GABINETE DE ESTUDIO


FAUSTO Y MEFISTÓFELES

Fausto

¿Llaman? Entrad. ¿Qué importuno

me busca?

Mefistófeles

Yo soy quien llamo.

Fausto

Entrad, pues.

Mefistófeles

Dilo tres veces.

Fausto

¡Entrad al fin, voto al Diablo!

Mefistófeles

Así me gustas, y entiendo

que ya entendiéndonos vamos.

Por disipar tus quimeras,

aquí estoy, hecho un hidalgo,

con rico traje de grana,

de oro fino recamado,

la breve capa de seda,

la suelta pluma de gallo,

y el luengo, tajante acero

pendiente al izquierdo flanco.

Viste tú las mismas galas,

sin detenerte a pensarlo,

y ven a correr el mundo,

libre, contento y ufano.

Fausto

¿Qué importa cambiar las ropas,

si están dentro los cuidados?

Tan mozo no soy que pueda

correr tras goces livianos,

ni tan viejo todavía

que mi pecho esté ya exhausto.

¿Qué puede darme la vida?

«Abstente, abstente; sé cauto,»

es el odioso estribillo

que eternamente escuchamos,

y que cada hora repite

con retintín más amargo.

Rompe el día, y con el día

viene a mis ojos el llanto,

al ver que en sus largas horas

ninguna ventura aguardo;

al ver que el placer posible

lo destruyo analizándolo,

y las hermosas imágenes

que mis ansias engendraron,

malas artes las convierten

en solemnes mamarrachos.

Viene la lúgubre noche;

rendido en el lecho caigo,

y al buscar paz y reposo,

pesadillas no más hallo.

El espíritu que enciende

el volcán en que me abraso,

en el corazón encierra

sus tempestades y estragos.

Dentro, fuego; fuera, nieve:

di si en tan mísero estado

odio con razón la vida

y pronta muerte reclamo.

Mefistófeles

Huésped importuno, empero,

es la muerte en todos casos.

Fausto

¡Feliz aquel a quien ciñe

la sien de sangrientos lauros!

¡Feliz aquel a quien hiere

tras ardiente danza, cuando

la hermosa de sus amores

abriole los dulces brazos!

¡Feliz yo, si el alma mía,

en sus celestiales raptos,

al ver al sublime Espíritu,

se hubiera en él abismado!

Mefistófeles

¿Y por qué, anoche, de cierto

negro licor huyó el labio?

Fausto

¿Vas al acecho?

Mefistófeles

No todo

lo sé; pero siempre sé algo.

Fausto

Pues bien: si mi horrible angustia

son calmó tranquilo y grato,

que de mi niñez gozosa

los dulces recuerdos trajo,

¡mal hayan las ilusiones

que el corazón trastornando,

a engañadores abismos

llevan así nuestros pasos!

¡Mal hayan las fantasías

que a nuestros sueños dan pábulo!

¡Mal hayan las apariencias

que al sentido tienden lazos!

¡Mal hayan gloria y renombre!

¡Mal hayan pompas y aplausos,

y cuanto al mundo nos liga,

hogar, familia o arado!

¡Mal hayan Mammón y el oro

con que pretende pagarnos,

y los cojines que brinda

a nuestro muelle regalo,

y la vid y sus racimos,

y el amor y sus halagos!

¡Mal hayan fe y esperanza,

y sobre todo ese engaño,

mal haya la pacientísima

resignación de nuestro ánimo!

Coro de Espíritus (invisible)

¿Qué has hecho del mundo,

del mundo esplendente?

Tu puño iracundo

lo aplasta inclemente,

triunfal semidiós.

La hermosa y querida

visión de la vida

cayó destrozada,

cayó ya en la nada;

de aquella hermosura

tan cándida y pura

nuestra alma va en pos;

y mísero llanto

vertemos, al ver

hoy roto el encanto

tan plácido ayer.

¡Oh tú, soberano

del género humano!

¡Soberbio titán!

Engendra en el seno

del alma profundo,

más puro y sereno,

más grande, otro mundo;

da vida a tu afán:

y en plectros sonoros

espléndidos coros

tus glorias dirán.

Mefistófeles

Ya vino en tu ayuda

mi gente menuda,

que en sabios consejos

te muestra a lo lejos

placer y emoción.

En pos de ellos vuela,

huyendo estos muros,

do en antros oscuros

se extingue y se hiela

tu audaz corazón.

No el propio dolor avives,

negro buitre en ti cebado;

ven, y en la pobre compaña

de este miserable diablo,

serás hombre, por lo menos,

cual lo son tantos y tantos.

Y no imagines, por ende,

que te arrojo al vulgo sandio:

nunca fui de los primeros;

pero, si aceptas mi amparo,

tuyo soy desde ese instante,

y en mí encuentras en el acto

compañero, y si más quieres,

servidor, y hasta lacayo.

Fausto

¿Y a qué me obliga ese obsequio?

Mefistófeles

¡Oh, calla! No apremia el pago.

Fausto

Diz que el diablo es egoísta,

y si nos ayuda en algo,

no hace jamás por el mero

amor de Dios el milagro.

Temibles son tus ofertas:

di qué pides; habla claro.

No es bueno tener en casa

un servidor de tu rango.

Mefistófeles

Pues bien: aquí he de servirte

sin pereza y sin descanso,

y tú harás por mí lo mismo

cuando estemos allá abajo.

Fausto

Allá abajo, poco importa.

Si este mundo haces pedazos,

del mundo que después venga

no he de hacer el menor caso.

Del suelo que mis pies huellan

todas mis dichas brotaron;

el sol que mi frente baña

correr vio todos mis llantos:

si el sol cae y se hunde el suelo,

ya por nada más me afano.

Me es igual, si hay otra vida,

que odio impere o amor santo,

y que esa morada póstuma

sea el Empíreo o el Tártaro.

Mefistófeles

Entonces, ¿en qué reparas?

Decídete: acepta el pacto,

y verás, al punto mismo,

adónde llego y alcanzo.

Vas a gozar lo que nadie

gozar pudo, ni aun soñándolo.

Fausto

¿Qué podrás, qué podrás darme?

¿Qué entiendes tú, pobre diablo,

qué entiendes de la insaciable

sed del espíritu humano?

¿Qué podrás darme? Manjares,

que pronto cansan al labio;

oro, que cual vivo azogue

escapa de nuestras manos;

lucha en que jamás vencemos,

juego en que nunca ganamos;

hermosuras, que al vecino

sonríen en nuestros brazos;

gloria, placer de los dioses,

que pasa como un relámpago.

Muéstrame un árbol que vista

cada día nuevos ramos,

y un fruto que no se pudra

en él antes de tocarlo.

Mefistófeles

Te daré cuanto apetezcas:

el empeño no es tan arduo.

Ya es hora; ven; el banquete

está servido: ¡a saciarnos!

Fausto

Si en el lecho deleitoso

logro un punto de descanso,

tuyo soy. Si satisfecho

de mí mismo un día me hallo,

y complacido me rindo

a tus deleites y engaños,

sea aquel mi último instante.

Dime, ¿aceptas ese trato?

Mefistófeles

Aceptado: aprieta.

Fausto

Aprieta.

Si algún día, embelesado,

al momento fugitivo

digo: «Ten el vuelo raudo»,

échame al cuello la soga,

abre el abismo a mi paso,

doble a muerto la campana,

párese el vital horario,

todo para mí concluya,

y comience tu reinado.

Mefistófeles

Piénsalo bien: algún día

podré quizás recordártelo.

Fausto

Recuérdalo cuando gustes:

lo que prometo, lo pago.

Ser esclavo tuyo, o de otro,

¿qué importa, si siempre esclavo

he de ser?

Mefistófeles

Pues da comienzo

el festín del Doctor Fausto,

y el mismo Diablo en persona

a servirle va los platos.

Mas... por la vida o la muerte,

no estorbarán tres o cuatro

renglones.

Fausto

¿Juzgas, pedante,

firma y sello necesarios?

Ni de caballero entiendes,

ni de palabras y tratos.

Una dije, y para siempre

quedé por ella obligado.

¿Piensas tú que cuando todo

vuela a merced de los hados,

sujetarán mi albedrío

tus tres renglones o cuatro?

¡Pueril y vana quimera!

¿Por qué impresionas a tantos?

¡Feliz quien de su firmeza

hace al alma tabernáculo!

Encontrará en su camino

lo más escabroso llano.

Fantasma es que al mundo aterra

un papel emborronado:

apenas la pluma leve

trazó los fatales rasgos,

tienen ya el lacre y la tinta

fuerza y poder soberano.

Pide, Espíritu maligno,

¿quieres papel, bronce o mármol?

¿Tomo el buril o la pluma?

Escoge: eres dueño y árbitro.

Mefistófeles

¿Qué tienes? ¿Por qué te exaltas?

Cualquier papel, un retazo

basta, y una sola gota

de sangre para firmarlo.

Fausto

Si quieres, sea.

Mefistófeles

Es la sangre

jugo precioso y extraño.

Fausto

No temas que el pacto rompa:

todas las fuerzas del ánimo

rindo, entrego y comprometo,

al admitirlo y firmarlo.

Tanto voló mi arrogancia,

que ya entre los tuyos me hallo.

Burlome el excelso Espíritu,

e insensible a mis halagos,

la esquiva Naturaleza

arrebujose en su manto;

la hebra del pensar se ha roto,

y estoy del saber cansado.

Templen los dulces deleites

las vivas llamas en que ardo,

y envueltos en gasas de oro

vengan, Magia, tus encantos.

Al torrente de la vida

lanzareme, y al acaso

en su raudal de aventuras

iré corriendo y rodando.

Bienandanzas y desastres,

pena y gozo, risa y llanto,

encadenen de mis días

los eslabones variados:

son acción y movimiento

ley del espíritu humano.

Mefistófeles

Meta no pongo ni valla:

si, fugaz revoloteando,

desflorarlo quieres todo,

todo puedes desflorarlo.

Conmigo ven, y no temas.

Fausto

De felicidad no te hablo:

lo que yo quiero es el vértigo,

el goce inquieto y amargo,

el avivador despecho,

el amor que crece odiando.

El alma, al saber cerrada,

a otras emociones abro;

cuanto el hombre goza y sufre

quiero sufrirlo y gozarlo.

Sentir quiero en mis entrañas

todo lo bueno y lo malo,

y en la esencia de mi vida

convertirlo y apropiármelo.

¡Venturoso yo, si toda

la Humanidad en mí abarco,

y al fin y al postre, como ella,

choco, reviento y estallo!

Mefistófeles

¡Ay, en verdad te lo digo,

yo que centenares de años

estoy royendo y royendo

el fruto indigesto y áspero!

¡Ay, en verdad te lo digo!

De la cuna al campo santo

digerir no puede el hombre

la levadura de antaño.

Ese todo, que ambicionas,

solo es a un Dios adecuado:

para él, fulgores eternos;

para mí, noche y espanto;

para vosotros, tinieblas

y luces, sombras y rayos.

Fausto

Quiérolo todo.

Mefistófeles

Bien; sea.

No más encuentro un obstáculo,

uno solamente: es corto

el tiempo y el arte es largo.

Paréceme que debieras

prepararte, aprender algo.

Asóciate a un buen poeta:

este, lleno de entusiasmo,

con soñadas perfecciones

coronará tu retrato;

del león con la arrogancia,

con la agilidad del gamo,

con la viveza italiana

y con el tesón germánico.

Unirá en tu noble pecho

con maravilloso lazo

magnanimidad y astucia,

y con arte soberano

te ha de hacer galán fogoso

y gentil enamorado.

Tal ejemplar y arquetipo

voy hace tiempo buscando;

si con él doy algún día,

don Microcosmos le llamo.

Fausto

¿Quién soy, pues, si esa corona

de la Humanidad no alcanzo,

esa perfección, que enciende

mis ansias?

Mefistófeles

Al fin y al cabo,

eres quien eres. Encúmbrate

sobre coturnos o zancos,

y con pelucón disforme

ciñe y abulta los cascos,

¿quién serás? El mismo que eres,

ni más gordo ni más flaco.

Fausto

¡Ay!, acumulé el tesoro

de la humana ciencia en vano:

cuando en mi interior penetro,

allí nuevas fuerzas no hallo;

ni me acerco al Infinito,

ni una línea me levanto.

Mefistófeles

Miras las cosas de un modo

vulgar; hay que ser más cauto,

y antes que vuelen los goces,

discretamente apurarlos.

¿Es tuya, di, tu cabeza?

¿Tuyos son tus pies y manos?

Pues del mismo modo es tuyo

lo que te sirve de algo.

Si tienes seis buenos potros,

y los unces a tu carro,

en vez de tener dos piernas,

¿cuántas tienes? Veinticuatro.

Basta de filosofías;

lánzate conmigo al campo:

quien se devana los sesos

me parece el pobre jaco,

que por negro maleficio

está en un yermo trotando,

sin ver que en torno se extienden

frescos y sabrosos pastos.

Fausto

¿Cuándo partimos?

Mefistófeles

Al punto.

De este calabozo huyamos.

¿Qué haces en él? Aburrirte

y aburrir a los muchachos.

Deja ese oficio indigesto

al vecino don Gaznápiro;

no te afanes en la trilla

de paja en la que no hay grano.

Lo poco bueno que aprendes

no te atreves a enseñárselo

a tus discípulos. Uno

te espera. ¿No oyes sus pasos

en el corredor?

Fausto

No puedo

recibirle.

Mefistófeles

Luengo rato

aguarda: si no le admites,

corre el pobre buen bromazo.

Déjame el gorro y la bata;

(Se los pone.)

me sientan como pintados.

En mi agudeza confía;

quince minutos reclamo.

Tú, para el famoso viaje,

prepárate mientras tanto.

(Vase Fausto.)

Mefistófeles, envuelto en la larga vestidura de Fausto

Razón y saber desdeña,

las dos alas que te han dado;

deja que en sus obras vanas

de ilusiones y de encantos

te afirme y envuelva el suave

Espíritu del engaño;

y así, Doctor, serás mío,

sin condiciones ni obstáculos.

Dio el sino a su mente indócil

impulso desenfrenado,

y ese escape, no es posible

detenerlo ni pararlo.

Sobre los terrenos goces

salta aturdido, y lo arrastro

de mediocridad insípida

por los derroteros áridos.

Luchará con sus afanes

cuerpo a cuerpo y brazo a brazo;

los manjares tentadores

escaparán de su labio,

y en balde misericordia

pedirá, porque ese fatuo

se ha de hundir de todos modos,

aunque no se entregue al Diablo.

ENTRA UN ESTUDIANTE

Estudiante

Ha poco que estoy aquí,

y ansío conocer al hombre

eminente, cuyo nombre

con elogio siempre oí.

Mefistófeles

Sois galante. En mí veréis

un hombre a todos igual.

¿Maestro hubisteis?

Estudiante

No tal,

y si serlo vos queréis...

Tengo voluntad no escasa,

juventud, algún dinero;

mi madre –¡siempre hay un pero!–

quería tenerme en casa;

mas tras la ciencia, señor,

todos mis anhelos van.

Mefistófeles

Para lograr vuestro afán

no hallarais sitio mejor.

Estudiante

¡Ay! Lejos de él encontrarme

quisiera, si hablamos francos:

a estas aulas y estos bancos

nunca podré acostumbrarme.

En este oscuro rincón

no se ven cielo ni verde;

y aquí el pobre alumno pierde

el sentido y la razón.

Mefistófeles

El hábito hará que os cuadre

lo que amargo al pronto ha sido.

El niño recién nacido

huye el pecho de su madre;

luego con vivo placer

halla en él grato sustento:

habréis tal contentamiento

en las ubres del saber.

Estudiante

En ellas nutrirme ansío:

¿cómo hacerlo?

Mefistófeles

Meditad,

primero, a qué facultad

se inclina vuestro albedrío.

Estudiante

En saber mi afán se encierra:

asimilarme querría

Natura y Filosofía,

cuanto abarcan cielo y tierra.

Mefistófeles

Para alcanzar esa palma

estáis en buenos senderos:

procurad no distraeros.

Estudiante

Pondré en ello toda el alma.

Bástame una concesión:

tener, los festivos días,

unas cuantas horas mías

en la florida estación.

Mefistófeles

El tiempo es un torbellino

que huyendo va sin cesar;

mas se puede adelantar

mucho con orden y tino.

Estudiad primeramente

un curso preparador

de Lógica: es la mejor

disciplina de la mente.

Ajustados borceguís

ella os calza, y con su ayuda

ligero la senda ruda

del pensamiento seguís,

sin perder la dirección

yendo de atrás adelante,

como la ráfaga errante

de la inquieta exhalación.

Después de esto, en repetidas

lecciones dificultosas,

aprenderéis que las cosas

más fáciles y sabidas,

cual comer o respirar,

con minucioso interés

por uno, por dos y tres

se tienen que analizar.

El telar del pensamiento

es como el del tejedor:

hilos de vario color

pone un golpe en movimiento;

viene y va la lanzadera

con extraña rapidez,

y se ejecuta a la vez

la combinación entera.

El sabio, lleno de sí,

llega, y en lección no breve

prueba que es y que ser debe

necesariamente así.

Esto, primero; después

eso, segundo, va en pos;

y a seguida de los dos

viene, en fin, lo que hace tres.

Y os demostrará profundo,

con raciocinio severo,

que no puede haber tercero

sin primero y sin segundo.

Esto, a fuerza de atender,

el alumno lo comprende;

lo que con esto no aprende

el alumno es a tejer.

Si quiere el docto estudiar

algo viviente, animado,

su alma, su espíritu a un lado

aparta, en primer lugar;

y cuando al fin sujetó

sus elementos a examen,

solo le falta el ligamen

que inmaterial los unió.

La química a ese poder

Naturæ encheiresin llama,

y sin quererlo proclama

la nada de su saber.

Estudiante

Ni una palabra comprendo.

Mefistófeles

Ya lo veréis de otro modo.

Clasificándolo todo,

ordenando y dividiendo,

vencerlo podréis al fin.

Estudiante

Mientras tanto, pierdo el tino.

Una rueda de molino

da vueltas en mi magín.

Mefistófeles

Luego, en segundo lugar,

debéis, con ansia afanosa,

la profunda y provechosa

Metafísica estudiar.

Esa ciencia omnipotente,

que a la razón pone el sello,

nos habla de todo aquello

que no alcanza nuestra mente;

y si queda aún más oscuro,

no temáis, porque al instante

con un nombre rimbombante

os sacará del apuro.

Quieren tenaces porfías

esos estudios. Tendréis

cuatro o cinco, o quizás seis

lecciones todos los días.

Al toque de la campana

vendréis, exacto y cumplido,

con el cuaderno aprendido,

de buena o de mala gana;

y aunque diga el libro tanto

como el profesor en clase,

escribid, cual si os dictase

el mismo Espíritu Santo.

Estudiante

Ya sé que es de gran provecho.

Escolar que con congojas

emborrona muchas hojas,

vuelve a casa satisfecho.

Mefistófeles

Pero elegir facultad

debéis.

Estudiante

La Jurisprudencia

no excita mi preferencia.

Mefistófeles

No me sorprende, en verdad.

Conozco esa ciencia ruin.

Las leyes, cambiando nombres,

sucédense entre los hombres

como epidemia sin fin;

y en su curso desigual

cambian: la razón más fuerte

en sinrazón se convierte;

acá es bien lo que allí es mal.

Hijo del hombre, ¡ay de ti!

De aquel derecho sagrado

que contigo se ha engendrado,

no se acuerda nadie aquí.

Estudiante

¡Feliz quien por vos se guía!

Al escucharos, más crece

mi prevención. ¿Qué os parece?

¿Estudiaré Teología?

Mefistófeles

Quisiera con hábil tino

aconsejaros. En esa

ciencia es difícil empresa

seguir siempre el buen camino.

Aunque estudiéis con afán,

de distinguir no halláis medio

la ponzoña y el remedio,

que en ella mezclados van;

y así juzgo lo mejor

tener tan solo presente

un texto, y seguir fielmente

las máximas del autor.

Ateneos, sin temer,

a las palabras, y abierta

veréis la más fácil puerta

en el templo del saber.

Estudiante

Mi inexperiencia confieso:

una idea hallar creí

en cada palabra.

Mefistófeles

¡Oh, sí!..

Mas no os apuréis por eso.

A lo mejor del pensar

falta la idea en mal hora,

y una palabra sonora

llena muy bien su lugar.

Con palabras cada día

doctamente discutís;

con palabras erigís

la más hermosa teoría.

A las palabras fe humilde

prestad: es tal su valer

que no les podéis poner

ni quitar punto ni tilde.

Estudiante

Perdonad, si a otro terreno

voy, y del presente salgo:

¿no me podéis decir algo

de la ciencia de Galeno?

Tres años bien poco son,

y hay largo trecho que andar;

pero es un gran auxiliar

vuestra docta dirección.

Mefistófeles (para sí.)

Con tal gravedad le hablo

que me aburro yo a mí mismo:

¡basta ya de dogmatismo!

Vuelvo a mi papel de diablo.

(En voz alta.)

¡Medicina! ¡Luminar

digno del mayor respeto!

¡Gran ciencia!... Mas su secreto

fácil es de penetrar,

y en un momento os lo explico.

Escuchadme. Con profundo

sentido escrutad el mundo

de lo grande y de lo chico.

Y analizados los dos

doctamente, dejad que ande

lo chico, y también lo grande,

como lo dispuso Dios.

Os lo diré, aunque os asombre:

cavilar es necedad;

la ocasión aprovechad,

pues la ocasión hace al hombre.

Sois bien formado y galán,

emprendedor y dispuesto;

fiad en vos mismo, y presto

todos en vos confiarán.

De la mujer, sobre todo,

ocupaos: sus lamentos,

sus ayes, sus aspavientos,

todos se curan de un modo.

Buscad término prudente

entre el respeto y la audacia

y con esa diplomacia

es vuestra la hermosa cliente.

Título habéis de tener

que os inicie en su favor,

probando que es superior

a todos vuestro saber;

y ya podéis intentar

sabrosas galanterías,

que otros, tras largas porfías,

no se atreven ni a soñar.

Sin temor a sus enojos,

cuando la pulséis, resuelto

oprimid el brazo esbelto,

flechándole bien los ojos;

y sin mengua de su honor,

palpad, con mano ligera

si a la mórbida cadera

le molesta el ceñidor.

Estudiante

Eso lo entiende el más romo:

¡promete la facultad!

Al menos con claridad

se comprende el qué y el cómo.

Mefistófeles

La ciencia es árida: en vano

con su sombra nos convida;

pero el árbol de la vida

siempre está verde y lozano.

Estudiante

¡Paréceme todo un sueño!

¿Podré, en otras ocasiones,

vuestras útiles lecciones

aprovechar?

Mefistófeles

Sois muy dueño.

Estudiante

Cuéstame esfuerzo partir,

y completarais mis glorias

si en mi libro de memorias

quisierais algo escribir.

(Mefistófeles escribe en el libro de memorias del Estudiante, y se lo devuelve.)

Estudiante, leyendo

Eritis sicut Deus, scientes bonum et malum.

(Cierra el libro respetuosamente y se retira.)

Mefistófeles

Busca, del saber en pos,

lo que la Sierpe ofrecía:

ha de pesarte algún día

tu similitud con Dios.

ENTRA FAUSTO

Fausto

¿Dónde vamos?

Mefistófeles

Me es igual.

Si no te parece mal,

visitarás, con mi ayuda,

ahora a la gente menuda,

después a la principal.

Provecho hallarás y agrado

en el curso inesperado.

Fausto

Para hacerlo más fecundo,

aunque soy hombre barbado,

fáltame una cosa, mundo.

Corto soy como el que más;

siempre me juzgué y me vi

pequeño entre los demás.

Mefistófeles

Si tienes confianza en ti,

pronto paso te abrirás.

Fausto

¡En marcha! ¡Manos a la obra!

Pero, coche no has traído,

ni caballos...

Mefistófeles

¡Qué zozobra!...

Basta este manto extendido

para nuestra empresa, y sobra.

Con tal de que para el viaje

no traigas mucho equipaje,

un soplo de aire caliente

preparo, y está corriente

el fantástico carruaje.

Si en el coche volador

pesamos poco, mejor;

más presto haremos la vía.

Ya por la audaz correría

te felicito, Doctor.

TABERNA DE AUERBACH
EN LEIPZIG


REUNIÓN DE ALEGRES CAMARADAS

Frosch

¿No hay quién beba? ¿No hay quién ría?

Yo os haré cambiar la mueca.

¿Quién en paja húmeda trueca

vuestra inflamable alegría?

Brander

¡Tuya es la culpa, pardiez!

Haz alguna señalada

tontería o marranada.

Frosch

Ahí las tienes, a la vez.

(Le vierte un vaso de vino en la cabeza.)

Brander

¡Puerco!

Frosch

Quisístelo así.

Siebel

¡Basta ya! ¡Fuera gritones!

¡Preparad bien los pulmones,

y en coro! ¡Seguidme a mí!

(Tararea estrepitosamente)

Altmayer

¡La casa se viene abajo!

¡El tímpano estalla y zumba!

Siebel

Si la bóveda retumba,

señal de que es bueno el bajo.

Frosch

Cierto. ¡Afuera el que no esté

conforme!... ¡Ya va!... Esto es serio.

(Canta)

«El Sacro Romano Imperio,

¿cómo se mantiene en pie?»

Brander

¡Qué canción! ¡Solemne y crítica!

¡Política, en conclusión!

Empalagosa canción

es toda canción política.

Bendice a Dios soberano

cada día, al levantarte,

por no tener que ocuparte

del Sacro Imperio Romano.

Por mí, tengo a mucho honor

y a gran ventura no ser

Chambelán ni Canciller,

Príncipe ni Emperador.

Mas si os interesa tanto

tener caudillo notorio,

formemos el Consistorio

y elijamos Padre Santo.

Ya sabéis que la elección,

hasta a quien no la merece,

dignifica y engrandece.

Altmayer

¡A otra cosa! ¡Otra canción!

Frosch, canta

Ve de rama en rama,

ruiseñor de abril,

saluda a mi dama,

ruiseñor gentil.

Siebel

¿A tu dama? ¡Ja, ja, ja!

¡Buenos saludos son esos!...

Frosch

¡Saludo, abrazos y besos!

Nadie me lo impedirá.

(Canta.)

Ten la puerta abierta,

niña de mi amor;

la noche su velo

tiende protector.

Cierra bien la puerta,

ciérrala bien ya;

la aurora en el cielo

despuntando está.

Siebel

Requiébrala a tu placer:

al freír será el reír;

lo que me hizo a mí sufrir,

a ti te hará padecer.

Dele el diablo en galardón

un extravagante enano,

que con ella, mano a mano,

se deleite en un rincón;

y con burlescos reproches,

al volver del aquelarre,

un chivo me los agarre

y les dé las buenas noches.

Pero un mancebo jovial,

un mozo de carne y hueso,

robusto y gallardo, es eso

mucho honor para hembra tal.

¿Saludos? ¡De buena gana

y con excelentes modos!...

Frosch

¿Cómo?

Siebel

Rompiéndole todos

los vidrios de la ventana.

Brander, golpeando la mesa

¡Caballeros, atención!

Es preciso ser galantes,

y pues hay muchos amantes

en aquesta reunión,

voy a seguir yo también

la costumbre establecida,

dándoles, por despedida,

algo que les sepa bien.

Será un cantar a la moda,

muy gracioso y muy sencillo:

repetid el estribillo

con el alma y la voz toda.

(Canta.)

En la despensa una rata

logró el hocico meter;

de jamón, manteca y nata

hartábase a su placer.

Como Lutero, echó panza,

viviendo allí sin afán.

La cocinera en venganza

diole un día solimán.

Al momento saltó fuera

con frenético furor,

cual si la pobre tuviera

dentro del cuerpo al Amor.

El Coro, con gran algazara

Cual si la pobre tuviera

dentro del cuerpo al Amor.

Brander, continuando la canción

Salta y brinca, sale y entra,

corre de acá para allá,

y en todo cazo que encuentra

a beber sedienta va.

Todo lo muerde, desgarra

y rompe, fuera de sí,

y ni el diente ni la garra

mitigan su frenesí;

hasta que la angustia fiera

vence y postra su vigor,

cual si la pobre tuviera

dentro del cuerpo al Amor.

Coro

Cual si la pobre tuviera

dentro del cuerpo al Amor.

Brander

Salvación del cielo impetra,

corre y corre sin cesar;

en la cocina penetra

y se arroja en el hogar.

Entre ascuas y llamaradas

halla sepultura en él,

mientras ríe a carcajadas

la envenenadora cruel.

Exhaló de esa manera

el postrimer estertor,

cual si la pobre tuviera

dentro del cuerpo al Amor.

Coro

Cual si la pobre tuviera

dentro del cuerpo al Amor.

Siebel

¡Cómo ríen, en sus glorias,

con la canción insensata!

¡Emponzoñar a una rata!...

¡Qué interesantes historias!

Brander

¡Panzudo sentimental!

Se apiada, y bien sé por qué:

porque su retrato ve

en el hinchado animal.

ENTRAN FAUSTO Y MEFISTÓFELES

Mefistófeles

Entre gente divertida

he de llevarte, ante todo,

y verás tú de qué modo

goza esa gente la vida.

Para ella el tiempo mejor

en continua fiesta pasa,

pues es, si en ingenio escasa,

riquísima en buen humor;

y contenta con su suerte,

gira en un círculo estrecho,

cual gato que satisfecho

con su cola se divierte.

Mientras dura la salud,

mientras el patrón le fía,

come el pan de cada día

sin cuidados ni inquietud.

Brander

Forasteros son, mirad,

dícenlo porte y semblante;

parece que en este instante

arriben a la ciudad.

Frosch

Es tu sospecha fundada;

hijos son de otro país.

Es, en pequeño, un París

Leipzig; por eso me agrada.

Siebel

¿Quiénes serán? No imagino...

Frosch

Dejadme: tan fácilmente

cual se arranca a un niño un diente,

con este vaso de vino

sonsacaré quiénes son.

Por sus modos altaneros

parécenme caballeros

de elevada condición.

Brander

Charlatanes de lugar

son quizás.

Altmayer

Pudiera...

Frosch

¡Calla!

Comienzo da la batalla.

¡Oh, los voy a anonadar!

Mefistófeles, a Fausto

Es gente que tanto sabe,

esta gente de que te hablo,

que no ve llegar al diablo,

aunque la garra le clave.

Fausto

¡Caballeros, guárdeos Dios!

Siebel

¡Él guarde a Vuesa Mercé!

(En voz baja, mirando de reojo a Mefistófeles.)

¿Por qué arrastrará este el pie?

Mefistófeles

¿Habrá sitio para dos?

No intentaré aquí pedir

buen vino, que no se cría;

mas la buena compañía

puede esa falta suplir.

Altmayer

Parecéis hombre corrido.

Frosch

Sin duda venís de lejos,

y en casa de Juan Conejos

habréis cenado y dormido.

Mefistófeles

Ayer pasamos de largo;

pero en casos diferentes

de expresar a sus parientes

su afecto, nos dio el encargo.

(Saludando a Frosch.)

Altmayer, en voz baja

¡Qué pez! ¿Te ha clavado?

Frosch

¿A mí?

Deja que revancha tome.

Mefistófeles

Buenas voces pareciome

oír al llegar aquí.

¡Lugar propio para el canto!

Debe retumbar sonoro

bajo esta bóveda el coro.

Frosch

¿Sois filarmónico?

Mefistófeles

Un tanto.

¡Afición, mucha afición!

Pero, escasa facultad...

Altmayer

Un romance, pues, cantad.

Mefistófeles

Uno, y ciento, y un millón.

Siebel

Basta uno, de nuevos lances.

Mefistófeles

Venimos, precisamente,

de España, patria excelente

del buen vino y los romances.

(Canta.)

«Era un gran rey, y tenía

una pulga...»

Frosch

¡Voto a Cristo!

¡Una pulga!... No se ha visto

más gustosa compañía.

Mefistófeles, cantando

Era un gran rey y tenía

una pulga colosal;

más que al propio hijo quería

al estupendo animal.

Llama al sastre de la corte,

viene el artífice fiel;

mándale que al punto corte

un traje para el doncel.

Brander

¡Oh sastre, pon atención!

Mide exacta cada pieza,

y si estimas la cabeza,

que no haga un pliegue el calzón.

Mefistófeles, cantando

Cubierto de seda y oro

va, de los pies al testuz,

y para mayor decoro,

lleva al pecho una gran cruz.

Primer ministro es nombrado

por su insigne protector;

sus parientes, a su lado,

gozan el regio favor.

A los grandes y las bellas

todo es picar y morder;

ya la Reina y sus doncellas

no se pueden contener.

Mas calla y se mortifica

toda la gente de pro:

nosotros, si alguien nos pica,

cruje la uña, y se acabó.

Todos, en coro y vociferando

Nosotros, si alguien nos pica,

cruje la uña, y se acabó.

Frosch

¡Bravo! ¡Soberbio!

Siebel

Acabad

con las pulgas.

Brander

¡Mucho tino

al cogerlas!

Altmayer

¡Viva el vino!

¡Y viva la libertad!

Mefistófeles

Por la libertad brindara

si mejor el vino fuera.

Siebel

¿Malo el vino?... ¡Afuera!

Frosch

¡Afuera!

Mefistófeles

Si el patrón no se enojara,

os diera a probar el mío.

Siebel

No se ofende el hostelero.

Frosch

Aceptamos todos; pero

que corra abundante el río.

Si es el vino bueno o ruin

conócelo el paladar

repitiendo sin cesar

los tragos.

Altmayer, en voz baja

Serán del Rin.

Mefistófeles

Dadme un taladro.

Brander

¿Qué hacéis?

¿Acaso tenéis aquí

los toneles?

Altmayer

Ved allí

herramientas, si queréis.

Mefistófeles, tomando el taladro que le da Frosch

Está bien: a voluntad

pedid, y seréis servido.

Frosch

Pues qué, ¿tenéis gran surtido?

Mefistófeles

Cuanto os plazca demandad.

Altmayer, a Frosch

Ya te relames el labio.

Frosch

Venga Rin; para escoger

un buen vino, no hay que hacer

al suelo natal agravio.

Mefistófeles, haciendo un agujero con el taladro en el borde de la mesa, a la parte que está sentado Frosch

Dadme cera, y un tapón

haremos; dádmela al punto.

Altmayer

Entendido está el asunto:

es prestidigitación.

Mefistófeles, a Brander

¿Y vos? ¿Qué queréis?

Brander

Yo quiero

Champaña, y con mucha espuma.

(Mefistófeles taladra. Uno de los camaradas hace los tapones y tapa los agujeros.)

Brander

No puede, el que más presuma,

prescindir de lo extranjero.

Lo bueno, siempre lo es;

y aunque el germano odie al galo,

no por eso encuentra malo

el rico vino francés.

Siebel

Bueno para mí no le hay

cuando a vinagrillo sabe:

dadme vino dulce y suave.

Mefistófeles

Voy a serviros Tockay.

Altmayer

¡Caballeros, poco a poco!

Mirémonos frente a frente,

nadie aquí burlas consiente.

Mefistófeles

Ni las intenta tampoco

con personas de tal pro.

Decid, sin temor, los seis

qué vinos beber queréis.

Altmayer

¡De todos, y se acabó!

(Después que están hechos y tapados todos los agujeros.)

Mefistófeles, con ademanes estrambóticos

Produce la cepa racimos sin cuento,

y cuernos a pares el bravo cabrón.

Es néctar el vino, y es leño el sarmiento;

¿por qué de esa tabla no salta al momento

el jugo que aliento

le da al corazón?

En el regazo profundo

de la Natura y del Mundo

con fe los ojos clavad;

y la mayor maravilla,

cual la cosa más sencilla,

emprended y ejecutad.

Ahora, abrid, y sin temor

bebed.

(Quitan los tapones y cada cual recibe en el vaso el vino que pidió.)

Todos

¡Manantial sagrado!

¡Fuente divina!

Mefistófeles

¡Cuidado!

¡No se derrame el licor!

Todos, bebiendo y cantando

¡Bebamos, bebamos de todos los vinos!

¡Bebamos cual beben quinientos cochinos!

Mefistófeles

¡Ya es libre y feliz mi gente!

Mira: en sus glorias está.

Fausto

Vámonos: cánsome ya.

Mefistófeles

Dos minutos solamente,

y verás la estupidez

en su cumbre y su cenit.

Siebel

(Bebe sin precaución; el vino cae al suelo y brota una llama.)

¡Socorro!... ¡Fuego! ¡Acudid!

¡Infierno es esto!

Mefistófeles

Esta vez

solo fue chispa ligera

del purgatorio sombrío.

Rojo fuego, amigo mío,

basta ya; tu ardor modera.

Siebel

¿Qué es lo que ha pasado aquí?

Nos burló: ¿por quién nos toma?

Frosch

No repetiréis la broma.

Altmayer

Echémosle.

Todos

¡Echarle! Sí.

Siebel

¿Piensa hacer este bergante

su hocúspoco engañador?

Mefistófeles

¡Calle el borracho hablador!

Siebel

¡Calle el zafio nigromante!

Brander

Comenzó el chubasco ya.

Altmayer

(Quita uno de los tapones de la mesa, sale un chorro de fuego, y le quema.)

¡Me abraso!

Siebel

¡Maligno influjo!

¡Firme con él; es un brujo!

Frosch

¡Dadle: condenado está!

(Toman los cuchillos y acometen a Mefistófeles.)

Mefistófeles, con grave ademán

Venid, Apariencias; venid, y engañosas

trocad a sus ojos lugares y cosas.

(Los camaradas detiénense asombrados, mirándose unos a otros.)

Altmayer

¡Qué campos tan pintorescos!

Frosch

¿Es verdad o es ilusión?

¡Cuán verdes las viñas son!

Siebel

Y los racimos ¡cuán frescos!

Brander

Al pie de un árbol lozano

crece esta vid opulenta;

mirad las uvas que ostenta

al alcance de la mano.

(Coge a Siebel por la nariz. Los demás cogen también las narices de sus compañeros, y levantan los cuchillos.)

Mefistófeles, como antes

Error, a sus ojos arranca la venda,

y palpen, corridos, la burla tremenda.

(Desaparece con Fausto. Los camaradas sueltan presa.)

Siebel

¿Qué es esto?

Altmayer

¿Qué?

Frosch

¡Tu nariz!

Brander, a Siebel

La tuya en mis manos tiento.

¡Ja, ja!

Altmayer

Molido me siento

de los pies a la cerviz.

No puedo más: ¡una silla!

Frosch

Pero ¿qué ha pasado aquí?

Siebel

¿Dó estás, bribón? ¡Ay de ti,

si te atrapa esta cuadrilla!

¿Dónde estás?

Altmayer

Largose.

Siebel

¿Cómo?

Altmayer

Caballero en un tonel.

Por allá escapó. Tras él

voy... ¡Mas los pies son de plomo!

(Apoyándose en la mesa.)

¡Oh manantial, si aún corrieras!

Siebel

Fue apariencia y fantasía.

Frosch

Tal vez; pero yo bebía,

fuese de burlas o veras.

Brander

¿Y dónde están los racimos?

Siebel

¿Qué sé yo?

Altmayer

¡Dirán después

que edad de milagros no es

esta edad en que vivimos!