arborat en lo baix paradís,

Temple de pau, divinal alogís,

Sant estandart de la eternal pastura,

Fust adorat de latria complida,

Pal hont penjá la serp lo gran Juheu,

Lit sangonós hont penjá home-Deu,

Fértil palmer, famós arbre de vida,

Salveu á mí sant porxe Siloé

Tu que salvist mos besavi Nohé.

En la que titula: A la cara de Judas com besá á Jesús, y en la dirigida Al gall, la exageración de aquellos defectos llega hasta los límites del ridículo[48].

La segunda de las composiciones citadas está llena de unción religiosa, y á no ser por los nombres mitológicos de Apolo, Febo, Diana y Plutón que, si bien prueban la erudición mitológica del autor y la influencia clásica que iba invadiendo, para después desviarlas de su natural camino, las literaturas nacionales, están allí fuera de su sitio, podría, dentro de las exigencias del gusto á la sazón dominante, citarse como modelo entre las de su tiempo. Baste como muestra de su estilo la siguiente estancia:

Rey est dels reys lançat á tota pena,

Sols, sens remey, d'espines coronat,

De cedre te un jou sobre la squena,

Desert d'amichs, dels seus desamparat,

Sceptre portant de amarga sepultura,

Lo rey Jesus nafrat de greu tristor,

A la mort vá ab la mortal dolor,

Dihent als seus lur gran desaventura

Filiæ Jerusalem, nolite flere super me, etc.[49].

Por los versos que cita el señor Ferrer de las varias composiciones religiosas de Narciso Vinyoles, se nos figura que debió ocupar este poeta uno de los primeros puestos entre los de su siglo que cultivaron ese género, al par que por su fecundidad, por el mérito de sus obras. Mas no habiendo podido disfrutar de la lectura de la inestimable joya bibliográfica de Les obres y les troves, que fué el primer fruto que, según la opinión más generalmente seguida, dió el invento de Gutenberg, al tomar carta de naturaleza en España, nos hemos de referir al juicio que de ellas han hecho los que han sido en esto más afortunados que nosotros, y sobre todo al que hace dicho señor Ferrer y Bigné en su curiosa Reseña tantas veces mencionada.

Aunque reconocemos y confesamos con el señor Milá que la poesía religiosa no se elevó en nuestra literatura al ideal del género, ¿no podríamos gloriarnos, dada la bondad de alguna de las composiciones antes citadas de Corella y de Romeu Llull, de las obras que acabamos de indicar, de muchas otras de igual índole de un gran número de poetas valencianos y catalanes, que dejamos de mencionar por no pecar de difusos; y sobre todo, tomando en cuenta el sobresaliente mérito del canto espiritual de Ausías March, no podríamos gloriarnos, repetiremos, que nuestra poesía sagrada, si no está por cima, compite por lo menos en abundancia y en precio con la de igual género de la literatura castellana?

Más que la poesía religiosa sirven, no obstante, para caracterizar y dar especial sello á la escuela poética catalana de la segunda mitad del siglo XV las composiciones satíricas, ó por mejor decir, las que, inspirándose en asuntos baladíes, y que no son ni podrán ser jamás fuentes de elevada inspiración, verdaderos juegos de concepto, no menos que los de palabra desprovistos de valor estético, tienden naturalmente y casi diríamos por necesidad á la sátira, como elemento que contribuye á darle el interés y la importancia de que por sí mismas carecen. Por la mucha que, sobre todo en Valencia, se dió á ese linaje de composiciones, fué principalmente por lo que calificamos de período de decadencia el que estamos reseñando.

Los poetas ya citados, á los cuales debemos añadir Jaime Gazull, Mossen Johan Vidal, Moreno, Verdanja, Vilaespinosa y el más renombrado de todos, Jaime Roig, son los principales cultivadores de dicho género. La mayor parte de las veces toman sus composiciones la forma de coloquio ó cuestión, y en este caso recuerdan las tenzos ó jochs partits de la poesía provenzal, indicio y nueva prueba de que estaba todavía vivo, siquiera en la memoria de los poetas, el recuerdo de aquella poesía. De este número son la Questió sobre el Beure, Grat, Entendre et Voluntat, moguda per Mossen Fenollar, prebere, á Mossen Johan Vidal, prebere, á en Verdanja é á en Vilaespinosa, notaris, la qual questió es disputada per tots per Miguel Stela, que puede leerse en el ya citado fragmento publicado por el señor Briz del Jardinet d'orats; otra obra de autor no conocido, que se halla en la parte no dada á luz de aquel códice, que tiene por título: Colloqui ó rahonament fet entre dues dames, la una dama casada y l'altra de condició beata, al qual colloqui se aplica un altra dama vidua, etc., escrita contra las mujeres; y el Procés de les olives é disputa dels joves é dels vells, en el cual entran como interlocutores los ya citados Moreno y Gazull, los cuales toman la defensa de los viejos, y Fenollar, que se constituye en patrono de los jóvenes, composición esta última de carácter marcadamente satírico.

Forman, en fin, un grupo aparte, por todo extremo importante por la mayor fama de que gozan sus obras, sobre todo la última de ellas, la titulada: La brama dels llauradors del orta de Valencia, Lo somni de Johan, ambas del mencionado Jaime Gazull, y Lo llibre de les dones ó dels concells de Jaime Roig. La primera de dichas obras tiene importancia bajo el punto de vista filológico, en cuanto se refiere á la viciosa manera de hablar de los labradores, con palabras algún tanto equívocas. Considérase la segunda con razón como una continuación ó complemento del Procés de les olives, después del cual se encuentra por lo común impreso, y es también, al igual que éste, una especie de proceso donde las mujeres, blanco de las burlas del poeta, descontentas de la preferencia dada en el Proceso á los viejos sobre los jóvenes, nombran por abogado y procurador á los poetas de aquel tiempo Micer Artés y Despí, y por juez á la diosa Venus. Está escrita igualmente en la forma llamada codolada[50], ó sean versos de nueve sílabas con piés quebrados de cinco, que es la comunmente usada en las composiciones de aquel género, como puede verse en la siguiente muestra sacada de dicha obra:

Puig sabeu quant es cosa certa

Elles ab elles

Y mes si son totes femelles,

Tantost hi son

Volen parlar de tot lo mon:

En tot se meten;

Y si callau, vos acometen

Per traure noves,

Y tost temps fant contras y probes

Sobre tothom, etc.[51].

Si los poetas de que llevamos hecha mención hasta ahora se contentaron con asestar algunos alfilerazos á las mujeres,—no pocos de los cuales, sin embargo, debían penetrar muy adentro en sus carnes, tan pesada era su mano,—al llegar su turno á Roig, de quien vamos á tratar brevemente, ya no fueron pinchazos de alfiler, sinó heridas de flechas, y de flechas envenenadas, las que hubieron de sufrir en su honra y en su fama.

No sabemos de culto alguno en el cual la deidad que es objeto de él no reciba exclusivamente de sus adoradores, ó el humo de las víctimas quemadas en sus aras, ó los olores del incienso; nunca sus insultos. Únicamente á la mujer ofrecen los poetas encomiadores suyos con harta frecuencia el perfume de la alabanza con una mano y con otra el sucio vapor de la calumnia, y si la ponen un día sobre las estrellas, la arrastran otro por el barro. ¿Cuántos de sus más entusiastas adoradores pudiéramos citar que, después de haber sembrado de flores el camino de la existencia de la que había sido su dama, y de haberla tejido esplendentísima guirnalda de encomios, han escupido luégo su semblante y manchado su fama por el más leve motivo á veces, sin causa las más y acaso por seguir las corrientes de la moda?

Y sin salirnos del campo de nuestras literaturas, ¿quién podría contar las poesías, y en cada una de ellas los denuestos contra la más interesante y hermosa porción del linaje humano, que se han escrito desde que el provenzal Marcabrús, á quien su biógrafo califica de «maldicens e que dis mal de las femnas e de amor», y Serverí de Gerona y el Monje de Montaudón y otros cien trovadores lanzaron contra ellas sus violentos y libres serventesios, hasta que Pedro Serafí, el último de los poetas de la antigua escuela catalana, las puso en ridículo en su sátira contra el matrimonio; sin que podamos presentar como una honrosa excepción de la común costumbre de ofenderlas en su reputación, ni siquiera al amante de Teresa, ya que en tres ó cuatro cantos suyos, apartándose de sus usados tema y estilo, les echa en cara sus habituales infidelidades, y llega á tratar á alguna de ellas con sobrado duros y poco decentes calificativos?

Y volviendo, después de esta ligera digresión, á nuestro asunto, sálenos al paso el ya citado Jaime Roig, quien en la desnudez de la expresión deja atrás á todos sus contemporáneos en decir mal de las mujeres.

Son muy conocidas las noticias biográficas que acerca del primero de nuestros satíricos y famoso médico de doña María, la discreta y prudente esposa de Alfonso V de Aragón, han visto la luz pública, para que debamos reproducirlas en este trabajo. Que llegó á una edad avanzadísima, más de la que se necesita para tener experiencia sobrada de los hombres y de las cosas y para llevar al sepulcro copiosísimos desengaños; que pasó por todos los estados de la vida y pudo conocerlos muy bien todos para describirlos; que le llamaba su natural inclinación á ver las cosas por su aspecto risible más que por el grave, lo saben cuantos han oido hablar de él y de la principal de sus obras.

Lo llibre de les dones ó dels concells es la de más extensión de las de su género que posee nuestra literatura, pues se cuentan en ella más de doce mil versos; y si bien éstos son tan sólo de cinco sílabas, resulta no obstante sobrado difusa por la excesiva abundancia de aquéllos, y por su disposición en pareados por demás monótona.

Partiendo de la cristiana y provechosa máxima de que la mejor de las obras de misericordia es enseñar y dar buenos ejemplos á la inexperta y poco avisada juventud, él, que se reconoce ya viejo y que además vive alejado del mundo, cree deber emprender la composición de su obra, si bien principalmente para uso de su amado sobrino Baltasar Bou, con el deseo también de que los jóvenes y hasta no pocos viejos no se abrasen como incautas mariposas en la amorosa llama. Roig finge ser él mismo el héroe de su poema satírico, que divide en un prefacio y cuatro libros, y aquél y éstos á su vez en cuatro partes. De aquella circunstancia saca el señor Milá motivo para considerar dicho poema como la obra que dió el plan y abrió camino á una nueva especie de ellas, que lograron después excesiva boga en las letras castellanas, ó sea, á la novela picaresca, género de suyo harto escabroso y expuesto á caidas, en que ejercitaron no obstante su pluma ingenios tan sobresalientes como Mendoza, Cervantes y Quevedo.

«Roig, ha dicho de él nuestro eminente crítico, es poeta satírico de mucho valer y uno de los pocos que acertó á percibir con claridad y apropiarse nuevos aspectos de la naturaleza, y que supo además usar con provecho de esa cualidad, gracias al donaire y abundancia de su expresión. Hásele acusado de exceso de erudición; mas este defecto, que es común á todos los poetas de su tiempo, no se repara ó se repara muy poco en su libro, y los que se han tomado por vocablos eruditos son palabras muy familiares y muy hijas de la tierra, que salen como á chorro de su pluma, cuando se propone calificar ó describir.» El principal y más reprensible defecto de su libro es la sobrada desnudez de los cuadros y la libertad de expresión que lo afean, y que recuerdan en más de un pasaje las que reinan en muchos fabliaux franceses; defecto que no bastan á cohonestar el fin que, como hemos indicado, se propuso al escribirlo, y ni siquiera el que hubiese puesto como epígrafe al mismo aquel versículo del Cantar de los Cantares: Sicut lilium inter spinas, sic amica mea inter filias, como para dar á entender que quería que refluyesen en honra y loa de la Virgen la malicia y las malas artes que denunciaba de las demás mujeres.

Como una muestra de su estilo y de la naturalidad y gracia de sus descripciones trasladaremos el siguiente pasaje en que pinta una tertulia de su tiempo:

En casa mia

Sino junyien

O no corrien

Toros per festa,

Cascuna sesta

Fins llums enceses

Moltes enteses

(O s'ho cuidaven)

Les que filaven,

Com diu la gent,

Ab fust d'argent,

S' hi ajustaven.

També y cridaven

Jovens sabits

Ben escaltrits;

Llansats entr'elles

A coceguelles

Ells comensaven;

Puig salmejaven

De ses endresses,

Teles é peces

Que fan ordir

Ab bell mentir;

Puig una clama

L'altre disfama,

L'altre despita,

L'altre sospita,

Altre flastoma;

Conten prou broma,

Tot de mal dien

E y afegien

Ab molts envits

Dels llurs marits

E s'en burlaven.

Aprés jugaven:

«Voleu palleta?

Daume man dreta.

Qui te l'anell?

Do us est ramell.

Capsa 'b comandes,

Ab ses demandes,

Un arbre y cant

Ocell donant.»

Mes dir rahons

Desvarions

E marevelles

De cent novelles

E facecies

Filosofíes

Del gran Plató,

Tulli, Cató,

Dant, poesíes

E tragedies.

Tots altercaven

E disputaven;

Qui menys sabia

Mes hi mentia;

E tots parlaven

No s'escoltaven.

Aquellos acentos en que los poetas nombrados y otros de inferior renombre habían exhalado con expresión más ó menos afortunada sus sentimientos religiosos, ó dado acaso con sobrada libertad rienda suelta á sus instintos satíricos; aquellas voces con las cuales se mezclaban á veces los cantos impregnados de tristeza con que algunos imitadores de March, y hasta los mismos poetas citados, cuando se proponían seguir las huellas de éste, celebraban sus amores reales ó fingidos; aquellas obras serias ó de burlas por cima de las cuales asoman, por desgracia para las letras con escasa frecuencia,—ya que nunca fué la patria, con perdón sea dicho, del señor Ferrer y Bigné[52] fuente preferente de inspiración para nuestros antiguos trovadores,—algún canto más varonil y digno de loa, por ser patriótico, con que llora ó celebra algún otro poeta, ora la muerte del príncipe de Viana[53], ora el sitio de Rodas[54], ya la toma de Constantinopla[55], ya los hechos de armas del animoso Alfonso V; aquellos acentos, aquellas voces, aquellos cantos, que se prolongan, aunque perdiéndose de día en día, como ya en otra ocasión decíamos, hasta principios del siglo XVI, son los postreros que exhala la escuela catalana, discípula de la de Tolosa, hasta en las comarcas donde se había ostentado más fecunda, ó sea en el reino de Valencia. Allí, mucho más pronto que en nuestras tierras, la lengua de Castilla pasó á ser la de los trovadores[56]; de tal suerte se adelantó en su cultivo, en daño del habla catalana,—que fué alterándose allí más que en Cataluña y Mallorca,—que ya al promediar aquella misma centuria, casi al propio tiempo en que Lope de Rueda echaba los fundamentos del teatro nacional en Sevilla, hacía Timoneda en Valencia sus primeros ensayos en el arte dramático, que debían enriquecer pronto con sus obras el canónigo Tárrega, Aguilar y otros ingenios contemporáneos del gran Lope de Vega; y que ya en los mismos días en que florecía el poeta-librero, Almudevar, al editar las obras de Roig y el Procés de les olives, lamentábase, en un lenguaje que no distinguiría del que aquí en las tierras catalanas se hablaba el gramático más perspicaz, de la ingratitud de los que, olvidados de la leche que habían mamado, miraban con desprecio las antiguas riquezas literarias de su patria, y salía á la defensa de su idioma contra los que lo acusaban de pobre y frío, siendo así, decía de él, que es muy abundante y muy gallardo[57].

Por fortuna, á aquellos acentos y á aquellos cantos, hoy de pocos conocidos y de menos estudiados, sobrevivieron los de Ausías March, que fueron para los poetas valencianos de los pasados siglos, como lo son para los del presente, cual la sagrada llama que, viviendo, hace que viva y arda en el pecho de aquéllos y de éstos el amor á su antigua poesía.

Ausías March sobrevivió á la antigua escuela catalana, como sobrevivirá á la desaparición,—que retarde Dios muchos siglos,—de la lengua catalana como lengua hablada, al igual que han sobrevivido Virgilio y Horacio al rico idioma de los habitantes del antiguo Lacio. Los que habían sido sus compañeros ó sus discípulos en vida y que habían gozado del privilegio de leer sus valientes estramps y sus melancólicas esparsas, en copias sueltas, que debían multiplicarse prodigiosamente al pasar de mano en mano, al cabo de pocos años podían disfrutar ya del placer de verlas reunidas en más ó menos lujosos manuscritos. Dudamos que de ningún otro poeta se hicieran más colecciones de sus versos que de los del amante de Teresa. De ellos, que sepamos, existen códices en la biblioteca del Rey, del duque de Medinaceli, de Valencia; dos copias más modernas, hechas en 1541 y 1542 por Pedro Vilasaló, una de las cuales existía en poder de Mr. Tastú, de quien sabemos por su hijo que tenía reunido abundantes materiales para hacer una nueva edición de sus poesías, y otra, según Perez Bayer, en la biblioteca Escurialense[58]. Hállanse además continuadas sus obras poéticas, en todo ó en parte, en los Cancioneros de Paris, en el de Zaragoza, y en el que posee entre sus preciosas curiosidades bibliográficas el señor don Mariano Aguiló. Más tarde, 1546, fueron otra vez compiladas las obras de Ausías March en un manuscrito, ordenado, según advierte don Luís Carroz en un prólogo puesto al frente del mismo, en vista de varios antiguos códices y de las dos ediciones hechas en Barcelona en 1543 y 1545.

Existen varias versiones de nuestro poeta, unas que han visto la luz pública, si bien son rarísimas las ediciones donde se encuentran, otras dos que permanecen todavía inéditas, y algunas de las cuales ignórase el paradero. Es para nosotros la primera la del famosísimo humanista valenciano Vicente Mariner, quien transformó los cantos de amor de Ausías en elegantes y fáciles elegías latinas[59]. Esta versión fué dada á la estampa en Tournay en 1633 en 8.º por Luís Pillhet, con otras obras en prosa y verso del mismo traductor. El original de dicha versión, junto con otros escritos del citado humanista, existe en la Biblioteca Nacional de Madrid, rotulado con la signatura F. f. 59. Como la edición de la traducción de Mariner es por todo extremo rara, hemos creido que nos agradecerían nuestros lectores que les diésemos, como en efecto lo hacemos, alguna muestra de ella. Véase el apéndice núm. 4.

Trasladaron, aunque no con grande acierto, los versos de Ausías á la lengua de Castilla Baltasar de Romaní, y más adelante el conocido poeta y novelista Jorge de Montemayor. La versión del primero, que contiene los cantos de muerte y los morales y el espiritual, y únicamente veinte y seis de los de amor, sin duda porque no contenía más el códice que, según él mismo dice, halló entre los papeles de su casa, fué impresa en Valencia por Juan Navarro en 1539. Si bien es una de las cuatro ediciones que tenemos á la vista al escribir este trabajo, excusamos dar su descripción, por cuanto pueden hallarla nuestros lectores, con grande inteligencia y exactitud hecha, en el Catálogo de la Biblioteca Salvá. Considérase con razón la traducción de Romaní muy inferior á la del autor de la Diana, ya por no haber comprendido siempre el sentido del original, ya por haberse querido ajustar demasiado á él cuando le pareció posible hacerlo, con grave perjuicio de la armonía de los versos y especial medida de la lengua de Castilla. La traducción de Montemayor, que únicamente contiene la que él llamó primera parte, ó sea los cantos de amor, debió darse á la estampa en 1560. Si bien ésta es más estimada por los inteligentes que la de Romaní, peca en algunas ocasiones de sobrado libre y en otras de inexacta.

Juan Pujol, presbítero de Mataró, poeta que floreció á últimos del siglo XVI, que compuso un poema A la batalla de Lepant, y á quien debemos colocar entre los admiradores é imitadores de Ausías March, como lo prueban las Glosas que compuso á varios de los cantos de éste, escribió, con el título de Visió en somni, una composición en que supone que se le aparece aquel poeta, quien con grande enojo y por muy áspera manera se queja de los que le han traducido sin comprenderle, y por lo tanto de Montemayor y de Romaní; pero mucho más ásperamente de éste, ya que como valenciano estaba más en situación de interpretar sus pensamientos; haciendo en cambio grandes elogios del catalán Luís Juan Vileta, traductor también de Ramon Llull, del cual dice que «solo entre ciento es quien

Reny lo qui reny y grunya lo qui grunya

Qui sens dubtar ell vuy en Catalunya

Mos dits entent del tot y sens fallir[60]

Si no fuesen apasionadas las alabanzas de Pujol, mucho sería de sentir la pérdida de esta versión, que es una de las dos á que antes nos referíamos, que no fueron dadas á la estampa. Es la otra la que cita Mayans, escrita en octava rima por el doctor don Narciso Arañó y Oñate, beneficiado en la iglesia de San Miguel de Valencia, y que poseyó en su rica y escogida librería aquel diligente y docto investigador de nuestras riquezas literarias.

Respecto á las ediciones de las obras de nuestro poeta, nos limitaremos á indicarlas, remitiendo para mayores datos á nuestros lectores al citado Catálogo de Salvá y á los biógrafos Rodríguez, Fuster y Jimeno; y son la ya mencionada de 1539[61] en los llamados caracteres góticos; otra del mismo año y de la misma ciudad, citada por Rodríguez en su Biblioteca valenciana, pero de cuya existencia dudan Salvá y otros bibliófilos, no menos que él renombrados y eruditos; dos de Barcelona, salidas de las prensas de Carlos Amorós, una de 1543 y la segunda de 1545; otra de Valladolid del año 1555; otra impresa por Claudio Bornat, también de Barcelona, en 1560, que pasa por la más correcta; la que se tiene por la primera edición de la versión de Montemayor, dada á la estampa, según cree el señor Salvá, en el mismo año de 1560; á la cual sigue, según algunos bibliófilos, otra de Zaragoza de 1562; y por fin la de Madrid de 1579, en la cual se dieron por segunda vez á luz las versiones en ella reunidas de aquel poeta y de Romaní. En 1864 el señor Briz, á quien tanto deben las letras y la poesía catalanas, dió á la estampa en Barcelona una nueva edición de las obras del elegantísimo y sutil poeta, con variantes sacadas de las diferentes ediciones que para editarla tuvo á la vista, enriquecida con un fragmento que contiene varios cantos de la versión de Jorge de Montemayor y el Vocabulario de voces oscuras, publicado en la edición de Valladolid por Juan de Besa.


Hemos llegado al término de nuestra tarea. Al Jurado que ha de juzgarnos y después de él al público, si es que algún día damos á la imprenta este trabajo, que ha de confirmar su fallo, corresponden resolver si le hemos desempeñado ó no con acierto. Acaso al acometerlo contamos sobrado con nuestras fuerzas, ó nos hicimos la ilusión de que no sería de tan difícil ejecución como vimos que en efecto lo era, una vez pusimos en él nuestra mente y nuestra mano. Mas si pudimos engañarnos en eso, no nos aconteció lo mismo respecto del tiempo que se nos daba para llevarlo á cabo, que le tuvimos desde luégo por muy escaso, si el mérito de la labor había de corresponder á la alteza y á lo difícil del sujeto. Y sin embargo, de mucho menos aún del que se nos concedía hemos podido disfrutar para componerlo: y si bien ya sabemos que esta circunstancia, puramente personal, no ha de ser tomada en cuenta para atenuar la severidad del fallo y hacer que se incline en nuestro favor la vara de la justicia, la invocamos aquí y la hacemos pública para tranquilizar nuestra conciencia, y para descargo ante el público de nuestra pobre reputación como escritores.

Mucho desconfiamos de que nuestro humilde escrito alcance la joya ofrecida como premio. Pero de todas maneras tendremos motivo de felicitarnos de haberlo emprendido, porque á medida que íbamos adelantando en él, íbamos al propio tiempo estimando más al poeta y las obras objeto del mismo. Antes amábamos ya á Ausías March y le teníamos por el Príncipe de nuestros trovadores: hoy sentimos por él un verdadero entusiasmo y le ponemos por cima de todos los poetas líricos, propios y extraños, que florecieron en el siglo XV. Por esto, si tuviésemos esperanza de que nuestra voz, á la cual sentimos en este momento que le falte la autoridad que da un preclaro ingenio, ó un nacimiento menos humilde que el nuestro, pudiese ser oida de los poetas valencianos, les pediríamos la realización de dos grandes hechos que enaltecería por todo extremo á su patria y á ellos, á saber: primero que interpusieran su poderoso valimiento para lograr de sus corporaciones populares la realización del laudable propósito que se concibió hace algunos años, y que ignoramos por qué motivo no se llevó á cabo, de hacer una edición monumental de las obras de su gran trovador; y en segundo lugar, y para honrar dignamente por su parte la memoria de éste, que restaurasen su habla literaria, purificándola y templándola en las abundantes y cristalinas fuentes del idioma de Ausías y de sus mejores poetas de los siglos XV y parte del XVI; única manera, á nuestro modo de ver, de evitar que llegue más pronto de lo que ellos quisieran el triste día en que digan los hijos de su país: «no leemos las obras de nuestro gran poeta, porque están escritas en una lengua para nosotros muerta.» La edición de las poesías de Ausías March sería un monumento destinado á dilatar su fama; la restauración de la lengua literaria en que escribió él sus versos sería el medio de que jamás desapareciese de la memoria de los hombres.