COCINA DE LA BRUJA


En un fogón muy bajo hay una gran olla al fuego. En el humo que se eleva hacia el techo vense varias imágenes. Una Mona, sentada junto al fogón, espuma la olla. El Mico y la cría se calientan al fuego. El techo y las paredes están cubiertos de estrambóticos utensilios de La Bruja.

FAUSTO y MEFISTÓFELES

Fausto

Apéstame toda aquesta

brujería extravagante.

¿Me darás salud y vida

con tan sucios cachivaches?

¡Pedir consejo a una vieja!

¡Pretender que en un santiamen

nos quite veinte o treinta años

con sus menjurjes y enjuagues!...

Pierdo ya toda esperanza,

si otro remedio no sabes:

¿no dan elixir más puro

o Naturaleza o Arte?

Mefistófeles

¡Otra vez racionalmente

hablas!... Medios naturales

hay de prolongar la vida;

pero... están en libro aparte,

y es, a fe, el que trata de ellos

capítulo interesante.

Fausto

¿Puedo saberlos?

Mefistófeles

No exigen

oro, filtros ni jarabes.

Ve al campo, y con fuerte pico

sus duras entrañas abre;

encierra en círculo estrecho

tus pensamientos y afanes;

entre las dóciles bestias

vive sobrio, y no repares

en abonar por ti mismo

surcos que han de alimentarte,

y a la edad octogenaria

llegarán tus mocedades.

Fausto

El pico, para mi diestra,

sería peso muy grave.

Hecho no estoy a esa vida,

ni conviene a mi carácter.

Mefistófeles

¡Recurre, pues, a la Bruja!...

Fausto

¿Y por qué a esa vieja infame

precisamente? ¿No puedes

aderezar tú el brebaje?

Mefistófeles

¡Bravo pasatiempo fuera!

Haría cien puentes antes.

Ciencia y práctica no bastan;

cachaza es indispensable.

Al misterioso fermento

su virtud los años danle,

y en esa extraña mixtura

todo son dificultades.

El Diablo dio la receta;

pero aplicarla no sabe.

(Reparando en los Monos.)

Mira, ¡qué hermosa familia!

Esta es la dueña; ese el paje.

(A los animales.)

¿Adónde fue la señora?

Los Monos

A comer y solazarse:

tomó, por la chimenea,

el camino de los aires.

Mefistófeles

¿Tarda mucho en esos vuelos?

El Mico

Lo que tardo en calentarme

las patas.

Mefistófeles

¿Qué te parece

la pareja?

Fausto

¡Insoportable!

Mefistófeles

A mí me deleita mucho

su coloquio extravagante.

(A los Monos.)

¿Para quién, pinches malditos,

preparáis ese brebaje?

Los Monos

Esta es la sopa del pobre.

Mefistófeles

No faltarán comensales.

El Mico, acercándose a Mefistófeles y acariciándolo

Echa los dados: quiero

ser rico pronto.

Por falta de dinero

llámanme tonto.

¡Venga un millón!

En teniendo yo el Din,

daranme el Don.

Mefistófeles

¡Cuán feliz este sería

jugando a la lotería!

(Los Monos de cría se han apoderado de una bola grande y juegan con ella haciéndola rodar.)

El Mico

Este mundo es una bola,

que da vueltas sin cesar,

y en continua batahola

tendrá al fin que reventar.

Es vistosa y deslumbrante;

mucha luz, mucho esplendor;

mas, cual redoma brillante,

hueco y vano el interior.

Apartad, hijos: si os pilla

debajo, os aplastará.

Es de deleznable arcilla,

y mil añicos se hará.

Mefistófeles

Di: ¿qué criba es aquella?

El Mico, cogiéndola

Si eres ladrón,

conoceré con ella

tu condición.

(Corre a la Mona, y la hace mirar por la criba.)

Mira al bellaco,

y dime, mala pécora,

si es algún caco.

Mefistófeles, acercándose al fuego

¿Y este cazo tan sucio?...

El Mico y la Mona

¡Cuán majadero!

Ya no se acuerda, el rucio,

de este puchero.

Mefistófeles

¡Vaya unos dichos!

¡Qué inciviles y toscos

son estos bichos!

El Mico

Toma la escobilla,

toma el escobón,

y en aquesta silla

siéntate, bribón.

(Obliga a Mefistófeles a sentarse.)

Fausto

(que mientras hablaban así, estaba contemplando un espejo, acercándose unas veces y alejándose otras.)

¿Qué miro, Dios soberano?

¿Cuál es esa pura imagen,

que en aquel mágico espejo

aparece tan brillante?

Para volar a su lado,

dulce amor, tus alas dame.

¡Ay!, me acerco y entre nubes

va escondiéndose y borrándose...

¡Mujer no vi más perfecta

ni más seductora!... ¿Cabe

tanto hechizo en ser humano,

o es su encanto incomparable

imaginario trasunto

de las celestes beldades?

¿Puede encontrarse en la tierra

hermosura semejante?

Mefistófeles

¿Por qué no? Si un Dios estuvo

seis días, dale que dale,

y al final de la semana

vio su obra, y dijo: «Me place»,

¿es extraño que saliera

algo de bueno o pasable?

Devórala con los ojos;

por hoy, mírala bien, sáciate:

ya te buscaré una joya,

una beldad semejante:

¡dichoso aquel que a su casa

como esposa la llevase!

(Fausto continúa contemplando el espejo embebecido. Mefistófeles, reclinándose en el sillón y jugando con la escobilla, prosigue así:)

Cual monarca en regio trono

aquí puedo arrellanarme;

cetro empuña ya mi diestra;

corona tan solo fáltame.

Los Micos

(que han estado haciendo toda clase de movimientos y contorsiones, llevan una corona a Mefistófeles, chillando.)

Pues sois tan amable, tan bueno, Señor,

ceñid la corona con sangre y sudor.

(Dan saltos desgarbados con la corona; la rompen en dos trozos, rodando y danzando con ellos.)

Es cosa resuelta: ya somos los amos;

y vemos y oímos y versificamos.

Fausto, mirando al espejo

¡Pobre de mí! La cabeza

se me va. Las sienes me arden.

Mefistófeles, señalando a los animales

Yo no puedo más: los cascos

parece que se me abren.

Los Micos

Si el verso atinamos, verás que al momento

el metro y la rima serán pensamiento.

Fausto, como antes

Partiré: mi pecho estalla.

Mefistófeles

¡Cuán grotescos animales!

Pero confesar es justo

que son excelentes vates.

(La olla que la Mona ha descuidado, comienza a desbordar, y se levanta una llamarada, que sube a la chimenea. La Bruja aparece entre las llamas, dando gritos espantosos.)

La Bruja

¡Hola! ¡Canalla impura!

¡Raza maldita!

¿Así tuvisteis cura

de la marmita?

Saltó la llama,

¡y a mí, a mí me chamusca,

que soy el ama!

(Viendo a Fausto y Mefistófeles.)

¿Quién es el atrevido

que está allá abajo?

¿Por dónde habéis venido?

¿Quién aquí os trajo?

Sobre los cuernos

tomad las llamaradas

de los infiernos.

(Mete el cucharón en la olla, y derrama fuego vivo sobre Fausto, Mefistófeles y los animales. Estos aúllan.)

Mefistófeles

(dando golpes a diestro y siniestro, sobre los cazos y botijos, con el escobón que tiene en la mano.)

¡Bravo, bruja ramera!

¡Siga la broma!

¡Caigan olla y caldera,

cazo y redoma!

Yo no hago más

que seguir la cadencia

de tu compás.

(La Bruja retrocede colérica y asustada.)

¿No sabes quién soy, arpía?

Marimacho, ¿no lo sabes?

No sé quién tiene mis manos

porque no te despedacen,

y contigo a esos horribles

macacos u orangutanes.

¿Es que ya no reconoces

mi jubón color de sangre?

¿Es que la pluma de gallo

nada significa y vale?

Con faz descubierta vine:

¿no basta? ¿Habré de nombrarme?

La Bruja

¡Ah, gran Señor!, el saludo

poco grato perdonadme.

No vi la pata de cabra,

ni los dos cuernos...

Mefistófeles

¡Bien! Pase

por esta vez. Es lo cierto

que no vine a visitarte

en mucho tiempo. El progreso,

que todo lo pule y lame,

llegó hasta el Diablo. Aquel monstruo

del septentrión, presentable

no está ya. Garras y cuernos

modas son de otras edades;

y si es la pata de cabra

requisito indispensable,

hay también, para ocultarla,

remedio barato y fácil:

pantorrillas gasto al uso

como otros muchos galanes.

La Bruja, bailando

De gozo las carnes temblándome están:

¡ha honrado mi casa monseñor Satán!

Mefistófeles

¡Calla, vestiglo! Te vedo

que de ese modo me llames.

La Bruja

¿Por qué? Di.

Mefistófeles

Porque ese nombre

figura ya en todas partes

entre mitos. No por eso

mejores son los mortales;

faltó el Malo, mas no esperes

que jamás los malos falten.

Llámame, si a bien lo tomas,

Señor Barón. Mi linaje

es muy noble, y aquí tienes

el blasón, si lo dudares.

(Hace un ademán licencioso.)

La Bruja, riendo a carcajadas

¡Os conozco! Siempre fuisteis

licenciado en malas artes.

Mefistófeles, a Fausto

Aprende tú: así se trata

a estas brujas.

La Bruja

¿Y qué os place

pedirme?

Mefistófeles

No más un vaso

de tu elixir. Pero, dame

del más añejo. Su fuerza

dobla el tiempo.

La Bruja

Guardo aparte

una redoma, y con ella

acostumbro regalarme.

Probadlo, señor, vos mismo:

ni está rancio, ni mal sabe.

(Aparte a Mefistófeles.)

Mas, si lo bebe el amigo,

sin estar dispuesto de antes,

dentro de una hora revienta.

Mefistófeles

No temas; es un compadre

y le hará bien. Las mejores

de tus drogas has de darle.

Traza tu círculo mágico,

di las misteriosas frases,

y sírvele, sin recelo,

una taza del brebaje.

(La Bruja, haciendo ademanes estrambóticos, traza un círculo en el suelo, y coloca en él varios objetos raros; mientras tanto, los vasos suenan y las ollas también, haciendo una especie de música. Toma después la Bruja un grueso librote, pone dentro del círculo a los Micos, que le sirven de pupitre para el libro, y le sostienen las luces. Hace seña a Fausto de que se acerque.)

Fausto a Mefistófeles

¿De qué sirve todo aquesto?

Estos gestos y ademanes,

estos bichos, estas farsas,

todo es viejo y repugnante.

Mefistófeles

Tómalo a risa y chacota.

¿Por qué has de formalizarte?

Para que surta la pócima

todos sus efectos, hace

la Bruja, como buen médico,

las pantomimas de su arte.

(Hace entrar a Fausto en el círculo.)

La Bruja

(Lee en el libro, declamando con mucho énfasis.)

El uno truecas en diez,

con la mayor sencillez;

restas el dos y el tres luego,

y ya vas ganando el juego;

sumas el cuatro al instante;

das un brinco,

y divides lo restante

por el cinco;

el seis, en un periquete,

queda convertido en siete;

pero va el ocho delante,

y trocando el nueve en uno,

queda el diez hecho ninguno.

Y esta es la peregrina

cábala de la Madre Celestina.

Fausto

Delirar le hizo la fiebre

quizás.

Mefistófeles

No es que ella desbarre:

así reza el libro; todas

sus páginas son iguales.

Bien me quebré la cabeza

estudiándolo; fue en balde:

para discretos y tontos

lo absurdo es impenetrable.

El sistema es viejo y nuevo;

hubo en todas las edades

quien, haciendo de tres uno

y uno de tres, diera pase,

como misterios sublimes,

a solemnes necedades.

¿Quién adelgaza las mientes

discutiéndolas? Más vale

creerlo que averiguarlo;

pues pocos dudan, o nadie,

que se encierra un pensamiento

debajo de cada frase.

La Bruja

La Verdad caprichosa

va fugitiva;

para aquel que la acosa

siempre es esquiva.

Desnuda y bella,

entrégase al que nunca

pensara en ella.

Fausto

¿Qué despropósitos habla?

La cabeza se me parte,

como si tuviera en ella

toda una casa de orates.

Mefistófeles

¡Basta, inspirada Sibila!

Sirve el mejunje al instante,

y hasta el borde llena el vaso.

Los efectos no te alarmen:

hecho está ya el camarada

a esos tragos y estos lances.

(La Bruja, con muchos aspavientos, vierte la pócima en la taza, y cuando la lleva Fausto a los labios, enciéndese una ligera llama en el líquido.)

Bebe, y sentirás al punto

el corazón transformarse.

¿Temes al fuego, teniendo

al demonio de tu parte?

(La Bruja rompe el círculo; Fausto sale de él.)

Ahora, ¡en marcha!

La Bruja

¡Y buen provecho!

Mefistófeles

Si en algo puedo ayudarte,

me tendrás en la Walpurga

para aquello que me mandes.

La Bruja

Una canción he de daros;

si alguna vez la cantareis,

probaréis, al punto mismo,

sus efectos singulares.

Mefistófeles, a Fausto

Tú, ven, y sigue mis pasos.

Útil es, indispensable

que transpires: así, el filtro

por dentro y fuera se esparce.

Después, en noble indolencia

haré que ocioso descanses,

y en tan sabrosa molicie,

verás, sin otros afanes,

cuál las ansias de Cupido

brotarán por todas partes.

Fausto

Déjame aún que en ese espejo

los ávidos ojos clave...

De mujer hermosa y pura

nunca vi mejor imagen.

Mefistófeles

Ven, y brillará a tu vista,

vivo, fresco y palpitante,

el acabado modelo

de las humanas beldades.

(Aparte.)

Con ese trago en el vientre,

con esa fiebre en la sangre,

Elena será a sus ojos

la primera mujer que halle.