¡COSSÍ FAN TUTTI!
Él era un infeliz. Aun conservaba
todos los sueños de la edad primera...
hasta fé en el amor; y así, la amaba
como un demente: con el alma entera.
Ella, docta en las luchas de la vida
—cosas que sólo una mujer entiende
cuando del vicio á los horrores llega,—
sabía que halla paga más subida
una prudente infamia que se vende,
que una loca inocencia que se entrega.
Pero él,—que no creyó ni por asomo
que, oculto bajo un rostro de ángel puro,
hubiera un sér de cieno,—
cuando en su amor vivia más seguro,
la halló con no sé quién, yo no sé cómo,
y haciendo no sé qué, que no era bueno.
Y cuentan,—yo no sé si será cierto,—
que, herido por el duro desengaño,
le vieron discurrir hosco y huraño
buscando siempre el sitio más desierto,
y siempre solo, un año y otro año;
y hasta dicen que ha muerto.
Me es infiel la memoria
y no puedo decir precisamente
quién me contó la historia.
Sólo recuerdo—y con dolor lo digo
que el que la referia,
—que puedo asegurar era hombre honrado,
ó al ménos todo el mundo lo decia,—
comentando el dolor del engañado,
me lo mostró en la calle, y se reia.