DEDICATORIA
Tornáis de nuevo, hermosas imágenes flotantes,
que dulce y melancólico un día contemplé.
¿Asiros y teneros podré feliz como antes?
¡Aún vuela hacia vosotras el alma cuando os ve!
Venid, y medio envueltas en el brumoso velo,
a mi poder sumisas, girad en derredor;
el corazón aún late con juvenil anhelo,
si aspira vuestro mágico aliento hechizador.
Hoy vuelven de otro tiempo mejor la alegre historia,
y las risueñas sombras de la feliz edad,
y como añejo cuento, perdido en la memoria,
sus cándidos amores, su crédula amistad;
y aquel hondo lamento que en las revueltas vías
de la existencia, amargo, del corazón brotó,
y los queridos seres que en venturosos días
la momentánea dicha traidora nos robó.
No escucharéis gozosos mi renaciente canto,
vosotros para quienes la cítara pulsé;
deshízose ¡ay! el coro que comprendió su encanto,
apenas apagándose el eco débil fue.
Hoy mis acentos oye tropel desconocido,
y hasta su mismo aplauso me hiela el corazón;
los pocos que a mi canto prestaran el oído,
si alientan, lejos viven en triste dispersión.
Al reino de los puros espíritus me impulsa
afán en mí dormido, que despertando va;
mas, como el arpa eolia, que un soplo errante pulsa,
incoherentes notas mi labio al viento da.
Del alma opresa brotan suspiro tras suspiro;
ternura enervadora siento surgir en mí:
cuanto poseo y gozo como apariencia miro,
y como bien presente cuanto gocé y perdí.